Monografias | La angustiosa aventura de las vanguardiasLa angustiosa aventura de las vanguardiasResumen: Vanguardia es promesa de infinitud. Todo será a partir de ella, así aseguran sus manifiestos. Como nunca antes, el arte moderno, desde 1910, se interna en lo que hasta entonces sólo unos pocos habían sospechado.(E) Vanguardia es promesa de infinitud. Todo será a partir de
ella, así aseguran sus manifiestos. Como nunca antes, el arte moderno, desde
1910, se interna en lo que hasta entonces sólo unos pocos habían sospechado. El significado mismo del término vanguardia -grupo que se
adelanta del grueso hacia lo desconocido- resulta una buena síntesis de sus
propósitos. Es una aventura tras del horizonte, en lo ignorado, de donde, seguramente,
se regresará trayendo felicidad, quién sabe qué prodigios. Pero la aventura resultó más problemática de lo que a
priori se creía. Lo que se presentaba como iconoclasta acabó erigiendo
nuevos ídolos. El proceso desencadenado, escribe Adorno, acabó por
devorar las mismas categorías en cuyo nombre comenzara. Resulta patético
encontrar, a lo largo del febril y complejo panorama de las vanguardias, a
desesperados náufragos y a viajeros extraviados aferrándose a cierto orden
lejano de lo que prometían al principio. Todo esto tal vez porque una gran
parte del arte de vanguardia creyó que con avanzar bastaba y no se preocupó en
atender un aspecto esencial para la consideración del arte: la reflexión
acerca de contenidos, alcances y problemas. En 1908, Worringer escribía tempranamente: Nuestras
investigaciones parten del supuesto de que la obra de arte se halla al lado
de la naturaleza como un organismo autónomo equivalente y, en su más
hondo ser, sin nexo con ella, si es que por 'naturaleza'se entiende la
superficie de las cosas."(El subrayado es mío. CB). El genial discípulo
de Riegl, al leer en el espíritu de la época, observa un componente esencial
en el arte moderno, inseparable de la idea de vanguardia, la autonomía. El arte moderno, del que las vanguardias resultan un fenómeno
esencial, se resiste a ser copia servil o imitación de la naturaleza, se
convirtió a partir del postimpresionismo en un organismo separado de la
naturaleza, tratando de obtener su misma o parecida consistencia.. Este salirse
del mundo empírico resulta incierta o directamente paródica: la pretendida
otra realidad, el pretendido supermundo, al carecer de la necesaria
consistencia, tuvo que reestablecer sus nexos con la realidad para no agotarse.
Así , el arte jugó , y juega, un doble juego: por un lado, se opuso a lo
establecido y, por otro lado, se reconcilió con lo que decía combatir. Esta contradicción resulta inseparable de la idea de arte en
el siglo XX. Toda reflexión debe tenerla en cuenta. Vanguardia es sinónimo de movimiento. Por lo menos hasta el
Romanticismo el arte quedó limitado al estrecho recinto de la escuela. A partir
del Renacimiento, su esfera se amplió e invadió lo hasta entonces vedado. Escuela es tradición, un maestro, un método, autoridad.
Desde la antigua Grecia hasta entrado el siglo XIX, el arte se da en escuelas, o
en academias. Luego, el arte posee, o intenta poseer, una Welstanchauung,
una concepción del mundo. El arte moderno tiende a conformar, ismos,
movimientos. Es decir, apela a lo que las escuelas obviaron: la historia,
preocupadas como estaban en la necesidad de transmitir a la posteridad un
sistema de trabajo, algunos secretos técnicos capaces de superar al tiempo y
sus mutaciones. Para que el arte acabase con una historia de miles de años
debió acontecer algo, una crisis profunda. Una crisis de la razón, como
reza el título de un libro publicado hace tiempo en Italia. ¿ A qué se llama
crisis de la razón y por qué , entre sus consecuencias, está el surgimiento
del arte moderno, del arte de vanguardia? En la introducción al libro citado, Aldo Gargani habla de la
racionalidad clásica y del modo en que esa representación tradicional de la
razón humana fue puesta en tela de juicio y luego sometida a un proceso del que
ya no se recuperó . Dice Gargani que durante centenares de años la razón se
presentó con el aspecto de una estructura natural, necesaria y apriorística.
