Monografias | El miedo colectivo a autodirigirseEl miedo colectivo a autodirigirseResumen: Uribe Vélez o la ambivalente eficacia de lo simbólico. No sólo la economía determina al ser humano; las significaciones imaginarias también generan realidad. Al Uribe Presidente, por cierto que lo crearon los Medios y las Guerrillas. El corazón colectivo también tiene historia. A la Estrategia de Seguridad democrática la acechan enormes peligros. A Uribe ya le derrotaron. El miedo colectivo a autodirigirse. ( Texto revisado y desarrollado de Conferenciadictada en Cali en el Hotel Obelisco en Acto académico organizado por Fundaps, "El morbo estaba en su misma mano, "Sabía que la libertad no es un hecho ( Curzio Malaparte, "La Piel" ) En las épocas de aguda crisis, cuando lo poco o lo mucho quehan construido como proceso emancipador amenaza hundirse y disolverse bajo suspies, es precisamente cuando los colectivos humanos ponen a prueba laconsistencia de sus luchas, su madurez y capacidad de autodirección; entonces,o se alienan en alguna fuerza extrasocietal, llámese, como podría decirEstanislao Zuleta (2), Dios, Razón de Estado u Hombre excepcional, o ellosmismos proveen, manejan y controlan las salidas. Entre el Ensayo y la Sociología, estas notas tienen porobjeto un análisis de coyuntura de la hiperuribizada Colombia del 2002 en susmomentos preelectoral, electoral y postelectoral; conviene advertir de entradaque un tipo de análisis como éste, tiende a ser más complejo e incierto de loque sugiere el imaginario de "superficial ligero", asociado ala idea de coyuntura. Por lo general, ésta no sólo está definida por las inéditasy aleatorias circunstancias del momento, sino que, con frecuencia, se presenta,además, como manifestación y condensación puntuales de fenómenos y problemasestructurales de la vida social; por lo tanto, en la coyuntura también hacenpresencia la complejidad, así como los niveles de incertidumbre propios de lasociedad objeto de análisis coyuntural. imaginarias también generan realidad. Al parafrasear a algunos pensadores sociales contemporáneos, a Morin y Castoriadis, por ejemplo (3), diría que lo más cercano a la esencia y condición del ser humano es una combinación balanceada entre el "el homo sapiens" y el "homo demens"; al fin y al cabo el ser humano normal, la media humana digamos, es el que habita las fronteras, siempre móviles, entre lo racional y lo irracional. En la actualidad, a los cultores de las Ciencias sociales cada vez se les torna más claro que una adecuada, integral digamos, explicación-comprensión de los fenómenos sociales sólo es posible si se recolectan los resultados de una doble mirada. De un lado, los de la más tradicional, orientada a fijar las correlaciones posibles entre fenómenos sociales; y del otro, los de la más nueva, ya adelantada por Durkheim y Weber, y en cierta forma por Marx en la "Ideología Alemana", orientada a escarbar en el fascinante universo de las representaciones imaginarias. En este Ensayo, por propósito explícito, el acento resulta puesto en la segunda mirada, razón por la cual no sobra advertir y destacar la validez relativa de esta reflexión, relatividad determinada por tres circunstancias interconectadas. En primer lugar, por tratarse de análisis que, sobre fenómenos humanos, hace un ser humano; en segundo lugar, porque la exploración de lo subjetivo simbólico continúa requiriendo siempre de la compañía complementaria del análisis de lo objetivo real; y en tercer lugar, porque con estas notas sólo se está explorando un camino, así como unos escenarios dados. Siempre se deberán esperar los resultados de otras exploraciones presididas por otras lógicas teórico metodológicas, y, por lo tanto, temáticas. Esto no obstante, son muchas las veces en las que el examen de los imaginarios colectivos sobre un fenómeno dado, resulta más clarificador que su tradicional análisis sociológico. Para ejemplificar, adelantemos, por ejemplo, un fenómeno central de la actual coyuntura del 2002. Ocurre que en la historia contemporánea del país, nunca los colombianos se habían mostrado tan natural y espontáneamente predispuestos, como ahora, a brindarle y proporcionarle al gobierno los recursos financieros y sicosociales necesarios para el cumplimiento de sus metas estratégicas. Pero, importa resaltar, de entrada, que tan notoria y notable predisposición tributarista espontánea contrasta con el carácter de la Cultura tributaria del país, históricamente pobre, entre sus elites altas, sobre todo; en una época de aguda crisis económico social, conspira ella, también, al frenar la demanda agregada, contra las posibilidades de reactivación de la economía en el mediano plazo, por lo menos. Pero, como se podrá observar más adelante, por la vía de la evolución reciente de la emotividad colectiva nacional se pueden escarbar razones, por lo menos plausibles, que permiten comprender el marcado desequilibrio circunstancialmente creado entre la voluntad colectiva de darle mucho al Estado sin exigirle cosas en forma, por lo menos, proporcional a no ser en materia del más rápido final del conflicto armado. Oportuno parece, por otra parte, destacar ahora cómo las significaciones imaginarias arrastran unos niveles de eficacia práctica, que trascienden los límites de lo que, sobre ellas, normalmente nos imaginamos; sobre esta materia, escribí en Atisbos Analíticos No 20: "Al aplicarle análisis de significación al estudio simbólico mismo, es decir, al darle de comer de su propio cocido, el imaginario social que aquel arrastra es el de la más refinada y hasta fascinante inutilidad. Todo el mundo se imagina, entonces, que el examen de los imaginarios no es más que un simple recurso académico o literario, sofisticado en unos casos, fascinante en otros, pero inútil y estéril casi siempre. Esto no obstante, el paradigma de producción de sentido tiene una importancia práctica, en cierto momento, mayor que el de los tradicionales estudios estructurales. Ocurre que en la cotidianidad, el común de los mortales no se mueve y actúa determinado por los resultados de la investigación científica si no, más bien, sobredeterminado por las formas primarias como, desde la subjetividad, cada quien percibe y se apropia el mundo real. Es decir, que esas formas primarias de conocimiento, llamadas significaciones y que se expresan en representaciones e imaginarios, son constructoras de realidad; determinan actitudes, conductas y opiniones". (4) 2. Al Uribe Presidente, por cierto que lo crearon los Medios y las Guerrillas, pero no sólo ellos, también sus notorias condiciones personales. Conjugados muchos esfuerzos, los de la imaginación comunicativa de unos con los de la torpeza y la debilidad políticas de otros, los de las condiciones personales con los del oportunismo, el Uribe Presidente fue una acelerada construcción dialéctica de los Medios y sus dueños, de la torpeza política de las guerrillas, de la desazón colectiva, pero también de notorias y notables condiciones personales del candidato. La acción conjugada de todas estas fuerzas y factores dio lugar, en el corto plazo, a un cuadro de comportamiento ideológico-político-electoral ciudadano que, caldeado alrededor de importantes imaginarios colectivos contrabelicistas, con habilidad manejados y manipulados por los Medios de Comunicación, en cortos seis meses alcanzó la más amplia cobertura social. En la historia electoral del país quizá nunca un solo fenómeno, como el del conflicto armado interno ahora, se había revelado con un peso tan fuerte como para determinar casi unidimensionalmente el voto efectivo de la ciudadanía.