Monografias | Parque Nacional Los Glaciares En Armonía con la NaturalezaParque Nacional Los Glaciares En Armonía con la NaturalezaResumen: Protección Internacional. Parque Nacional los glaciares. Comienza la Glaciología. Causas de las Glaciaciones. Las Glaciaciones En La Patagonia. Las Glaciaciones en nuestra zona. Tipos de glaciares. El Hielo Continental Patagónico. El Glaciar Perito Moreno. Un poco de historia. La ruptura: Los caprichos de un gigante . Historia Geológica de la Comarca. Poblamiento del Lago Argentino. La gran extensión del territorio y la gran diversidad de
climas que caracterizan la Argentina determinan una realidad fitogeográfica muy
variada, así como muy rica desde el punto de vista de la fauna. En ella están
representadas casi todas las formaciones o tipos de asociación vegetal, desde
la selva subtropical hasta la estepa y el desierto, lo que vuelve difícil
establecer una clasificación precisa y definitiva. Cada uno de los paisajes que cubren la vastedad del país
contiene uno o varios ecosistemas, de gran interés económico, científico o
simplemente recreativo. Integrado por un extraordinario número de especies
–unas 300 de mamíferos, 1.000 de aves y cerca de 10.000 plantas vasculares-,
el elenco de flora y fauna de la República Argentina se halla entre los de
mayor biodiversidad a nivel de géneros y familias. Al igual que en el resto de los países, también en el
nuestro la acción del hombre ha modificado el paisaje, a menudo peligrosamente,
hasta el punto de poner en peligro de extinción a ciertas especies de animales
y vegetales. La erosión del suelo, la falta de nutrientes, la producción de
metano, el agujero de ozono, la deforestación y la pérdida de diversidad biológica
son consecuencias, en definitiva, de un estilo de vida que, en las postrimerías
de este milenio, ha entrado en crisis en todo el planeta. La República
Argentina no constituye una excepción. Valga un ejemplo: en la región de los Pastizales de la Pampa
Húmeda, los desequilibrios ecológicos son de larga data. Desde el siglo XVI, a
partir de la fundación de Buenos Aires, la actividad ganadera empezó a
desarrollarse de manera desmesurada. Primero se desarrolló la ganadería
extensiva del ganado bovino, ovino y caballar sobre la base de pasturas
naturales y luego se pasó a la ganadería de bovinos, basada en alfalfares,
primero, y en cereales forrajeros después. Simultáneamente, en el litoral fluvial, la urbanización
cobró fuerza de manera incontrolada. Se transformaron las condiciones de
drenaje, la fertilidad del suelo y la composición de los pastizales, lo que
acarreó la desaparición de numerosos especies vegetales y animales. La fauna
autóctona de esta región hoy está desplazada por la intensa modificación del
hábitat, la caza, la transformación de la mayoría de los ecosistemas
naturales en agrosistemas y la competencia con el ganado. Desaparecieron los
grandes herbívoros, como es el caso del guanaco, y se hallan en franco
retroceso numérico otras especies como el zorro gris y el ñandú común. El
ciervo de las pampas está en peligro y drásticamente reducido a dos áreas
relictuales al este y oeste de la región. Para evitar la degradación ambiental y la depredación de la
flora y la fauna, la Argentina ha sido realmente pionera en el establecimiento
de áreas protegidas. La creación de la primera área de este tipo se debe al
Perito Francisco Pascasio Moreno, quien, en 1903 donó a la nación tres leguas
cuadradas (unas 75.000 ha) en el área que actualmente ocupa el Parque Nacional
Nahuel Huapi. Con esas tierras se inició la reservación de bosques
permanentes. En 1934 se creó el primer parque nacional y sucesivas
disposiciones –entre otras, la ley 12.103 de 1934, y la 22.351, de 1080 han
permitido establecer dicho sistema que, a mediados de 1993, ya involucraba casi
14 millones de hectáreas, con responsabilidad administrativa, a cargo de los
gobiernos nacional, provincial y municipales. San Juan se destaca por ser la
provincia con mayor porcentaje de superficie protegida: algo más del 20% de su
territorio. Cabe destacar la acción de la Administración de Parques
Nacionales, organismo dependiente de la Secretaría de Recursos Naturales y
Ambiente Humano. Además, existen áreas protegidas por acuerdos internacionales
en varias provincias argentinas. Por sus excepcionales características, dos
sitios han sido declarados patrimonio natural de la humanidad. Sistema nacional de áreas protegidas En materia de preservación de la naturaleza y del equilibrio
ecológico, hay que resaltar la acción de la Administración de Parques
Nacionales, que ha elaborado una legislación precisa en todo lo relativo a las
áreas protegidas. Este organismo ha definido una clasificación basada en dos
categorías: estrictas y no estrictas. Categorías Estrictas. Esta primera clasificación
incluye áreas en las que se admite la presencia humana sólo en calidad de
visitante. Comprende: Reserva científica o Reserva natural estricta: Áreas
significativas por la excepcionalidad de sus ecosistemas, de sus comunidades
naturales o de su flora y fauna, cuya protección sea necesaria para fines científicos
de interés nacional. Por ejemplo Campos del Tuyú, en la provincia de Buenos
Aires. Parque nacional o parque provincial: Áreas biogeográficamente
representativas, no afectadas por la actividad humana y poseedoras de
ecosistemas y especies de flora y fauna, geoformas o paisajes naturales de
excepcional belleza, con fines científicos, educativos o recreativos. Por
ejemplo, Talampaya, en la provincia de La Rioja. Monumento natural (nacional o provincial): Áreas o
sitios que contienen elementos de notable importancia como poblaciones animales
o vegetales, espacios naturales, geoformas, etc., cuya singularidad exige
ponerlos en resguardos con fines educativos o recreativos. Por ejemplo, Bosque
Petrificado Sarmiento en Chubut. Categorías No Estrictas. Esta segunda clasificación
admite la presencia humana con ocupación y actividades, pero ordenadas.
Comprende los siguientes tipos de áreas: Reserva natural manejada o Santuario de flora y fauna: Áreas
específicas indispensables para preservar la existencia o mejorar la condición
de vida posible de especies o variedades individuales de importancia nacional o
provincial. Por ejemplo, la Costanera Sur, en la ciudad de Buenos Aires. Paisaje protegido: Lugares protegidos para mantener la
calidad escénica de paisajes seminaturales o culturales, dignos de ser
preservados. Por ejemplo Pereyra Iraola, en la provincia de Buenos Aires. Reserva de recursos: Áreas destinadas a conservar los
recursos naturales de zonas deshabitadas o poco habitadas, de las cuales, por no
poderse evaluar los efectos de su transformación en tierras de uso agrícola,
ganadero, forestal o urbano, se ha resuelto conservar sin utilización, salvo el
usufructo tradicional que ejerce la población local. Por ejemplo, El Leoncito,
en la provincia de San Juan. Reserva natural-cultural: Áreas destinadas a la
conservación de espacios naturales en los que habitan comunidades aborígenes
interesadas en preservar sus recursos naturales y las pautas naturales de
usufructo. Por ejemplo, Cerro Colorado, en la provincia de Córdoba. Reserva de usos múltiples: Áreas en las que se privilegia
la convivencia armónica entre las actividades productivas del hombre y el
mantenimiento ambientes naturales con sus recursos silvestres. Por ejemplo,
Valle Fértil, en la provincia de San Juan. Protección Internacional A partir de que en la segunda mitad de este siglo tomaron
cuerpo las denuncias acerca de los múltiples atropellos ecológicos que ponen
en peligro la integridad del planeta, diferentes entidades internacionales se
han preocupado por salvaguardar regiones, paisajes o especies animales y
vegetales del mundo, ya sea porque se hallan en peligro de extinción o de
manera simplemente preventiva, consagrándolas cómo áreas de interés
universal. En la Argentina, los organismos internacionales han establecido dos
categorías: Reserva de la biósfera: Áreas destinadas a la
conservación de recursos biológicos y al conocimiento del funcionamiento de
los ecosistemas. En estos espacios se procura mantener formas tradicionales de
uso de los recursos naturales y aprender de ellas a fin de mejorar su manejo, y
conciliar la conservación de la naturaleza con el desarrollo de poblaciones
humanas. Por ejemplo, Laguna Blanca, en Catamarca. Sitio de patrimonio mundial (natural): Incluye sitios que
posean un patrimonio natural de interés y valor excepcional para toda la
humanidad. Por ejemplo, Los Glaciares, en la provincia de Santa Cruz, e Iguazú,
en la de Misiones. Parque Nacional los glaciares El Parque Nacional Los Glaciares fue creado en 1937 para
preservar las maravillas naturales de esta parte de los Andes patagónicos. Comprende una superficie de 6.000km2 de los cuales, una
cuarta parte pertenece a la Reserva Nacional y las otras tres al Parque
propiamente dicho. Sus límites por el oeste siguen en todo momento la línea
divisoria internacional chileno-argentina entre los paralelos 49º 15´ y 50º
50´Sur (desde el Cerro Fitz-Roy hasta el Cerro Stokes) abarcando parte de los
Hielos Continentales y todos los glaciares que de ellos descienden hacia el lado
oriental. Debido a su interés paisajístico por un lado, y a parte de
su flora y fauna en peligro de extinción por el otro, la UNESCO lo declaró
Patrimonio Mundial de la Humanidad. Además de la Intendencia Central, sita en Calafate, el
parque dispone de cuatro seccionales (Lago Roca, Río Mitre, Glaciar Perito
Moreno y El Chaltén) permanentemente habilitadas, donde los visitantes podrán
recabar datos referentes a la zona. de glaciares y glaciaciones Introducción os glaciares llegaron a cubrir en el pico de la última gran
glaciación, hace aproximadamente 18.000 años, un tercio de las tierras
emergidas, lo que supuso 3 veces más de su extensión actual. El nivel del mar
bajó entonces 120m, resultando de ello grandes extensiones hoy cubiertas por
las aguas marinas, eran entonces tierra firme, dato a tener muy en cuenta cuando
se piensa en las grandes migraciones humanas y animales que signaron aquellas épocas.
Gracias a ello se pudo pasar a pie desde Siberia hasta Alaska -comenzando así
el poblamiento americano- y de Europa a Inglaterra, entre otros ejemplos. Por el carácter plástico del magma que yace bajo la corteza
terrestre, las tierras que sufrían la presión de los hielos se deprimieron
bajo sus casquetes polares, como ocurre actualmente con la Antártida y
Groenlandia y poco a poco, al retirarse los hielos, fueron de nuevo elevándose
lentamente, fenómeno no del todo concluido (se ha calculado que Groenlandia
todavía se eleva 1m por siglo). Los más beneficiados por este hecho han
resultado ser los habitantes de un pequeño archipiélago frente a las costas de
Finlandia, que cada 50 años desde hace unos siglos, tienen la agradable
obligación de repartirse las tierras que el mar les regala. A pesar de que –por impresionantes que nos puedan parecer
hoy, los glaciares son sólo reducidas reliquias de las extensiones glaciales de
antaño- todavía juegan un papel importantísimo en nuestros días: Ocupando el
10% de las tierras emergidas, suponen el 90% del agua dulce del planeta (dato
interesante en un mundo cada vez con menos agua potable y más contaminada).
