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El nacionalismo musical
Resumen: El espíritu romántico. Reflexiones sobre el nacionalismo musical en latinoamerica. La formación del pensamiento musical nacionalista en galicia hasta 1936. La Escuela Escandinava. La Escuela Checa. La Escuela Rusa. La Escuela Polaca. Nacionalismo Español.
Publicación enviada por Lucas E. Papazian
Indice
1. Introducción
2. El espíritu romántico
3. Reflexiones sobre el
nacionalismo musical en latinoamerica
4. La formación del
pensamiento musical nacionalista en galicia hasta 1936
5. La Escuela Escandinava
6. La Escuela Checa
7. La Escuela Rusa
8. La Escuela Polaca
9. Nacionalismo Español
- Introducción
En la segunda mitad del siglo XIX se da un fenómeno nuevo en el panorama
musical europeo consistente en la incorporación de generaciones musicales
pertenecientes a países que hasta entonces habían estado generalmente al margen
de la evolución musical, no tanto porque no se haya cultivado en ellos la música
como por haberla importado en detrimento de la producción propia. Se trata de
países que habían vivido bajo el imperio de la música italiana, como por ejemplo
España, o bajo la influencia globalizadora de Francia, como por ejemplo Rusia.
Son habitualmente naciones de la periferia de Europa, lugares en los que
empiezan a triunfar las ideas nacionalistas que llevarán a lo largo de esta
época al intento de sacudirse la dominación de otros países, singularmente del
imperio austríaco, o de afirmar la voluntad popular frente a regímenes de
supervivencia medieval, como es el caso de la Rusia zarista.

Las razones básicas de estos movimientos musicales de carácter nacionalista
habrá que buscarlas en lo puramente artístico dentro de la ideología que el
Romanticismo había formulado, de modo que el nacionalismo no será sino un caso
particular del Romanticismo aplicado a determinados países. Realmente el
Romanticismo había prestado atención a las leyendas populares, al folclore e
incluso a la melodía de carácter popular; y si esto se había producido en los
países que llevaban el liderazgo musical, nada se oponía a que esta ideología
fuera practicada con más fuerza en países donde, además, podía constituirse en
un fiel reflejo de aspiraciones políticas de tipo nacionalista. Es por esto por
lo que en algunas naciones con afán nacionalista se utilizó la música como caldo
de cultivo para pasar a manifestaciones propias más pragmáticas que las
meramente musicales y artísticas y también, en otros sitios se dio la situación
contraria, se utilizó la base social ya de carácter nacionalista para potenciar
la expresión artística y, concretamente, la musical.
La música nacionalista consigue hacer todavía más rico, si cabe, el
considerado históricamente período romántico. La verdad es que, si consideramos
al Romanticismo como la manifestación musical de tres períodos que llamábamos
primer Romanticismo (primera mitad del siglo XIX), segundo Romanticismo, que
abarca hasta la década de los setenta, y Posromanticismo, Neorromanticismo o
Belle Époque como algunos prefieren llamar al período que concluye con la I
Guerra Mundial, tampoco habría razones históricas o artísticas para no incluir
de forma paralela al Nacionalismo musical como una corriente que, aún siendo
esencialmente romántica, también tiene notables diferencias con los otros
movimientos.
2. El espíritu romántico
En todas estas variantes musicales está latente el espíritu romántico pero
con una diversidad expresiva muy acusada en función de las características
rítmicas y sonoras de cada área geográfica. La melodía continúa siendo la parte
vital de la composición pero, cada vez más, sometida a una exploración mucho
mayor, con tratamientos armónicos y tonales más complicados, inspirándose en el
folclore propio de cada país. Sin embargo, el enriquecimiento armónico fue tan
importante que llega a hacer que se tambalee el sistema tonal establecido y
empiezan a surgir nuevas tendencias armónicas gracias a las peculiaridades de
cada región. No olvidemos que el Nacionalismo se fraguó fuera del área de
influencia que constituían países como Italia, Francia y Alemania, y las obras
musicales que surgen de este estilo musical parten de unos presupuestos
melódicos, rítmicos y armónicos totalmente diferentes a los del gran
Romanticismo, es decir, perduran las ideas pero cambian las formas.
Para los puristas que no aceptan el Nacionalismo musical como una
manifestación más del Romanticismo por el hecho de surgir de países al margen de
los que ejercían influencia musical en el ámbito europeo, es el momento de
recordarles que Chopin fue el primer compositor "nacionalista" polaco, que
Brahms y Liszt fueron los pioneros en la utilización de la música húngara y que,
Musorgski, aún siendo nacionalista, tiene un espíritu y una inspiración
totalmente romántica.
Como hemos venido comentado cada vez que tratábamos un estilo musical,
también en el caso del Nacionalismo musical tenemos que verlo como el resultado
del período inmediatamente precedente y como generador del que le sigue. Es así
como podemos considerar dos etapas claramente diferenciadas dentro del
Nacionalismo:
1. La primera se desarrolla en la segunda mitad del siglo XIX con
características de corte romántico. Destacaron en esta etapa, entre
otros, los compositores rusos para los que, a menudo, la música
romántica del primer nacionalismo no sólo era una afirmación de la
música nacional sino también un ataque a determinadas autocracias
políticas pues, especialmente en Rusia, aún bien entrado el siglo la
esclavitud permanecía vigente y los efectos de la Revolución Francesa
apenas habían llegado.
2. La segunda se da en el siglo XX y supone una renovación del
lenguaje musical gracias a la extracción de elementos renovadores
inherentes a la música nacional. Es el caso de Falla en España y Bartók
en Hungría.
El nacionalismo permite a estos países librarse de una colonización
artística operante durante muchos años y que se manifestó sobre todo en el
entorno operístico. Y esto porque la ópera no tenía unas reglas formales tan
fijas como la música sinfónica o de cámara, que dependían mucho en su estructura
de una serie de elementos con base italianizante y germánica. Además, la ópera
se prestaba a poner en escena una serie de temas o leyendas de carácter nacional
no sólo por la música sino también por su contenido literario. Por último, la
ópera era en la segunda mitad del siglo XIX un espectáculo que atraía a gran
número de espectadores y podía constituirse en un vehículo de rápida difusión
de ideas y manifestaciones ideológicas favorables a una determinada tendencia.