(5) De todas maneras, en la coyuntura del 2002 los Medios de Comunicación no actuaron "en el vacío", con la sola intención de hacer primar sus valores agregados sobre las realidades efectivas; se movieron sobre la base de una conjunción inteligente entre especiales y específicas condiciones personales de Uribe y unos estados dados de ánimo colectivo. Este, caracterizado como se verá, por la más honda depresión anímica de la ciudadanía, en su espontaneidad los arrastraba a reclamar con naturalidad, y casi desespero, el final de esa larga, bárbara, impactante, y ahora exacerbada, degradada y decadente guerra; a ésta, así lo sentían los ciudadanos y protociudadanos, los niños (a) inclúidos (a), era necesario ponerle final lo más pronto posible y por los medios que fuese. Si no se podía por una vía negociada, y ojalá con las menores "concesiones"posibles, que fuese por la vía que fuese, no importaba una más confrontacional, reguerreada y definitiva. En el sentimiento colectivo más profundo de los colombianos, la guerra y sus niveles de exacerbación se habían convertido en el casi único problema público del país. Fue sobre ese revoltijo emocional colectivo sobre el que se montó Uribe Vélez hasta llegar, rompiendo esquemas de sucesión presidencial y con una celeridad desconocida en la historia electoral, a la Presidencia de Colombia; y lo logró sobre la base de la oferta de una Propuesta, simple, llana y descomplicada, de manejo unipersonal de la autoridad del Estado como pilar central para de-construir inseguridades y, por esa vía, ir creando seguridad ciudadana. Pero, como escribió Gurcio Malaparte al referirse a las fuerzas aliadas de la liberación que, al llegar a Nápoles, encontraron a un vencido pueblo italiano predispuesto a la más increíble abyección, el mal, es decir, "el morbo estaba en su propia mano, tendida francamente a un pueblo vencido". 3. El corazón colectivo también tiene historia. Entre los finales del gobierno de Samper, primer semestre de1998 y febrero del 2002, cuando Pastrana, al clausurar el Caguán, preadelantó,como señaló Hernando Llano, el primer acto del gobierno de Uribe(5), en laevolución de la emocionalidad colectiva de los colombianos se puedendistinguir cinco momentos centrales. El primero tiene su inicio durante la transiciónentre Samper y Pastrana, con los golpes recibidos por los militares, a manos delas Farc, en acciones como la del ataque a la Base militar de las Delicias,propias de un cuasi ejército. Entonces, hubo sorpresa en el interior delos farianos ( no esperaban tanto), desconcierto en los altos Mandosmilitares ( nunca se habían imaginado que las Farc hubiesen alcanzado tantopoderío militar) y desánimo colectivo en la sociedad nacional. (6) Enesta se profundizó la tradicional desconfianza en las instituciones políticasy estatales, alimentada ahora por el imaginario colectivo de casiderrotabilidad de las fuerzas militares del Estado. En el primer año delnuevo gobierno, en un segundo momento, circunstancias ligadas al Proyectode reingenierización de la institución militar, a la publicitada "química"entre Pastrana y Marulanda Vélez, a la esperanza puesta en la llegada de un"Plan Colombia" sobrecargado de dólares y, sobre todo, a la aperturadel gobierno a una posible solución política del conflicto armado, conmovieronel ánimo colectivo que, tonificado, le entregó a Pastrana un claro"mandato de negociación" rubricado por diez millones depronunciamientos. Fue entonces cuando, como ave fénix, desde las cenicientaspistas de una sociedad nacional que, aunque cuasifrustrada unos meses antes, semostraba ahora ansiosa y anhelante, tomó vuelo la representación colectivade negociabilidad del conflicto. Un tercer momento en la evoluciónde la emocionalidad colectiva lo marca el frustrado experimento del Caguán;experiencia colectiva traumática ésta, pero política y pedagógicamentereveladora, sus elevados costos políticos han quedado cargados al enredadogobierno de Pastrana. En este Ensayo, el Caguán interesa más como ricaexperiencia colectiva que como frustrada negociación. La polemizada, y odiadapor tantos, zona de distensión le posibilitó al país tres importantes yreveladores alumbramientos. En primer lugar, por vez primera los citadinos, yadominantes en la relación demográfica ciudad-campo, de un momento otro sedieron cuenta que, desde hacía cuatro décadas, en su país había habido unagenuina guerra interna; hasta entonces, en sus imaginarios ésta no había sidosi no un lejano enfrentamiento armado entre militares y un puñado dedesvirolados pero idealitas guerrilleros; en segundo lugar, un buen segmento dela nación, más allá de los políticos profesionales, los intelectuales y losacadémicos, en forma práctica tomó conciencia de la profundidad y complejidadde la crisis del Estado, del grado de deterioro de su poder territorial, sobretodo. Hasta entonces, los políticos en general, se habían limitado a coexistircuando no a cabalgar sobre esas realidades. Y en tercer lugar, y este fue elboquete por donde empezó a desinflarse la reanimacion colectiva propia de laprimera fase del proceso del Caguán, los colombianos en general, sentados anteel televisor de sus casas, en sofá, silla o banqueta según la clase social, sedieron cuenta y aprendieron que su Estado no era Estado en muchas partes dondesiempre había proclamado que era Estado. (7) Por desgracia, en el proceso delCagúan nunca en forma seria, al contrario de lo que está haciendo ahora Uribepero desde lógicas de reguerra, se asumieron como objeto explícito denegociación las limitaciones paraestatales al pleno ejercicio de la soberaníainterna del Estado. Pues bien, bajo el impacto negativo de todas estas nuevascircunstancias y casi inconcientes de que, antes del despeje, las Farc ya habíaaccedido a la condición de paraestado en