Además, con las corrientes de aire y agua que crean, contribuyen a equilibrar
el clima de la tierra, que sin ellos sería asfixiante. También fueron ellos los que antaño excavaron,
transportaron y pulverizaron minerales de todo tipo que después, por las
violentas tempestades que soplaron desde sus masas heladas, se distribuyeron por
diferentes regiones del globo (China, América del Norte, Europa Central, Pampas
Argentinas...) creando suelos muy fértiles para la agricultura. En la Patagonia
Austral, sin embargo, la formación de los suelos se debió principalmente a los
procesos magmático-eruptivos ocurridos en la actual zona andina. En el pico de la glaciación, la disminución de la
temperatura media varió ostensiblemente en diferentes lugares del globo: diez
grados menos en Alaska, seis en Inglaterra, dos en los Trópicos, y prácticamente
sin variación en el Ecuador. Se ha calculado que si los glaciares se derritieran hoy, el
nivel del mar subiría entre 60 y 70 metros inundando enormes extensiones de
terrenos costeros y varias de las principales ciudades del mundo. Si bien hoy sabemos que las glaciaciones son un fenómeno que
se viene dando desde remotísimas eras geológicas en distintos lugares de la
tierra, (hace 450 millones de años, antes de la separación de los continentes,
el actual desierto del Sahara ocupaba precisamente el Polo Sur y sufría una
enorme glaciación de la que todavía quedan restos visibles en forma de grandes
estrías sobre las superficies de roca pulida), la glaciación más conocida,
mejor estudiada, y a las que nos referiremos en éstas páginas es,
naturalmente, la última. Se dio simultáneamente en los dos hemisferios, aunque las
mayores extensiones las alcanzó en el Hemisferio Norte: En Europa el hielo
avanzó hasta cubrir casi toda la isla de Gran Bretaña, norte de Alemania y
Polonia, y en Norteamérica, el manto de hielo que bajaba del Polo Norte, sepultó
todo Canadá y alcanzó hasta más al sur de los actuales lagos estadounidenses
que, como los patagónicos y los alpinos, se formaron sobre las hondonadas que
dejaron libres las masas glaciares que acababan de retirarse. A pesar de que todos éstos datos hoy son normalmente
admitidos, no fue fácil para los pioneros de la glaciología convencer a sus
contemporáneos del protagonismo de los glaciares en la formación de los
paisajes actuales. Veamos cómo empezó todo: Comienza la Glaciología En 1837 un sabio suizo, Louis Agassiz, hasta entonces
admirado por sus conocimientos en fósiles marinos, lanza una teoría, que a los
oídos de sus eminentes colegas de la Sociedad Científica resulta poco menos
que una blasfemia en medio de una Misa Mayor: "Las formas actuales de
paisaje habrían sido provocadas por antiguos glaciares y no por el Diluvio
Universal como hasta entonces se venía aceptando". Los glaciares, según
él, habrían horadado valles, movido montañas, transportado materiales y
excavado lagos. Eran los comienzos del siglo XIX y las ciencias naturales,
tal como hoy las entendemos, estaban todavía en pañales. La geología estaba a
tal punto influenciada por la Biblia y la religión, que sus más preclaros
cultores admitían todavía la teoría formulada por un arzobispo y un
vicecanciller de Cambridge que, aunando su agudeza matemática, religiosa,
antropológica sentenciaron en 1654: "El cielo, las nubes llenas de agua y
el hombre fueron creados por la Santísima Trinidad el 26 de octubre del año
4004 antes de Cristo, a las 9 de la mañana". Eran tiempos aquellos en que para explicar lo inexplicable
estaba siempre el recurso de la brujería, como en el caso de los bloques erráticos,
enormes piedras sembradas por las campiñas del norte de Europa sin ninguna
conexión geológica con el paisaje circundante, y cuyo transporte por los
glaciares desde sus puntos de origen sería después demostrado por Agassiz. A medida que transcurre el siglo XIX las teorías de Agassiz
son cada vez más aceptadas, así como sus derivaciones: descenso del nivel del
mar, depresión de las tierras bajo el peso de los hielos y elevación de las
mismas después de la fusión, formaciones de morrenas, deposición de bloques
erráticos, etc. Al principio se creyó en una sola glaciación, pero el
hallazgo de varios restos vegetales entre las capas de las morrenas hizo pensar
que después de cada retirada glacial, un clima más benévolo se instaló sobre
las zonas anteriormente ocupadas por el hielo y permitió de nuevo el
surgimiento de la vida hasta que todo fue cubierto otra vez por el próximo
avance glaciar: había nacido la idea de las glaciaciones. Los avances y retiradas de los hielos, estando en relación
con los sucesivos enfriamientos de la tierra, se vio entonces en la glaciología
como una herramienta para descubrir el clima de la tierra en épocas pasadas y
en diferentes lugares del globo, herramienta que hoy siguen utilizando los científicos
que estudian los casquetes polares de la Antártida y Groenlandia en el afán de
develar el pasado climático del planeta. Estudios hechos al final del siglo
pasado en Norteamérica y Europa, escenarios de las grandes glaciaciones del
Pleistoceno, dieron idénticas edades para las grandes glaciaciones de esta era
geológica que comprende aproximadamente los últimos 2 millones de años. También los estudios demostraron que las grandes invasiones
del hielo se produjeron en los dos hemisferios al mismo tiempo y fluyeron
siguiendo siempre los mismos recorridos. Causas de las Glaciaciones Quedaba por resolver las causas de todos estos cambios climáticos.
Teorías de todo tipo se han barajado desde entonces: elevamientos y
contracciones de la corteza terrestre, enormes erupciones volcánicas que
hubieran lanzado tales cantidades de polvo a la estratosfera como para reducir
las radiaciones solares, diferencias de actividad en las manchas solares, etc. A pesar de que todas ellas pueden tener parte de razón,
ninguna explica por completo el fenómeno y mucho menos su relativa
periodicidad. La teoría más admitida hoy como causa de las variaciones
climáticas que a su vez provocaron las glaciaciones es la llamada teoría
astronómica. Ya en el siglo II a.d.C., Hiparco, astrónomo griego,
descubrió que la Tierra en el espacio se comportaba como un trompo, girando no
sólo sobre sí misma sino dando también a su eje un movimiento giratorio. Había
dado, sin saberlo, el primer paso para lo que luego vino a llamarse la teoría
astronómica de las glaciaciones que desarrolló completamente el matemático
yugoslavo Milutin Milankovitch, que dedicó toda su vida a elaborar complejísimos
cálculos, en los que intentó demostrar que la interacción de 3 ciclos astronómicos
alteraba lo suficiente las radiaciones solares en la tierra como para producir
enfriamientos que devinieran en glaciaciones. Se trataría de estos tres ciclos: De cualquier forma, el mecanismo de los climas es de tal
complejidad, que admitiendo que los fenómenos astronómicos hayan sido los
principales causantes de las glaciaciones, también es probable que fenómenos
tales como erupciones volcánicas, manchas solares, meteoritos, etc. hayan
intervenido en las fluctuaciones climáticas generales. En cuanto a futuras previsiones del clima basadas en estudios
y ciclos del pasado, el asunto se complica aún más: el alocado empleo del
Planeta por el supuesto "Homus civilizatus" están introduciendo
nuevas variantes que cada vez alejan más el futuro de cualquier previsión
científica y lo acercan mucho más a una lotería: la concentración de gas
carbónico en la atmósfera debido a la utilización de los combustibles fósiles,
las deforestaciones a gran escala de las selvas tropicales y un sinfin de nuevas
alteraciones ecológicas que se han venido produciendo en el último siglo, son
factores con los que nunca la Tierra se había encontrado antes y su reacción a
ellos es hoy un tema que provoca entre los científicos las más variadas polémicas. Con respecto a grandes deforestaciones, recordemos que no han
faltado teorías que hayan asociado las deforestaciones masivas ocurridas en
Europa al final de la Edad Media con el comienzo de la llamada "Pequeña
Edad del Hielo", recrudeciendo general del clima que sacudió al Planeta
desde el siglo XVI al XIX. Las Glaciaciones En La Patagonia Por más importantes que hoy nos puedan parecer, nuestros
glaciares y mantos de hielos patagónicos son sólo minúsculas reliquias de las
grandes glaciaciones de antaño. En la Patagonia austral, la primera glaciación que dejó
huellas claras se dio hace 3,5 millones de años y en aquella época, el hielo
se extendió por lo menos 60 km al este de la actual Cordillera. Otra gran
glaciación, que supondría la mayor de las experimentadas en Patagonia, se habría
dado hace 1 millón de años aproximadamente. Las morrenas terminales de ésta
última se pueden observar en la meseta sur del río Santa Cruz, a la altura de
Cóndor Cliff, a casi 200 km de distancia de la actual Cordillera. Si bien hay algunas discrepancias sobre éste punto, hoy
parece y a generalmente admitido que los hielos sólo cubrieron la meseta patagónica
en su parte más austral, es decir al sur del río Gallegos, donde una enorme
lengua se extendía sobre el actual Estrecho de Magallanes, (que no es sino otro
valle formado por el hielo e invadido después por el mar) y la casi totalidad
de Tierra del Fuego, como lo prueban morrenas que se han encontrado bajo el
actual nivel de las aguas del Atlántico. En el resto de la Patagonia los hielos
avanzaron según grandes ejes oeste-este, sin llegar nunca hasta la actual costa
atlántica. En el período geológico llamado Pleistoceno, los glaciares
se extendieron hasta 100 km más al este del presente límite oriental del Lago
Argentino, y en la zona cordillerana, llegaron a alcanzar luna altura de más de
1000 metros sobre el actual nivel del Lago. El descenso del nivel del mar
permitió que la línea de la costa atlántica se situara hasta 150 km. más al
Este de la que hoy conocemos. En las épocas más cálidas, que alternaron con los períodos
glaciares, gigantescos ríos de fusión cortaron las mesetas hacia el Atlántico,
excavando valles a su paso. Sobre estos valles, (el del río Santa Cruz es un
claro ejemplo) se deslizaron más tarde los glaciares en las posteriores
glaciaciones, depositando materiales y al mismo tiempo, excavando el suelo con
su enorme poder erosivo. Después de su última retirada, enormes cuencas habían
quedado en el terreno, que se llenaron con las aguas de fusión, formando así
los lagos glaciares que hoy podemos ver. Se entiende bien, después de todos éstos procesos por qué
Louis Agassiz, el fundador de la glaciología, llamó a los glaciares "Los
arados de Dios". Las Glaciaciones en nuestra zona A continuación damos un breve resumen del desarrollo
en la zona del Lago Argentino y Río Santa Cruz de las etapas de la última
glaciación:
Que es un Glaciar Drama en dos actos Se suele comparar un glaciar a un río de hielo. Si bien la
comparación puede ser válida en ciertos aspectos (cuenca de alimentación con
afluentes, capacidad erosiva, mayor velocidad en el centro del cauce que en los
bordes...) no es menos cierto que los últimos estudios demuestran que el
movimiento del hielo, que como todos los cuerpos, responde a las leyes de
gravedad, también responde a comportamientos muy particulares que poco tienen
en común con el agua. Acto 1: Formación El hielo de los glaciares no es otra cosa que el producto de
la compresión de la nieve por efecto de su propio peso. Así que, para la
formación de un glaciar hace falta que se cumpla una condición fundamental:
Que la cantidad de nieve caída a lo largo del año en una determinada zona, sea
mayor que la ablacionada. De esto se deduce que, para la formación de un
glaciar, no sólo son necesarias grandes nevadas, sino, más importante todavía,
que la temperatura media anual permita conservar la nieve caída. Por eso las
grandes extensiones de hielo actuales (Antártida, Groenlandia) no están
situadas en las altas Cordilleras de latitudes medianas, donde las nevadas son
abundantes, pero también lo es la fusión veraniega, sino en los extremos de
cada Hemisferio donde la escasa radiación solar no permite la desaparición de
la nieve. Ejemplo típico lo encontramos en la Antártida, considerada técnicamente
un desierto por su nivosidad, (entre 120 y 140 mm anuales) en su zona central) y
que sin embargo, supone la mayor concentración de hielo del planeta (90%) con
espesores que superan a veces los 4.500 m. Pero volvamos al escenario de nuestro primer acto: la nieve
caída empieza a comprimirse apenas toca el suelo: sus cristales, pequeños corpúsculos
de apenas un cuarto de mm de espesor, que todos conocemos por la caprichosa
belleza de sus formas, comienzan a perder sus extremidades, que al entrar en
contacto unas con otras se funden, liberando el aire en sus intersticios y dando
a los cristales una forma más granulada. A medida que se acumulan nuevas capas de nieve, su peso
continúa liberando las burbujas de aire entre los cristales y provocando una
mayor compactación de éstos, proceso que continúa hasta formar el hielo. El tiempo necesario para la formación de hielo a partir de
la nieve varía enormemente de un glaciar a otro (desde una decena de años, en
glaciares templados como los patagónicos o los alpinos, a varios cientos en Antártida)
en función de dos factores: la nivosidad y la temperatura. Contrariamente a lo
que pudiera pensarse, más rápidamente se forma el hielo cuanto más templado
sea un glaciar: antes citábamos la fusión de los cristales; con temperaturas
superiores a 0 grados, ésta fusión se traduce en agua que se infiltra hacia el
fondo, helándose nuevamente y liberando nuevamente pequeñas cantidades de
calor. Este calor debilita la dureza de los cristales inferiores facilitando a
su vez la fusión y compactación entre ellos, lo que redunda en una mayor
rapidez de formación de hielo. Acto 2: Movimiento Un glaciar no sólo es una masa de hielo, sino sobre todo,
una masa de hielo en movimiento. Obviamente, como todo cuerpo en movimiento y a lo largo de
una pendiente, el hielo es influenciado por la gravedad y en mayor medida cuanto
más pronunciada sea esta pendiente. Esta similitud con el agua es lo que ha
llevado por mucho tiempo a comparar los glaciares con los ríos, lo cual, si no
es del todo falso, a la luz de los últimos estudios, tampoco parece ser del
todo verdadero. Según los glaciólogos, un glaciar registra dos tipos de
procesos: de deslizamiento y de deformación interna. Ambos tipos se dan en
todos los glaciares, pero el deslizamiento de los glaciares llamados templados
(Andes, Alpes, Himalaya...) y la deformación interna del hielo es el principal
causante del movimiento en los casquetes polares (Groenlandia y Antártida)
donde las pendientes a veces son mínimas. El deslizamiento responde por
supuesto a la acción de gravedad. A pesar de lo simple del principio, tiene
aspectos sorprendentes: Este deslizamiento solo puede darse en presencia de agua
en su base, que en los glaciares templados proviene de dos causas: por una parte
de la fusión de las capas superiores, que va filtrándose hacia el fondo. Por
otra, la base del glaciar, al friccionar la roca determina un cierto
recalentamiento que también ayuda para la fusión de pequeñas cantidades de
agua. Así pues, una fina película líquida recorre siempre la
base de los glaciares actuando como lubricante entre el hielo y su sustrato
rocoso. Es esta lubricación interna uno de los factores que va a determinar la
velocidad de avance de un glaciar. En los glaciares fríos, las temperaturas extremas impiden
toda fusión y el glaciar queda "soldado" por su base: será entonces
la deformación interna del hielo la causa principal de su movimiento. Más
compleja y menos conocida que el deslizamiento, la deformación interna podría
compararse al proceso que sufren ciertos metales o minerales, sometidos a
tensiones por temperaturas ligeramente inferiores a su punto de fusión: como
bien saben los herreros desde tiempo inmemorial, éstos cuerpos adquieren la
capacidad de deformarse. En el caso del hielo, es su mismo peso, que en algunos
glaciares puede llegar a presiones de 650 Tn./m2, el que produce tensiones que
llevan al glaciar a deformarse: los cristales de hierro redisponen sus moléculas
en capas más o menos paralelas a la superficie glaciar. Estas capas se deslizan
una sobre otra. El movimiento acumulado de las capas de moléculas en el
interior de cada cristal más un cierto efecto de patinaje entre los cristales
es lo que se llama pues, deformación interna. Paradójicamente pues, las leyes
físicas que rigen éste fenómeno están mas cercanas a la flexión de un
hierro al rojo vivo, que al deslizamiento del agua por una canaleta. Pero volvamos al principio del acto: veíamos que un glaciar
sólo es glaciar si se mueve . Para comenzar a moverse, el hielo necesita un
cierto espesor crítico de alrededor de 20 metros. A partir de aquí, tres factores condicionarán la velocidad
de avance de un glaciar: el espesor, la pendiente y la temperatura del hielo.