Naturalmente, una vez alcanzada la transformación operística, se aplicó a la
música sinfónica y camerística las mismas modificaciones en cuanto al material
temático y rítmico lo que, a la larga, redundó en una transformación más
profunda de estos géneros.
La melodía presenta una gran variedad como variadas son las diferentes
etnias europeas, y el ritmo, empobrecido como realidad formal durante el
Romanticismo, adquiere ahora una importancia inusitada al constituir, junto a la
melodía, la base sobre la que descansa la música folclórica.
También la armonía tuvo que adaptarse a las nuevas exigencias, igual que la
estructura formal que dio paso a la música programática. Como podemos ver se
trata de una transformación en serie que afectó a la música pero también a otras
manifestaciones artísticas que se vieron influenciadas, consiguiéndose, de esta
forma, un ambiente favorable a los nuevos cambios.
3. Reflexiones sobre el nacionalismo musical
en latinoamerica
Víctor Varela
Antes de iniciar la discusión del tema de este artículo
parece conveniente una definición general de lo que entendemos por
"nacionalismo" en música. El término, que aparece por primera vez en la segunda
mitad del siglo pasado, ha sido utilizado para designar un tipo de música en
cuya base está organicamente presente el folklore de una región o país. Sin
embargo, el empleo de materiales musicales provenientes de lo popular ha sido
una práctica compositiva muy anterior al siglo XIX. Ya en la Edad Media
encontramos copiosos ejemplos de cómo el arte de Juglares y Ministriles incidió
en la evolución del Canto Gregoriano; valerse de materiales sonoros populares
para la escritura de sus obras fue una práctica recurrente de compositores como
Monteverdi, Haydn o Brahms entre otros; se tomaba la melodía o el aire popular y
se reprocesaba según los recursos técnicos y estéticos del compositor en
cuestión.
Qué hace entonces que esa relación entre lo popular y lo
culto adquiera características específicas de Estética Musical en la segunda
mitad del siglo XIX?. Cuando en Rusia el llamado grupo de los cinco (con
Rimsky-Korsakov a la cabeza) se enfrentaba al academicismo del conservatorio de
San Petersburgo dirigido por Anton Rubinstein, proclamada la necesidad de una
música de raíces rusas y una ruptura con las normativas estéticas provenientes
de París, se estaba sentando las bases de una nueva óptica de creación musical:
no sólo se trataba de usar materiales provenientes del folklore regional, sino y
muy especialmente, de una definición de identidad nacional de conjunto; de un
modo específico de decir y de sentir la música.
Este movimiento renovador se extendió rápidamente por la
Europa nórdica y oriental y en esta época aparecen obras como Boris Gudonov
(1874) de Moussorgsky, Las Danzas Eslavas (1878) de Dvorak y Finlandia (1899) de
Sibelius.
Todas ellas con un fuerte componente nacional llevado a los
predios de la Orquesta Sinfónica que para este período ya se ha conformado como
el instrumento musical por excelencia. Era, en síntesis, la respuesta de la
Europa nororiental a la hegemonía estética del tronco
latino-neerlandés-germánico. En una generación posterior aparece la figura
decisiva de Béla Bartók, quien junto con Kodaly realizó unas de las primeras
investigaciones musicológicas serias en torno al folklore de su país. Bartók
recopiló y analizó más de setecientas melodías de la Europa oriental (incluyendo
Turquía); sin embargo, su importancia radica principalmente en haber sintetizado
las influencias provenientes de Brahms, Wagner, Liszt y muy especialmente Bach,
con los hallazgos de sus investigaciones musicológicas. El resultado de esta
síntesis es una obra profundamente húngara pero enraizada en el devenir general
de la música occidental.
Obras como Música Para Cuerdas, Percusión y Celesta (1937) y
el Concierto Para Orquesta (1943) son ejemplos magnificentes no sólo de
identidad regional sino, y al mismo tiempo, de modernidad y solvencia
técnico-compositiva.
Ahora bien, ¿Qué está sucediendo en esta segunda mitad del
siglo XIX en Latinoamérica? La música de este período en nuestros países era
básicamente "música de salón", música de baile, donde predominaban las formas
breves, y el piano se presentaba como el instrumento por excelencia.
Provenientes de lo popular emergen aires de danza como el jarabe y la
contradanza en México, el landú y la modinha en Brasil, la habanera y el danzón
en Cuba, las zambas y vidalitas en Argentina y el vals criollo en Venezuela.
Pero, muchos compositores latinoamericanos de aquellos años
no pasaban de ser meros aficionados o diletantes, y se contentaban con la
utilización de los aires populares en términos de lisos y llanos esparcimientos,
sin ninguna pretención estética de fondo. En esta primera fase que es definida
por el director y ensayista uruguayo Hugo López Chirico como un
PROTO-NACIONALISMO, encontramos a compositores como Felipe Villanueva
(1862-1893) en México, Ignacio Cervantes (1810-1884) en Argentina, Francisco
Manuel da Silva (1795-1864) en Brasil y Ramón Delgado Palacios (1867-1902) en
Venezuela. La siguiente etapa de este proceso está signada por la aparición de
una generación de compositores ciertamente más tecnificados. Algunos de ellos
poseen una rigurosa formación y además la inquietud de darle a la música
latinoamérica una proyección formal y estética en términos de identidad
regional. Sin embargo, hay un conocimiento un tanto superficial de la música que
les llega del folklore, vale decir, no existe aún una investigación musicológica
de base. De este modo, los materiales empleados son transplantados, un tanto
mecánicamente, dentro de las normativas de un lenguaje musical europeo. La
voluntad de producir una obra enraizada en el folklore es manifiesta, pero los
resultados aún están a medio camino. A esta fase, que López Chirico identifica
como de NACIONALISMO SUBJETIVO, pertenecen compositores como Manuel Ponce,
(1882-1942) en México, considerado como auténtico pionero del movimiento
nacionalista de la región: Alexander Levy (1864-1948) y Alberto Nepomuceno
(1864-1920) en Brasil, Alberto Williams (1862-1952) en Argentina, Humberto
Allende (1885-1959) en Chile. Cabe destacar el hecho de que todos ellos
realizaron estudios en Europa, especialmente en París y Milano (William fue
discípulo de César Franck por ejemplo).
