Monografias | Ensenada y sus puertosEnsenada y sus puertosResumen: Marco Geográfico. Los Puertos de Ensenada. Puerto de Ensenada. Puerto de Punta Lara. Puerto La Plata. Puerto "Ingeniero M. Rocca". INDICE A) Puerto de la Ensenada B) Puerto de Punta Lara C) Puerto La Plata D) Puerto "Ingeniero M. Rocca"
Muchos afirman que Argentina es un país marítimo. Y
avalan dicha sentencia diciendo que no solamente es un país que tiene millares
de kilómetros de costas (más de 5000) y un mar epicontinental con
aproximadamente 960000 Km2. de extensión, sino que buena parte de su desarrollo
y desenvolvimiento económico se basó (y aún se basa) en el comercio exterior. Para que dicho comercio se lleve a cabo, y para participar de
los flujos económicos y sociales a escala continental e internacional, desde
siempre fue necesaria la presencia de los puertos. Los puertos constituyen las válvulas
por las que deben salir los productos propios del país, y entrar las mercancías
que demande el mercado interno. Los puertos, en Argentina, suman aproximadamente unos 100 en
número. Pero los principales se hallan ubicados en el Eje Fluvial-Industrial
Rosario-La Plata, en el sector Centro-Este de la república, casi en la
culminación de la denominada "Cuenca del Plata". Esta paradoja de considerar al país como "marítimo"
y tener sus principales terminales portuarias en un área fluvial, es explicable
a través del desarrollo socioeconómico de la Argentina, y de las condiciones
geográficas en las que se ubican estos puertos. Buenos Aires fue, desde los tiempos de la Colonia, el puerto
de acceso a la Pampa Argentina, y el destino de muchos productos que se
generaban en el interior del país. A su vez, las potencias europeas veían en
el estuario del Río de la Plata un área apta para el comercio de sus mercancías.
Las sucesivas situaciones conflictivas entre los Reinos de España y Portugal,
las Invasiones Inglesas, el Bloqueo Anglo-francés, y la llegada de capitales
europeos y norteamericanos en la conformación de la infraestructura y el
desarrollo económico de este Eje Fluvial-industrial, así lo acreditan. Pero, Buenos Aires, como puerto, desde siempre tuvo sus
dificultades en cuanto a su manejo y operación. Las empresas marítimas
internacionales lo denominaron ‘’puerto sucio’’ por sus sobrecostos y
sus regulaciones al tráfico marítimo, aunque desde la conformación del
MERCOSUR y la sanción de la Ley de Puertos, este factor ha perdido
preponderancia. Los puertos del Eje Fluvial-Industrial (Rosario, San Nicolás,
Buenos Aires, La Plata) mueven el 79 % del tráfico naviero comercial de la
Argentina, Y aún así, ninguno de ellos tiene el calado suficiente para
realizar cargas completamente (principalmente los dos primeros) o para la
entrada de buques de gran tonelaje (los dos siguientes). Dentro de esta problemática, que como dijimos, se dio desde
tiempos del Virreinato, siempre se buscó la posibilidad de hallar un espacio
costero apto que compensara, o al menos reforzara, las limitaciones del puerto
de Buenos Aires. Y en el estuario rioplatense, ese lugar estaba dado en la
Ensenada de Barragán, en el sector Sudoeste de la costa, extendida desde Punta
Lara hasta Punta Santiago. En este particular medio geográfico, que más adelante
describiremos con detalle, se dio un fenómeno también particular: la creación
de varios puertos, en un área de menos de 100 Km2. de superficie. El Puerto de
la Ensenada, el de Punta Lara, el Puerto La Plata, y el Puerto Ingeniero M.
Rocca fueron creándose en casi 2 siglos y medio, y 2 de ellos (el de la
Ensenada y el de Punta Lara) hoy ya no existen. Cada uno de ellos cumple (y cumplió) con la definición de
puerto: ‘’un espacio de agua, al abrigo de los vientos y del movimiento del
mar, en el que los barcos pueden penetrar con seguridad para proceder a la
operación de carga y descarga, y recibir las reparaciones necesarias’’. Es por ello que con este trabajo intentamos rescatar un área
como la de Ensenada, que al formar el punto extremo Sur del Eje
Fluvial-Industrial argentino, muchas veces fue (y es) denominada como ‘’el
Puerto de (la ciudad de) La Plata´´, sin reconocer la vida y el desarrollo
propio que Ensenada mantuvo durante mucho tiempo, más allá de integrarse en la
Región Capital de la Provincia de Buenos Aires (junto a las localidades de
Berisso y de La Plata). Así, los objetivos de este trabajo serán dos:
2. Marco Geográfico La Ensenada de Barragán se ubica en la costa oeste del
estuario del río de la Plata, en una especie de recodo ó seno ribereño
limitado al Noroeste por la punta de Lara (o Punta Ballena, actual Punta Lara),
y la Punta Santiago, al Sudeste. En dicha ensenada desembocaba el río Santiago,
pero sucesivas deposiciones aluvionales ‘’cerraron’’ el estuario de este
río, cambiando la conformación de la misma, tal cual la habían contemplado
los navegantes españoles a mediados del siglo XVIII. Esta área se asienta sobre el primitivo ‘’Pago de la
Magdalena’’, y su colonización comienza con el reparto de suertes de
estancias realizado por J. de Garay, al refundar la ciudad de Buenos Aires, en
1580. En 1821, al desmembrarse el Partido de Magdalena (que iba desde Quilmes,
al Noroeste, hasta el río Samborombón, al Sudeste) nace el de Ensenada, que
ocupó la actual superficie del municipio, más lo que posteriormente serían
Berisso y La Plata (ésta última en las llamadas ‘’Lomas de la
Ensenada’’). Actualmente el Partido ocupa casi unos 100 Km2, e incluye las
siguientes localidades (enumeradas de NO a SE): Punta Lara, Ensenada (cabecera
del distrito), y Dique N° 1 (también llamada El Dique); la isla Santiago también
es parte del municipio. Por último, cabe aclarar que el Partido limita al NO
con el municipio de Berazategui, al SE con el de Berisso, al E con el de La
Plata, y al O, se encuentra el río de la Plata. Al ubicarse en el margen Noreste de la Provincia de Buenos
Aires, en la Pampa baja argentina, Ensenada se halla sobre un llano con
ondulaciones poco notables, de alturas que oscilan entre los 2,5 mts sobre el
nivel del mar (cerca de la ribera), y los 5 a 7 mts (en las proximidades del límite
con el municipio de La Plata). Geomorfológicamente, se pueden destacar 5 sectores:
En cuanto al clima del área, se lo puede definir como
templado húmedo, con temperaturas medias que oscilan entre 23°C en enero y 10°C
en julio, y picos de precipitaciones en primavera y verano (febrero es el mes más
lluvioso, con 128 mm). En cuanto a los vientos, son casi siempre moderados,
siendo los del Norte secos y calurosos, los del Sur fríos y de baja
temperatura, y los del Este, portadores de humedad y lluvias. Aunque desde el
sector Sur y Sudoeste es habitual que sople el ‘’Pampero’’ (en sus
diversos tipos), cabe destacar dos fenómenos meteorológicos propios del área:
uno es el de las brumas y neblinas matinales (algo lógico al tratarse de una
zona costera y de bañados), y el otro, denominado ‘’Sudestada’’, que
conjuga fuertes vientos del sector Sur y Sudeste, más un aumento de la altura
normal del río (hasta 1,5 a 2 mts sobre la habitual), y origina el anegamiento
y la inundación de las zonas más próximas a la ribera. La hidrografía de Ensenada y alrededores está influida por
el drenaje que se realiza a través de los arroyos que desaguan en el río de la
Plata. La proximidad de este río es fundamental entre los elementos a tener en
cuenta, ya que los cursos son de corto recorrido, perdiéndose gran parte de su
caudal por evapotranspiración durante los períodos de estiaje. Los cursos que se hallan en esta área son los siguientes
(enumerados de SE a NO):
Con respecto a las aguas subterráneas, tanto las artesianas
como las freáticas corren perpendiculares a los cursos de nivel; se
caracterizan por no ser potables, debido a que los limos querandinenses poseen
un elevado tenor salino que se traslada a través de las continuas
infiltraciones que se dan por eliminación del excedente del balance hídrico
(otra parte se descarta por derrame superficial). Más allá de ser una región con una muy buena comunicación
(a partir de los puertos presentes, cuestión que desarrollaremos en la sección
posterior), la presencia del ferrocarril fue clave para ponerla en contacto con
el puerto más importante de la costa Oeste del río de la Plata: Buenos Aires.
