Monografias | El Periodista José HernándezEl Periodista José HernándezResumen: Infancia y juventud de Jose Hernandez. La Reforma Pacifica (Buenos Aires - 1856). El Nacional Argentino (Paraná -1860). El Argentino (Paraná- 1863). El Eco De Corrientes (Corrientes, -1868). La Capital (Rosario -1868). El Rio De La Plata (Buenos Aires - 1869). La Patria (Montevideo -1872). Otros Medios (Buenos Aires - 1873/1876). Indice
2. Infancia Y Juventud De Jose Hernandez
3. La Reforma Pacifica (Buenos Aires - 1856)
4. El Nacional Argentino (Paraná -1860)
5. El Argentino (Paraná- 1863)
6. El Eco De Corrientes (Corrientes, -1868)
8. El Rio De La Plata (Buenos Aires - 1869)
9. La Patria (Montevideo -1872)
10. Otros Medios (Buenos Aires - 1873/1876)
12. Bibliografia general y de referencia
* Primer
Premio, rubro ensayo en el Certamen de las Artes, las Ciencias y el Pensamiento
1990, organizado por la Subsecretaria de Cultura de la Provincia de Buenos
Aires. Advertencia: Las citas y
notas del presente trabajo se hicieron en orden a las normas tratadas por
FUENTES PUJOL en su libro <<La información documentada>> (Barcelona: ATE, 1981). En las
transcripciones textuales de artículos de José Hernández aparecidos en la prensa
se han respetado las grafías originales por razones de fidelidad. La persona
de José Hernández ha estado siempre vinculada y férreamente a la del
protagonista de su máxima obra poética. Tanto es así que al informar sobre su
fallecimiento un diario de La Plata titulaba: «Ha muerto el senador Martín
Fierro». Pero
Hernández no limitó su actividad a las letras, ni restringió su pluma a la
poesía. Se forjó en las faenas camperas, tomó las armas, fue oficial de la
contaduría de la Confederación, taquígrafo del Senado en Paraná, secretario
privado del general Pedernera durante su vicepresidencia, ministro del
gobernador correntino Evaristo López, librero, impresor, legislador bonaerense
en ambas Cámaras y fecundo periodista. Martinez
Estrada ( 1980, p. 48) sintetiza su personalidad señalando que «Hernández es
cuatro cosas, por la naturaleza de su ser, de su carácter: militar, periodista,
político y poeta. Las cuatro manifestaciones activas de su psique corresponden a
un mismo tipo extravertido, y tres, -militar, periodista y político- por igual
al combatiente». Respecto de
ese Hernández batallador que por convicciones políticas escribió artículos y
fundó periódicos existen referencias biográficas diversas pero ninguna que,
marginando el poema gauchesco y aún la actividad política estrictamente tal,
sintetice la totalidad de su labor en la prensa. Es esta entonces la intención
del presente trabajo: reunir, aunque en forma breve, los datos de la labor
periodística hernandiana de todos los medios en los que hubo actuado, hasta el
presente dispersos, en un cuerpo único y coherente. La tarea se
ha desarrollado sobre la base de la bibliografía existente y documentado, en la
medida de las posibilidades, con las fuentes periodísticas que en cada caso
correspondieran. En
consecuencia con el objetivo propuesto la obra ha sido estructurada en capítulos
en los que se ha priorizado el quehacer periodístico en forma absoluta y que en
su mayoría llevan por título los nombres de cada medio en que Hernández actuó.
2. Infancia Y Juventud De Jose
Hernandez Incumbe a
este trabajo descubrir y exponer al José Hernández periodista en la forma más
pura posible, es decir sin desviar la atención hacia otros aspectos de su vida
más que en la medida de lo indispensable. Pero sin duda alguna un hombre no
aparece espontáneamente con su primera acción trascendente; no lo hace Hernández
con su primer artículo en la prensa. «Las ideas, las creencias y los
sentimientos de los seres humanos dependen, en gran parte, de las enseñanzas
recibidas durante su infancia, adolescencia y juventud» (Romero Carranza, 1963
p. 11). Es por ello
que no puede iniciarse una semblanza periodística hernandiana sin hacer
referencia a la formación en los días de su niñez y juventud que constituyen su
bagaje espiritual primigenio. Hernández
nació en la chacra de Pueyrredón (antiguo caserío de Pedriel), propiedad de su
tía materna Victoria Pueyrredón en el actual partido bonaerense de San Martín,
el 10 de noviembre de 1834. Fueron sus
padres don Rafael Hernández y doña Isabel Pueyrredón. Recibió el bautismo con el
nombre de José Rafael en la parroquia de la Catedral del Norte, hoy Basílica de
la Merced, en la ciudad de Buenos Aires, el 27 de julio de 1835. La vida de
Hernández apareció marcada desde su nacimiento por el entorno político de la
época. Fermín Chávez (1959, p. 9) resume la situación del siguiente modo:
"La madre
pertenecía a una familia de filiación unitaria y era prima hermana de Juan
Martín de Pueyrredón, por lo cual José resulta primo segundo del pintor
Prilidiano Pueyrredón. El padre, en cambio, militaba en el partido federal, al
igual que sus hermanos Eugenio y Juan José Hernández, este último muerto durante
la batalla de Caseros."
Tempranamente quedó al cuidado de su tía Victoria, llamada «mamá Totó», mientras
sus padres solían pasar largas temporadas en estancias del sur de la Provincia.
Pero sus tías debieron emigrar por razones políticas y José fue dejado al
cuidado de su abuelo paterno, José Gregorio Hernández Plata, que vivía en una
quinta de Barracas sobre el Riachuelo. A los seis
años José Hernández comenzó sus estudios en el Liceo Argentino de San Telmo,
dirigido por Pedro Sánchez. Desde 1841 hasta 1845 se formaría conforme a los
hábitos y reglamentos de la época, en lectura y escritura, doctrina cristiana,
historia antigua, romana y de España, aritmética, dibujo y gramática
castellana. Amén de
ello, Chávez (ibid., p. 10) señala: "Por un
aviso de «La Gaceta Mercantil», publicado el 27 de agosto de 1845 y en ediciones
posteriores, tenemos conocimiento de que ese año José Hernández cursaba todavía
en las aulas del Liceo de Pedro Sánchez y que las clases habituales habían sido
aumentadas con otras de francés, geometría y geografía, a las que concurrían
«gratis y en premio los alumnos que por su capacidad y ejemplar conducta se han
hecho acreedores a tal distinción». Los alumnos beneficiados así por el maestro
Sánchez -que acababa de trasladar su escuela a Reconquista 221- sumaban
veintidós y entre ellos figuraban Francisco y Juan José Urquiza, José Mariño,
Teófilo Ezeiza, Manuel Badía, Nicolás Rivero y José Hernández."
Falleció la madre de José
Hernández en 1843 y debido a que él estaba afectado por una dolencia física, al
parecer del pecho, por la que le fue prescripto un cambio de clima, debió
abandonar las aulas hacia 1846 y fue llevado por su padre, que trabajaba como
mayordomo en establecimientos ganaderos de Rosas, a la pampa bonaerense donde se
recuperó. Chávez (ibid., p. 11) refiere del siguiente modo aquellos días:
"Es así como, a los doce años de
edad, Hernández entra en contacto directo con el gaucho y con sus tareas de
todos los días, en una época caracterizada par la intensa actividad de los
saladeros. Su hermano Rafael lo dice en una de sus clásicas páginas sobre la
juventud de aquél: «Allá en Camarones y en Laguna de Los Padres se hizo gaucho,
aprendió a jinetear, tomó parte en varios entreveros y presenció aquellos
grandes trabajos que su padre ejecutaba y de que hoy no se tiene idea. Esta es
la base de los profundos conocimientos de la vida gaucha y amor al paisano que
desplegó en todos sus actos» (Rafael Hernández. Pehuajó, 1896)." Así recogió
una visión acabada y de primera mano de la realidad del hombre de la campaña,
donde fue uno más y pudo «captar el sistema de valores, lealtades y habilidades
que cohesionaban a la sociedad rural» (Gramuglio, 1980, p. 2). A los 19
años de edad, en 1853, ingresó en las filas del ejército e intervino en la
represión del levantamiento del coronel Hilario Lagos contra el gobierno de
Valentín Alsina, estando bajo las órdenes de los coroneles Pedro Rosas y
Belgrano y Faustino Velazco y resultó vencido en San Gregorio, el 22 de enero de
ese año. Al año siguiente actuó nuevamente, esta vez como teniente, contra las
fuerzas de Lagos en la batalla de El Tala, donde su bando resultó victorioso.
Después de
haberse batido a duelo con otro oficial, por razones políticas, abandonó las
filas de la milicia y emigró a Entre Ríos, en 1858. Dos años antes había
iniciado su labor periodística en «La Reforma Pacífica», órgano del Partido
Federal Reformista al que adhirió. «Testigos de
la época lo describen sencillo y conservador, hablando con voz estentórea,
arrebatado por los avatares de la política pero con tiempo para detenerse en el
mercado, donde se pasaba escuchando los dichos y chistes gauchescos de los
carniceros, que entonces eran todos criollos de pura cepa y de indumentaria
campera» dice Gramuglio (ibid., p. 2). Sedano
Acosta ( 1962, p. 192) lo describe a su vez asegurando que: «Era un bello tipo
de criollo: corpulento, vigoroso, atezado, de pelo lacio, de voz potente,
probada en las faenas del campo y en las de la ciudad, ágil de cuerpo y de
ingenio».
3. La Reforma Pacifica (Buenos
Aires - 1856) «En 1855,
según el Almanaque de «La Tribuna» (1853/84; hermanos Varela), Buenos Aires
contaba con diez imprentas...» (Rivera, 1980, p.324) y se mantenía como un
estado disidente en un marco de frágiles «pactos de convivencia» con la
Confederación Argentina presidida por Justo José de Urquiza y dotada ya de un
cuerpo constitucional desde hacía dos años. Hernández,
que había tomado las armas por primera vez para defender al gobierno de Alsina
en Buenos Aires contra el coronel Lagos, optó por alinearse en 1856 al Partido
Federal Reformista, partidario de la incorporación de aquel estado a la
Confederación. En
coincidencia con su pensamiento político inició ese mismo año sus lides
periodísticas. «Su vinculación al periódico La Reforma Pacífica, dirigido par
Nicolás Calvo, cuando éste sólo contaba 22 años, señala el despertar de su
pasión por los problemas espirituales y sociales que agitaban al país». (Pagés
Larraya, 1952, p. 51). «La Reforma
Pacífica» era el medio del nuevo partido a cuyos integrantes el oficialismo
porteño denominaba despectivamente «chupandinos» por su supuesta afición a la
bebida. A su vez los separatistas, partidarios de Valentín Alsina y Bartolomé
Mitre, recibían de sus adversarios el mote de «pandilleros» porque, a decir de
éstos, se manejaban siempre en grupos o pandillas. Gramuglio
(ibid., p. 6) señala que: "En 1856,
Nicolás Calvo fundó «La Reforma Pacífica», periódico que expresaba la tendencia
reformista a la que pertenecía Miguel Navarro Viola, Tomás Guido, Ovidio Lagos,
los González del Solar, Los Hernández y otros cuyas trayectorias seguirán
encontrándose durante muchos años. Se dice que José Hernández colaboró en «La
Reforma Pacífica» o que fué su corresponsal en Paraná. Este dato incierto es el
que sitúa Las primeras actividades periodísticas de José Hernández, que luego
serán tan fecundas» (1). El primer
número de «La Reforma Pacífica» se editó el 1° de diciembre de 1856. Su tamaño
era de 84 centímetros par 53 de ancho y contaba con tres anchas columnas y ocho
páginas. Era un
matutino que aparecía todos los días con excepción hecha de los días posteriores
a los festivos, cuya suscripción tenía un costo de 30 pesos por mes.