Con Heitor Villa Lobos podríamos decir que este proceso
alcanza su estadio de madurez. Villa Lobos quien fuera un competente cellista,
fue (al igual que Moussorgsky) un compositor de formación autodidacta. Entre
1905 y 1910 se dedicó a viajar a lo largo de todo el Brasil recopilando música
popular de diferentes signos. Para esta época él mismo admite las influencias de
Wagner y Puccini, pero el proceso de asimilación de la música de su país ya ha
comenzado. En 1918 conoce en Brasil a Darius Milhaud y Arthur Rubinstein quienes
le estimulan para ir a vivir a París donde reside por el lapso de seis años. De
regreso a Brasil se convierte, indiscutiblemente en el músico más influyente de
su país, y uno de los más importantes de la región. De la producción de Villa
lobos(cerca de unas doscientas obras) es interesante destacar sus Bachianas
Brasileiras (1930-1945), en las cuales realizó un trabajo análogo a el de
Bartók, sintetizando el maravilloso contrapunto de Bach con materiales
provenientes del folklore brasileño. La identificación de villa Lobos con su
folklore fue tal que alguna vez llegó a decir; "El folklore soy yo".
En esta fase de madurez, que podríamos calificar como de
Nacionalismo Objetivo, encontramos una conciencia cabal de la naturaleza del
material folklórico empleado: conocimiento del sistema de escalas de donde se
derivan las alturas, conocimiento del tipo específico de poliritmia y polimetría
de la música folklórica, y muy especialmente, conocimiento de las posibilidades
estructurales que se derivan de este tipo de música. En México, el nacionalismo
encuentra su más alta expresión en las obras de Carlos Chávez y Silvestre
Revueltas. Este último, el más interesante a mi juicio, asume, una postura
nacionalista pero impregnada de una estética personal que conlleva una obra
altamente estructurada y novedosa. A diferencia de Chávez, Revueltas busca las
influencias del México cotidiano, del México que se expresa "en el tumulto de
los mercados"," en los colores vivos y chillones", en fin en las gentes de aquel
México de los años 30. Entre 1937-1938 Revueltas escribe el poema sinfónico
Sensemaya, su obra quizá más importante. En ella utiliza el poema del mismo
nombre del cubano Nicolás Guillén (que lleva como subtítulo"Canto para matar una
culebra") construído alrededor de un estribillo con funciones meramente
fonéticas: "Mayombe-Bombe-Mayombé’, de donde Revueltas deriva la concepción
rítmica de la obra, logrando una impresionante riqueza de planos y colores
instrumentales.
Es conveniente advertir que este proceso del Nacionalismo
Latinoamericano no ha sido, en modo alguno, un proceso sincrónico para todos los
países. Por otro lado, la heterogeneidad de las culturas latinoamericanas ha
producido la coexistencia de estos nacionalismos con otras estéticas, de modo
que no es posible una delimitación geográfica y temporal precisa del proceso en
cuestión.
En Argentina, este movimiento está representado cabalmente en
las figuras de Juan José Castro y Alberto Ginastera. Ginastera estudió piano y
composición en el Conservatorio nacional de Música de Buenos Aires. En 1942
obtuvo una becaGuggenheim que le permitió estudiar en Tanglewood con Aaron
Copland. De regreso a Argentina fundó, a principio de los 60, el ‘Centro de
altos Estudios Musicales’ del Instituto Torcuato di Tella, el cual tuvo una
importancia capital para la siguiente generación de compositores. En Ginastera
(quien fuera un activo maestro de composición), al igual que en Castro, es
posible detectar el tránsito inequívoco desde posturas nacionalistas hacia
posiciones más cercanas a la llamada Música Contemporánea (especialmente la que
se desprende de los principios musicales de la segunda Escuela de Viena).
Ciertamente hay una distancia de lenguage entre los Doce Preludios Americanos de
1944 y Cantata Para Una América Mágica de 1960, ambas de Ginastera. Esta
distancia, no hace más que confrontarnos con el hecho de que el Nacionalismo
Musical en América Latina había llegado a su ocaso, apenas cuando hubo logrado
su estadio de máximo esplendor. La razón es clara; las tesis nacionalistas
llegaron a la región cuando se operaba una de las más radicales revoluciones en
el lenguage musical occidental: la suspensión del concepto de tonalidad, y la
ampliación del universo sonoro considerado apto de ser empleado como material
compositivo. Ya John Cage había experimentado con el "piano preparado" en Amores
de 1943, y había utilizado el I Ching como herramienta de manipulación del azar
en Music of Changes para piano de 1951. Y esto s’olo a manera de ejemplo.
Otros compositores nacionalistas de los muchos que podemos
nombrar son: Amadeo Roldán, cubano(1900-1939),Juan Orrego-Salas, chileno (1919)
quien tuvo un proceso análogo al de Ginastera, Eduardo Fabini,
uruguayo(1882-1950), Antonio Estévez, venezolano(1916-1988), Andrés Sas, peruano
(1900-1967), Guillermo Uribe Holguín, colombiano (1880-1971). Queda por revisar
la producción musical desde los años 60 hasta nuestros días, y muy especialmente
lo que López Chirico denomina como Postnacionalismo Autoafirmativo, y la
expresión de este en las nuevas generaciones de compositores latinoamericanos.
Queda por revisar la fantástica experiencia que significó el
Instituto Di Tella de Buenos Aires para la creación musical de la región. Aún la
problemática de la identidad de la música culta latinoamericana parece estar
vigente; afortunadamente, aún hay mucha música por escribir.
