Monografias | Magia y Religión: Palabras tabuadasMagia y Religión: Palabras tabuadasResumen: Escrito en el que resumo la creencia de todos estos pueblos primitivos de que podían ser dañados si sus nombres eran usados por magos o enemigos, por lo que era incontable el número de nombres que no podían pronunciar, teniendo todos dos nombres, el pequeño por el que eran conocidos, y el grande que ocultaban religiosamente, estando rigurosamente prohibido pronunciarlo. Escrito en el que resumo la creencia de todos estos pueblos primitivos de que podían ser dañados si sus nombres eran usados por magos o enemigos, por lo que era incontable el número de nombres que no podían pronunciar, teniendo todos dos nombres, el pequeño por el que eran conocidos, y el grande que ocultaban religiosamente, estando rigurosamente prohibido pronunciarlo. Este tabú se refería muy especialmente a parientes, y aunque doy ejemplos, he tenido que silenciar otros muchos, en mi deseo de no ser muy extenso. La prohibición era más rigurosa aún respecto a difuntos y reyes, y de nuevo he tenido que silenciar muchos ejemplos. Finalmente hago somera alusión a nombres tabuados de dioses, refiriéndome a que incluso los romanos iniciaban el asedio de las ciudades invitando a sus deidades protectoras a que se hicieran romanas; por lo que era tabú la divinidad protectora de Roma, para que sus enemigos no pudieran conquistarla. XXXIII. - Palabras tabuadas Incapaces de diferenciar con claridad entre palabras u objetos, estos pueblos creen también que la magia puede actuar sobre las personas a través de su nombre, ya que para ellos el nombre es parte de su personalidad. Por eso algunos esquimales toman nombres nuevos, cuando son ancianos, para rejuvenecerse; y los tolambos de Célebes creen que si alguien escribe su nombre les arrebata el alma. Los aborígenes australianos ocultan su nombre, y los de Australia central tienen un nombre personal, de uso corriente, y otro secreto, que sólo conocen los de su clan, y no se menciona nunca, excepto en ocasiones muy solemnes, como puede ser el matrimonio. Ya los antiguos egipcios tenían un nombre onomástico o pequeño, que era público, y el verdadero o grande, que ocultaban cuidadosamente. Un brahmán recibe también dos nombres:el de uso común y el secreto, que sólo conocen sus padres. Los indígenas de las islas Nias creían que los demonios pueden dañarles cuando oyen sus nombres, y tampoco los pronunciaban en lugares encantados, como pueden ser las selvas, orillas de los ríos, o junto a manantiales. Los de la isla Chiloe no pronuncian sus nombres en voz alta, para no ser damnificados por hadas o duendes. Los araucanos tampoco daban su nombre, y los ojebway no pronunciaban sus nombres, porque creían que al hacerlo perdían energías, y no crecían. Por eso era muy corriente que fueran terceras personas las que daban los nombres, incluso en quehaceres administrativos o procesos judiciales. A veces este tabú era sólo temporal, y no se pronunciaban los nombres de los guerreros ausentes, o se los pronunciaba con nombre de aves. Lo mismo sucedía con los pescadores, a los que los baganla, Alto Congo, llamaban siempre mwele. Los sulka de Nueva Bretaña tampoco daban sus nombres a potenciales enemigos, a los que llamaban o lapsiek, troncos de árbol podrido. Y los cafres creían modificar la conducta de los ladrones gritando sus nombres sobre un puchero de agua hirviendo ciertas hierbas, que dejaban macerándose durante siete días. Muchos usaban el nombre de niños, precedidos del parentesco:padre, tio o primo de …Y los alfures daban el nombre de sus sobrinos:tio de …Los dayakos incluso el de primos, y los cafres llamaban a las novias madre de …Los kukis, zemis y kacha nagas del Asam se autonombraban también padre o madre de …, y si no tenían hijos padre o madre sin hijos, padre o madre de nadie, etc. Entre los cafres la esposa no puedía decir públicamente el nombre de su marido, suegro o cuñados, e incluso cambiaban los nombres de los animales que se confundían con los que no debían pronuncar; lo que originaba un lenguaje difícil de entender, que llamaban de mujeres. El cafre varón tampoco podía mencionar el nombre de su suegra, ni ésta el del yerno. Las mujeres kirguiza ni siquiera pronunciaban nombres que fonéticamente se parecían a los de sus parientes, y los dakayos los de ninguno de sus ascendientes; por lo que si esos nombres eran luna, puente, cebada o leopardo no podían nombrar tampoco estos nombres comunes. Los citados alfures de Minahassa, en Célebes, si el suegro se llamaba Kallala, no puedían llamar al caballo Kawalo, sino sasacajan (animal para montar); y si la suegra se llambaa Dalú, que significa betel, las hojas del betel no eran dalu´mun sino Karon fenna. Como los nufares de Nueva Guinea holandesa no podían pronunciar tampoco los nombres de sus parientes consanguíneos, ni los de palabras comunes que fueran fonéticamente parecidos, no sólo era difícil hablar en familia, sino que constantemente tenían que arrojarse al suelo pidiendo perdón por haber nombrado palabras