Monografias | Descripción de la obra "El bautismo de Cristo" de Piero della FrancescaDescripción de la obra "El bautismo de Cristo" de Piero della FrancescaResumen: Análisis Sistema – Forma. Análisis iconográfico. Acto de interpretación. Bagaje para la interpretación. Principio controlador de la interpretación.(V) Análisis Sistema – Forma: La obra es planimétrica, en ella podemos hallar los ejes
principales, el vertical, que pasa por la parte central y está determinada por
la posición del personaje sobre el que se centra toda la atención, el eje
horizontal determinado por la posición de las cabezas. Además se nota un par de líneas más que se cortan formando
un eje menor, que a la vista ejerce cierta tensión, una horizontal marcada por
la posición de la paloma y que junto con las nubes del fondo da la sensación
de continuidad, y otra línea vertical que marca la posición del árbol y
resalta la verticalidad de la escena. Los personajes están todos estructurados por líneas
verticales, a excepción de uno, cuya postura se define por una línea curva. A partir del trazo de estas líneas se puede hallar cuatro áreas
delimitadas por triángulos isósceles, dos invertidos y los otros dos no. Como
se puede observar en la lámina de áreas, al área 1 determina la posición y
la postura de los 3 personajes alados, el área dos encierra la escena principal
y abarca a casi todos los personajes. El área 3 encierra en un área más pequeña,
el rostro, gesto y acto de bautismo, los lados iguales están determinados por
la posición de los brazos de Cristo y mientras la base lo está por los codos.
El área 4 nos da una vista más general pero solo del personaje principal,
dejando de lado a los demás personajes. En lenguaje de líneas, los triángulos representan
permanencia, seguridad, eternidad; en este caso si puede dar la sensación de
eternidad como es el acto de bautizarse, que implica un lazo eterno con Dios. En
el caso de los triángulos invertidos, estos implican amenaza, tensión o
peligro; pero en este caso, estas figuras resaltan, para mí, la presencia de la
Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Es decir, la obra está estructurada
de forma trinitaria, para resaltar justamente eso, al Dios como Hijo, al Dios
como Padre y al Dios como Espíritu Santo. Los triángulos 2 y 4, al cortarse forman una quinta área de
forma romboidal que encierra únicamente al personaje principal, y en este caso,
esto hace que haya una actitud de separación figura principal – fondo y demás
personajes. En la obra se observa además, la presencia de líneas
expresivas, es decir, líneas que no definen la estructura de la obra, sino que
son las que nos permiten ver e interpretar las formas de cierta manera. Predomina el empleo de líneas curvas en su mayoría, que más
que ritmo, porque la obra es casi completamente estática; le da suavidad y
encanto a la escena, también encontramos líneas ondulantes, quebradas y
rectas. Se encuentra también una destacable alusión a la
perspectiva, ya que las propias figuras, configuran el espacio donde se
asientan. Gracias al empleo de la luz, se obtiene un marcado acento
volumétrico, y resalta el aspecto escultórico y anatómico de los personajes,
especialmente del principal (Jesucristo). También se observa algunos toques de
sombra para crear la sensación de textura (pliegues) Las tonalidades no son muy vivas, la clave utilizada es alta,
el autor ha bañado, literalmente, a las figuras, de una luz blanca y
uniformemente distribuida, con lo que hago referencia que la luz es general. Los colores empleados son secundarios en su mayoría, verdes,
anaranjados, violetas, primarios como el rojo y el azul, todos en distintas
tonalidades, unas veces medias, pero predominan las altas, por lo que se puede
hacer diferencias entre figura / fondo. Los grados o tonos interactúan
mutuamente, algunos también se complementan. También emplea tintas medios. Hay
armonías cálidas y frías. El fondo de color más oscuro resalta aun más la tonalidad
alta de los personajes. Hay cerramiento, pues las diversas escenas y aun más la
principal, se pueden encerrar en una figura geométrica, de tal manera que las
figuras representadas, quedan independizadas del fondo, como se puede apreciar
en la lámina de áreas. También hay continuidad, como mencioné anteriormente,
representada, por la paloma y la línea imaginaria que se traza a partir de
ella. Tensión, en realidad a simple vista podría decir que no
hay, pero de acuerdo con la definición de tensión, la tensión puede
establecerse de dos maneras en esta obra. Una, que unifica los elementos
Jesucristo – Paloma, y otra que unifica a Jesucristo – Sn. Juan. Pero, el punto de contacto entre estos tres elementos está
definido por el envase que lleva en la mano San Juan Bautista, pues es el acto
del derramamiento de agua sobre la cabeza lo que caracteriza al Bautismo. La zona de mayor énfasis la he determinado por la
importancia de los personajes y el significado que le dan a la obra, y resultó
un área de forma rectangular que encierra a la paloma o Espíritu Santo y a
Jesucristo. Hay una simetría aparente o equilibrio oculto, pues, al
trazar las líneas estructurales, resulta que al final tengo dos ejes, uno
principal otro secundario, por lo que se crea una necesidad de mover el eje,
para lograr una compensación de los pesos. Creo que hay un ritmo oculto, porque hay una línea que
define la postura y posición del personaje que representa a San Juan Bautista,
la que da una ligera sensación de movimiento, en medio de una completa inercia
y falta de movimiento.