Desde 1872, las líneas férreas llegaron a esta área, dándose luego el
contacto con la localidad de Tolosa (actualmente parte del municipio de La
Plata, ubicada al SO de Ensenada), y con la capital provincial, La Plata.
Actualmente, las únicas vías que se utilizan son: la que va desde La Plata a
la estación Río Santiago (contigua al Puerto La Plata), y la que se dirige de
Tolosa a SIDERAR. En el primer caso, se las utiliza principalmente para el
transporte de coque purificado de la planta portuaria de la empresa COPETRO, y
se le suman otras cargas de otras industrias del área (de la Destilería La
Plata de la empresa YPF, y aquellas ligadas propiamente al movimiento del puerto
platense). En el otro caso, el uso de esta línea se liga al traslado de bobinas
de acero (cabe destacar que esto se comenzó a dar recién a fines de 1995). Del
resto de la antigua infraestructura ferroviaria, sólo quedan vestigios de las vías,
puentes, estaciones (como la Estación Ensenada, y la de Punta Lara), y en
varios sectores, desapareció hasta el terraplén del FF.CC. Con respecto a las comunicaciones viales, se puede señalar
que en esta área, más exactamente en Boca Cerrada, está ubicado el inicio de
la Ruta provincial N° 11, que recorre la planta urbana de Punta Lara y
Ensenada, y luego de pasar por Berisso, recorre toda la costa sudoeste
rioplatense y el litoral marítimo bonaerense hasta llegar a Mar del Plata. Con
La Plata, los contactos viales se dan por 4 caminos: el que une Villa Elisa (al
NO del municipio platense) con Boca Cerrada (atravesando la Selva Marginal
puntalarense), la continuación de la Diagonal 74 de La Plata hasta Punta Lara
(adonde se ubicaría la cabecera del Puente que uniría esta localidad con
Colonia del Sacramento, en Uruguay), el Camino Rivadavia (el más antiguo del área;
se origina en Tolosa, y desde tiempos coloniales unía a Ensenada con el Camino
Real, que era el que iba de Buenos Aires a Magdalena; fue construido con
conchilla por los prisioneros tomados en las Batallas de Punta Lara y de Río
Santiago, en la Guerra del Brasil, en 1827; de allí que se lo denomine
‘’Camino Blanco’’), y el Camino Vergara (que arrancando del Barrio Hipódromo,
de La Plata, cruza todo el Polo Petroquímico ensenadense). Según los datos del último Censo Nacional (1991), Ensenada
cuenta con 48525 habitantes. La evolución dada desde los primeros asentamientos
(que se cree que se dieron desde principios del siglo XVIII) hasta 1980, es la
siguiente: AÑO Habitantes 1802................................. 1000 (Aprox.) 1869................................. 2245 1895................................. 6320 1914................................. 10438 1947................................. 26314 1960................................. 30685 1970................................. 40080 1980................................. 44496 Estas cifras nos marcan un crecimiento poblacional de
moderado a leve, obviamente influenciado por el incremento de las comunicaciones
en el ámbito ferroviario, la construcción del Puerto y la ciudad de La Plata,
y el desarrollo industrial del área dado desde principios del Siglo XX hasta
los años ’70. Los períodos de mayor afluencia migratoria, por consecuencia,
marcaron un índice de masculinidad alto, y de mayor porcentaje de extranjeros y
provincianos en la zona. Un ejemplo de ello se ve en el siguiente detalle: en
1869, el porcentaje de argentinos ascendía a un 82 %, y para 1881, se redujo a
un 65 %. En la década de 1960 es donde se produce el crecimiento de barrios
periféricos en la ciudad de Ensenada, como fruto del crecimiento industrial y
la llegada de población de otras provincias argentinas (principalmente del
Noreste argentino). Con relación a la actividad económica, se dio una evolución
de un área eminentemente dedicada a la ganadería de tipo extensiva, con
evidentes fines de ocupación del territorio, en épocas de la Colonia, a la
instalación de los primeros saladeros, a fines del Siglo XVIII y principios del
XIX. Esto hace que la actividad portuaria cobre una importancia muy grande, y
que se llegara a contar con estancias y quintas ubicadas próximas a la costa.
Luego, la propia construcción del Puerto La Plata, el surgimiento de los frigoríficos
(en la vecina Berisso, a principios del siglo XX), los talleres navales en el
arroyo Doña Flora, la creación del Arsenal y Astillero Naval Río Santiago, la
Destilería La Plata, la planta de Propulsora Siderúrgica y la formación del
Polo Petroquímico (en los ’70), hicieron que Ensenada cambiara en menos de un
siglo su orientación rural ganadera hacia un perfil industrial importante para
la economía provincial y nacional (Ensenada está entre los 3 distritos más
industrializados de la provincia de Buenos Aires). Esto se explica en parte
porque se aprovechó que las condiciones naturales no permitieron un gran
desarrollo de la actividad agropecuaria (como de un desarrollo urbano), y al
tener un valor de adquisición bajo, se procedió a la compra y rellenado de áreas
bajas, para un desarrollo ‘’industrial’’ (asentamiento de plantas
fabriles) de la tierra. Esto no se ha dado en su totalidad, ya que las sucesivas
crisis económicas nacionales golpearon muy duro también a Ensenada y sus
alrededores, generando un alto índice de mano de obra desocupada y subocupada,
terrenos urbanos en desuso, y una declinación importante de la actividad
comercial en el distrito. 3. Los Puertos de Ensenada En esta sección definiremos, uno por uno y en forma cronológica,
a los puertos establecidos en el área de Ensenada. Al describirlos, tendremos
en cuenta también los tiempos históricos en los cuales éstos cumplieron (y aún
cumplen) su función.
Fue el primer puerto del área, ubicado en la desembocadura
del arroyo Doña Flora, en el ‘’actual’’ río Santiago. Y decimos
‘’actual’’ porque la conformación costera de la Ensenada, cuando es
reconocida por Magallanes en 1520 en su viaje alrededor del mundo, era bien
distinta: la ‘’isla’’ o Monte Santiago era una barra o península
paralela al río de la Plata, quedando una caleta o pequeña bahía paralela
al río de la Plata que, como afirmamos en la sección anterior, y debido a
deposiciones aluvionales, fue cerrándose hacia principios del siglo XX en
forma definitiva. La llegada de Garay y la "nueva" fundación de
Buenos Aires implicó la voluntad de ocupar definitivamente estas tierras
rioplatenses, razón por la cual divide y reparte lotes entre quienes
colaboraban en esta empresa de colonizar la costa oeste del rió de la Plata.