Cuanto más espesor tenga un glaciar, más deprisa avanzará y obviamente también
será más rápido cuanto mayor sea la pendiente por la que se desliza. Antes citábamos glaciares fríos y templados: Cuanto más
"templado" sea un glaciar, más rápido será, a causa de la mayor
cantidad de agua fusionada que circula por su base facilitando el deslizamiento,
y a causa de que la energía calórica que libera parte de ese agua infiltrada
al recristalizar de nuevo, contribuye a debilitar los cristales de hielo haciéndolos
más moldeables y fáciles de deformar. Esta misma cantidad de agua de fusión corriendo por la base
y lubricando el frotamiento del hielo con la roca, es lo que causa una mayor
velocidad del glaciar en los días cálidos o lluviosos que en los fríos o
secos y lógicamente, también en verano más que en invierno. La velocidad pues, es un fenómeno altamente variable de unos
glaciares a otros e incluso en el mismo glaciar, no sólo en función de la época,
sino también del lugar: al igual que en las corrientes de agua, el frotamiento
de sus bordes con la tierra frena el movimiento de éstos haciendo la corriente
más rápida en su centro que en sus bordes. El frotamiento en su base es a su
vez la causa de que la velocidad de la superficie sea mayor que la del fondo. El punto de mayor velocidad de un glaciar se encontraría
sobre la línea de equilibrio del mismo. Es ésta una línea imaginaria que
divide la zona de acumulación de un glaciar, que es aquella en que la cantidad
de nieve caída anualmente es mayor que la perdida por evaporación o fusión, y
que corresponde a sus zonas más altas, de la zona de ablación, donde,
inversamente a la anterior, la nieve perdida es mayor que la caída y se sitúa,
como es natural, en sus zonas inferiores. Delimitar ésta línea es muy importante para el estudio de
cualquier glaciar, pues la situación de la misma y la relación de superficie
entre las dos zonas antes citadas, son datos muy importantes para la determinación
del comportamiento del glaciar y su respuesta frente a los cambios climáticos.
A simple vista, podríamos definir esta línea de equilibrio como la serie de
puntos todavía con nieve a fines de Otoño, antes de las primeras nevadas. En
glaciares muy agrietados es más fácil distinguirla, pues marca la frontera
entre la zona de grietas y la zona en que éstas (por lo menos las más pequeñas)
son ocultadas por la nieve. Por supuesto que ésta línea de nieves permanentes
no será igual todos los años y también variará de unos glaciares a otros con
la orientación, las condiciones de la pendiente, las variaciones climáticas,
etc. Otro de los fenómenos comunes a los glaciares y de extrema
ayuda para sus estudiosos son las morenas o morrenas, que podríamos definir
brevemente como acumulaciones de piedras, arenas y arcillas transportadas por
los glaciares. Su importancia viene dada porque son ellas las que denotan las
pasadas posiciones de un glaciar. Asimismo, estudiando los restos orgánicos
mezclados en ellas, fácilmente datables por el sistema del Carbono 14, se puede
llegar a conocer la cronología de 1os antiguos movimientos del glaciar. En
función de su posición, las morrenas se pueden clasificar en laterales o
centrales. Estas últimas resultan de la unión de las morrenas laterales
de un glaciar y de su afluente, resultando así una línea característica de
materiales rocosos que corre por el centro de un glaciar en el mismo sentido de
su marcha. Otro tipo de morrena muy importante para el glaciólogo es la morrena
terminal que, como su nombre indica, viene a señalar la posición más extrema
alcanzada por el hielo y el punto en el que el mismo comenzó a retroceder.
Quisiéramos terminar ésta breve introducción a los glaciares hablando de las
grietas y los seracs, dos aspectos muy comunes en toda geografía glacial, y que
constituyen el mayor peligro para quienes por ellos transitan. Como hemos visto
anteriormente, la velocidad de un glaciar no es igual en todos sus puntos.
Diferentes velocidades en diferentes puntos provocan tensiones que la
plasticidad del hielo no puede siempre absorber completamente y que resultan en
un resquebrajamiento de su superficie (las grietas no suelen tener más de 30m
de profundidad). Debido a las grandes presiones, el fondo permanece siempre
compacto. Las grietas pueden tener una enorme variedad de longitudes o anchuras
y se vuelven especialmente peligrosas para los andinistas cuando la nieve fresca
forma sobre ellas puentes que por un lado las ocultan a la vista, pero por otro
no son suficientemente sólidos para soportar el peso de una persona. Cuando el
lecho de un glaciar sufre una pendiente pronuncia- da, la velocidad puede
triplicarse durante algunos metros. Este repentino cambio de velocidad provoca
en la superficie una serie de grietas entrecortadas y muy inclinadas que forman
una caótica acumulación de bloques o seracs de un equilibrio altamente
inestable. Cualquier alteración por erosión de viento, lluvia, temperatura o
ligeros empujes del hielo que desciende de más arriba, pueden provocar el
derrumbe de estos muros de hielo, que, junto con la caída en las grietas, son
las causas más comunes de los accidentes mortales en la montaña. Tipos de glaciares Los glaciares se suelen clasificar en función de dos
factores: su temperatura o su morfología. En cuanto a su temperatura los glaciares se dividen en
fríos y templados. A los primeros corresponden las dos grandes
superficies polares (Antártida y Groenlandia) y a los segundos, todos los demás,
situados en latitudes más templadas. En cuanto a su morfología, citaremos brevemente
algunos de los más comunes: El Hielo Continental Patagónico ¿Qué hacen 17000 km2 de hielo, una superficie casi tan
grande como el Estado de Israel o la Provincia de Tucumán en una latitud que
trasladada al Hemisferio Norte nos colocaría en lugares tan poco englaciados
como Londres, París o cualquier punto de la frontera entre Canadá y Estados
Unidos? Cualquiera que haya mirado con detenimiento un planisferio, se habrá
seguramente planteado a misma pregunta. En el Hemisferio Norte, para empezar a
encontrar masas de hielo considerables hay que remontarse hasta los 60 grados de
latitud (Islandia, extremo sur de Groenlandia...) mientras que en nuestro
hemisferio, el Hielo Continental Patagónico, la tercera masa glaciar de la
tierra después de la Antártida y Groenlandia, se extiende desde los 47º a los
51º, ostentando el récord de poseer el glaciar más cercano al Ecuador que
llega hasta el nivel del mar (Glaciar San Rafael, -Chile- a los 46 grados 45
minutos, la latitud correspondiente a la Bretaña francesa en Europa o a Quebec
en Canadá), La razón no es, desde luego, la altura de la Cordillera, pues
precisamente en esta zona los Andes disminuyen bastante su altitud media,
comparada con regiones más septentrionales. Parafraseando a Bob Dylan, se podría decir que "La
respuesta está en el viento". ¿Qué lector de novelas de viajes no se ha estremecido con
los relatos de los navegantes de antaño? Descubridores, piratas, comerciantes o
aventureros, todos los que transitaron estas aguas nos contaron acerca de los
famosos "cuarenta rugientes" y "cincuenta ululantes" esos
vientos huracanados que sembraron de naufragios las costas australes. Son precisamente estos vientos, que en las latitudes de 40 y
50 grados sur recorren la tierra constantemente desde el Oeste hacia e1 Este,
los que llegan cargados de humedad después de un viaje oceánico por el Pacífico
y encuentran a su paso los Andes Patagónicos, único obstáculo a su recorrido
en todo e1 Hemisferio Sur (Australia apenas llega a los 40 y Nueva Zelanda a los
45 grados de latitud Sur). Al encontrar la Cordillera, el aire cargado de humedad
comienza a remontarla y al hacerlo se enfría, condensándose a1 principio en
forma de lluvia (los archipiélagos chileno-patagónicos están entre las
regiones más lluviosas del mundo con precipitaciones de hasta ¡4000 mm y 323 días
de lluvia a1 año!) y, a medida que sigue ascendiendo y enfriándose, en nieve. La nivosidad en ésas zonas alcanza los 5000 mm anuales
creando así las condiciones para la formación de una masa de hielo que se
derrama después en numerosas lenguas glaciares, que por el lado oeste llegan
hasta el nivel del mar en los fiordos chilenos y por e1 este hasta los lagos
argentinos. Desde las primeras expediciones que se adentraron por el
Hielo allá en los albores del siglo, su grandiosa geografía por un lado, y el
desafío deportivo que suponen sus difíciles accesos y sus infernales
condiciones climáticas por otro, han hecho del Hielo Continental Patagónico,
al decir del historiador chileno Mateo Martinic "La última gran frontera
interior del sur americano en este siglo". Transcribimos a continuación un pasaje del relato del Dr.
Reichert, el primero en alcanzar en el año 1914 la divisoria continental de las
aguas oceánicas en una auténtica proeza deportiva para la época: "Nos
hallamos en un lugar extraordinariamente salvaje. Un paisaje que parece el
Infierno de Dante se abre hacia el valle del fiordo y el viajero se estremece
ante el aspecto de este mundo de eternos hielos. Un sinnúmero de poderosas y
fantásticas montañas se levantan de un mar helado que inunda toda la
Cordillera. Los glaciares, como cascadas congeladas que se precipitan a ambos
lados de las pendientes, son el caos de las entrañas que alimentan el corazón
de la Cordillera y dan al paisaje su carácter grandioso, desolado, cruelmente
salvaje..." La existencia de un mítico volcán humeante del que tanto
leyendas indígenas, relatos de exploradores y navegantes del siglo pasado y
pobladores de la zona daban cuenta, acució la curiosidad por descubrirlo,
siendo al fin el inglés Eric Shipton, en Enero de 1960 el que divisaría una
montaña en el medio del Hielo, "de la que fluía una espesa columna de
vapor que se remontaba en el aire varios cientos de pies." Allí estaba por fin el legendario volcán de los hielos: se
trataba del Cerro Lautaro, una de las mayores montañas del Hielo Patagónico
con sus 3380 m.s.n.m., situado aproximadamente a 40 km. al noroeste del
Fitz-Roy al que, esta vez equivocadamente, también por muchos años se lo había
tomado por otro volcán. El Hielo Continental Patagónico está a su vez subdividido
en dos partes: el Hielo Patagónico Norte con 4.200 km', situado totalmente en
la XI región chilena o de Aisén . En él se encuentra el Monte San Valentín
que con sus 4.060 m.s.n.m. es el pico más alto de los Andes Patagónicos, y el
Hielo Patagónico Sur con 13.000 km' compartido entre Chile y la Argentina.
