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Magia y Religión: Reyes temporeros

Resumen: Las substituciones que hacían los reyes para librarse de la muerte originaron también otras, de muy corta duración, en las que unas veces el substituto muere, y otras no, y que no siempre suponían cese de las actividades del monarca reinante, pareciendo más bien ya folclóricas las del elegido por tan poco tiempo.

Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jimenez


 

            Las substituciones que hacían los reyes para librarse de la muerte originaron también otras, de muy corta duración, en las que unas veces el substituto muere, y otras no, y que no siempre suponían cese de las actividades del monarca reinante, pareciendo más bien ya folclóricas las del elegido por tan poco tiempo.

 

            A estos substitutos, cuyos reinados simbólicos duraban a veces sólo un día, llamamos reyes temporeros, aunque como verán no fueron reyes, sino figuras más o menos carnavalescas, por lo que muchos de ellos eran llamados reyes de risa, o de burlas.

 

                        Magia y religión

 

                                    XXXV. - Reyes temporeros

 

            La regia costumbre de nombrar substitutos, para librarse de ser asesinados, originó abdicaciones muy cortas de apenas tres días, en reyes que llamamos temporeros.

 

            Así el rey de Camboya, en el mes de Méac (febrero) abdicaba de todas sus funciones en un rey temporero, de sólo tres días, con título de Sdach Méac, el Rey de Febrero, que recaía en una familia lejanamente emparentada con la casa real, sucediendo los hijos a los padres, y los hermanos más jóvenes a los mayores; en un día favorable, fijado por los astrólogos, el rey temporero era llevado en procesión por los mandarines, montado en un elefante regio, sentado en el palanquín real, y escoltado por soldados que representaban a Siam, Anam y Laos. En vez de la corona dorada, y el cetro, llevaba un gorro blanco y picudo, y bastón de mando de madera. El tercer día ordenaba que los elefantes pisotearan un andamiaje de bambúes con gabillas de arroz, y todos se llevaban algo a casa, para asegurar buena cosecha. La parte que se llevaba al rey, era después donada a los bonzos.

 

            En Siam el sexto día de luna del sexto mes (finales de abril) se nombraba también un rey temporero, durante tres días, que asumía las funciones reales. Enviaba emisarios para confiscar lo que podía, y su principal misión era arar nueve surcos, para que la gente cogiera semillas que mezclar con las propias, y aseguraran una buena cosecha. Tras la siembra simbólica se daba a comer de todo a los bueyes, y lo primero que comían unos decían que era señal de que alcanzaría buen precio, y otros que malo. Durante todo este tiempo el rey temporero estaba recostado contra un árbol, con el pie derecho apoyado en su rodilla izquierda; por lo que se le llamaba el rey cojo, aunque su título oficial era Phaya Phollathe, Señor de las Huestes Celestes. Dirimía todas las disputas sobre tierras, arroz y agricultura. Durante otro corto reinado de tres días, en la temporada fría, segundo mes del año, era conducido a un explanada frente al templo de los brahamanes, donde había muchos pies de madera revestidos, semejantes a los palos mayos, en los que se columpiaban los brahmanes; y cuanto más alto subieran al columpiarse, más crecería el arroz. Mientras todos bailaban, el Señor de las Huestes Celestiales tenía que estar sobre un pie durante tres horas, subido en un asiento de ladrillo, cubierto de tela blanca, y revestido de tapices. Dos brahmanes asperjaban agua, para evocar lluvia y buena cosecha. Si el rey temporero dejaba caer el pie, se le confiscaban sus bienes, pues era señal de destrucción del Estado, y de inestabilidad en el trono. Si se mantenía firme, tenía derecho a coger lo que quisiera. Pero lo más litúrgico era que, mientras araba, todos se fijaban en el punto exacto de su pierna adonde alcanzaba el borde de su túnica de seda:si el Señor de las Huestes Celeste remangaba y sujetaba su vestidura por encima de sus rodillas el tiempo sería húmedo y grandes lluvias pudrirían las mieses; si la dejaba arrastrar hasta el tobillo, sequía; y si el dobladillo de su ropa colgaba, exactamente a mitad de su pantorrilla, buen tiempo y abundantes cosechas.

 

            En el primer día del sexto mes, comienzo de año en Samarcanda, se acostumbraba estrenar vestidos, cortarse el cabello y afeitarse las barbas. Después se tiraba con flechas a caballo, durante siete días, en un bosque cercano. El blando del séptimo día era una moneda de oro, y quien la atravesaba con la flecha era rey por un día.

 

            En el Alto Egipto el 10 de diciembre cada ciudad elegía gobernante, que llevaba gorro alto de payaso, y una larga barba de estopa, envuelto en manto estrambótico. Empuñando cetro, y rodeado de hombres disfrazados de escribas, era entronizado como gobernador, y presidía un tribunal de decisiones inapelables. Pero al tercer día era condenado a muerte, y quemado dentro de una concha. En Uganda quemaban a los hermanos del rey, ya que no era legal derramar sangre regia.

 

            Los estudiantes mahometanos de Fez, en Marruecos, nombraban en pública subasta un sultán por dos semanas, a principios de abril, al que llamaban Sultán t-tulba, el Sultán de los escribas. Quedaba libre de impuestos, con derecho a solicitar el perdón  de un preso. Entre lo que recolectaban y regalaba el Sultán verdadero se daban un opíparo banquete, se divertían y conseguían prolongar el jolgorio una semana más.

 

            En Lostwithhiel, Cornualles, el llamado domingo pequeño de Pasqua el hacendado de turno cabalgaba con corona en la cabeza, cetro en mano y un porta-espada, escoltado por los demás jinetes. Oía misa, y presidía después un banquete, en el que se le obsequiaba como príncipe.

 

            En Jambi, Sumatra, al comenzar cada reinado se nombraba rey a un campesino, por un día. En Bilaspore y regiones montañesas cercanas a Kangra tras la muerte del rajá un brahmán comía el arroz puesto en su mano, y ocupaba el trono por un año; fecha en el que se le desterraba, sin posibilidad de retorno. Durante la coronación de los príncipes de Carintia un campesino se sentaba en una roca de mármol, teniendo una vaca negra preñada a la derecha, y una yegua flaca y fea a la izquierda. Entonces aparecía el futuro príncipe vestido de campesino, y el campesino cedía al príncipe su asiento, tras recibir sesenta peniques, la vaca, la yegua y exención de contribuciones.

 

            Entre los antiguos prusianos la muchacha más alta, subida a un asiento y sosteniéndose con un  solo pie, con el delantal lleno de panes, una taza de licor en su mano derecha, y un trozo de corteza de olmo o tilo en la izquierda, oraba al dios Waizhanthos para que el lino creciera tal alto como ella estaba. A continuación hacía libaciones al dios con la taza, y tiraba los panes a los espíritus que le acompañaran. Si permanecía erguida sobre un pie toda la ceremonia, buena cosecha de lino; si dejaba caer el pie derecho, mala.

 

            Entre la Pascua de Resurrección y el día de San Juan (solsticio de verano) los rústicos letones de Rusia también dedicaban sus horas de ocio a columpiarse, y cuanto más alto se columpiaban más crecía el lino.

 

            Los astrónomos anunciaron al Sha Abbas el Grande de Persia, en 1591, un grave peligro, que el Sha desvió nombrando substituto, por tres días, a Yusuf, probablemente cristiano. Al tercer día fue condenado a muerte, y como así se cumplió el vaticinio astrológico, el Sha volvió a reinar, pronosticándole ya los astrólogos un largo y glorioso reinado.

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Publicado Tuesday 30 de September de 2003

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