Monografias | El futuro del libro y el libro del futuro Una mirada desde la óptica pedagógicaEl futuro del libro y el libro del futuro Una mirada desde la óptica pedagógicaResumen: "En los albores del siglo XXI, el libro sigue con más vigencia que nunca, no en vano deja tras de sí muchos años y generaciones como contenedor y transmisor de cultura." (Alfredo Bryce Echenique, "El placer de la palabra escrita" En: El Dominical de El Comercio de Lima, 23 de junio de 2002). Índice ¿Tecnología e involución
del hombre? La escuela y el homo
videns. Evolución de los soportes
de la escritura El libro en la era de la
información: el desafío de internet. Los discos ópticos: cd
rom y dvd. Los e-books El libro en el futuro Bibliografía "A
nosotros, los lectores de hoy, supuestamente amenazados de extinción, todavía
nos queda por aprender qué es la lectura. (Manguel, Alberto. "Una historia
de la lectura". Santa Fe de Bogotá: Editorial Norma, 1999; p.41) "En
los albores del siglo XXI, el libro sigue con más vigencia que nunca, no en
vano deja tras de sí muchos años y generaciones como contenedor y transmisor
de cultura." (Alfredo Bryce Echenique, "El placer de la palabra
escrita" En: El Dominical de El Comercio de Lima, 23 de junio de 2002) 1.
¿TECNOLOGÍA E INVOLUCIÓN DEL HOMBRE? "Las
desventajas del libro frente al hipertexto hacen presagiar su desaparición y el
nacimiento de una nueva cultura, con profundas repercusiones sociales, en
especial en los modelos de enseñanza-aprendizaje, que tienen en el libro un
fiel transmisor de información y esparcimiento con memoria indeleble". (Cote,
Eduardo. "Educación y cibersociedad: Hipertextos e hipermedia".-http://www.clasevirtual.net/publicaciones/hipertextos.htm) ¿Está
realmente el libro en peligro de extinción debido al avance de la tecnología
de la información?. Miquel Barceló, en el prólogo del interesante libro de
Nicholas Negroponte "Being Digital", traducido como "El mundo
digital", señala algunas implicancias de la llamada revolución de las
tecnologías de la información (informática más telecomunicaciones). Barceló
nos dice, por ejemplo, que "La informática, tecnología automatizada del
proceso de datos, permite hacer en millonésimas de segundo los cálculos y
operaciones que, sin información, exigen tiempos, como mínimo, del orden del
segundo" (Op. cit; España, 2000; p. 11). Pero, como muy perspicazmente señala
Barceló, el futuro tecnológico - yo diría ya el presente- tiende a
distorsionar la realidad y hacerla paradójicamente contradictoria e inhumana.
Barceló, citando a Edgar Pisani, nos recuerda "que en algunos lugares del
planeta (y el ejemplo paradigmático es África) las autopistas de la información
pueden llegar antes que las necesarias e imprescindibles tuberías que
transportan el agua potable para evitar o reducir el alcance de las muchas
enfermedades infecciosas existente"(Op. cit; p.15). Esta
dualidad compleja, como la denomina Francisco Aguadero en su libro "La
sociedad de la información" (Madrid: Acento Editorial, 1997) presenta
hechos tan increíbles como el de que la mitad de la población mundial todavía
no ha hecho una sola llamada telefónica en su vida (dato de la UIT, Unión
Internacional de Telecomunicaciones) y, según el informe Maitland, en Tokio hay
más teléfonos que en todo el continente africano (Op. cit.; p.18). Resulta
necesario, por lo tanto, aclarar que muchas veces se utiliza como equivalentes
«sociedad de la información» y «sociedad del conocimiento», no siendo ello
realmente cierto, ateniéndonos justamente a esa «dualidad compleja» de la que
nos habla Francisco Aguadero. Como muy acertadamente se escribe en El Correo de
la UNESCO de mayo del 2002, en el artículo The rise of the information society: «Some
are already speaking indiscriminately of the "information society" and
the "knowledge society". Should we not stop confusing
"information" and "knowledge"? The oversupply of information
may be condemning knowledge – which involves mastery of information through
knowledge and critical reflection. In short, education. Most
of all, participation in the "civilization of the immaterial" is
extremely patchy in different parts of the world. How can we fight against
"techno-apartheid" when, as we know, the new technologies are one of
the keys to the 21st century, to accessing information and setting up distance
education networks? A system where five per cent of people have access to new
information sources such as the Internet is surely, "undemocratic and
structurally unsound system" as Paul Kennedy suggested at UNESCO’s 21st
Century Talks.» Habiendo
precisado algunos lineamientos sobre las implicancias a nivel planetario de la
llamada sociedad de la información en este mundo globalizado aunque con
desigualdades que tienden a agudizarse, centrémonos en el presente y futuro del
libro frente al desafío de las tecnologías de la información. Muchas veces el
problema está mal planteado, mal enfocado. Pretendemos, con este trabajo,
aportar una aproximación desde nuestra óptica de profesional de la educación. El
libro de Negroponte, uno de los mayores expertos mundiales en multimedia y que
tiene a su cargo la dirección del Laboratorio de Multimedia del Massachusetts
Institute of Technology, nos brinda un enfoque esclarecedor. En la introducción
de su libro, que lleva el sugestivo título de "La paradoja de un
libro", Negroponte se plantea la siguiente interrogante: "¿Entonces,
Negroponte, por qué eres tan anticuado y escribes un libro, que además no
lleva ilustraciones?. ¿Por qué la editorial entrega esta obra en átomos en
lugar de bits, cuando,..., es tan sencillo ofrecer estas páginas en formato
digital, que era de donde venían? Y el propio Negroponte nos da las tres
razones de esta decisión, y que debidamente analizadas y reflexionando sobre
ellas nos permiten comprender, en sus múltiples dimensiones, el presente y el
futuro del libro. Las tres razones que esgrime Negroponte, son las siguientes: "La
primera es que no hay suficiente medio digitales al alcance de ejecutivos, políticos,
padres y todos los que más necesitan entender esta cultura tan radicalmente
nueva. Incluso en donde los ordenadores son omnipresente, en el mejor de los
casos la interfaz actual es rudimentaria y está muy lejos de ser algo con lo
que uno desearía irse a la cama" (Es necesario recordar que el libro, en
su primera edición en inglés, apareció en 1995). "La
segunda razón es mi columna mensual en la revista Wired. El éxito tan
sorprendente e inmediato de Wired demuestra que existe un público numeroso que
se quiere informar acerca de gente y estilos de vida digitales, no sólo de teorías
y equipos..." (Negroponte es el fundador de la revista Wired en la que
escribe una interesante y amena página mensual) "La
tercera es una razón más personal y ligeramente ascética. Los multimedia
interactivos dejan muy poco margen a la imaginación. Como una película de
Hollywood, los multimedia narrativos incluyen representaciones tan específicas
que la mente cada vez dispone de menos ocasiones para pensar. En cambio la
palabra escrita suelta destellos de imágenes y evoca metáforas que adquieren
significado a partir de la imaginación y de las propias experiencias del
lector" (Op. cit. ; pp.24-25). [El remarcado es nuestro] Permítaseme
reconocerle a Negroponte una honestidad intelectual extraordinaria, porque
considero que esta tercera razón es la más relevante para comprender el
significado del libro, tal como tradicionalmente lo entendemos. Ya diversos
estudiosos han puesto énfasis en el hecho de que sea nada menos que una de las
grandes figuras de los multimedialistas el encargado de reconocer de que el
libro, llamémosle tradicional, permite realmente el pensar, cosa que cada vez
ocurre menos con los multimedias interactivos. Es bueno señalar que Negroponte
comienza su libro citado diciéndonos: "No me gusta leer porque soy disléxico".
Pero termina su introducción con el siguiente párrafo: "Cuando se lee una
novela, gran parte del color, del sonido y del movimiento provienen de uno
mismo. Pienso que se necesita el mismo tipo de contribución personal para
sentir y entender como «ser digital» puede influir en nuestra
vida. Espero que se lea a usted mismo en este libro. Y que conste que esto lo
dice alguien a quien no le gusta leer" Desde
que Giovanni Sartori, en 1997 publicara su "Homo videns", contamos con
un análisis profundo de la sociedad teledirigida, donde se da una videocracia y
donde existe el peligro, incluso oponiéndose a ello o más bien teniendo
conciencia de sus graves implicancias negativas, de convertirnos en una generación
digital, que Calvo-Platero y Calamandrei (citados por Sartori) la describen como
una generación cuyo lenguaje "consiste en «hipertexto, compresión de
datos, amplitud de banda y bites»" y que se encuentra muy a gusto "en
el mundo virtual, en ese mundo tridimensional creado por un ordenador en el que
te mueves llevando una máscara y guantes especiales" (Op. cit; p.59). Trataremos
de expresar lo medular del pensamiento de Sartori. Él parte de la precisión de
que el hombre es un animal symbolicum, es decir que posee una capacidad simbólica
que se despliega en el lenguaje, específicamente en el lenguaje de nuestra
habla y es por ello que animal symbolicum significa animal loquax, animal
parlante o locuaz. El lenguaje no es sólo instrumento del comunicar, sino también
del pensar, donde el pensar no necesita del ver. La
gran ruptura entre el hombre symbolicum y el homo videns se produce a mediados
del siglo XX, con la llegada de la televisión, a partir de cuyo momento el ver
prevalece sobre el hablar. Para el televidente las cosas representadas en imágenes
cuentan y pesan más que las cosas dichas con palabras. Pocas décadas después
el progreso tecnológico nos ha sumergido en la era cibernética o de la
multimedia, donde se logra no solo la unificación de la palabra, el sonido y
las imágenes, sino que además nos introduce en la llamada realidad virtual, y
que en palabras de Sartori "es una irrealidad que se ha creado con la
imagen y que es realidad sólo en la pantalla. Lo virtual, las simulaciones amplían
desmesuradamente las posibilidades de lo real; pero no son realidades" (Op.
cit.;pp. 32-33) ¿Pero
cuál es el mal o el peligro? Sartori señala que una de las consecuencias
nefastas es que se está produciendo una metamorfosis en la naturaleza misma del
homo sapiens, en la medida que la televisión "no es sólo instrumento de
comunicación; es también, a la vez, paideia, un instrumento «antropogenético»,
un médium que genera un nuevo ánthropos, un nuevo tipo de ser humano, el homo
videns, caracterizado por responder casi exclusivamente a los estímulos
audiovisuales y como consecuencia de ello insensible a los estímulos de la
lectura y del saber transmitidos por la cultura escrita. El homo videns está
perdiendo la capacidad de abstracción y por ende las capacidades de análisis,
de crítica, de comprensión e incluso el de diferenciar entre lo verdadero y lo
falso. En las propias palabras de Sartori: "el mundo en imágenes que nos
ofrece el video-ver desactiva nuestra capacidad de abstracción y, con ella,
nuestra capacidad de comprender los problemas y afrontarlos
racionalmente".(Op. cit.; p. 127) ¿Podemos
concluir que hemos involucionado del homo sapiens al homo videns?.La respuesta
no es tan simple como una lectura ligera de Sartori podría hacernos concluir.
Ya tendremos oportunidad de hablar más adelante acerca de la posibilidad que se
abre de superar la disyuntiva «homo sapiens – homo videns» en un futuro «hombre
integrado» Frente
a lo que no podemos cerrar los ojos es al hecho de que la televisión crea
adicción y que, para cada vez más personas, se va convirtiendo, como dice
Enrique Rojas, en casi su único y exclusivo alimento intelectual. Fernando G.
Luccini, en su libro "Sueño, luego existo" (Madrid; Grupo Anaya S.A.
