Monografias | Explosión demográficaExplosión demográficaResumen: Tratado sobre superpoblación. El agotamiento de los acuíferos. La escasez de alimentos. La deforestación. La Iglesia Católica reniega del preservativo. Hambre Vs. sobrealimentación en los países desarrollados. Recursos y medios tecnológicos, repartir equitativamente. La ONU calcula. Población. Demografía. Datos y medidas demográficos. Métodos de investigación. Indices de población. Crecimiento y distribución de la población mundial. Distribución regional. Concentración urbana. Estimaciones de población. Políticas de población en los países desarrollados. Políticas de población en América Latina. Políticas de población en el Tercer Mundo. Graficas. - Recursos y medios tecnológicos,
repartir equitativamente
Cuenta hasta diez... En este corto
intervalo de tiempo han aparecido sobre el suelo de este planeta, veintisiete
seres humanos más, 250.000 al día que compartirán con nosotros tierra,
alimentos y agua. O por lo menos lo intentarán, ya que el 98% de estos niños
nacen prisioneros en países del Tercer Mundo. Religión, sociedades
patriarcales e intereses políticos y económicos han mantenido a lo largo de la
historia posturas contrarias al descenso en las tasas de natalidad y han
estrechado el cerco en torno a la mujer. ¿Por qué? Cada vez somos más.
En
la actualidad hay cerca de seis mil millones de personas sobre la tierra y cada
año se pueden sumar 95 millones más. La ONU calcula que en el año 2.050 habrá
entre 7.700 y 11.200 millones de personas en el mundo. A pesar de ello podemos
estar de enhorabuena, ya que los dramáticos cálculos de Tomas Malthus hace
doscientos años que predecían una catástrofe demográfica -"La capacidad
de crecimiento de la población es infinitamente mayor que la capacidad de la
tierra para producir alimentos"-, de momento no se ha cumplido. No
obstante, son cifras que están ahí y que sobrevuelan nuestras cabezas recordándonos
que esas probabilidades están presentes. El agotamiento de los acuíferos, la escasez de alimentos y
la deforestación están empezando a afectar a las perspectivas económicas
mundiales. La escasez de alimentos, agotamiento de los acuíferos, de las
pesquerías y la deforestación están empezando a afectar a las perspectivas
económicas mundiales, pero más que por la cantidad -a juzgar por los hechos-
nos atreveríamos a decir que por la distribución, por el desigual reparto que
permite que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres más pobres. Sólo
EE.UU. consume la mitad de los recursos no renovables del planeta y su población
sólo supone el 5% de la población mundial. En 1982 en el Reino Unido, se
gastaron más de 235 millones de dólares en ayudas para adelgazar, mientras que
se donaron 50 millones para el Tercer Mundo. Siguiendo con las incongruencias,
un porcentaje muy elevado de la población china actual es obesa debido a una
sobrealimentación, y se han triplicado los casos de diabetes y cáncer debido a
un consumo excesivo de grasas animales como parte de la dieta diaria. Estos
datos apoyan sin duda la afirmación que realizó en 1992 el Fondo de Población
de Naciones Unidas que aseguraba que "existen suficientes recursos para
acabar con la pobreza, alcanzar un desarrollo social y económico significativo
para la mayor parte de la población mundial, proteger el medio ambiente y
conservar al mismo tiempo las comodidades y ventajas que ha aportado la tecnología
moderna". Tenemos conocimiento, recursos, medios tecnológicos, sólo resta
combinarlo todo para sentar los cimientos de un desarrollo humano sostenible
-satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las
futuras generaciones-. Dicho de otra forma, mantener una correcta relación con
la Tierra ya que de ella se extrae casi el 90% de los alimentos que ingerimos.