Hernandarias de Saavedra, en 1610 adjudica el área de Ensenada (ocupada con
asentamientos transitorios) a Bartolomé López, pero recién en 1629, los
Barragán se instalan definitivamente aquí, luego de la compra de estos
terrenos. Ya desde esos tiempos, había navíos que utilizaban la bahía para
recalar antes de llegar a Buenos Aires. La relación entre Ensenada y Buenos Aires será clave para
entender cómo nació la idea de establecer un puerto en esta área, cómo se
intentó llevarla a cabo, y cómo, finalmente, se hizo todo lo posible para
que no se concretizara. A principios del siglo XVII, la única comunicación con
Buenos Aires era de tipo fluvial; pero, este Puerto ‘’de la Ballena’’
(como lo había denominado P. Ottse en 1549, debido a su similitud con las
características del cetáceo), va a ser ‘’visitado’’ entre 1727 y
1729 por el Piloto Práctico del río de la Plata J. A. Guerrero, en
cumplimiento de una orden del Gobierno Central, en un intento de aprovechar al
máximo las ventajas que el estuario rioplatense daba para el comercio de
ultramar. Él penetra en la Ensenada ‘’de Barragán’’ (dueño aún de
la estancia que se extendía por toda el área), nombre con el que la bautiza,
y recorre los ‘’canales’’ del (río) Santiago y del (arroyo) Zanjón.
Determina que se puede establecer un puerto ya que era ‘’ un fondeadero
inmejorable y seguro’’ . El Gobernador de Buenos Aires (cuando esta región pertenecía
al Virreinato del Perú), B. M. de Zabala, envía un informe a su Majestad, el
rey Felipe V, señalándole que este paraje (que el mismo gobernador recorrió)
era apto para la estadía de naves de mediano porte, y para que los navíos
pudieran invernar y carenar ‘’con seguridad’’. A su vez, le comunica
al Rey que este puerto tiene una ‘’mansa y tersa superficie’’, y como
tenedero es ‘’insuperable, el mejor del río’’. En realidad, muchas naves de Registro (tanto del Capitán
F. de Retama, como las del Capitán T. Alzaibar) ya las utilizaban ‘’a la
sordina’’. Lo mismo hacían muchas embarcaciones de contrabandistas, que
aprovechaban las condiciones naturales de este Puerto. Zabala señala como un
primer obstáculo al tema del contrabando, y como segundo, al de la cercanía
con Buenos Aires, como impedimentos para la habilitación del Puerto de la
Ensenada. El ingeniero D. Petrarca también recorrió el área y propuso, en
este informe, la creación de una batería para defender al puerto. El plano
realizado por este ingeniero, con la Punta de Lara, el ‘’arroyo’’ (río)
Santiago, la forma de herradura de la ensenada, sus profundidades y características
de fondo, se halla en el Archivo de Indias de Sevilla. Este puerto tenía la ventaja de que el mar nunca se
arbolaba en la ensenada, así como también era imposible hallar rocas en su
lecho. Esto no sólo favorecía el acceso, sino que, en las bajantes, los
arroyos formaban ‘’diques naturales’’ donde se podía calafatear,
ensebar y pintar las carenas. A su vez, en estos arroyos se realizaban
operaciones de carga y descarga con amarre a tierra. En esos tiempos, más de 14000 cabezas vacunas en la
antigua estancia de los Barragán, hicieron que los primeros pobladores de
Ensenada se dedicaran al aprovisionamiento de los buques, en su paso a Buenos
Aires, o cuando salían de éste. El problema para instalar un puerto aquí, más allá de la
ya señalada cercanía a Buenos Aires, era la tendencia al monopolio generada
por los comerciantes de Montevideo, que siempre intentaron anular el
movimiento portuario de la costa oeste rioplatense, acaparando los productos
llegados a su puerto, estableciendo precios irrisorios cuando se trataba de
embarcar sus productos de exportación, y haciendo la retribución de bodegas
con idéntico propósito. Aún así, esta situación no impidió el desarrollo del área
como proveedora de carnes, leña y madera para las naves que aquí llegaban. La contestación al informe de Zabala fue una Real Orden
(en 1731), donde el Rey Felipe V se notificaba de las conveniencias con que se
ponderaba el sitio, pero consideró a la Ensenada de ‘’poco fondo para que
en ella se establezca carenero’’, señalando que en el puerto de
Montevideo tendrían las embarcaciones bastante abrigo. El matadero y la salazón de carnes siguieron su producción
para aprovisionamiento, y el tráfico lícito e ilícito generaban una
actividad económica cada vez mayor. La creación del Virreinato del Río de la Plata implicó
un reconocimiento del Gobierno central del área, y los virreyes comenzaron a
obrar en consecuencia. A pesar de que Zabala, en 1731, mandó construir el
Fuerte de Barragán para contrarrestar posibles ataques de portugueses,
ingleses y holandeses, y para vigilar e impedir el contrabando de mercaderías
(finalizando esta obra en 1736), recién en 1779 se ubicó la Batería de la
Ensenada de Barragán, a partir de la orden del virrey Vértiz, que dispuso la
defensa de puertos y fortalezas del Virreinato, con motivo de la declaración
de guerra de España a Inglaterra. La comunicación entre Buenos Aires y Ensenada (a través
de ‘’caminos’’), a pesar de no ser con un trazado fijo, y por ello, de
gran volumen, se fue dando, aunque el Puerto de la Ensenada seguía, a fines
del siglo XVIII, sin autorización expresa para su libre operatoria. A ello se
sumaba un aumento tanto de la industria saladeril como del contrabando, lo que
llevó al virrey Loreto a analizar y estudiar la situación del Puerto y del
Fuerte. En 1798, es el Consulado de Buenos Aires quien, obligado a
mejorar la prestación portuaria de Buenos Aires y Montevideo, emitió una
Representación dirigida al Rey Carlos IV, solicitando se diera orden a los
puertos de Cádiz, Coruña, Barcelona y Santander para que sus comisionados no
remitan sus cargamentos en las naves sin que los capitanes no otorguen
obligación de conducirles al Puerto de la Ensenada o al de Buenos Aires. En ese mismo año, Manuel Belgrano, en ese entonces
secretario del Consulado, consigue que dicho organismo emita un Decreto
apoyando económicamente (con 50 pesos de aquella época) a quienes hubieran
establecido una huerta y un monte de árboles útiles en el área de Ensenada
(ver mapa n° 1). Esto favoreció a Pedro Duval, fuerte comerciante de la
zona, quién quería conseguir la habilitación comercial del puerto
ensenadense, para extender su base de negocios. Se dedicaba al tráfico de
esclavos y a la exportación de cueros y otros frutos del país (amasijo de
pan, velas de sebo); tenía su propia flota de fragatas; trabajaba con plazas
europeas (su agente en Cádiz era su primo) y americanas. Sus contactos con el
poder porteño crecían junto con la prosperidad de sus negocios. Aún así,
para fines del siglo XVIII, se instalaron dos saladeros (uno en el arroyo Zanjón,
y otro en el arroyo Piloto), que eran propiedad de ganaderos porteños, pero
que no buscaban restarle poder económico a Duval. Con todo esto, la situación del Puerto de la Ensenada
planteaba dos problemas dominantes: 1) su habilitación ‘’oficial’’;
2) su seguridad ante un ataque enemigo. Los dos, como es lógico, nacen junto
a la preocupación de los gobernantes por el área, y tienen su origen en la
nota de Zabala, de la cual ya se hizo referencia. Los gobernadores, y luego de
1776, los virreyes, buscaban ansiosos un puerto que reemplazase al de Buenos
Aires, que no era solución para el tráfico marítimo (sin abrigos, sin
reparos, expuesto a las sudestadas, y lleno de bancos, bajíos y canales que
dificultaban el acceso). A esto se sumaba el desplayado, que encarecía la
carga y descarga de buques, pues obligaba al uso de carretas y lanchones. No
había duda que el Puerto de la Ensenada superaba en mucho las condiciones del
único puerto habilitado en la margen occidental del río de la Plata, o sea,
Buenos Aires. Por otro lado, la rada porteña, al ser abierta, era propicia a
las incursiones de piratas y contrabandistas, algo que en Ensenada, por su
conformación natural, era más difícil que ocurriera. A su vez, los puertos
de la Banda Oriental, que eran supuestamente auxiliares de la estación porteña,
tenían cada uno sus problemas: Montevideo se desechaba por su distancia y
encarecimiento del flete; Colonia estaba en poder de los portugueses; y
Maldonado no ofrecía ventajas comparables con el puerto ensenadense. Todo señalaba que Ensenada debía ser incorporado a Buenos