En un segundo plano, tres personajes alados, uno junto al
otro, dos de ellos llevan coronas hechas, una con rosas y la otra con algo
que parece romero y están cogidos de la mano, mientras el otro personaje
tiene un brazo semi extendido. Cada uno lleva ropas distintas. En un tercer plano, un catecúmeno o aspirante al
bautismo, que está desvistiéndose para recibir este sacramento. Y en un cuarto plano, un grupo de hombres con ropas
orientales que en este caso, por no resaltar mucho, formarían parte del
fondo de la obra, el paisaje, el cielo y el río que pasa por debajo de los
pies de los personajes del primer plano.
El tema desarrollado en esta obra es la del Bautismo de Cristo,
sacramento que recibió de su primo San Juan Bautista, aquí se lo ve
recibiendo el agua bendita. Sobre la cabeza de Cristo, encontramos la
paloma del Espíritu Santo y bajo sus pies las aguas del río Jordán, y
las figuras aladas, son ángeles que acompañan a Cristo en su bautizo.
La obra nos presenta, personajes no
concordantes con la época, lo que se deduce por sus vestiduras, y porque
la escena representada no concuerda ni con el escenario presentado en la
Biblia, ni con la época, que se puede inferir de las construcciones
representadas en el fondo. Las vestiduras de los personajes principales es diferente a la de
los demás personajes, pues estos son de épocas muy antiguas, mientras
que los personajes alados llevan vestimentas también de distintas épocas
y lugares de procedencia, pero no solo éstos sino también los que se
aprecian en el fondo (orientales y occidentales). El paisaje representado, según la historia del
artista, estaría ubicado cerca de su lugar de origen.
En esta obra encontramos una referencia paisajística básica
para la pintura del Quatrocento, y es considerada una imagen de las cercanías
de San Sepolcro, donde el artista nació y vivió la mayor parte de su
tiempo. La figura de Cristo (Dios Hijo) se sitúa en el centro de la
composición, recibiendo el agua bendita de su primo San Juan Bautista, las
figuras aladas situadas junto al árbol, son identificadas como los ángeles
que acompañaban a Cristo en su bautismo, pero no portan ni las vestiduras
ni los elementos típicos de la época, lo que se interpreta, según la
historia, como una alusión a la Concordia entre las Iglesias occidental y
oriental, que llegaron a acercamientos en el Concilio Ecuménico celebrado
en Florencia en 1439. Esta hipótesis se puede reforzar por los atuendos
orientales de los personajes que se aprecian tras el catecúmeno que se
despoja de sus ropas.
Jesús es bautizado Jesús fue de Galilea al río Jordán, donde estaba Juan, para que este lo bautizara. Al principio Juan quería impedírselo, y le dijo: Yo debería ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Jesús le contestó: Déjalo así por ahora, pues es conveniente que cumplamos todo lo que es justo ante Dios. Entonces Juan consintió. En cuanto Jesús fue
bautizado y salió del agua, el cielo se le abrió y vio que el Espíritu
de Dios bajaba sobre él como una paloma. Se oyó entonces una voz del
cielo, que decía: "Este es mi Hijo amado, a quien he
elegido."