Aunque si analizamos los resultados de la última Cumbre del Clima vemos que nos
encontramos ante una cuestión que exige compromisos esencialmente políticos
que sin duda reflejen un cambio de valores y como quedó patente, muy pocos
gobiernos están dispuestos a variar sus líneas de actuación. La Iglesia Católica reniega del preservativo. Juan Pablo II
se atrevió a decirlo en Africa, continente asolado por el Sida que sigue
manteniendo la tasa de natalidad más alta del mundo. No es cuestión de números. El
problema como hemos visto, no radica en el número de habitantes del planeta,
sino en la opción que pueda tener cada uno en función de sus creencias y sus
principios a elegir lo que quiere y cómo lo quiere. "Nos preocupa que se
interprete la cantidad de población como un factor principal y aislado que
incide de manera única en otros aspectos fundamentales como el medio ambiente,
la disponibilidad de recursos naturales, y, a la larga, en las posibilidades de
lograr un desarrollo humano sostenible", afirma Eva Martínez, directora
del programa Mujeres y Desarrollo de IEPALA(*). "Nos preocupa -continúa-
que la cantidad de población sea vista como una limitación al reparto de
riqueza cuando, en realidad, es una consecuencia de esto mismo y de la falta de
acceso a la información, a educación, a políticas y a servicios adecuados y
al disfrute de derechos fundamentales. Pensamos que si la población sigue
incrementándose al ritmo actual, la situación se tornará insostenible. Pero
nos preocupa bastante más el tipo de medidas que se puedan tomar al respecto,
sin tener en cuenta las opciones personales y las situaciones individuales de
las personas". La realidad constatada por distintas ong's que se encuentran
trabajando en diferentes países en vías de desarrollo muestra que "las
parejas del Tercer Mundo -afirma Infomundi de Medicus Mundi- no son libres para
elegir cuántos hijos quieren tener, bien porque son sometidas, de manera
forzosa, a diversas prácticas para controlar su fertilidad o porque,
simplemente, no tienen acceso efectivo a los distintos métodos de planificación
familiar existentes". Martin Sagreda asegura que para resolver el problema
de población haría falta situar la energía y la actividad sexual como algo
natural y no como algo exclusivamente reproductivo. El autor está convencido de
que la sexofobia es la raíz de todos los problemas y que en medio de todo ello
se encuentra la mujer, la culpable históricamente desde "Adán y
Eva" -condenada a ser mero depósito- y una de las claves a la hora de
poner en marcha soluciones a este problema, por ello es tan perseguida por
fundamentalismos y religiones puritanas. La educación y la mujer son dos
aspectos básicos a la hora de hablar de control de la fecundidad. En Brasil por
ejemplo, las mujeres sin estudios tienen una media de seis hijos; las que poseen
educación sólo tienen una media de dos. Cuanto mayor sea el nivel de educación
que tengan las mujeres, más opciones van a tener tanto laborales como a la hora
de plantear sus relaciones y decidir lo que quieren o no hacer ¿El problema?
Pues que generalmente no elige, sino que se encuentra involucrada en situaciones
donde el contexto social y otros son los que deciden por ellas -especialmente en
países en vías de desarrollo-. "Los fundamentalismos -afirma Diana Sojo-
son los que están generando dificultades al desarrollo de la mujer. Mientras tres cuartas partes de la humanidad mueren de
hambre, aumentan en los países desarrollados los problemas por sobrealimentación. Está por ejemplo el caso de Afganistán donde las mujeres fueron
sacadas de los colegios y obligadas a circular con el burka que las aísla
absolutamente del mundo. Hay que luchar contra los fundamentalismos -del signo
que sean- que no dejan opciones a los individuos". Muchos gobiernos
incentivan de mil formas a la población para llevar a cabo de manera voluntaria
la esterilización: es gratuita, quienes se someten a ella tienen derecho a
percibir sueldo correspondiente a una semana mientras se recuperan de la
intervención, pueden incluso acceder al cobro de los gastos derivados de su
viaje al lugar donde se realiza, etc. Algunas organizaciones de derechos humanos
como Amnistía Internacional, han denunciado que bajo las políticas de
planificación familiar ciertas dictaduras esconden en realidad planes masivos
de esterilización para acabar con la resistencia étnica de parte de la población
de sus países. El analista portugués Joaquim Trigo de Negreiros pregunta
"¿Cuál es la manera más eficaz de impedir que un pueblo exija su derecho
a la libertad? Exterminándolo. ¿Cómo se puede exterminar a un pueblo?
Combinando programas de control forzado de natalidad con transmigración en
masa". Se nota que estamos tocando el punto más importante que ha estado
presente en la batalla de los tiempos, de la libertad y de los derechos humanos.