4. La formación del pensamiento musical
nacionalista en galicia hasta 1936
La aproximación a las relaciones entre música y sociedad
constituye a día de hoy un campo todavía reducido dentro de los estudios
generales de la musicología académica en España, siendo en Galicia un género
practicamente inexistente. La investigación desarrollada en esta tesis, pretende
poner de relieve algunas de las dimensiones socialmente más potentes y también
más fértiles de esta relación, como son las que se establecen entre la génesis y
desarrollo de una identidad nacional gallega desde los orígenes del galleguismo
a mediados del siglo pasado hasta la Guerra Civil por una parte, y por otra, el
desarrollo de un concepto de "música gallega" generosamente alimentado en las
tradiciones histórica y oral, y cultivado en los textos estéticos y
musicológicos de los autores de aquel período vinculados al galleguismo en mayor
o menor medida. Este trabajo presenta en primer lugar una reflexión teórica
sobre la dimensión política y cultural del concepto de nacionalismo y, más
concretamente, del nacionalismo musical en el contexto ibérico de aquel período,
y seguidamente, un recorrido crítico a través de los textos gallegos de la
época, en los que van fraguando los símbolos en los que se apoya una versión
etnicista para la música gallega: desde las pioneras caracterizaciones de Manuel
Murguía, hasta las formulaciones del nacionalismo maduro de los años 20 y 30 de
nuestro siglo, pasando por las aportaciones decisivas de los autores
eclesiásticos ideológicamente vinculados al galleguismo tradicionalista. El
estudio incluye una aproximación a algunas de las dimensiones prácticas en que
se proyecta esta relación entre música e ideología, como es el caso del
coralismo popular gallego de aquel período.
El nacionalismo musical vasco.
Este es un tema que está por ser estudiado y que yo en estas
líneas no trato de hacerlo exhaustivamente. Me conformaré con diseñar un
trazado, que sirva para comprender mejor el planteamiento de éste trabajo.Es
habitual considerar que los orígenes del nacionalismo musical tienen su origen a
mediados del siglo XIX, como una consecuencia del Romanticismo. Dos formas de su
manifestación han sido: a) la inclusión de melodías populares por los
compositores en sus partituras; b) el estilo musical adoptado por los
compositores, derivándolo del folklore de sus respectivos países.
En Euskalherria, compositores importantes de la segunda mitad
del siglo XIX, como Hilarón Eslava, Emilio Arrieta, Joaquín Gaztambide, Vicente
Goicoechea, etc. ignoran por completo el nacionalismo musical vasco.
Gipuzkoako dentzak de Juan Ignazio de Iztueta, editado en
1927, influyó poco en los compositores del siglo XIX: Menos todavía el
Cancionero de Jean D. Jules Sallaberry, editado en 1870 en Iparralde. En este
lado de la frontera tuvo una difusión muy tardía. Por otro lado es conocido el
hecho de que nuestros compositores no emplearon el euskera en música civil hasta
bien entrada la segunda mitad del siglo XIX.
Entrando ya en la etapa del nacionalismo musical vasco, es un
fenómeno llamativo la acepción de la medida de cinco por ocho, el popular
zortziko, como símbolo supremo de la idiosincrasia vasca. Ya en "Gipuzkoako
Dantzak" se encuentran varios zortzikos, no muchos. Tal vez la popularidad del
bardo, José Mª Iparraguirre, influyó con sus zortzikos en la aceptación masiva
de esta forma de canción. Compositores destacados, como Juan Mª Guelbenzu,
Felipe Gorriti y Valentín Zubiaurre, cuando querían escribir música
nacionalista, recurrían al zortziko. Además en este tiempo surgió una pléyade de
compositores como Avelino de Aguirre, Juan Mª Blas de Altuna, Silvestre Arrate,
Modesto Letamendía, los Santesteban, Raimundo Sarriegui etc. etc., que nos
anegaron de zortzikos, en su mayor parte partituras muy banales.
José Mª Echeverría y Juan Guimón iniciaron en 1893 la
publicación de "Ecos de Vasconia", importante ensayo de promoción del lied
vasco, pero también aquí predominan los zortzikos. Joaquín Larregla, Pablo
Sarasate y otros compositores navarros incluyeron en sus partituras jotas de la
tierra. Con el nacimiento del movimiento orfeónico vasco compositores como los
Santesteban, Gorriti, Sarriegui, Cleto Zabala, Valentín Arín, Pedro Fernández de
Retana, Eduardo Mocoroa, etc. ampliaron el criterio nacionalista, escribiendo
armonizaciones orfeónicas sobre melodías que no eran zortzikos.
Pero hasta aquí en el nacionalismo musical vasco era palmaria
la ausencia de sinfonismo.
Por eso, cuando en 1901 creció con fuerza la conciencia
social nacionalista, también los altos niveles musicales entraron en juego.
Círculos importantes de Bilbao y San Sebastián planificaron el futuro musical
del país, partiendo de la esperanza puesta en jóvenes compositores.
Muy popular era en San Sebastián el nombre de José Mª
Usandizaga, que en 1901 fue a París a ampliar su formación musical. Otro tanto
ocurrió con Jesús Guridi en Bilbao. Éste se desplazó a París con el mismo motivo
en 1903. Ambos constituían la mayor esperanza del movimiento musical vasco.
A su regreso de París, José Mª Usandizaga compuso la fantasía
sinfónica "Irurak bat", la obertura para banda "Bidasoa", pero sobre todo la
pastoral lírica "Mendi mendian". Junto a estas importantes obras escribió
"Cuarteto sobre temas vascos", "Euskal Herria maiteari" para orfeón y un buen
número de partituras para piano sobre temática vasca, todo ello antes de 1910.
Por su parte, Jesús Guridi, al regresar de sus estudios en
París y Bruselas, presentó sus nuevas obras entre sus admiradores de Bilbao.
Ambos compositores llenaron de satisfacción a quienes habían puesto esperanza en
ellos.