El editor
propietario de la empresa periodística era Juan José Soto, padre de Héctor S.
Soto que luego codirigía con Hernández un periódico montevideano. «La Reforma
Pacífica» se editaba en la calle Defensa 73.
Posteriormente trasladó la administración a Representantes 71. También modificó
su formato, ampliado en tamaño y reducido el número de páginas con cuatro o
cinco columnas cada una. Dice Chávez
(ibid., p. 16) que «Entre Calvo y el general Urquiza no se había llegado a
establecer ninguna alianza política, pero de todos modos «La Reforma Pacífica»
aparecía a los ojos del oficialismo (porteño) como un mero instrumento del
estanciero de San José». Auza (1978,
p. 160) es aún más claro al precisar que: "Calvo no
conocía al general Urquiza y más que indiferencia, sentía antipatía hacia su
persona y sus ideas. Sin embargo, los sucesos porteños, la conducta de sus
dirigentes y, sobre todo la actitud de la Confederación en su política con
Buenos Aires le hicieron cambiar lentamente de opiniones, superar su antipatía
por Urquiza y olvidar sus resquemores hacia los hombres de Paraná." Y aún amplía
el mismo autor: "<La Reforma
Pacífica> no nacía como un diario favorable a la tendencia urquicista en Buenos
Aires, ni mucho menos con la misión de sostener las ideas de algunos federales
de las provincias sobre la cuestión de la separación de la ciudad portuaria. El
diario representaba los intereses de un grupo porteño cuyos miembros, siendo
ante todo porteños, querían y aspiraban a la nacionalidad, pero no del modo, ni
con los procedimientos o el programa que se auspiciaba desde Paraná y, mucho
menos, en el que se propiciaba desde San José "(ibid., p. 159). Como se
refirió en el Capítulo I, tras un duelo Hernández debió emigrar a Entre Ríos en
1858. Se radicó entonces en Paraná en donde trabajó como empleado de comercio y
ocupó un cargo en la Administración Nacional. En 1859 José
Hernández participaba en la batalla de Cepeda con el grado de capitán, bajo las
órdenes del coronel Eusebio Palma en las huestes de la Confederación, que
resultan triunfadoras sobre las fuerzas de Buenos Aires. A su regreso
a Paraná, ese mismo año, se desempeñó como taquígrafo del Congreso y remitió
desde aquella ciudad, por entonces capital de la Confederación, sus
colaboraciones para «La Reforma Pacífica». Las
colaboraciones de Hernández referidas por todos sus biógrafos no resultan
totalmente verificables según los estudios efectuados sobre el tema par Auza
(ibid., p. 168) debido a que no son firmadas ni inicialadas. Según este
estudioso de la prensa nacional los artículos hernandianos son identificables
recién hacia 1860 bajo el seudónimo de «Vincha». Al respecto en el número del 18
de febrero de ese año se publicaba en «La Reforma Pacífica» un suelto citado por
Auza (ibid., p. 169) que rezaba: "Vincha. Tal
es el seudónimo de nuestro más activo, laborioso e ilustrado corresponsal de las
provincias. Ya hemos publicado antes correspondencias del señor Vincha, que lo
han hecho conocer ventajosamente; en adelante bastará ver su nombre al pie de un
escrito para que los lectores se detengan con gusto a recorrer las páginas
trazadas par su pluma. Estamos ciertos que ninguno de nuestros colegas podrá
presentar un extracto tan fiel y tan luminoso de la sesión del 6 como el que
publicamos a continuación, debido a la infatigable laboriosidad de Vincha. "
Los
artículos de José Hernández en «La Reforma Pacífica» con la firma de Vincha se
inician el 13 de febrero de 1860 con el título de «Correspondencia de las
provincias» y finalizan el 12 de enero de 1861 con «Correspondencia desde
Rosario». «La Reforma
Pacífica» se editó hasta el 8 de febrero de 1861. Ese mismo año Calvo criticaba
severamente la política de Alsina y desde el oficialismo se acusaba al periódico
de instigación al asesinato del gobernador. En 1860
resultaba electo presidente de la Confederación Santiago Derqui y el general
Juan Esteban Pedernera, vicepresidente, a quien acompañaba Hernández como
secretario. Simultáneamente comienza a escribir en «El Nacional Argentino» de
Paraná (*). (*) La
colección de «La Reforma Pacífica» se encuentra en la Hemeroteca de la
Biblioteca
Nacional. Ref. 30.501/30.686.
4. El Nacional Argentino (Paraná
-1860) «El Nacional
Argentino» era un diario defensor del gobierno de la Confederación aparecido en
Paraná el 3 de octubre de 1852. Salía los jueves y domingos. Su formato
era de 48 centímetros de alto por 31 de ancho, a cuatro columnas. Desde el 5
de marzo de 1855 aumentó su tamaño a 57 centímetros de alto por 40 de ancho, a
cinco columnas y comenzó a aparecer los martes, jueves y sábados hasta 1858 en
que se transforma en diario. Se imprimía
par la Imprenta del Estado y era su administrador don Jorge Alzugaray. Desde
1856 comenzó a insertar avisos comerciales, primero en espacios reducidos y
posteriormente en toda la cuarta página. Después de
haber tenido en su redacción a Juan María Gutiérrez, Eusebio Ocampo, Alfredo M.
du Graty, Ramón Gil Navarro, Benjamín Victorica, Emilio de Alvear, Luis Cáceres,
Lucio V. Mansilla, Francisco Bilbao y Juan Francisco Seguí, el diario inició su
última etapa de existencia, a la sazón con José Hernández como redactor.
Para
entonces presidía la Confederación Argentina Santiago Derqui, con la
vicepresidencia de Pedernera. Dice Auza
(ibid., p. 120) refiriéndose a «El Nacional Argentino»: "El 19 de
setiembre, algunos indicios delatan la presencia de una mano firme y segura al
frente de El Nacional Argentino, pues se elimina el lema iniciado por Seguí,
como si ya no tuviera vigencia (2). Pocos días
después, el 22, se publica un artículo que aparece en el espacio destinado al
editorial y se titula «Comunicado. La Convención Nacional no es juez de las
elecciones». Ese artículo estaba firmado por "Vincha" y tenía por objeto
rebatir las ideas expuestas en El Correo Argentino. El 30 nuevamente aparece el
seudónimo en otro «Comunicado» titulado «Desenlace Complicado»... aquellos
artículos oficiaban de editoriales y retomaban la tradición del periódico de
adoptar su propia posición ante los sucesos, más incluía una novedad, cual era
el uso del seudónimo para amparar la verdadera personalidad del redactor."
Debe
considerarse al respecto que parece justificable el uso del seudónimo en tanto
que Hernández actuaba para la época como secretario del vicepresidente Pedernera
y se desempeñó asimismo como taquígrafo de la Convención Nacional de Santa Fe
encargada de estudiar las reformas a la Constitución propuestas por Buenos
Aires. José
Hernández publicó dieciocho artículos en «El Nacional Argentino». El 4 de
octubre de 1860 escribía: "La
incorporación política (de Buenos Aires) está efectuada por los Pactos del 11 de
noviembre y 6 de junio; la reincorporación administrativa, gubernativa, va a
realizarse muy pronto. Para la República se abre una nueva era; una época de
paz, de progreso, de actividad mercantil, de desarrollo moral y material.
Para la
realización de estas vastas esperanzas, para el cumplimiento de las promesas con
que nos halaga el presente, existe una condición esencial e indispensable: la
estabilidad de las instituciones, el respeto y obediencia a la autoridad
ejecutiva, que encargada de la dirección de los destinos del país, le conduce a
la felicidad por el camino que le traza la ley" (Auza, ibid., p. 122). Aún como
federal urquicista, Hernández adhería a la posición integracionista del
presidente Derqui con la esperanza de un futuro de pacificación y progreso y
aseguraba en consecuencia tres días después de la publicación del artículo
citado: "Porque los
viejos partidos han muerto ya y los partidos nuevos que se levantan a impulsos
de necesidades nuevas y de una vida comercial y civilizada, no les prestarán su
apoyo. En nuestra
época, las necesidades de la sociedad son otras y otros los fines a que se
dirige. Las causas
son nuevas, las ideas son nuevas, los propósitos lo son también y no es posible
armonizarla con las causas, ideas y propósitos viejos; ni es posible ni cuerdo
olvidar lo que corresponde a la sociedad de hoy, para sostener lo que pertenece
a una sociedad que pasó"(Auza, ibid., p. 122). En una de
sus últimas notas, el 11 de octubre de 1860, Hernández defendía su independencia
periodística y política señalando: "Escribimos
en este diario como lo haríamos en otro cualquiera para manifestar y sostener
nuestras ideas y nuestras creencias políticas, que nunca hemos sometido ni
someteremos jamás a ideas o creencias extrañas. Escribimos
porque nuestra calidad de argentino nos da derecho pleno y hasta cierto punto
nos impone el deber de tomar ingerencia legítima en la política de nuestro país.
Escribimos en este diario porque podemos hacerlo con libertad, con una
independencia que cuadra a nuestro carácter..." (Auza, ibid., p. 123).
Así
Hernández, próximo a cumplir Los 26 años de edad, ponía en juego el vigor de su
juventud impetuosa hacienda alarde de su libertad y convicciones en cada nota.
Su último
editorial, titulado «El estilo es el hombre», con las iniciales J. H., apareció
el 15 de octubre. La edición
del día 25 del mismo mes del año 1860 fue la última de «El Nacional Argentino».