Aires como un organismo de su propia realidad. Así lo entendió el virrey
Avilés, cuando por decreto del 2 de enero de 1801 resolvió que ‘’todos
los buques de este comercio, y los que viniesen a su consignación no tienen
embarazo alguno para verificar en el Puerto de la Ensenada sus arribos’’,
por cuanto éste ‘’era uno mismo con el de esta Capital (Buenos Aires),
por ser punto donde aquel termina, y que hallándose éste habilitado por su
Majestad no hay necesidad de nueva providencia sobre el particular’’. A la
vez, encarga al ingeniero P. Cerviño la ubicación del pueblo, como forma de
aunarlo al Puerto en un ‘’proyecto de cuya realización es de esperar
resultas considerables ventajas a la Provincia y al Cuerpo General del
Comercio’’. Avilés logra así con este decreto 2 objetivos: a) elude
la necesidad de la autorización del Rey (necesaria para habilitar un nuevo
puerto), conceptuando al puerto ensenadense como ‘’auxiliar’’ del de
Buenos Aires; 2) atiende al reclamo de los comerciantes porteños,
perjudicados por una fuerte sudestada en diciembre de 1800, que destruyó
instalaciones del puerto de Buenos Aires, llegando el río hasta la Plaza
Victoria (actual Plaza de Mayo), y echando a pique 20 buques de ultramar que
se encontraban en la rada. Esta habilitación genera una fuerte reacción de los
comerciantes montevideanos que, a través de anónimos aparecidos en el periódico
‘’El Telégrafo Mercantil’’ (de Buenos Aires), afirmaban que el puerto
ensenadense quedaba a trasmano, que no había agua, que se carecía de
‘’faroles’’ (faros) en la costa, y que las naves varaban en numerosos
bancos. En el mismo periódico llegó la contestación: ‘’El Puerto de la
Ensenada es para las Provincias y para Chile y Perú (algo imposible para el
puerto ‘oriental’ de Montevideo); es de muy fácil entrada y acogida para
100 buques y tiene, además, un camino a la Capital de fácil acceso’’. Pedro Duval, para ese entonces, resultó nuevamente
favorecido en sus negocios, y llegó a afirmar que, en oposición a los
planteos montevideanos, del Puerto de la Ensenada ‘’se entra y se sale con
los ojos cerrados. Sólo aquellos pilotos aficionados a Toros y Casas de
Comedia podían preferir el puerto de Montevideo a este famoso puerto’’. Así, se tienen dos consecuencias inmediatas de la
habilitación del puerto: 1) se fortaleció el fisco virreinal ya que, hasta
el decreto del Marqués de Avilés, el contrabando con asiento en Colonia y
los comerciantes de Montevideo y Maldonado (atrayendo a las flotas a sus
puertos) tenían bajo su control al comercio rioplatense; 2) se afianzó la
actividad comercial, industrial y portuaria de Ensenada, lo que hizo que se
incremente la población hasta 1000 habitantes, a partir de nuevos saladeros,
mataderos y otras pequeñas industrias. El esfuerzo de Pedro Duval con sus
contactos porteños en el Real Consulado (principalmente Manuel Belgrano)
rindió sus frutos: sus buques llenaron las dársenas naturales de Ensenada.
Cada 3 semanas una fragata de ultramar abandonaba el puerto cargado de frutos
del país, beneficiándose al poblado con las operaciones portuarias. A la
vez, no conviene olvidar que Ensenada siguió siendo fondeadero de las naves
del Rey. Los últimos años del virreinato rioplatense no fueron
favorables para este puerto. Tanto el virrey Del Pino como Sobremonte
desarmaron el Fuerte, y a pesar de que en 1804 los datos marcaron que zarparon
16 buques españoles y 5 extranjeros, con 150000 cueros y otros frutos del país
como carga (representando un valor de 480159 pesos fuertes), la actividad se
vio afectada por las Invasiones Inglesas, en las cuales el comandante Santiago
de Liniers (posteriormente virrey) defendió el puerto con éxito en la
Primera Invasión (a pesar de cierto desmantelamiento de la Batería), pero en
la Segunda, fue sobrepasado por los ingleses, quienes al mando del general
Whitelocke ocupan el puerto y lo utilizan como cabecera de playa, ya que éste
consideró al Puerto de la Ensenada como ‘’importante, seguro y
relativamente profundo’’, basándose en los informes de 1803 de Oyarbide y
De Moussy, que habían determinado unos 15 pies de profundidad en baja marea);
ésta noticia hizo a Whitelocke inclinarse por este sitio para iniciar sus
operaciones militares. La Revolución de Mayo, más allá de haber sido un intento
de ‘’liberarse’’ de los designios del Gobierno Central, estaba apoyada
en los intereses porteños a escala comercial de convertirse en un centro que
pudiera libremente realizar sus operaciones. Esto repercutió en beneficio del
incremento de la actividad económica del Puerto de la Ensenada, que unido al
de Buenos Aires por una doble vía (terrestre y fluvial), participaba
eficazmente de los progresos y adelantos porteños, y veía surgir en sus
tierras un incremento de la actividad ganadera y saladeril. Así es que el 29 de mayo de 1810, 4 días después del
pronunciamiento revolucionario, la Primera Junta de Gobierno resolvió
declarar ‘’puerto franco’’ a la Ensenada, enmarcado en el esquema de
‘’Comercio Libre’’ antes señalado, defendido por el Secretario de la
Junta, Mariano Moreno, y el ahora vocal Manuel Belgrano (quién continuaba con
su prédica a favor del puerto ensenadense desde el Consulado y del periódico
‘’Correo de Comercio’’), llegándose a designarlo como el ‘’Puerto
de la Liberación’’, frente a un Buenos Aires lleno de bajíos y
‘’peligros’’. Este decreto impuso rebajas del 2 % de extracción y
precios fijos para las lanchas que debían llevar los frutos desde tierra
hasta los barcos. Todas estas medidas tenían como objetivo contrarrestar el
bloqueo español desde la Banda Oriental. A tal punto le asignaba importancia la Junta a este Puerto,
que 4 de sus miembros (el Presidente, Cornelio Saavedra, el secretario,
Mariano Moreno, y los vocales Miguel de Azcuénaga y Domingo Matheu) se
trasladaron a observar las operaciones de embarque de carnes saladas a La
Habana del saladero de R. Staples y M. Mc Neile, y a su vez, el funcionamiento
de dicha planta, ubicada como otras, en Ensenada. Luego de esta visita, Moreno
pensó en un puerto militar y un parque de artillería, y buscando apoyo,
volvió a visitar el puerto ensenadense, pero esta vez en compañía del Deán
Funes, otro vocal, pero de la recién formada Junta Grande, que incluía a los
representantes de las provincias del Interior del virreinato. Pero, las convulsiones políticas posteriores harán que el
Puerto de la Ensenada, sueño de los hombres de la Primera Junta, no llegara a
cristalizarse. El abandono de las instalaciones marcó la realidad de los años
siguientes, y se trasladó esta situación a una inacción total que afectó
al poblado también. En 1815, desde Buenos Aires surgirán ‘’buenas
nuevas’’. A pesar de que Bernardino Rivadavia, como secretario del Primer
Triunvirato, impulsó y consiguió la habilitación del Puerto, solo el
Director de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Ignacio Alvarez
Thomas, a pedido de los vecinos ensenadenses, pone nuevamente en vigor el
decreto de 1810, para lograr la ‘’reactivación’’ del área. Este
decreto señalaba que ‘’todo buque mercante, sea nacional o extranjero,
que pueda entrar al Canal de Balizas (de Buenos Aires), debe precisamente
situarse en el Puerto de la Ensenada, para descargar y cargar los retornos,
sin que en otra forma pueda ser admitido a nuestro comercio’’. En realidad, esta norma nuevamente reafirmó la intención
porteña de anular a la Ensenada como puerto competidor, y de ponerlo al
servicio de sus intereses, algo pensado casi desde el surgimiento de la nueva
clase dominante porteña, ligada a los intereses de la actividad ganadera. De
allí que deba pensarse que estos hombres, que habían desplazado del poder al
grupo de los Próceres de la Revolución de Mayo, ‘’desempolvaron’’ el
decreto, aunque el bloqueo español desde la Banda Oriental (causa de la
norma), no estuviera más. El más favorecido por esta medida fue Juan Manuel
de Rosas, joven e influyente ganadero, quien tenía ubicado su establecimiento
(denominado ‘’Las Higueritas’’) en Quilmes (a unos 30 kms. al NO de
Ensenada), y tenía necesidad de ‘’tener’’ un puerto
‘’propio’’. El Gobierno porteño no solo le va a dar una mano con el