1996), nos proporciona algunos datos estadísticos muy significativos, como el
hecho de que los niños pasan un tiempo promedio de entre 1000 y 1500 horas al año
observando programas de televisión, frente a las 750 horas que están en el
colegio. (Op.
cit.; p. 43). Según el
Informe Carnegie de los Estados Unidos, los programas de televisión, a los que
tienen acceso los niños, poseen un promedio de entre 20 y 25 actos de violencia
por hora (es decir aproximadamente un acto de violencia cada dos minutos). Al
cumplir 18 años un estadounidense promedio ha visto quince mil horas de
televisión, siendo esto muy de lejos al tiempo que pasó en las aulas
escolares. Lo
más grave del rol de la televisión estriba en que, a nivel mundial, la
televisión ha ido evolucionando de haber sido un medio escasamente educativo a
una televisión (principalmente en los llamados canales comerciales o privados o
de señal abierta) poco educativa e incluso ya marcadamente antieducativa, y,
como diría el polígrafo peruano Marco Aurelio Denegri, un medio embrutecedor,
lo cual no es un delito en ningún lugar del mundo y es por ello que puede
desempeñar con plena libertad su papel nefasto. Ello explica cómo se ha
llegado al punto francamente peligroso de la denominada «televisión basura»,
expresión que algunos especialistas consideran que es exagerada, aunque no
dejan de reconocer que contiene mucho de basura, aunque nos señalan que un
porcentaje de ella es reciclable. Problema relacionado íntimamente con esto,
aunque sólo lo mencionaré de pasada, porque requeriría un análisis muy
detenido, es el concerniente al porqué de esta evolución. Mario Vargas Llosa
en un artículo que mereciera el premio Ortega y Gasset donde analiza la prensa
sensacionalista británica, precisa, con mucha lucidez, que en el fondo de todo
ese deterioro se encuentra "la banalización lúdica de la cultura
imperante, en la que el valor supremo es ahora divertirse, entretenerse, por
encima de toda otra forma de conocimiento o quehacer". Ese olfatear la
mugre ajena, de la cual nos habla Vargas Llosa, es la expresión de la
frivolidad, reina y señora de la civilización posmoderna. Enrique Rojas
(prestigioso psiquiatra) ha señalado que esa cultura posmoderna o light, como
él prefiere llamarla, donde lo fundamental es la imagen, ha producido "un
hombre escasamente culto, pasivo, entregado siempre a lo más fácil: apretar un
botón y dejarse caer, porque todo se reduce a pasto para sus ojos" (Rojas,
E. Op. cit.; Madrid: Ediciones Temas de Hoy; p.71) 2.
LA ESCUELA Y EL HOMO VIDENS. Señala
Sartori que toda la educación se ha deteriorado por la torpe pedagogía en auge
(la cual echa sus raíces a fines de la década del 60 del siglo XX) y que por
esa razón se tiene que reaccionar con la escuela y en la escuela. "En la
escuela los pobres niños se tienen que «divertir». Pero de este modo no se
les enseña ni siquiera a escribir y la lectura se va quedando cada vez más al
margen. Y así, la escuela consolida al vídeo-niño en lugar de darle una
alternativa". (Op.
cit.; pp.150-151) ¿Qué
es lo que realmente ha pasado con la escuela en estos últimos cincuenta años?
Hoy hay casi total unanimidad con relación a que la realidad exige una nueva
educación. Los estudiantes de todos los niveles y a nivel planetario, (por lo
menos dentro del mundo occidental o de fuerte influencia occidental) viven
dentro de un mundo multimediático, donde la imagen es el valor fundamental y
por lo tanto el ser tiene sentido en la medida que es visible al ojo humano.
Sartori utilizando una expresión latina sintetiza esta peculiaridad: "Non
vidi, ergo non est". Se
está hablando mucho del postmodernismo, del pospensamiento. ¿Qué es lo que se
quiere decir? Centrémonos en la evolución de la escuela en los últimos
cincuenta años y para ello nos guiaremos de un libro que considero que da
muchas luces al respecto. Me estoy refiriendo al libro "La escuela
zapping" de Ignacio Massun, libro que puede ser conseguido en bits, porque
es un libro que se encuentra en la red. Se le puede consultar en http://www.metodos.com.ar/docente/zapping.html).
También se le puede consultar en el formato «tradicional». En esta obra nos
encontramos con un llamativo y lúcido análisis de la escuela tradicional
(Massun la denomina "La escuela de nuestros abuelos"), la Escuela
Nueva o Escuela Activa y la Escuela Zapping. La
escuela tradicional ,a pesar de sus innumerables defectos, (docentecentrista,
repetitiva, memorística, pasividad del estudiante, etc.) tuvo valores que en
estos últimos tiempos se están revalorizando. No hay que olvidar, como bien
nos lo recuerda Massun, que esta escuela "formó generaciones de lectores
apasionados por la cultura, y es la base sobre la que se organizó el
conocimiento y la ciencia durante un largo período, así que, desde ya, no
podemos prejuzgarla con ligereza".. Con relación al libro, que es nuestro
tema, dentro de la escuela tradicional tenía un sitial muy importante. Como la
educación estaba basada fundamentalmente, aunque no exclusivamente, en
contenidos y estos estaban fuertemente estructurados en "Programas",
que eran uniformes para todo el país, independientemente de sus diversas
realidades socioeconómicas y culturales, era vital el libro de texto uniforme,
obligatorio, de autores conocidísimos y que perduraban por décadas. De esto se
desprendía que la lectura era obligatoria, no sólo del texto, sino también de
obras literarias. Esto último señalado por Massun, independientemente de la
distancia tempo – espacial, (Massun es un profesor argentino y quien escribe
este trabajo es un profesor peruano) ha servido para traerme el recuerdo, muy
grato por supuesto, de un curso que se impartía en quinto de secundaria (en
Lima-Perú), que era Lecturas Literarias, consistente en una visión panorámica
de la literatura universal a través del tiempo y de los diversos géneros y lo
que es importante, a través de lecturas pequeñas, pero muy bien seleccionadas,
de textos de las mejores obras de todos los tiempos. Si mal no recuerdo, el
texto que utilicé como alumno de la secundaria fue el escrito nada menos que
por Jorge Puccinelli, un profesor de la Universidad de San Marcos que llegó
tener una trayectoria intelectual de altísimo nivel académico. Este aspecto de
los autores conocidísimos, señalado por Massun, es algo en lo que otros
pedagogos no habían reparado o por lo menos no habían enfatizado. Recuerdo,
por ejemplo, que en el curso de Filosofía y Lógica, también del quinto de
secundaria, el profesor del curso, que era a la vez profesor asistente de Metafísica
en San Marcos, nos hizo utilizar dos textos escolares (obligatorios), escritos
nada menos que por intelectuales de gran valía: Francisco Miró Quesada,
Augusto Salazar Bondy (autores del texto en dos tomos de formato pequeño) y el
de Walter Peñaloza. Considero
que en la época previa a 1968 ya se estaba dando un viraje dentro de la escuela
tradicional, porque los años que tuve como estudiante de primaria y secundaria
(1952-1961) ya no coinciden exactamente con lo que después, como estudiante de
la Facultad de Educación de San Marcos, leería en los libros como las características
de la escuela tradicional, desde la óptica de los pedagogos de la llamada
Escuela Nueva o Activa, ya en boga durante mis años de estudiante
universitario. Solamente mencionaré algunos datos que pueden mostrar como se
fue generando el cambio previo a 1968. Por ejemplo ya no se exigía el memorismo
rutinario. Las clases trataban de ser dinámicas (no digo que lo fueran
totalmente). Un profesor de matemática, autor de un conocidísimo texto aquí
en el Perú (Rubén Romero Méndez) ya incursionaba en la utilización del método
lúdico. Las clases de ciencias, llámese Biología o Física y Química,
trataban de hacerse participativas y prácticas. Se contaba, por lo menos en
Lima, con colegios que poseían bibliotecas más o menos bien implementadas y
laboratorios. Había, es cierto, una educción secundaria común o simplemente
académica, pero paralelamente, y en el mismo centro educativo, se impartía una
secundaria comercial y otra industrial. Todo esto requiere de un análisis que
escapa la temática del presente trabajo, pero que amerita un análisis detenido
dentro del proceso de transición hacia la escuela nueva. (Dos buenos estudios
sobre la historia de la educación peruana son los de Kenneth Delgado "La
educación peruana en los siglos XIX y XX" y el de Enrique González Carre
y Virgilio Galdo Gutiérrez "Historia de la educación en el Perú") La
Escuela Nueva, que Massun la estudia bajo el título de "El «Boom» pedagógico
de los 70", constituye una de las etapas más fecundas en el campo pedagógico.
Claro que coincide, en Sudamérica, con una etapa de gobiernos dictatoriales,
pero que en el caso peruano era la continuación de un largo proceso de
dictaduras militares y civiles. Incluso los grandes cambios que se operan en el
mundo a raíz del 68 francés, coinciden en el Perú con la dictadura militar
conocida como el Docenio Militar (1968-1980) de los generales Juan Velasco A. y
Francisco Morales Bermúdez C., que, paradójicamente, constituye una de las
etapas más importantes dentro del campo educativo, porque se opera la llamada
"Reforma Educativa", como consecuencia de la obra de una comisión
presidida por el filósofo peruano Augusto Salazar Bondy e integrada por
personalidades de gran talla intelectual en el campo educativo, para citar sólo
dos nombres: Walter Peñaloza Ramella y Emilio Barrantes. Fruto del trabajo de
esta comisión fue la nueva estructura del sistema educativo peruano (1972). Sin
embargo, los cambios políticos que se operan dentro de la etapa del docenio
militar al ser relevado Velasco Alvarado y reemplazado por Morales Bermúdez, se
van a reflejar también en un viraje en el campo de las reformas que se habían
emprendido en el campo de la educación, lo que se va a ver claramente expresado
a partir de 1977 con los "Lineamientos de la Política Educativa
Nacional". Lo que comenzó como una esperanzadora posibilidad de una
verdadera modernización en el campo educativo, fue convirtiéndose, tanto por
la lentitud del proceso de conversión como por la marchas y contramarchas en
materia de los cambios, en un caos donde llegaron a convivir cuatro
programaciones: programa tradicional, programa actualizado, programa adaptado y
programa reformado. Los
cambios que se operan en la década del 70 en materia educativa constituyen una
verdadera revolución copernicana porque el docente deja de ser el centro del
quehacer educativo y su lugar pasa a ser ocupado por el alumno; asimismo se
intenta el tránsito del profesor "explicador" y "dictador"
con un estudiante pasivo, fundamentalmente receptivo, al docente
"facilitador " con un estudiante activo, porque se toma conciencia que
el verdadero aprendizaje es el autoaprendizaje, que realmente la única
verdadera forma de aprender es "interactuando de manera dinámica y
creativa con la realidad" (Massun, Ignacio. Op.cit.) El citado autor nos
dice: "Si tuviera que sintetizar en una frase la esencia de esta nueva
escuela diría que en ella «aprender es aprender a aprender» Lo que ahora
importa es desarrollar en los niños y jóvenes sus capacidades de análisis,
deducción, imaginación y creatividad, todo ello siempre teniendo en cuenta que
es imprescindible motivar al alumno para que el aprendizaje sea una libre
autoexigencia y de esta manera algo placentero. Y es a partir de ese momento
que, según el análisis del profesor Massun, se da inicio a la utilización de
las llamadas técnicas audiovisuales: diapositivas, transparencias, discos, y al
poco tiempo películas, televisión, vídeos, etc. También se entra al campo de
la investigación, de la experimentación, pero realizada con y por los
estudiantes y de preferencia en grupos.(dinámica de grupos).La escuela nueva
propicia el desarrollo del pensamiento divergente, porque ya se sabe que dicho
pensamiento hace posible la creatividad. El
libro en la Escuela Nueva cede su puesto señorial que había tenido en la
Escuela Tradicional, a la "Guía de Estudio", que nace concebida como
un material que se pone al alcance no solo del estudiante, sino también del
docente, y donde se indicaban las actividades para desarrollar los temas de la
asignatura. (Dinámicas de grupo, tareas de investigación, ejercicios,
cuestionarios, etc.). Pero, como reconoce Massun, justamente en esa sencillez,
practicidad, en ese facilitarle al docente su labor se encontraba su peor
limitación, porque "esclavizaban al docente" (son las palabras de
Massun), aunque considero que refleja mejor la realidad el decir que terminó
encasillando al docente al convertirse la Guía en un material paradigmático.
Sin embargo, hay que reconocer que su gran mérito consistió en el haber
permitido que los docentes fueran capaces de transitar de la etapa tradicional a
la activa, adecuadamente informados y guiados en el aspecto técnico pedagógico.
Pero como la Guía era eminentemente práctica, el docente tenía la presión no
sólo de la Guía misma, sino también de los padres de familia que exigían que
ella se desarrollara en su integridad. La Guía se había convertido en una
mordaza y paradójicamente terminó por convertir al docente en un fiel servidor
del libro-guía. Habíase vuelto a una especie del libro como un magíster dixit
medieval. Otro
aspecto digno de destacar es que durante la etapa de la Escuela Activa si bien
se trata de que la lectura sea asumida como una actividad placentera, el libro
termina por convertirse en optativo (se refiere a su adquisición por parte de
los estudiantes) y esta decisión se explica no por cuestiones pedagógicas sino
principalmente económicas, debido a la masificación de la educación. Algo más,
el texto único cede su lugar a la diversidad de textos (por lo menos en teoría),
lo cual se refleja en la gran cantidad de autores que comienzan a publicar
textos escolares y ello se va a reflejar también en la diversidad de calidad de
los mismos, justamente por ya no ser solo los prestigiosos autores los que
colocan en el mercado sus libros escolares. Se ganó en diversidad pero a
expensas de resentirse la calidad, en términos generales. ¿Pero,
qué ocurre con el libro en la tercera fase de la escuela, en la escuela
zapping?. Tratemos de precisar lo que es la cultura y la escuela zapping, como
prefiere denominarla Massun, aunque se han propuesto otros nombres, tales como
light, posmodernismo, posindustrial, era psicológica, etc. Enrique Rojas, médico
psiquiatra y profesor universitario en Madrid, especializado en temas como la
ansiedad y la depresión, fue publicando, entre 1987 y 1992 diversos artículos
que luego fueron reunidos y publicados en octubre de 1992 bajo el título
"El hombre light. Una vida sin valores". En ella podemos encontrar, a
manera de radiografía, lo que es la sociedad y la cultura light, propia de
"sociedad opulenta del bienestar en occidente" del la cual emerge el
hombre light, "un sujeto que lleva por bandera una tetralogía nihilista:
hedonismo-consumismo-permisividad-relatividad. Todos ellos enhebrados por el
materialismo" (Rojas, E. Op. cit.; Madrid: Ediciones Temas de Hoy; p.13).
