Monografias | Democracia y cultura política a la mexicanaDemocracia y cultura política a la mexicanaResumen: La base del problema. Plantear el problema. Las causas probables. La formación de un criterio. Diagnóstico y epílogo. La democracia en México, según muestran las apariencias, es una institución tan cotidiana como cualquier persona de nuestra familia o como cualquiera de nuestras actividades diarias. También, parece ser tan común y cercana como cualquiera de nuestras estrellas de cine y televisión. Índice Introducción La base del problema Plantear el problema Las causas probables La formación de un criterio Diagnóstico y epílogo Debemos
poseer y estar en condiciones de suministrar GIOVANNI
SARTORI INTRODUCCIÓN La
democracia en México, según muestran las apariencias, esuna institución tan
cotidiana como cualquier persona de nuestra familia o comocualquiera de nuestras
actividades diarias. También, parece ser tan común ycercana como cualquiera de
nuestras estrellas de cine y televisión. La
vemos todo el tiempo, figurando en la elección degobernantes, en la designación
de premios para determinadas personalidades delarte y el espectáculo, al elegir
líderes sindicales o gremiales, al elegir aljefe del grupo de la escuela o al
jefe de manzana, o al presidente de laasociación de colonos, etc. En
resumen, puede decirse que la democracia en México es másque una simple forma
de gobierno, y que es, ante todo, un estilo de vida. Así,el mexicano,
aparentemente, toma sus decisiones de un modo democrático: él ysu pareja
deciden juntos lo que concierne a su vida familiar; el grupo de amigosdecide lo
que corresponde a sus planes y acuerdos; en la comunidad donde viven,los vecinos
unifican criterios para solucionar los problemas de su localidad...En fin: nada
se hace si antes no se goza de consenso. Visto
así, pareciera que el sueño del mexicano, o sea, unpaís libre, democrático,
verdaderamente soberano, es una realidad. ¡Nada máserróneo y alejado de la
realidad! El machismo, con todo lo que implica–violencia intra familiar,
poligamia, infidelidad, paternidad irresponsable,abandono de hogar,
irresponsabilidad laboral, etc.– aún sigue vigente. A
su vez, las elecciones gremiales o constitucionales siguensiendo objeto de duda
y cuestionamiento. Igualmente, el fraude es el pan de cadadía del mexicano en
todas las esferas de la actividad: en el sistemafinanciero, en las cajas de
ahorro, en empresas privadas y en las dependenciasde gobierno, en las escuelas,
en las mismas asociaciones civiles, etc. El
autoritarismo estatal es el sistema de gobierno máspopular y difundido en el país:
imposiciones, fraudes electorales,influyentismo, prepotencia, omisión del
clamor popular y de las demandas delpueblo... En fin, esa es la realidad del México
contemporáneo. Cabe
entonces preguntarse ¿por qué se pregona tanto que Méxicoes un país con
amplia vocación democrática? ¿Por qué los partidos políticosy los
gobernantes se empeñan en pregonar que en México se vive en un Estadodemocrático
de derecho cuando, por otro lado, ladrones, asesinos ydefraudadores hacen de las
suyas sin que se les aplique un castigo ejemplar? Porque
no se puede hablar de democracia cuando hay procesoselectorales viciados y
cuando los gobernantes –de cualquier nivel degobierno– ignoran
deliberadamente las demandas y exigencias de los gobernadosrespecto de cómo se
habrán de tomar o ejecutar tales o cuáles decisiones políticas. Y
tampoco se puede hablar de Estado de derecho cuando alguiencomete un delito o no
cumple con sus funciones y responsabilidades y quedaimpune, o cuando se le da
una sentencia o una condena y al poco tiempo oinmediatamente queda en libertad. LA
BASE DEL PROBLEMA Más
bien, lo que sucede en México es que ni hay democraciaplena ni Estado de
