Monografias | Artistas: ¡salven al planeta!Artistas: ¡salven al planeta!Resumen: El hombre siente hoy en día en forma aguda la oposición entre el inmenso progreso de la técnica y la evidente deficiencia moral de la humanidad. Cuanto más se acelera el primero, más se agranda la brecha entre el querer y el poder. La crueldad de las guerras y las revoluciones en el curso del siglo XX evidencia claramente que el hombre no ha progresado moralmente. El hecho de que, por ejemplo, medio siglo después de la segunda guerra mundial, la humanidad no llega a establecer una situación de paz duradera, constituye por si sola una demostración elocuente de la impotencia de los responsables. En la actualidad estamos asistiendo a un espectáculo perturbador: atentados terroristas, rumores de guerra nuclear, bacteriológica, etc.(V) Indice 1. Introducción El hombre siente hoy en día en forma aguda la oposición entre el inmenso progreso de la técnica y la evidente deficiencia moral de la humanidad. Cuanto más se acelera el primero, más se agranda la brecha entre el querer y el poder. La crueldad de las guerras y las revoluciones en el curso del siglo XX evidencia claramente que el hombre no ha progresado moralmente. El hecho de que, por ejemplo, medio siglo después de la segunda guerra mundial, la humanidad no llega a establecer una situación de paz duradera, constituye por si sola una demostración elocuente de la impotencia de los responsables.En la actualidad estamos asistiendo a un espectáculo perturbador: atentados terroristas, rumores de guerra nuclear, bacteriológica, etc. Estas locuras bélicas pretenden llevar a la humanidad hacia el holocausto final, aunque hasta los niños de las escuelas primarias tienen conciencia cabal de que una tercera guerra mundial, jamás permitiría vencedores, vencidos ni neutrales. Toda la vida del planeta desaparecería y la que llegara a sobrevivir, clamaría por la muerte. Frente a ese espectáculo, nace en nosotros el sentimiento del absurdo. La tecnología, en vez de dar seguridad, inspira un terror y una incertidumbre que socava la fuerza. El progreso de la técnica, que ha sacado al hombre de su aislamiento de otros tiempos, conduciéndolo mecánicamente hacia la uniformidad, le reclama, bajo la amenaza de un cataclismo, una urgente y radical rejerarquización de los valores. El hombre contemporáneo concentra sus esfuerzos sobre el desarrollo y la educación del intelecto. Es por la continuidad de ese desarrollo que el hombre deviene lo que se llama un "intelectual". Sin embargo, los recursos del intelecto, que le permiten hacer milagros en el dominio de la ciencia racional están limitados a eso. Los trabajos de Kant y de Virshow han demostrado que el campo de acción del intelecto humano está, por así decir, rodeado de un muro impenetrable. Mientras la instrucción es el centro de las preocupaciones de las familias y de los poderes públicos, el desarrollo de la emotividad, está casi totalmente librado al azar. En la civilización contemporánea esto lleva a un extraordinario empobrecimiento de la vida afectiva. La vida emotiva, privada de una formación metódica, es para el hombre una fuente de imprevistos raramente agradables y menos todavía felices y cuyas consecuencias son, en general, difíciles de llevar. No es exagerado decir que la vida emotiva ocupa en la personalidad del hombre la posición de pariente pobre. Y, sin embargo, es solo por el desarrollo apropiado de esta esfera que el hombre puede abrir una nueva fuente de energía moral, cuya necesidad para él es tan apremiante. Por ello, debe descubrir rápidamente un método práctico para educar positivamente la vida emotiva de los seres humanos y de esta forma alcanzar un equilibrio entre el plano moral y el progreso técnico. Una forma posible de lograr este objetivo es orientar los esfuerzos de los artistas hacia un ideal moral común. El arte es por excelencia un fenómeno de sociabilidad, puesto que está
fundado en las leyes de la simpatía y de la transmisión de ideas, emociones,
sentimientos y sensaciones. El arte nace con la reflexión, la cual se encarga de decodificar los
recuerdos individuales o colectivos. El recuerdo de lo que ha experimentado o
visto antes de ser artista de profesión, es el piso más sólido sobre el que
trabaja el artista. Las emociones y los sentimientos pueden ser alterados por la
profesión, pero no los recuerdos, en especial, los que corresponden a la niñez
o la juventud. Estos guardan toda su lozanía y es con estos materiales, con los