En la época en la que se estrenaron respectivamente "La dama
del Amboto", y "Chanton Piperri" de Buenaventura Zapirain; "Maitena" de Colín;
"Oetzuri" y "Urlo" de Resurrección Mª de Azkue; "Lide ta Ixidor" de Inchausti,
con acepción muy desigual.
Cuando en 1911 se estrenaron "Mendi Mendian" de Usandizaga y
"Mirentxu" de Guridi, el entusiasmo musical nacionalista creció sobremanera al
comprobar la calidad de la música. Guridi se comprometió a la composición de la
gran ópera "Amaya", que le llevaría 10 años de trabajo. Tras estos entusiastas
acontecimientos, en 1916 falleció José Mª Usandizaga, causando consternación y
dejando una gran sensación de vacío.
Pero el nacionalismo musical vasco había iniciado con pie
firme una nueva etapa de su historia.

Lecároz, un foco importante de nacionalismo musical.
Lecároz, lugar del valle del Baztán (Navarra), había sido
célebre en la primera guerra carlista por haber ordenado Espoz y Mina quintar su
población y quemar sus casas. Reconstruido el pueblo, se convirtió en un lugar
de idílica tranquilidad y de nombre ignorado, fuera del valle del Baztán.
En 1888 se fundó en sus inmediaciones el Colegio de Nuestra
Señora del Buen Consejo, regido por los capuchinos. A partir de aquí el nombre
de Lecároz recobró protagonismo. Pero claro está, hablar de Lecároz era hablar
del Colegio. Esta entidad docente, en su origen recibió una jurisdicción
canónica enmarcada en una limitación geográfica fantasma, denominada Distritus
Nullius Matritense, dependiente directamente del Rdmo.P. Ministro General de la
Orden Capuchina, residente en Roma Este distrito abarcaba el Convento de Jesús
de Medinaceli (Madrid) y el Colegio de Lecároz como centro de los futuros
apóstoles capuchinos de España.
A finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX se produjo
en el Colegio un fuerte movimiento de reivindicación autóctona. Los religiosos
nativos, apoyados por la creciente conciencia vasca civil que se nutría de las
teorías de Sabino Arana Goiri, exigieron la constitución de una nueva
demarcación jurídica, de acuerdo con los límites geográficos naturales y con las
características étnicas y culturales del país. La fuerza de estas exigencias y
sus correspondientes contrapartidas dieron al Colegio de Lecároz un protagonismo
insospechado. A partir de ahora su nombre correría de boca en boca de
eclesiásticos, civiles y aún militares.
En otro orden de cosas, el Colegio de Lecároz era un caso
excepcional de actividad musical, especialmente religiosa, con su orquesta
propia constituida por profesores y alumnos. Interpretaban un amplísimo
repertorio de compositores, como Eslava, García, Zubuaurre, Hernández, Dubois,
Gounod, Gorriti, Mercadante, Mocoroa, Trueba, Zabala, etc.
Si desde 1898 hasta 1902 se experimentó una línea de
depuración estética, gracias a la tarea de fray Israel de Tudela (Ismael
Echezarra Quian) con la aparición del P. Donostia, ordenado sacerdote en 1908,
la evolución del gusto musical fue inmediata, puesto que, apoyándose en el Motu
Propio de San Pío X, publicado en 1903, puso en práctica una serie de medidas,
que cambiaron radicalmente el estilo de la actividad musical de la casa.
Pero él, que luchaba por la dignificación de la música
religiosa, desde 1901, año en que escuchó a Resurrección Mª de Azkue una
conferencia sobre música popular vasca, sintió una llamada especial para
dedicarse al estudio y recopilación del folklore del país. Esto unido a las
aspiraciones patrióticas predominantes en esta primera década del siglo XX,
despertó en él una profunda responsabilidad, que le puso en movimiento de
inmediato. Se dedicó a recoger canciones de pueblo en pueblo y de caserío en
caserío. Inició en 1911 su labor de armonización de melodías populares, siendo
la primera "Ikazkina mendian". En 1912 inició su serie de "Preludios Vascos"
para piano, que tanta fama le dieron. En 1913 armonizó un buen número de
melodías populares vascas para orfeón, que se extendieron rápidamente. Pero ya
antes, en 1912, había compuesto y dedicado al Orfeón Nacionalista Vasco de San
Sebastián la obra "Ara eguzkia!", cuya base era una canción baztanesa y el texto
un poema escrito por el capuchino P. Ramón de Rentería (Ramón Astibia Echegoyen)
con versos como estos:
|
Hara Eguzkia, badator
argia,
Argi berri, argi zaharra.
Jeiki, jeiki, gaztedia!
Hara mendiak sutan sutuak,
sutan Euskaldun herria,
ilunpetatik igo delako
gure aiten eguzkia.
Iaup! Denak igo, azkar malda gora!
Aupa! Iaup! Goazen mutillak,
Suaren ondora! Euskalherria
Hor sutan ari da erretzen. |
¡El sol! ¡Ya llega la luz!
¡Luz nueva, luz vieja!
¡Arriba! ¡Arriba jóvenes!
Allí las montañas, envueltas en llamas,
En fuego Euskalherria,
porque de las tinieblas
Ha surgido el sol de los mayores.
¡Aupa! ¡Yaup! ¡Ea. Muchachos,
hacia la hoguera!
¡Allí se abrasa Euskalherria! |
Toda esta actividad musical trascendió a los movimientos
culturales vascos, lo que se tradujo en un gran aprecio del P. Donostia. En 1918
loas juventudes del Partido Nacionalista Vasco organizaron un homenaje al músico
capuchino, poponiéndole como el mejor teorizante musical del patrimonio vasco.