Frente a ella no había alternativa posible porque su poder era ilimitado, ya
que abarcaba toda posibilidad cognitiva y toda posibilidad lógica. Su discurso
tenía un tono elevado, abstracto, sublime. La escuela es fruto de esa razón, central, exclusiva,
invariable, ya codificada de antemano, que cada hombre sólo podía acatar y
legar. Uno de sus lemas era ars longa, vita brevis. Este ideal absoluto,
en el que caben todas las posibilidades de la naturaleza y del pensamiento,
encuentra su clímax en el universo newtoniano en el que tiempo, espacio,
inercia y velocidad se encuentran signados por una suerte de destino. Esta razón se decía enraizada en la realidad misma. Su
confusión estuvo en creer que su instrumental y procedimientos de carácter
intelectual eran un símil perfecto, sin contradicción ni grieta, de la
realidad, de las cosas y del comportamiento humano. Gargani cita algunos ejemplos: la geometría euclidiana, el
universo newtoniano, las ideas de Joseph Butler que, en síntesis, proponen un
orden que, al predeterminar las cosas, se constituye en ley que debía ser
obedecida. Todo aquél que intentaba oponerse a ella, al alterar un designio
superior desde siempre trazado, se convertía en un "monstruo moral". Es Hilbert quien afirma que el modelo clásico no busca
verdad sino seguridad. Cree que su reflexión es un duplicado, no un modo
de conocer, del universo hasta el extremo de considerar sus construcciones, con
frecuencia, más que leyes o ideas: cosas propias de la naturaleza. Para esta concepción el cosmos se presenta como una vasta
unidad, sin contraste, sin diferenciación alguna. Esta uniformidad, este ansia
de absoluto, donde todo es naturaleza, impregnó el saber humano durante
siglos: filosofía, física, química, economía política... Pero ese orden sucumbió . La Gran Guerra fue el golpe
decisivo. Y de las ruínas, surgió un estado de cosas inédito hasta entonces,
que en su evolución se fue complejizando, en el arte, a través de sucesivos,
contradictorios y con frecuencia fugaces ismos, cada uno con su manifiesto y su
teoría. Hacia 1929 cierto inventario de vanguardias, citado por Guillermo de
Torre, abarcaba dieciséis ismos: algunos con cierta o gran influencia en el
arte del siglo (surrealismo, futurismo, cubismo), otros efímeros y sin mayor
fortuna (panlirismo, zenitismo, babelismo). El viejo orden no cedió paso amablemente al nuevo orden. No
se agotó por sí solo y el vacío fue ocupado como un asiento de tren que un
pasajero ocupa luego de que el anterior ha descendido en una estación. Lo
nuevo, por el contrario, debió luchar hasta destronar a lo viejo y obtuvo la
victoria porque nuevas necesidades de todo carácter así lo requerían. Y lo
nuevo, al instalarse, trajo consigo códigos que durante mucho tiempo fueron mal
leídos o leídos en parte. Sin una nueva estructuración metódica de
la vida intelectual y social -escribe Gargani- el viejo orden de la razón
no habría jamás entrado en crisis." La crisis de la razón clásica se produjo porque ya no pudo satisfacer
nuevas demandas sociales e intelectuales. Una idea de la profunda transformación del saber humano en
nuestro siglo puede darla la física. Entre 1687 y 1887, dice Jeans, transcurre
lo que llama la edad mecánica: un cosmos de partículas que se mueven como la
fuerza de las demás partículas las obligan a moverse, en un mundo cuyo
futuro está completamente determinado por el pasado. En 1887, Hertz puso el
último ladrillo a la construcción de dos siglos, al estudiar una radiación de
tipo maxwelliano y demostrar su semejanza con la luz ordinaria. La física, hasta ese momento, constituía, como el resto del
saber, un edificio acabado e inmutable al que apenas si se le podía repintar
alguna que otra pared. Pero algo ocurrió , precisamente en 1887: Michelson y
Morley, a través de su famoso experimento, dejaron entrever la posibilidad de
una falla. Hasta ese momento el saber físico clásico había servido, a
partir de entonces ya no sirvió para explicar las nuevas condiciones. De
describir perfecta o casi perfectamente cada fenó meno -la caída de los
cuerpos, el movimiento de los planetas-, de pronto, se encontró con dos cosas
que la tornaron inadecuada: lo muy grande y lo muy pequeño. Lo que sucedió a partir de allí puede llamarse, con Jeans,
una radical enmienda:el espacio absoluto de Newton queda borrado del
panorama, desaparece la teoría del éter, la Teoría de la Relatividad de
Albert Einstein proporciona una nueva interpretación de los fenómenos físicos
y una visión inédita de los fines de la ciencia, surge la física cuántica,
se revela la estructura del átomo, Heinsenberg elabora el principio de
incertidumbre... El cambio en la concepción del universo es enorme: en 1927,
Heinsenberg demostró que no es posible fijar ni la velocidad ni la posición de
un electrón de modo perfecto. El impacto de un electrón trastorna la parte del
universo que estamos intentando explorar y la reemplaza por algo nuevo, lo cual,
a su vez, evade el estudio preciso. El universo queda, entonces, a merced más
de la probabilidad que del hecho cierto. El espacio común y corriente de tres dimensiones de paso a
otro espacio, imaginario, multidimensional, es decir: en una construcción sin
existencia material, puramente matemática. Una buena síntesis de la nueva ciencia la da Einstein en una
carta a Solovine, en 1920: Lo que caracteriza además la teoría de la
relatividad es, ante todo, un punto de vista epistemológico. No hay ninguna
noción en física cuyo empleo sea necesario o justificado a priori.(El
subrayado es mío. CB). Una noción adquiere su derecho a la existencia únicamente
por su concatenación clara y unívoca de los eventos, de las experiencias físicas.
