Monografias | Magia y Religión: Ingestas divinas

Magia y Religión: Ingestas divinas

Resumen: Escrito en el que resumo ritos sacramentales obligatorios antes de comer nuevos frutos, que pueden ser considerados comuniones eclesiásticas, ya que no sólo se cree comer el espíritu del grano, sino que se ayuna y purifican antes, haciéndose alusión muchas veces a confesiones de pecados.
De nuevo las iglesias cristianas, y especialmente la católica, no han sido muy originales, pues su eucaristía, aunque sea recuerdo de la supuesta Ultima Cena de Jesús, que no de Cristo, tiene antecedentes en todos los pueblos neolíticos. Sin olvidarnos de que la Pascua hebrea era uno de estos ritos.

Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jiménez


 

Escrito en el que resumo ritos sacramentales obligatorios antes de comer nuevos frutos, que pueden ser considerados comuniones eclesiásticas, ya que no sólo se cree comer el espíritu del grano, sino que se ayuna y purifican antes, haciéndose alusión muchas veces a confesiones de pecados. 

De nuevo las iglesias cristianas, y especialmente la católica, no han sido muy originales, pues su eucaristía, aunque sea recuerdo de la supuesta Ultima Cena de Jesús, que no de Cristo, tiene antecedentes en todos los pueblos neolíticos. Sin olvidarnos de que la Pascua hebrea era uno de estos ritos. 

Magia y religión

LVIII. - Ingestas divinas

Sabemos que el espíritu del grano se representaba en forma animal o humana, y en ambos casos se le mataba en el representante, y se le comía sacramentalmente. Tampoco es, pues, la Comunión o Eucaristía invento cristiano, pues incluso el grano recién cogido se ha comido en cuanto espíritu de la mies. 

En Wermland, Suecia, horneaban pan en forma de muñeca con el grano de la última gavilla. En Escocia daban forma de mujer a la última gavilla. En La Palisse, Francia, colgaban pan en forma de muñeco de un abeto, y lo guardaban en casa del alcalde hasta que terminaba la vendimia, comiéndolo en el banquete de fin de cosecha. 