De todo ello emerge el hombre cool, representado por el telespectador que con el
control remoto pasa de un canal a otro buscando no se sabe bien qué o por el
sujeto que dedica el fin de semana a la lectura de periódicos y revistas, sin
tiempo casi –o sin capacidad- para otras ocupaciones más interesantes. Como
dice Jean François Revel, según lo refiere Rojas, "nunca ha sido tan
abundante y prolija la información y nunca, sin embargo, ha habido tanta
ignorancia" (Op. cit.; p. 20). Hans Magnus dice que estamos ante la «mediocridad
de un nuevo analfabetismo». El hombre light no posee el mínimo interés por lo
cultural, su regla de oro es la superficialidad y posee una capacidad para
escapar de cualquier intento de entrar a conversar sobre temas culturales,
recurriendo de inmediato a su trivialización. Massun señala las siguientes
características del mundo zapping: "1)
...el hombre es un ser pasivo. Si no se lo estimula cae en el aburrimiento o la
parálisis. ¿Alguna generación tuvo más facilidad para aburrirse que los jóvenes
de hoy? "2)
Los estímulos llegan a los sentidos de manera confusa, aparentemente no hay
mensaje. El videoclip es prácticamente incomprensible. Está en un idioma
extranjero o contiene imágenes simbólicas de imposible comprensión. No hay
mensaje, solo estímulo... "3)
Sin embargo, bajo esa apariencia de carencia de mensaje, suele esconderse un
mensaje subliminal. La comunicación subliminal fue descubierta hace más de 50
años, cuando se comprobó que colocando en una cinta cinematográfica un
fotograma cada 10 segundos con publicidad de una gaseosa se duplicaban las
ventas de la misma a la salida del cine, aún cuando los espectadores no habían
percibido su existencia..... los videoclips y el mundo de las discotecas están
cargados de un mensaje que los jóvenes perciben y adoptan con total
naturalidad. Si tuviera que resumirlo en menos de diez palabras diría «No hay
futuro, solo existe el placer ahora» "4)
desde esta óptica nada vale la pena. No existe nada que justifique el esfuerzo,
el deseo de conocer, el construir, inventar o desarrollar ideas". ¿Cuál
es el rol de la escuela en esta etapa posmodernista? Empecemos señalando que la
escuela en sí misma entra en franca contradicción con el mundo light. O bien
se convierte, según palabras de Massun, "en un faro que ilumine un camino
diferente, en una roca que resista los embates del fuerte oleaje zapping, o se
deja arrastrar por ese nuevo mundo. Lamentablemente muchas veces la escuela opta
por el segundo camino y tenemos entonces la escuela zapping". En ella se
confunde la democracia, el vivir en libertad, con el facilismo. Se tiende a
identificar disciplina, principio de autoridad, con autoritarismo. Se confunde
libertad con anarquía o facilismo, diálogo con pérdida del rol docente,
comprensión de los problemas del alumno con permisivismo. Se ha llegado al
extremo de considerar que el régimen de amonestaciones debe ser reemplazado por
un sistema "dialogado" entre el docente y el alumno. Los docentes que
exigían estudio y respeto comenzaron a ser estigmatizados: lo menos que se decía
y aún se dice de ellos es que están desfasados, que no están con la
modernidad (realmente posmodernidad). Lo anteriormente expresado, nos dice
Massun, no quiere decir que el diálogo entre docentes y alumnos no sea valioso.
Lo negativo de dicha posición radica en el hecho de que en la escuela zapping
el docente pierde su rol y pasa a formar, con los alumnos, un «grupo de pares».
Carlos Ball, director de la agencia de prensa AIPE y académico asociado del
Cato Institute. Refiriéndose a la educación pública estadounidense nos dice:
"Ese mal ambiente burocrático ha contagiado las escuelas públicas, donde
cada día nuestros niños reciben más adoctrinamiento sobre lo que es políticamente
correcto y menos educación básica en lectura, escritura, matemáticas y
ciencias. Y de disciplina, ni hablar. Los maestros no se atreven a imponer
disciplina ni respeto en la clase, como tampoco a ser exigentes con los jóvenes,
para lograr que hagan el máximo esfuerzo posible en prepararse para la vida y
para aportar a la sociedad. La nueva función del maestro en las escuelas del
gobierno es manejar una especie de gran estacionamiento de jóvenes, donde estos
se sientan a gusto, manteniéndolos más o menos supervisados y fuera de peligro
durante la jornada laboral de sus padres". Haciendo
un balance entre los tres tipos de escuelas, Massun nos dice: "Aprender, en
la Escuela Tradicional era repetir de memoria. En la Escuela Nueva se buscaba
que el alumno aprendiera a aprender. En la Escuela Zapping el alumno simplemente
«no aprende» y es por ello que hoy, más que nunca, se escucha entre
profesores y padres de familia, algo que se va convirtiendo en una letanía: «Los
alumnos saben cada vez menos». Nuevamente citando a Carlos Ball, con relación
a la ineficiencia del sistema educativo público estadounidense, encontramos lo
siguiente: "El fracaso de la educación del gobierno fue documentado por la
revista The Economist (1 de abril de 2000, p. 17) de la siguiente manera:
mientras un niño americano promedio, de 10 años (4° grado), califica por
encima de niños de otros 20 países en matemáticas, para cuando llega al último
año de bachillerato está por detrás del 95% de los jóvenes de otros países.
Esto comprueba que mientras más tiempo está expuesto el joven a una escuela pública,
peor le va. Frente
a todo ello es vital hacerse la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que ha ocurrido
en el tránsito de la escuela tradicional a la escuela activa y de ella a la
escuela zapping? Estamos hablando de casi medio siglo de experiencias en el
campo educativo. Hoy
podemos ver con más claridad lo que ha pasado. Siempre siguiendo el análisis
de Massun, es necesario tomar conciencia de las consecuencias negativas de lo
que significó la pérdida de un relevo generacional. Es un hecho
incontrovertible que los alumnos de la Escuela Nueva venían de años de Escuela
Tradicional, lo que implicaba relativos sólidos conocimientos aprendidos de
memoria, poco incorporados, es cierto, pero innegablemente latentes. La Escuela
Nueva pudo, por lo tanto, trabajar sobre estos contenidos para lograr que los
alumnos lo hicieran propios. Los estudiantes de la actualidad ya no han pasado
por ninguna experiencia parecida a la Escuela Tradicional. Como el recurso a la
memoria fue satanizado, porque se le confundió con el memorismo rutinario, el
estudiante de hoy tiene un pobrísimo bagaje cultural y los docentes suelen
autoengañarse con la aplicación de técnicas «movilizadoras», que en la práctica
no dan resultado porque se intentan llevar a cabo con estudiantes que carecen de
la más mínima base de conocimientos como para aplicarlas. Las tan
promocionadas y glorificadas dinámica de grupos se suelen convertir en una gran
"puesta en común de la ignorancia". Es moneda corriente que los
docentes intenten debates sobre algún tema sobre los cuales los estudiantes no
saben nada y, lo que es más grave, sobre lo que los propios docentes conocen
muy poco. ¿Tiene algún sentido "practicar una dinámica de grupos entre
personas que no tienen los contenidos mínimos indispensables"? En
un libro relativamente reciente, "Enseñanza y aprendizaje de la
historia" de Henry Pluckrose (cuya primera edición en inglés es de 1991),
leemos: "Tras un período de varias semanas en que estudió la aviación,
David, de 6 años de edad, observó: «Mi abuela nació en 1903. Ese fue el año
en que volaron por vez primera los hermanos Wright. Mi abuela vive todavía. Ha
conocido todos los progresos de la aviación desde los Wright al Concorde".
(Pluckrose, Henry; Op. cit; Madrid: Ediciones Morata, S.L.1993; p. 38). Mi
experiencia como docente de ya larga trayectoria me permite concluir, casi sin
temor a equivocarme, que si el niño David, de apenas 6 años no es un genio,
ese caso (al igual que otros que aparecen en el libro) no se condicen con la
realidad. Paréceme exagerado, por decir lo menos, que se nos pretenda hacer
creer que un niño de 6 años «investigó» acerca de la aviación durante
varias semanas. Claro que en la Escuela Zapping la investigación como método
de estudio se ha puesto de moda, porque cree el docente que es una de las formas
para que el propio estudiante autoaprenda. Lo que ha ocurrido es que el concepto
de investigación se ha devaluado, se ha trivializado y se cree que un niño está
investigando cuando lee, eso en el mejor de los casos (no es raro que los padres
sean los que busquen la información) unos cuantos datos sobre un tema, y,
cuando ya el estudiante es joven, cuando hacemos que recurra a internet a buscar
información y a lo que se limita el joven es a "bajar" información y
luego presentarla sin haber leído una sola línea. Claro que se me objetará, y
con toda razón, que va a depender del docente el saber plantear adecuadamente
un tema a investigar, para que no se produzca el simple download. Pero ello va a
implicar que el joven lea, independientemente de cual sea el soporte del texto a
leer (átomos o bits) y allí nos encontramos con la esencia del problema: los
niños y los jóvenes no han creado el hábito de la lectura, no se ha logrado
el objetivo de la Escuela Activa de la lectura placentera, que es la verdadera
lectura, porque, como es fácil comprender, la lectura obligatoria, ya escolar,
universitaria o profesional, no constituye la verdadera lectura Martha
Hildebrandt en una entrevista que le hizo El Comercio de Lima (Domingo 27 de
abril del 2002, sección C, p. 15), con su claridad y precisión conceptual que
la caracterizan, respondiendo al comentario del entrevistador acerca de aquellos
que ven la lectura como un trabajo, dice: "Exacto. Es gente que no lee por
placer sino solo cuando tiene exámenes. Entonces asocian la lectura a la
obligación. Algo que quita tiempo para verdaderamente distraerse. Y esa es la
diferencia entre un lector y un no lector. El primero se desvive para encontrar
una hora para leer, el segundo se desvive para otros placeres, como el cine, por
ejemplo. De lo que se trata es de hacer de la lectura un placer". Y, de
inmediato, frente a la pregunta: ¿Considera que eso podría lograrse en la
escuela?. Hildebrandt contesta: "No, desgraciadamente. Eso se da en el
hogar. Y digo desgraciadamente porque son muy pocos los hogares en los que un niño
puede ver a sus padres leer por placer, quizás en la noche en la cama, por lo
menos un periódico o una revista, incluso frívola. Si el niño ve que la gente
goza y se ríe leyendo algo que él no sabe qué es, va a sentir curiosidad y a
saber que es algo rico que él también quiere tener. Pero si nunca los ve coger
un libro, y en la escuela la lectura se asocia con deberes e imposiciones,
entonces nunca será un placer". Es
innegable que los docentes que toman con seriedad su función, se encuentran hoy
más que nunca entre Escila y Caribdis, porque es muy fuerte la concepción
pedagógica que señala que a los estudiantes "solo hay que hablarles de
los temas que ellos están viviendo todos los días", es decir a los
"temas de la vida diaria", a semejanza de lo que hace la radio y básicamente
la televisión. Si en la Escuela Tradicional se enseñaba lo que el profesor
establecía (y la directivas venían de instancias superiores), en la Escuela
Nueva o Activa el estudiante aprendía todo aquello para lo cual había sido
debidamente motivado, en la Escuela Zapping se debe enseñar lo que el
estudiante quiere aprender. Ello es lo que ha conducido al facilismo. Al
estudiante no se le debe exigir (ello sería señal de autoritarismo, de
tradicionalismo). Y como el estudiante lo sabe, opta por la ley del menor
esfuerzo. Como de todas maneras va a conseguir ir avanzando, pasar de un grado a
otro, de un nivel a otro, cada vez el esfuerzo será menor, hasta volverse casi
inexistente. Ese facilismo es en parte heredero de la distorsión de la teoría
del interés: El niño y el joven aprenderá mejor aquello en que más se
interesa. Esto que es algo indubitable, si embargo encierra aspectos espinosos,