El Bautismo es uno de los Sacramentos de la Iniciación cristiana, es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el Espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión. "EL BAUTISMO ES EL SACRAMENTO DEL NUEVO NACIMIENTO POR EL AGUA Y LA PALABRA" El nombre de Bautismo, en razón del carácter del rito central mediante el que se celebra: bautizar (baptizein en griego) significa "sumergir", "introducir dentro del agua"; "la inmersión" en el agua simboliza el acto de sepultar al catecúmeno en la muerte de Cristo de donde sale por la resurrección con Él como "nueva criatura". Este sacramento es llamado también "baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo" porque significa y realiza ese nacimiento del agua y del Espíritu Santo", porque significa y realiza ese nacimiento del agua y del Espíritu sin el cual "nadie puede entrar en el Reino de Dios" (Jn 3,5) Habiendo recibido en el Bautismo al Verbo, "la luz verdadera que ilumina a todo hombre", el bautizado, "tras haber sido iluminado", se convierte en "hijo de la luz", y en "luz" él mismo. (Ef 5,8)
El renacido culto a la antigüedad, procedía de la afirmación , a través de la autoridad de los antiguos, de una concepción laica de la vida. Las reglas de la perspectiva, que sintetizaban formalmente los nuevos caminos del arte, no eran una simple aplicación de leyes ópticas, sino que traducían las necesidades de mesura y racionalismo que precisaba el hombre para hacer triunfar su orgullosa afirmación de libertad. Cuando se pintaba una figura humana se profundizaba en sus detalles anatómicos y se idealizaba su belleza física, declarando de este modo la propia adhesión a una dimensión en la que se exaltaban los valores terrenales, y no sólo místicos de la existencia humana. Igual ocurría cuando, en segundo plano de estas figuras, impetuosas y orgullosas de su conciencia humana, se abrían colinas y valles floridos. En tales pinturas el hombre aparecía en el centro de un espacio del que era al mismo tiempo dueño y medida. Ya no representaba, como en el vacío dorado de un mosaico, el centro de una abstracción, más símbolo que criatura terrestre, sino que vivía en una realidad sensorial perceptible y experimentable en todos sus valores. Piero della Francesca aplicaba en sus pinturas una serie de fórmulas que su público estaba capacitado para comprender. Ese público estaba formado mayoritariamente por comerciantes acaudalados que tenían la formación matemática necesaria para percibir la belleza de la forma abstracta de un volumen cuya cuantía sabían calcular mediante el cálculo. Una regla de tres famosa es la llamada Escala Armónica Pitagórica, que al modo renacentista se expresa: 6 8 9 12 Según nuestro estilo, la escribiríamos así: 6:8 = 9:12 Los musulmanes la planteaban tal como en la escuela se enseña la regla de tres a los niños: 6 ------------- 8 9 ------------- 12 Algunos arquitectos relacionaron la escala armónica
pitagórica, utilizada para representar una escala musical, con el diseño
visual modular o proporcional. Andrea Palladio dejó asentada una
falacia de diseño según la cual los espacios pueden ser diseñados
"musicalmente" de acuerdo con esta escala: como el intervalo
entre 6 y 12 es de una octava, entre 6 y 9 y entre 8 y 12 es de una
quinta, entre 6 y 8 y entre 9 y 12 de cuarta y entre 8 y 9 de un tono,
si se organizaban las dimensiones de las habitaciones de un edificio
siguiendo esta serie, entonces se estaría produciendo una armonía
espacial de la misma clase que la que relaciona las notas musicales. La
regla de oro parecía una fórmula perfecta que relacionaba las artes de
la música, la pintura y la arquitectura. Y además mantenía las buenas
relaciones comerciales.
Una característica de Piero della Francesca fue
sumergir sus escenas en una luz que envuelve completamente las formas
sin producir casi indicio alguno de sombras. Con lo que lograba un
efecto de majestuosidad y de calma que el artista acrecentaba limitando
los movimientos de sus personajes o fijándolos en un gesto que
simplemente lo sugiriera, a esta calma se añaden el refinamiento que da
la luz y la delicadeza de los acordes cromáticos.