la región de la Caquetania, loscolombianos, al ritmo de la intensificación de la barbarie y de la pérdida dela iniciativa gubernamental en el proceso del Caguán, tornaron a la desazón,pero profundizada ahora al contar con mejores elementos para una másadecuada comprensión, entre sujetiva y objetiva, del problema. Hubo un momentoen el que la representación colectiva que se impuso fue la del co-gobiernoPastrana-Marulanda Vélez; de continuar hacia ese abismo, se imaginaron,sintieron y expresaron entonces muchos colombianos o el Caguán se transformaríaen un nuevo Estado o las Farc se apropiarían del Estado "de todos". Fue en un contexto así en el que emergió, como lucecita enel trasfondo del túnel, la figura de Alvaro Uribe Vélez; persistente, tenaz ycoherente en el manejo de las lógicas desde las que cuestionaba el proceso delCaguán. Fue ése el inicio de un cuarto momento en la evolución de losimaginarios colectivos bélicos. El hombre no era un desconocido; había sido lamayor fuerza individual de la ley 100 (8) y como gobernador de Antioquia habíahecho un manejo coherente, pero muy polemizado, del orden público, por elproyecto de las CONVIVIR, sobretodo. Por otra parte, era un políticoimaginativo, dotado de ideas, convicciones y estrategias propias. Su programa,en lo básico, por distintas vías concurrentes, se condensaba en una Propuestade manejo unipersonal de la autoridad del Estado como pilar para construirleseguridad a la ciudadanía. Fue así como Uribe Vélez se sintonizó con lasituación de ánimo colectivo reinante en el país. No fue entonces él unsimple valor agregado creado por los Medios de Comunicación, pues en el diseñode esa propuesta, como ninguna metida en el tambaleante ánimo colectivo del país,sus antecedentes, ideas y condiciones personales jugaron un papel central. Hasta antes de iniciarse este cuarto momento los Medios deComunicación, en alta proporción, habían venido actuando con espontaneidad,muy "a la colombiana". Informando sobre la guerra más como espectáculoque como el más serio, grave y complejo problema público del país.(9) Esto noobstante, antes de que con nitidez se evidenciara que el quid del conflictoarmado no era tanto el de negociación o reguerra, si no, más bien, el deredistribuir o no redistribuir democráticamente el poder institucional, asícomo el de realizar o no realizar las reformas estructurales que el país requería,los Medios, en forma progresiva, se fueron acoplando en la tarea de desarrollar,con sistematicidad, una guerra simbólica que, entre otros, perseguía dosobjetivos centrales. En primer lugar, la satanización no de la insurgencia engeneral si no de la guerrilla en particular; en un país donde todos los actoresdirectos del conflicto armado habían tenido una relación, por lo menos,problemática con el DIH, se buscó desnudar a los guerrilleros como los únicos"bárbaros" del paseo. Por otra parte, de cara a una situación en laque, como la del Caguán, ni siquiera había habido una prenegociación (allíni siquiera se pactaron los términos o bases concretas y explícitas de unanegociación), se buscó presentar el frustrado esquema del Caguán, como laclausura definitiva de toda alternativa de negociación. Al final ésteel imaginario colectivo que se impuso (el del fracaso o clausura definitivade toda salida negociada) acompañado del de las guerrillas como los únicosbárbaros del conflicto armado. Fue sobre la base de los resultados de esta guerra simbólicasobre los que se montó y fructificó, en unos rapidísimos seis meses en losque Uribe subió de veinte a sesenta puntos en las preferencias electorales, laEstrategia de construcción del antioqueño como Presidente de Colombia. De todas maneras, conviene ahora precisar el carácter de larelación de Uribe con los Medios de Comunicación; la hipótesis que, alrespecto, se sostiene en este Ensayo es la de que aquel no fue ni continúasiendo un simple valor agregado de los Mass media. Con su característica ytradicional lucidez y oportunidad para capturar la esencia de las coyunturas, hadicho al respecto el expresidente López Michelsen:" Parece que hubieraaprendido cómo es el tratamiento de imagen porque no deja pasar un día sin queel tema no sea él…; no le impresiona la opinión, ni las encuestas, ni loseditoriales, cosa que es nueva en Colombia;…su característica es unacapacidad de liderazgo poco común y además una memoria de computadora".(10) Sin contar con sus condiciones personales, por cierto, que los Medios nohabrían podido construir e imponer un candidato más preciso para la coyunturaque el exgobernador de Antioquia; en este momento, en el corazón de la mayorparte de la ciudadanía, aún de un segmento grande que no votó por él,"El Estado es Uribe Vélez" y por eso éste, con su carita de niñobueno y aplicado, sabe meterse en el núcleo central de todo problema central;central, por lo menos, para el expectante y anhelante país. Aunque in pectoreél sabe que necesita los Medios, proyecta la imagen de no preocuparse porellos, ni para bien ni para mal, ni para alabarlos ni para cuestionarlos,operación con la que sale magníficamente bien librado: frente a la opinión públicafortalece su imagen de independiente.. Esto no obstante, en lo objetivo, en el añodel referéndum y de los esperados resultados en materia de manejo del orden públicoy de la economía, como nunca el gobierno requiere de los Medios de Comunicación. Al iniciarse, pues, la segunda semana de mayo del 2002, latarea de la desatada guerra simbólica estaba cumplida: Uribe Velez encarnabael imaginario colectivo de salvación y de salvabilidad nacionales; el 26 demayo las urnas se limitaron a recolectar la inmadura pero muy eficaz cosecha: elrotundo "mandato de reguerra" dado a Uribe en una desconocida primeravuelta de elección presidencial, contrastante con el también rotundo"mandato de paz" recibido por Pastrana cuatro años atrás. En unospocos años los contenidos de la emocionalidad colectiva, así como los de losimaginarios a ella ligados, cualitativamente se habían transformado; eran lasdinámicas propias de una sociedad nacional todavía inmadura y que apenas seestaba preanunciando como sociedad civil. El 7 de agosto del 2002, con la posesión de Uribe, se entróen un quinto momento en la evolución de la emocionalidad colectiva de laciudadanía; a partir de ese momento los colombianos, quizás muchos más de losque lo eligieron, han percibido y sentido en su estilo y comportamiento a ungenuino conductor estatal, así como a un efectivo director de las FuerzasArmadas. Esto no obstante, sólo en un solo asunto, por cierto el central, Uribeha sido tenaz y elevadamente coherente con su propuesta electoral: en susesfuerzos tenaces y persistentes por manejar unipersonalmente laautoridad del Estado en función de desmontar inseguridades individuales e ircreando, simultáneamente, seguridad ciudadana. Ha sido así como ha venidotomando forma una nueva formación simbólica colectiva estrechamenteasociada a las ideas de que ya se pasó el momento más difícil, de que yase pasó el Rubicón, como señaló "Semana"(11), de que el paíssaldrá adelante, así como a la de la derrotabilidad contundente de lasguerrillas. Esto no obstante, transcurridos los cuatro primeros meses degobierno uribista, el nuevo imaginario colectivo se ha impregnado de unsabor entre lo dulce y lo agrio, pues el común de la gente esperaba de élresultados militares más rápidos y contundentes, o, por lo menos, se imaginabaque era más fácil derrotar a las guerrillas. Ahora, algunos sectores ypersonas de la propia base social de la Estrategia de seguridad democrática hanempezado a preguntarse: ¿será capaz? ¿será capaz de derrotar a lasguerrillas? 