Este punto es donde coinciden -como quedó patente en la Conferencia de El Cairo
(1994)- Vaticano, fundamentalismos musulmanes, derechas tradicionales y algún
heredero de la izquierda marxista que hizo famosa aquella frase de
"proporcionar hijos para la revolución". Frase que antes tuvo sus
variantes en Mahoma o Platón con eso de "dar más almas a Dios",
frase también acuñada por la propia Iglesia con la idea de "aumentar el número
de católicos respecto a los demás". Lo resume perfectamente el cardenal
Leclercq: "Casi todas las familias numerosas son católicas, y este
excedente de natalidad es una brillante revancha de la verdad divina sobre las
fuerzas destructoras del error" (recoge Sagreda en su libro "Sexo,
población y política"). Estamos hablando de los intentos de controlar la
vida desde el poder y de la oposición de estos sistemas a la planificación y
la reducción de la tasa demográfica. Y también estamos hablando de los
derechos de la mujer y el derecho a asumir el control de su vida. Existen recursos y medios tecnológicos suficientes para
mantener a toda la población mundial. Sólo es cuestión de repartir
equitativamente. La iglesia y los fundamentalismos. EL
papa Juan Pablo II fue duramente criticado cuando en 1993 decidió viajar hasta
Africa, continente que tiene la mayor tasa de natalidad y también de Sida del
mundo- para exigir la no utilización de preservativo. Ese hecho fue en su día
calificado por el propio Parlamento Europeo como "un auténtico genocidio,
un crimen contra la humanidad". El diario Times (25-10-93) recogía en sus
páginas "El que el Papa Juan Pablo II atraviese el planeta predicando
contra el 'pecado' del control natal en estos días de desencadenado crecimiento
poblacional, hambrunas y recursos cada vez más escasos, es algo más que
inconsciencia o irresponsabilidad. Es una maldad". "No es de extrañar,
afirma Sagreda, que se hayan levantado muchas voces dentro de la misma Iglesia
contra esa morbosa obsesión, tan contraproducente, como vemos, respecto a los
pecados del 'sexo', mientras que se pasan por alto o incluso bendicen acciones
que atentan directa y masivamente contra la vida, como las guerras
coloniales". Las ong's tienen mucho que decir al respecto porque se
encuentran trabajando en estos países con problemas llevando a cabo una labor
asistencial directa. Eva Martínez, de IEPALA, cree que "el papel de las
iglesias en este proceso -especialmente la Iglesia Católica- ha sido
fundamental por varios motivos. Por una parte, ha transmitido un modelo social y
moral basado en los designios divinos (por decirlo de alguna manera), que ha
motivado la pérdida de la potestad individual sobre la propia vida y la
reproducción. Así, en muchos grupos sociales se entiende que cada pareja (o
cada mujer) tiene los hijos que Dios le manda o le da, ignorando que cada
persona puede decidir sobre su futuro, el número de hijos e hijas que quiere
tener y cuándo quiere tenerlos. La ONU calcula que en el año 2050 habrá entre 7700 y 11200
millones de personas en el mundo. No deja de ser curiosa esa regresión que parece haber sufrido la
mujer en la historia -fenómeno muy estudiado y motivo de mucha literatura-,
donde pasó de ser casi un símbolo en muchas civilizaciones donde era respetada
y valorada; al papel actual de opresión y esclavitud impuesto en la mayoría de
las religiones y creencias. Población, total de habitantes de un área específica (ciudad, país
o continente) en un determinado momento. La disciplina que estudia la población
se conoce como demografía y analiza el tamaño, composición y distribución de
la población, sus patrones de cambio a lo largo de los años en función de
nacimientos, defunciones y migración, y los determinantes y consecuencias de
estos cambios. El estudio de la población proporciona una información de interés
para las tareas de planificación (especialmente administrativas) en sectores
como sanidad, educación, vivienda, seguridad social, empleo y conservación del
medio ambiente. Estos estudios también nos dan los datos necesarios para
formular políticas gubernamentales de población, para modificar tendencias
demográficas, y para conseguir objetivos económicos y sociales. Demografía Área interdisciplinaria que abarca disciplinas como matemáticas,
estadística, biología, medicina, sociología, economía, historia, geografía
y antropología. La demografía tiene una historia relativamente corta. Nació
con la publicación en 1798 del Ensayo sobre el principio de la población,
del economista británico Thomas Robert Malthus. En su obra, Malthus advertía
de la tendencia constante al crecimiento de la población humana por encima de
la producción de alimentos, e indicó las diferentes formas en que podría
ralentizarse este crecimiento. Diferenciaba entre frenos positivos (guerra,
hambre y enfermedad) y frenos preventivos (abstinencia y anticoncepción). El uso cada vez más generalizado de los registros parroquiales y
civiles con datos relativos a natalidad y mortalidad, y de los censos (a partir