derecho y los titulares de los poderes públicos, a efecto deno empeorar las
cosas confirmando tal situación (lo cual degeneraría en undesorden y anarquía
pero de los que ya existen), asumen un papel de simulación,sonriéndole a las cámaras
de televisión y diciéndole al país que "todoestá bien" (cosa que,
por supuesto, nadie cree y genera polémica). Esto,
sin duda, permite que el caos aumente ligeramente todoslos días, sin esperanzas
de solución. Y, bueno, en lo que democracia serefiere, esa simulación es tan
exitosa que, la gente, en su conciente, asumeque dicha democracia es una
realidad, aunque su subconsciente le marqueincisivamente que eso no es más que
una falacia. Se
me figura que el mexicano es un hombre o una mujer que selevanta por la mañana
y se encuentra con que no hay nada para comer. Actoseguido, tiene el estómago
con dos o tres vasos de agua, se arreglaesmeradamente y se va a trabajar, y
cuando alguien le pregunta -o aunque nadiele pregunte- en qué consistió su
desayuno, este pregonará a voz de cuello"las delicias de vivir bien"
y puede que, exagerando toda descripción,narre con lujo de detalles su
"balanceada dieta" de jugo de naranja, cóctelde fruta, huevo con jamón,
café con leche y de panecillos... Vaya, de lo quese presume es de lo que se
carece. Lo
peor es que el resto de la gente está igual que él –oella– y así, nunca
faltará el tecnócrata o el politiquillo farsante que seatreva a afirmar públicamente
que los mexicanos estamos muy bien, y ya sea porpena o por desfachatez, nadie
habrá de negarlo igual públicamente, cuando enla realidad, el mexicano no se
alimenta bien. Y con la democracia sucedeexactamente lo mismo. PLANTEAR
EL PROBLEMA Como
ya se dijo, he ahí el dilema. El mexicano, ya sea porfalta de objetividad, por
vergüenza o por algún orgullo malentendido, nuncareconoce sus problemas y sus
carencias ya que, además, dirá (y la verdad esque así lo dice el mexicano y
cualquier latinoamericano) que ése es suproblema y no le interesa a nadie más.
Total, la ropa sucia se lava en casa, ¿ono? Y
ese es el meollo del asunto: al no plantearse conobjetividad el problema, no es
posible identificar las causas del mismo, emitirun diagnóstico y darle
alternativas de solución, con lo que se vuelve a esaabsurda conclusión de que
"todo está bien" y el problema siguecreciendo hasta convertirse en un
cáncer prácticamente incurable. "A
decir de Javier Patiño Camarena, el planteamientocorrecto de un problema
equivale al cincuenta por ciento de su solución".Este axioma,
originalmente yo lo había tomado como una premisa de investigaciónacadémica,
pero poco a poco se fue convirtiendo en un principio elemental devida. Se
repite: el dilema es –aunque salga en verso– la formade plantear el
problema. Quizá simplemente habría que empezar por preguntarse¿por qué en México
la democracia es un mito, una utopía? En
su obra "Teoría de la democracia", el filósofoitaliano Giovanni
Sartori afirma que "la democracia cayó en unavulgarización y posterior
confusión debido a que, entre los años 1950 y 1970,se produjo una profunda
transformación en el vocabulario político, puesdiferentes autores llegaron a
construir sus respectivos conceptos a voluntad, eincluso, manipulando
arbitrariamente las palabras". "Vivimos
inequívocamente en una época de democraciaconfusa", continua diciendo
Sartori, "y podemos aceptar que el términodemocracia comprenda varios
significados, pero que pueda significar cualquiercosa, es demasiado". Hasta
ese momento, el Doctor Sartori procedió a aclarar estefenómeno, quedando en
que la democracia es, esencialmente, un concepto políticoa partir del cual
surgen sus distintas acepciones en el ámbito social y en elentorno político.