. El 17 de
setiembre de 1861 Los ejércitos de la Confederación y del estado de Buenos Aires
se enfrentaban en la batalla de Pavón. Hernández,
con el grado de capitán, actuó en el bando confederado al mando de Urquiza y
resultó vencido, más que por la capacidad bélica de su adversario (Mitre) par la
falta de convicción puesta en la acción ordenada desde Paraná par el presidente
Derqui. Sería esa actitud de Urquiza la que le significaría el desprecio de
muchos comandantes del interior del país, entre ellos el coronel López Jordán a
quien se atribuye la responsabilidad ideológica de su asesinato. En noviembre
del mismo año José y Rafael Hernández participaban en la batalla de Cañada de
Gómez, donde también resultaban vencidos por las tropas mitristas. Mientras se
organizaban focos de resistencia federal en el interior del país, bajo la
conducción del general Angel Vicente Peñaloza, el coronel Felipe Varela, el
general Ricardo López Jordán y otros, Derqui presentaba su renuncia y emigraba a
Montevideo, Pedernera declaraba acéfalo el gobierno nacional y Mitre era
designado presidente provisional. En mayo de 1862 fue electo definitivamente
presidente par el Congreso que a su vez elegía a Marcos Paz como vicepresidente.
Asumen el 12 de octubre de ese mismo año. (*). (*) La
colección de «El Nacional Argentino» se encuentra en la Hemeroteca de la
Biblioteca
Nacional. Ref. 20.626.
5. El Argentino (Paraná- 1863)
El 8 de
junio de 1863 José Hernández se casó, en la catedral de Paraná, con Carolina
González del Solar. E1 general Bartolomé Mitre presidía para entonces la
República. Meses
después Hernández funda y redacta «E1 Argentino», periódico que sumaría su
esfuerzo a «E1 Litoral», redactado por Carriego, en la defensa del ideal federal
provinciano. E1 12 de
noviembre del mismo año el general Ángel Vicente Peñaloza, que se había rendido
a una partida del comandante Ricardo Vera, es asesinado y decapitado y su cabeza
es exhibida ante el pueblo en una pica, en una plaza de Olta, La Rioja.
La noticia
de esta muerte conmueve Las fibras más íntimas de Hernández quien desde «E1
Argentino» hace la apología del «Chacho» al tiempo que anatematiza a sus
enemigos políticos: "ASESINATO
ATROZ. El general de la Nación Don. Ángel Vicente Peñaloza ha sido cosido a
puñaladas en su lecho, degollado y llevada su cabeza de regalo al asesino de
Benavídez, de los Virasoro, Ayes, Rolta, Giménez y demás mártires, en Olta, la
noche del 12 del actual. El general
Peñaloza contaba 70 años de edad; encanecido en la carrera militar, jamás tiñó
sus manos en sangre y la mitad del partido unitario no tendrá que acusarle un
solo acto que venga a empañar el valor de sus hechos, la magnimidad de sus
rasgos, la grandeza de su alma, la generosidad de sus sentimientos y la
abnegación de sus sacrificios. La historia
tiene para el general Peñaloza el lugar que debe ocupar el caudillo más
prestigioso y más humano y el guerrero más infatigable. El asesinato
del general Peñaloza es la obra de los salvajes unitarios; es la prosecución de
los crímenes que van señalando sus pasos desde Dorrego hasta hoy. Que la
maldición del cielo caiga sobre sus bárbaros matadores. Los millares de
argentinos a quienes el general Peñaloza ha salvado la vida, rogarán por él."
(Pagés Larraya, ibid., p. l51). Varias notas
que durante el mes de noviembre de 1863 aparecen en "E1 Argentino" fijan su
posición después de la muerte de Peñaloza. Otra de
ellas, titulada «La política del puñal» decía, entre otras cosas: "Los
salvajes unitarios están de fiesta. Celebran en estos momentos la muerte de uno
de los caudillos más prestigiosos, más generosos y valientes que ha tenido la
República Argentina. El partido Federal tiene un nuevo mártir. El partido
Unitario tiene un crimen más que escribir en la página de sus horrendos
crímenes. El general Peñaloza ha sido degollado. El hombre ennoblecido por su
inagotable patriotismo, fuerte por la santidad de su causa, el Viriato
(3)Argentino, ante cuyo prestigio se estrellaban Las huestes conquistadoras,
acaba de ser cosido a puñaladas en su propio lecho, degollado y su cabeza ha
sido conducida como prueba del buen desempeño del asesino, al bárbaro Sarmiento"
(Pagés Larraya, ibid., p. 153). Asimismo
reclama a Urquiza una actitud firme ante los mandos de Buenos Aires:
"No se haga
ilusiones el general Urquiza con las amorosas palabras del general Mitre:
Represéntese el cadáver del general Peñaloza degollado, revolcado en su propia
sangre, en medio de su familia después de haber perdonado la vida a sus enemigos
más encarnizados, después de haber librado de la muerte hasta al bárbaro
instrumento que los unitarios han empleado para hundirlo en el cuello del
caudillo más valiente y más humano que ha tenido el interior del país. ¡En
guardia, general Urquiza! el puñal está levantado, el plan de asesinaros
preconcebido; la mano que descargue el golpe la comprará el partido Unitario con
el oro que arrebata el sudor de los pueblos que esclaviza" (Pagés Larraya,
ibid., p. 155). Aclara aún
lo que a su entender era la situación política del momento: "Los
asesinos del general Peñaloza se han espantado de la deformidad de su propio
crimen. Quedan dos únicos caminos que pueden salvarlos y los salvajes unitarios,
infames como siempre, como siempre traidores, los siguen sin vacilar.
El primero
es adormecer al general Urquiza, adularlo, cortejarlo, complacerlo en cuanto
desee, mostrarse con él solícitos, afables y cariñosos, a fin de que la bárbara
degollación del general Peñaloza no lo haga abandonar un solo instante esa
política de contemplaciones y de dulzuras que hace dos años tiene para con los
salvajes unitarios. Así lo hicieron cuando asesinaron a Benavídez. Así lo
hicieron cuando asesinaron a los Virasoro. Así lo harán ahora que han asesinado
a Peñaloza. Pero el general Urquiza no puede dejarse engañar por esas zalamerías
de tigres. Benavídez dio por resultado Cepeda. Virasoro dio por resultado
Pavón.Un segundo camino de salvación para ellos, es engañar al país y esa es la
inicua tarea que han emprendido. Peñaloza no ha sido perseguido. Ni hecho
prisionero. Ni fusilado. Ni su muerte ha acaecido el 12 de noviembre. Lo vamos a
probar evidentementeme y con los documentos de ellos mismos. Todo eso es un
tejido de infamia y mentiras, que cae por tierra al más ligerísimo examen de los
documentos oficiales que han publicado sus asesinos. Ha sido cosido a puñaladas
en su propio lecho y mientras dormía, por un asesino que se introdujo en su
campo en el silencio de la noche..." (Pagés Larraya, ibid., p. 156).
Publicó
también Hernández una semblanza del «Chacho», que en diciembre de 1863 aparecía
como folleto con el título de «Vida del Chacho. Rasgos biográficos del general
Dn. Angel Vicente Peñaloza», que decía: "Vamos a
escribir, a grandísimos rasgos, la vida de este héroe sencillo y modesto, a
bosquejarla con la brevedad con que nos lo permite el carácter y aún el objeto
de esta publicación. Pocos habrá,
quizá, que conozcan una existencia extraordinaria, como la de este caudillo
valiente, generoso y caballeresco, que ha sido actor en las escenas más notables
del drama de nuestras luchas civiles y a quien sus perversos enemigos han
pintado como el tipo de la ferocidad y encarnación del crimen." (Pagés Larraya,
ibid., p. 168). Y comentaba,
entre otras cosas, que: "No creemos
necesario detenernos mucho para recordar a nuestros lectores, la resistencia
heróica que el general Peñaloza hizo por el espacio de muchos meses al ejército
que después de Pavón envió el general Mitre al interior y que fue a ensangrentar
el suelo de las provincias. Aún están vivos eses hechos en la memoria de todos y
todos saben que ante su prestigio, su actividad y su arrojo, únicos elementos de
que podía disponer, fue a estrellarse todo el poder de las huestes invasoras,
políticas de ese partido, cuya ambición es su único fin, el asesinato su único
medio." (Pagés Larraya, ibid., p. 180). «E1
Argentino» deja de aparecer a fines de 1863. Durante el año siguiente José
Hernández reside en Paraná hasta el mes de diciembre. Para esos días Paysandú,
Uruguay, es sitiada por el general Venancio Flores (triunfador de Cañada de
Gómez) con la ayuda de fuerzas brasileñas de mar y tierra. Los federales
entrerrianos reclaman la actuación de Justo José de Urquiza en defensa de los
«blancos» sitiados, pero éste no abandona San José argumentando neutralidad.
Entonces grupos entrerrianos, entre los que se cuenta a Hernández, se movilizan
hacia el lugar pero llegan cuando los sitiados ya han sido derrotados. Regresa
entonces Hernández a Paraná en donde reside desarrollando actividades
comerciales. En 1867 se
traslada a Corrientes y colabora con el gobierno de Evaristo López. Ocupa cargos
públicos: fiscal del Estado, secretario del gobernador, profesor de gramática.
Comienza a publicar en «El Eco de Corrientes». (*). (*) La
colecci6n de «El Argentino se encuentra en la Hemeroteca de la Biblioteca
Nacional.
Ref. 30.501.
6. El Eco De Corrientes
(Corrientes, -1868) En febrero
de 1867 Hernández llegó a Corrientes, donde su cuñado, Melitón González del
Solar, desempeñaba su profesión de médico. Allí colaboraron con el gobernador
Evaristo López. Al respecto Chávez (ibid., p. 39) señala que: "Poco
después de su arribo a Corrientes, Hernández es designado (el 7 de marzo de
1867) Fiscal Interino del Estado, en sustitución del doctor Tomás J. Luque, que
había renunciado. El correspondiente decreto del gobernador López expresa que
aquél ocupará el cargo «con goce de sueldo y prerrogativas que le acuerda la
ley»." Allí escribe
José Hernández en «El Eco de Corrientes». Al respecto Pagés Larraya (ibid., p.
51) señala que "En 1867 poseyó su primera imprenta y editó su primer diario: «El
Eco de Corrientes»." Pero esa
apariencia fundacional no coincide con la información de Piccirilli (1954, p.
240) de que el periódico «Apareció en la ciudad de Corrientes el 24 de agosto de
1866», lo cual se verifica en su colección de la Biblioteca Nacional y que
indica que Hernández fue uno de sus redactores y no el único ni el primero.