decreto de reactivación del puerto ensenadense, sino que también se
comprometió a mantener un camino que comunicaba Ensenada con Buenos Aires, y
que ‘’casualmente’’ pasaba por su saladero. Las luchas del período independentista, y la época del
predominio de los caudillos del Interior, frente a una Buenos Aires con su
clase dirigente preocupada en no perder su poder socioeconómico, dejaron al
Puerto de la Ensenada ‘’despoblado y en la inacción’’, según el
informe del Teniente J. Olivarri al Cabildo porteño en 1817. Con la llegada de Rivadavia al poder (primero como
integrante del gobierno del general Martín Rodríguez, gobernador de Buenos
Aires, y luego como Presidente Constitucional), comenzaron a realizarse
estudios del puerto ensenadense, que fue definido en esos tiempos por el
comerciante Agustín Wright (dueño de un saladero en la zona desde inicios
del siglo XIX) como ‘’preciso para todo buque extranjero’’. Luego de
una recorrida realizada con los ingenieros Cerviño, Bevans, Coghlan y
Wheelwright, Rivadavia dictó un decreto por el que Ensenada quedaba como
punto ‘’único y preferible’’ para construir un puerto auxiliar al de
Buenos Aires, como así también la construcción de un camino que comunicaría
las emento. Bevans realizó los estudios, presentó los planos, y junto a
ellos, el proyecto del camino de acceso al puerto a través de los bañados de
Ensenada. La Guerra con el Brasil hizo que el almirante Guillermo
Brown usara al puerto ensenadense en el control del movimiento naviero del río
de la Plata, debido a su situación estratégica. Por ello, no es de extrañar
de que en esta zona costera se dieran las 2 batallas navales más importantes
de esta guerra: la Batalla del Río (Monte) Santiago, y la de Punta Lara. El gobierno autoritario y dictatorial del ahora Brigadier
General Don Juan Manuel de Rosas también le dio una función militar al
puerto, haciéndolo la base de operaciones de su armada contra el Bloqueo
Anglo-francés en 1835. En 1843, las naves extranjeras atacaron esta dotación
y Rosas decide reforzar al Fuerte y al puerto. Esta situación y las
contribuciones forzosas aplicadas a las actividades portuarias hicieron del
período rosista como el de mayor concentración del movimiento naviero y
comercial en Buenos Aires, relegando a todos los puertos del país, incluido,
obviamente, el de Ensenada. Recién con la caída del régimen rosista, y con el inicio
del período de Organización Nacional la actividad de este puerto, ligada aún
a la producción de carnes saladas y del tasajo, harán que Ensenada llegue a
ser el primer puerto exportador de tasajo de la Argentina (110000 toneladas),
con destino a las Antillas (Cuba, Puerto Rico) y a Brasil, en 1863. En ese mismo año, el ingeniero Guillermo Wheelwright se
hizo cargo de la construcción del ferrocarril que uniría el Puerto de la
Ensenada con Buenos Aires. Antiguo conocedor de la zona, Wheelwright tenía
una profunda confianza en las posibilidades de este puerto y de las ventajas
que para el transporte de mercaderías a Buenos Aires significaría la
habilitación de esta línea. El gobierno bonaerense (aún situado en la ciudad de Buenos
Aires), a cargo de J. Saavedra, ratificó el contrato con Wheelwright; en él,
la empresa constructora se obligaba a finalizar el ferrocarril antes de 1867 a
no ser que ‘’en vista de la grande importancia de reconocer previamente si
el Puerto (de la Ensenada) se apresta a admitir las mejoras indispensables
para ponerlo en estado de corresponder a las necesidades del comercio de
Buenos Aires’’, se conviniera entre el gobierno y Wheelwright una prueba
práctica del puerto, y además, ‘’siempre que resulte que la Ensenada
admita ser puesto en estado de correspondencia a las necesidades’’ del
comercio porteño, como su puerto de ‘’carga y descarga’’. Así, los centros de poder porteños, a cargo del gobierno
del país, luego de la victoria en la batalla de Pavón en 1860 contra la
resistencia de los gobiernos provinciales, fueron dándole paulatinamente una
orientación agroexportadora a la economía nacional, y en dicho esquema, el
centro debía ser sí o sí Buenos Aires: el sistema radial de comunicaciones
(principalmente los ferrocarriles) debía ser consolidado en el único puerto
de salida de la producción de la pampa argentina. De allí que esta línea férrea
sólo apuntaba a que Buenos Aires tuviera un puerto que auxiliara su
operatoria portuaria. En parte, la reinstalación de los saladeros porteños
en Ensenada (debido a la epidemia de fiebre amarilla) en 1871 le dio el
impulso final a la construcción de este ferrocarril. Toda esta actividad
saladeril le otorgo un impulso económico al área: entre los que instalaron
sus establecimientos, se destaco Juan Berisso, que creo 2 en esta zona, y pudo
ubicar su producción en el exterior, aprovechando al puerto ensenadense. 1872 fue el año en que las vías férreas llegaron al
Puerto de la Ensenada. El presidente de la Nación, Domingo F. Sarmiento,
autorizó a construir muelles en el puerto (aunque el mismo siguiera siendo
propiedad del Estado Nacional), y Wheelwright le propone al gobernador R.
Acosta posponer hasta fin de año la inauguración oficial, para que se admire
‘’el magnifico puerto que la Providencia ha colocado a tan corta distancia
de esta ciudad (se refería a Buenos Aires), el que mediante este ferrocarril
empezará muy pronto a rendir al comercio el importante servicio de ahorrar
tiempo, dinero y peligros en el embarque y desembarque de los productos y
mercaderías’’. Y luego, en la propia inauguración oficial, en Diciembre
de 1872, Wheelwright afirmó: ‘’Cuando estén construidas las mejoras que
se piensan hacer en la Ensenada, las facilidades existentes serán grandemente
aumentadas, habrá holgura suficiente en los muelles, con los cuales comunicará
el ferrocarril, y la manipulación y el transporte de las cargas serán más fáciles
aun’’. Las ‘’mejoras’’ se basaban en los estudios
realizados por el ingeniero J. Coghlan, y que ratificaban lo afirmado por
Petrarca a principios de siglo, y por Bevans en la administración
rivadaviana: el Puerto de la Ensenada era el mejor de la costa oeste del río,
y con trabajos de dragado, balizamiento y canalización, quedaba en
condiciones de ser tan operable como el de Buenos Aires. Pero, en esa ciudad,
Sarmiento creía más apropiado apoyar el proyecto ‘’Bateman’’: el
mismo implicaba la construcción de un puerto artificial frente a la capital
argentina (algo que aun hoy muchos funcionarios siguen pensando...). De allí que el gobierno provincial, en una época donde
los capitales extranjeros privados recibían grandes concesiones en la
construcción de la infraestructura comunicacional de Argentina, se
‘’preocupara’’ por adquirir este ferrocarril, ya que era
‘’conveniente’’ que la línea que unía la Aduana porteña con el
puerto ensenadense fuera ‘’del Estado’’. La intención de compra, que
en 1874 incluyo la compra de los muelles, era un intento por romper cualquier
posibilidad de que el sueño de Wheelwright se hiciera realidad. Pero, esta
‘’extraña’’ intervención estatal no fue necesaria. Otros capitales
compraron el ferrocarril al ingeniero inglés... y el Puerto de la Ensenada
vio así la ultima oportunidad de alcanzar un desarrollo acorde con sus
condiciones. La reubicación de la capital de la provincia de Buenos
Aires y la designación de Buenos Aires como Capital Federal de la República
Argentina, dieron una pequeña luz de esperanza para que este ‘’excelente
puerto’’, como lo definió en ese tiempo Juan B. Alberdi, prosperara y
fuera ‘’lo que ha sido el de Rosario para la moderna (provincia de) Santa
Fe’’. Pero los planes del gobernador Dardo Rocha eran otros. Él quería
un puerto que llegara a las ‘’Lomas de la Ensenada’’, para que así la
nueva capital de la provincia (La Plata) estuviera a la altura de la Capital
de la Nación. Y para ello, el antiguo puerto no encajaba en su proyecto... más
allá de los estudios realizados anteriormente. La construcción del Puerto La Plata (previa fundación de
la ciudad) fueron haciendo que la actividad del puerto ensenadense decayera,
ya que el decreto de expropiación para la construcción de la nueva estación
lo incluía entre los terrenos que fueron comprados por el Estado provincial.