4. A la Estrategia de Seguridad democrática la acechan enormes peligros y, sobre todo, la limitan importantes escollos simbólicos y estructurales. Las más importantes limitaciones a la aplicación de la Estrategia de Seguridad democrática se ubican en las fronteras entre el corazón de la ciudadanía y las tozudas realidades efectivas del país ligadas a la aguda crisis de la economía, a la ya casi ingobernable deuda externa, así como a las deprimidas condiciones de existencia social de la mayoría de los colombianos, las clase medias, las mas alienadas al proyecto de Uribe, incluidas; es decir, esas limitaciones se inician con las situaciones simbólico virtuales ya esbozadas, continúan con la evolución de las relaciones de fuerza en el interior del gobierno y terminan con los problemas actuales de la economía y de la organización social del país. 4.1. La actual base sicosocial del gobierno es amplia pero frágil y desleznable. Luis Garzón, un antiuribista tan decidido antibelicista comopronegociador, al apelar a la metáfora lo ha caracterizado así:" Uribeexpresa una lógica’alka seltzer’: mucha efervescencia y poca consistencia.No se han visto los resultados. Uribe va muy bien, pero el país va muy mal yUribe mucho mejor que el gobierno"(12); en los días navideños, reunidocon una "parte" de mi círculo familiar con la cual, sin herirsusceptibilidades, se podía hablar de la guerra, alguien me preguntó: "Si ud. fuera Uribe, en este momento qué haría? Sin dudarlo dos veces contesté,más o menos, lo siguiente :" utilizaría esa inmensa base sicosocial quetiene, así como su indudable capacidad de liderazgo no para ahondar una costosae impredecible, en sus resultados, reguerra, si no, más bien, para relevantaruna negociación presidida por un modelo distinto del del Cagúan, vale decir,por un modelo en el que el Estado, por muy profunda que sea su crisisestructural, evidencie estatuto de realidad y de efectividad; del Caguánrecogería la necesidad y la urgencia de hacer, con guerrillas o sin guerrillas,las profundas reformas estructurales que el país requiere, presididas por unmodelo de inclusión social en el que también se revele como un asunto crucialel de la efectividad de las instituciones". Pasadas las fiestas de añonuevo, leería a Juan Manuel López Caballero afirmando :" Tenemos unpresidente con liderazgo…es de esperar que en caso de que los hechos confirmeneste temor, sería él mismo la persona para iniciar el camino de la rectificación…Desearíaque la Seguridad democrática se tornara en realidad, que una derrota militarforzara a los levantados en armas a integrarse (quien sabe cómo) a lasociedad…pero una vez más mi escepticismo prevalece y no creo que sea posibleuna victoria militar, ni creo que, si ella se diera, sería solución a nuestrosproblemas. Por eso espero que dejemos de hablar de guerra y aceptemos que lo quetenemos se origina en conflictos sociales nacidos de una sociedad malorganizada".(13) Retomando, a contrapelo de los sueños, la línea del análisis,importa destacar ahora que en el gobierno de Uribe sus hombres claves (presidente solo hay "uno"; ministros políticos, explícitamentepensantes, sólo hay "otro"; silenciosos Ministros técnicos,"muchos"; y asesores extraoficiales, unos "cuantos") sonpersonajes entre virtuales, no por ello menos eficaces, y reales, lo que no hacemás que reforzar la formación imaginaria simbólica sobre la que descansa, enlo fundamental, el proyecto "Primero Uribe". El discurso de direcciónque, sin duda alguna, lo coloca el presidente; es condensado y telegráfico,quizás síntesis de muchos documentos, y preciso. El tono polémico casisiempre lo pone un pensador ultraconservador, talentoso, inteligente y lúcidocomo lo es Fernando Londoño Hoyos. D e éste ha dicho Hernando Salazar Patiño,otro muy inteligente miembro de su grupo generacional manizalita : " Pocaspersonas, entre las que uno haya podido conocer, dan una tan inmediata, tanpropia, tan real, y tan deslumbradora sensación de talento, como Fernando LondoñoHoyos. Y si a eso se le agrega, carácter e independencia, notables eindiscutibles, se explica entonces ‘la conjura de los necios’ que señalaraSwift, quien nos enseñó como nadie, sobre Gulliveres y hurgos, y más todavía,sobre gigantes y liliputienses… Si bien el presidente electo propuso comoprograma de gobierno, luchar y garantizar la seguridad y destruir la politiquería-y poquísimos los tan indicados para acompañarlo en ello como Londoño-importante es que la suya fuera también una apuesta por lainteligencia".(14) En mi concepto, Fernando Londoño es uno de esospersonajes lúcidos y lucidos, que, entre sus más notables defectos, tiene elde todos los inteligentes, el de acabar creyendo que todos los demás sonbrutos; es, además, en el mejor sentido de la palabra, un subversivo de derechacomo lo acaba de corroborar con sus posiciones sobre la Constitución de 1991.Procede de la mejor extirpe de la derechista inteligencia "leoparda"de la década del veinte del siglo XX. Finalmente, es un polemista que, por suestilo y retórica, busca inhibir el pensamiento de las inteligencias normales,que, ofuscadas, no saben si admirarlo o a denostarlo. Sólo personas de sucondición intelectual, le pueden responder en su propio y elevado nivel deracionalidad y de erudición. Finalmente, del equipo de gobierno también haceparte el eficaz silencio de los técnicos, quienes más actuantes quediscursivos, refuerzan la imagen de unidireccionalidad asociada alpresidente. Posesionado Uribe, los Medios, que tan explícito y concienterol habían cumplido en los orígenes y materialización de la ya destacadaguerra simbólica en cuyo marco se produjo su elección como presidente,tranquilamente se dedicaron a alimentar las nuevas representacionescolectivas ligadas al efectivo