Monografias | La monarquía sagrada

La monarquía sagrada

Resumen: Todas estas civilizaciones neolíticas no sólo divinizan la naturaleza, sino lo que la propia Iglesia Católica siempre ha llamado Poder, diciendo que venía también de su Dios.

Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jiménez


 

            Todas estas civilizaciones neolíticas no sólo divinizan la naturaleza, sino lo que la propia Iglesia Católica siempre ha llamado Poder, diciendo que venía también de su Dios.

 

            Porque así convenía a la casta sacerdotal, Iglesias después, se sacralizó el poder, en una u otra forma, porque así el rey o faraón quedaba sometido al mayor poder sacerdotal, al ser instrumento del culto. El rey o faraón, Emperador cristiano o católico después, es el todo frente al crédulo pueblo, los súbditos, y la nada frente al poder religioso que le corona y sostiene. Pues faltas, incluso leves, excomulgan al poder civil, incluso en la Europa cristiano-católica anterior a Napoleón.

 

 

                        La religión, invento neolítico

 

                                    V. - La monarquía sagrada

 

            En unas civilizaciones que divinizan los rios, y todos los fenómenos de la naturaleza, la monarquía tenía que ser también sagrada, probablemente porque así convenía no sólo al monarca, sino a los inventores de dioses. Pues es obvio que cuando el monarca no se comportaba como el dios o representante del dios, los sacerdotes se encargaban de destituirlo, apelando al pueblo, que es que creía en todas estas divinidades.

 

            El rey era, pues, en todas estas civilizaciones que llamo neolíticas, el que estaba en relación más íntima con la divinidad. Particularmente en Egipto, donde antes de su unificación, cada nomo o distrito fue gobernado por su dios particular como rey.

 

            En las primeras dinastías estos reyes divinos fueron ya algo más humanos, pues pasaron a ser encarnaciones divinas, concretamente de Horus; pero la diferencia no es mucha, porque la encarnación suponía heredar y poseer todos los atributos divinos, que como saben son puros inventos. Pero la creencia es creencia, y por eso aún existen estas clases de dioses.

 

            El que algún supuesto listo hable en nombre de estos inexistentes dioses, como sucede en la Bíblia, por poner un ejemplo, es también invento de los sacerdores egipcios, que redactaron libros diciendo Yo soy AtumYo soy Re… y así hasta unos tres mil dioses, dependiendo de la ciudad o tribu.

 

            Los faraones fueron considerados, por eso, hijos físicos del dios solar Re, considerado igual a Atum, dios de Heliópolis. Que había brotado de las aguas primigenias (Nun) en forma de ave fénix, suponiéndose que Ptah había instalado a los dioses en los templos, y a los faraones en el trono.

 

            La coronación se efectuaba en Menfis, con ritual presidido por Ptah (un dios), creyendo todos, menos los sacerdotes inventores, que los faraones salían del cuerpo del dios sol (Re), y al morir volvían a ser otro dios (Osiris).

 

            Era también Amon-Re, encarnado en el faraón, quien visitaba a la reina, incluso para dejarla embarazada, al menos cuando se necesitaba heredero.

            Se creía también que Osiris había vivido como primer rey civilizador y vitalizador de Egipto; y que perpetuaba su reinado, ya que cada faraón se identificaba con él tras la muerte, recibiendo mayor culto que en vida, en la que reinaba como hijo de Horus.

            El faraón reinaba además como pastor del país, protegiendo la vida de su pueblo, y ahora comprenderán también la originalidad de los Evangelios, ya que los sacerdotes, de todas las confesiones cristianas, con pastores: ”apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas”.

 

            El faraón llegó a ser encarnación de todos los dioses, por lo que el politeísmo era en la práctica monoteísmo.

 

            Esta plenitud de divinidad dio al trono de los faraones lo que las religiones llaman gloria, pues era servido como dios, era el único oficiante en cada templo, excepto cuando delegaba en algún sacerdote, presidía la administración del Estado, era el jefe de los ejércitos, etc.