Entre ellas, el filósofo italiano distingue la democraciaindustrial, la
democracia económica y la democracia social, por decir algo. Sin
embargo, en México, pese a este esfuerzo desarrolladopor Giovanni Sartori
–quien ha visitado este país en diversasoportunidades–, por el Instituto
Federal Electoral, los partidos políticos–cuyo mérito es sólo teórico, si
bien en el terreno práctico esto seencuentra en tela de juicio– y numerosos
investigadores de la comunidad académica,la democracia sigue siendo un término
nebuloso y confuso. En el peor de loscasos, se trata de un término polivalente
y mal difundido. El
problema, entonces, radica en que: Voy
a insistir en que la democracia se encuentra así pese alos esfuerzos de algunas
autoridades, partidos políticos, sociedad civilorganizada y comunidad académica
para difundir los conocimientos y métodos deaplicación y ejercicio de la
democracia en pro de establecer una cultura políticademocrática. Y hago esto
con la intención de explicar por qué no ha tenido éxitoeste esfuerzo
realizado por tanta y tanta gente. LAS
CAUSAS PROBABLES Una
parte de responsabilidad en esta incomprensión eignorancia se le debe al propio
ciudadano, porque el mexicano no lee, y cuandolo hace, lee pasquines (entendidos
éstos como publicaciones con temas vanos yde mala calidad) y los lee mal, tanto
en forma como en fondo. El
filósofo mexicano Joaquín Antonio Peñalosa, en su obra"Vida, pasión y
muerte del mexicano" da los siguientes puntos desdesu peculiar pero
objetivo enfoque; puntos que me parecen muy adecuados dado eltema puesto en la
mesa de análisis: Y con esto, Joaquín Antonio Peñalosa dijo todo sobre
procesos electorales. Lo malo es que, veintitantos años después, las cosas no
han cambiado mucho. No obstante, he de aclarar que esos monitos a los que se hacía
referencia algunas líneas atrás, son revistillas con temas morbosos y
ordinarios, y es mejor no dar nombres. Porque aunque fueran monitos, como lo eran en la época de Peñalosa
o antes, se leía a "Los Supermachos", a Rius y a "La familia
Burrón" entre otros. Quizá era cultura popular, mero folklore, pero con
un profundo mensaje social, no como las barbaridades de ahora, o bien, como las
banalidades que suelen leer los niños y los adolescentes. Hoy, precisamente porque el mensaje social pone a trabajar la
mente, el mexicano promedio prefiere otro tipo de "lecturas" –llamémosles
así–, tal vez menos profundas pero más entretenidas. Si a esto se le añaden las imprudencias –por no decirles
por su nombre a las tonterías y ocurrencias– de algunos gobernantes acerca de
gravar los libros y las revistas, pues la buena lectura, o al menos la simple
lectura, encuentran más obstáculos cada vez, mismos que se vuelven prácticamente
insalvables. En resumen, el mexicano –y yo pienso que en general el
latinoamericano– no lee o lee poco y malo. Por ende, no opina y mucho menos
escribe y, eventualmente, no piensa ni se norma un criterio fundado en la
objetividad del análisis. LA
FORMACIÓN DE UN CRITERIO El
mexicano, generalmente, aprende escuchando. Esto se puedeexplicar así: Así, si se dice que llovió estiércol y cualquier tipo lo
repite, él lo da por confirmado, no importa que el repetidor en cuestión no
sea alguien más o menos públicamente conocido o confiable y fidedigno. Así de
fácil. La otra parte de responsabilidad de que el mexicano sea como
es, se la debemos al gobierno, a los políticos y a los partidos, especialmente,
a aquellos que han tenido que ver con la labor de dirigir a la nación. No
todos, claro, hay excepciones, pero sí a una buena parte. ¿Por qué? Vaya, no se intenta justificar a nadie, pero primero es comer
y después ser. Esta es una razón válida por la cual tantos niños y jóvenes
no siguen cursando estudios de nivel técnico o medio, y ya no se diga superior.