Así, entre 1885, año en que se hizo la apertura del Gran Dock, y 1890, fecha
de la inauguración oficial del puerto platense, los vapores y los barcos a
vela fueron abandonando al ‘’viejo’’ puerto para sus operaciones y se
dirigieron al ‘’nuevo’’... pero eso será tema de secciones
posteriores. Éste sería el segundo puerto que se creó en el área de
Ensenada. Y decimos sería, porque muchos autores, y aún mismo en alguna
documentación oficial, la denominación pasó por llamarlo ‘’muelle’’
en algunos casos, y en otros, ‘’Puerto de Punta Lara’’, y que es la
que adoptamos en este trabajo. Ubicado en el accidente geográfico de idéntico nombre, se
puede afirmar que, como extremo NO de la Ensenada, ya era conocido a fines del
siglo XVII, y que entre 1700 y 1750 se dieron informes de desembarcos en este
sitio, en muelles de tipo rudimentario. El virrey Vértiz, en 1779, ordenó
colocar, como parte de la defensa de la Ensenada de Barragán, un puesto
armado en el área. Para el siglo XIX, el puerto puntalarense sería, en
principio, ocupado por un puesto de pesquería, propiedad de Petrona Inojosa,
viuda de F. Ballesteros. Pero, con la construcción del ferrocarril Buenos
Aires-Puerto de la Ensenada, el ingeniero Guillermo Wheelwright solicitó
construir un muelle en este puerto, siendo autorizado por el presidente
Domingo F. Sarmiento en 1872. En 1874, se habilita este ‘’muelle’’
(también con un decreto del presidente Sarmiento), pero solo se autorizaba el
embarque de frutos y productos de saladeros, o de establecimientos ubicados en
la jurisdicción de Ensenada. Estaba claro que, para las autoridades nacionales, este
puerto debía cumplir una función subordinada al funcionamiento del puerto de
la Ensenada, siendo como su puerto ‘’auxiliar’’. Este pensamiento es
congruente con lo expresado en la sección anterior: ninguna actividad
portuaria debía opacar o debilitar el funcionamiento del puerto de los porteños,
que debía ser el ‘’Puerto de la Nación’’. El Puerto de Punta Lara se ubicaba en la desembocadura del
arroyo Piloto, a unos 4 kms. al NO (aproximadamente) del puerto de la
Ensenada. Cuando en 1874, el Estado provincial intentó comprar la línea férrea
Buenos Aires-Ensenada, y con ella los muelles del puerto ensenadense, también
buscó incluir en dicha operación al muelle del puerto puntalarense. El mismo
tenía unos 600 mts de espigón, y una capacidad de amarre de 4 buques de
ultramar. El principal producto embarcado era el tasajo, que era colocado en
toneles, a la espera de los barcos que llegaban a buscarlos, así como también
frutos y hortalizas de huertas de la zona, y lo derivado de la actividad
pesquera. Llamativamente, la empresa de ferrocarril, dueña del
muelle, solicitó en 1883 al gobierno nacional la posibilidad de ensancharlo,
justamente cuando en ese mismo año comenzaron los trabajos de construcción
del Puerto La Plata. La construcción del puerto platense sería, como en el
caso ensenadense, el principio del fin de la actividad en Punta Lara, aunque
en 1898, el ingeniero J. A. Waldorp lo tomó como punto de referencia en sus
estudios sobre el Puerto La Plata. En resumen, este puerto nunca tuvo una vida propia, y
dependió de la actividad desarrollada en la rada ensenadense, y como tal fue
pensado por sus constructores, los dueños del ferrocarril Buenos
Aires-Ensenada.
Es uno de los más importantes de la Argentina, y es el
tercero que se construyó en la región ensenadense. La idea que movió a su creación estuvo ligada al escenario
político de fines del siglo pasado. Había un problema que dividía a la clase
dirigente nacional, la denominada ‘’Generación del ‘80’’, que desde
mediados del siglo XIX era quien controlaba políticamente a todo el país, y
aseguraba la conformación de una realidad socioeconómica ligada al modelo
agroexportador. Ese problema era la federalización de Buenos Aires, único
camino posible para que esta ciudad se convirtiera ‘’oficialmente’’ en
el centro de todo el poder en la República. Recién en 1881, luego de revoluciones (en 1874 y 1880) y
debates parlamentarios, el gobernador Dardo Rocha, con el poder político en sus
manos, dio forma a su idea: una nueva ciudad, ubicada en las Lomas de Ensenada,
con acceso a un nuevo puerto construido sobre el antiguo de la Ensenada. Ésta
sería la ‘’nueva’’ Buenos Aires, la que habría de rivalizar y superar
a la antigua, basándose para ello en la evidente superioridad que tendría el
puerto ‘’nuevo’’ sobre el ‘’antiguo’’, base del esplendor porteño. Oficialmente, recién en agosto de 1883, 9 meses después de
la fundación de la ciudad de La Plata, comenzaron los trabajos de construcción
del puerto. La misma fue encomendada a la empresa Lavalle, Médici y Cía., a
partir del convenio firmado entre la provincia de Buenos Aires y la Nación, que
implicaba construir un puerto con suficiente capacidad para recibir buques de 21
pies de calado. La empresa G. Moore y Cía. ejecutó la canalización, y
luego se expropió los terrenos necesarios para la obra: 1200 m2 con frente al río
Santiago y fondo hasta el ejido de la nueva ciudad, La Plata. Todavía se
hablaba en los documentos del ‘’Puerto de la Ensenada’’, pero la idea
era justamente otra: sin tener en cuenta los trabajos de análisis de la antigua
ubicación natural, se buscó que la zona portuaria tuviera relación directa
con la nueva capital provincial. Así lo había imaginado Dardo Rocha, y así se
debía hacer... Waldorp concibió el plan general del puerto bajo las ideas
prácticas de aquellos tiempos, en boga en ciertos pueblos europeos,
particularmente en los de Holanda. Las obras a realizar comprendían el
antepuerto del río de la Plata, el canal Santiago (que dividiría a la isla y
el río del mismo nombre), una faja del río Santiago hasta el puerto
intermedio, un canal de entrada, el Gran Dock (con un dique de maniobras), el
acceso desde el río Santiago hasta el puerto intermedio, y el puerto
intermedio. Como obras accesorias, pero que permitirían llegar a los buques de
menor calado hasta los suburbios de La Plata, se contaban dos canales laterales
de reunión (Este y Oeste), y uno de conclusión, donde ambos se unían. En 1884 ya comenzó a denominarse oficialmente como ‘’La
Plata’’ al nuevo puerto, que va a tener aperturas ‘’parciales’’
(1885: finalización del Gran Dock; 1887: primer desembarco en el Dique N° 1,
ubicado en la culminación del Canal Oeste, y a casi 10 cuadras del límite de
la ciudad de La Plata; 1889: habilitación parcial de las operaciones en el Gran
Dock), y recién va a ser inaugurado oficialmente en 1890. El Puerto La Plata quedó, finalmente, conformado por un
antepuerto (de 4300 metros de largo, 300 de ancho, y protegido en cada costado
por un muelle de pino), el Canal Santiago (de 2000 mts de extensión), el canal
de acceso (con 1200 mts), el Gran Dock (de 1350 mts de largo, 140 de ancho, y
con sus muelles lineales correspondientes y un calado de 6,40 mts de
profundidad), el dique de maniobras (al final del Gran Dock), un sector del río