tránsito del Rubicón, a la segura salvabilidaddel país por parte de Uribe, así como a la casi cierta y contundentederrotabilidad de las guerrillas. Respecto a esta guerra simbólica, habríaque afirmar ahora que si las dinámicas de la guerra militar material no hanlogrado polarizar a los colombianos en la línea de una guerra civil, ésta síestá haciendo estragos en el corazón de muchos colombianos, sus niños y niñasincluidas; a punta de redes de informantes, de soldados campesinos yvoluntarios, de redes de vigilantes privados, de inteligencia civil, la ampliaciónde la relación amigos-enemigos, que no se había dado en el plano militar, seestá abriendo paso en el corazón de la ciudadanía. Se está presentando elcaso de muchas familias y de tradicionales grupos de conversadores parroquianos"pluralistas" que han decidido eliminar el problema de la guerra delas charlas de sobremesa, así como de sus conversatorios cotidianos. Desde elcorazón y los deseos de muchos colombianos no sólo las guerrillas ya han sidoderrotadas si no, también, sus reales o presumibles amigos, condición en laque se está englobando a todo el que tienda a salirse del unanimismo imperanteen torno a Uribe. En general podría decirse que aunque la guerra simbólica seha teñido de los colores y particularidades de las culturas regionales o de laspropias de cada etnia, clase social, género o grupo politico, sin embargo, enlo básico, ha estado orientada a darle cohesión a la Estrategia de Seguridaddemocrática metiendo a Uribe en el corazón, así como en la carteritade cada colombiano. No resulta, por lo tanto, difícil encontrar las razones dela enorme predisposición, casi natural y espontánea, de la ciudadanía abrindarle al gobierno, sin mayores contraprestaciones, los recursos financierosy sicosociales necesarios para el cumplimiento de sus metas estratégicas enmateria del final de la guerra. No obstante todo esto, la ampliación de esa base socialvirtual hasta llegar al millón de personas en alguna forma organizadas en funciónde la reguerra, presenta, en dos direcciones, límites objetivos: por unaparte, si, por lo menos, el comienzo de un final de la guerra no se ve, en elcorto plazo, alimentado, por resultados más contundentes en el manejo del ordenpúblico; en segundo lugar, por las dificultades del gobierno para darle unabase autosostenida a la Estrategia de seguridad democrática vía la provisiónde recursos frescos para financiar su componente propiamente militar, ligado ala Política contrainsurgente de Zonas de Rehabilitación y de Consolidación,así como a las medidas sólidas de protección de la infraestructura vial,hidroeléctrica y petrolera del país. Pero, aún hay más: la actual basesicosocial de apoyo al gobierno puede empezar a desmoronarse si a éste lefallan, por una parte, las estrategias para reactivar la economía a partir dela generación masiva de empleo y para atender con oportunidad los servicios deuna deuda externa ya casi ingobernable y si, por la otra, su programa carece delmìnimo social necesario para atender las cada días más deprimidascondiciones sociales de vida de los colombianos. Aunque en el mediano plazo el gobierno no lograse reactivarla economía ni trasladar a la vida social algunos resultados de esa reactivación,la gente del común, la que constituye el eje sicosocial de su gobierno, podríamantenerse casi inalterable en esos apoyos colectivos, si éste, en el cortoplazo, alcanzase resultados contundentes en el manejo del orden público, talescomo importantes victorias militares o la captura de alguno de los altos Mandosde las guerrillas o, por lo menos, medios como la captura de Karina en Caldas ode Martin Caballero en la Costa. Ha sido este una hipótesis reiterada poralgunos Medios durante estos días:" El país aguanta drásticas reformas,se escribió en El Tiempo, mientras el presidente mantenga viva la ilusión deque el panorama, en lo que a la guerra se refiere, va a cambiar". (15)Pero, en un marco viudo de esos resultados, Uribe ha empezado a jugar contra eltiempo rodeado, por otras parte, de grandes peligros y de enormes tentacionessiendo la de la precipitud ( actuar un poco a la loca para alcanzarlos) la másacuciante. Hasta ahora Uribe ha dado muestras de que en casi nada, excepciónhecha de la peligrosa obsesión por generar sentimiento o realidad de seguridadsicosocial colectiva, es cortoplacista como si lo son algunos de sus acompañantes,incluido un sector importante de militares, que quisieran ver ya tan aplastadaslas guerrillas como las tienen en sus corazones. Esto no obstante, el logro deresultados militares significativos, que no es lo mismo que la derrota militarde las guerrillas, presenta dos importantes limitaciones. De un lado, la realcapacidad de éstas para resistir, sortear y neutralizar la ofensiva militarestratégica del Estado; a este respecto, habría que destacar que las Farc,sobre todo, hasta este momento en lo militar no han sido tocadas y que handecidido una línea de defensiva estratégica en la que combinan acciónguerrillera clásica con operaciones selectivas de sabotaje, para ellas pococostosas y con mucho efecto sicológico terrorista, jugándole, en general,al desgaste financiero del Estado mientras ellas racionalizan el uso de susreservas militares y financieras. Esperan que, en el mediano plazo, elgobierno empiece a debilitarse; mientras tanto, como lo ha analizado AlfredoRancel, observan de qué manera el gobierno diseña y pone en ejecución supropia estrategia " para identificar cuáles son sus puntos débiles yatacarlos después de manera preferencial".(16) .En esa forma, estánjugando con el tiempo con la esperanza de darle de comer al gobierno de supropio cocido: de que, al resultar infructuosos los esfuerzos de éste porderrotarlas o, por lo menos, por disuadirlas, se produzca una mutacióncualitativa en el estado anímico nacional, que obligue a Uribe a deponer suvoluntad de ir hasta el final. La otra limitación importante al logro de resultadosmilitares contundentes se encuentra ligada a las dificultades del gobierno parafinanciar, en forma autosostenida, la más importante pero costosa Estrategia deorden público que ha habido en la historia contemporánea de Colombia. No sepodrá olvidar que el componente militar de la Estrategia de Seguridad militarapenas se encuentra en la primera fase de aplicación; por ejemplo, laregionalización de la reguerra orientada a golpear las realidadespara-estatales, sólo ha llegado a dos de las ocho Zonas previstas deRehabilitación y Consolidación. De dónde van a salir los más de quincebillones de pesos requeridos para ampliar, por ejemplo, la Estrategia a laszonas geopolíticamente más críticas de la guerra? Al sur occidente deColombia, por ejemplo? En