del siglo XIX) con referencias al tamaño y composición de la población ha
permitido el desarrollo de la demografía. El avance de las ciencias del
comportamiento, de la estadística y la informática en el siglo XX, también
han estimulado la investigación demográfica y de las subáreas de esta
disciplina: demografía matemática, económica y social. Las Naciones Unidas
tienen un centro de formación demográfica para América Latina, situado en
Santiago de Chile. Datos y medidas demográficos Los gobiernos modernos y las organizaciones internacionales están
muy interesados en la determinación exacta de su población y del resto del
mundo. Para poder describir la población actual y predecir la del futuro con
exactitud razonable se requieren datos fiables. Métodos de investigación Las principales fuentes de datos demográficos son los censos
nacionales, el registro civil y, a partir de la década de 1960, los muestreos a
nivel nacional. Estas fuentes proporcionan el material de base para investigar
las causas y las consecuencias de los cambios de población. La fuente más
habitual es el censo de población, que contabiliza en un cierto momento todas
las personas de un área dada, con sus datos personales y características
sociales y económicas específicas. Un registro civil es la contabilización
continua, por parte de las administraciones locales, de los nacimientos,
fallecimientos, migraciones, matrimonios y divorcios. Su fiabilidad depende de
lo veraces que sean los ciudadanos al proporcionar los datos. En el muestreo se
utiliza una selección estadística representativa de la población total. En España, los datos de población general se recogen en las
oficinas del censo, y se encuentran en el Instituto Nacional de Estadística.
Algunas Comunidades Autónomas elaboran registros de población, donde se
recogen los datos actualizados cada cinco años, y en todos los municipios suele
disponerse del archivo del Registro Civil, aunque no siempre está completo. En
la mayoría de los países de América Latina se utilizan procedimientos de
registro similares. Los datos sobre la población mundial son publicados de forma
sistemática por la Oficina de Estadística de las Naciones Unidas en su Demographic
Yearbook (Libro anual de Demografía), por la División Demográfica
de las Naciones Unidas en sus estudios y estimaciones bianuales sobre la población
mundial, y por el Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo. Índices de población La variación en el tamaño de la población viene determinada por
el número de nacimientos, fallecimientos, inmigrantes y emigrantes habidos a lo
largo de un periodo de tiempo dado. Estos factores de cambio se expresan como
porcentajes de la población total para calcular por comparación el índice de
natalidad, de mortalidad, de migración y de crecimiento de la población; los
índices de natalidad y mortalidad se suelen expresar como tantos por mil (‰)
anual. Estos índices dependen en exceso de la edad media de la población, lo
que puede crear importantes distorsiones. Así, por ejemplo, una población con
elevado nivel de vida que incluya un gran número de personas mayores, puede
tener un índice de mortalidad similar al de una población pobre compuesta en
su mayor parte por miembros jóvenes. Por esta razón los demógrafos suelen
utilizar índices que no dependen de la distribución por edades. Dos índices
de este tipo son el índice total de fertilidad y la esperanza de vida en el
momento de nacer. El índice total de fertilidad es el número de hijos que una mujer
podría tener durante su vida fértil si se cumplieran los índices vigentes de
fertilidad cada año. Los países de fertilidad alta pueden alcanzar índices de
natalidad de 40-50‰ (por año), e índices de fertilidad total de 5-7 hijos
por mujer. Los países de fertilidad baja presentan índices de natalidad del
15-20‰, e índices de fertilidad total de 2 hijos por mujer. La fertilidad a
"nivel de reemplazo" (nivel en que cada persona tiene de media un solo
hijo en la siguiente generación) corresponde a un índice de fertilidad total
de 2,1 hijos en condiciones de baja mortalidad. La esperanza de vida al nacimiento es la vida media de una población
en la que los riesgos de mortalidad en ese momento a cada edad se mantuviesen de
forma indefinida. Las poblaciones preindustriales se caracterizaban por grandes
fluctuaciones en la mortalidad. Sin embargo, a largo plazo, los índices medios
de mortalidad podrían haber sido del 30-40‰ y las esperanzas de vida media de
25-35 años. En las condiciones actuales de sanidad, resulta normal un índice
de mortalidad inferior al 10‰ y una esperanza de vida superior a 70 años. Un índice importante de mortalidad es el de mortalidad infantil,
la probabilidad de fallecimiento durante el primer año de vida; suele
calcularse como el número de fallecimientos por cada 1.000 nacimientos. Muchos
países poco desarrollados presentan índices de mortalidad infantil superiores
al 100‰, es decir, más del 10% de los niños mueren durante su primer año.