Arte europeo siglo XV El Renacimiento es el periodo de la historia europea caracterizado por un renovado interés por el pasado grecorromano clásico y especialmente por su arte. El renacimiento comenzó en Italia en el siglo XIV y se difundió por el resto de Europa durante los siglos XV y XVI. En este periodo, la fragmentaria sociedad feudal de la edad media, caracterizada por una economía básicamente agrícola y una vida cultural e intelectual dominada por la Iglesia, se transformó en una sociedad dominada progresivamente por instituciones políticas centralizadas, con una economía urbana y mercantil, en la que se desarrolló el mecenazgo de la educación, de las artes y de la música. El renacimiento italiano fue sobre todo un fenómeno urbano, un producto de las ciudades que florecieron en el centro y norte de Italia, como Florencia y Venecia, cuya riqueza financió los logros culturales renacentistas. Así la historia, hasta entonces prácticamente una rama de la teología, se convirtió en una rama de la literatura; los historiadores renacentistas rechazaron la división medieval cristiana de la historia, que se iniciaba con la Creación, seguida por la encarnación de Jesús, para terminar con el posterior Juicio Final. La visión renacentista de la historia también constaba de tres partes: comenzaba con la antigüedad, continuaba con la edad media y se completaba con la edad de oro, o renacimiento, que acababa de iniciarse. Mientras que los eruditos medievales contemplaban con recelo el mundo pagano griego y romano creyendo que vivían en la última etapa histórica, previa al Juicio Final, sus colegas renacentistas exaltaban el mundo clásico, condenaban el medievo como una etapa ignorante y bárbara y proclamaban su propia era como la época de la luz y de regreso al clasicismo. Esta visión era expresada por muchos pensadores renacentistas que recibieron el nombre de humanistas. En el campo de las bellas artes la ruptura decisiva con la tradición medieval tuvo lugar en Florencia en torno a 1420, cuando el arte renacentista alcanzó el concepto científico de perspectiva lineal que hizo posible representar el espacio tridimensional de forma convincente en una superficie plana. Los pintores y artistas florentinos impusieron toda una serie de investigaciones tendentes a conseguir un nuevo "sistema de representación" capaz de articular un espacio natural, continuo y tridimensional, en definitiva se buscaba una representación con la suficiente "verosimilitud" y consistencia que reflejara esa nueva realidad natural. El "espacio natural" suponía contar con una figuración y un conocimiento mas preciso en la perspectiva lineal hasta conseguir una entidad y volumen que los pintores florentinos consiguieron mediante la utilización de un color cada vez más natural, y de la experimentación de los efectos lumínicos y de modelado; factores ambos que contribuyeron a la consecución definitiva de estas representaciones tridimensionales con esa apariencia natural pretendida; en clara oposición al espacio irreal, místico y simbólico, que caracterizaba a la pintura inmediatamente anterior. La obra EL BAUTISMO DE CRISTO, se encuentra actualmente en la Galería Nacional de Londres, fue hecho entre 1440 y 1454: Esta es una de las primeras obras de Piero della Francesca, sin embargo, ya se refleja lo que será el estilo de este gran artista. Las figuras están tratadas como si fuesen formas arquitectónicas, tanto el árbol como el cuerpo de Cristo nos recuerdan una columna. La profundidad del paisaje y la luz clara y fría con el que está iluminada la obra es una de las características de la pintura de Piero della Francesca. Los pintores y artistas florentinos impusieron toda una serie de investigaciones tendentes a conseguir un nuevo "sistema de representación" capaz de articular un espacio natural, continuo y tridimensional, en definitiva se buscaba una representación con la suficiente "verosimilitud" y consistencia que reflejara esa nueva realidad natural.
Silvia P. Rojas Varadles Publicación enviada por Silvia P. Rojas Varadles Contactar mailto:aisthesis@infonegocio.net.pe Código ISPN de la Publicación EpylkElkZEwPxWbfOh Publicado Friday 7 de November de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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