Santiago dragado, el Puerto occidental, los canales Oeste y Este (ambos de 5500
mts de extensión), el Dique N° 1, y el Canal de Reunión. Sobre los canales, cabe aclarar que el Este quedó inconcluso
desde los primeros años de funcionamiento del puerto. El Oeste (con su dique,
el N° 1), tenía 2,60 mts de altura de agua en mareas bajas ordinarias, pero la
falta de conservación redujeron esa altura a apenas un metro. En total, el Puerto La Plata abarca 2500 hectáreas. Su
profundidad de acceso y la del Dock quedó en 26 pies; los depósitos se
construyeron en ambas márgenes del Dock (6 del lado Oeste, y 2 del lado Este). Algunos autores definen 2 zonas en este Puerto: 1) la del
puerto de ultramar (desde el antepuerto hasta el dique de maniobras, con 6,4 mts
de profundidad); 2) la de canales y diques de cabotaje (los canales Este y
Oeste, con un calado entre 2 y 6 metros). Desde la inauguración hasta hoy, distintas circunstancias
activaron o retardaron el movimiento portuario. De allí que, basándonos en la
periodización definida en el trabajo ‘’La Plata: una obra de arte
(1882-1982)’’, se pueda definir 4 etapas en la vida del puerto platense:
Pero, ni siquiera este proyecto permitió hasta hoy al Puerto
La Plata superar su ‘’destino’’: ser un engranaje más del esquema
portuario porteño. La Zona Franca debe comprenderse, en realidad, en una economía
mucho más abierta, ‘’globalizada’’, y a la vez, vulnerable, en la cual
las mercaderías que Buenos Aires (puerto agotado y caro) no puede recibir,
necesitan ‘’hacer pie’’ en una Argentina vinculada nuevamente a las
redes del comercio internacional, aunque en un papel obviamente secundario. Es
por eso que el ferrocarril no está suficientemente reactivado, y los camiones
con contenedores, autos, etc., cruzan el área urbana ensenadense sin ningún
orden, poniendo en peligro la vida de muchos de sus habitantes, ya que las
‘’facilidades de acceso’’ no son tales. Así, el Puerto La Plata sigue
siendo un proyecto que no cumplió su objetivo inicial: ser la base de un centro
regional que generaría un importante polo de desarrollo. Los fundadores de la
ciudad de La Plata lo pensaron así, y es por ello que el Dique N° 1 llegaba a
los límites del núcleo urbano original... pero hoy, no hay forma de llegar
desde ese dique al río de la Plata, ya que la Destilería y las plantas petroquímicas
instaladas (Maleic, Polibutenos Argentinos, PETROKEN, IPAKO, Petroquímica La
Plata) cerraron el canal Oeste con pequeños diques para evitar derrames o como
piletas de emergencia para desarrollar sus actividades. Este puerto, el Puerto
La Plata, es una obra de ingeniería notable, pero ni aún así pudo
‘’vencer’’ el poder económico y político que su ‘’rival’’,
Buenos Aires, mantuvo (y mantiene) durante todo el desarrollo de la vida y de la
historia nacional argentina. A su vez, vale reconocer su importancia en el
desarrollo económico del área de Ensenada y alrededores, a través de los
frigoríficos, el ferrocarril, el astillero Río Santiago, la Destilería, y el
Polo Petroquímico. D. Puerto ‘’Ingeniero M. Rocca’’ Es el último de los puertos construidos hasta hoy en el área
de Ensenada, y está en funcionamiento actualmente. En 1969, en plena combinación de los gobiernos autoritarios
(en este caso el del General Onganía) y el crecimiento de una concepción
desarrollista de la economía (asimilada por los grupos económicos argentinos
desde principios de los ’60), se inauguró a orillas del arroyo Zanjón un
establecimiento siderúrgico a ciclo integral, perteneciente al grupo Techint, y
denominado ‘’Propulsora Siderúrgica’’. Éste incluyó un puerto privado
ubicado en la desembocadura del arroyo, denominado ‘’Ingeniero M.
Rocca’’. El mismo se ubica a 5 mts sobre el nivel del río, debido a
que se trata de un área inundable, y por ser el arroyo Zanjón la continuación
de otro arroyo (El Gato), funciona como desagüe tanto de la planta como de
parte de los efluentes del ejido urbano de La Plata. El proyecto original de este puerto incluía 2 muelles: uno
para la recepción y el despacho de mercaderías en lanchas, y otro para el
desembarque de minerales y carbón. Ambos iban a funcionar sobre una dársena de
maniobras ubicada (como el puerto) al Oeste del río Santiago. De allí se
realizó un canal que recorre el río hacia el Este, con 28 pies de profundidad,
para comunicarse así con el Puerto La Plata. Con el tiempo, sólo se construiría
un muelle, que sería (y aún es, en parte) utilizado para el embarque de
productos y la recepción de materias primas secundarias. Este muelle posee 225 mts de largo, y permite el trabajo en
un solo barco a la vez (de aproximadamente 22000 toneladas). Hay dos grúas a
brazo retráctil de 25 toneladas cada una, equipadas con tolvas recibidoras y
extractores giratorios. En un principio, estaba la idea de extender una línea férrea
hasta el muelle, aprovechando algunas de las vías del viejo ferrocarril Buenos
Aires-Puerto de la Ensenada, pero ello fue desechado, al igual que la construcción
del muelle secundario. En resumen, es un puerto que tiene la única función de
recibir especialmente las importaciones de materias primas para el
funcionamiento de esta planta semi-integrada con un tren de laminación de
chapas en frío, ya que las exportaciones, o mejor dicho, la mayor parte de la
producción de la fábrica se realizó principalmente a través de caminones, y
recién en 1995 se reactivó el ramal Tolosa – Ensenada, para conectarse así
por vía férrea con aquellos centros como Buenos Aires o Rosario, que necesitan
de lo producido por la empresa (actualmente denominada SIDERAR) , que llegó
alguna vez a satisfacer el 50 % de la demana nacional de hojalata, complementándose
con Dalmine Siderca (en la localidad de Campana), y SOMISA (ubicada en San Nicolás
de los Arroyos), empresas ubicadas al norte de la Provincia de Buenos Aires. 4. Conclusiones En este trabajo, ha quedado en claro, a partir de lo visto,
que Ensenada, a pesar de todos los esfuerzos de muchos gobernantes y agentes
económicos con poder en la Argentina, es una parte importante del engranaje
económico provincial, y porque no, nacional. Una manifestación de esto no sólo lo son los 4 puertos que
se han instalado en sus costas y ríos; no es casual que muchas empresas y el
mismo Estado (en su etapa de fuerte intervención en la economía) hayan elegido
este territorio para que sus fábricas, destilerías, establecimientos, llevaran
adelante sus actividades. Entonces, es más que evidente que a través de los 2 siglos
y medio de historia ensenadense, cada uno de los puertos establecidos aquí
fueron influyendo en el desarrollo del área. Dejando de lado tanto al Puerto de Punta Lara, y el
perteneciente a la planta de SIDERAR, podemos ver que los dos principales
puertos (el de la Ensenada, y el Puerto La Plata), tuvieron sus semejanzas (las
menos) y sus diferencias (las más). Teniendo en cuenta lo visto en las
secciones anteriores, vemos que ambos fueron signados en su movimiento portuario
y en su desarrollo por la presencia, a menos de 60 kms., del puerto más