De esta manera nació en él una conciencia de verdadero apóstol de la música
vasca, asumiendo la responsabilidad de despertar espíritus adormecidos. En 1915
el P. Donostia pasó aviso a Norberto Almándoz, el compositor de Astigarraga,
destacadísimo en música sagrada, pidiéndole que cultivase también la música
vasca. Es el prototipo de lo que hizo con otros compositores vascos, a quienes
ofrecía melodías populares recogidas por él mismo. No hay que olvidar que el
cancionero de Azkue se editó en 1921 y el del P. Donostia en 1922: Por eso, en
la década de 1910 él ofrecía constantemente a los compositores las melodías por
él recogidas.
Pero en la exposición de sus teorías, el P. Donostia huía de
motivaciones sentimentales baratas, para recurrir al ejemplo de los movimientos
musicales más en boga, sobre todo los modernos maestros franceses. Sus
frecuentes viajes a París desde 1920 le sirvieron para razonar seriamente sus
planteamientos sobre la evolución de la música vasca. Su asistencia a los
conciertos en la capital de Francia iba siempre acompañada de correspondientes
análisis y anotaciones. En ocasiones diversas asistió junto con Juan Tellería,
Miguel Echeveste, Emiliana Zubeldía, Norberto Almándoz, más frecuentemente con
este último. Los comentarios subsiguientes giraban en torno a comp0araciones y
posibilidades de la música vasca. Ya en Lecároz, el P. Donostia fue recibiendo
las visitas de muchos compositores vascos, que le mostraban sus obras y las
sometían a su opinión. Así Luis Urteaga, Víctor Zubizarreta, Juan Tellería,
Joaquín Larregla, José Izurrategui, José Uruñuela, José Olaizola, Santiago
Bengoechea, etc.
En punto de vistas de personalidades musicales, la más
importante fue la de Maurice Ravel, que tuvo lugar el 23 de agosto de 1927. Se
congregaron además de los dos compositores Xabier Zubiri, Asín y Palacios, Imaz,
Losemboure, Marqués de Caviedes, Conde de Casa Miranda y Urcola. Ravel
interpretó al piano su "Sonatita" y el P. Donostia "Herrimina" y "Gure Herria".
Fecha y encuentro memorables.
Las visitas a Lecároz se fueron prolongando además por parte
de intérpretes famosos y representantes de entidades culturales vascas como
Euskaltzaindia, Eusko Ikaskuntza, Eusko Ikasbatza (Madrid), etc.
El P. Donostia fue en Lecároz el primero en recopilar música
de compositores vascos del pasado: maestros de capilla de Calahorra,
Roncesvalles, Pamplona, Tudela, etc. con atención especial a Juan de Anchieta,
los clavecinistas vascos, Juan Crisóstomo de Arriaga, etc. además de otros
compositores de su tiempo.
En Lecároz se concentró una correspondencia selecta de
musicólogos del mundo entero. Desde Lecároz salía el P. Donostia a pronunciar
sus múltiples conferencias de musicología vasca, elaborada en la soledad de su
celda conventual. De Lecároz salió el asesoramiento para la ilustración musical
de películas vascas como "Euzkadi" (1933). En verdad sería difícil encontrar un
cenáculo más sagrado que Lecároz para la reunión de maestro y discípulos,
promotores del renacimiento de la cultura musical vasca.
Pero este clímax, que fue en permanente ascensión, sufrió el
hachazo más cruel y destructivo al estallar la guerra civil española, el 18 de
julio de 1936. Los superiores capuchinos destinaron a lugares diferentes a más
de 20 religiosos del Colegio de Lecároz, los más significativos como patriotas
vascos, en un clima de verdadero destierro. Entre ellos el P. Donostia a
Francia.
Con esta medida aquel cenáculo musical de Lecároz quedó
envuelto en un silencio sepulcral en los años que siguieron a 1936.
En la década de los años 1940, serenados los ánimos, se produjo el regreso de
algunos de aquellos religiosos, entre ellos el P. Donostia, que se instaló en
Barcelona. En 1952, el P. Jorge de Riezu, cordial e intimo amigo del P. Donostia
regresó de Argentina y se instaló de nuevo en Lecároz. El fue quien a raíz del
fallecimiento del P. Donostia en 1956 inició la creación del Archivo del P.
Donostia, que automáticamente se convirtió en la imagen rediviva de lo que había
sido la historia pasada de Lecároz, y en pocos años en importante centro de
recopilación de música y documentación musical vasca. Con la edición completa de
las obras del P. Donostia, el servicio a la cultura fue inmenso. Fallecido el P.
Jorge de Riezu en 1992, el nombre de Lecároz pasó a segundo término, y el
Archivo del P. Donostia, hiperbólicamente hablando, se convirtió en un tesoro
depositado en la cármara subterránea de una pirámide en ruinas.
Una Mirada Al Nacionalismo Musical Mexicano

Textos de orígenes y propósitos diversos, escritos con la
finalidad de dar a conocer una de las corrientes estéticas más importantes para
el arte sonoro de nuestro país: el nacionalismo, se reúnen en el libro En la más
honda música de selva, publicado dentro de la colección Lecturas Mexicanas.
Cuarta Serie, de la Dirección General de Publicaciones de Conaculta.
La obra, comentada el pasado jueves por Enrique Diemecke,
Maya Ramos y Héctor Anaya, en la Casa del Poeta, analiza los rasgos
característicos del trabajo musical de compositores como Carlos Chávez,
Silvestre Revueltas, Candelario Huízar, Luis Sandi, Miguel Bernal Jiménez y José
Rolón.
En En la más honda música de selva, se da cuenta de la música
nacionalista que cobró auge en 1928 con el surgimiento de la Orquesta Sinfónica
Nacional y concluyó, tres décadas más tarde, con la muerte de José Pablo
Moncayo.
Una tendencia que no sólo se dio en el ámbito musical, sino
en el pictórico y literario. Los músicos fueron a la zaga de los escritores. A
mediados de la primera década del siglo, Mariano Azuela publica Los de abajo; y
Martín Luis Guzmán El águila y la serpiente.
Originalmente el libro fue concebido como material
ilustrativo de una serie de discos diseñada por René Solís, quien se preocupó
por la difusión de la música mexicana de concierto. La presente edición fue
revisada, corregida y actualizada de acuerdo con lo acontecido hasta este
momento y complementada con informaciones que antes eran inabordables.