Tampoco
Chávez (ibid., p. 39) lo menciona como fundador, al aseverar que «Desde las
columnas del El Eco de Corrientes, cuya redacción pasa a integrar, el poeta debe
sostener ardorosa polémica con el diario opositor La Esperanza, que aprovecha
para atacarlo en su condición de funcionario oficial». Entre tanto
en Buenos Aires la cuestión de la capital hacía perder a Mitre popularidad y
daba origen a la división de su partido en dos fracciones: Los que seguían sus
principios -convertir a Buenos Aires en capital de la República- se denominaban
«nacionalistas» y sus opositores, encabezados par Adolfo Alsina, fueron llamados
«autonomistas», porque defendían el localismo porteño y la autonomía de la
provincia de Buenos Aires. En el lenguaje político los últimos fueron apodados
«crudos» y los nacionalistas «cocidos», o bien alsinistas y mitristas
respectivamente. Antes de que
Mitre terminara su mandato, el pueblo se agitaba con los preparativos de la
próxima elección presidencial. El partido nacionalista sostenía la candidatura
del ministro de Relaciones Exteriores, Rufino de Elizalde y el autonomista
propiciaba a su jefe, el doctor Adolfo Alsina. Como una
transacción entre las tendencias opositoras surgió la candidatura de Domingo
Faustino Sarmiento (Ibáñez, 1970, p. 204.211). «El Eco de
Corrientes» era un periódico bimensual que se editaba por su imprenta, en el que
Hernández publicó varias editoriales con las iniciales J. H. o con su nombre
completo. Así lo hizo
el 1° de marzo de 1868 con el título «Candidaturas» de carácter
antisarmientista. El 31 de
marzo, con el título «¿Hasta cuándo?», escribía denostando a sus adversarios
políticos: "¿A dónde va
ese círculo exaltado de Buenos Aires que ha logrado hacer, aunque pocos,
calurosos prosélitos en todos los ámbitos de la República, a dónde va en su afán
de dotar al país con un presidente cuyos antecedentes políticos y cuyo carácter
personal son una amenaza viva para la paz y la quietud de sus habitantes? ¿Ha
escrito acaso en su bandera la palabra de muerte para toda la Nación e intenta
convertirla en un vasto cementerio?. Hacen
sesenta años no interrumpidos que los hijos de esta tierra, nacen al estruendo
de los cañones, se forman en medio del bullicio de las batallas, encallecen sus
manos empuñando la lanza y el sable y sienten encanecer sus cabellos entre el
humo de los combates. Las legiones argentinas han recorrido el suelo americano
en todas direcciones dejando tras de sí regueros de su sangre generosa, apilados
los cadáveres de sus hijos y marchando siempre adelante, con el arma al brazo y
atento el oído a la voz de los clarines. ¿A dónde van
esas masas armadas a prisa, dirigidas por generales más o menos hábiles,
vencidos hoy, vencedores mañana, pero sin conquistar jamás para sí un día de
reposo? Cada vara de nuestro suelo recuerda un episodio sangriento, se liga a la
historia trágica de un combate, cada vara de tierra es una tumba. ¡Hemos de
marchar siempre chapaleando sangre separando solícitos los cadáveres de nuestros
hermanos que obstruyen nuestro paso y caminando a la ventura en medio de las
tinieblas de la anarquía y sin más luz que el resplandor rojizo de los cañones!
Los pueblos
tienen derecho a la paz, al reposo, al sosiego, después de sesenta años de vida
en los campamentos, en que han devorado sinsabores, apurando todas Lls amarguras
que brinda la desgracia. ¿No se
sienten conmovidos los autores de la anarquía en presencia de estas multitudes
sacrificadas bárbaramente en holocausto de sus ambiciones bastardas, a la vista
de esas hermosas campiñas donde blanquean los huesos de tantos millares de hijos
de esta desgraciada República, al contemplar esos pueblos empobrecidos,
aniquilados por la guerra civil y sentadas sobres sus escombros las viudas, las
madres, los huérfanos como la imagen de la desolación? Aunque
tienen serenidad para buscar un rincón donde reunirse tranquilos y tratar de que
la destrucción se complete y de que las matanzas sigan. Quince años
de lucha sin tregua, fueron necesarios para conquistar un dogma: LA LIBERTAD.
Veinticinco
de combates fueron precisos para fundar un principio: LA LEY. Qué se busca
ahora? Fundar un
Gobierno que haga de la libertad una mentira y de la ley una farza. Remover esas
dos grandes conquistas, que son el fruto de una batalla de medio siglo, para
sentar en su lugar, el imperio de un círculo, para sustituir a la ley de
voluntad de unos cuantos y para hacer que empecemos de nuevo el tan trillado
camino de las luchas fraticidas. Pero debemos
tener fé en que esas tentativas no han de alcanzar su éxito. El país ha
de saber oponerse a esos manejos de los anarquistas y su voluntad ha de ser una
valla que ha de contener el ímpetu de sus pasiones tantas veces funestas.
Si la
anarquía, que intenta levantar de nuevo su cabeza, es vencida en la próxima
lucha electoral, desaparecerá de entre nosotros, dando lagar al imperio del
orden, de las instituciones y dejando abierto y franco el camino del porvenir.
¡Dios
proteja la causa de los Pueblos! J. Hernández" (El Eco de Corrientes N° 166).
E1 17 de
abril Hernández firmaba el artículo titulado «La combinación que han formado los
sucesos es la única posible URQUIZA-ELIZALDE» (4) en el que analiza la situación
política del país y promueve dicha fórmula: "Por la
primera vez la Nación presenta un aspecto verdaderamente republicano al ocuparse
de la elección del Magistrado que ha de encargarse de sus elevados destinos.
Sean cuales
fueren las causas que hayan despertado esa opinión que por todas partes se
muestra en manifestaciones diversas, ese movimiento, nuevo entre nosotros, es
por si sólo un gran paso dado en las prácticas de la democracia. La Nación
gana y se ilustra en él. Pero eso
mismo hace que la cuestión presidencial que va a resolverse, así como presagia
grande, bienes para el porvenir, entrañe en sí escollos y peligros que conviene
evitar. ¡Dios
ilumine a los Electores, la imagen de la Patria los inspire, para que le den
solución de una manera que permita a la República volver las espaldas a su
pasado tenebroso, dirigiendo sus miradas al porvenir! Sin entrar a
investigar el origen de los males que han martirizado a la República por espacio
de 50 años, sin detenernos en el examen de los elementos que los han producido,
deber es, si intentamos alcanzar su remedio, estudiarlos en lo que hoy son, bajo
la fisonomía de la época, con los deslindes y caracteres que presentan
actualmente. Mirando la
cuestión desde la altura en que debe colocarse el observador de buena fe,
podemos señalar con una rápida ojeada como grandes causas: Las
divisiones de partidos - Unitarios y Federales. Las rivalidades de localidad -
Buenos Aires y las provincias. Las fuerzas
activas perniciosas - La oligarquía las montoneras. Todo lo demás, no son, por
decirlo así, sino efectos emanados de estas causas radicales." Continúa su
análisis político y luego, en la misma nota dice: "Bien puede
quedar eliminada de este estudio la combinación Sarmiento-Alsina; su triunfo
sería el triunfo del CRUDISMO, es decir, de los elementos más vivos de la
anarquía, sería la victoria de un círculo reducido y exagerado en sus
pretensiones, dejando afuera de la nueva situación a las dos grandes fracciones
que forman los sostenedores de las candidaturas de Urquiza y Elizalde".
Más adelante
afirma Hernández: "Eliminada
pues, esta ficción de combinación... quedan solamente la combinación
Urquiza-Alsina y la candidatura de Elizalde. Ya hemos
señalado antes los graves peligros que envuelve la combinación caprichosa de
Urquiza-Alsina, que sin tener una base sólida puede comprometer la paz interior,
la gloria del general Urquiza y las garantías del partido Federal.
................................ No estando
pues, destinada a triunfar la combinación Sarmiento-Alsina, no pudiendo tampoco
alcanzar el triunfo la de Urquiza- Alsina por los peligros que envuelve, ¿qué
queda? Nada. Es decir ninguna combinación hecha, que tenga probabilidades de
éxito.
................................ Nos quedan
solamente para examinar dos entidades políticas, dos candidaturas que la lucha
electoral ha venido a colocar frente a frente y en torno de las cuales se
agrupan fraccionados los partidarios de una misma idea, los que han levantado en
algo una misma bandera política. La del general Urquiza. La del Dr. Elizalde.
................................ La idea de
la nacionalidad tiene hoy, pues, por sostenedores a los amigos del Dr. Elizalde
y a los del general Urquiza." Y llega por
fin Hernández, sobre el final de esta extensa nota, a la propuesta política que
indicaba en el título: "Sólo de la
unión de esas dos grandes fracciones Nacionalistas, puede surgir un gobierno
fuerte, estable, prestigioso, que ofrezca verdaderas garantías a todos los
partidos, que asegure la paz interior y nos haga respetables para el exterior.
................................ La
combinación alternativa Urquiza-Elizalde es la única posible, la única natural y
la única también que daría a la República el gobierno que reclaman sus
circunstancias y su porvenir.
................................ No es que
nos hagamos nosotros caprichosamente autores de esa combinación, sino que
estudiando los sucesos en su significación e importancia política, juzgando de
su alcance como de la influencia llamados a ejercer en los destinos futuros de
la República, deducimos lógicamente su necesidad, palpamos los males que aleja,
los peligros que evita y entrevemos los bienes que promete.
................................ Esa
combinación: Echa las
bases de una fusión sólida entre los partidos. Conserva a Buenos Aires en la
Unión Nacional. Contiene a
la oligarquía con el poder de Elizalde y pone término a las montoneras con el
poder y el prestigio del general Urquiza. " Finaliza el
artículo con una sentencia que trasciende su tiempo: "Las
conveniencias legítimas de los partidos, giran dentro de las conveniencias de
los Pueblos; ambas pueden consultarse y salvarse unidas. " José
Hernández (El Eco de Corrientes, N° 170). E18 de mayo
publicó «Tiempo al tiempo» donde contestó al liberal Luis Baibiene que lo
difamara desde «La Tribuna» de Buenos Aires. Dijo entre
otras cosas: "En «La
Tribuna» de Buenos Aires correspondiente al 26 de abril último, hay tres
columnas suscriptas por Luis Baibiene en que, con motivo de contestar al «Eco de
Corrientes>> se ocupa casi exclusivamente de injuriar y calumniar a José
Hernández. Es un modo
muy cómodo de discutir, para el que a falta de una respuesta tiene a mano la
facilidad de calumniar y denigrar a su adversario.
................................ Desafiamos
al autor de estas palabras a que pruebe la verdad de lo que afirma, a que nos
cite un solo caso de venalidad de nuestra parte, UNA SOLA OCASION en que alguno
haya obtenido de nosotros el favor de un dictamen Fiscal por cualquier género de
recompensa, a que diga quién nos ha inducido a una injusticia pagándonos el
precio de nuestra rectitud, a que nombre al que alguna vez haya puesto en
nuestras manos un solo real, declarando desde ya, si no lo hace, que Dn. LUIS
BAIBIENE ES UN CALUMNIADOR INFAME.
................................ " José
Hernández (El Eco de Corrientes, N° 176) (5) De «E1 Eco
de Corrientes» se editaron 186 ejemplares y cesó el 26 de mayo de 1868 porque el
día 27 estalló un movimiento sedicioso mitrista que derrocó a Evaristo López.