Tiene una longitud de 360 km y una anchura promedio de 40 km si bien en algunos
lugares alcanza los 90. Los Hielos Patagónicos están considerados técnicamente en
glaciología como masas de hielo de tipo "Indlansis", palabra noruega
que quiere decir "hielo entre las montañas" ya que precisamente son
casquetes de hielo que, a una altura media de 1500 m.s.n.m. recubren los valles
entre las cadenas montañosas, cuyas partes superiores se elevan por sobre las
llanuras heladas. Estas inmensas superficies heladas suponen una vasta zona de
alimentación para las lenguas glaciares que desde ellas se derraman tanto hacia
el este, como hacia el oeste, llegando en este caso hasta los fiordos y canales
del Pacífico. Los más conocidos, por su belleza y accesibilidad son el Moreno
y el Upsala en la Argentina, y el Glaciar San Rafael en Chile. En las mesetas glaciares asoman a veces unas islas de roca
conocidas como "nunataks" palabra de origen esquimal, que no son otra
cosa que pequeñas montañas que el hielo cubre en su casi totalidad, dejando sólo
visibles sus partes superiores. El Glaciar Perito Moreno Algunos Datos El glaciar Perito Moreno, como todos los glaciares patagónicos,
(salvo los del Cerro Tronador, cerca de Bariloche) tiene su origen en el Hielo
Continental Patagónico, del que se habla más extensamente en éste libro en el
capítulo de Glaciaciones. Un poco de historia Curiosamente, a pesar de haber estado muy cerca en su
exploración de 1876, El Perito Moreno nunca vio el Glaciar, ya que no lo cita
en ningún momento de su informe. Su interés en la zona en aquellos tiempos era
verificar si el Brazo Rico pertenecía al Lago Argentino, cosa que logró
recorriendo el Canal de los Témpanos un poco más al oeste del actual pueblito
de Punta Bandera, plantando una bandera argentina – de ahí el nombre – y
por el otro lado, llegando hasta el extremo este del actual Brazo Rico, donde
hoy se encuentra la entrada al Parque Nacional. En 1879, Juan Tomás Rodgers, capitán inglés de la Armada
Chilena, en expedición desde Punta Arenas sería el primer explorador en citar
el glaciar y darle nombre: lo llamó Glaciar Francisco Vidal Gormaz en honor del
Director de la Oficina Hidrográfica de la Marina de Chile, organismo
patrocinador de la expedición. Años más tarde Hauthal, adscrito a la Comisión Argentina
de Límites, lo llamaría Bismarck en honor del Canciller prusiano, nombre con
el que todavía figura en algunos mapas alemanes y chilenos. El Teniente Iglesias, encargado de unos estudios para el
Instituto Hidrográfico Argentino en 1899 lo nombra en honor del Perito Moreno,
nombre que quedaría como definitivo. A partir de entonces fue frecuentado por andinistas,
exploradores y científicos. A través de ellos, hemos podido seguir su evolución
desde entonces, primero en lo referente a su gran avance desde principios de
siglo y después, una vez estabilizado su frente, al fenómeno de sus diferentes
rupturas: En 1900, el frente del Glaciar estaba a 750 m de la costa de
la Península de Magallanes. En 1908, a 350 m. En 1914, a 100 m. En 1917, tocó por primera vez la Península Magallanes abriéndose
unas semanas más tarde sin mayores consecuencias. De los años siguientes no tenemos mayores datos hasta 1926
en que el geólogo E. Feruglio, recogiendo informaciones de los pobladores de la
región, anota que "...el canal entre el glaciar y la orilla del Cerro
Buenos Aires era bastante ancho como para permitir pasar un pequeño bote, sin
peligro a los constantes bloques de hielo desprendidos del frente escarpado del
glaciar". En 1928 el Padre Agostini, que además de ser el gran pionero
del andinismo patagónico nos dejó un invalorable archivo fotográfico de sus
expediciones, tomó fotos del glaciar que nos permiten deducir que por aquel
entonces la anchura del canal era de unos 150 m. De nuevo nos faltan datos hasta el año 1935 en que sabemos
que cerró por segunda vez, aunque sólo por un breve tiempo, como había
ocurrido la primera vez en 1917. En el verano del 1939-40 se dio por primera vez el fenómeno
por el que luego el Perito Moreno atraería la atención primero de los glaciólogos
y después, por su belleza espectacular, del mundo entero: la ruptura de su
frente en febrero de 1940. En marzo de 1942, su segunda ruptura, la diferencia de nivel
de las aguas llegó a 19 m provocando de nuevo grandes inundaciones sobre las
costas del Brazo Rico. Después de esta ruptura, y durante diez años, la lengua del
glaciar tocó varias veces la costa produciendo sucesivas rupturas (1947, 1949). En los años 1949 y 1950 se registran en la zona
precipitaciones muy superiores a las normales. El avance glaciar registra este
aumento y en julio de 1951, ante e1 fuerte tapón, las costas del Rico comienzan
de nuevo a inundarse. Con casi 13 m de diferencia la presión hace estallar la
barrera de hielo y en marzo de 1952 se produce la ruptura. En septiembre de ése mismo año, el glaciar cerraba de
nuevo, y de nuevo en marzo de 1953 se producía una nueva ruptura al alcanzar
las aguas una altura de 14,50 m. Tres años después, a principios de 1956 se produce una
nueva ruptura. Los siguientes cierres, hasta el año 1966, parecen no haber
provocado grandes inundaciones. Desde e1 año 1970 al 1988, el glaciar sufrió varias
rupturas con un ciclo de 2 a 4 años (1970, 1972, 1975, 1977, 1980, 1984, siendo
la última y más documentada, la del 17 de febrero de 1988. La ruptura: Los caprichos de un gigante La ruptura del Glaciar Perito Moreno es, sin duda alguna, uno
de los fenómenos naturales más impresionantes que se han podido contemplar en
los últimos tiempos. Y cuando digo contemplar me refiero al hecho de que,
generalmente, no es muy dable estar cerca y a salvo de los grandes accidentes
naturales (volcanes, inundaciones, etc...) Su fama ha trascendido fronteras y en la última ruptura de
1988, canales nacionales e internacionales de televisión esperaron
pacientemente, algunos durante meses, para poder filmar el evento, que en
aquella ocasión sólo duró 24 horas. La facilidad del acceso hizo que cientos
de personas pudieran contemplar desde un balcón natural privilegiado el
desarrollo de este inofensivo cataclismo. Es frecuente escuchar que la ruptura del Moreno es un fenómeno
que se repite cíclicamente cada 3 ó 4 años. Como vimos anteriormente, ésta
regularidad sólo se dio en los últimos años. Basta observar la lista de las
rupturas que se detalla en páginas anteriores de este trabajo para comprobar lo
inexacto de esa idea. La prueba más reciente la tenemos en el hecho que desde
la última ruptura de 1988 hasta nuestros días (1997) no se ha producido
ninguna otra. El glaciar cerró, pero no con la solidez suficiente para embalsar
las aguas del Brazo Rico, que inmediatamente se abrieron paso perforando un túnel. Otro de los errores comunes sobre el Glaciar y su ruptura es
el de considerarlo un fenómeno único en el mundo. Un caso muy cercano de
ruptura lo podemos encontrar en el Glaciar del Plomo, en la alta cuenca del Río
Mendoza, que en 1934, bloqueando el curso del río Plomo, afluente del Mendoza,
provocó un embalse de 40 m de altura cuya presión horadó un túnel en el
glaciar provocando aluviones que destruyeron el Ferrocarril Transandino de
Mendoza a Santiago. En el verano del 84/85, el embalsamiento volvió a
repetirse, sin llegar esta vez a producirse la ruptura. Otro fenómeno muy parecido al del Moreno ocurrió a fines
del siglo XIX en el Valle del Simadal, en Noruega. Después de repetirse por
varios años las inundaciones en la zona a causa de las sucesivas rupturas, hubo
que construir un túnel de descarga por la roca para evitar los aumentos de
nivel, cosa que parecía haberse logrado, hasta que en 1937 estalló la pared de
hielo produciendo de nuevo la catástrofe aguas abajo. Y hablando de catástrofes, también el Moreno en su primera
inundación de 1939 anegó los terrenos de las costas del Brazo Rico, que por
sus pasturas se contaban entre los mejores de la región, obligando a varios de
sus pobladores a abandonar ranchos y estancias que significaban muchos años de
trabajos y esfuerzos, a medida que la inundación se acercaba. Desde la ruta
hacia el glaciar y apenas pasada la portería del Parque Nacional, todavía hoy
se pueden ver los restos de las casas abandonadas del otro lado del Brazo Rico. Ante la inexorable subida de las aguas y para provocar el
rompimiento del tapón de hielo, la Armada Argentina envía dos aviones que
bombardean la zona de contacto sin ningún resultado práctico: el hielo no se
inmuta y el agua sigue subiendo. Se proponen entonces varias soluciones a cual más
impracticables: una de ellas consiste en ensayar la aplicación de cuerpos
negros (hollín, colorantes...) para acelerar la fusión del hielo al aumentar
la absorción de los rayos solares, método ya experimentado en aquellos años
por científicos rusos en glaciares del Tibet. Tras complicadas fórmulas se
llega a la conclusión de que harían falta nada menos que... 4 anos! para
derretir el tapón de hielo. También alguien se tomó la molestia de calcular matemáticamente
la cantidad de petróleo necesaria para fundir la lengua de contacto: nada menos
que 2.700 toneladas. Se estudió también la apertura de un túnel a través de la
roca, aplicada por los noruegos en el Valle de Simadal: haría falta mover en éste
caso 500.000 m3 en un lugar al que entonces no llegaba ni la ruta. Todas las soluciones humanas inviables, fue al fin la misma
Naturaleza que lo había cerrado, la que lo abrió un tiempo más tarde como lo
vino haciendo en años sucesivos cada vez que el muro de hielo taponó el
natural desague del Brazo Rico, en el Lago Argentino. Esquema de una ruptura El glaciar, al tocar la Península de Magallanes, forma
un dique natural de hielo, que obstruye completamente la comunicación entre el
Brazo Rico y el Canal de los Témpanos. Las aguas del Lago Argentino siguen
fluyendo naturalmente hacia el mar a través del Río Santa Cruz, mientras que
el Brazo Rico, al quedar aislado del Lago y seguir recibiendo aportes de
agua (lluvia, fusión de nieve y hielo...) comienza a subir de nivel. El aumento del nivel de las aguas va creando una presión
sobre el dique de hielo. Bajo esta presión, el agua consigue poco a poco
filtrarse y horadar el hielo en su punto más débil, que corresponde a la zona
de contacto con la tierra. Una vez abierto el primer resquicio, el paso del agua
irá acelerando la fusión de la barrera helada, abriendo por ella un túnel,
que con la correntada se irá haciendo cada vez más grande hasta derrumbarse
totalmente, quedando entre el Glaciar y la costa el Canal que las aguas
abrieron a su paso y que ahora de nuevo comunica el Brazo Rico con el Lago
Argentino. Cuando el frente glaciar avanza de nuevo sobre el Canal hasta
tocar la costa, comienza el proceso de la siguiente ruptura. El desnivel necesario en el Brazo Rico para producir una
ruptura ha variado notablemente en las diferentes ocasiones: desde 13 metros en
1952, a 25 m en 1988. Causas El Glaciar Moreno es uno de los que excepcionalmente han
avanzado en este siglo, en una zona donde la tendencia ha sido de general
retroceso (En realidad, desde 1917, su línea de frente no ha sufrido grandes
cambios por lo que actualmente, más que avanzando, se lo considera en
equilibrio). La otra excepción de la región sería el Glaciar Pío XI, que
fluye hacia el Pacífico también desde el Hielo Continental Sur y que en los últimos
años viene arrasando el bosque adyacente como una monumental topadora. Las causas de este avance han tenido diferentes explicaciones
según los especialistas: En Glaciología, como en el resto del saber humano,
por cada especialista con una teoría, hay otro tan especialista como él con
otra diferente. Si bien ninguna ha podido ser demostrada, citaremos las de
Raffo, Colqui y Madejski, los que en 1952 realizaron e1 estudio más
completo sobre el Glaciar. Según ellos, la causa principal de los fuertes avances del
Glaciar habría sido la captura de una porción de la cuenca de alimentación de
su vecino del sur, el Glaciar Frías. Debido quizá a movimientos sísmicos que
habrían alterado la división subglacial de ambos glaciares inclinándola hacia
el Moreno, lo que vendría corroborado por el hecho de que el Frías sufrió un
fuerte retroceso en este siglo, comparado con los del resto de la zona. Otra
causa secundaria, según los mismos autores, podría ser la nivosidad
especialmente abundante en su cuenca de alimentación. Fueron también éstos mismos autores los que calcularon la
cota máxima de inundación del Brazo Rico: En caso de que la presión del agua
no lograra romper el dique de hielo, el Brazo Rico desaguaría naturalmente por
su extremo oriental hacia el Lago Argentino por la cuenca del río Centinela a
partir de una altura de 30,8 metros sobre su nivel normal. Si difícil es saber las causas que provocaron el comporta-
miento del Moreno, mucho más se nos presenta el intentar un pronóstico para el
futuro. ¿Seguirá habiendo rupturas...? ¿Avanzará su frente...? ¿O bien el
calentamiento general de la Tierra, causa aparente hoy día de tantos
descalabros ambientales obligará al Glaciar a retirarse como lo hacen en éstos
momentos la práctica totalidad del resto del mundo? Son enigmas éstos que sólo
la Naturaleza develará en su momento. GLACIAR UPSALA Por ser, junto con el Moreno, el Glaciar más visitado de la
región, queremos también añadir una breve reseña en este libro de ese otro
gran glaciar patagónico. El Glaciar Upsala debe su nombre a la ciudad sueca cuya
Universidad patrocinó en 1908 el primer estudio glaciológico de la región
entre cuyos objetivos estaba, precisamente, dicho glaciar. Consta de dos lenguas terminales de apoximadamente 4 km. de
ancho cada una. (Desde la excursión lacustre se puede observar solamente la
lengua occidental). Su superficie es de 870 km' y su longitud de 60 km. lo que
lo hacen el más largo del Hielo Continental y por lo tanto de Sudamérica. La
altura de su frente es de aproximadamente 60 metros sobre el nivel del Lago. Su parte superior es tan llana, que fue elegido por el
Comando Antártico del Ejército Argentino como zona de entrenamiento para sus
dotaciones destinadas al Continente Blanco, y sobre él se hizo aterrizar un avión
DC-3, hoy en exposición en el Museo Aeronáutico del Aeroparque de Buenos
Aires. Su velocidad en el frente, medida en noviembre de 1990 sobre
un intervalo de 4 días fue de 3,6 metros por día. Los autores del estudio, (P.