como por ejemplo la existencia de intereses deseables y no deseables. La educación
basada en la teoría del interés cayó en el extremo de que, como escribe James
Binney, en "Doctrina del Interés" (En:" La inteligencia, el
interés y la actitud". Madrid: Ed. Paidós, 1965; pp. 51-57): "Muchos
alumnos han llegado a creer que es deber del maestro interesarlos a toda
costa". Lo que esta teoría del interés no consideraba era el hecho de
que, en una clase cualesquiera, hay unos pocos estudiantes que no pueden llegar
a ser interesados en un tema determinado. La doctrina del interés sufrió tal
deformación que se confundió el interés con el entretenimiento. De allí al
facilismo y al permisivismo había un paso. No tengo interés en estudiar biología,
no me interesa estudiar la célula, tampoco sobre la revolución francesa. Deseo
saber sobre la historia de los mundiales de fútbol. Bueno, por lo menos algo le
interesa. Massun, refiriéndose a una encuesta realizada por Eliseo Verón,
cuenta que un docente se lamentaba que los alumnos ya no leen el Quijote pero se
consolaba diciendo que por lo menos leen Mafalda. Los
docentes, conscientes de todos estos males, tratan de buscar soluciones
creativas para que, por lo menos, algo se logre adecuadamente. Es por ello que
el sociólogo Eliseo Verón habla del "Porlomenismo", "una forma
de resignación que consiste en reconfortarse viendo lo que aún se ha podido
salvar". Lo rescatable de todo esto es que todavía existe una reserva
docente valiosa que es consciente de los males que aquejan al sistema educativo
y a la sociedad en general, aunque, y aquí radica el gravísimo peligro, nadie
quiere ser «el malo de la película», o termina por cansarse de serlo, y cae
en el facilismo, en la permisividad. Sin embargo se ha tomado ya conciencia de
que las cosas van por mal camino, aunque a la vez se es consciente que fenómeno
es sumamente complejo y exige un cambio cualitativo muy grande a nivel de
sociedad y cultura. El
libro, el texto escolar, en la Escuela Zapping tiende a desaparecer. Es cierto
que existe el llamado libro zapping, lleno de estímulos visuales, de muchas
fotos y dibujos y obviamente de muy poco texto de lectura e incluso en esto último
aparecen las negritas, los subrayados, las letras de colores diferentes, los
diferentes tipos de letras. Es decir, todo ya digerido. El "lector" ya
no tiene que pensar. Pero incluso este libro light no concordaba plenamente con
la sociedad y la cultura light. Un libro por más light que sea puede
"generar la perversa tentación de pensar". Por eso es que la escuela
zapping evoluciona a la escuela sin libros. En muchos países ese paso comenzó
con la prohibición, hecha a los docentes, de recomendar texto alguno,
aparentemente porque de esa manera no se excluía a nadie del acceso a la
educación, que por haberse masificado, llegaba a todos los sectores socioeconómicos
de un país. Como el poder adquisitivo del mayor porcentaje de familias era y es
sumamente bajo, la solución se dio prohibiendo el recomendar libros y con ello
surgió una cultura del no-uso del libro en la escuela. Los docentes
posmodernistas de la Escuela Zapping consideran que ello es un gran avance,
porque se pretende hacer creer que el libro es sustituido por una diversidad de
fuentes, tales como diarios, revistas, libros de la biblioteca, etc. Lo que no
quiere darse cuenta el docente es que una cosa buena puede ser esa diversidad de
fuente, pero que ello no entra en contradicción con un libro que organice su
saber y le dé una base donde estudiar. La Escuela Zapping es la escuela de la
fotocopia, pero no de textos adecuadamente seleccionados o preparados con mucha
dedicación por el docente, (los cuales sí son valiosos, porque constituyen el
fruto de una adecuada consulta bibliográfica, hemerográfica e incluso, en
estos últimos tiempos, de consulta en internet, que los que la utilizamos
sabemos que exige mucho tiempo y un gran criterio selectivo para aprovechar lo
que la red brinda de calidad, que es de una variedad muy grande), sino el «coser»
o «ensamblar» párrafos en una forma que resulta generalmente inconexa,
desgajada de su contexto más amplio. Aunque el tema es bastante complejo,
debemos señalar que la fotocopia es un competidor desleal del libro, sobre todo
la fotocopia que pretende sustituir al libro. En libros franceses es bastante
común leer: "La fotocopia mata el libro" El
libro también se resintió en la escuela cuando se pasó de la lectura
obligatoria, propia de la escuela tradicional, a la lectura libre, motivada, hedónica.
La escuela nueva en uno de sus más crasos errores, según Massun, planteó la
opción de hierro: "lectura obligatoria o lectura por placer". Aquí
también se dio ese relevo generacional comentando ya anteriormente. Un cosa era
trabajar con estudiantes que habían leído en forma obligatoria, lo cual no
siempre era displacentero como se suele pensar, porque ese carácter obligatorio
no era en esencia de una coerción que violentara intereses; y otra cosa muy
diferente sería trabajar con aquellos que no habían practicado la lectura. Como
lúcidamente precisa Massun, la pretendida lectura no obligatoria, es decir la
supuesta lectura basada solo en el propio interés del estudiante, no se hizo
realidad, porque es como pretender que alguien aprenda música saltándose la
parte supuestamente «tediosa» y «esforzada» de las prácticas que llevan a
adquirir el dominio de la técnica. Nadie puede interpretar una sinfonía sin
una práctica constante, que exige un gran esfuerzo y demanda un larguísimo período
de prácticas. Quienes extrapolando teorías psicológicas consideraron que se
podía acceder a la verdadera lectura basado en el interés innato o fácilmente
adquirido, cometieron un grave error que llevó a la no lectura o a la lectura fácil:
cuanto más ilustraciones, fotos y menos texto, mejor. Era la aparición del
antilibro en manos no de niños de 6 a 8 años de edad, (donde el libro
prolijamente ilustrado es una virtud, porque cumple la función de atraer la
atención) sino en manos de jóvenes que han crecido en una supuesta lectura
libre, placentera, pero que tampoco le encuentra placer a la lectura, porque no
han sido preparados para ella y por esa razón se arriba al contrasentido de
considerar que el mejor libro es el que menos hojas tiene. 3.
EVOLUCIÓN DE LOS SOPORTES DE LA ESCRITURA En
este capítulo pretendemos dar un vistazo panorámico, muy esquemático por
supuesto, sobre la evolución de los diversos materiales que han servido, a lo
largo de la historia, de soporte a la escritura. Ello nos acerca un tanto a la
historia del libro, sobre la cual existen excelentes investigaciones. No debería
dejar de leerse, a pesar de sus años, la obra clásica del danés Svend Dahl
"Historia del libro", que nos brinda una brillante y amena historia
del libro hasta mediados del siglo XX. En
la introducción del importantísimo libro colectivo "Historia de la
lectura en el mundo occidental",cuyos coordinadores son los especialistas
Guglielmo Cavallo y Roger Chartier, los cuales son, asimismo, los autores de la
introducción, se rebate aquella posición que señala que el texto existe en sí,
separado de toda materialidad. Al respecto los citados especialistas nos dicen:
"...no hay texto alguno fuera del soporte que permite leerle (o
escucharle). Los autores no escriben libros; no, escriben textos que se
transforman en objetos escritos –manuscritos, grabados, impresos y, hoy,
informatizados- manejados de diversa manera por unos lectores de carne y hueso
cuyas maneras de leer varían con arreglo a los tiempos, los lugares y los ámbitos".
El libro citado está disponible en átomos (Editorial Taurus) y en bits (http://www.lander.es/~lmisa/histlect.html) Hagamos
un esquemático análisis del proceso de evolución de la escritura y sus
soportes. La historia de la humanidad tiene una larguísima etapa oral , es
decir anterior a la escritura, pero en un determinado momento, hace
aproximadamente un poco más de 5000 años, en la zona de la Creciente Fértil
Media Luna, aparece la escritura, específicamente en Súmer. Como dice Samuel
N. Kramer en su obra "La cuna de la civilización" (Madrid: Novograph
S.A. 1980): "La invención de la escritura, más que cualquier otro logro,
llevó el lustre de la civilización a las vidas de los hombres. El dar este
paso gigantesco hace más de 5000 años posibilitó el conservar pensamientos y
experiencias y el transmitir a generaciones futuras sabiduría arduamente
conquistada, dos procesos esenciales para el mantenimiento de una sociedad
compleja..." (Op.
cit.; p. 129) La
escritura no solo implica, desde su aparición, signos (pictografías,
ideogramas, etc) sino también un material sobre el cual se materializan dichos
signos. Sabemos, por la enorme cantidad de tabletas que nos quedan de la región
mesopotámica, que el material utilizado fue básicamente la arcilla, aunque
también utilizaron metal y piedra. Con relación a este último material nos
viene de inmediato al recuerdo la "Roca de Behistún" (en las montañas
de Zagros, en Irán noroccidental) y la muy famosa "Piedra de Roseta".
El papiro es otro de los materiales que durante un periodo bastante extenso de
la historia humana sirvió como soporte escritural y que constituye
conjuntamente con la escritura egipcia antigua una de aquellas creaciones
trascendentes de la historia de la humanidad. ¿Y
qué sabemos de los «libros de aquella época? La educación sumeria ha sido
muy bien estudiada. Hartmut Schmökel nos dice que se han hallados "textos
escolares" de las épocas más tempranas en Fara-Shuruppak, Uruk, Nippur y
otros lugares. El estudiante era, al parecer, denominado "hijo de la casa
de las tablillas" (el profesor era el padre). Claro que esos "textos
escolares" era como los cuadernos de apuntes donde los estudiantes
realizaban sus tareas. Pero poco a poco se fue pasando de inscripciones brevísimas
(las tabletas pequeñas medían 4 x 2,5–3 cm o 4 x 4 cm y las más grandes 11
x 10,5 cm) a textos más extensos, ya no solo de carácter religioso o político-administrativo,
sino históricos.(Schmökl, Hartmut "El país de los súmeros" El
redescubrimiento de la primera alta cultura de la humanidad";Buenos Aires:
EUDEBA, 1965; pp. 152-153). Las tabletas de arcilla (hojas del libro sumerio) se
guardaban, según nos los relata Georges Contenau en su libro "La vida
cotidiana en Babilonia y Asiria" (Barcelona: Editorial Mateu, 1962) en
estantes, dispuestas una sobre otra, y en el canto se escribían las primera
palabras de la obra, que de este modo se intitulaba como las encíclicas
pontificales, con las palabras con que principia el texto. No podemos dejar de
señalar, que es también en esta región mesopotámica donde encontramos ya una
biblioteca, la famosa biblioteca de Asurbanipal, en Nínive. (Esta biblioteca,
transportada a Londres, constituye hoy la gloria del Museo Británico). Siempre
siguiendo a Contenau diremos que en la época de Asurbanipal, como en nuestros días,
había gente con propensión a formar su biblioteca en detrimento de las ajenas;
para protegerse contra esta plaga peligrosísima se ponían los libros bajo la
protección de los dioses. Ciertas tabletas, anteriores a la época sargónida,
llevan una maldición contra quienes maltratasen los libros, no los dejasen en
su estante, o se los apropiasen. (Op. cit.; pp. 195-196) La bibliocleptomanía,
de la cual nos habla Alberto Manguel en uno de los capítulos de su obra
"Una historia de la lectura", tiene pues larga data. Me
he detenido un tanto en los orígenes de la escritura y de los primeros textos
que pueden ser considerados como libros, porque a veces no se tiene un adecuado
conocimiento y una adecuada valorización del inicio de una de las más grandes
hazañas del género humano y lo de revolucionario que implicó que el
pensamiento y las fugaces palabras pudieran perennizarse, eternizarse a través
de su plasmación gráfico-simbólica. Los
egipcios, con su escritura que tuvo tres tipos (jeroglífica, hierática y demótica),
dispusieron del papiro, muy superior a las tabletas de arcilla de los mesopotámicos.