El
gobernador fue arrestado y sus ministros perseguidos. "Hernández
debió abandonar también un cargo menor pero altamente significativo: El de
maestro de gramática en la Escuela de San Agustín" (Chávez, ibid., p.42). Agrega
Chávez (ibid., p.42) que: "Después de
su salida de Corrientes, el periodista y maestro se radica por algunas semanas
en Rosario, donde...tenía algunos familiares y bienes. En esa oportunidad, su
amigo Ovidio Lagos lo invita a colaborar en su diario La Capital, que todavía no
tiene un año de existencia." (*) (*) La
colecci6n de «El Eco de Corrientes» se encuentra en la Hemeroteca de la
Biblioteca Nacional. Reg. 30.453. «La Capital»
fue fundado en 1867 y es considerado el decano de la prensa argentina, ya que
todavía se edita. Nació para
apoyar el proyecto presentado el 1° de julio de ese año por el diputado por
Buenos Aires Manuel Quintana para declarar a Rosario capital de la República.
Fundado par
Ovidio Lagos, periodista que había trabajado en «La Reforma Pacífica», asociado
con Juan Chassaing. El primer
número apareció el 15 de noviembre y dedicó el editorial inicial al elogio de la
difusión de la educación popular (Piccirilli, ibid., voz Capital). Como se
indicó en el capítulo anterior, en julio de 1868, Lagos invitó a Hernández a
colaborar en su periódico. Dice Chávez (ibid., p. 42) "Había
razones harto suficientes para que ambos periodistas estrechasen los lazos de su
espíritu junto con las ataduras que da la lucha política misma. Los dos,
federales erguidos frente al centralismo que la burguesía portuaria venía
organizando desde hacía años. Ambos, formados en las duras luchas de una
existencia penuriosa; los dos emigrados porteños después de las persecuciones de
1857, pertenecientes a un mismo partido: el chupandino. Una misma vocación,
junto a las prensas y casi un mismo estilo". Los
artículos de Hernández en «La Capital» aparecen inicialados J. H. El primero de
ellos fue publicado el 20 de junio con el título de «Los sucesos de Corrientes y
la prensa anarquista» en donde planteaba el problema de la legalidad provincial
avasallada par la revuelta mitrista. A1 día
siguiente, el 21 de junio de 1868, publicó «Corrientes se salva». «Los atentados
deben tener término», Los días 22 y 23 de junio. «Tres proposiciones» en
sucesivas ediciones desde el 24 al 27 de junio. E12 de julio
«Los cantos de las sirenas». «El Rosario debe ser la capital de la República»,
el 4 de julio y «9 de julio de 1816» en el 52 aniversario de la declaración de
la independencia. El 16 de julio «El gobernador ilegal de Corrientes».
«Lecciones para los pueblos», dos días después. «De mal en peor», Los días 20 y
21 de julio, última colaboración de José Hernández en el diario de Ovidio
Lagos. En este
último artículo desarrolló un ataque al programa sarmientino de introducir
métodos y maestros norteamericanos, de acuerdo con su concepto de civilización y
a riesgo de modificar las tradiciones pedagógicas nacionales. Decía:
"Es un
destino bien amargo el de esta pobre República. Esto se llama ir de mal en
peor. Mitre ha
hecho de la República un campamento . Sarmiento va a hacer de ella una escuela.
Con Mitre ha
tenido la República que andar con el sable a la cintura. Con
Sarmiento va a verse obligada a aprender de memoria la anagnosia, el método
gradual y los anales de Da. Juana Manso. Estas son las grandes figuras que
vienen a regir los destinos de la patria de Alvear y San Martín! Pero, ¿
Consentirá el Congreso, consentirán los hombres influyentes de la República,
consentirá el país en que un loco, que ya ha fulminado sus anatemas contra el
clero y contra la religión, que ha dicho que va a nombrar una mujer para
Ministra de Culto, que es un furioso desatado, venga a sentarse en la silla
presidencial, para precipitar al país a la ruina y al desquicio ? No lo creemos;
esperamos que el patriotismo y la reflexión no nos hayan abandonado del todo y
que antes que consentir en semejante escándalo, tendrán bastante energía para
decirle al partido de los anarquistas 'hasta aquí no más', y al loco predilecto
de los perturbadores, que se vuelva a su destierro político, a estudiar los
diversos métodos de las escuelas americanas." Chávez, ibid., p. 45).
En «E1
Rosario debe ser la capital de la República» José Hernández sostuvo:
"Hace 15
años que vivimos en un provisoriato funesto respecto de la capital. Y este
provisoriato amenaza continuar. ¿Qué? ¿Sólo
lo provisorio habrá de ser siempre permanente entre nosotros? Ya basta de
incertidumbre. Ya es época de decidir de una manera definitiva y concluyente,
dónde deben tener su asiento las Autoridades nacionales, ofreciendo así esa
seguridad más a los grandes intereses que aguardan impacientes esa resolución.
Ningún pueblo de la República puede sostener con el Rosario la competencia,
sobre las condiciones y ventajas positivas que reúne para ser el punto de
residencia de las autoridades nacionales. Las fuerzas
activas de la República, las fuerzas que pesan más decisivamente en el orden de
todos los acontecimientos políticos y sociales, residen en la gran linea del
Litoral formada por las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y
Corrientes. Colocado
como se halla el Rosario en el centro de esa gran línea, es decir, en el centro
de todas esas fuerzas, el Gobierno aquí, regularía sus movimientos y trazaría a
esos grandes centros de poder, la órbita en que deberían girar para bien general
de la República. El poder de
Buenos Aires, que ha de ser siempre una amenaza para los pueblos mientras
aquella provincia se mantenga como hasta aquí dominada por un círculo
exclusivista y anárquico, ese poder se encontraría contenido por la proximidad
del Gobierno Nacional, establecido en un punto fuera del alcance de su
influencia; se hallaría observado de cerca y forzosamente estrechado dentro de
los límites territoriales de su provincia. " Afirma
Hernández, al fin, en este artículo que: "La capital
en el Rosario sería la única solución conveniente que puede darse a las grandes
cuestiones políticas y administrativas que nos han agitado y dividido hasta
hoy." Descalifica
asimismo las posibilidades de Buenos Aires asegurando que: "La capital
en Buenos Aires sin traer grandes beneficios para aquel pueblo, hace la ruina
del resto de la Nación. Aun cuando fuera posible el ridículo fenómeno de la
coexistencia en Buenos Aires, de los dos Gobiernos, Nacional y Provincial, esa
coexistencia trae así misma aparejados inconvenientes de tal naturaleza, que la
convierten en un absurdo, en una extravagancia política." Finaliza la
nota con un vehemente llamado en favor de lo propuesto: "Inspírense
los representantes de los pueblos argentinos en las grandes conveniencias de la
República y echen su voto en la balanza de nuestros destinos futuros, para
asegurar para siempre los beneficios que los pueblos aguardan impacientes.
¡Óigase su
voz, como la palabra de redención para los pueblos mártires! J.H." (Chávez,
ibid., p. 148 ss). La despedida
de Hernández del periódico de Lagos es publicada el día 23 de julio de 1868 y
dice: "Este
apreciable caballero, amigo y correligionario político, se marchó ayer para
Buenos Aires; que su viaje sea feliz y su permanencia en la gran ciudad
tranquila. El señor Hernández, que se hallaba establecido en Corrientes,
trabajaba allí en la prensa apoyando siempre a la libertad y las buenas ideas;
independiente de todas nuestras cuestiones las ha tratado con elevación y un
conocimiento poco común de nuestros hombres y nuestras cosas. Peregrino
contra su voluntad, por la persecución del célebre gobierno revolucionario de
Corrientes, con su permanencia de pocos días en Rosario, La Capital le debe
notables artículos, que han llevado la palabra de verdad de nuestra situación
política al ánimo del pueblo." (Chávez, ibid., p. 46).
8. El Rio De La Plata (Buenos
Aires - 1869) E1 12 de
octubre de 1868 asume la presidencia de la Nación Domingo Faustino Sarmiento al
tiempo que hace lo propio como vicepresidente Adolfo Alsina. A mediados
de noviembre de 1869 José Hernández se establece en Buenos Aires. El 6 de agosto
aparece el primer número de «El Río de la Plata». La administración y redacción
funcionaba en la calle Victoria 202. El diario
enarbola fundamentalmente banderas de autonomía municipal, abolición de
contingentes de fronteras y elección popular de jueces de paz, comandantes
militares y consejeros escolares. «El Río de
la Plata» se editó en un formato tipo sábana y aparecía por la mañana. Juan
Recalde figuraba como regente y editor. Pagés
Larraya (ibid., p. 54) hace una caracterización de la situación de la prensa al
momento de la aparición de este medio: "El Río de
la Plata se fundó en un instante de singular florecimiento del periodismo
argentino. Sin contar otras publicaciones menores, aparecían por entonces El
Nacional fundado por Vélez Sársfield y favorable a la política de Sarmiento; La
Tribuna de los hijos de Florencio Varela; La Nación Argentina de los Gutiérrez
que, adquirida por Mitre, se editó desde el 4 de enero de 1870 con el título de
La Nación y La Prensa, fundada el 18 de octubre de 1869 y a la cual pasaron tres
de los redactores del Río de la Plata: Estanislao S. Zeballos, Cosme Mariño y
Aurelio Herrera. "
Posteriormente Pagés Larraya (ibid., p. 55) describe al medio y su actitud
política: " Diario de
combate en hora de bullentes pasiones políticas, El Río de la Plata se
caracterizó por su tono equilibrado y por la ausencia de ataques personales,
recurso que por entonces era tan habitual en la prensa y bordeaba casi siempre
lo calumnioso. Salta a luz El Río de la Plata a menos de un año de la asunción
del mando presidencial por parte de Sarmiento y combatía su gobierno con
serenidad, a la par que atacaba con más violencia al partido liberal de Mitre,
entonces en la oposición. Pero más que la crítica de lo contingente el periódico
de Hernández procuró afrontar los problemas fundamentales y no resueltos de la
nacionalidad." Hernández se
ocupará en «El Río de la Plata» del tema social que luego desarrollaría en
abundancia en su poema: el gaucho. Beatríz Sarlo (1979, p. 3s.) desglosa esa
problemática del siguiente modo: "En 1869,
Hernández fundó en Buenos Aires un periódico, El Río de la Plata. Allí publicó
una serie de artículos que constituyen algo así como el cañamazo de ideas que el
Martín Fierro elaborará literariamente: el problema de las fronteras con el
indio y su defensa, la iniquidad de que ésta repose exclusivamente sobre el
habitante pobre de la campaña que es arrancado de su hogar para ser arrojado al
fortín, convertido en una suerte de prisionero, desecho por la indigencia y
mortificado por la arbitrariedad de las autoridades militares y civiles.