SKVARCA y ANIYA) anotan sin embargo, que esta excepcionalmente rápida velocidad
podría estar provocada por las anormales condiciones de lluvia, viento y altas
temperaturas registradas durante el estudio, lo que habría supuesto un
incremento de las corrientes de agua por la base del glaciar que, como vimos
antes, es una de las causas que aumentan la velocidad de los glaciares. Contrariamente al Moreno, que se caracteriza por su
estabilidad, el Glaciar Upsala ha presentado en los últimos años un
comportamiento muy particular en lo que hace a la posición de su frente: Entre 1968 y 1970 la parte oriental de su frente avanzó 150
m mientras que la Oeste retrocedía 300. Entre 1970 y 1978 la parte este avanzó 250 m más y la Oeste
apenas retrocedía un poco. Después, el glaciar comenzó a retroceder, especialmente en
su parte oriental a un promedio de 700 metros por año en el período de 1981 a
1984. (En 1982, un poblador de la zona contaba a los autores antes citados que
ese verano era el más cálido que él recordaba y que el lago por aquel
entonces estaba lleno de témpanos). Desde entonces hasta 1990 el glaciar ha retrocedido en ambos
costados a razón de 200 metros por año aproximadamente. Como se deduce de los datos anteriores, el comportamiento del
Glaciar Upsala en los últimos tiempos ha sido de una gran inestabilidad, si
bien la tendencia general ha sido de retroceso (aprox. 60 metros por año en los
últimos 60 años). El Glaciar Upsala, después de su último gran avance que nos
dejó las morrenas de Punta Bandera, y su posterior retroceso tuvo varios pequeños
avances en tiempos muy recientes, cuya huella se puede observar sobre los
bosques de su costado derecho y el último de los cuales tuvo su pico en el año
1800 de nuestra era, correspondiendo en el tiempo con los numerosos avances
glaciáricos que en Europa se han dado en llamarla "Pequeña Edad del
Hielo". Uno de los espectáculos más bellos con que el Glaciar
Upsala nos obsequia, es e1 de sus grandes témpanos a la deriva, que
desprendidos del frente del glaciar, navegan después empujados por el viento a
lo largo del Brazo Norte y después del Lago Argentino, hasta fondearse a veces
en e1 extremo oriental de éste, donde viento, sol y lluvias acaban fundiéndolos. HISTORIA GEOLOGICA DE LA COMARCA Hace 150 millones de años, la Patagonia austral era todavía
una planicie. Todavía no existían los Andes y el aire húmedo del Pacífico
pasaba sin obstáculos a lo largo y ancho de la actual estepa, que por aquel
entonces era una selva cuyos árboles, hoy petrificados por las posteriores
lluvias de ceniza volcánica, llegaban a tener más de 25 m de altura y 3 de diámetro.
Antecesores de las actuales araucarias del norte de la Patagonia, algunos de
esos ejemplares se pueden admirar en los Bosques Petrificados de Jaramillo y
Sarmiento (Norte de la Provincia de Santa Cruz y Sur de Chubut). La enorme actividad volcánica de la Tierra por aquel
entonces, lanzó al espacio ingentes cantidades de cenizas que, transportadas
por los vientos, se fueron depositando en mantos sucesivos. Las cenizas se
fueron compactando después de la caída, ya sea por ser entonces pastosas y
calientes, o por posteriores procesos de compactación: lluvias, procesos químicos,
etc. De cualquier forma, el hecho es que se transformaron en rocas
sólidas, que durante muchos años se pensó fueran lavas. Hoy se sabe, sin
embargo, que se trata de tobas volcánicas formadas de la manera anteriormente
descrita y cuyo espesor es de 500 metros sobre un basamento de roca anterior
todavía hoy poco conocido. Terminada la deposición del Complejo Porfírico, como se ha
llamado a los depósitos anteriores, el próximo episodio geológico en la
Patagonia transcurre en el Jurásico superior y Cretácico, es decir, un
intervalo de tiempo que empezó hace 140 millones de años y terminó hace 80. Durante ese lapso las actuales mesetas patagónicas sufrieron
un hundimiento que permitió la invasión de las aguas oceánicas,
resultando de esta invasión el Complejo Marino con sus fósiles
(Belemnites, Amonites, etc). Este mar, invadió desde el Pacífico el área de
lo que posteriormente sería la Cordillera (recuérdese que esta toda- vía no
se había formado). Tras esa ingresión marina, se produjo un breve retiro del
mar al que siguió otra nueva invasión marina hacia fines del Cretácico (hace
unos 70 millones de años) en la que se depositaron sobre el suelo nuevas capas
arenosas y de conglomerados. Al terminar e1 Cretácico, todos esos sedimentos anteriores
comienzan a ser comprimidos y plegados: se inicia el Ciclo Orogénico Andino
creador de la Cordillera. Para el Oligoceno (hace 30 millones de años) la
Cordillera ya elevada, comienza la que sería la última ingresión marina que
dejó en el paisaje una nueva capa de sedimentos, esta vez de naturaleza volcánica. Tras este último depósito del Terciario, la Cordillera y el
continente siguieron elevándose cada vez más por lo que el océano no
pudo volver a invadirlo. En la Cordillera nacieron ríos, que en su marcha hacia
el Atlántico comenzaron a erosionar los terrenos, formando ya el inicio de los
actuales valles, que más tarde serían profundizados por los glaciares, que
como ya sabemos, trabajan el paisaje como una gigantesca lima flexible. El último gran evento geológico en la zona se dio con la intrusión
desde el interior de la tierra y a través de las rocas sedimentarias
formadas anteriormente, de macizos magmáticos, que al enfriarse lentamente
dieron origen a batolitos graníticos, que la erosión glaciar posterior iría
modelando paulatinamente, hasta formar las verticales agujas que hoy desafían a
las mejores expediciones andinísticas del mundo y conmueven por su imponencia a
los que a ellas se acercan. Las formaciones de este tipo más conocidas en nuestra zona
son los Macizos del Fitz-Roy (16 millones de años) y del Paine (12 millones de
años). La siguiente gran alteración de los paisajes vendría con
las glaciaciones, fenómeno que queda más ampliamente explicado en otro capítulo. Historia Poblamiento americano Muchas son las teorías que intentaron develar el origen del
poblamiento americano: Egipcios llegando en balsas por el Atlántico, polinesios
por el Pacífico... tampoco faltaron los americanistas tan arrebatados de celo
patriótico que vieron el origen de la humanidad en tierras americanas. Hoy por hoy sin embargo, la teoría más aceptada, sin
excluir las otras, es que los primeros pobladores de América entraron a pie por
el Estrecho de Behring entre Alaska y Siberia hace aproximadamente 20.000 años.
En aquella época, debido a la gran glaciación que estaba alcanzado su máxima
extensión, el nivel de los mares era más de 100 metros inferior al actual, lo
que permitió al hombre y los animales de entonces pasar por lugares hoy
cubiertos por el agua. Hace 18.000 años los glaciares comenzaron a retirarse,
dejando el paso libre hacia el sur a los humanos que, 8.000 años más tarde, ya
habían alcanzado el extremo sur del Continente, pues los restos más antiguos
encontrados en Tierra del Fuego da- tan de hace 10.000 años. Numerosas pinturas rupestres se han encontrado a lo largo y
ancho de Patagonia, de las cuales, por su cantidad y calidad de conservación
destacan las de la Cueva de las Manos, en el noroeste de la provincia de
Santa Cruz: curiosamente muy parecidas a ciertas pinturas rupestres europeas de
la época de Cro-Magnon, los dibujos de las manos se obtenían apoyando la mano
abierta contra la roca y después soplando, tal vez con una caña, pigmentos
coloreados, de forma que el negativo de la mano quedaba grabado contra la pared.
También hay representadas escenas de caza de guanacos. La datación más
antigua de la Cueva de las Manos se remonta a 9.000 años antes del presente. Los Tehuelches Nada se conocía del hombre patagónico hasta que en 1520, la
expedición de Magallanes, por medio de su meticuloso cronista, Antonio
Pigaffeta, nos da cuenta de unos afables gigantones vestidos y calzados con
pieles de guanaco. Según una versión muy común, el nombre de Patagones y por
añadidura el de Patagonia para la región que habitaban, habría sido asimilado
por los hombres de Magallanes a causa de los enormes pies, pues a su ya
respetable natural talla, se le añadía el hecho de estar envueltos en pieles
de guanaco. Sin embargo, según la versión más aceptada por los estudiosos del
tema, el nombre de Patagones se debería a la semejanza física de los aborígenes
con Patagón, personaje protagonista de una de las novelas caballerescas más
populares a principios del siglo XVI. Recordemos que la novelas caballerescas
eran los auténticos "best sellers" de la época y sus personajes tan
populares como nuestros ídolos televisivos. El Perito Moreno, en mediciones hechas a los tehuelches de la
zona del río Santa Cruz, también llega a la conclusión de que el tamaño de
sus pies no justificaba para nada el apodo, pues si bien su talla era
considerable, los pies eran relativamente pequeños para la misma. Venga su nombre de donde venga, el caso es que ellos se
llamaban a sí mismos AoniKenk, cosa que por supuesto, a nadie en aquellos
tiempos se le ocurrió preguntar, -rasgo éste muy común en la historia de las
colonizaciones civilizatorias que en el mundo han sido- y vivían principalmente
de la caza de guanacos y choiques (ñandúes). También eran recolectores de raíces,
hierbas, bayas y semillas, con las que hacían harina. En sus nomadeos recorrían
totalmente las mesetas patagónicas desde la Cordillera hasta el Atlántico
siguiendo las manadas de guanacos. Su organización social consistía en grupos
de varias familias bajo el mando de un cacique. El territorio de cada
grupo estaba bastante delimitado y la violación de los límites era causa de no
pocas luchas y contiendas entre ellos. Sus lugares preferidos para acampar
(AIKES) según las estaciones y la concentración de la caza, han quedado hoy en
numerosos parajes de la toponimia regional: Güer-aike, Tapi-aike, Chali-aike... De su número exacto nada sabemos, si bien parece que la
extrema movilidad a que se veían sometidos a causa de sus nomadeos no permitía
grandes concentraciones humanas del estilo de las civilizaciones precolombinas
de Perú o Méjico. El censo de 1869 nos da una cantidad de 24.000 para toda la
Patagonia y el de 1895 solamente 5.500. Si bien la exactitud de los censos por
aquellos tiempos es- taba muy lejos de la actual, y las cifras hay que tomarlas
muy relativamente, la drástica disminución en tan poco tiempo nos da una idea
de la suerte que corrieron aquellos "afables gigantones" en su
contacto con razas más "civilizadas". Estos eran los habitantes que poblaban las márgenes del Lago
Argentino hasta la llegada de los primeros europeos. Apenas un siglo después
de que la Patagonia comenzó a ser poblada por los blancos, hoy los Tehuelches
están completamente extinguidos: el alcohol, las nuevas enfermedades para las
que no tenían defensa, las matanzas -algunos de los recientes propietarios de
tierras y estancias llegaron a pagar por oreja de indio presentada, como todavía
hoy se hace con la piel del puma- y sobre todo, un tipo de cultura sedentaria y
de explotación ganadera extensiva diametralmente opuesta a la suya, acabaron
con ellos. Como en toda mitología, los tehuelches encontraban en la
suya muchas de las explicaciones del mundo natural que los rodeaba. Citaremos
aquí sólo algunas de ellas: La Cruz del Sur era una de las muchas señales dejadas en el
cielo por Elal para orientar a sus amigos tehuelches en su póstumo viaje hacia
las estrellas. El mar y el viento eran lágrimas y suspiros de Kooch, el
supremo creador. El ñandú no puede volar al ser castigado por Elal, por
haber llegado tarde a la reunión de animales donde se preparaba su huida. El nauseabundo olor del zorrino sería un castigo por la EL MUNDO SEGUN LOS TEHUELCHES Kooch, el creador, siempre existió; triste y solitario,
rompió a llorar un día, y de sus lágrimas fue creado el mar, de sus suspiros
el viento, y de sus manos el sol, que disipó las tinieblas primigenias. El sol,
las nubes y el viento fueron después ordenados por el creador. En el medio del
mar hizo surgir una isla, y en ella puso los animales. Para alumbrar la tierra en los descansos del sol, creó la
luna, que más tarde acabaría en amores con el astro-rey con la complicidad de
las nubes. Mientras sol y luna se amaban, el tiempo fecundó a la noche,
que a resultas parió espíritus maléficos y monstruos gigantescos que vivían
en las montañas. Uno de estos gigantes, Noshtex, raptó una nube, la
llevó a su caverna y de aquella unión nacería Elal, el héroe
principal de la mitología tehuelche y creador de los hombres. A sabiendas por el viento de que el hijo sería más poderoso
que su padre, éste intentó matarlo por todos los medios, siendo al final un
pequeño roedor, el tucu-tucu, quien lo salvaría escondiéndolo en su cueva. Cuando el héroe divino no pudo ser por más tiempo
escondido, el tucu-tucu organizó una reunión con todos los animales, que
protegieron la huida de Elal hacia una región hoy conocida como Patagonia,
volando sobre la espalda de un cisne. El cisne se posó sobre el Chaltén, desde donde Elal
bajó hacia la tierra. Para defenderse del frió y la nieve que a poco de
llegar lo atacaron, golpea dos piedras y crea el fuego. Avisado por el cóndor de la nueva residencia de su hijo, Noshtex,
el malvado padre, se trasladará a Patagonia para intentar eliminarlo. Para
defenderse de él, Elal creará los bosques y los hombres (Chonek), a
los que también enseñará a cazar con arco y flecha. De una enconada lucha con un gigante enviado por su padre,
nacerá el Lago Cardiel, de aguas amargas por la transpiración de los
dos gladiadores. Durante la lucha, los Chonek o Tehuelches ) e fueron infieles a
su creador y tomaron partido por su contrincante, por lo que Elal, a
pesar de perdonarlos, decepcionado por sus criaturas, decide partir. Cumplida su misión, los hombres instruidos en las técnicas
de caza, los obstáculos naturales allanados, a Elal sólo le resta dejar a los
hombres un espíritu protector que los cuidará en vida y los acompañará tras
la muerte ante el juicio de Elal, después del cual podrán reunirse con
sus amigos a conversar alrededor de un fuego que nunca se extingue. Una mañana, en silencio y montado en un cisne, como había
llega- do, partió hacia el este, descansando en las islas que surgían allá
donde sus flechas herían la mar. traición de dicho animal con ocasión de la anterior reunión. El flamenco fue obsequiado con e] color del amanecer como
premio a su fidelidad. El pecho colorado, que en aquella reunión distrajo a los
gigantes con su canto, herido y muerto por ellos, y resucitado posteriormente
por Elal, fue premiado con el espléndido color rojo de su pecho. Los arreboles del amanecer serían la sangre de la nube-
madre de Elal al ser muerta por el padre, Noshtex. Exploradores Si exceptuamos los frustrados intentos españoles de
colonizar la Patagonia en Cabo Vírgenes (1584), Puerto Deseado, (1780) y Puerto
San Julián (1781 y 1790), hasta bien entrado el siglo XIX, la Patagonia fue
visitada solamente por marinos que se acercaban a sus costas en busca de aguadas
o transitorios abrigos contra las tempestades tan temidas y frecuentes en la
zona. Los primeros europeos en acercarse al Lago Argentino fueron
los incansables Fitz-Roy y Darwin, que en su viaje de exploración a lo
largo del globo en 1834, remontaron el Río Santa Cruz y a punto estuvieron de
llegar hasta el Lago, alcanzando hasta el actual paraje del Río Bote.
