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Magia y Religión: Carne mágica
Resumen: Escrito sobre creencias en que las comuniones religiosas endiosan, aunque sea en forma de pan. Y son restos de estas comuniones del espíritu del grano incluso todos los dulces tradicionales que se comen en Pascuas, Reyes, Navidad y fiestas religiosas.
Pero lo tétrico vuelve a ser el valor, inteligencia o destrezas que se adquieren comiendo corazones, orejas o testículos de enemigos y prisioneros, por la consabida sabiduría mágica de que lo semejante produce semejanzas. U hormigas, gusanos, etc.
Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jiménez
Escrito sobre creencias en que las comuniones religiosas endiosan, aunque sea en forma de pan. Y son restos de estas comuniones del espíritu del grano incluso todos los dulces tradicionales que se comen en Pascuas, Reyes, Navidad y fiestas religiosas.
Pero lo tétrico vuelve a ser el valor, inteligencia o destrezas que se adquieren comiendo corazones, orejas o testículos de enemigos y prisioneros, por la consabida sabiduría mágica de que lo semejante produce semejanzas. U hormigas, gusanos, etc.
Así como obtenerse alma masculina comiendo hígado, ya que en estos tiempos no tienen alma las féminas. Tiempos que en muchas partes han llegado hasta mediados de nuestro siglo XIX.
Magia y religión
LIX. - Carne mágica
Los pueblos agrícolas mataban los espíritus o dioses del grano, cuando los crían enfermos o débiles, para transferirlos a otros más sanos y jóvenes, y asegurar así los ritos mágicos de los que creían depender su bienestar; y, aunque creían que iba retrocediendo según segaban las mieses, sabían que lo mataban al segar la última gavilla.
Pero además se extendió la costumbre de ingerir sacramentalmente dioses para adquirir sus cualidades físicas, intelectuales y morales, y esto fue ya invento religioso, y concretamente eclesiástico.
Los creeks, cherokees y tribus norteamericanas emparentadas eran veloces si comían carne de venado, y lentos se la comían de oso, ave de corral o cerdo. Los zaparos de Ecuador también eran pesados si comían animales pesados, y los indios brasileños no comían animal cuadrúpedo, ni pájaro o pez que vuele o nade despacio, para no perder velocidad. Los caribes se abstenían de la carne de cerdo, para que no se les achicaran los ojos; ni cerdos o tortugas, para no volverse estúpidos. Los fans del Africa occidental tampoco comían tortugas por igual causa, pero en todos estos pueblos lo dicho no afectaba a los ancianos, porque ya habían perdido su agilidad.
Mas los bosquimanos del Africa del sur comían animales de andar lento, para que fuesen también lentos los animales veloces que cazaban; por lo que los cazadores oris ni siquieran miraban a las gacelas.
Los namaquas no comían liebre, para no ser cobardes; sí carne y sangre de león o leopardo, para ser valientes. Los bosquimanos no comían chacal, para no ser tímidos; sí leopardo, también para ser bravos. Los wagobo del Africa oriental, león para ser bravos, y nunca gallina, para no ser cobardes. Los curanderos zulú curaban con huesos de animales muy viejos, para transmitir longevidad. Los dayakos de Borneo tampoco comían venado, para no ser tímidos; pero los kayanos de la misma región sí la comían si se cocinaba al aire libre, porque en ese caso el espíritu del animal se marchaba a la selva. Los ainos creían que el mirlo de agua (cinelus) era sabio y elocuente, y se comían por eso su corazón antes que se enfriase. Y en la India septentrional quien comía ojo de lechuza veía en la obscuridad.
Los indios kansas, y los habitantes de las islas Buru y Aru, Indias Orientales, comían carne de perro para ser como ellos. Los papúas e indígenas de Australia septentrional wallaby (especie de canguros) y pescados grandes para ser ligeros. Los miris del Assam tigre, para ser fuertes y valientes; pero no sus mujeres, para que no fuesen independientes. También se comía tigre, por igual causa, en Corea, y algunos se comían un tigre entero.
En Marruecos se daban hormigas y carne de león a los enfermos, pero no gallina. Los turcos del Asia central mejoraban la dicción de sus hijos con lenguas de ciertos pájaros, y en Java se curaba la ronquera de las bailarinas con diminutos gusanos que emitían sonidos estridentes parecidos a los de un reloj despertador. Los de Darfur, Africa cenral, creían que el hígado era el asiento del alma, y la agrandaban comiendo cuanto hígado podían; prohibido a las mujeres, porque no tenían alma.
Las tribus montañesas del Africa sudoriental adquirían valor con los hígados de sus enemigos, inteligencia con sus orejas, perseverancia con la piel de su frente, y fuerza con sus testículos. Los basutos adquirían valor con los corazones de enemigos, y los achantis, en 1824, se comieron disecado a sir Charles M'Carthy por la misma causa, conservando sus huesos como fetiches nacionales. Los nauras de Nueva Granada devoraban corazones de españoles con igual fin, y los sioux corazones en polvo.
Los guerreros theddora y ngarigo no sólo se comían el corazón, sino los pies y manos de los enemigos muertos. Los kamilarois de Nueva Gales del Sur hígado y corazón. En Tonkín también era valiente quien comía hígado de valiente, y con igual propósito se trababan los chinos las bilis de los bandidos notorios.
Los dayakos de Sarawak fortalecían sus manos y rodillas con iguales partes de sus víctimas. Los tolalakis de Célebes central bebían la sangre y comían el cerebro de sus enemigos para ser bravos. Los italones de Filipinas, sangre, parte posterior del cráneo y vísceras crudas. Los efugaos, también filipinos, y los kai de Nueva Guinea, los sesos de los enemigos. Los kimbunda del Africa occidental hacían valientes a sus reyes y nobles con la carne de sus prisioneros valientes. El jefe zulú Matuana se bebió la bilis de treinta jefes vencidos, y todo zulú creía que el entrecejo y cejas de los enemigos les confería el poder de mirar sin pestañear. En Minahassa, Célebes, remojaban en agua hirviendo mechones de pelo enemigo para extraer su valor, y los guerreros ingerían el valor extraído bebiéndose el agua. En Nueva Zelanda el jefe era dios (atua), y si un guerrero mataba algún jefe le arrancaba los ojos, y se los comía.
Con razón dijo Cicerón, refiriéndose a las comuniones religiosas:"cuando llamamos al grano Ceres, y al vino Baco, usamos una figura retórica vulgar; pero ¿puede imaginarse que exista alguien tan loco que crea que lo que come es un dios?".
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Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jiménez
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Código ISPN de la Publicación EpyVuylkyyHVJUcJAg
Publicado Monday 6 de October de 2003
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