Es el
gobierno, afirma Hernández, el que «convierte al gaucho en matrero, en
delincuente, en asesino»." Porque para
los sectores intelectuales y la élite gobernante el vocablo gaucho era
justamente sinónimo de delincuente. Pérez Amuchástegui (1977, p. 229) afirma:
"La
conciencia antigaucha de los intelectuales se universalizó después de Caseros;
Urquiza perdió el apoyo de la élite en tanto adoptó actitudes gauchescas.
Después de Pavón, cuando se inicia la estructura nacional de la triunfante
oligarquía paternalista, la voz 'gaucho' y sus derivados se reserva para las
huestes del Chacho Peñaloza y sus pares. Y cuando ya no quedan mas 'gauchos
montoneros' se aplica la notación despectiva de 'gaucho' a los 'bárbaros' de la
campaña que, en un país ávido de europeizarse, pretenden mantener formas
anquilosadas de tradicionalismo criollo. Para esta época serán gauchos esos
'salvajes' que sólo sirven para seguir a Felipe Varela o a los Taboada, según el
bando... " La guerra de
la Triple Alianza contra el Paraguay era también un mecanismo para la
extirpación formal y material del gaucho mediante las conscripciones forzosas. Pagés
Larraya (ibid. p. 56 s.) indica que si bien los artículos de Hernández
aparecidos en «E1 Río de la Plata» no han sido firmados, resultan claramente
identificables por los siguientes elementos: "a) Se trata
de artículos editoriales, que siempre escribía el director del periódico, en
este caso Hernández. b) Hay coincidencias con los temas tratados por Hernández
antes y después de El Río de la Plata. c) Hay coincidencias estilísticas. d) Hay
repetición exacta o próxima de expresiones suyas usadas en otros lugares." E1 19 de
agosto de 1869 Hernández publicaba en «El Río de la Plata» el artículo titulado
«Hijos y entenados» en el que sostenía: "Tiempo es
ya que los gobiernos empiecen a preocuparse de aplicar al mal remedios eficaces,
para garantirnos de sus invasiones y se deje de girar perpetuamente en derredor
de un círculo vicioso.
................................. ¿Qué se
consigue con el sistema actual de los contingentes?. Empieza por introducirse
una perturbación profunda en el hogar del habitante de la campaña. Arrebatado a
sus labores, a su familia, quitáis un miembro útil a la sociedad que lo reclama,
para convertirlo en un elemento de desquicio e inmoralidad. Parece que
lo menos que se quisiera fomentar es la población laboriosa de la campaña o que
nuestros gobiernos quisieran hacer purgar como un delito oprobioso el hecho de
nacer en el territorio argentino y de levantar en la campaña la humilde choza
del gaucho.
................................. Es la
campaña, pues, fuente de nuestra riqueza y de nuestro porvenir económico y
social, la que necesita de garantías, de medidas liberales y protectoras. Es
necesario desarrollar su industria, fomentar la población nacional, escudar al
ciudadano contra los atentados de la fuerza.
................................. Nosotros nos
pronunciamos no sólo contra el atentado que envuelve la reglamentación actual
del servicio de fronteras, sino contra la ceguedad que así nos arrastra al
precipicio y así desconoce nuestros más fundamentales intereses." (Pagés
Larraya, ibid., p. 197ss). El 20 de
agosto de 1869 «El Río de la Plata» publicaba el artículo titulado «El Peligro
de la Oposición» que decía: "La
oposición es siempre útil a los pueblos y a los gobiernos por más que muchas
veces sea apasionada e injusta. Ella es un testimonio de la liberalidad de las
instituciones y del respeto de la autoridad hacia los derechos que consagran.
................................. Más sirve a
los gobiernos la prensa opositora, que la prensa oficial, porque aquella señala
siempre los errores y los escollos mientras que ésta se empeña en facilitar el
camino y en oscurecer la verdad que hiere y deslumbra. No faltará nunca a los
gobiernos, apóstoles de la idea que aplaudiesen sus buenos actos y los alentasen
en la ruta del bien ¿A qué, pues, buscar la dudosa sinceridad del aplauso
interesado? Decíamos que
la oposición es siempre útil y mucho más allí donde el error tiene sus
sacerdotes, que se empeñan la más de las veces en hacernos comulgar con ruedas
de molino. La exageración de la oposición en la prensa, se destruye por si
misma, como los globos de jabón se desvanecen en el aire. No combatimos pues la
oposición, no le negamos su razón de ser y no podríamos negarla sin suicidarnos.
Los derechos son solidarios y la máxima evangélica que aconseja no desear al
prójimo mal que no queramos para nosotros, encierra una profunda enseñanza
moral" (Pagés Larraya, ibid., p. 184 ss). El 22 de
agosto Hernández insertaba en «El Río de la Plata» la nota que llevaba por
título el interrogante ¿Qué civilización es la de los matanzas? en la cual con
la dureza de su prédica social señalaba, entre otros conceptos: "La
frontera, decíamos debe ser guardada por tropas de líneas, organizadas por medio
de enganche. Este es el medio legítimo de custodiarlas y de su adopción no se
resiente ningún principio, no se afecta derecho alguno." "Los
ejércitos de fronteras no sólo deben tener armas: deben estar además munidos de
instrumentos de trabajo". "No sólo
deben salvar a la campaña de las invasiones de los indios sino que deben
fructificar la tierra que pueblan, apropiándola a su existencia y bienestar.
.................................. Ofrezca el
gobierno esas ventajas positivas y no le faltarán brazos que contraer a la
defensa y a la colonización de las fronteras. Si nuestros gauchos, si los que
vagan hoy sin ocupación y sin trabajo obtienen además del salario
correspondiente un pedazo de tierra para improvisar en él su habitación y los
instrumentos necesarios, se le liga más y más a la defensa de la línea
fronteriza, porque ya no serán sólo los intereses extraños los que ampararía
sino sus propios intereses.
................................. La
experiencia ha demostrado el absurdo de las combinaciones hasta hay adoptadas
para arrebatar a los indios el señorío del desierto. La idea de
llevarles una guerra ofensiva para exterminarlos, que algunos han emitido en la
prensa y hasta en opúsculos que se han impreso bajo la protección oficial, no ha
dado los resultados con que soñaban los autores. Y decimos felizmente, porque si
eso hubiese tenido lugar habría sido para mengua de nuestros gobiernos, que no
habrían descubierto un medio más en armonía con nuestros sentimientos
humanitarios y cristianos de neutralizar el mal y hacer al salvaje mismo
partícipe de los beneficios de la civilización.
................................. Nosotros no
tenemos el derecho de expulsar a los indios del territorio y menos de
exterminarlos. La civilización sólo puede dar los derechos que se deriven de
ella misma" (Pagés Larraya, ibid., p. 206 ss). E1 1° de
setiembre de 1869 «El Río de la Plata» publicaba un artículo titulado: «La
división de la tierra» que entre otros conceptos aseveraba: "Los
gobiernos que no deben tener ni aún la inspiración de ser propietarios, se
empeñan entre nosotros, en arrebatar las grandes empresas de progreso, a la
acción fecundante del individuo y en vez de buscar el restablecimiento del
equilibrio industrial, introducen de esta manera una honda perturbación en la
marcha económica de la sociedad. En vez de
despojarse de falsas atribuciones devolviéndolas al pueblo a quien pertenecen,
nuestros gobiernos se arrogan facultades monstruosas, estableciendo privilegios
y monopolios odiosos en favor del que está encargado precisamente, como ya lo
hemos dicho, de asegurarnos los beneficios de nuestras libertades
institucionales.
................................. La sociedad
no hace de los gobiernos agentes de comercio, ni los faculta para labrar
colosales riquezas, lanzándolos en las especulaciones atrevidas del crédito. La
sociedad no podría delegar, sin suicidarse, semejantes funciones, que son el
resorte de su actividad y de su iniciativa.
................................. Las tierras
en poder del fisco, no aumentan la renta del Estado, cayo fundamento está en el
impuesto y en la población.
................................. Por medio de
la subdivisión de la tierra se atrae una población, cuyo espíritu emprendedor se
exita en una lucha profícua y estimulante. En esta
provincia, que tiene en su contra el flagelo de los indios y donde se agita como
un problema insoluble la cuestión de fronteras, el medio de resolver en pocos
años esta cuestión sería el de fomentar la población industriosa, llevar al
desierto las locomotoras del progreso, que traerían a su regreso a nuestros
mercados los pingües productos que regala la tierra, a los que la abonan y
cultivan." (Pagés Larraya, ibid., p. 193 ss). E1 3 de
octubre, en el editorial titulado «La ciudad y la campaña» se sostiene, entre
otros conceptos que:
................................. El servicio
de fronteras, parece haberse ideado como un terrible castigo para el hijo de la
campaña. Los
intereses de la campaña ¿ son intereses distintos de los de la ciudad ? No, por
cierto. La campaña y
la ciudad, es una misma población, con iguales derechos constitucionales, con
idénticos intereses, con aspiraciones confundidas. Y si esto es
así ¿ Cómo se pretende establecer una separación odiosa, inconstitucional?
¿Cómo se
pretende que la campaña únicamente, atienda el servicio de las fronteras?
¿Por qué no
se hace extensivo ese servicio a los hijos de la ciudad ? La respuesta
es fácil. Porque ese servicio es inicuo y atentatorio. Porque no puede exigirse
en la ciudad, donde habría, consumada la violación de un derecho, una protesta
energética y una acusación legal. ¿ Y habremos
de consentir que se perpetúe la injusticia, la masa de un antagonismo fatal, que
puede producir mañana tremendas complicaciones?..."(Pagés Larraya, ibid., p.
189). El 6 de
octubre otro artículo señala:
................................. «El Río de
la Plata» se ha constituido en defensor de ls derechos desconocidos y
violentados en el habitante de la campaña. Ha iniciado
y sostenido el medio que lo gobiernos deben recurrir para resolver el servicio
de ls fronteras, sin falsear la libertad del ciudadano, sin atentar contra su
personalidad, amparada en la Ley. Los
gobiernos necesitan soldados para atender al servicio de la frontera. Pues que
ls busquen con sus recursos propios". (Pagés Larraya, ibid., p. 192).
Para
finalizar la reseña sobre «El Río de la Plata», resulta interesante señalar la
publicación que el periódico de Hernández hiciera los días 19, 20 y 21 de
noviembre de 1869. Se trata de unos comentarios sobre las Islas Malvinas
remitidos par Augusto Lasserre. Este realizó un viaje a las islas como
comisionado especial de una importante compañía de seguros marítimos, la
«Asociación de Seguros Mutuos de la Marina Mercante Italiana», con el objeto de
realizar una investigación y un peritaje sobre la pérdida total de la barca
italiana «Perú» en el puerto de Albemarle. Con motivo
de ese viaje, escribió una «Descripción de un viaje a las Malvinas» publicada,
como se dijo, en «E1 Río de la Plata». Dice Gianello (1963, p. 176).
"Sobre esta
«Descripción», escrita en forma de carta a Hernández, se hizo un gran silencio.