Los países con eficaces sistemas de sanidad y de educación tienen índices de
mortalidad infantil del 15‰ o incluso inferiores. Crecimiento y distribución de la población mundial Según las estimaciones de las Naciones Unidas, autoridad de
reconocido prestigio en el cálculo de niveles y tendencias de población, la
población mundial alcanzó los 5.300 millones en 1990 y aumenta cada año en más
de 90 millones de personas. El índice de crecimiento (1,7% anual) se encuentra
por debajo del máximo de 2% anual alcanzado en 1970. Sin embargo, no se espera
que el incremento anual absoluto comience a decrecer hasta después del año
2000. Crecimiento pasado y presente Las estimaciones de la población mundial antes de 1900 se basaban
en datos parciales, pero los investigadores coinciden en que, en general, el
crecimiento medio de la población se acercó al 0,02‰ anual. El crecimiento
no era constante y variaba en función del clima, producción de alimentos,
enfermedades y guerras. A partir del siglo XVII, los grandes avances del conocimiento científico,
la agricultura, la industria, la medicina y la organización social hicieron
posible que la población creciera de forma considerable. Las maquinarias fueron
sustituyendo poco a poco la mano de obra humana y animal, aumentando lentamente
el conocimiento y los medios para controlar las enfermedades. La población
mundial se quintuplicó en 300 años (pasando de 500 millones en 1650 a 2.500
millones en 1950) y el crecimiento fue más espectacular en las regiones donde
se inventaron y aplicaron nuevas tecnologías. Hacia 1950 se inicia una nueva fase en el crecimiento de población.
Se logra controlar el hambre y las enfermedades incluso en zonas que no habían
alcanzado todavía un alto nivel de escolarización o que no estaban tecnológicamente
desarrolladas. Las causas de este cambio fueron el bajo coste de importación de
vacunas, antibióticos, insecticidas y variedades de semillas de alto
rendimiento. Al mejorar la red de abastecimiento de agua, las instalaciones de
alcantarillado y las redes de transporte, aumentaron las cosechas y disminuyó
mucho el número de fallecimientos por enfermedades infecciosas y parasitarias.
En la mayor parte de los países desarrollados, la esperanza de vida al
nacimiento pasó de 35-40 años en 1950 a 61 años en 1990. La rápida disminución
de fallecimientos en una población con altos índices de fertilidad hizo que
muchos países en vías de desarrollo alcanzaran un índice de crecimiento anual
superior al 3,1%, índice que duplicaría la población en veintitrés años. Distribución regional En 1990 había una población de 1.200 millones de personas en los
países desarrollados y de 4.100 millones en los países menos desarrollados del
mundo. Más de la mitad de la población mundial habita en el este y en el sur
de Asia, destacando China con más de 1.200 millones de habitantes e India con
880 millones. Europa y los países de la antigua URSS representaban el 15%, América
el 14% y África el 12% de la población mundial. Los diferentes índices de crecimiento regional alteran sin cesar
estos porcentajes. La población de África se duplicará para el 2025, mientras
que la población del Sureste asiático permanece casi constante y la de
Latinoamérica crece a un ritmo fuerte aunque desigual; y las demás regiones,
incluida Asia oriental, disminuyen de forma considerable. Para el 2025 se estima
que el porcentaje relativo a los países desarrollados actuales (23% en 1990)
descenderá al 17%. El 90% de los nacimientos actuales tiene lugar en los países
menos desarrollados. Concentración urbana A medida que un país pasa de una economía agrícola a una economía
industrial, se produce una migración en gran escala de los residente rurales
hacia las ciudades. En este proceso, el índice de crecimiento de las áreas
urbanas duplica el índice de crecimiento global de la población. En 1950, el
29% de la población mundial vivía en áreas urbanas, en 1990 esta cifra era
del 43% y para el año 2000 se estima que aumentará a más del 50 por ciento. Esa migración a las ciudades conlleva una importante disminución
del número de personas que vive en el campo, y en consecuencia índices de
crecimiento negativos en las áreas rurales. En los países menos desarrollados,
el rápido crecimiento de la población mundial ha diferido este fenómeno aplazándolo