Desde todas sus vertientes
José Antonio Alcaraz (México, 1938) se aproxima a la música
desde todas sus vertientes. Director de la Ópera de Cámara del Instituto
Nacional de Bellas Artes, fundador de la compañía Micrópera de México y de las
piezas Ludio y El retorno maléfico, ha obtenido importantes reconocimientos
entre los que destaca el de la Universidad del Teatro de las Naciones, en 1962 y
dirigido el estreno de numerosas óperas.
Colaborador en diferentes medios periodísticos, es autor de
Hablar de música, Con el eco de voz y Suave teatro.
La Escuela Húngara
Los acontecimientos políticos desarrollados en Hungría, desde
la dominación turca hasta la austríaca incorporaron a la expresión musical de
este pueblo el espíritu oriental y la tecnica occidental, ejerciendo gran
influencia en la produccion de sus autores
Quizás el que más haya descollado de ellos haya sido Franz
Listz, que representaba un espíritu innovador a través de sus obras.
Listz comenzó a estudiar piano con su padre. En Viena recibió
clases del pianista austriaco Carl Czerny y del compositor italiano Antonio
Salieri. En 1823 marchó a París con sus padres, ciudad donde pronto se dio a
conocer como pianista. Mientras tanto, tomó lecciones de composicion de
Ferdinando Paër, compositor de óperas italiano, y de Anton Reicha, compositor y
teorico checo-francés, también maestro de Berlioz y de César Franck.
Su trayectoria se remonta a su estancia en París durante doce
años le permitio conocer a numerosas personalidades de la cultura, desde
compositores como Hector Berlioz y Frédéric Chopin a novelistas y poetas como
Victor Hugo, Alphonse de Lamartine, el alemán Heinrich Heine y el panfletista
liberal Félicité Lamennais. Su amistad con Lamartine y Lamennais influyo de
forma decisiva en su carrera, así como los conciertos que ofrecía el virtuoso
violinista Niccolò Paganini en París a principios de 1831, que despertaron en
Liszt el deseo de conseguir con el piano una técnica similar a la que había
conseguido Paganini con el violín. En 1833 conoció a la condesa francesa Marie
d'Agoult, escritora bajo el seudónimo de Daniel Stern, con quien estableció una
relación que duró hasta 1844. Su hija Cósima se casó con el pianista y director
alemán Hans von Bülow, y más tarde con Richard Wagner. Entre 1839 y 1847 realizó
giras por Europa, desde Lisboa hasta Moscú y desde Dublín hasta Estambul, y
consiguió una fama sin precedentes. En 1847 abandonó su carrera como virtuoso, y
sólo en contadas ocasiones volvió a tocar en público. Ese mismo año conocio a la
princesa rusa Caroline Sayn-Wittgenstein, que permaneció a su lado para el resto
de sus dias. Desde 1848 a 1861 fue director musical en la corte ducal de Weimar,
donde interpretó obras compuestas por Berlioz, Wagner y otros compositores, así
como las suyas propias.
5. La Escuela Escandinava
Formaron parte de ella Dinamarca, Noruega y Suecia, todas
ellas con su correspondiente personalidad política, y Finlandia, que permaneció
vinculada al Imperio ruso durante largo tiempo. Dichos países poseen un arte
folklórico propio y dos de sus compositores gozaron de una reputación
internacional: ellos fueron el noruego Grieg y el finlandés Sibelius. El
primero, nacido en 1843 y muerto en 1907, inicio sus estudios en Leipzig, siendo
muy aplaudido como pianista, sus obras contienen una poesía y colorido netamente
popular.
Su Concierto en la menor para piano y orquesta, la Suite
Holberg, sus dos suites sobre Peer Green de Ibsen, y varias piezas líricas y
danzas noruegas, constituyen sus creaciones mas conocidas.
El finlandés Jean Sibelius (1865-1957), es el insigne creador
finlandes, que cambio sus estudios jurídicos por los musicales. Entre sus obras
mas conocidas se encuentran su celebre Vals triste y el poema sinfónico El cisne
de Tuonela.
Seria injusto omitir entre los compositores escandinavos
otros que, si bien sus obras no tuvieron la trascendencia de las de Grieg y
Sibelius , han contribuido a formar una verdadera escuela nacional.
Entre ellos se encuentran Niel Wilherm Gade (1817-1890), Emil
Hartmann (1863-1898), Peter A. Heise (1830-1879) y Carl August Nielsen
(1865-1931), todos ellos dinamarqueses.
De noruega pueden citarse varios nombres musicales como Bull,
Svendsen, y Sinding, aparte del ya nombrado Grieg.
Y en Suecia tienen rasgos señalados Gustaf Duben y Johann
H.Romann, denominado este ultimo padre de la musica sueca
6. La Escuela Checa
Cuando hablamos de Polonia nos la representamos musicalmente
a través de la forma de mazurka y a su creador Chopin, en cambio cuando nos
referimos a Checoslovaquia el tipo coreografico polca y una dinastía de
compositores que comienza con Smétana y siendo Dvorak otros de sus mas caros
cultores.
Con Smétana nace en Checoslovaquia la ópera´el poema
sinfónico y la música de cámara.
Dvorakllega con la música checa hasta los EE.UU y su conocida
Sinfonía del Nuevo Mundo se constituye en un acontecimiento musical sin
precedentes.
7. La Escuela Rusa
Si bien la literatura rusa ha contado con Puschkin, Gogol,
Turgenieff, y Dostoievsky, entre otros autores de significación, la música
ofrece nombres igualmente ilustres como Glinka, que ocupa el primer lugar en la
exprecion nacionalista, y le siguen Dargomyski, los Cinco (Borodin ,
Cui,Balakireff, Mussorsky, y Rimsky Korsakoff) y Tschaikowsky entre los
compositores principales de esta nacionalidad. En efecto le cabe a Michail
Ivanovich Glinca, el crear un verdadero arte autóctono que compositores
anteriores no consiguieron hacerlo. Alejado de rusia permanese primero en París
y se dirige luego a España donde se inspira en la composición de dos fantasias
españolas que da a conocer con los títulos La jota y Noche en Madrid. Los
celebres Cinco rusos constituyeron para la música nacionalista una fuente de
producción e inspiración inigualables.