Es así que en la teoría de la relatividad las nociones de simultaneidad
absoluta, de velocidad absoluta, de aceleración absoluta, etcétera, son
rechazadas, porque su vínculo unívoco con las experiencias se revela
imposible. Del mismo modo fueron rechazadas las nociones de 'plano', 'línea
recta' , etcétera, sobre las cuales está fundada la geometría euclidiana. De
toda noción física debe ser dada una definición tal que se pueda decidir,
desde el punto de vista de los principios, en virtud de esta definición, si
ella se encuentra en el caso concreto. Estas líneas expresan, por un lado, la crisis del saber
tradicional, de premisas autoevidentes, y la aparición de otro saber, en el que
el procedimiento lógico no ocupa un sitio de privilegio sino que acompaña a
otros factores, de carácter intuitivo y pragmático, cuyo punto de partida ya
no está sino en los fenómenos, en hechos determinados en una masa de
experiencias inmediatas a los que se debe buscar una legalidad que sea
compatible con ellos. IV. Tanto el discurso de las vanguardias como el de los
pensadores de Viena quedan comprendidos dentro del pensamiento negativo o negatives
Denken. Son ambos "instancias trágicas" cuya desesperación
resulta manifiesta. Revelan los dos contradicciones y una busca concreta de
refundación, conforman un proceso efectual de crisis. Su deseo es el de
producir "nuevos órdenes" que, para Cacciari, tienen de esencial no
esos órdenes en sí sino la contradicción insoluble, constitutiva entre ellos
y el permanecer de la crisis, la imposibilidad de resolver en sentido sintético
la crisis del sistema clásico-dialéctico. Cacciari encuentra organización formal y comprensibilidad en
el discurso de los dialectos de Viena (Wittgenstein, sobre todo) y nada
de eso en los Logoi epigonales de las vanguardias. Si bien esto es cierto, no es menos cierto que el caótico lenguaje de las
vanguardias nos dice lo que el arte llegó a ser y eso es lo que
aquí interesa. . El arte moderno, se vio antes, se presenta como una
antinaturaleza. O como una segunda naturaleza, separada, en apariencia al menos,
de la primera. En uno de sus ensayos Escohotado demuestra que a partir ya de la
polis griega la naturaleza se torna invisible. La physis se ausenta para
ingresar en un dominio indiferente del que se la trae según convenga. A lo largo de los siglos y hasta principios del siglo XX, el
arte -que es lo que aquí nos ocupa- cumplió una tarea rutinaria: traer desde afuera
a la naturaleza, hasta que la operación se convirtió en algo insoportable. El arte moderno entrevió la salida inventándose una
naturaleza propia, a medida, sin dejar de sentir, en el fondo, el remordimiento
de haber jugado todas sus cartas a una ilusión. Que, también es cierto,
resulta un remedio contra su angustia. Esta angustia, escribe Escohotado, resulta de la decepción
ante su credulidad traicionada o el tener las manos vacías tras la aventura del
sentido, luego de haberla iniciado con la esperanza de obtener cosas seguras. BIBLIOGRAFIA Adorno, Theodor W. Asthetische teorie, 1970. Worringer, W. Abstraktion und Einfuhlung, 1948. Poggioli, Renato. Teoria dell'arte d'avanguardia, 1962. Gargani, Aldo (compilador). Crisis della ragione. Nuovo modelli nel rapporto
tra sapere e attivitá umane, 1980. de Torre, Guillermo. Historia de las literaturas de
vanguardia, 1971. Cacciari, Massimo. Krisis. Saggio sulla crisi del pensiero
negativo da Nietzsche a Wittgenstein, 197 Escohotado, Antonio. De physis a polis. La evolución del
pensamiento griego desde Tales a Sócrates, 1975. DATOS DEL AUTOR Carlos Barbarito (Pergamino, 1955). Obra publicada Poesía quebrada. Ediciones Mano de Obra, Buenos Aires,
1984 (300 ejemplares numerados, terminados a mano y firmados por el autor.) Prólogo
de María Pugliese. Ilustración de Salvador Gallup. Teatro de lirios. Fundación
Alejandro González Gattone, Pergamino, 1985 (primer premio concurso de la
citada institución, 1984). Prólogo de Edna Pozzi. Éxodos y trenes. Ediciones
Último Reino, Buenos Aires, 1987 (premio del Concurso Régimen de Fomento a la
Producción Literaria Nacional y Estímulo a la Industria Editorial, Fondo
Nacional de las Artes, 1985 y premio ¨Dodero¨ al mejor libro de poesía
editado durante 1987, Fundación Argentina para la Poesía, 1986). Prólogo de
Alberto Luis Ponzo. Ilustraciones de Rafael Landea. Páginas del poeta flaco.