Como nos lo recuerda Martin Walker en su obra "Los egipcios" (Madrid:
Edimat Libros S.A., 1998) la palabra papiro dio origen a la palabra inglesa
paper y a la francesa papier. Walker nos describe la técnica de la fabricación
de la hoja que iba a ser utilizada para la escritura, utilizando los tallos del
papiro (cyperus papyrus).El tamaño de las hojas era variado. En cuanto su ancho
oscilaba entre 50 y 170 cm, siendo esta última la medida más frecuente. La
longitud de los papiros también era muy variable. El Papiro Harris (Museo Británico),
que es el de mayor tamaño, alcanza una longitud de cuatro metros. La fabricación
del papiro era muy costosa, razón por la cual se utilizaron otros materiales
para escribir, tales como trozos de cerámica, que son conocidos con el nombre
de «ostraka» (Sobre el papiro puede consultarse "La fabricación del
papiro",en http://rt000qzn.eresmas.net/vida/papiro/papiro.html) Si
quisiéramos una aproximación a los «libros» mesopotámicos y egipcios, es
decir el leer lo que esos pueblos escribieron, podemos consultar: *
Pritchard, James B (compilador) "La sabiduría del antiguo oriente"
(Barcelona: Ediciones Garriga S.A. 1966) *Gaster,
Theodore H. "Los más antiguos cuentos de la humanidad" (Buenos Aires:
Librería Hachette S.A.,1956) *"Cantos
y Cuentos del Antiguo Egipto" (Madrid: Revista de Occidente, 1944). Con una
nota sobre el alma egipcia escrita por don José Ortega y Gasset. *"Narraciones
y cánticos del antiguo Egipto" (Buenos Aires: Editorial Simientes, 1978 Acerquémonos
ahora al mundo greco-romano. Tratemos de captar el momento en el cual hace su
reaparición, en el mundo griego, un nuevo tipo de escritura, esta vez por
influencia de los fenicios y que hará posible la gran revolución del
pensamiento del mundo occidental. Jean-Pierre Vernant en su libro "Los orígenes
del pensamiento griego" (Buenos Aires: EUDEBA, 1965) ha señalado que si
queremos levantar el acta de nacimiento de la Razón griega, seguir el camino
por donde ella ha podido desprenderse de una mentalidad religiosa, debemos
fijarnos en el gran viraje que se produjo entre los siglo VIII al VII, momento
en el cual triunfa el estilo orientalizante, se sienta las bases de la polis y,
asegura, mediante esta laicización del pensamiento, el advenimiento de la
filosofía. La monarquía micénica, centrada en el palacio, regimenta la vida
económica, social y política y ello en torno al empleo de la escritura y la
constitución de archivos. Nos dice Vernant: "Son los escribas cretenses,
pasados al servicio de las dinastías micénicas, quienes, transformando la
escritura lineal usada en el palacio de Cnosos (lineal A) a fin de adaptarla al
dialecto de los nuevos señores (lineal B), les han aportado los medios
administrativos propios de la economía palatina" (Vernant, Jean-Pierre;
Op. cit., p.26). Esta escritura era hecha en tablillas. Sin embargo todo será
trastocado cuando se produce la invasión doria, que rompe los vínculos de
Grecia con el oriente, convirtiéndola en una civilización básicamente agrícola..
La escritura misma desaparece. Pero, cuando esta sea redescubierta, a fines del
siglo IX, "tomándola esta vez de los fenicios, no será solo una escritura
de otro tipo, fonética, sino producto de una civilización radicalmente
distinta: no la especialidad de una clase, los escribas, sino el elemento de una
cultura común. Su significación social y psicológica se habrá transformado
–podríamos decir invertido- la escritura ya no tendrá por objeto la creación
de archivos para uso del rey en el secreto de un palacio, sino que responderá
en adelante a una función de publicidad; va a permitir divulgar, colocar por
igual ante los ojos de todos, los diversos aspectos de la vida social y política"
(Vernant, Jean-Pierre; Op. cit; p.28). Es
cierto que actualmente los helenistas tienden a ver las civilizaciones egea o
minoica y micénica como "obra común del mismo pueblo, que no es otro que
el de los futuros griegos" (Saitta, Armando. "Guía crítica de la
historia antigua "(México: FCE , 1996). En 1939 la recién descubierta
escritura lineal B, llamada así para diferenciarla de la pictográfica, permitió
acceder al primer archivo de documentos escritos de la Grecia micénica
continental" (tablillas encontradas en el palacio de Pilos). Al poco tiempo
ocurrió su desciframiento. A comienzas del siglo XX el arqueólogo Arthur Evans
había descubierto, en el palacio minoico de Cnosos, en tablillas de arcilla y
con tres tipos diferentes: una pictográfica o jeroglífica, una escritura
cursiva que Evans la llamó lineal A y una tercera, modificación de la anterior
y que fue llamada lineal B. Nuevas excavaciones permitieron llegar a las
conclusión de que la lineal A era exclusiva de Creta, mientras que la lineal B
era usada en Cnosos y en toda la península griega.. Michael Ventris y John
Chadwich lograrían el desciframiento de la escritura lineal B. Eric
G. Turner en "Los libros en la Atenas de los siglos V y IV a.C." que
forma parte de la obra colectiva "Libros, editores y público en el Mundo
Antiguo" (Madrid: Alianza Editorial S.A. 1995), cuyo director es nada menos
que Guglielmo Cavallo, nos señala que el libro más antiguo, conocido por
nosotros, es una copia del nomos de Timoteo, «Los Persas», escrito en papiro y
hallado en Abusir, no lejos de Menfis, al parecer del siglo IV a. C. y
perteneciente, muy probablemente, a un músico itinerante jonio. Leer y escribir
era lo normal en la sociedad ateniense de los siglos V y IV a.C. Se escribía
fundamentalmente sobre papiro. Turner nos señala que la palabra Biblos
significa «documentos» y ello porque los griegos preparaban folios de papiro
que, una vez escrito, se plegaban horizontalmente varias veces y se sellaba,
como se sabe que se hacía con cartas y documentos. Los griegos aprovecharon el
papiro egipcio, pero lo prepararon diferente logrando la fabricación de folios
y, por otra parte, a diferencia de los escribas egipcios que utilizaban una
especie de pincel para escribir, los griegos emplean el kalàmos (caña o
pluma). En cuanto a la influencia mesopotámica entre la escritura griega,
Turner señala que muy probablemente la pluma, que desplazó al pincel, haya
sido importada de Mesopotamia. Según
G. Cavallo, refiriéndose al importante papel de la oralidad dentro de la
lecto-escritura señala que la Grecia del siglo V a. C. era auditiva (audición
de textos) y no auditiva y visual al mismo tiempo (lectura de textos en voz
alta). Señala que, al parecer, fue "entre las dos generaciones de Heródoto
y Tucídides [que] tuvo lugar la transición de la oralidad a la cultura del
libro". Heródoto representa la primera y Tucídides la segunda. Un aspecto
poco enfatizado es el referente a que los libros en general, y los de los
sofistas en particular, despertaron el rechazo, nada menos que como una manera
de sustraerse a la nueva técnica que utilizaba el papiro, que, al fin y al
cabo, solo era un nuevo soporte escritural. Nada menos que Platón es uno de los
representantes de esa oposición al libro. Debemos remarcar que "los
sofistas habían descubierto qué valor podía tener la difusión del libro para
instaurar un nuevo sistema cultural" Pero el impacto del libro fue tal que
incluso en la Academia de Platón y en el Liceo de Aristóteles se utilizaban
los libros. Platón poseía una buena colección de libros. Algo más, la
primera biblioteca privada al parecer fue la de Aristóteles, la cual caería en
poder de Sila cuando este saqueó Atenas, en el 86 a.C. Aristóteles, según
todos los indicios, parece ser también el primer bibliotecólogo: Enseñó al
rey de Egipto el método para organizar una biblioteca. Como vemos larga data
tiene la novofobia y en este caso concreto la oposición a nuevos medios para la
difusión del pensamiento, para la plasmación de los textos en nuevos soportes. Un
aspecto bien estudiado es el referente a la etapa de la oralidad de los textos.
Hubo un largo periodo en el cual se transitó de la lectura oral a la lectura
silenciosa, de la lectura en voz alta, a la lectura en voz baja hasta llegar a
la lectura en silencio. Sin embargo Jesper Svenbro, en "La Grecia Arcaica y
Clásica. La Invención de la lectura silenciosa" (En: "Historia de la
lectura en el mundo occidental") nos señala que Bernard Knox ha demostrado
que a los griegos debemos la invención de la lectura silenciosa, aunque es
necesario reconocer que durante varios siglos más predominaría la lectura en
voz alta. Alberto Manguel ha dedicado el capítulo "Los lectores
silenciosos" para apreciar el tránsito a la lectura silenciosa, que tiene
la ventaja de ser mucho más rápida. No
es totalmente cierto, por lo tanto que la scriptio continua, es decir la
escritura que no tenía separación ni siquiera de palabras fuera un obstáculo
para la lectura silenciosa. Como lo sugiere Knox, el manejo de grandes
cantidades de texto, como la utilizada por los monjes dedicados a copiar
manuscritos, habría constituido un factor para transitar a la lectura
silenciosa, lo propio que la «word división». La
obra titulada "Entre el volumen y el códex. La lectura en el mundo
romano" de Guglielmo Cavallo, es una valiosísima guía para tener un visión
rápida pero documentada del libro y la lectura en Roma Antigua. Lo mismo que
"Comercio librario y actividad editorial en el mundo antiguo" de Tönnes
Kleberg. Los griegos innegablemente, pero también los etruscos, contribuyeron
al progreso del conocimiento y del interés por los libros en Roma. Pierre
Grimal en su obra "La vida en la Roma Antigua" nos relata en unos
pocos párrafos como era la educación romana en la época de Augusto. El niño
aún pequeño era confiado al gramático, quien le enseñaba a leer y escribir.
Luego pasaba a manos del retórico quien lo iniciaba en las humanidades. Se
buscaba que aprendieses a ser un orador ya que la elocuencia impregnaba toda la
vida pública romana, aunque, como nos dice Grimal, la "elocuencia no era
un fin es si mismo sino que debía permitir ejercer su influencia sobre los espíritus
y las almas y, para ello, era necesario que el joven adquiriese el conocimiento
de «todo lo que es humano»"(Op. cit.; p. 86-87). Es en esta etapa de la
educación que los niños y jóvenes comenzaban a recibir la influencia de los
pedagogos (poedagogus), instructores generalmente griegos, de condición
esclavos, encargados de llevar a los niños a la escuela y luego ayudarles en
sus tareas escolares. Como dice Grimal ; "A los pedagogos se les debe, con
toda seguridad, la penetración tan rápida y profunda de algunas costumbres de
vida y pensamientos griegos, influencia secreta, poco comprensible para nosotros
ya que no se manifiesta en los testimonio literarios, pero que es importante
reconocer y no minimizar" (Op. cit.; p. 85) ¿Pero
que sabemos de los libros en aquella época? Según G. Cavallo, en una primera
etapa la lectura y escritura eran exclusivamente una práctica exclusiva de
temas religiosos y jurídicos, recogidos en los llamados «libros lintei» (de
tela de lino) y en las «tabulae lignatias. Pero va a ser en el siglo II a.C.
que aparecen los libros utilizando el papiro. Los libros griegos fueron el
modelo de los libros latinos.. Leer un libro significaba leer un rollo. Se leía
en forma privada y pública, lo mismo sentado que reclinado o echado. Era
habitual la lectura en voz alta. A veces se utilizaba lectores especializados,
de tal manera que la lectura devenía en indirecta y oral. En el caso de
lectores no profesionales la lectura era lenta, por dos motivos fundamentales:
por los diversos tipos de letras manuscritas que se utilizaban, algunos incluso
con muchos adornos, y, por otra parte, porque a consecuencia de la influencia de
los griegos se dejó a un lado la utilización de la interpuncta, puntos que
indicaban la separación entre las palabras, y, en el siglo I a.C., se adoptó
la scriptio continua . Ello implicaba que era necesario ser muy experimentado
para individualizar la separación de las palabras y a la vez captar el sentido.
Los libros fueron, en un primer momento, bastante escaso y muy caros, pero en la
época de los emperadores bajaron bastante sus precios. Cuando estaban
aprendiendo a escribir los niños utilizaban tablillas cubiertas de cera, pero
ya más adelantados escribían sobre papel (charta), elaborado, como hemos
dicho, con el papiro. James Stewart, en su obra "La vida íntima de los
romanos" nos proporciona datos muy importantes sobre la educación romana.
A este autor le debemos la expresión de que la polis de "Atenas era en
realidad la Universidad del Imperio romano", para expresar la costumbre de
los jóvenes de familias adineradas de concluir sus educación en las ciudades
orientales de Grecia, muy especialmente en Atenas. (Op. cit ; p.97) Con
relación a los tiempos del importantísimo imperio bizantino, muy escuetamente
debemos decir con relación al libro y a la lectura que, como señala Rolando
Castillo, en el largo periodo de la historia bizantina se dio la existencia de
una educación programada y sistemática con tres niveles : elemental,
gramatical y retórica. Es cierto que en el primer nivel no se utiliza el libro
porque el aprendizaje era básicamente de memoria, aunque se sabe que se
empleaba la lectura de las fábulas de Esopo. En el segundo nivel se enseñaba a
leer literatura griega clásica y el profesor, es decir el gramático, "solía
explicarla y valorarla de manera crítica". En este nivel se utilizaban
libros de texto, como "El Arte de la Gramática" de Dionisio Tracio,
los "Cánones" de Teodocio de Alejandría. Se ejercitaba muchísimo la
lectura, utilizándose preferentemente las obras de Homero. Esto no significa,
sin embargo, que la utilización de libros no fuera algo excepcional en la
sociedad bizantina, por lo que la educación era básicamente oral, lo que exigía
mucho la memorización por parte de profesores y estudiantes. Los profesores podían
tener una copia de algunos pocos libros y de seguro muchos otros en su memoria.