el 2003 la reingeniería de la institución militardará un salto casi cualitativo con financiamiento asegurado de 51.400 nuevosmilitares y semimilitares, dotados de tecnología militar de punta; pero, en losaños subsiguientes, de donde saldrá el dinero para garantizar la reproducciónfuncional de cuatro nuevas Brigadas Móviles, de dos Batallones de alta montaña,de siete nuevos Batallones fijos en zonas especiales, así como de doce Gruposantiterrorismo urbano y de doce de apoyo al GAULA? Continuar pensando "enlos históricos apoyos ciudadanos" logrados por Uribe como fuente de nuevosrecursos frescos para garantizar el financiamiento, de mediano plazo, de lareguerra, sería una conducta, además de torpe, políticamente inviable y éticamentegrave. Una obsesión "subordinada" de este gobierno,vinculada a la de generar seguridad sicosocial colectiva, es la de arañarrecursos de donde sea. Precisamente, la universalización del IVA, a partir delprimero de enero del 2005, hasta gravar las más insignificantes transaccionesmercantiles, se inscribe en esa línea de arañar recursos de donde sea. Detodas maneras, la apremiante urgencia de volcar y canalizar recursos hacia lareguerra encuentra su limitación central en la pragmática tradición deatender oportunamente, aún sacrificando muchas necesidades internas, losservicios de la deuda externa la que, según los entendidos, está bordeando lasfronteras de una moratoria. Como se podrá observar, entonces, en materia definanciamiento futuro de la guerra, lo que, en alguna forma es, en materia deaplicación de su Estrategia de Seguridad democrática, el Gobierno de Uribeha comenzado a jugar contra el tiempo, contra el "sin" bolsillo de laciudadanía, así como contra las exigencias y premuras en el manejo de la deudaexterna. 4.2. En el mediano plazo, ningún gobierno logra subsistirsobre la simple base de relaciones sicosociales de poder favorables. Al confrontar en la coyuntura los imaginarios colectivos político-bélicosdominantes con las tozudas realidades económico sociales, habría que decir queni el país ha pasado el Rubicón ni el presidente antioqueño, por muy sólidoque sea su liderazgo y muy elevada la base sicosocial de su gobierno, es garantíacierta y segura de salvación nacional. Ojalá así fuese, pero no se puedepensar con los deseos. Vayamos despacio. Habrá que destacar, en primer lugar, la estrechez yunidimensionalidad de la base doctrinaria de la Estrategia de Seguridad democrática;por cierto que ésta con claridad estaría siendo muy eficaz si por autoridadestatal se pudiese entender o la simple aplicación de la ley o las decisionestomadas por los que, en una democracia electoral han accedido al gobierno. Pero,ni una concepción integral de autoridad de Estado se agota en esos tópicos niel nuevo gobierno ha sido un ejemplo en la aplicación de la normatividadinstitucional. Lo ha afirmado un destacado personaje del establecimiento:"Sí, me parece que desde el punto de vista jurídico, declaró LópezMichelsen, el gobierno es muy manguiancho. Por eso la Corte le tumba parte desus decretos" (13) y lo ha ratificado un hijo del todavía analíticamentelúcido expresidente: " El escenario deseable pasaría, anotó Juan ManuelLópez, por un pronunciamiento de la Corte Constitucional en el que ..sereivindicara el respeto por la normatividad vigente, la división de poderes yel conjunto de principios que constituyen la esencia de la democracia".(14)Hasta ahora ha sido notorio que el conjunto del equipo de gobierno siente laConstitución del 91 como una camisa de fuerza, antifuncional a la hora debrindarle bases jurídicas adecuadas a la Estrategia de Seguridad democrática;sortearla por alguna vía, la de la contrarreforma constitucional o la de laoficialización, con carácter permanente, de la legislación excepcional deorden público dictada en los últimos meses, se ha convertido, por lo tanto,para todos ellos, en una apremiante necesidad. No se hace difícil, así,adivinar el carácter autoritario y tendencialmente represivo del actualgobierno. Por otra parte, la Estrategia de Seguridad democrática sería elmejor camino para construir arcadias, si la seguridad democrática se agotase engarantizarle a la ciudadanía un estado animo colectivo sin mayores zozobraspersonales y familiares; pero, en el corto y mediano plazo, sobre todo, laseguridad ciudadana sólo puede brindarle autosostenibilidad a la " más íntimatranquilidad personal y familiar" si se vive en una economía que, algenerar en forma masiva empleos dignos, engendra posibilidades de progresivopero efectivo acceso al ejercicio de los derechos sociales fundamentales de laciudadanía. Es cierto que la seguridad ciudadana como la ha concebido yla está practicando el actual gobierno es requisito, no el único por cierto,para cosechar inversión productiva; sin embargo, sola, esa condición nosólo no es suficiente si no que, además, con facilidad, más temprano quetarde, puede empezar a erosionarse con celeridad.. .Hasta ahora todo pareceindicar que, excepción hecha de la Estrategia de Seguridad democrática y deuna, todavía no muy explícita, Estrategia de manejo de la deuda externa, elgobierno de Uribe carece de una Estrategia macro de reactivación de la economíay, con, mayor razón, de inversión social. La base empírica más robustade esta hipótesis está fundada en el carácter claramente recesivo, inhibidordel dinamismo de la demanda agregada, que presenta el paquete de reformas conceleridad aprobadas, a cambio de la renuncia gubernamental a su revocatoria, porel Congreso nacional. En el corto plazo, bondadosos efectos boomerang producidospor un cambio cualitativo en el estado anímico del país, por ejemplo, lareactivación del mercado accionario o de algunas dimensiones de la industria dela construcción o del turismo militarizado o la caída en el indicador deriesgo país, con ligereza no debería interpretarse como indicador deuna definitiva recuperación del aparato productivo; bajo condicionesimportantes más consistentes en los corazones que en las realidades,circunstancialmente puede producirse algún incremento de la inversión o ciertodinamismo en algunos mercados. Esto no obstante, no será a partir de laEstrategia de Seguridad democrática de donde emergerán los dinamismosnecesarios para una efectiva reactivación de la economía. Es cierto que éstapresenta un importante componente de Política macroeconómica, pero, en lo básico,aquel se encuentra orientado a generar y canalizar recursos hacia la reguerra;también es cierto que aquella conlleva cierto componente, más disminuido, dePolítica social; pero, en lo fundamental, está orientado a financiar laparticipación proactiva de la sociedad como actor directo del conflicto armado.En resumen, el