que el artista construye sus mejores obras. Los mensajes subliminales también pueden afectar nuestros pensamientos o
emociones por medio de estímulos visuales y / o auditivos. Al haberse
comprobado esto, se redactaron leyes para su prohibición. La palabra subliminal
(del latín: sub: bajo y limen: umbral), se refiere a la transmisión de un
mensaje destinado a llegar al oyente justo por debajo del umbral de su
conciencia. Muchos conocedores del tema han calificado a este fenómeno, como
una invasión o violación de la conciencia; término adecuado, si tomamos en
cuenta que una parte de nuestra mente recibe mensajes que escapan a los sentidos
externos y penetran en el inconsciente invadiendo su intimidad. Las teorías de Platón y Pitágoras, que relacionaban el equilibrio de las proporciones musicales con el ánimo, se extendieron durante el medioevo en la arquitectura, y la proporción áurea se reflejó en muchos edificios. Los artistas de esa época tenían muy presente la correspondencia entre las diferentes artes, y era muy frecuente que planteamientos musicales, arquitectónicos y pictóricos se relacionaran entre sí. Los artistas actuales deberían investigar estas teorías, las cuales tenían
como motor principal la educación moral y espiritual de los pueblos. A este
respecto, un trabajo muy importante fue realizado a principios del siglo XX por
Saint-Yves D` Alveydre. Su obra lleva el título "El arqueómetro".
Esta reintegra todas las artes a una síntesis común y, al mismo tiempo, da la
clave de las adaptaciones religiosas y científicas de la antigüedad. "El
Arqueómetro" aporta una guía para construir conforme a nuevas reglas; es
una invitación al trabajo con medios nuevos. Deja a cada artista toda su
originalidad, dándole una base científica. Es una pena ver como un desenfrenado afán de originalidad y libertad de
expresión frustra a noveles artistas, encerrándolos en una factura absurda y
sin sentido, que más que belleza denota "anormalidad psíquica". Tal
originalidad, en la mayoría de los casos, no es sino un recurso para suplir la
ausencia de poder de creación. De hecho vemos cuan rápidamente envejecen
ciertas realizaciones de la arquitectura, la pintura, la literatura y la música
contemporáneas, ya que no condicen con nuestra época ni llegan al alma del
hombre actual. Más aún, pareciera que muchas obras de hoy se presentan como
mucho más viejas y anticuadas que las obras clásicas y, en forma general, las
antiguas ubicadas en su época, conservan una perenne y fresca hermosura. El
objeto del arte, que exterioriza las fealdades, las miserias y las limitaciones,
es el de provocar principalmente "sensaciones intensas" para obtener rápidamente
el éxito por la curiosidad, la piedad, la risa o el escándalo. Además de
promover lo más bajo de la naturaleza humana, es evidente que la vista
constante de cuerpos, rostros deformados y miseria moral, no podría tener otro
efecto que aumentar la fealdad psíquica y física del hombre actual y de las
generaciones futuras. El "arte" de los símbolos de lo negativo,
aumenta el número de inadaptados sociales, incita a la delincuencia, al
alcoholismo y a los estupefacientes que culminan con el suicidio moral en un
cuerpo viviente. La música moderna popular, producto de consumo masivo, en general, ha abusado excesivamente de los valores plásticos (relaciones sutiles entre los elementos agógicos y dinámicos ayudados por el timbre), entregándose a veces a evocaciones fisiológicas de una vulgaridad desvergonzada. Sus ritmos producen frecuentemente una excitación corporal, que de la alegría o la simple satisfacción puede llegar hasta la embriaguez, lo que provoca un desdoblamiento de la personalidad. Estos ritmos, muchas veces van acompañados por cantos que expresan ideas, sentimientos o estados anímicos negativos, causando desequilibrio nervioso en el estado físico y mental del hombre. Como decía Stéphen-Chauvet : "Resulta de ello una verdadera ebriedad, con exaltación sensorial, exaltación de la imaginación y disgregación de la personalidad. Esta, en efecto, se transforma y se fusiona con la de los compañeros y la de los espectadores, y en consecuencia, se convierte en un simple elemento de una entidad colectiva episódica: una multitud en estado de embriaguez saltarina". En definitiva, convierte a los oyentes que se prestan a ello, a los jóvenes principalmente, en autómatas, porque en ese momento se paraliza el proceso mental de su conciencia. Llegado a ese punto, se los puede inducir fácilmente hacia el sexo, el alcohol, la droga, etc. El origen de este tipo de "música" se encuentra en las tribus