R. Castillo, siguiendo al bizantinista Robert Browning, nos dice que el profesor
leía en voz alta o transmitía en forma oral lo que tenía guardado en su
memoria. En el tercer nivel (al cual se llegaba entre los 13 y 15 años) el
libro de texto por excelencia era el denominado progymnásmata, que era un
compilado de ejercicios que abarcaban los distintos géneros de la composición
y cuyo autor era Aftonio de Antioquia, quien fue un maestro de Retórica en
Atenas a fines del siglo IV. Este texto se usó hasta el fin de Bizancio, es
decir hasta el siglo XV. Otros textos muy utilizados en la enseñanza de este
nivel fueron cuatro obras de Hermógenes de Tarso. Cuando los turcos cayeron
sobre Bizancio, muchos intelectuales se marcharon a Europa colaborando con el
renacimiento europeo, en una medida aun no bien estudiada por los especialistas. La
Edad Media europea es, en gran parte, la heredera de la cultura grecorromana.
Los manuscritos se continúan copiando en scriptio continua. Pero existe una
diferencia sustantiva: la iglesia cristiana fomenta que todo cristiano
alfabetizado debía leer, que la lectura ayudaba a la salvación del alma, que
la lectura permitía conocer a Dios. Otra novedad, según Malcolm Parkes, fue el
tránsito de la lectura oral a la silenciosa. La lectura oral supervivió en la
liturgia, pero a partir del siglo VI comienza a cobrar importancia la lectura
silenciosa y se le considera que es mejor que la oral, porque, como decía san
Isidoro, "el lector aprende más cuando no escucha su voz". Otro
cambio importante fue el paso del libro-rollo al códice. En la Enciclopedia Británica al
referirse a este hecho, leemos: "The substitution of the codex for the roll
was a revolutionary change in the form of the book". Debemos,
sin embargo, reconocer que el papiro como soporte de la escritura fue por varios
milenios un material ideal: facilidad para escribir con tinta, borrar con agua,
buena presentación, durabilidad e incluso facilidad de manejo y transporte. Se
le ha señalado un inconveniente, el no poder ubicarse con facilidad un pasaje
concreto, amén de otros, pero de menor importancia. El
códice de pergamino era un nuevo formato de libro, el cual ganaba en
durabilidad al tener una encuadernación protectora, al mismo tiempo que era
mucho más fácil de manipular, transportar y guardar (se calcula que su
capacidad de almacenamiento comparado con los rollos era seis veces superior),
y, lo tal vez más importante, era bastante económico. Este soporte fue muy
apreciado por los cristianos, que como miembros de una civilización basada en
el libro (La Biblia), vieron las enormes ventajas que el códice significaba
para la difusión de la «palabra de Dios», por la facilidades que brindaba
para localizar pasajes bíblicos en los momentos de sus reuniones. El
medioevo conoció tres tipos de instituciones de enseñanza y estudio: las
escuelas monásticas, las escuelas urbanas y las universidades. Las dos
primeras, según nos los recuerda E. Jeauneau, están mencionadas en una
capitular de 789. Carlomagno, en dicha capitular, ordena que se creen escuelas
en cada monasterio y en cada obispado. Las escuelas monásticas, nos dice
Jeauneau, se adaptaba a las estructuras que rigieron Europa hasta fines del
siglo XI. Pero cuando, hacia fines del siglo XI y comienzos del siglo XII, se
amplía el comercio y aumenta la importancia de la ciudad, el centro de
gravitación escolar se desplaza hacia ellas y es ese el momento que surgen las
escuelas urbanas, también denominadas capitulares o catedralicias, sin que ello
implique la desaparición de las monásticas. Según Jacques Le Goff es
indisoluble la relación entre ciudad y profesional de la educación, "para
el hombre para quien escribir o enseñar- en general ambas cosas a la vez- es su
oficio; el hombre que tiene una actividad profesional de enseñante y de un
sabio, el intelectual, en fin, no aparece sino a una con las ciudades. (Le Goff,
Jacques "Los intelectuales de la Edad Media": Buenos Aires: EUDEBA,
1965; p. 12). Según
Jeauneau, si en el siglo XII la escuela sigue al maestro, en cambio en el siglo
XIII es el maestro el que sigue a su escuela. Paralelamente al movimiento que
lleva a los oficios a unirse en corporaciones, la gente de estudio se agrupa
para defender sus derechos y sus privilegios y ello es el origen de las
universidades. Durante
la etapa medieval el libro jugó un papel muy importante. Recordemos que los dos
grandes métodos de enseñanza eran «la lección» y «la disputa». La
"lección" era una lectura comentada de Aristóteles, de la Biblia y
de las Sentencias de Pedro Lombardo. La "disputa" se hacía sobre un
tema que se elegía de antemano y se adecuaba a un programa dado («cuestiones
disputadas») o sobre un tema improvisado («cuestiones quodlibética»).
[Jeauneau, E. La Filosofía Medieval" (Buenos Aires: EUDEBA, 1965) y Le
Goff, Jacques, Op.cit; pp.122-126).] Es
muy importante destacar que el libro jugó en la Edad Media un papel muy
importante en la educación, porque si la palabra del maestro era casi sagrada
(el magíster dixit), sin embargo el maestro de los maestros era Aristóteles,
es decir sus obras. Esto no debe hacernos olvidar que esa educación era
esencialmente elitista y propia de un elite religiosa. Y es por ello, como bien
señala Jacques Le Goff, que durante la alta Edad Media, durante el llamado
renacimiento carolingio, los libros eran concebidos como una obra de arte, como
un lujo, con una demanda muy escasa.: "...los libros no se hacen para ser
leídos, sino para engrosar los tesoros de las iglesias o de los particulares
ricos, es decir constituyen un bien económico antes que un bien
espiritual..." (Le Goff, J.;op. cit; p. 16) El copiar los libros, era para
los monjes copistas, no tanto una tarea que reflejase un interés intelectual,
sino mas bien una tarea difícil que podía ser tomada como una penitencia y es
por ello cuanto más se copiase las posibilidades de salvación eran mayores. Un
nuevo aspecto irá tomando fuerza a partir del siglo XII con los llamados
traductores, consecuencia lógica del desconocimiento en occidente del griego,
por predominancia del latín. Si bien es cierto que Pedro el Venerable utilizará
la traducción como un arma para conocer directamente el islam y poder
combatirlo, sin embargo la mayor parte de los intelectuales que se dedicarán a
la traducción, lo harán sobre obras científicas y filosóficas,
fundamentalmente de obras griegas y árabes. El
libro, en la Baja Edad Media, se convierte en uno de los instrumentos básicos
del intelectual, de los alumnos y profesores de las universidades que hacen su
aparición en el siglo XIII. Como dice Le Goff: "El libro universitario es
un objeto completamente distinto de lo que había sido el libro de la Alta Edad
Media. Está ligado a un contexto técnico, social y económico totalmente
nuevo; es la expresión de otra civilización...Los excelentes trabajos del
padre Estrés han mostrado en toda su magnitud la revolución que en el siglo
XIII se opera en la técnica del libro y cuyo teatro es el taller
universitario... La publicación del texto oficial de los cursos tuvo una
importancia capital en las universidades. En 1264 los estatutos dela Universidad
de Padua declaran: sin ejemplares no habría Universidad". (Le Goff,
Jacques.; Op. cit; pp. 115-116) Los
libros de la etapa medieval, hemos ya señalado, destacarían, muchos de ellos,
por su carácter artístico (aquellos que estaban dedicados a las personas con
poder económico). Las ilustraciones comienzan a jugar un papel muy importante.
La encuadernación se convirtió no sólo en una técnica sino sobre todo en un
arte. Técnica de gran valía en la medida que la encuadernación cumplía un
rol muy importante, toda vez que, al recibir el libro el tratamiento de un códice
había que unir las hojas mediante su cosido, así como el resguardarlas de su
deterioro (Al respecto leemos en la Enciclopedia Británica "The medieval
book was a codex written on vellum or parchment"). Los
monasterios jugaron un papel muy importante en la conservación y difusión
libresca, aunque lenta porque se basaba en la labor paciente de los monjes
copistas. Como podemos leer en la Enciclopedia Británica, la sustitución del
rollo de papiro por el pergamino significó también la sustitución de los
libros de los clásicos grecorromanos por los libros cristianos, de personajes
tales como Orígenes, Tertuliano, san Agustín y san Jerónimo. La
expansión en la producción de libros, así como el nuevo interés por los clásicos
grecorromanos, comenzará a partir del siglo XII, especialmente por el rol que
comienzan a jugar las universidades, que serán las instituciones que demandarán
libros. Al poco tiempo el humanismo también vendrá a jugar papel muy
importante. Comenzaron a formarse importantes bibliotecas como la Biblioteca
Medicea-Laurenziana, en Florencia, y la Biblioteca Apostólica Vaticana . Relativamente
poco tiempo transcurriría (a diferencia de los milenios del rollo de papiro)
para que un nuevo soporte escritural hiciera su aparición y desplazara en poquísimo
tiempo al pergamino: el papel. Invento chino que comienza con el llamado «papel
de seda», en el siglo I de nuestra era., pero que tenía como limitación técnica
el ser el producto residual de la fabricación de colchones y ropa de seda. Sin
embargo, los chinos también escribían sobre un papel denominado «papel
Baquiao» (por el lugar donde fue hallado por vez primera) y que era fabricado
utilizándose fibras de cáñamo, mezcladas con una pequeña porción de fibras
de ramio. Pero este papel Baquiao era también un producto residual: residuo de
la fabricación de colchones y prendas de vestir de cáñamo. El gran salto se
dio el año 105, cuando Cai Lun logra un método para fabricar papel utilizando
corteza de árbol, cáñamo, trapos y redes de pescar rotas. Poco tiempo después
Zuo Bo perfeccionaría esta técnica, logrando un papel más fino. Esta técnica
de la fabricación de papel fue llevada a Vietnam y a Corea y de este último país
al Japón. A mediados del siglo VIII la técnica de la fabricación de papel fue
llevada a Arabia (fábricas en Bagdad, Damasco y Samarcanda). Los árabes se
dedicarían a la fabricación y exportación de papel hacia Europa. El uso de
papel, por lo económico y práctico, desplazó a todo otro soporte para la
escritura. En el año 1150 los árabes establecieron fábricas de papel en España.
Como dice Zhuang Wei en su libro "Cuatro grandes inventos en la antigüedad
china" (Beijing: Ediciones en lenguas extranjeras, 1980); "El papel y
el método de fabricarlo inventados por China se había extendido por todo el
mundo y numerosos pueblos no sólo lo usaban sino lo fabricaban. Esto fomentó
considerablemente el desarrollo de la economía y cultura de los diversos países"
(Op. cit.; p.37). Y
complementando al papel, la aparición de la imprenta significaría un cambio
tecnológico de gran trascendencia, porque permitía producir libros en
cantidades antes nunca prevista y de esta manera dar un paso muy grande en la
tendencia hacia la democratización de la lectura, en la medida que más
personas podían tener acceso a los libros. En la Enciclopedia Británica
aparece un dato muy importante al respecto. Se dice que antes de la invención
de la imprenta, el número de libros manuscritos en Europa podía ser contados
por miles. Pero que en 1500, es decir apenas 50 años después de inventada la
imprenta, ya había más de 9 millones de libros. Los primeros libros impresos
recibieron el nombre de incunables, de una expresión latina utilizada en 1639
para describir los inicios de la tipografía. Cronológicamente
se considera que de 1450 a 1500 es el período de los primeros libros impresos,
es decir de los incunables, aunque como señala Steinberg, según lo consigna
José Luis Checa Cremales en su obra "El libro antiguo" (Madrid:
Acento Editorial, 1999), este criterio cronológico no es muy buen reflejo de la
realidad de la aparición del libro impreso porque «Desde el punto de vista
tipográfico, la primera mitad del siglo XVI forma parte del período de los
incunabula por su riqueza de tipos diferentes» (Op. cit; p. 10). Según nos lo
señala J.L. Checa, Europa produjo unos veinte millones de incunables: más del
65% estaban escritos en latín un 7% en toscano, un 6% en alemán, un 5% en
francés y un 1% en flamenco. Como dice Checa «...el impreso sobre papel con
caracteres móviles llamado incunable es, desde su nacimiento, lo que es el
libro hoy en día: reproducible, intelectualmente duradero y estéticamente
perfecto». (Op.
cit.; p. 11). En la
primera etapa de los libros impresos los incunables (del latín cunabulum=cuna)
imitaban a los códices. Svend Dahl, refiriéndose a este hecho nos dice: «lograron
en grado asombroso trasladar por completo la apariencia del códice de pergamino
medieval al libro impreso y producir obras que no desmerecen en belleza junto a
los manuscritos iluminados» (Dahl, Svend "Historia del libro".