 

            Heredaba el trono el hijo mayor, pero si no había hijo, se hacía de la hija hijo, como sucedió con Hatshepsut, tras ceremonia litúrgica, en la que Amon-Re cohabitó con la reina madre, para que la hija fuera hijo, porque en ella se encarnó también Amon-Re.

 

            La coronación de los faraones solía ser el primer mes de invierno, por la identificación de fe que había entre monarquía y agricultura. Por eso, cada 30 años, si vivía, el faraón tenía que renovar su reinado, en el festival de Sed.

 

            Antes de la coronación el faraón visitaba las principales ciudades, y en todas era Horus.

 

            En la coronación se le imponía la corona, con sus dos plumas predinásticas, mientras dos mujeres entonaban himnos funerarios, representando a las diosas Isis y Nefitis. Los sacerdotes representaban a Toth, Horus y Seth, y nadie se preguntó cómo Horus podía ser el faraón y el sacerdote oficiante. Naturalmente, había también otra amplia cantidad de sacerdotes, representando a otros dioses.

 

            Al vestir al faraón por las mañanas, se le purificaba como en la coronación, y le daban a masticar bolas de bicarbonato, para celebrar su nacimiento como el sol del día que decían era. Y en los templos todas las mañanas, al amanecer, las imágenes del culto solar eran también aspergadas, incensadas, ungidas y coronadas con la diadema real del Alto Egipto, ofreciendo a la imagen solar el látigo, el cayado y el cetro. Dios, faraón e imágenes de los templos eran lo mismo, y recibían el mismo culto.

 

            Min era el dios de la lluvia y las cosechas, y por tanto el faraón oficiaba ritualmente en sus templos, para implorar la prosperidad de Egipto.

 

            Mesopotamia estaba dividida en ciudades-estados, gobernadas por un lugal (hombre grande), en Sumeria; o un sangu mah (gran sacerdote), o un ensi (gobernador). El rey no era tan divino como en Egipto, pero también la monarquía había descendido del cielo, antes del diluvio. Los reyes gobernaban, pues, por privilegio divino, se llamaban también pastores del pueblo, y como eran gobernantes o reyes “de las cuatro partes del mundo”, el título real implicaba gobierno universal, como Anu, Enlil y Shamash en el cielo.

 

            En Babilonia la trinidad eran Marduk, Anu y Enlil, y sus reyes eran mayordomos de Marduk, y tras su muerte eran encarnaciones de Tammuz.

 

            Que, generalizando, son los sacerdotes los inventores de dioses inexistentes, pero

creídos por millones de fieles, lo confirma el hecho de que, en Mesopotamia, el favor de los dioses podía ser retirado a los reyes en cualquier momento y con cualquier pretexto, si así convenía a los sacerdotes.

 

            Los reyes, en Mesopotamia, no eran por tanto encarnaciones divinas, aunque estaban provistos de divinidad, mientras los sacerdotes le dejaban ser reyes. El urigallu (gran sacerdote) de cada templo lo organizaba, y presidía el culto (ritos estacionales), oraciones, fórmulas mágicas, exorcismos, e interpretación de agüeros. Desde el 2072 a. C.  sólo fueron divinizados los reyes que eran invitados por la Diosa a compartir su lecho. Por lo que el rey era considerado servidor de la diosa, su instrumento en la Tierra.

 

            En Siria Baal, en cuanto Tammuzi, empobrecía la tierra cuando descendía al país de los muertos; y los reyes divinos ejercían dominio sobre las cosechas. La muerte del dios se identificaba con la aridez, y las lluvias suponían la victoria de Tammuzi sobre sus enemigos: Yam, dios del mar y de los rios; El primero, y después Athar, dios de los manantiales y pozos, etc. Para implorar bienestar había que sacrificar ovejas, bueyes, toros, cabras, ciervos y burros en el Monte Sapan. Mot era el culpable de la aridez, y Baal de la vegetación. Teóricamente el rey procedía de El,  cuando enfermaba producía sequía, y cuando sanaba llovía.