hasta las primeras décadas del siglo XXI. La previsión para América Latina es
que en el año 2020 más de 300 millones de niños vivan en las ciudades. Estimaciones de población La mayor parte de los padres potenciales de las próximas dos décadas
ya han nacido. Esto permite realizar estimaciones de población para este
periodo con fiabilidad razonable, salvo imprevistos. Por otro lado, a lo largo
de dos décadas, el grado de incertidumbre, tanto de los índices demográficos
como de otras características de la sociedad, crece a un ritmo vertiginoso,
haciendo que cualquier estimación resulte sólo especulativa. Las estimaciones de las Naciones Unidas publicadas en 1990 indican
que la población mundial pasará de 5.300 millones de personas en 1990 a 6.200
millones en el año 2000 y a 8.500 millones en el 2025. Las estimaciones máxima
y mínima para el año 2025 son de 9.100 millones y 7.900 millones
respectivamente. El índice medio de natalidad mundial, que en 1990 era del
26‰, se reducirá al 22‰ para finales del siglo, y al 17‰ en el año 2025
(con la correspondiente reducción del índice total de fertilidad de 3,3 en
1990 a 2,3 en el 2025). El mayor porcentaje de población con edades de alta
mortalidad hará que el índice de mortalidad media mundial se reduzca sólo un
poco, pasando del 9‰ en 1990 al 8‰ en el 2025. La esperanza de vida media
mundial, sin embargo, pasará de 65 años en 1990 a 73 años en el 2025. Seguirán existiendo amplias variaciones en el crecimiento de la
población. En el mundo desarrollado, el crecimiento de la población seguirá
siendo muy lento y en algunos países incluso disminuirá. Se estima que la
población de Europa occidental decrecerá a partir del año 2000. En 1996 en
las ciudades de Madrid y Londres había más habitantes de 65 años que menores
de 15. En España el índice de fecundidad es de 1,4 hijos por mujer, siendo uno
de los países, junto con Italia, con menor natalidad del mundo. En el caso
estadounidense, las previsiones hablan de un crecimiento hasta el año 2050,
debido a la inmigración. A partir de este momento el índice de crecimiento será
prácticamente nulo. En cambio, para el año 2000, América Latina tendrá la
mayor tasa media anual de crecimiento del mundo. Las Naciones Unidas estiman que los países menos desarrollados
tendrán unos índices de crecimiento de población en continuo descenso. Para
el conjunto de países menos desarrollados, el índice de crecimiento, que en el
1990 era del 2% anual, en el 2025 se reducirá a la mitad. África seguirá
siendo la zona con el índice de crecimiento más alto (en 1990 este índice era
del 3,1% y para el 2025 se estima que se reducirá al 2,2%). La población
africana se triplicará pasando de 682 millones de personas en 1990 a 1.580
millones de personas en el 2025 y se estima que seguirá creciendo hasta
duplicar su volumen de población en otros 35 años. Políticas de población Las políticas gubernamentales de población pretenden alcanzar
objetivos de desarrollo y bienestar aplicando medidas que, directa o
indirectamente, inciden sobre procesos demográficos como la fertilidad y la
migración. Como ejemplos cabe citar el establecimiento de la edad mínima
reglamentaria para contraer matrimonio, los programas de divulgación de uso de
anticonceptivos y los controles de migración. Cuando estas políticas se
adoptan por razones distintas a las demográficas reciben el nombre de políticas
implícitas. Políticas de población en los países desarrollados Los países europeos no tuvieron políticas de población hasta el
siglo XX. Se concedían ayudas a las familias numerosas en países tan dispares
como Gran Bretaña, Suecia, España y la Unión Soviética. Los fascistas
italianos en la década de 1920 y los nacionalsocialistas alemanes en la década
de 1930 incluyeron el crecimiento de la población como parte importante de sus
doctrinas. Japón, con una economía comparable a la de los países europeos,
fue el primer país desarrollado en la era moderna que inició un programa de
control de natalidad. En 1948 el gobierno japonés instituyó una política que
incluía la anticoncepción y el aborto para limitar el tamaño de las familias. Las políticas europeas a favor de la natalidad no tuvieron mucho
éxito en la década de 1930 y sus ligeras variantes de las dos últimas décadas
(en Francia, España y en muchos países europeos del este) no parece que hayan