En ella Lasserre hace una minuciosa descripción de las islas y especialmente de
Stanley, de su fauna y su flora. Pero sobre
todo, patrióticamente inspirado, su propósito es que se restituya a la soberanía
argentina ese usurpado territorio. Examina nuestros justos títulos de dominio y
acusa la negligencia de las autoridades argentinas que «imperdonablemente
postergaron justicieras reclamaciones que hacen más difícil cada día, la
integridad territorial de la República». Su carta es un requerimiento siempre de
actualidad para que se comprenda la importancia de esa devolución que en él,
nuestro gobierno, se halla en el deber de exigir al gobierno de Su Majestad
Británica." E126 de
noviembre, en el N° 92, se publica un extenso artículo titulado «Islas Malvinas.
Cuestiones Graves», en el que Hernández señala: "Los
argentinos, especialmente, no han podido olvidar que se trata de una parte muy
importante del territorio nacional, usurpada a merced de circunstancias
desfavorables, en una época indecisa, en que la nacionalidad luchaba aún con los
escollos opuestos a su definitiva organización.
................................. ...deber es
muy sagrado de la Nación Argentina, velar par la honra de su nombre, por la
integridad de su territorio y por los intereses de los argentinos. Sus derechos
no prescriben jamás." (Destéfani, 1982, p. 98s). E1 11 de
abril de 1870 estalla en Entre Ríos un movimiento revolucionario encabezado por
el general Ricardo López Jordán, que se venía gestando desde cinco años antes.
Urquiza es
asesinado por considerárselo traidor a la causa federal. En Buenos
Aires comenzaron a ser vigilados los nombres de la oposición, entre ellos
Hernández que había sido ministro de campaña de Evaristo López y como tal (10
agosto 1868) había refrendado el nombramiento de «Brigadier de la Provincia de
Corrientes» para López Jordán. Decide entonces clausurar «E1 Río de la Plata»,
el 22 de abril de 1870 y en su último editorial dice: "No queremos
asistir en la prensa al espectáculo de sangre que va a darse en la República...
No hemos
aprendido a cortejar en sus extravíos ni a los partidos ni a los gobiernos y
antes de hacernos una violencia a que no se someta la independencia y rectitud
de nuestro carácter, preferimos dejar de la mano la pluma que hemos consagrado
exclusivamente al servicio de las legítimas conveniencias de la Patria. Dejamos
de escribir el día en que no podemos servirla." (Chávez, ibid., p. 52). (*)
(*) La
colecci6n de «El Río de la Plata» se encuentra en la Hemeroteca de la Biblioteca
Nacional. Reg. 30.689.
9. La Patria (Montevideo -1872)
A fines de
1870 Hernández se incorporó a las filas del ejército jordanista compartiendo la
derrota de Ñaembé el 26 de enero de 1871.
Posteriormente emigró junta con López Jordán a Santa Ana do Livramento, en
territorio brasileño, donde permaneció desde abril de 1871 hasta principios de
1872. Luego viajó
a Uruguay en donde habría hecho alguna incursión periodística, posiblemente en
«La Patria», según Piccirilli (ibid., p. 329s), para regresar más tarde a Buenos
Aires amparado en una amnistía de Sarmiento y publicar el célebre poema
gauchesco. Residió en una casa de la calle Talcahuano y luego en el hotel
«Argentino» de Rivadavia y 25 de Mayo, mientras su familia se ausentó a la
estancia «Cañada Honda» de Baradero para escapar del flagelo de la fiebre
amarilla. A mediados
de 1873 López Jordán invadió Entre Ríos y el gobierno de Sarmiento puso precio a
su cabeza y la de sus colaboradores. Hernández en su condición de tal buscó
refugio nuevamente en Montevideo, donde reinició sus tareas periodísticas el 1°
de noviembre de ese año en «La Patria», que dirigía Héctor Soto, hijo de Juan
José Soto, el editor de «La Reforma Pacífica», su primer periódico en que
Hernández iniciara sus lides en la prensa (ver Capítulo II). El 9 de
diciembre, López Jordán es derrotado en Don Gonzalo. El 10 de marzo de 1874
Hernández publicó en «La Patria» un manifiesto de López Jordán redactado par él,
donde se revaluaba la postura jordanista ante sus enemigos y fracciones
disidentes surgidas contra la personalidad del caudillo federal. En abril y
mayo publicó en ese media nueve artículos polémicos en respuesta al publicista
(6) chileno Benjamín Vicuña Mackena, firmados con el seudónimo «Un Patagón»
(Pagés Larraya, ibid., p. 52). En agosto de
1874 compartió con Soto la dirección del periódico y, tras un breve paso por
Buenos Aires, regresó a Montevideo y asumió la dirección y redacción de «La
Patria», hecho que en octubre anuncia en las páginas del medio del siguiente
modo: "Redacción.
La ausencia de nuestro amigo el Sr. Soto, nos coloca por algunos días al frente
de la redacción de La Patria y los emplearemos en hacer fuego contra la sombría
personalidad de Dn. Bartolomé Mitre, que en el delirio de sus ambiciones
pretende todavía imponerse por medio de la fuerza y encadenar a su voluntad el
porvenir de los pueblos argentinos. J. H." (Chávez, ibid., p. 69). Según Cútolo
(1971, p. 564) Hernández utilizará en este medio el seudónimo «Polilla>> (7).
En 1874
Mitre y Alsina, los jefes de los dos principales partidos políticos, se
disputaban el mando futuro del país, aunque ambos eran resistidos en buena parte
de las provincias por su condición de porteños. La actividad del interior
favoreció las aspiraciones del doctor Nicolás Avellaneda -Ministro de Justicia e
instrucción pública de Sarmiento- nacido en Tucumán. La
candidatura de Avellaneda logró la adhesión de diez provincias, por lo que
Alsina retiró la propia y dispuso apoyarlo con su partido Autonomista.
De la fusión
entre el partido Nacional de Avellaneda y el Autonomismo de los «crudos» de
Alsina, surge una nueva expresión política: el Partido Autonomista Nacional
(PAN). En medio de
gran tensión política, las elecciones se efectuaron el 14 de abril de 1874. Como
se señaló, el triunfo correspondió a la fórmula encabezada par el doctor
Avellaneda, seguido del doctor Mariano Acosta para el cargo de vicepresidente.
En las filas
de la revolución mitrista para oponerse a la asunción de Avellaneda del 24 de
setiembre de 1874 se encontraban viejos enemigos del Chacho, de López Jordán y
de Evaristo López. Arredondo, Baibiene, José C. Paz y otros simbolizaban la
política que Hernández combatía desde 1857. Por eso el gran antisarmientista
habrá de luchar esta vez por la legalidad representada en Sarmiento y Avellaneda
(Chávez, ibid., p. 68). En ese marco
tratará también de neutralizar los intentos del mitrismo por llevar a sus filas
a elementos jordanistas y con ese motivo publica varios artículos en «La
Patria»: «De presidente a revolucionario, de revolucionario a pirata»; «La
administración Mitre»; «El predominio de Mitre»; «Mitre y Catriel»; «Los dos
restauradores»; «Males sobre males»; «Los dos fundadores de la nacionalidad
argentina». En «La
administración Mitre» Hernández arremetía contra el ex presidente diciendo:
"Ahogó en
sangre las resistencias de la Patria, para prepararse el camino de la Alianza,
que debía dar por resultado la devastación del Paraguay. En esta
sección americana, Mitre ha sido un cometa de sangre, un flagelo devastador, un
elemento de corrupción y de desquicio y dan testimonio de su existencia los
huérfanos, las viudas y los inválidos." (Chávez, ibid., p. 70). En el
artículo «Mitre y Catriel» Hernández hacía mención de la utilización del indio
en las revoluciones y guerras civiles, por Rosas en Caseros, Urquiza en Cepeda y
Mitre en la revolución del 74. Los
artículos publicados por Hernández en «La Patria» eran reproducidos casi en su
totalidad por «La Política» de Buenos Aires (periódico fundado par Evaristo
Carriego en 1872). El 1° de
enero de 1875 suspende su aparición «La Patria» de Montevideo y Hernández
regresa poco después a Buenos Aires en el marco de la política conciliadora de
Nicolás Avellaneda que había asumido la presidencia de la Nación el 12 de
octubre de 1874 secundado por Mariano Acosta como vicepresidente.
10. Otros Medios (Buenos Aires -
1873/1876) a - EL PLATA
(1873) Un solo
autor, J. Sapiña, en el «Diccionario de Autores», tomo II p.270, menciona el
diario «El Plata». Dice, refiriéndose a Hernández: ... Sigue en la prensa y en
la acción a López Jordán en la revolución de 1873 y tiene que expatriarse. Funda
después el diario «El Plata», no habiéndose encontrado confirmación alguna al
dato. Por lo tanto simplemente se deja constancia a Los efectos de una ulterior
verificación. b - LA
LIBERTAD (1875) A mediados
de 1875 Hernández publicó la segunda edición de su «Vida del Chacho»,
recopilación de sus notas periodísticas aparecidas en «El Argentino» de Paraná,
en 1863. El diario
«La Tribuna», de los hermanos Héctor y Mariano Varela, publicó en su edición del
18 de setiembre de 1875 un comentario crítico en el que calificaba la obra de
Hernández de «notablemente reaccionaria». Tres días después, «La Tribuna»
también acusaba a Hernández de jordanista y de «partidario de la situación»,
como prosélito de Avellaneda. (Chávez, ibid., p. 75). El autor
respondió entonces el ataque el día 23 de setiembre, desde las columnas de «La
Libertad», diario porteño que redactaba para entonces el chileno Manuel Bilbao.
«La
Libertad» era un diario político, noticioso, literario y comercial que
apareciera en Buenos Aires el 1° de julio de 1873, con dirección de Gregorio
Aráoz y se tiraba por la Imprenta del Mercurio. Era una
continuidad, según lo expresaba en su primer número, del diario «La República»
de 1867. Sostenía en su prédica la candidatura a la presidencia del doctor
Manuel Quintana (8) en las elecciones de 1874. Era un
periódico de gran tamaño, a siete columnas, con agentes en el interior de la
República encargados de su difusión. En el número 27 del viernes 1° de agosto de
1873 cambió el editor, que resultó ser J. M. Portillo. En el número 39, se da
cuenta de la proclamación de la candidatura del doctor Quintana para la
presidencia. El último número aparecería en abril de 1886. (Piccirilli, ibid.,
voz Libertad). Como se
dijo, el 23 de setiembre de 1875 José Hernández publicaba en «La Libertad» su
respuesta a «La Tribuna»; lo hacía bajo el título «Señor Sarmiento»: ¿por qué
mataron?» y decía: "Empecemos
nuestra contestación a «La Tribuna» con un recuerdo oportuno, que nos servirá de
introducción y de punto de partida. Hace
aproximadamente quince años, tuvo lugar en Santa Fe una Convención Nacional para
considerar las reformas que Buenos Aires presentaba a la Constitución.