africanas, lo mismo que los ritmos sincopados, que se utilizan en el vudú, tal
como se practica en Haití, dentro de un repertorio completo de ritos de
copulación, encantamientos y conjuros. De ahí fueron obtenidos, con el fin de
reproducir lo más fielmente posible, los ritmos sucesivos que conducirán a los
oyentes a un placer sexual completo. El arte, tiene como último fin producir la convicción, tal como la elocuencia, y el medio más sencillo para conseguirlo es siendo veraz. El artista es libre de mentir, pero en nuestros días, donde prevalece el espíritu crítico, la falsedad se hace visible y quita fuerza a las representaciones evocadas. La ficción se tolera sólo cuando expresa una idea verdadera. El tema manifiesta el espíritu que creó la obra entera. El poder del idealismo existe bajo la condición de que no se apoye en la ficción, sino sobre una aspiración intensa y perdurable. El lenguaje del arte que resiste el paso de los siglos, es una forma de oración que testimonia y da fe de las creencias del hombre en cada momento histórico. Sólo un ideal moral o espiritual puede expresar en el Arte la esencia de la
vida. Pero es necesario para ello "creer en la vida". La rectitud
moral, la humildad, la concentración espiritual, el alejamiento de los goces de
los sentidos y del atractivo de las cosas materiales que distraen y perturban la
simplicidad del corazón, constituyen el mejor medio para la maduración del
artista. La creación y el grado de sensibilidad artística, no son el resultado
de un momento esporádico de exaltación emotiva o espiritual, sino de la
experiencia y de la organización de la vida del artista. La meta sólo puede ser alcanzada por un trabajo metódico y continuo. La particularidad de esos esfuerzos está colocada bajo el signo del despertar de la afectividad del artista, por un trabajo consciente sobre si mismo. Este despertar, esta llama, es la condición expresa y el punto de partida hacia el éxito. Sin embargo, este trabajo sobre si, teniendo por meta la evolución moral y espiritual de él mismo y de la sociedad, no puede ser cumplido en el vacío, es decir, no puede ser realizado por medios egoístas. Si permanece sin aplicación práctica, esta fuerza de tensión encendida se disipará. Porque toda fuerza exige un punto de aplicación definido, sin lo cual ella se descompone y dispersa. Para que esa fuerza pueda ser aplicada, el artista debe ser útil. Es así que comenzará su tarea, es decir que pasará de las palabras y las aspiraciones a los actos. Las repercusiones imaginables de su aplicación oportuna serían: en primer
lugar, la violencia en todas sus formas se hallaría evidentemente rechazada
hacia la inmoralidad. Sanaría poco a poco a los individuos y a los pueblos,
tanto si su mal es el complejo de inferioridad o de superioridad, y condenaría
en forma definitiva al prejuicio racial. En la hora actual no faltan los medios materiales para organizar racionalmente la vida política y social de la humanidad y alcanzar una paz duradera, porque esos medios están allí; lo que falta en este campo es la inteligencia profunda de las cosas y una conciencia planetaria. La clave para cambiar favorablemente esta situación se halla en "promover lo bello del arte", con el fin de elevar la moral y el espíritu de los seres humanos, para hacer frente a las contingencias actuales y superarlas. Precisamente en ese sentido Dostoievski ha dicho que "la belleza salvará al mundo". Los medios masivos de comunicación, que han acercado el arte y
principalmente la música a millones de seres, pueden prestar una ayuda
substancial a la causa, si cumplen con su misión más noble y elevada que es la
"fecundación del alma". Estos medios influyen poderosamente en las
masas, y, en general, los gustos de éstas dependen, entre otros factores, de lo
que se fija en su conciencia por la repetición. Los medios masivos de
comunicación deberán entonces reconocer sus obligaciones frente a la
comunidad, y asumir nuevas responsabilidades a favor de la educación de las
masas. BARRENECHEA, Mariano: Historia estética de la música.
Trabajo enviado por: Publicación enviada por Daniel Contactar mailto:jdc@dd.com.ar Código ISPN de la Publicación EpylkuZEkudmHYZtAr Publicado Friday 7 de November de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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