Ediciones Filofalsía, Buenos Aires, 1988. Ilustraciones de Juan Carlos Moisés.
Acerca de las vanguardias. En: Arte argentino siglo XX. Comisión
de Homenaje a Jorge Feinsilber, Buenos Aires, 1990 (premio Bienal de Crítica ¨Jorge
Feinsilber¨, 1989). Caballos y otros poemas. Hojas de Sudestada del
Taller de Poesía de Ana Emilia Lahitte, La Plata, 1990. Parte de entrañas. Ediciones
Arché, Buenos Aires, 1991.. Poemas. Bella Vista, 1992 (edición
artesanal reducidísima a cargo de Paula Salmoiraghi). Bestiario de amor. En:
El primer siglo. Centro de Publicaciones de la Universidad Nacional del
Litoral, Santa Fe, 1992 (premio ¨Tierras Planas¨). Viga bajo el agua. Ediciones
del Dock, Buenos Aires, 1992 (menciones de honor ¨Leopoldo Marechal¨ y ¨Carlos
Alberto Débole¨). Ilustración de Willi Baumeister. (Colección "El mono
hablador", director: Joaquín Giannuzzi). Meninas. Desnudo y la máscara.
En: Poesía. Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 1992 (tercer
premio "Enrique Pezzoni", 1992, Centro de Estudiantes de la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires). A Cecilia, en
memoria. En: Cinco poemas en homenaje. Cecilia Pozzi. La otra
primavera. Editorial Vinciguerra, Buenos Aires, 1994. Prólogo de Edna
Pozzi. El peso de los días. Altamira Ediciones Electrónicas, Buenos
Aires (edición en disquette a cargo de Carlos Read). Prólogos de Santiago
Sylvester y Dolores Etchecopar. Ilustraciones de Felix Kelly y Diego Martínez. La
luz y alguna cosa. ( Prólogo de Cristina Piña). Ultimo Reino, Buenos
Aires, 1998. Otros premios y distinciones Gran Premio Libertad, 1987; Cuarto Premio A.M.I.A., 1988;
Mención Premio Literario Ciudad de Bahía Blanca, 1988; Segundo Premio Certamen
Poético Ginés García, 1988; Premio ¨Raúl Gustavo Aguirre¨de la Sociedad
Argentina de Escritores, 1989; Premio ¨César Tiempo¨, 1991 y mención en el
concurso de la revista ¨Plural¨de México, 1991. Antologías y traducciones Nacer en los 50. Mundo de Papel, Alcalá de Henares, España,
1985. Prólogo de Hugo Fiorentino. Anuario de poetas argentinos. Selección
1989. Ediciones del Dock, Buenos Aires, 1990 (selección de Cristina Piña,
Joaquín Giannuzzi y Francisco Madariaga). Cantar de cantares (traducción
al portugués de Rudolph Link) En: Nicolau, Nro. 39, Curitiba, Brasil,
1991. What will calls them?...and other poems ( traducción al
inglés de Adriana Uturbey y David Hughes) En: Four Argentine Poets. Ediciones
Correo Latino, Buenos Aires, 1991. Breve muestra de la poesía contemporánea
del Río de la Plata. Primera selección. Bianchi Editores, Buenos Aires,
1994. 70 poetas argentinos 1970-1994. Editorial Plus Ultra, Buenos Aires,
1994. Prólogo y selección de Antonio Aliberti. Sus poemas fueron publicados en revistas de nuestro país y
de Nicaragua, México, Costa Rica, Brasil, Puerto Rico, Colombia y España. Trabajo realizado por: Carlos Barbarito Saavedra 1160 P.B.B. 1663 Muñíz Argentina E-mail : carbar8@hotmail.com carbar8@yahoo.com carbar8@altavista.net Telefax : 01 664305 Publicación enviada por Carlos Barbarito Contactar mailto:carbar8@hotmail.com, carbar8@yahoo.com, carbar8@altavista.net Código ISPN de la Publicación EpylkyyyyZZnfbaZZi Publicado Friday 7 de November de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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