importante de la Argentina: Buenos Aires. Pero, esta importancia no se basó en
las bondades de su estructura portuaria, en su ubicación, etc., sino que desde
la época de la Colonia, fue el epicentro de la planificación del desarrollo
del litoral bonaerense, y más tarde, del de toda la Nación, encabezando al Eje
Fluvial Industrial; este eje se conformó según una dirección de crecimiento
diferencial que, partiendo justamente desde la capital de Argentina, se emplazó
predominantemente sobre la margen derecha de los ríos Paraná y de la Plata,
extendiéndose hacia el Norte hasta alcanzar el Gran Rosario, y hacia el Sur,
hasta el Gran La Plata. El Puerto de la Ensenada debió integrarse a un modelo de
desarrollo económico y social sustentado en el poblamiento, la ocupación
efectiva del territorio, y en una producción agrícolo-ganadera destinada
fundamentalmente al mercado interno, y en menor grado al externo; estas políticas
de Estado no sólo se vieron en tiempos coloniales, sino que siguieron durante
el período independentista, y hasta mediados del siglo XIX, con el gobierno del
dictador Rosas. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, se abrió un
proceso de integración del mercado mundial, donde la Argentina estuvo
involucrada. Las ciudades, las regiones y los países se fueron vinculando,
inaugurándose un proceso de planificación del espacio (donde el capital
privado, en su mayoría, y el estatal intervenían) que comprendió la división
de los territorios, y aun del mundo, en grandes extensiones abastecedoras de
productos de exportación, redes de transporte vial, ferroviario, y fluvio-marítimo,
incipientes medios de comunicación (telégrafo, teléfono), una colonización
organizada a tal efecto, y movimientos migratorios (de Europa al resto de mundo,
y del campo a la ciudad). En este nuevo ‘’mapa económico’’ de fines del siglo
XIX (y principios del siglo XX), las ciudades, las regiones y las naciones
sufrieron una progresiva especialización funcional: incorporaron las
innovaciones de la Revolución Industrial, el ferrocarril, el urbanismo, las
transformaciones tecnológicas en la producción agropecuaria, el transporte
urbano e interurbano, y la electricidad, entre otros. Así, el espacio geográfico se modificó, y para esa época,
a partir de una compleja situación política que venía demorándose en su
solución, surgió la nueva capital de la Provincia de Buenos Aires; Ensenada
fue elegida como el territorio para su instalación por varios factores, y entre
ellos, su puerto. Ello implicó que se buscara organizar y retroalimentar al
estratégico enclave que significaba la Ensenada de Barragán, y su puerto.
Pero, en lugar de usar el marco natural donde este puerto había desarrollado su
actividad durante más de un siglo, se buscó crear un nuevo puerto,
‘’artificial’’, que llegara ‘’a las puertas’’ de la
‘’nueva’’ Capital, que según el pensamiento de sus fundadores, se
convertiría en una ciudad puerto capaz de competir (y aun superar) con Buenos
Aires. Al poco tiempo, se demostró que el Puerto La Plata, amén de
ser una notable obra de ingeniería, demandó un esfuerzo que no cumplía con su
objetivo. Buenos Aires, sus intereses y su puerto prevalecieron (como había
sucedido con el de Ensenada) nuevamente. Y en lugar de haber seguido el
pensamiento de Rivadavia, Moreno, Belgrano y otros fundadores de la Nación, se
realizó una estación portuaria que no respetó el marco natural donde se
instaló, que modificó radicalmente el espacio ensenadense, dividiendo a la
ciudad en dos (quedando Ensenada propiamente dicha al Oeste, y Berisso al Este),
y sólo sirvió para hacer efectivo el deseo de muchos de los integrantes de la
Generación del ’80 (entre ellos, Dardo Rocha, principal impulsor del proyecto
platense), que veían la grandeza de la Nación en obras faraónicas que
mostraran a una Argentina ‘’integrada’’ al mundo. Sin embargo, y paradójicamente, el desarrollo industrial que
se dio en Ensenada (y que no llegó a La Plata) fue a partir de este puerto que
anulo al anterior. Los frigoríficos (del lado de Berisso), la Destilería, el
Polo Petroquímico, y el Astillero se ubicaron en las proximidades de la costa,
y no en las ‘’Lomas’’ de la Ensenada, donde se ubica La Plata. Y el
Puerto La Plata, como el de la Ensenada lo había hecho en la época colonial y
de la Independencia (con la actividad agrícolo-ganadera), tienen una semejanza
más, dejando la diferencia de que el platense es artificial y el ensenadense
era natural: ambos fueron capaces de generar un desarrollo económico para su área
de influencia, aunque los capitales no fueran de la región ensenadense (y
aparte no quedaran aquí), y que mucha de la producción y de la mercadería que
pasó (y pasa) por sus muelles no sea usufructuada por los habitantes del área
en forma directa. La Zona Franca La Plata (ubicada en Ensenada) promete, al
final de este siglo, ser la posibilidad de reactivar y desarrollar esta región.
La Intendencia de Rotterdam, a pedido del gobierno provincial, realizó un
estudio sobre el Puerto La Plata. En él, se destacó como ventajas de la estación
portuaria su ubicación geográfica, y la posibilidad de conexión con el resto
del país y del MERCOSUR; para potenciar su desarrollo señalaron la importancia
de un dragado continuo, y un mejoramiento del modelo de gerenciamiento. En
cuanto a las desventajas, se señaló la falta de equipamiento y el estado de la
infraestructura. Pero, hubo algo que los holandeses no ‘’vieron’’, y que
está en la historia de esa área: mientras desde Buenos Aires se siga mirando a
Ensenada como su puerto ‘’auxiliar’’, y no se permita su crecimiento, no
habrá Zona Franca ni reactivación portuaria que logren un verdadero despegue
económico y social que Berisso, Ensenada y La Plata, o sea la Región Capital
de la Provincia de Buenos Aires, se merecen por su antecedentes y por quienes la
habitan. 5. Bibliografía y Documentación utilizada - MENDOZA, P. de la C. Historia de la Ganadería
Argentina. Talleres Gráficos Argentinos, Buenos Aires, 1928.
- DIARIO ‘’La Prensa’’ (Bs. As.): - DIARIO ‘’El Día’’ (La Plata, Bs. As.): Trabajo Realizado por: GUILLERMO MARCELO SCARFO Licenciado y Profesor en Geografía (UNIV. NAC. DE LA PLATA) Presentado en el IV CONGRESO INTERNACIONAL DE CAMINERÍA HISPÁNICA,
realizado en Madrid, España, del 13 al 18 de julio de 1998 E-MAIL : gmscarfo@netverk.com.ar Publicación enviada por Guillermo Marcelo Scarfo Contactar mailto:gmscarfo@netverk.com.ar Código ISPN de la Publicación EpylEyEEAlmPTKJNer Publicado Thursday 6 de November de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
ilustrados.com nace con el fin difundir el conocimiento publicando trabajos de investigación, monografias, tesis, presentaciones powerpoint y afines. Publicar trabajos en ilustrados.com ha alcanzado prestigio y reconocimiento internacional siendo cada vez más el número de académicos, empresas, investigadores, científicos que consultan las publicaciones de nuestro portal. | |||||||||||||||||||||||||||