Desalentados por la interminable llanura que todavía se extendía ante ellos a
la que llamaron "Llanura del Misterio", por la fuerte correntada del río
y por los víveres que ya venían acabándose, decidieron sin embargo, quedarían
para siempre en la región: Fitz-Roy en el cerro que luego su admirador
el Perito Moreno bautizaría en su honor, y Darwin, con sus innumerables
y agudas observaciones sobre la flora y la fauna inmortalizado en multitud de
nombres científicos de muchas especies patagónicas. Hasta el navío que
utilizaron (el BEAGLE) quedó en la topografía de la región nombrando el Canal
que separa la Isla de Tierra del Fuego de la Isla Navarino. En 1859, el Comandante Luis Piedrabuena se instala cerca de
la desembocadura del Río Santa Cruz, inaugurando así el poblamiento argentino
de la región. Legendario y admirable pionero para su época, Piedrabuena
comercia con los indios, caza lobos, salva navíos y, sangre de explorador
obliga, organiza y financia expediciones. En una de éstas, en 1867, el inglés Gardiner con otros tres
marineros de la misma nacionalidad, son los primeros blancos en llegar al Lago
Argentino. Pensaron que era e1 Viedma, del que ya se tenían noticias desde
1782, después de la expedición de don Antonio de Viedma, que en tiempos de la
Colonia y guiado por los indios, cruzó las estepas patagónicas desde e] Atlántico
hasta la Cordillera en busca de maderas para edificar. Lo avanzado de la estación
le hizo retroceder antes de lograr su objetivo, pero su nombre quedó unido para
siempre a otro de los grandes lagos patagónicos. Los marinos ingleses, que
contra lo que su oficio pudiera suponer subieron por tierra y a caballo,
continuaron por la margen sur del Lago hasta llegar a los actuales Lago Roca y
Brazo Rico documentando por primera vez la región, que consideraron muy
aceptable para el establecimiento humano y la explotación ganadera. En 1873, otra expedición al mando del capitán Feilberg, ésta
vez subiendo por el río, descubre al fin las fuentes del Río Santa Cruz en el
Lago, aunque también, como sus predecesores, lo confundieron con el Lago
Viedma. Sería la expedición a1 mando de Francisco Pascasio
Moreno, más conocido después como el Perito Moreno, la que en 1876/ 77 no
sólo llegara hasta el Lago remontando el río, sino también la que por primera
vez, realizara un extenso recorrido por la zona del que surgieron varias
conclusiones muy importantes, no sólo desde el punto de vista geográfico, sino
también desde el político: sería éste vasto conocimiento de la zona el que
permitiría al Perito Moreno años más tarde defender la soberanía argentina
en la zona con total conocimiento de causa. Una breve reseña de su vida y obra
se podrá encontrar en las páginas dedicadas al Glaciar Perito Moreno. Una vez cartografiada la zona y sus incógnitas desveladas,
otras expediciones, esta vez con más signo científico que descubridor, se van
sucediendo. El poblamiento tardaría todavía en llegar unos años, pues el
conflicto de los límites con Chile desanimaba a los potenciales pobladores. Poblamiento del Lago Argentino Solucionado en parte el problema después del tratado de 1881
con el país vecino, el hasta entonces desierto patagónico, tras la primera
oleada de exploradores, veía llegar ahora otras de pobladores. Lejos estaban los tiempos en que Darwin pronunciara su
famosa frase sobre Patagonia: "La maldición de la esterilidad pesa
sobre estas tierras". La lana era cada vez más cotizada en el mundo y en
las estepas antes desiertas, florecían ahora establecimientos ganaderos donde
aventureros, forajidos e inmigrantes de cualquier parte del mundo venían a
probar fortuna. Se trajeron las primeras ovejas desde las Islas Malvinas y poco
a poco se fueron ocupando los terrenos más cercanos a la costa, pues el mar era
todavía el único camino de llegada a estas regiones y sus puertos la única
salida de su producción. Un par de datos bastan para darnos idea del estallido
ganadero de la zona por aquellos tiempos: En 1895 había en la Provincia de
Santa Cruz 370.000 ovinos; veinte años más tarde, con casi 4.000.000, la cifra
se había multiplicado por diez. En el capítulo dedicado a las estancias, detallamos un poco
más ampliamente este fenómeno económico y social que sacudió toda la
Patagonia austral. A comienzos del presente siglo, los que querían poblar debían
hacerlo cada vez más hacia el oeste. Así llegaron a la zona del Lago Argentino
los primeros pobladores, diseminándose por lugares otorgados por el Gobierno en
concesión, arrendamiento o propiedad, que con el tiempo darían nacimiento a
las estancias que hoy pueblan la región. Verdaderos pioneros al mejor estilo "Far South",
sus vidas fueron auténticos ejemplos de tesón y sacrificio para domar unas
tierras tan bellas como inhóspitas. Hacia 1925, el Lago Argentino estaba ya completamente rodeado
por pobladores rurales establecidos en una veintena de estancias, por lo general
bien instaladas, con grandes galpones para esquila, casas para peones y
capataces, corrales, huertas y arboledas para protección del viento. En
el verano, la comarca entera se animaba con la llegada de comparsas de
esquiladores chilenos y ocasionales visitantes. En 1934, encontramos ya en la zona una población de 1574
habitantes, de los cuales más de la mitad son extranjeros (principalmente españoles). La producción lanera se lleva hasta la costa atlántica en
carretas de bueyes primero (todavía se pueden ver un par de ellas a la entrada
de El Calafate) y a partir de la década del 30, en vehículos a motor. Orígenes de El Calafate En los comienzos del siglo, el transporte de la región (lana
y cueros hacia Río Gallegos y otros puertos del Atlántico, y víveres y
enseres desde allá hacia la Cordillera) se hacía únicamente en carretas de
bueyes. Las huellas carreteras patagónicas tenían paradores cada 3
ó 4 leguas (20 km aprox.), distancia media de una jornada para las carretas.
Estos lugares de detención coincidían con arroyos, lagunas o con alguna
protección natural del terreno. Al cabo de un tiempo, acababa estableciéndose
en el lugar un almacén de ramos generales con bar y hotel. El camino de Río Gallegos hacia el Lago Argentino se
bifurcaba en el vado del río Santa Cruz, hoy llamado Charles Fhurpor el nombre
del poblador que allí se había establecido: el ramal de la derecha, después
de cruzar el río en balsa, seguía hacia el norte costeando el río La Leona
hacia el Lago Viedma en lo que después sería la ruta 40. El de la izquierda,
costeaba la ribera sur del Lago hacia la Cordillera. Una de las postas de este
último camino, estaba junto a un arroyo, que debido a la gran mata de calafate
de su ribera acabó llamándose como ella, nombre que por extensión, los
carreteros también pusieron a la montaña que lo dominaba y después designaría
el futuro pueblo que hoy conocemos como tal. En 1913 se instalan las dos primeras familias en el lugar y
comienzan a explotar un pequeño hospedaje y almacén para los viajeros camino a
la Cordillera. Sufridos inmigrantes gallegos acostumbrados a tierras más
mezquinas, en pocos años de arar y trabajar las llanuras aluvionales del
arroyo, convirtieron aquello en un pequeño vergel donde, al reparo de las
barreras de álamos, empezaron a crecer cereales, frutas y hortalizas. En los años 1921/22 la región se conmueve con la huelga
general que protagonizan los trabajadores de las estancias patagónicas y que el
gobierno de aquel entonces reprime con gran dureza. El episodio final ocurrió
en la Estancia Anita, a 20 km. de Calafate, donde los últimos resistentes
fueron masacrados tras rendirse a la tropa. El inspirador y cabecilla de la
huelga, un anarquista español, logró huir hacia Chile por las montañas, y
tras mil rocambolescas peripecias volvió a Río Gallegos 12 años después, de
donde fue expulsado del país por el entonces Gobernador Gregores. Murió en
Punta Arenas en 1963. El caso es que todos estos acontecimientos aceleraron la
decisión de las autoridades para la creación de varios pueblos en e1 interior
de la provincia, entre ellos, "uno en el lugar denominado El Calafate, al
sur del Lago Argentino". El 7 de Diciembre de 1927, quedaría el pueblo al fin
oficialmente formado. En los años siguientes se instalan los principales
servicios: médico, correos, juez de paz... En 1946 cuenta ya el pueblo con 368 habitantes y precisamente
este mismo año se inician los vuelos comerciales a cargo de la entonces
Aeroposta Argentina, que más tarde, daría origen a la actual Aerolíneas
Argentinas. En 1950 se instala en el pueblo la Intendencia del Parque
Nacional Los Glaciares, creado en 1937. A principios de la década del ´60, Parques Nacionales abre
el camino hasta el Glaciar Perito Moreno, al que hasta entonces sólo se llegaba
a caballo desde la actual entrada del parque (Seccional Río Mitre). En 1969, contando el pueblo con 700 habitantes, se instala el
Banco Provincia. En 1972 se lanza oficialmente la primera temporada turística.