Ocupábamos
en ella el puesto de taquígrafo. En la fila
derecha, en el primer asiento, se encontraba un convencional que se revolvía
agitándose continuamente en su silla. Miraba a
todas partes como un desaforado, manifestando en todos sus movimientos una
agitación y algo de un malestar que no le permitía permanecer tranquilo.
De pronto
hace un movimiento rápido y se saca un botín, a pocos minutos el otro, coloca
los pies cubiertos sólo con las medias sobre aquellos zapatos que tanto le
habían mortificado y respirando fuertemente como quien se libra de una gran
incomodidad, permanece muy tranquilo, como en el retiro de su casa, delante de
la respetable Asamblea. Ese hombre era el Sr. Sarmiento y ese fue el día y las
circunstancias en que lo conocí, bajo la impresión que cada uno de los lectores
puede calcular que produciría en el observador aquel hecho de intimidad y
confianza con la Convención y con el público. De allí
parten mis relaciones de vista con el Sr. Sarmiento, por quien después he sido
perseguido sin tregua. ...el Sr.
Sarmiento me persiguió en Corrientes cometiendo una injusticia y una violación
de la Constitución, por la que fue acusado ante el Congreso al principio de su
presidencia y esa acusación tiene mi firma al pie. Cuando él era candidato, yo
había combatido su candidatura y él se vengaba. Más tarde,
siendo él Presidente, tango noticias de cinco o seis órdenes de prisión dictadas
contra mi, pero he tenido la satisfacción de verlo bajar del gobierno, sin que
él tuviera la de meterme en la cárcel.
....................................... Cuando los
que mataban, los que aplaudían la matanza y los que la predicaban como justicia,
me llamaban a mi «mazorquero», porque condenaba aquellos excesos y defendía en
tantos desgraciados el derecho de vivir, yo no podía, no debía quedarme sin
retribuir el sangriento apóstrofe. Era una
injuria recíproca. Recibía una y devolvia otra que le era correlativa.
Pero los que
mataron, Sr. Sarmiento, los que mataron son más culpables, cualesquiera que sean
las formas en que lo hicieron, que los que condenaron a los matadores,
cualesquiera que sean los términos que escribieron. Fínjase
muerto y oirá la opinión de la posteridad respecto de usted." (Chávez, ibid., p.
76 ss). Al día
siguiente «La Tribuna» publicaba un artículo en el que, entre otras cosas,
acusaba a Hernández de haberse vengado con «crueldad refinada» de Urquiza, Mitre
y Sarmiento, a lo que el poeta respondía en la edición del 26 de setiembre de
1875 de «La Libertad»: "Rechazo esa
afirmación, con la dignidad del patriota, del hombre de convicciones políticas y
del verdadero republicano. Yo no me he
vengado de Urquiza, ni con crueldad ni sin ella y olvidé pronto el mal que
alguna vez me hizo. No me he
vengado de Mitre, de quien jamás recibí agravio ni ofensa personal alguna y a
quien sólo he combatido por los sucesos públicos que bajo su dirección y su
influencia se han producido en las Repúblicas del Plata. No me he
vengado de Sarmiento, no porque no tuviera de que, sino porque en mi espíritu no
tiene cabida el ruin sentimiento de la venganza. En fuentes
menos turbias he bebido mis inspiraciones políticas y en más elevadas
aspiraciones, en propósitos más generosos y nobles he hallado la energía
suficiente para la lucha y el vigor necesario para aceptar los sacrificios que
ella me ha impuesto." (Chávez, ibid., p. 79). «La Tribuna»
del 28 de setiembre daba por cerradas las lides con un artículo en el que
señalaba respecto de Hernández»: "Federalote
ultra, entusiasta, admirador y humilde eco de los actos del Chacho y servidor
del virtuoso general Dn. Ricardo López Jordán, que no por haber asesinado al
general Urquiza fue menos virtuoso ante la moral de Dn. José Hernández, profesa
principios incompatibles y de imposible relacion con los que forman el credo de
la Redacción de «La Tribuna». Es nuestra última palabra." (Chávez, ibid., p.
80). Hernández,
con el título de «A la última palabra, las últimas palabras», hizo lo propio en
la edición del 29 de setiembre de «La Libertad» en donde dijo: "¿A quién ha
elogiado «La Tribuna» que no haya pertenecido a su comunidad política, ni a
quién ha elogiado en su vida el Sr. Sarmiento? ¡Recuérdase
como acaba de tratar al general Paz y calcúlese como puede tratar a Peñaloza
(9). Recuérdese
como acaba de tratara ciudadanos, entre los que se comprendía el Sr. Albarracín,
pariente suyo, de quienes dijo que había tenido que arrojarlos de la casa de
gobierno y calcúlese como podrá tratarme a mi. No, nosotros
no hemos pretendido tales elogios, no cabe tanta ceguedad de nuestra parte, ni
es honroso el elogio, sino cuando no es buscado.
....................................... Aceptemos
posiciones y establezcamos diferencias. Entre la
conducta de un ciudadano que se mezcla en una revolución, sin mancharse en ella
y la del primer magistrado que dio ante la República y ante el mundo el
escándalo de ofrecer cien mil patacones por la cabeza del jefe revolucionario,
hay una diferencia fácil de medir. El primero
comprometió su individualidad; el segundo escarneció la moral pública,
vilipendió la autoridad que investía, escandalizó a la República, infirió un
ultraje a la civilización. Yo no inauguré el período de las revoluciones.
Y él
pretendió inaugurar en el Río de la Plata, un periodo aciago la costumbre
inmoral, impía, de poner precio las cabezas (10)." (Chávez, ibid., p. 80s).
c - EL BICHO
COLORADO (1876) Dice Cutolo
(ibid., p. 564) que Hernández «colaboró en 1876, en «El Bicho Colorado»,
periódico satírico, político y literario...». Coinciden en
ello todos los biógrafos hernandianos consultados. «El Bicho
Colorado» fue un periódico de carácter humorístico que apareció en Buenos Aires
el 1° de febrero de 1876, dirigido por José Hernández. Fue
ilustrado por el dibujante francés Carlos Clérice. Con ocho páginas en prosa y
verso incluye una sátira contra Juan María Gutiérrez por su rechazo del diploma
de la Academia Española (11) y testimonios de la constante crítica de Hernández
a la política contra el indio y su oposición a Mitre, Avellaneda, Sarmiento y
Adolfo Alsina. (Pagés Larraya, ibid., p. 52). Se ofrecía
en la calle y, al por mayor,en Perú 217 de Buenos Aires. Como lo
describe Vázquez Lucio (1985, p. 139): "...ilustra
su portada con un primerísimo plano del pie de la República hasta más arriba del
tobillo, cubierto de forúnculos donde aparecen las caricaturas de Sarmiento,
Mitre, Avellaneda, Aneiro e indios; el dibujo lleva por título «Los bichos
colorados de la República Argentina»." Sostenía el
redactor de «El Bicho Colorado» que al aparecer en la vida periodística con un
programa, era costumbre prometer maravilla; pero que un programa, en este caso,
era un «letrero mentiroso como el que los charlatanes ponen en sus tiendas ...»
Por eso el periódico adoptó este programa: «Sin programa». (*) d- MARTIN
FIERRO (1876) Siguiendo la
reseña biográfica de Cutolo (ibid., p. 564) leemos, como se señaló en el punto
precedente: «Colaboró en 1876, en «El Bicho Colorado»... como en 'Martín
Fierro', otro semanario humorístico». «Martín
Fierro» era, en efecto, un semanario humorístico, de política, literatura y
noticias que apareció el domingo 13 de agosto de 1876. Figuraban
como redactores «Tres gauchos baqueanos» e inserta composiciones en prosa y
verso. Dice Pagés
Larraya (ibid., p. 53) que «En el primer número se inserta un artículo titulado
'Aquí estoy' que pareciera de la pluma de Hernández porque se citan versos del
poema y se expresan algunos juicios coincidentes con su personalidad». Dice, por
ejemplo, «... Los más sabios del país, me dieron el diploma de 'dotor' y ahora
sí que puedo hablar con la gente que no así nomás no se da ese grano de anís a
cualquiera». El 18 de
setiembre y el 30 de octubre aparecen sendas colaboraciones con la firma de «El
payador Pepe José» que superponen algunas expresiones a Los versos de Hernández.
Desde el
tercer número aparece en la última página del semanario un aviso de la librería
«Martín Fierro» de Angel Da Ponte (Bolívar 20), en el que se anuncia asimismo la
venta de la décima edición del poema gauchesco. Además, en el primer número se
anunciaba ya, tres años antes de su aparición, «La vuelta de Martín Fierro», una
primicia tal que justifica la afirmación de que uno de Los «tres gauchos
baqueanos» fuese José Hernández. (Pagés Larraya, ibid., p. 53s) (**).
(*) Un
único ejemplar de «El Bicho Colorado» se encuentra en la Hemeroteca de la
Biblioteca Nacional. (**) La
colección de «Martín Fierro>> se encuentra en la Hemeroteca de la Biblioteca
Nacional. Reg. 30.563. Los Ultimos
Años En 1877
Hernández fue candidato a senador bonaerense por el Partido Autonomista, pero
luego se retrajo de la actividad partidaria ante la conciliación de su sector
con los mitristas. Al año
siguiente se asoció con Rafael Casagemas en la «Librería del Plata», más tarde
totalmente de su propiedad. En 1879 fue
diputado por la segunda sección electoral en la Legislatura de la provincia de
Buenos Aires y un año más tarde obtuvo la presidencia de la Cámara. Poco antes
de terminar el mandato de Avellaneda dos candidatos se presentaron para
reemplazarlo, el gobernador bonaerense Carlos Tejedor y el general Julio
Argentino Rota, Ministro de Guerra. Este último
contaba con el apoyo de Avellaneda y de todas Las provincias con excepción de
Buenos Aires y Corrientes. Junto con
Hipólito Yrigoyen, Jacinto Varela y otros, Hernández fundó un Club de la
Juventud Porteña, en adhesión a la candidatura de Roca, quien resultó triunfador
en las elecciones por amplia mayoría. Tejedor no
aceptó el resultado del comicio y dispuso una movilización de milicias tras lo
cual debió sufrir el sitio de la ciudad por parte de las tropas nacionales y se
produjeron intensos combates los días 20 y 23 de junio de 1880. Hernández se
negó a tomar parte en las luchas y se ocupó de organizar, junta con Carlos Guido
y Spano, el auxilio de los heridos por medio de la Cruz Roja. El 12 de
octubre de ese mismo año asumió la presidencia Julio Argentino Roca.
Hernández
abogó desde la Legislatura por la federalización de la ciudad de Buenos Aires,
orientándose en el autonomismo nacional y en consecuente oposición a Leandro N.
Alem. Así, en la
sesión | |||||||||