prohibidas. Muchos de estos pueblos que no podían nombrar a suegros y cuñados, si se confundían, tenían que avergonzarse u obsequiar al ofendido; y nombrar al cuñado en la costa de la Península de la Gacela, en Nueva Bretaña, se pagaba con la muerte. Por eso algunos no podían nombrar palabras tan corrientes como cerdo, morir, mano o caliente. No nombrar a los difuntos era práctica común en todos estos pueblos, y un tal Mr. Oldfield aterrorizó tanto a un nativo pronunciando el nombre de un difunto que salió corriendo y no regresó en varios días. Los aborígenes de Victoria llamaban a los difuntos “el perdido”, ”el que ya no es”, etc. Si las tribus del río Murray tenían que nombrar a un difunto, lo hacían en voz muy baja, para que no les oyera su espíritu. Igual hacían las tribus de Australia central, y si incumplían el tabú los indignados espíritus les perturbaban el sueño. Mencionar difuntos entre los guajiros de Colombia se castigaba también con la muerte, o con multa de dos o tres bueyes. Y no doy más ejemplos, porque era un tabú corriente, desde Tartaria al Sahara, o desde Japón a Tasmania. Siendo frecuente que quienes tenían nombres iguales a los de difuntos, los cambiaran, aunque fuesen nombres tan comunes como agua, fuego, etc. De ahí que este tabú originara frecuentes cambios en el lenguaje, y la invención de nuevas palabras solía estar a cargo de las ancianas, siendo difícil inventar nombres propios, pues no podían usarse los de difuntos. Hasta que esta prohibición duró sólo durante el luto, trascurrido el cual, aunquue hubiese durado años, el biznieto ya podía llevar el nombre del bisabuelo; y llamaban entonces a esto “levantar el árbol, o resucitar al muerto”. Siendo costumbre entre los lapones que algún antepasado se apareciese en sueños a las embarazadas, para anunciarle que iba a nacer otra vez en su hijo; y si la embarazada no tenía estos sueños, se consultaba los nombres de los recién nacidos a brujos, que entre los kondos era el propio sacerdote, que imponía nombres tirando granos de arroz en una vasija con agua; y entre los yorubas era el sacerdote de Ifa, dios de la adivinación. Los nombres de los reyes eran aún más secretos, y muchos de sus súbditos no podían pronunciarlos sin peligro de muerte. Cuando moría un rey bahima, Africa central, su nombre era borrado del lenjuaje, y si era de animal se buscaba otro nombre. En Siam sólo podían referirse al rey como el perfecto, el augusto, el supremo, el gran emperador, el descendiente de ángeles, etc. En la tribu de los dwandwes hubo un jefe llamado Langa, que significa sol, por lo que al sol se llamó gala. En la tribu Xumayo la palabra ayusa, pastores, fue cambiada a kagesa, porque u-Mayusi fue el nombre de un jefe. Los zulúes tabuaban también los nombres de sus reyes, y se cambió impando por ´nxabo cuando reinó Panda; o amacebo, mentira o calumnia, se transformó en amakwata, cuando gobernó Cetchwayo. Costumbre similar existió en Madagascar, y se originaron dialectos distintos, ya que cuando el nombre regio era de ave, animal, árbol, planta o colores, había que inventar otros nuevos:y el tabú comprendía los nombres de todos los jefes difuntos. En Nueva Zelanda el tabú transformó maripi, cuchillo, en nekra. Por lo que gracias que esta prohibición fue también transitoria, pues de lo contrario cada generación habría cambiado de lenguaje, pues hasta en la Grecia antigua no se podían nombrar a cuantos sacerdotes intervenían en los misterios de Eleusis. Ya sabemos que estos pueblos crearon dioses a su imagen, por lo que Xenófanes tuvo la ocurrencia de decir que los dioses de negros eran negros con nariz chata; los tracios rubicundos con ojos azules, y si los caballos, leones y bueyes fuesen religiosos, tendrían por dioses a caballos, leones y bueyes. Pero estos dioses humanos eran también muy celosos, y guardaban en secreto sus nombres, temiendo ser conjurados. Por eso en el antiguo Egipto Isis moldeó con tierra y saliva de Ra una serpiente, que mordió a Ra, le dejó cojo, y cuando el veneno le quemaba como fuego, consintió que su nombre pasase a Isis, a pesar de que era Khepera por la mañana, Ra a mediodía, y Atum por la tarde. Pues los magos evocaban a los dioses por sus nombres, y lo que llamaríamos teología egipcia permitía que los dioses se sometieran a los magos. La creencia en la virtud mágica de los nombres divinos fue compartida por los romanos, que cuando asediaban una plaza conjuraban a su deidad guardiana, invitándola a romanizarse. Por eso era tabú el nombre de la divinidad protectora de Roma, y fue asesinado Valerio Sorano por divulgarlo. Igualmente los antiguos asirios tenían prohibido mencionar el nombre místico de sus ciudades, e incluso los cheremis del Cáucaso mantienen secretos los nombres de sus aldeas comunales. Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jimenez Contactar mailto:rgjimenez@eresmas.com Código ISPN de la Publicación EpyuAZuppFEpSMcFXO Publicado Tuesday 30 de September de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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