El gobierno nacional acaba de aprobar ese mismo año importantes partidas económicas
para mejoramiento de infraestructura turística: hoteles, aeropuerto, muelle de
Punta Bandera. El camino al Glaciar, apenas una trocha para vehículos todo
terreno, mejora notablemente su transitabilidad al colocar el Ejército puentes
articulados sobre los diferentes arroyos, solucionando así el problema de las
grandes crecidas primaverales causadas por los deshielos y consolidando a
Calafate como punto de entrada hacia la Cordillera. En 1978 se traslada al pueblo el Escuadrón de Gendarmería
Nacional como base operativa para los diversos puestos ya existentes en la
Cordillera. Muchos de los gendarmes, llegados desde provincias norteñas, se
quedarán en el pueblo, suponiendo uno de los factores de crecimiento más
importantes hasta la llegada del turismo. Otro paso reciente hacia el futuro del turismo en la zona ha
sido la reciente inauguración del nuevo aeropuerto pavimentado, en agosto de
1993. Clima La comarca del Lago Argentino tiene varios tipos de climas,
que van desde el níveo de la Cordillera hasta el árido de la estepa patagónica,
en un trayecto de apenas 40 km en línea recta. En el inmenso manto del Hielo Continental se calculan
precipitaciones níveas de hasta 8000 mm anuales, que descienden un poco más al
este hasta alrededor de los 1500 en forma ya de lluvias en el extremo de los
canales del lago (fiordos Mayo y Ameghino). Esta abundancia de lluvias permite
la formación de densos bosques colindando con las extremidades de los
glaciares. Desde aquí y siguiendo siempre hacia el este, una faja de
30/40 km permite todavía la formación de bosques que decrecen en densidad y
altura en proporción directa a la disminución de lluvias. Esta faja encuentra
su límite a la altura de Punta Bandera. La pluviosidad de ésta faja oscila
desde los 1000 a los 500 mm anuales. Más al este y hasta el Atlántico, la pluviosidad decrece
hasta alrededor de los 300 mm y el paisaje seco de la estepa apenas permite una
escasa vegetación de gramíneas y plantas xerófilas. Las únicas excepciones a
este clima las encontramos en el fondo de las cuencas lacustres y fluviales,
donde si bien las precipitaciones siguen siendo escasas, la humedad ambiental y
la temperatura se ven influidas por la cercanía de las masas de agua y en el
caso de Calafate, todo esto añadido al hecho de estar situado en un declive
orientado hacia el norte y la protección artificial de sus arboledas, le
permiten beneficiar de un microclima mucho más benigno que el de las mesetas
circundantes. Damos a continuación algunos datos geográficos y climáticos
de Calafate: Coordenadas: Latitud: 50º 20' Sur Longitud: 72º 18'
Oeste Elevación s.n.m.: 190 metros. Temperaturas Medias: Media mínima (julio): -1,8º Media máxima (enero): 18,6º Media anual: 7,2" Duroción del día: Mínima (21 de junio): 8 horas Máxima (21 de diciembre.) 16 1/2 horas Pluviosidad Media: 250 mm anuales Ventosidad: Fuertes vientos del sector oeste durante la primavera y
verano, con ráfagas de hasta 120 km/h y predominancia en las horas diurnas. No querríamos dejar pasar la oportunidad para
extendernos un poco más en la explicación de la formación y la dinámica
del viento en Patagonia ya que, además de ser la causa de muchos aspectos
del paisaje, resulta ser una especie de símbolo legendario de la región,
que nunca deja de ser nombrado (y no pocas veces exagerado) en cualquier
relato sobre la zona. Como ya vimos en el capitulo de Glaciología, las
corrientes de viento húmedo provenientes del Pacífico son las responsables
de la sucesiva formación en Patagonia de los campos de hielo primero, de
los bosques después y finalmente de la estepa si nos trasladamos de oeste a
este. Por otra parte, estos vientos son predominantes en la
primavera y el verano australes (ver gráfico adjunto) debido al
desplazamiento hacia el sur del gran anticiclón del Pacífico Sur, lo que
hace que las latitudes comprendidas entre 40º y 60º sean especialmente
afectadas en esas estaciones. Además, la rotación de la tierra crea una serie de
vientos y corrientes marinas en el planeta, que en el Hemisferio Sur se
traducen en un gran anillo de vientos en dirección oeste-este, también en
las latitudes antes citadas. Hemos anotado líneas arriba que la predominancia del
viento se da en las horas diurnas: ("El viento salta a las diez"
según reza el viejo refrán patagónico). La causa de esto, es que siendo
las mesetas patagónicas una enorme extensión esteparia, su calentamiento
por el sol produce en ellas una zona de baja presión al elevarse el aire
caldeado, lo que permite al viento que llega del oeste por las causas
anteriormente citadas, acelerar todavía más su velocidad. Por la noche, al
enfriarse las tierras se produce el fenómeno inverso, lo que de alguna
manera "frena" los vientos. flora Una mirada botánica por la zona La pluviosidad, que como ya vimos anteriormente, disminuye rápidamente
a medida que nos desplazamos hacia el este desde la cordillera, determina en la
zona del Lago Argentino diversos tipos de vegetación que genéricamente podríamos
dividir en tres zonas: Zona esteparia: Las precipitaciones no llegan a 400 mm anuales y las plantas
existentes, bajas y generalmente espinosas, son sólo aquellas adaptadas a tan rígidas
condiciones meteorológicas: fuertes vientos, sequedad, bajas temperaturas
invernales, etc. Matorral pre-andino y bosque de transición: El aumento de precipitaciones permite en esta zona el mayor
crecimiento de especies que ya se encontraban en la anterior y la aparición de
arbustos y árboles, que anuncian el gran bosque magallánico. Bosque magallánico: Con precipitaciones de 800 a 2000 mm anuales, corresponde
esta zona a los bosques cordilleranos más occidentales, que crecen junto a los
glaciares, formando un conjunto paisajístico raramente observable en otros
lugares. Los límites del bosque son, por una parte, los glaciares antes
citados, y por otra, la altura, ya que a partir de los 800m.s.n.m
aproximadamente, los árboles empiezan a achaparrarse, hasta llegar a
convertirse en arbustos cada vez más rastreros y desaparecer completamente
hacia 1000 m.s.n.m, donde las extremas condiciones climáticas apenas permiten
la vida vegetal: sólo pequeñas plantas y líquenes adaptados a las grandes
diferencias de temperatura y al peso de la nieve. Se conoce a ésta ú1timn
provincia biótica como prado alpino o desierto de altura. Como la enumeración de todas las especies de la zona excede
los propósitos divulgatorios de esta monografía, daremos sólo al final de éste
capítulo una breve lista de las especies más fácilmente observables. Entretanto, proponemos una especie de "mirada botánica"
a lo largo de la excursión al Glaciar Perito Moreno, obligado recorrido de
todos nuestros visitantes, y que justamente atraviesa por las tres provincias
vegetales citadas anteriormente, que por otra parte, son comunes en toda la
Patagonia austral. ESTEPA Apenas salidos del pueblo, nos rodea ya el típico paisaje de
la estepa patagónica: plantas bajas y xerófilas (adaptadas a la vida en
lugares secos) entre las que sobresalen gramíneas como el amarillento coiron
(1) que en sus cuatro variedades es la planta predominante de la estepa. Empezamos también a observar dispersas matas de calafate
(2). El calafate en primavera se adorna con flores de intenso color amarillo y
hacia fin del verano y se pueden recolectar sus frutos, unas dulcísimas bayas
de color negruzco azulado con las que se prepara mermelada. La tradición cuenta que quien coma calafate volverá a
Patagonia, así que recomendamos probarlo a quien quiera asegurarse el retorno
por estos pagos. A veinte kilómetros de la salida y en las riberas del río
Centinela, otro arbusto típico de la estepa patagónica, la mata negra (3)
cubre la zona. A medida que avanzamos hacia el oeste, otras plantas y
arbustos van apareciendo: el neneo (4) típica planta xerófila con formas
semiesféricas y grandes espinas, cuyos frutos, al ser comidos por las ovejas
dan un fuerte gusto a la carne, la mata guanaco (5) que en primavera se recubre
de pequeñas flores de un rojo intenso, la paramela (6) con hojas de un fuerte
olor resinoso, e1 romerillo (7) también de un particular aroma... En primavera son frecuentes en la estepa los zapatitos de
la virgen (8) y las topa-topa (9) que adornan con sus vivos colores
la parquedad de los pajonales. MATORRAL PRE-ANDINO y BOSQUE DE TRANSICIÓN A 40 km de Calafate, encontramos las primeras montañas de la
Cordillera: se trata de la Sierra Buenos Aires. En los pequeños cañadones de
sus flancos, más próximos a la estepa, podemos observar un fenómeno que nos
ilustra bien sobre la relación entre vegetación y exposición solar: las
laderas orientadas al norte están secas, mientras que los árboles cubren las
orientadas al sur. Poco antes de la entrada del Parque Nacional, a la altura del
río Mitre, encontramos los primeros árboles junto a la ruta: se trata de ñires
(10) uno de los tres Nothofagus originarios de la zona y que marcan siempre
la transición entre la zona esteparia y el bosque magallánico. Los Nothofagus son una especie endémica de Patagonia, Tierra
del Fuego, Nueva Zelanda, Australia y Tasmania, regiones que, en un remoto
pasado, estuvieron unidas a través de la Antártida con el extremo sur de América,
formando parte de Gondwana, continente que empezó a fragmentarse hace 220
millones de años. En las ramas de los ñires, y más adelante de otras
especies, se observan frecuentemente unas esferas vegetales de un verde vivo,
conocidos en la zona como farolillos chinos (11). Se trata de una especie de
mizodendrums, plantas semiparásitas que, a falta de raíces, se instalan en el
árbol y le chupan una parte de su savia, que después elaboran por sí mismas
ya que poseen clorofila y por tanto son capaces de realizar el proceso de la
fotosíntesis. Otro vegetal que nos llama la atención por su abundancia
en troncos y ramas de los árboles es la usnea (12) o barba de
viejo, un liquen presente incluso en los matorrales de la estepa, pero
especialmente abundante en todos los árboles de la zona. También en los nothofagus se pueden apreciar de vez en
cuando una especie de nudos que envuelven ramas o tronco: se trata de una reacción
de defensa por parte del árbol, generando una hiperproducción de hormonas
(hiperplasia) ante la irritación producida por la presencia de un hongo parásito,
el Cyttaria darwinii, que se introduce al árbol por cualquier intersticio o
abertura de éste (heridas, cortes... ). Sus órganos reproductores, unas
pelotillas amarillentas que por servir de alimento a los indios de antaño son
conocidos como pan de indio, (13) salen especialmente en otoño e in viern o. Bajo el bosque, empiezan ya a aparecer nuevos arbustos como
la chaura (14) de pequeñas bayas parecidas a manzanitas y el sietecamisas (15).
En primavera, abundan las anémonas (16). BOSQUE MAGALlaniCO Apenas traspasado el umbral del Parque Nacional, los ñires
desaparecen para dejar paso a otro árbol de mayor porte y de ramas más
derechas: la lenga (17). Arbol principal y el más numeroso de la zona, su tamaño
va aumentando notoriamente a medida que avanzamos hacia el oeste, debido al
aumento de pluviosidad. La lenga también delimita las partes superiores del
bosque, en forma de arbusto achaparrado y rastrero a una altura aproximada de
1000m.s.n.m. como citamos anteriormente, si bien esta altura varía en otras
regiones patagónicas: En el Parque Nacional Lanín llega a los 1800, y en
Tierra de Fuego, a sólo 600 m.s.n.m. A medida que avanzamos, otro nuevo arbusto nos llama la
atención, sobre todo en primavera o principios de verano, cuando rebosa de sus
vistosas flores rojas: el notro (18) también conocido como ciruelillo. A pesar
de que aquí 1o veremos siempre bajo forma de arbusto más o menos grande, en
otros lugares puede tomar el porte de un árbol pequeño. A ras del suelo abundan las arvejillas (19) que a
veces alfombran de violeta grandes manchas bajo el bosque. Siempre hacia el oeste, como a 7 km antes de llegar al
Glaciar, unos árboles de un verde especial, primero aislados entre las lengas y
después cada vez más frecuentes, se nos van apareciendo en el paisaje: se
trata de los guindos o coihues de Magallanes (20) el tercer Nothofagus de la
zona y único de los tres con hojas perennes. El coihue crece sólo en
zonas muy húmedas (a partir de 800 mm de precipitación anual) y puede alcanzar
25/30 m de altura. Cerca de la Seccional de Parques Nacionales del Glaciar
Perito Moreno, se pueden admirar algunos bellos ejemplares de este árbol. También en ese mismo lugar se encuentran algunos canelos (21),
árboles sagrados de los araucanos y cuya corteza tiene propiedades medicinales.
En Tierra del Fuego, sus hojas eran utilizadas por los marinos para curar el
escorbuto. Otro árbol de zona húmeda es el ciprés de las guaitecas (22), conífera
de la que existen muy contados ejemplares en las partes más occidentales del
Parque. Llamado también en Chile "Ciprés de mallín" por su
propiedad de crecer en las zonas más húmedas del suelo, su madera es prácticamente
imputrescible, por lo que ha sido casi extinguido en la región, sobre todo por
talas indiscriminadas. La creación de] Parque Nacional en 1937 supuso la
salvación de los últimos ejemplares existentes. También casi desaparecido, pero esta vez a causa de los
ganados que un día pastaron en el hoy Parque Nacional, es la leña dura (23) un
arbusto/árbol de follaje persistente. En el sotobosque, otras flores y arbustos aparecen en ésta
zona: la fuchsia magallánica o chilco (24), la ourisia, (25), ambas en lugares
bien umbríos y húmedos, la parrilla (26) de cuyo fruto se elaboran
mermeladas, la violeta (27), abundante a todo lo largo del sotobosque de
Nothofagus, la mutilla (28) arbusto muy achaparrado y extendido de pequeñas
frutas rojas comestibles. Su presencia es síntoma de temperaturas muy bajas,
por lo que también, junto a la lenga, suele ser una de las últimas presencias
vegetales en las zonas más altas. En el bosque patagónico, desde sus zonas más secas hasta
las más húmedas se pueden encontrar 5 clases de orquídeas, siendo las más
comunes la orquídea amarilla (29), fácilmente divisable a lo largo de las
pasarelas frente al Perito Moreno, y la orquídea blanca, o palomita,(30)
en partes más umbrías, también en las cercanías del Glaciar. Por último, y antes de terminar este capítulo sobre la
flora patagónica, nos gustaría citar dos árboles, que a pesar de no ser
originarios de la zona, por su fortaleza, rápido crecimiento y capacidad de
adaptación, fueron adoptados por todas las estancias para formar1as necesarias
barreras protectoras contra el viento: se trata del álamo y el sauce, únicas
pinceladas de verdor en los desolados paisajes de la estepa e inequívocos
anunciadores de la presencia humana en medio del desierto patagónico. FAUNA ZORRO COLORADO (Red fox) Dusicyon culpaeus Orden: Carnívoro Familia: Cánidos (Lobos, chacales...) Tamaño, peso, aspecto: Puede llegar a 1.30 m desde el
hocico a la punta de la cola, que a su vez representa la tercera parte de su
longitud aproximadamente. De la subespecie fueguina se ha encontrado un ejemplar
de 1,50 m. La hembra pesa alrededor de 9 Kg y el macho 12 Kg. El mayor de los
zorros sudamericanos (exceptuando el Aguará Guazú), es de un pelaje rojizo y
largo en vientre, patas y cabeza, con el dorso gris y el extremo de la cola,
negro. Alimentación: Su alimentación principal es a base de
aves, huevos y roedores, aunque también puede alimentarse de ovejas y
principalmente de corderos. Reproducción: Puede llegar a tener hasta 5 crías. Predadores: Su único predador natural es el puma. Sin
embargo, es cazado constantemente por los estancieros o peones a causa de sus
ataques al ganado ovino y del alto valor de su piel. Comentarios: Si bien es cierto que el zorro colorado
provoca grandes bajas entre ovejas y corderos, parece que no todos los zorros
tienen como hábito matar ovinos, y por el porcentaje de éstos depende en cada
estancia de su "salud ecológica": en la medida en que haya más
pasturas, mallines etc. para alimentar a aves y roedores, menos estará obligado
el zorro a matar ovejas y corderos. Por otra parte, los métodos empleados hasta
ahora para su eliminación, especialmente la estricnina, puede ser enormemente
contraproducentes para el mismo propietario a causa de la extinción de animales
que se alimenten del zorro muerto: cóndores, águilas, carancho... etc. que
deja el lugar desprotegido de predadores y carroñeros, indispensables para el
equilibrio ecológico de los campos. ZORRO GRIS (Patagonian fox) Dusicyon griseus Orden: Carnívoro Familia: Canidae Tamaño, peso, aspecto: El largo total ronda los 80 ó 90
cm de los cuales, 30 a 36 pertenecen a la cola. Su peso oscila entre 3,5 a 4 Kg.