actual gobierno carece de una Política macroeconómica y macrosocial, relativamente autónoma de su Estrategia de Seguridad democrática. Quizás, sin guerra interna y sin la obsesión de terminarlapor una vía reguerreada, en teoría Uribe Vélez podría ser un magníficoconductor de una Estrategia macrooeconómica, de inspiraciónneoinstitucional.liberal, orientada a reanimar el aparato productivo sustrayendorecursos de la corrupción y la politiquería, pero, obsesionado como seencuentra por imprimirle una salida militar, objetivamente se verá obligado acanalizar recursos hacia el logro de ese objetivo con el único limitanteimportante del manejo oportuno de una deuda externa ya casi ingobernable.Entonces, en la práctica, su escala de prioridades no podría otra que ésta:1.el pago oportuno de la deuda externa; 2. el financiamiento de la Estrategia deSeguridad democrática; 3.la reactivación de la economía; y 4. la inversiónsocial. Para Hernando Salazar Palacio, editor político de El Tiempo,en el 2003, la economía y el conflicto armado serían dos de los cuatro frentesque le quitarían el sueño a Uribe; para Luis Garzón, por su parte, en elcorto plazo Uribe tendría todas las condiciones para que le funcionen las cosasbien, pero la recesión económica continuaría reforzando la confrontaciónarmada. Para el editorialista de El Tiempo, a su turno, "el intocablecarisma de Uribe ha desplazado las preocupaciones que suscita la escalada deimpuestos en una economía estancada; o las tendencias radicales, y hastaautoritarias de algunos miembros del gobierno y hasta de consejeroscercanos" (17) A Uribe, en síntesis, en el 2003 la guerra en sí, quizásno le quitará el sueño, pero sí la necesidad de lograr, sin incurrir enimprudencias y precipitudes, resultados más contundentes en el manejo del ordenpúblico; pero, más se lo quitará el apremio por levantar una Estrategia dereactivación de la economía compatible con su Estrategia de Seguridad democráticay de gobernabilidad de la ya casi indomable deuda externa. En ese marco, almargen de los discursos sobre los pobres y desempleados como sector social másvulnerable y, por lo tanto, estratégico, los amagos de acciones en el camposocial pasarán inanes e inocentes , como por un cristal sin romperlo nimancharlo, por la masa de los veintisiete millones de pobres y miserables del país. Entonces, en el mediano plazo, en un país así medioesbozado, ¿se logrará gobernabilidad sobre la simple base de mucho liderazgo,así como de una enorme base sicosocial de apoyo? 5. Con los contenidos del referéndum, a Uribe ya lederrotaron la Política antipolitiquera, pero aquel no será lo central. Puesto in vitro doctrinario, dentro del sistema Uribeencarnaba una propuesta de nueva institucionalidad alternativa a lainstitucionalidad gestada por el Frente Nacional. Era ésta unainstitucionalidad costosa, pues sólo se hacía eficaz en la vida social apartir de la politiquería y la corrupción; elevados eran entonces sus costosde transacción afectándose, por esa vía, los niveles de ganancias y, por lostanto, los de inversión. La lucha contra la politiquería y la corrupción, allado de la lucha contra los violentos hicieron, desde un principio, parte de laesencia de la propuesta de Uribe. A la luz de un enfoque doctrinario así, la propuesta de referéndumfue presentada durante la campaña a la presidencia como la herramientaprivilegiada para combatir la politiquería e iniciar un proceso de efectivapurificación de las costumbres políticas. Para sacar adelante el conjunto desu propuesta básica ( seguridad ciudadana, reguerra , lucha contra lapolitiquería y la corrupción, radical ajuste fiscal) el nuevo gobierno contó,desde un principio, con los más robustos apoyos, más voluminosos en el espaciode lo virtual que en el de la política. En este último terreno, por otraparte, en el Grupo "Primero Colombia", muy en coherencia con el nuevorégimen político que se ha venido configurando en el país, había másmovimiento político desinstitucionalizado que fuerza partidista institucional. En la actualidad el gobierno ha fortalecido su base socialsimbólica y, en alguna, forma también, sus apoyos políticos partidistas; elpartido, liberal oficial, por ejemplo, en enero del 2003 se encuentra máscercano a Uribe que en mayo del 2002. Es interesante observar cómo el proceso de discusión de loscontenidos del referendum ha sido, al mismo tiempo, el proceso dedesvirtuamiento de su carácter político antipolitiquería, asi como el delfortalecimiento de la base político partidista de aproximación al gobierno osi no que lo diga el partido liberal. En ese proceso, en primer lugar, el referendum perdió suunidad de materia; dejó de ser una herramienta de lucha contra la politiqueríay de inicio del proceso de purificación de las costumbres políticas paratransformase en un híbrido polivalente, casi un tipo "ideal" delas prácticas asociadas a la más rancia politiquería. Con él, elgobierno arañará más recursos para lo que sea, ya sea para financiar laguerra, subsidiar los servicios de la deuda externa o hacer alguna inversiónsocial; el Congreso "admirable", como lo calificó Londoño Hoyos,respirará satisfecho, pues ha obligado al gobierno a deponer la espada deDamocles de la revocatoria; y la burocracia estatal de elección popular le haráfuerza electoral para pagarle al gobierno su reproducción funcional por un añomás. En buena medida, errados se encuentran quienes quierenmanejar la aprobación del referéndum como un acto de reapoyo colectivo alPresidente Uribe; en las actuales condiciones de ingobernabilidad del país ensu conjunto, es difícil que el Presidente pueda incrementar su base sicosocialsimbólica más allá de los actuales 75 puntos; más allá de ese límite, elgobierno podría empezar a atosigarse y emborracharse. Algunos sectores delgobierno aspiran a endosarle al referendum entre ocho y diez millones de votos;quizás podrían acercarse a ese volumen de votación si en estos seis mesesUribe logra resultados contundentes en materia de manejo del orden público. Sino los alcanza, titánico le va a resultar obtener una votación voluminosa,pues, de un lado, se le va dificultar retener a un sector de amigosdescontentos con la negociación que se ha hecho con la politiquería y, delotro, es muy difícil que el componente de pobres y pensionados que lo hanapoyado se haga el harakiri al autocongelar sus míseros sueldos y enflaquecidaspensiones. En definitiva, entonces, en 1993 no va ser ese desvirtuado ydesmuelado referéndum el que va a resultar crucial para el futuro de Uribe sino, más bien, su capacidad para consolidar la ilusión, y, sobre todo, larealidad, de que, en materia de ganar la guerra, el panorama está mejorandoen forma cualitativa. Al obtener