 

            Yaweh no fue originariamente dios de la vegetación, sino del desierto, por lo que en Canaan se produjo un enfrentamiento entre yavistas y baalistas. Gedeón fundó una monarquía hereditaria en Ofra, con satuario a Yaweh y su estatua chapada en oro, pero Baal, y sus ritos y mitos de vegetación, nunca desaparecieron en estos tiempos que estudio. El y Baal eran dioses de la tormenta, y con el tiempo Baal fue absorbido por Yahweh, con el Arca de la Alianza como objeto principal de culto.

 

            Palestina era el país de Yahweh, y la protección divina dependía de la observancia del culto. El rey David fue considerado ungido e hijo adoptivo de Yahweh, y su hijo Salomón construyó el Templo de Jerusalén, pero los reyes hebreos gobernaban por permisión divina y voluntad popular. El pacto tradicional de Abraham fue interpretado como mashiakh (Mesías), y este término se aplicó a reyes, sacerdotes, o incluso a Ciro, Zorobabel, Jesuá (hijo de Josadec), y Simón Macabeo. Al final tomó un sentido escatológico, más bien como Melquisedec (justicia y prosperidad).

 

            Ningún rey hebreo se consideró encarnación de Yahweh, pero el bienestar de Israel se relacionó con el del rey, como en todas estas civilizaciones.

 

            El gran sacerdote era el guardián del templo y del culto, y tanto Israel como Judá terminaron siendo teocracias, con las funciones civiles y eclesiásticas del gobernante combinadas con los oficios sagrados.

 

            En Anatolia los príncipes anteriores a los hititas fundaron una cultura sedentaria a mediados de la Edad del Bronce, y los príncipes eran también sacerdotes, con Anitta como figura legendaria, y Labarna como primer rey hitita. Sus reyes no eran considerados divinos en vida, aunque sí estaban dotados de poderes sobrenaturales, por simples creencias. Los principales dioses fueron Nerik, dios de la tormenta; Arinna, diosa solar; e Isthar, patrona. La reina era sacerdotisa de la Diosa Madre, y podía ser regente.

 

            En todas estas civilizaciones el rey era el titular a la hora de ofrecer sacrificios y libaciones a los dioses, y la prosperidad de la monarquía está ligada a la del pueblo. Las calamidades se atribuían a negligencias reales en el cumplimiento de sus deberes sacerdotales. Inicialmente la asamblea de ancianos ejercía jurisdicción incluso sobre la conducta real, pero más tarde todos estos reinos fueron feudales, con el rey como divinidad suprema. Los reyes hititas no eran de ascendencia divina, aunque sus títulos sí fuesen sagrados.

 

            En el Egeo e islas adyacentes también hubo monarquía sagrada, y en Creta el palacio real era edificio sagrado, con culto especial a la Diosa Madre. Minos, por ejemplo, fue rey divino, hijo de Zeus y de Europa, hija ésta de Agenor, rey de Tiro, a la que Zeus raptó y llevó a Creta bajo la figura de un toro. Minos se casó con Pasifae, hija del dios solar Helios.

 

            En Micenas los templos de Hera y Atenea se construyeron sobre las ruinas de palacios reales, y los jefes micénicos fueron guerreros, constructores de ciudades fortificadas. A su muerte se les daba en los templos una habitación perpétua, por lo que también pueden ser considerados reyes sagrados.

 

            Los misterios de Eleusis fueron de origen micénico, a cargo del arconte de Atenas, que tenía título de rey; auxiliado por los eumólpidas y quérikes, de origen real. Bajo la monarquía minoico-micénica yace el culto a la Diosa Madre y al Dios Joven, y los arcontes tenían que casarse con una doncella ateniense cuidadosamente elegida, que el 12 de febrero tenía que contraer matrimonio sagrado con Dionisos, siendo probable que fuese también en esta fecha en la que se casaba con el arconte.

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Publicado Tuesday 23 de September de 2003

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