Borodin y Cui iniciaron ese grupo al cual se adhirieron
posteriormente Balakaireff, Mussorgsky y Rimsky-korsakoff.
Borodin creó obras de la envergadura de la opera El príncipe
Igor que no pudo concluir y que Rimsky-Korsakoff y Glasunoff se encargaron de
terminar
Cui, en cambio era ingeniro militar y compuso musica
principalmente vocal, produciendo mas de doscientos lieder.
Rimsky-korsakoff fue el mas joven de los Cinco, tambien
siguio la carrera militar llegando a ser oficial de la Marina de Guerra. La
influencia de Berlioz y Listz en el es notoria en sus obras Scheherezada y
Capricho Español, pero su obra de neto estilo folklórico ruso lo constituye El
gallo de oro. Su tarea de reinstrumentador de operas ajenas ha sido bastante
extensa y en particular, le deben un lugar importante sus colegas Borodin y
Mussorgsky.
8. La Escuela Polaca
No suele mencionarse comunmente a Polonia como de los piases
cultores de un nacionalismo musical.
Sin embargo, se olvida que toda la obra y vida de Federico
Chopin estuvo referida a su pais, creando una musica que, aún en nuestros dias,
representa a esta nación tan castigada en el ámbito político.
Ha sido tan extensa la lucha en ese terreno que compositores
de este siglo como Ignacio Paderevsky se vieron comprometidos a asumir
responsabilidades de gobierno al par que contribuyeron con su arte para acudir
en defensa de su pueblo.
Federico Chopin
Su vida puede sintetizarse en su amor a la patria, el dolor
de haberla perdido y en su amor a la mujer adorada y el dolor de su separación.
Comenzó a estudiar piano a los cuatro años; a los ocho
ofrecía un concierto privado en Varsovia. Mas tarde estudió armonía y
contrapunto en el conservatorio de dicha ciudad. También fue precoz como
compositor; su primera obra publicada data de 1817. Dio sus primeros conciertos
como virtuoso el año 1829, en Viena, donde vivió durante los dos años
siguientes. Excepto durante breves ausencias, a partir de 1831 vivió en París,
donde se convirtió en un prestigioso profesor, pianista y compositor. En 1837
inicio una relación intima con la escritora francesa George Sand. En 1838
enfermó de tuberculosis y se trasladó a Mallorca, en las islas Baleares. Allí,
en la cartuja de Valldemosa, Sand lo atendio en su enfermedad hasta que las
continuas disputas entre los dos condujeron a su ruptura el año 1847. A partir
de entonces su actividad concertística se limitó a varios recitales en Francia,
Escocia y Gran Bretaña. Murió en París el 17 de octubre de 1849, víctima de la
tuberculosis. Prácticamente todas las composiciones de Chopin son para piano.
Aunque expatriado, siempre fue leal a Polonia, un país desgarrado por las
guerras; sus mazurcas reflejan los ritmos y melodías del folclore polaco y las
polonesas están marcadas por el espiritu heroico de su patria. La influencia que
sobre él ejerció el compositor de ópera italiano Vincenzo Bellini también se
puede apreciar en sus melodías. Las baladas, scherzos y estudios (cada uno de
ellos centrado en un problema técnico específico) son muestra de su amplísima
obra para piano solo. Su música, romántica y lírica, se caracteriza por las
dulces y originales melodías, las refinadas armonías, los ritmos delicados y la
belleza poética. Influyó notablemente sobre otros compositores, como el pianista
y compositor Franz Liszt y el compositor francés Claude Debussy. Sus obras
publicadas incluyen 55 mazurcas, 27 estudios, 24 preludios, 19 nocturnos, 13
polonesas y 3 sonatas para piano. Entre sus otras obras destacan los Conciertos
de juventud, en mi menor y fa menor opus 11 y opus 21, respectivamente (ambos
para piano y orquesta; en los dos se aprecia la influencia, tanto en su forma
como en la melodía, de los conciertos para piano de Johann Nepomuk Hummel), así
como una sonata para violonchelo y piano y 17 canciones.
9. Nacionalismo Español
El nacionalismo español se desarrolló algo más tarde que en
otros países. Los principales representantes fueron Isaac Albéniz, Felipe
Pedrell, Enrique Granados y, ya en el siglo XX, Manuel de Falla quien convirtió
la música española en un fenómeno universal.
En la obra de Albéniz destacan las composiciones basadas en
la música popular de cada una de las regiones de su país; así encontramos la
Suite española o la suite orquestal Catalonia (1899). Pedrell (1841-1922)
desarrolló una importante labor de investigación sobre la música española, que
dio como resultado el Cancionero popular español (cuatro volúmenes, 1919).
Granados destacó como compositor de música para piano; su obra maestra es la
suite Goyescas (dos volúmenes, 1912 y 1914) inspirada en los grabados del pintor
español Francisco de Goya. Por último, Manuel de Falla se encuentra a medio
camino entre el nacionalismo decimonónico y las nuevas tendencias que comenzaron
a desarrollarse en el siglo XX. Entre su variada producción destacan obras tan
populares como Noches en los jardines de España (1909-1915), cuyo primer
movimiento está inspirado en los jardines del Generalife en la Alhambra de
Granada, y El amor brujo (1915) con su célebre "Danza del fuego".
Fuente citada: La formación del pensamiento musical nacionalista en galicia
hasta 1936,
Luis Costa Vázquez (PhD Dissertation), Univ. de Santiago de compostela, CD ROM
Humanidades, 1999.
Trabajo enviado por:
Lucas E. Papazian
lucasp77@hotmail.com
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Publicación enviada por Lucas E. Papazian
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Publicado Saturday 8 de November de 2003
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