resultados importantes en el frente de guerra,el gobierno, sin necesidad de mucho más, podría legitimar electoralmente elreferendum. El no obtenerlos y el no alcanzar los seis millones de votos sí seríauna gran derrota política para Uribe. Es previsible, así, que un mayorarreciar de los fusiles estatales, será la mejor publicidad política parasacar avante el referéndum. CONCLUSION : En este enero del 2003 elgobierno todavía no ha podido encontrar la forma política más funcional a su Estrategia de Seguridad democrática. De cara a un gobierno pletórico de contradicciones,amenazas, acechanzas y peligros, pero también de posibilidades alternativas,riesgoso sería avanzar alguna conclusión más o menos definitiva; buscandocontribuir a la reflexión y el debate sobre los problemas de la Paz y la Guerraen Colombia, Ecopais ha decidido reactivar su "Laboratorio Analítico"haciéndoles un seguimiento trimestral. De todas maneras, una conclusióncentral sí se impone: hasta ahora el gobierno de Uribe no ha logradoconstruirle la forma político jurídica más adecuada a su Estrategia deSeguridad democrática; el arquitecto encargado de esa construcción políticonormativa ha sido Fernando Londoño. Al apelar al análisis comparativo posibilitado por lametodología de posibles escenarios, podría decirse que a Uribe le caben dosopciones: o consolidar la reguerra o, en un momento dado, reversar hacia algunaforma de negociación; sobreimpuesta y dominante la primera en las relaciones depoder intraestatales, la segunda ha quedado prevista como posibilidad "porsi en una coyuntura dada falla la primera", como me lo ha dicho una personacercana al gobierno. Se trata de una posibilidad todavía trunca, pues el propiogobierno con certeza sabe que la ONU sólo prestaría sus buenos oficios si suparticipación, cualquiera que sea su carácter y alcances, ha sido solicitada apartir de un acuerdo entre gobierno y guerrilla. Pero, ¿hasta dónde se irá enmateria de reguerra? El hasta dónde se iría, no sólo dependerá del gobierno,si no, sobre todo, del alcance de las respuestas ora militares ora políticas delas guerrillas. En el interior del gobierno las posiciones están trifurcadasentre los que postulan que, antes de retomar algún modelo de negociacióndistinto del del Caguán, se debe producir cierto debilitamiento militar de lasguerillas, un segundo grupo que presiona por acciones bélicas más drásticasque, por sus efectos, objetivamente impongan la disuasión y los que,finalmente, exigen avanzar hasta casi derrotarlas, es decir, hasta imponerlesuna capitulación. En definitiva, entonces, la forma político jurídica de laEstrategia de Seguridad democrática dependerá de los niveles que se busquenalcanzar en materia de reguerra. Hasta ahora es claro que la Constitución del91, Carta Magna de claro sabor democrático radical, es incompatible con losobjetivos buscados por la Estrategia de Seguridad democrática. En el equipoclave del gobierno se ha impuesto una idea práctica justificatoria: en lacoyuntura, mientras se derrota a los violentos, si se quiere salvar lademocracia futura, se torna imprescindible excepcionar la democracia presente. Enel marco de la situación dominante de miedo colectivo frente alfuturo, la ciudadanía, entre complaciente e ignorante, ha aceptado estanecesidad "coyuntural" de autoritarismo tendencialmente represivo.Frente a la Constitución del 91, por otra parte, mientras un sector desearíasu contra-reforma, escenario para cuyo desarrollo no habría por ahora muchascondiciones políticas, otro se está esforzando por darle institucionalizacióndefinitiva a la legislación de excepcionalidad dictada durante la actualvigencia del estado de excepción; por esta vía, y en la medida en que Uribe sefortalezca en lo político con un resultado favorable en el referéndum, se lepodría brindar una forma politico jurídica funcional a la opción de unareguerra orientada a disuadir a las guerrillas. Esto no obstante, para el casode una opción de re-guerra orientada a colocar a la insurgencia en condicionesde capitulación, el gobierno tendría que ajustarse a formas políticas másradicales. De no encontrar entonces los apoyos necesarios en el Congreso, seabriría un panorama, incierto y complejo, cercano a salidasextraconstitucionales inspiradas en algún esquema de fujimorazo. 1.Malaparte, Curzio. "La Piel", Bibliotecade Novela histórica, Barcelona, Ediciones Orbis. S.A. 1963, pgs.34 y 151. 2.Zuleta, Estanislao. "Sobre la Idealización de lavida personal y colectiva y otros Ensayos", Bogotá, Procultura, 1985. .3.Castoriadis, Cornelius. "L’InstitutionImaginaire de la Societé", Paris, Edit.de Seuil, 1975; Morin,Edgar."Sociología", Madrid, Tecnos,1995. 4."Atisbos Analíticos",No 20, Santa Fe deBogotá, mayo de 2002. 5.Llano, Hernando. "Uribe monta el brioso potro de laingobernabilidad", en, Oscar Delgado, "Observatorio Político",16 de diciembre de 2002. 6.Sobre los determinantes del Cagúan como Zona de distensión,ver, García Mauricio, .7. "Atisbos Analíticos " No22, Cali, juliode 2002 8. Vélez, Humberto. "Economía neoinstitucional,construcción-deconstrucción de Instituciones y Ley 100", Bogotá, enerode 2003, Cid- Universidad Nacional. 9. idem, "Carta Abierta sobre la Guerra en Colombia",Cali, ECOPAZ, 2001. 10. "López: Uribe…muy bien…con fallas",Entrevista de Margarita Vidal a Alfonso Lòpez Michelsen, en, ID, LecturasDominicales, EL tiempo, domingo 15 de diciembre de 2002. 11. Semana.com , dic. de 2002 12. "Soy como Uribe hace cuatro años", Entrevistaa Luis Garzón, en, El Espectador, 5 de enero de 2003, 2A Y 3ª. 13. López, Juan Manuel. "Mi visión optimista", ElHeraldo, Barranquilla, 3 de enero de 2003. 14.Salazar Patiño, Hernando. " El sentido de unnombramiento La Apuesta por la Inteligencia", Manizales, 2002. 15.El Tiempo, 5 de enero de 2003. 16. Semana.com , enero 2 de 2003-01-09 17. El Tiempo, 29 de diciembre de 2002. ECOPAIS, Fundación EstadoComunidadyPais; Humberto Vélez Ramírez fecopaís@hotmail.com, humbertovelez@hotmail.com Programa de Estudios políticos y Resolución de Conflictos,Instituto de Educación, Universidad del Valle. Ecopais, en su SubGrupo académico "Observatorio sobrelos problemas de la Guerra y la Paz en Colombia" ha decidido reiniciar suactividad de análisis como una contribución a la reflexión y el debate sobreeste asunto crucial para el presente y futuro de Colombia"; en"Atisbos Analíticos" publicará, entonces, sus reflexionestrimestrales sobre la materia. Publicación enviada por Humberto Vélez Ramírez Contactar mailto:fecopaís@hotmail.com Código ISPN de la Publicación EpypZpZEyybDjPCVpE Publicado Tuesday 12 de August de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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