De menor porte que el anterior, es de un color grisáceo, con las patas y
flancos levemente rojizos y el extremo de la cola oscuro. Alimentación: Su dieta incluye todo tipo de insectos,
roedores, aves, huevos, liebres y carroña, al igual que bayas como el calafate,
la chaura o la zarzaparrilla. Reproducción: Puede tener hasta 6 crías. Predadores: Al igual que el colorado, su predador natural
es el puma. Su piel, es de menor valor económico que la de aquél, también es
comercializada en peletería, pero lo que es víctima de las trampas-cepo
diseminadas por los campos. La exhaustiva persecución, tanto del zorro gris
como el del colorado a causado que el puma, al faltarle una de sus presas
naturales, se aficione cada vez más al ganado ovino, consiguiendo así el
efecto contrario al deseado, cosa muy frecuente cuando se rompe la cadena ecológica-alimentaria
de un animal. Comentarios: En los últimos tiempos ha venido siendo
desplazado en la zona por el Zorro Colorado, más voraz y más agresivo. GUANACO Lama guanicoe Orden: Artyodilactila Familia: Camelidae Tamaño, peso, aspecto: Es el más alto de la fauna
terrestre argentina, su altura en la cruz es alrededor de 1,10 m y la distancia
entre su hocico y la base de la cola de 1,85 m. Su peso oscila entre los 120 y
150 Kg. Tiene aspecto de llama, con el cuello y las patas más largas y la
coloración ocrácea y acanelada de la vicuña. Pelo largo y grueso con ojos
grandes de largas pestañas. Los pies tiene dos almohadillas y pezuñas bien
diferenciadas. Alimentación: Herbívora, basada en pastos, arbustos y líquenes
especialmente en invierno. Reproducción: Tienen una cría por año, en primavera o
verano, tras 11 meses de gestación. Pocos días después de la parición se
realizan las cópulas para el año siguiente. Predadores: Su predador natural es el puma, aunque también
las crías son muy perseguidas por el hombre a causa de su fina piel, que
cambian a los dos meses de edad. El zorro colorado puede ser también un
ocasional predador, sobre todo de las crías. Comentarios: El guanaco se encuentra a lo largo de la
Cordillera de los Andes, desde Bolivia hasta Tierra del Fuego. Habitual
habitante de las estepas, rara vez se lo ve bajo los bosques, salvo en Tierra
del Fuego, donde es común que en invierno busque la protección de éstos últimos.
Junto con el choique, o ñandú petiso, fue la base de la subsistencia de los
antiguos tehuelches, cuyas tolderías y vestimentas se fabricaban con su piel. Es un animal gregario que forma grupos de un macho con varias
hembras, a las que defiende del acercamiento de otros machos. Este macho-jefe de
la tropilla se encuentra constantemente vigilante de su harén, y lo hace
siempre desde alguna prominencia, emitiendo una especie de relincho ante la mínima
situación de peligro e indicando al resto el camino de huida. Fuera de la época
de cría, se forman grupos mucho mayores de varios cientos de ejemplares. Los
machos sin hembras forman también grupos aparte. Los viejos machos suelen vagar
solitarios. Acostumbraban formar bosteaderos comunes donde varios
individuos defecan habitualmente, formando un gran circulo de bosta, donde se
suelan acercar los ñandúes en busca de insectos. También son frecuentes en su territorio los "baños de
polvo", lugares donde se revuelcan para higienizar su pelo y liberarlo de
parásitos. En primavera, cuando entran en celo, los machos protagonizan
violentas peleas y persecuciones en las que no faltan las escupidas en la cara
que han hecho famosas a sus congéneres las llamas y alpacas. Sufren de una sarna característica, que no transmiten a los
ovinos como generalmente se cree, que los hace ser expulsados por los otros
integrantes de la manada. Contrariamente a la oveja, que con sus pezuñas cortantes y
su manera de pastar arrancado a veces la vegetación de raíz, ha provocado la
cuasi desertificación de grandes extensiones de la estepa, el guanaco dispone
de almohadillas en las patas y al comer no arranca la vegetación sino que la
corta, por lo que están comenzando el la Patagonia varios experimentos de cría
en cautividad, con resultados hasta ahora esperanzadores. La superior calidad de
su lana, en éstos tiempos en los que la de oveja viene disminuyendo su precio
en un mercado cada vez dominado por las fibras sintéticas, lo convierte en una
esperanza para la deprimida producción lanera patagónica. LIEBRE (European hare) Lepus capensis Orden: Lagomorpha Familia: Leporidae (conejos...) Tamaño, peso, aspecto: Puede medir hasta 65 cm y
pesar 4 Kg. Pelaje pardo que se confunde fácilmente con los colores de la
estepa. Alimentación: Herbívoro Reproducción: Contrariamente a su congénere el conejo,
de una gran fertilidad, la liebre tiene solo una camada anual, con una o dos crías. Predadores: Pumas, zorros y gatos salvajes han sido los
predadores naturales desde su introducción desde Europa a fines del siglo XIX.
Ultimamente ha empezado a cazársela en temporada invernal, para ser
posteriormente enlatada y exportada, principalmente en Europa. Comentarios: Como indicábamos anteriormente, la caza de
la liebre en temporada invernal viene siendo en los últimos años una actividad
cada vez más extendida en la zona. Durante toda la noche, vehículos dotados de
potentes focos giratorios recorren las rutas encandilando y disparando a los
animales. En una buena noche un vehículo puede "cosechar" arriba de
los 150 ejemplares. Sólo en la zona del Lago Argentino, en las últimas
temporadas se viene cazando una medida de 30.000 ejemplares por año. ZORRINO (Skunk) Conepatus humboldtii Orden: Carnívoro Familia: Mustelidae (Hurones, comadrejas, lobitos de río...) Tamaño, peso, aspecto: 50 a 60 cm de largo total de los
cuales la cola supone la tercera parte. De color marrón ocráceo con dos bandas
blancas desde el hocico hasta la cola. Alimentación: Omnívoro, puede comer desde insectos y
roedores hasta frutas y raíces. Reproducción: Después de un mes y medio de gestación
llega a tener de 3 a 4 crías en primavera. Predadores: Los carnívoros patagónicos (puma, zorros,
gatos monteses) son sus predadores naturales, si bien también le cabe la mala
suerte de tener una piel cotizable en peletería por lo que, como es natural, es
diezmado por el poblador rural en sus recorridas por el campo. A menudo cae en
las trampas destinadas a los zorros. Comentarios: Su defensa ante el acercamiento de algún
predador es un líquido altamente desagradable al olor que dispara con certera
puntería desde la base de su cola, hasta 4 m de distancia. El líquido puede
ser muy urticante en contacto con los ojos, si bien no causa ceguera, como es
creencia popular. En cautividad llegan a ser muy dóciles, sirviendo de mascotas
en algunas estancias, previa eliminación de las glándulas secretoras del líquido,
por su puesto. PICHE (Armadillo) Zaerius pichyi-pichyi Orden: Xenarthra Familia: Dasypodidae Tamaño y peso: Puede llegar hasta 40 cm y 3kg de peso Alimentación: Es omnívoro. Su alimento incluye desde raíces
hasta huevos de aves, que alcanza a veces horadando un túnel por debajo del niño. Predadores: Los carnívoros patagónicos (puma, zorros...)
son sus predadores naturales. Comentarios: De la misma familia que los armadillos
altoandinos, su caparazón no es utilizado en Patagonia para hacer instrumentos
como el charango, pero su carne es muy cotizada por el hombre de campo. Tímido
y de corta carrera, su sola defensa es enterrarse rápidamente ante el acecho
del mínimo peligro, o enrollarse completamente en su caparazón. HUEMUL Hipocamellus bisulcus Orden: Artyodactila Familia: Cervidae Tamaño y peso: En la cruz puede llegar a los 80 cm y su peso
alcanza los 100 kg Alimentación: Herbívora Reproducción: 1 cría por año. Gestación de 6 a 7 meses. Predadores: Antes de la llegada del hombre a sus hábitats
(bosque cordilleranos y estepas cercanas) el puma y el zorro colorado eran sus
predadores naturales. Comentarios: De pelaje marrón oscuro que aclara notablemente
en invierno. Los machos tienen una pequeña cornamenta que se reemplaza
anualmente. Al contrario que los animales citados anteriormente, hoy es prácticamente
imposible observarlos en la zona. Casi completamente extinguidos a pesar de su
antigua abundancia, los pocos que quedan se esconden en los cañadones más
inaccesibles de la cordillera. Su mansedumbre y su confianza los perdió. Al respecto, transcribimos unos párrafos de las memorias de
Andreas Madsen, pionero danés de la zona del Chatén: "Cuando cierro los
ojos y vuelvo al pasado, me produce tristeza y pesadumbre recordar el bosque de
antes con sus millares de ciervos paciendo apaciblemente..." Las grandes
compañías productora de lana se van instalando en la región, y Madsen nos
hablas de sus métodos: "Cuando legaron sus equipos a cortar en el bosque
maderas para los edificios y postes para empalizadas, no solo cortaron lo
necesarios, sino que quemaron y destruyeron el resto, matando al ciervo solo por
gusto de matar. Matanza en grande, por docenas a la vez, para probar las armas y
dejando pudrirse los cadáveres." AVES En la zona del Lago Argentino, por la variedad de
ecosistemas, se dan prácticamente todas las especies de la avifauna patagónica,
salvo naturalmente, las marinas. El propósito de ésta guía no es enumerarlas
todas, sino citar y detenernos en las más frecuentes y visibles para el
visitante. CONDOR (Andean Condor) Vultur gryphus Orden: Falconiformes Familia: Cathartidae Tamaño: La mayor de las aves americanas, puede llegar a los
3 metros de envergadura. Alimentación: La base de su alimentación es la carroña, si
bien en caso de necesidad también caza pequeñas crías abandonadas por las
madres. Reproducción: Pone un solo huevo. La cría tarda 3 años en
llegar a la edad adulta. Hábitos: Símbolo y emperador de los Andes, es el ave de
montaña por excelencia: anida en paredones rocosos, nunca en árboles, y,
mediante sus perfectos planeos puede llegar hasta 10.000 metros de altura si
bien en nuestra zona se lo suele ver volar bastante más bajo. Su vista es 8 veces superior a la humana, lo que permite, a
la altura en que vuela, abarcar una enorme radio de vigilancia en procura de
alimento. Los ejemplares adultos se diferencian de los juveniles por un
collar de plumas blancas y la hembra del macho, por la cresta y las carnosidades
del cuello de éste último. Salvo cuando bajan a comer, nunca se lo ve posado en el
suelo, pues, debido a la envergadura de sus alas, el despegue le es sumamente
dificultoso. Cuando descansa lo hace siempre sobre riscos verticales. Es excelente planeador y sólo en total ausencia de viento,
utiliza las alas para aletear. AGUILA MORA ( Black chested buzzard eagle) Geranoetus melanoleucus Orden: Falconiforme Familia: Accipitridae Tamaño: 65 cm el macho, y algo más la hembra. Alimentación: Animales muertos, pequeños mamíferos y aves.
Se le suele ver comiendo carroña, mientras que el resto de posibles comensales
(caranchos, chimangos...) esperan pacientemente su turno. Tampoco rechaza los
corderitos recién nacidos que se separan de su madre. Reproducción: Pone uno o dos huevos. El plumaje de los
juveniles es marrón, con mech | |||||||||