Los campesinos de Lituania celebraban Sabarios fabricando panes pequeños con las primicias de nueve cosechas distintas, y al resto se añadía cebada o avena para convertirlo en cerveza; la primera cerveza obtenida la bebían el labrador y su familia, y la segunda los sirvientes, tras sacrificar un gallo y gallina no colorados, y nacidos en el año, que cocinaban en puchero sin estrenar. Había que comer todo, en uno o dos días; los huesos se daban a los perros, pero si quedaba algo se enterraba en el estiércol. 
En Lituania cuando se comían patatas o grano nuevo se tiraban de los pelos, y los estonios de la isla de Oesel no comían pan de grano nuevo sin morder antes hierro. En Sutherlandshire las patatas nuevas se podrían si no las probaban toda la familia, y en Yorkshire se hacía el pan de la comunión con la primera mies. 
Los ainos del Japón distinguen mijo macho y hembra, y juntos forman Umurek haru kamui, el grano de los esposos divinos. Al finalizar la cosecha de arroz en la isla Buru, Indias Orientales, cada clan "come el alma del arroz" en forma sacramental, y lo que sobra se ofrenda a los espíritus. Los alfures de Minahassa y Bolang Mongondo, en Célebes, no recogen la cosecha hasta que todos los miembros de cada familia han comido los primeros granos maduros de cada arrozal. 
Entre los badagas de la India siembra el primer puñado de simiente, y siega la primera gavilla un brujo. El grano de la primera gavilla se moltura ese mismo día, se convierte en obleas, se sacrifica un animal, y todo se come en familia sacramentalmente. Los hindúes del sur comen el primer arroz en la fiesta del Pongol, cocido con leche en puchero nuevo, en hoguera encendida a mediodía, cuando el sol entra en Capricornio:si el puchero hierve pronto, el año será próspero; ofrecen el nuevo arroz a Ganesa o Ganapati, y después lo comen. 
En Onitsha, Niger, se asan tres ñames, que el curandero convierte en harina, y divide en dos partes:una para el propietario, y otra para él "por haber permitido Dios comer el ñame nuevo". Los nandis del Africa Oriental Británica ven las almas de sus difuntos en los estallidos de los granos al quemarse en el fuego; y hacen gachas con el grano nuevo, con las que embadurnan paredes y techos, espurreando hacia oriente el resto. 
Los cafres de Natal y Zululandia no comen frutos nuevos hasta primeros de año, en que los comen tras ser santificados en festín colectivo, presidido por el rey. Los bechuanas también se purifican a primeros de año antes de participar en las cosechas, y la purificación solía consistir en untarse el dedo gordo del pie y el ombligo con lerotse (entre calabaza y calabacín). Los indios borroros del Brasil creían segura su muerte si comían maíz nuevo sin bendecir, y la bendición consistía en dentelladas del curandero a mazorcas medio maduras en estado de éxtasis, tras fumar y bailar ante las mazorcas durante muchas horas. 
La principal ceremonia de los indios creek, en América del Norte, era la del busk, fiesta de los primeros frutos, en julio o agosto. Quemaban todo lo viejo, apagaban y limpiaban todos los fogones, y el jefe de los sacerdotes mezclaba Egirium aquaticum, hojas verdes de tabaco y nuevos frutos, cubriéndolo con arcilla blanca. Todos se afanaban en tener todo limpio para recibir el nuevo fuego y los nuevos frutos. Incluso sacaban del templo cuanto hubiera contenido alimentos viejos. En la plaza ayunaban dos días cuantos se creían puros, purgando sus cuerpos con sorbos de Eguirium aquaticum. Si alguien quería purificarse fuera de la plaza sagrada, lo hacía mascando tabaco verde. A las doce el pregonero ordenaba permanecer en casa con las puertas cerradas, no hacer nada censurable y asegurarse que estaba extinguida toda brasa de fuego viejo. Entonces el gran sacerdote encendía el fuego nuevo, que perdonaba todo, excepto el homicidio. Se traían los nuevos frutos, el sacerdote los frotaba con grasa de oso, y los ofrendaba, junto con algo de carne "al mugnífico y santo espíritu del fuego". De igual forma se santificaba todo, y entonces el sacerdote exhortaba a no contraer impurezas, para que el fuego divino no destruyera al pueblo. Era entonces cuando se encendían todos los fogones con el nuevo fuego. Y despues se comían los nuevos frutos, en fiesta que duraba otros ocho días; fiesta que terminaba untándose todos con arcilla blanca, y lavándose con agua corriente. 
Ese mismo día celebraban los seminoles de Florida su purificación anual, en festival llamado la danza del maíz verde. Al atardecer del primer día ingerían "bebida negra", pócima emética que preparaba para ingerir el nuevo grano. Al día siguiente ayunaban, y el tercer día era el del gran festín. 
Los indios thompson de la Columbia Británica cocían y comían la raíz del cardo aromático Balsamorrhizza sagittata, las mujeres que la extraían y cocían debían ser castas esos días, y ningún hombre podía acercarse al horno en que las cocían. Y cuando se comían las nuevas bayas había que rezar antes, o se sentiría sueño profundo todas las mañanas. 
Dos veces al año, en mayo y diciembre, comían los aztecas sacramentalmente, en mayo comiendo un trozo de Vitzilipuztli y en diciembre de Huitzilopochtli. Lo malo es que a este último lo fabricaban, en parte, con sangre de niños. También existían festivales a otras imágenes de montañas coronadas de nubes, que igualmente se comían sacramentalmente. 
En Aricia, Italia, fabricaban panes con forma humana, que llamaban manii. Y mania, cada uno de esos panes, era también el nombre de la madre o abuela de los espíritus, a los que se dedicaban efigies de lana con forma humana. Estas efigies se colgaban en las puertas de las casas romanas, para que se las llevaran los espíritus de los difuntos. Todos esos panes eran sacramentales, substitutos de sacrificios anteriores. 
Los tibetanos temen o temían a los demonios mandados por Khön-ma, y para espantarlos colocaban en las puertas de las casas una especie de lucernas conteniendo un cráneo de morueco, hijuelas de oro, plata y turquesas, arroz, trigo, habas, lentejas, 
etc. , junto a imágenes de un hombre, una mujer y una casa. 
Los alfures de Minahassa transportaban a los enfermos a otras casas, dejando en su lugar muñecos hechos con una almohada y ropas; suponiendo que el demonio confundía al muñeco con el enfermo, y éste sanaba. Los mai-darat de Malasia atribuían las enfermedades a espíritus llamados nyani, y también las curaban haciendo que salieran de los enfermos y se aposentasen en bausanes de hierbas que colgaban fuera de las casas. Y los negros ewe curaron una epidemia de viruela erigiendo fuera del poblado montículos cubiertos con tantas figuritas de arcilla como habitantes tenía el pueblo; con potes de comida y agua para alimentar al espíritu de la viruela. 
Por lo que los muñecos que anualmente arrojaban al Tíber en mayo los pontífices y vestales desde el puente Sublicio, en Roma, también debió ser para purgar la ciudad de demonios, ya que Plutarco califica esta ceremonia como "la mayor de las purificaciones".

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Publicado Monday 6 de October de 2003

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