Madrid: Alianza Editorial S.A., 1999; p. 100). El
libro realmente adquiere su aspecto actual en la segunda mitad del siglo XVI,
"cuando el texto se aligera, las líneas se alargan y los márgenes se
ensanchan" (Checa, J.L. Op.cit.; p.11). Checa considera al siglo XVI la
edad de oro del libro y puntualiza al siglo XVII como la etapa de la «legalización
del libro». Señala que dicho siglo fue en toda Europa un período de
decadencia de la imprenta, debido a la grave crisis editorial por «la falta de
papel, la lentitud en la producción, el aumento de los impuestos, la falta de
personal cualificado y de recursos en los editores» (Checa, J.L. Op. cit.; p.
14). Es en esta etapa que los editores se convierten de humanistas en
comerciantes, lo que permitió remontar la crisis. Surge ya una verdadera
organización empresarial impresora, con una normatividad muy moderna para las
relaciones entre el escritor, el editor y los poderes civil y eclesiástico.
Surge, es cierto, la censura religiosa, sobre todo muy marcada en España.(En
1501 el Papa Alejandro VI había recomendado a todos los países de fe católica
establecer una censura de libros e incluso en 1559 por orden del Papa Paulo IV
se produjo la quema de libros hebreos y en 1581 los manuscritos de la Divina
Comedia fueron quemados en Lisboa. En 1599 el Papa Paulo IV inaugura el Index
Librorum Prohibitorum) El
siglo XVIII constituye la etapa del resurgimiento de la cultura del libro. La técnica
de la impresión mejora notablemente al lograrse una mayor calidad en la fundición
de los tipos, así como por la calidad de la tinta. Es también una etapa de
gran florecimiento comercial librero. Veamos el caso de la famosísima
Enciclopedia (Diccionario razonado de todas las ciencias, artes y oficios por
una sociedad de personas de letras"). Dicha obra fue un gran negocio de
librería. Los libreros (editores en la denominación actual) André François
Le Breton, Antoine Briasson, Michel David y Laurent Durand firmaron en 1745 un
contrato para la traducción de la Cyclopaedia de Chambers. Pero como las
traducciones producen menos que las obras originales, decidieron producir una
enciclopedia francesa y para ello escogieron como directores a Denis Diderot y a
Jean Le Rond D’Alembert.. Que la Enciclopedia fue un verdadero negocio, no hay
la menor duda. Leamos lo que Jean-Marie Goulemot y Michel Launay escriben en su
obra "El Siglo de las Luces" (Madrid: Ediciones Guadarrama;1969):
"...Los libreros sabían por otra parte, que su empresa había puesto en
juego demasiados intereses económicos y financieros y demasiadas personas para
que el gobierno pudiese prohibirla o frenarla mucho tiempo: incluso hicieron
chantaje y propagaron su decisión de imprimir la obra en el extranjero, con lo
cual Francia perdería una cantidad apreciable de «divisas». Por lo demás,
disponían de sólidos puntales en el andamiaje del Estado..." (Op.
cit.; p. 177). Y Jean
Pierre Guicciardi en "La aventura de la Enciclopedia" nos dice que es
muy probable que Voltaire estuviera en lo cierto cuando afirmó que el negocio
dio durante 25 años dinero suficiente para que más de 1000 obreros, grabadores
e impresores, vivieran de él. Daniel Roche en "¿Hacen la revolución los
libros? nos refiere que Le Breton, el socio mayoritario del gran negocio que fue
La Enciclopedia, llegó a tener una enorme fortuna. Al morir deja un patrimonio
de aproximadamente un millón quinientas mil libras tornesas (un obrero de París
vivía con una libra diaria), cuando al casarse, en 1741, sólo disponía de 50
000 libras. Roche, escribe: "Comerciando con las ideas, este hombre (Le
Breton) tan precavido como intrépido, contribuyó a cimentar el poder de los
intelectuales parisinos, puso en un aprieto al Estado y a la Iglesia y suscitó
el odio de los enciclopedistas -léase a Diderot y a Grimm- y la envidia de su
gremio". Es
asimismo la época de los piratas de libros. El lionés Duplain es una figura
legendaria de filibustero impresor, especializado en libros impresentables, as
de las ediciones piratas que permiten a las imprentas de provincias competir con
las de París. El
siglo XIX, centuria del maquinismo, significó el triunfo de la técnica en la
producción del libro, lo que significó «la sustitución de los métodos
artesanos del pasado por un sistema mecanizado» (Dahl, S. Op. cit.; p.230) 4.
EL LIBRO EN LA ERA DE LA INFORMACIÓN: EL DESAFÍO DE INTERNET. En
un artículo acerca de la realidad actual de la Internet en Francia escrito por
Virginie Coustet, Mathilde Lelièvre y José Baghdad nos encontramos con el
siguiente sugestivo título: JE CLIQUE, DONC JE PENSE. El artículo puede ser
consultado en: http://www.sciences-po.fr/observatoire/obs4/clique.htm Todos
somos conscientes que la computadora e internet constituyen dos de las
revoluciones tecnológicas más maravillosas de todos los tiempos. Las
computadoras u ordenadores han dejado de ser el campo exclusivo de los genios de
la informática y hoy se encuentra al alcance de cualquier persona de
inteligencia promedio normal. Vive y convive con nosotros, ya sea en la escuela,
en la universidad, en el trabajo, en las empresas a las cuales vamos a comprar
bienes y/o a pagar servicios, etc. Y, en algunos casos, en nuestra propia casa.
Es cierto que por lo general la usamos cada vez más, aprendemos más sobre su
uso, aunque constituye uno de esos aparatos misteriosos con los cuales hacemos
maravillas, pero sin saber como lo hace, muchas veces sin importarnos como lo
hace (Eso lo creemos está reservado para los iniciados en esa exclusiva y hierática
sociedad de los nuevos brujos informáticos. ¡Acaso no nos hablaron del retorno
de los brujos!) Con
internet aparece una nueva generación: la generación web, conformada por
"...millones de jóvenes menores de dieciocho años que no solo están
familiarizados con las computadoras desde niños, sino que también tienen
acceso a Internet desde las escuelas y universidades. Un niño que tenga ahora
ocho o diez años aprenderá a utilizar Internet como un recurso más para su
educación. El ordenador conectado a la red será, es, un instrumento de trabajo
para dar acceso a la biblioteca más grande del mundo" (García «Garanz»,
Fernando. "Libros en Internet" (Madrid: Editorial Espasa Calpe S.A.
1998; p.18) Marcela
Czarny en su libro "La escuela en Internet, Internet en la escuela.
Propuestas didácticas para docentes no informatizados" (Rosario-Argentina:
Homo Sapiens Ediciones, 2000) nos recuerda que con o sin Internet el desafío más
grande de la educación es el educar para cambiar y no educar para repetir.
Actualmente la cantidad de información disponible es abrumadora y como la
calidad de la información es muy variada, el desafío más grande es lograr que
los estudiantes vayan adquiriendo (es algo que requiere tiempo, madurez y
conocimiento) agudos criterios de selección, espíritu analítico y crítico
que siempre han sido metas de la educación, pero que hoy se extreman porque al
navegar en océanos de información, se requiere ir aprendiendo qué fuente es
valiosa y cuál no. Es cierto que esto también valía para las informaciones
que se podían encontrar en los libros, periódicos y revistas, pero es
innegable que hoy a través de Internet se tiene acceso a información en un número
desproporcionadamente alto (lo que motiva que se hable de una «infoxicación»),
pero que al pasarlo por el tamiz de la selección se va reduciendo, hasta poder
quedarse con las necesarias informaciones de alta calidad. Y cuando digo
información no solo me estoy refiriendo a textos sino a todo tipo de material
de multimedia.. La posibilidad de acceder a museos a través de visitas
virtuales es una fuente valiosa de conocimiento y de fomento de la sensibilidad
artística. Lo propio ocurre con algunos museos de voces de personajes famosos.
O el poder admirar y leer el facsímil de obras que han sido digitalizadas
porque requieren ser salvaguardadas. Y resulta que en esa digitalización la
resolución de detalles es superior a la que la observación directa del
manuscrito físico permite. Esto es una maravilla y está al alcance de
cualquier verdadero lector, es decir de aquel que va a encontrar placer porque
lee no solo para informarse sino porque la lectura, en cualquier soporte, le
brinda deleite y, ahora, la espectacular posibilidad de tener acceso a obras que
por encontrarse en salas especiales de investigación solo estaba a disposición
de un reducidísimo número de especialistas. Podemos gozar, por ejemplo, con la
digitalización de la crónica de Felipe Guaman Poma de Ayala realizada por la
Biblioteca Real de Copenhague, dentro de su proyecto de digitalización del
valiosísimo material de su Departamento de Manuscritos y Libros Raros,
considerando además que la mencionada crónica había sido propuesta, en mayo
de 1997, para su inclusión, por parte de la UNESCO, en la lista de
"Memoria del mundo". Como dice Rolena Adorno, que nos obsequia un
valiosísimo estudio introductorio a la obra del cronista indio: "Tanto si
el lector quiere leer el texto en prosa del manuscrito o simplemente examinar
sus casi cuatrocientas páginas de dibujos, esta extraordinaria versión digital
posibilita un fácil acceso para el especialista y para el amateur". Y esto
que decimos sobre esta crónica lo podríamos decir sobre la edición príncipe
de El Quijote, para sólo citar dos obras de las muchas que ya han sido
digitalizadas. Lo que pretendo es que se comprenda que internet abre una puerta
maravillosa para todo aquel que se quiere acercar a ella con la curiosidad
intelectual que ha caracterizado desde siempre al Homo Sapiens. Y si antes los
lectores gozábamos con la lectura que empleaba átomos, hoy, sin abandonar esos
libros, se nos ha abierto un mundo maravilloso. No hay ninguna justificación
para mostrarse reacio a gozar con sus encantos. Marcela
Czarny nos señala algunos prejuicios, en torno a la internet, que se esgrimen
dentro del sector docente:"No... A mí de Internet no me hablen. Yo no sé
nada de computación" "¿Internet?. No gracias. Suficientes problemas
ya tengo en clase". "No estoy de acuerdo con las nuevas tecnologías.
Son la base de una educación tecnocrática que apunta a que los alumnos
dependan de aparatos hasta para sumar dos más dos". "Tengo miedo de
empezar a navegar y «hundirme» en el mar de información que ofrece
Internet". Ni estos ni otros prejuicios tienen una justificación. La
explicación que encuentro frente a las actitudes dubitativas o de franco
rechazo, es la novofobia, de la cual nos habla el filósofo Mario Bunge. En una
entrevista que le hiciera El Comercio de Lima, en su suplemento dominical, el 8
de mayo de 1997, Bunge al referirse a los niveles primario y secundario, nos
dice con relación a la escuela y el avance tecnológico: "Pedirles que
produzcan algo que no sea entusiasmo por el aprendizaje es absurdo. Tienen sólo
dos misiones: Una, enseñar; y otra enseñar a que los alumnos aprendan a
aprender por su cuenta, porque una vez que egresan ya no tendrán al maestro, a
la maestra a quien preguntar, se las arreglarán solos. Y hoy día, en un mundo
que cambia tan rápidamente, el que no sigue aprendiendo toda la vida se
estanca, queda atrás. En la Argentina decimos "al camarón que se duerme
lo arrastra la corriente", ustedes también lo dicen. (se refiere al Perú)
Eso pasa ahora mucho más que hace 100 años, entonces las cosas cambiaban más
lentamente; hoy, al impulso de la ciencia y de la técnica, el mundo está
cambiando muy rápidamente". Es una obligación del docente el estar con
las últimas innovaciones, el sacarle el máximo de provecho en su tarea docente
y asimismo para su propia experiencia, porque en la medida que él logre sentir
placer con esos avances podrá transmitir ese sentimiento a sus alumnos. En
el artículo "Lápiz, Teclado... todo vale para acercarse a las letras
" aparecido en Escuela en Acción, marzo-abril 1999 (citado por Félix
Sagredo) podemos apreciar la actitud positiva de los docente frente a las nuevas
tecnologías. Como hemos señalado no tiene sentido la novofobia, mucho menos
dentro de los docentes que tienen que interactuar con niños y jóvenes que en
muy poco tiempo estarán inmersos, quiéralo o no el sistema educativo, con la
nueva sociedad de la información. En ese artículo leemos lo siguiente: «La
escuela no puede olvidar la influencia de las nuevas tecnologías, ni discurrir
manteniendo las distancias, sino que debe confluir con ellas, puesto que los niños
y niñas de nuestras aulas habrán de utilizarlas. Estaba decidido. Había
llegado el momento. En nuestras aulas iba a aparecer "El rincón del
ordenador". Pero surgían los interrogantes: ¿cómo empezar?, ¿dónde
ponerlo?, ¿cuál sería la organización adecuada?, ¿será suficiente un
ordenador...? Conscientes de que las respuestas las iríamos obteniendo con la
práctica, empezó la aventura. Nuestros alumnos y alumnas escriben "a su
manera" desde los tres años, de modo que a partir de ahora se trataba de
escribir con un instrumento más, en el que hay que pulsar teclas ... Una de las
primeras preguntas que surgen ante la experiencia ya tiene respuesta... Aunque
solamente llevamos un mes con este "rincón" nos parece altamente
gratificante por la cantidad de situaciones tanto de aprendizaje como de
interacciones que se generan en él. Pensamos seguir con él todo el resto del
curso y trataremos de conseguir más ordenadores, bien sea a través de
entidades privadas o de la generosidad de las personas relacionadas con el
centro, como ha ocurrido en esta ocasión».. (Mª Pilar Martínez, Concepción
Barcala. CEIP "Antonio Machado", Colmenar Viejo, Madrid ) En
realidad, los cambios que se han operado últimamente son el producto de un
largo proceso de innovaciones tecnológicas. Al comienzo de este trabajo decía
que frente a la pregunta acerca de si el libro estaba en peligro de extinción
debido al avance de la tecnología digital, de las tecnologías de la información,
señalaba que el problema estaba mal planteado, debido a que cuando hacemos un
recorrido histórico acerca de la lectura y del libro, nos encontramos que no es
un período de inmovilismo. Algunos cambios fueron profundos y siempre en
beneficio de lo que en última instancia es lo más importante, lo más
trascendente: la lectura, la información, la concretización y transmisión del
pensamiento valiéndose de medios que lo hacen perdurable. Es inconcebible
plantearse la posibilidad de la desaparición de la lectura. Considero que la
etapa de la cultura oral fue la fase primera dentro del gran desarrollo cultural
y que resulta imposible concebir a una nueva etapa de oralidad pura. Reflexionemos
en el hecho de que el libro es solo uno de los tantos soportes que ha tenido la
escritura. Un soporte que significó un avance tecnológico extraordinario,
comparable sólo al que actualmente se está viviendo con la informática.