logrado detener la continua y preocupante disminución de la natalidad. El
control gubernamental de la migración parece que resulta más eficaz. La
migración a corto plazo por demanda de trabajo ha sido una práctica común en
Europa occidental y ha dado a los diferentes países la flexibilidad para
reducir la migración durante las recesiones económicas. Políticas de población en América Latina Desde su independencia, los países hispanoamericanos se plantearon
los problemas de población derivados del mestizaje y la existencia de amplias
zonas de escasa presencia humana. "Gobernar es poblar", fue una
consigna generalizada, mientras se planteaban programas de atracción de
colonos, preferentemente europeos, que no siempre llegaban con facilidad. El vertiginoso crecimiento de los índices de natalidad, las
tradiciones y prejuicios religiosos y familiares, las costumbres de fuerte
arraigo, contrarias a la contracepción, han obligado a todos los gobiernos a
desarrollar campañas de información y educación, a promover el control de la
natalidad y los programas de planificación familiar. Políticas de población en el Tercer Mundo En 1952 la India fue el primero de los países en vías de
desarrollo que adoptó una política oficial para ralentizar el crecimiento de
su población. El objetivo era facilitar el desarrollo social y económico
reduciendo la carga de una población joven y en constante crecimiento. Estudios
para investigar los conocimientos, actitudes y prácticas sobre anticonceptivos
de la población pusieron de relieve que un alto porcentaje de parejas no
deseaban tener más hijos, aunque algunos ya practicaban una anticoncepción
eficaz. Los programas de planificación familiar fueron considerados como una
forma de satisfacer el deseo de un amplio sector de la población de limitar y
controlar la natalidad. La reducción del índice de crecimiento en Asia puede atribuirse
sobre todo a las estrictas políticas de control de la población en China. A
pesar de su inmensa población, China ha reducido con éxito los índices de
natalidad y mortalidad. Recientemente, el gobierno está apoyando una política
de familias con un solo hijo con el fin de reducir el índice actual de
crecimiento anual del país del 14‰ al 0‰ en el año 2000. En 1979, más del 90% de la población de los países en vías de
desarrollo vivía bajo gobiernos que, al menos en principio, permitían el
acceso a anticonceptivos por razones de sanidad y garantizaba el derecho a
elegir el número de hijos y controlar los intervalos entre nacimientos.
Estudios recientes muestran que en muchos países se están reduciendo los índices
de natalidad y de crecimiento de la población nacional, en parte gracias a los
programas de planificación familiar propiciados por los gobiernos. Los demógrafos utilizan las tasas de nacimiento y defunción para
determinar el crecimiento de la población y evaluar la salud general de las
poblaciones que estudian. Generalmente, estos porcentajes señalan el número de
nacimientos y defunciones por cada 1.000 habitantes en un año dado, como
muestra el cuadro (abajo).
Proyecciones de población A la hora de analizar las tendencias de la
población mundial, con frecuencia los economistas distinguen entre naciones
desarrolladas y naciones en vías de desarrollo. Generalmente, las naciones
consideradas menos desarrolladas o en vías de desarrollo tienen un nivel de
vida inferior a las naciones desarrolladas. Una gran parte de la población de
estos países vive bajo los límites de la subsistencia y los recursos médicos
son limitados. Como demuestra el gráfico (abajo) el crecimiento de la
población en los países menos desarrollados ostenta una tasa mucho más alta
que la de las naciones desarrolladas.
TRABAJO REALIZADO POR: ANTONIO MIGUEL DUGARTE E-MIAL: ANTONIO_DUGARTE@PANAMCO.COM.VE ESTUDIANTE DE INGENIERIA INDUSTRIAL UNIVERSIDAD JOSE MARIA VARGAS, CARACAS, VENEZUELA Trabajo realizado por: Antonio Dugarte Estudiante Ingenieria Industrial Univ. Jose Maria Vargas . CARACAS. Antonio_Dugarte@panamco.com.ve Publicación enviada por Antonio Dugarte Contactar mailto:Antonio_Dugarte@panamco.com.ve Código ISPN de la Publicación EpylEyEuylCeBqwBqi Publicado Thursday 6 de November de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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