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Magia y Religión: Sacrificio de animales sagrados
Resumen: Escrito en el que resumo al máximo sacrificios de algunos animales sagrados, como el buitre parecido al zopilote mexicano en California; el carnero en Tebas, antiguo Egipto; la cobra en Fernando Poo; tortugas en Nuevo México; y osos en Japón, Siberia y región del río Amur.
He prescindido completamente del folklore que acompañaba estos festejos religiosos, e incluso de sus ritos, limitándome a decir cómo mataban y comían estos animales, y la parte que más adoraban del animal muerto, que en el oso era su cabeza.
Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jiménez
Escrito en el que resumo al máximo sacrificios de algunos animales sagrados, como el buitre parecido al zopilote mexicano en California; el carnero en Tebas, antiguo Egipto; la cobra en Fernando Poo; tortugas en Nuevo México; y osos en Japón, Siberia y región del río Amur.
He prescindido completamente del folklore que acompañaba estos festejos religiosos, e incluso de sus ritos, limitándome a decir cómo mataban y comían estos animales, y la parte que más adoraban del animal muerto, que en el oso era su cabeza.
Por supuesto, matan estos animales para apoderarse mágicamente de los poderes que les atribuían, por lo que en vida los trataban siempre con sumo respeto y afecto.
Magia y religión
LX. - Sacrificio de animales sagrados
Al igual que las tribus agrícolas, las ganaderas y cazadoras también adoraban o reverenciaban animales sagrados, generalmente aquellos que les eran más útiles.
La tribu acagehemen, en California, adoraba al gran zopilote, y una vez al año celebraban en su honor la fiesta de panes (mujer que se escapó a las montañas, y el dios Chinigehinich convirtió en ave). Eregían un templo especial (vanquech), y ponían en él, sobre un cañizo, un chacal o perro de pradera disecado, representando al dios Chinigehinich. Después llevaban al ave en procesión al templo, y lo colocaban en su altar. Las mujeres se agitaban, los ancianos permanecían silenciosos, y los capitanes danzaban. Terminada la ceremonia llevaban al ave a su templo principal, la mataban sin derramar sangre, la desollaban sacando la piel entera y con sus plumas, y la guardaban como reliquia, o para usarla como atavío festivo (paelt). Enterraban al ave, y proseguía la fiesta otros tres días. Como creían que todos los años mataban el mismo ave, equivalía a creer en su resurrección.
Los tebanos y demás egipcios que adoraban a Amón consideraban sagrados a los carneros, y sólo sacrificaban un morueco al año, en el festival de Amón, para desollarle y vestir a la imagen del dios con su vellón. Celebraban un funeral por el morueco sacrificado, y lo enterraban en tumba sagrada. El carnero era, pues, Amón.
Los negros de Isapu, Fernando Poo, consideraban a la cobra como su deidad guardiana, colgaban su piel con la cola hacia abajo en la rama del árbol más grande de la plaza, y colocaban a sus hijos bajo la protección del dios haciendo que tocasen su piel.
Los indios zuñis de Nuevo México creían que sus almas se transformaban al morir en tortugas, por lo que las trataban con respeto, pero las sacrificaban religiosamente, sacaban su carne, y dejaban sus huesos junto a riachuelos para que pudieran regresar al lago de los muertos. Mas colgaban el carapacho, convertido en sonajero de baile, y cubierto con piel de ante, en las vigas de las casas.
Los ainos consideraban sobrenatural (kamui) al oso, y le rendían culto. Mataban osos siempre que podían, pues de su carne y pieles vivían, pero eran sus cráneos los que veneraban, ofreciéndoles libaciones de cerveza, mijo o saké (aguardiente). Como creían que una de sus antepasados tuvo un hijo con un oso, los que habitaban en las montañas (kimun Kamui sanikiri) se creían sus descendientes. Cada familia criaba, pues, un oso, que sacrificaban en septiembre u octubre. Le disparaban flechas embotadas, hasta extenuarle, y entonces le ataban a un poste, y lo estrangulaban; o lo mataban de un certero flechazo al corazón. Solían beber su sangre los hombres, comían todos el hígado y los sesos crudos con sal, y desde luego comían el resto en banquete. Pero colocaban su cabeza en la ventana de la casa, mirando hacia oriente, con carne cocida, budín de mijo y pescado seco bajo su hocizo. Pero como dicha cabeza no comía la ofrenda, cuando suponían que la había comido, la repartían entre la familia. Otras veces insertaban las cabezas en la punta de una pértiga, y allí permanecía hasta ser calavera protectora.
Los gilyakos, Siberia oriental, mataban una osa preñada en enero, criada en la aldea, tras llevarla a la orilla del río, para que multiplicara los peces. Aunque trataban a esa osa con veneración, ese día la molestaban hasta cansarla, la ataban después a un poste, y la mataban a flechazos. Cortaban su cabeza, y adornada con virutas presidía su banquete, que primero consistía en la ingestión de los sesos y las entrañas. El cráneo permanecía en un árbol cercano a la casa. Creían que si morían peleando con un oso su alma transmigraba al animal, pero la carne de oso era su principal manjar, sobre todo si había sido cebado con pescado. Cocinaban su carne con nieve, en vasijas especiales, encendiendo el fuego con un aparato sagrado de pedernal y acero, que pertenecía al clan; y bebían su caldo en tazones adornados con osos, que después tiraban. Enterraban los huesos en el bosque, y metían los cráneos en cavidades que hacían en los árboles.
Sus vecinos goldis trataban como hijos o hermanos a los osos capturados, pero los mataban y comían también en su gran festival, suspendiendo después de los árboles el cráneo, la quijada y las orejas.
Los orotchis del río Amur criaban oseznos tres años, pero a esa edad los mataban y comían en fiestas públicas, tras haber hecho que visitara el oso todas las chozas. Los mataban también a flechazos, atados a un poste. Pero los orotchis del río Vi ni siquiera tocaban su carne.
Los ainos veneraban también al águila buho, por ulular para anunciarles peligros. Pero también los sacrificaban, tras rezarles y ofrendarles tortas y dulces.
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Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jiménez
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Publicado Monday 6 de October de 2003
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