Francisco Aguadero en su libro "la sociedad de la información"
(Madrid: Acento Editorial, 1997), nos dice: "En realidad, el desarrollo
tecnológico no es nuevo; es un proceso social; y como tal, no termina. Se inició
con el hombre en la prehistoria... Ahora bien, no cabe ninguna duda de que la
cantidad de cambios tecnológicos acaecidos en las últimas décadas en torno a
las tecnologías de la información y la comunicación, principalmente, incitan
a la historia a que los juzgue, sobre qué tiene realmente de revolución tecnológica,
una vez que con perspectiva histórica se pueda analizar el grado de impacto y
asimilación producido en la sociedad" (Op. cit.; p. 11). Lo que tampoco es
nuevo es la novofobia. En la época antigua, ya lo hemos señalado, más específicamente
en la Grecia del siglo V, la del gran esplendor cultural, se dio un rechazo, y
por personalidades de la talla de Platón, a la cultura basada en el libro, en
la escritura, en tanto que los sofistas se convirtieron en los abanderados de la
nueva tecnología, la cual reemplazaría a la cultura oral. Mucho
tiempo tardó en imponerse la lectura silenciosa, incluso ya aparecido el libro
de papiro y posteriormente el códice. Y por supuesto que la aparición de la
imprenta hizo poner el grito en el cielo a aquellos que querían seguir con los
manuscritos. Argumentaban sus detractores que la reproducción en grandes
cantidades de los libros iba a llevar a la humanidad a la perdición, porque no
estaba preparada para leer todo lo que pudiera caer en sus manos, sin el filtro
de los custodios del saber. Román Mazzilli, en un artículo dedicado a la
tecnofobia, nos dice: «¿Qué se dijo del libro en el momento de su nacimiento?
Que era un arma del diablo que enfermaba las mentes de las personas, que les
cambiaba hasta el color de la piel y ensombrecía el semblante –piénsese que
se leía a la luz de velas, muchas veces a escondidas-. Además era un objeto
que venía a destruir la comunión de la gente que hasta ayer nomás formaba
rondas para escuchar las narraciones orales y hoy se aislaba para establecer
contacto con un objeto: el libro» (Mazzilli, Román. "Algunas
imprecisiones sobre nuestra realidad virtual: La tecnofobia de Gutenberg a
Internet" (http://www.campogrupal.com/tecnofobia.html). Debemos
saber, como nos lo cuenta Carlos Sáez, en su interesantísimo trabajo "El
libro electrónico" (http://scrineum.unipv.it/saez.html)
que refiriéndose a la recién inventada imprenta el veneciano Filippo di Stara
llegó al extremo de decir que «la pluma es una virgen, la imprenta una puta».
Nos dice Sáez que con ello el veneciano se refería "no solo al peligro
que veía de que se plasmasen por escrito textos inmorales heterodoxos, sino a
que la imprenta divulgaría el saber entre los ‘ignorantes’. Recelaba así
el temor de que la imprenta acabara con el tradicional monopolio de unos pocos
sobre la cultura escrita". Y no nos olvidemos, como nos lo recuerdan Félix
Sagredo Fernández y Ma Blanca Espinosa Temiño en "Del libro,
al libro electrónico-digital" «que algunos inquisidores del siglo XVI
solicitaban al Papa Julio II la publicación de una Bula que permitiera quemar
todos los productos de papel, denominados por ellos "artilugios del
demonio", que luego conocimos expandido por el orbe con el nombre de
imprenta.» (http://www.ucm.es/info/multidoc/multidoc/revista/num9/cine/sagredo.htm#titulo) Por
lo general cuando ahora se nos habla de la imprenta y de lo que significó para
su tiempo se suele pasar por alto, salvo entre los estudios especializados, la
reacción negativa que ella ocasionó y como se repitió la reacción
conservadora que se había dado en el siglo V a..C. en Grecia. Novofobia y
conservadurismo caracteriza la reacción frente al invento revolucionario de la
imprenta. Hoy deberíamos conocer y comprender mejor esa reacción y reflexionar
sobre sus causas profundas para tener una comprensión más exacta sobre lo que
sucede actualmente cuando nos enfrentamos a cambios tecnológicos tan grandes
que también generan la reacción novofóbica, sobre la cual nos ha hecho
reflexionar Mario Bunge y el escondido conservadurismo bajo el disfraz de
temores imaginarios frente a potenciales peligros que están acarreando las
innovaciones tecnológicas como Internet. La
resistencia al cambio fue sustantiva. El apego a los manuscritos, ¿ acaso no
nos recuerda a actitudes actuales de aquellos que tiene una actitud cerrada de
oposición a los cambios electrónicos en materia de soporte de los libros?
Aunque es bueno reconocer que muchas personas que no tienen el hábito de la
lectura lo que están desarrollando es una actitud tipo moda y de ignorancia
total al creer que las bibliotecas y con ellas lo libros y revistas van a dejar
de existir porque basta poseer una computadora e Internet para tener todo lo que
uno desea saber. Mario Bunge en un magistral conferencia "Tres mitos de
nuestro tiempo: Sociedad virtual, globalización igualamiento socio-económico
por obra de la red electrónica y del libre comercio" realizada el 22 de
mayo de 2001 y que la Universidad Inca Garcilaso de la Vega la ha publicado en
su revista Argumentos y Novedades (Lima: Universidad Inca Garcilaso de la Vega,
Año 3, N° 3, abril 2002; pp.173-189) al referirse al mito de la sociedad
virtual señala que según esta utopía, entre otras cosas "... las aulas
se convertirán en talleres en que cada estudiante estaría frente a una
pantalla sin ver a sus instructores, ni interactuar con sus padres salvo a través
de la pantalla. Mejor aún, las aulas desaparecerían, y todos aprenderíamos
sin salir de casa, las bibliotecas serían desplazadas por internet,..."
Las personas que sostienen esto (creen sería el mejor calificativo) son, por lo
general, aparte de la utopistas, por lo general de nivel cultural que deja mucho
que desear, que siempre han tenido pereza intelectual y no han leído o han leído
por obligación, que ya sabemos que no es verdadera lectura y consideran que
internet es la no-lectura, el no-libro, con lo cual demuestran su total
ignorancia sobre lo que es realmente o lo que potencialmente significa internet.
Son personas incapaces de comprender lo que son ahora las bibliotecas y mucho
menos pueden apreciar el significado cultural de la nueva Biblioteca de Alejandría
que ha vuelto abrir sus puertas el 16 de octubre del 2002.( Tras casi dos
milenios de ausencia, la apertura de la nueva Biblioteca de Alejandría es un
acto de coraje y esperanza del gobierno egipcio y de la UNESCO, sus principales
mecenas. Su monumental edificio tiene capacidad para 8 millones de volúmenes y
alberga, además, un centro de conferencias para 3200 personas, un planetario y
cinco institutos de investigación entre los que se encuentran la Escuela
Internacional de Estudios en Información, el Laboratorio de Restauración de
Manuscritos Raros y un centro de Estudios del Internet que ya ha permitido que
algunos de los 10.000 manuscritos y libros raros de la rica colección de la
biblioteca hayan sido digitalizados). Pero
volvamos al punto de lo que implicó la resistencia a la imprenta y a la
divulgación cultural. En el citado trabajo de Roger Chartier leemos "No
abandonó el lector moderno los manuscritos. En las casas aristocráticas, la
advertencias y consejos que los nobles componían para sus hijos conservaron una
forma manuscrita que, a la vez protegía su secreto o privacidad y permitía la
incorporación de correcciones o adiciones. Pero más allá del ámbito
nobiliario, la lectura de los textos manuscritos se mantuvo durante toda la
primera Edad Moderna". Uno
de los aspectos que se le critica a la nueva tecnología de la informática, de
la expansión incontenible de internet con relación a los vínculos
interpersonales, es que, a semejanza de lo que en su época se le criticó al
libro, internet según sostienen algunos, crea una relación adictiva con
referencia a un objeto, en este caso la computadora y que por ello se corre el
riesgo de generar personas que rompen vínculos con sus semejantes, para
volverse casi autistas. ¡Nuevamente la novofobia y el avizorar futuros apocalípticos! Sin
embargo ello no es todo lo trágico con lo que se suele pintar. Un trabajo bien
meditado, elaborado a través de la red por Máximo Lameiro y Roberto Sánchez,
titulado "Vínculos e Internet. Investigación cualitativa acerca de nuevas
formas de vincularse" (cuya metodología de trabajo fue a través de la red
por dos personas que no tenían relación física directa), estudio que data de
abril de 1998 y que puede leerse en http://www.campogrupal.com/vinculos.html,
nos permite una aproximación muy certera sobre esta problemática. Ellos señalan
que el primer acercamiento a internet no tiene, por parte de los que se inician
en su uso, un propósito definido, sino que obedece a una suerte de curiosidad
intelectual, para saber de qué se trata esa cuestión del ciberespacio y que
una vez satisfecha esa curiosidad quedan como usuarios de internet
fundamentalmente por la dimensión interpersonal de internet (chat y e-mail) y
no así por su poder informativo. "En este sentido Internet desborda la
función puramente utilitaria de proveer información para convertirse en un
instrumento que acerca a las personas, permite su comunicación y el
establecimiento de vínculos duraderos entre ellas". (Op. cit) . Lo
novedoso es que el ciberespacio resulta un medio liberador en la medida que el vínculo
interpersonal no es cara a cara, la persona se torna como invisible y queda
expresada sólo en palabras. Como dicen los autores citados: "Así podemos
ser sin ser vistos y podemos establecer una relación con el otro sin
verlo".Esta invisibilidad en la relación interpersonal permite que se
puedan reprimir y a la vez aflorar aspectos de la personalidad, porque no existe
el freno que significa una relación directa (cara a cara). Por esto es que los
citados autores adelantan, como una de las hipótesis que manejan la referente a
que "toda persona que interactúa en el ciberespacio desarrolla una nueva
personalidad que puede diferir desde un grado mínimo a un grado máximo con su
personalidad del espacio habitual de su experiencia cotidiana".
Probablemente, nos dicen Lameiro y Sánchez, la supuesta "deshumanización"
o "irrealidad" de los vínculos interpersonales a través de internet
se deba al hecho de que los usuarios tienen una experiencia aún corta de esta
nueva realidad y muy presumible las nuevas generaciones de usuarios aprenderán
este nuevo modo de relación (in absentia del cuerpo) con mayor
"naturalidad". Por todo ello es que el correo electrónico y el chat
constituyen los aspectos más importante para la casi totalidad de usuarios de
internet. El correo electrónico tiene, por el hecho de ser una comunicación
off-line, una ventaja sobre el teléfono, que es una comunicación on-line. El
teléfono no da tiempo para una adecuada reflexión, | |||||||||