Y si a eso se le añade la flojera y apatía ancestral del mexicano promedio,
pues... Con tal argumento, mexicanos y mexicanas se reprodujeron
alegre y desaforadamente hasta convertir a este país en una de las naciones con
mayor sobrepoblación del planeta. Como dijo un sociólogo de cuyo nombre no quiero acordarme,
el problema es que sobran 60 millones de mexicanos... Y claro, hay que tener los hijos que Dios mande, según la
Iglesia y los moralistas. El problema es que ni unos ni otros dan cheques para
mantener a tanto chilpayate ni dan alternativas de solución para darles acomodo
en el sector productivo. Ahora, efectivamente, Dios provee, pero una cosa es que
provea y otra que tenga que tolerar imprudencias y excesos, y peor todavía, que
tenga que arreglar los desperfectos derivados de éstas. Pero
todo ello se debe a que la inversión se ahuyenta de Méxicocon tanta violencia
política e inseguridad pública. Esto se lo debe el pueblomexicano a los
Echeverría (de aquí en adelante se va a hablar del presidentede la República
en turno y sus secuaces), que lo hizo tercermundista; a los LópezPortillo, que
nos hizo tontos con su farsa de la nacionalización de la banca ysus lágrimas
de cocodrilo; a los De la Madrid, por su falta de hombría eincapacidad para
gobernar bien; a los Salinas, por imponernos sus ideas económicasabsurdas,
disparatadas y surrealistas para consumar fraudes que hoy nos tienensumidos en
la miseria. Incluso
a Zedillo, que aun cuando fue honrado –al menosdesde la óptica de este
analista–, continuó con la necedad de defender unmodelo económico fracasado,
pero sobre todo, a tanto y tanto borrego quepermitió que esto sucediera, y a
tanto apático que no le importó que estosucediera, para después estarse
quejando de lo que no fue capaz de hacer por símismo. No
estoy tirando la piedra porque no estoy exento de culpa,pero hay gente que
–por simple cuestión cronológica– tuvo másresponsabilidad en haber dejado
que todo ello sucediera en este país. Además,hay que decir las cosas como son. DIAGNÓSTICO
Y EPÍLOGO Volviendo
al tema sometido a este debate, se puedediagnosticar que: Si bien, los gobernantes generalmente dirigen mal los
destinos de la nación, haciéndose acreedores a la reprobación y reclamación
pública por parte del pueblo y los cuerpos intermedios, aunque a veces no hagan
mal algunas cosas, de todos modos reciben los golpes con este ariete. Aquí, al hacer mal uso del vocablo democracia –y de todo
lo que ella implica–, los cuerpos intermedios, esencialmente, agravan la
confusión existente en torno de ella. Así,
se puede concluir lo siguiente: La
cultura política democrática ha sido definida yestudiada por diversos autores,
y especialmente a iniciativa del InstitutoFederal Electoral, pero, empezando por
muchos actores políticos que ni siquierase han preocupado por leer las obras
donde se aborda ésta, no la comprenden–al igual que numerosos líderes
sociales y organismos civiles–, de modo queel público –que en su mayoría
no lee ni se informa– en la mayoría de loscasos ni siquiera sabe que existe. Conviene,
entonces, reflexionar algunas cosas, tales como lassiguientes: Hay
bastante camino avanzado, pues los principalespreocupados por difundir la
cultura política democrática son el InstitutoFederal Electoral y la comunidad
académica, pero falta bastante por hacer. Quizáesta forma de decir las cosas a
muchos les parezca cruda, pero en el Méxicocontemporáneo hace falta llamarle a
las cosas por su nombre, sin maquillajes nisimulaciones, precisamente para
terminar con tantos errores y demagogias. Como
dije al inicio de este análisis, el planteamientocorrecto de un problema
equivale al cincuenta por ciento de su solución. Aquísólo se ha planteado el
problema, pero al saber cuál es la enfermedad se puedeempezar el tratamiento de
la misma. Lo importante es que el enfermo ahora sabecuál es el nombre de su
enfermedad: Lo único que se puede hacer es desearle éxitoen la aplicación del
remedio. Velazco
Gamboa, Emilio (Junio de 1998). Fundamentos políticosde la reelección
legislativa en el México contemporáneo. Revista AsambleaN° 9 Segunda
Época Vol. 1. México: Asamblea Legislativa del Distrito Federal,p. 12. Sartori,
Giovanni (1997). Teoría de la democraciaTomo 1. México: Alianza
Editorial, p. 11. Ibidem
p. 25. Peñalosa,
Joaquín Antonio (1979). Vida, pasión y muertedel mexicano. México:
Jus, p. 103. Ibidem
p. 104. Ibidem
p. 106. Emilio
Velazco Gamboa Licenciado
en Ciencias Políticas por la Universidad del Desarrollo delEstado de Puebla
(UNIDES). Tiene los Diplomados en Derecho Electoral y enDerecho Constitucional,
por la Universidad Cuauhtémoc. Actualmente es consultoracadémico e
investigador independiente. Publicación enviada por Emilio Velazco Gamboa Contactar mailto:emiliovelazco@hotmail.com Código ISPN de la Publicación EpypZplkFlnrMxLNqk Publicado Tuesday 12 de August de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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