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Magia y religión: Magia, ciencia y religión

Resumen: Escrito en el que resumo lo que es magia y religión, relacionando magia y ciencia, no porque sean lo mismo, sino porque ambas operan mediante asociaciones de ideas, y creen fijas e inmutables las leyes de la naturaleza, diferenciándose en que la magia es una asociación incorrecta de ideas, y la ciencia, cuando opera con experimentos, que es lo suyo, opera con asociaciones ya más correctas.

Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jiménez


 

Escrito en el que resumo lo que es magia y religión, relacionando magia y ciencia, no porque sean lo mismo, sino porque ambas operan mediante asociaciones de ideas, y creen fijas e inmutables las leyes de la naturaleza, diferenciándose en que la magia es una asociación incorrecta de ideas, y la ciencia, cuando opera con experimentos, que es lo suyo, opera con asociaciones ya más correctas.

 

            Quiero ser lo más breve posible en cada capítulo, por lo que me limitaré a lo principal, evitando incluso erudiciones, para que sean más accesibles al público estos escritos.

 

            Pero no por ello he de comulgar con creencias que, aunque mayoritarias, yo he abandonado desde los años cincuenta, habiendo pasado por loco, cuando en realidad siempre haya tenido más de genio, si por genialidad entendemos originalidad.

 

 

                        Magia y religión

 

                                    I. - Magia, ciencia y religión

 

            La magia es anterior a la religión, pero no muy distinta, pues ambas tienen y siempre han tenido por objeto relacionarse con lo desconocido, con lo que la religión sigue llamando sobrenatural, la magia creyendo que el universo está regido por leyes inmutables, que actúan mecánicamente, y la religión inventando que está regido por seres conscientes, por otra especie de hombres, con los que es posible la conciliación, la magia mediante conjuros, amenazas e intimidaciones, y la religión mediante súplicas que llama oraciones, cuando no por sacrificios, que durante muchos siglos fueron cruentos, generalmente mediante la ofrenda de animales, y en religiones concretas mediante sacrificio de seres humanos.

 

            Después, y durante muchos siglos también, magia y religión convivieron, no sólo entre los pueblos que llamamos primitivos, sino en las grandes civilizaciones neolíticas y urbanas, como eran las asentadas en las orillas de los grandes ríos, en la India, Mesopotamia y Egipto.

 

            Magia y religión están, por tanto, inseparablemente unidas en la India, tanto en ritos como en creencias, y en el antiguo Egipto la magia era el verdadero fundamento de su religión, lo que se observa también en la Biblia, especialmente en lo que se refiere a los portentos, milagros y actos sobrenaturales que se atribuyen tanto a Moisés (Antiguo Testamento), como a Cristo, santos, etc.  en el Nuevo. Siempre pensé, por eso, que los milagros atribuidos a Cristo en los Evangelios eran simple magia, hasta que después he creído más bien que son puros inventos.

 

            Incluso hoy día se pueden ver en muchas civilizaciones que quienes desean obtener algún favor de algún dios lo sujetan y detienen mediante ritos, sacrificios, oraciones o encantamientos, para obligarles a conceder lo que le imploran.

 

            A finales del s. XIX en Francia, por ejemplo, la mayoría de sus campesinos creían que los sacerdotes poseían poderes irresistibles y secretos con los que, aunque no fueran lícitos, podían alterar las leyes del mundo físico. Los vientos, las tormentas, el granizo y la lluvia estaban a su disposición y obedecían su voluntad. Incluso el fuego se extinguía por voluntad sacerdotal, y por eso cobraron fama las misas llamadas del Espíritu Santo, de eficacia tan milagrosa que jamás encontraban oposición en la divina voluntad: Dios se veía forzado a otorgar lo que se le pidiera de esta forma, por inoportuna y temeraria que fuera la petición. Los sacerdotes seculares eran reacios a celebrarla, pero los monjes no tanto, especialmente los capuchinos. Como el miedo a las fuerzas de la naturaleza es lo que ha creado la religión, la ya culta Europa no se diferenciaba en esto mucho del antiguo Egipto, aunque los egipcios no recurrían para estas prácticas a los sacerdotes, sino a los magos. En esos años se creía en Provenza que los sacerdotes podían impedir las tormentas, y en esos supuestos poderes residía el prestigio del clero.

 

            Pero lo curioso es que los campesinos gascones, cuando querían vengarse de sus supuestos enemigos, inducían a sus sacerdotes a que dijeran una antimisa que llamaban de San Secario, y que había de celebrarse en un templo en ruinas o abandonado, acompañado el sacerdote de su barragana, concubina o manceba, para que le sirviera de acólito o monaguillo. La misa se celebraba, exactamente, de once a doce de la noche, la hostia que se bendecía era negra, no se consagraba vino, y en su lugar bebía el sacerdote agua de un pozo en el que se decía que se había ahogado un recién nacido sin cristianar, sin recibir el bautismo. El sacerdote hacía la señal de la cruz en la tierra, con el pie izquierdo, y la misa se farfullaba al revés, desde el final al principio. Y dicen que con estas misas el enemigo contra el que se aplicaba la misa se debilitaba poco a poco, hasta morir lentamente, sin que médico alguno pudiera remediarlo.

 

            La magia, como después la ciencia, han creído siempre en la uniformidad de la naturaleza, y el mago siempre ha creído que las mismas causas producían los mismos efectos, por lo que la ejecución de ciertas  ceremonias, acompañadas de los conjuros apropiados, producían inexorablemente los resultados deseados, si sus encantamientos no eran desbaratados y contrarrestados por los conjuros, más potentes, de otro hechicero. Mago era, en consecuencia, quien conocía los secretos de la naturaleza, las causas de las cosas y aconteceres, y podía manejar, por creencia, los resortes secretos que ponen en movimiento al universo. Y cuando esta fe en el mago decayó, la magia fue substituida por la religión, que ya no pretendía obligar a los dioses, sino simplemente hacerles propicios a las necesidades humanas.

 

            La magia se ha sustentado, por tanto, en la asociación de ideas por semejanza (magia homeopática o imitativa), o en la asociación de ideas por contigüedad en el tiempo o en el espacio (magia contaminante o contagiosa). Por eso la estoy relacionando con la ciencia, muy posterior a religiones y magias, pero muchas veces no más verídica, cuando infiere lo que desconoce de lo que experimenta, como sucede con el universo, al que la ciencia aplica conceptos que no difieren mucho de cualquier mito religioso. Con todo podemos decir que las asociaciones de ideas a las que nos hemos referido, si están correctamente aplicadas producen ciencia, y si se aplican incorrectamente producen magia, con lo que la magia viene a ser hermana bastarda de la ciencia.

 

            Para relacionar magia y religión debemos definir primero  la religión como propiciación o conciliación de los poderes que se creen existentes y superiores al hombre (dioses, santos, etc. ), y que se cree que dirigen y gobiernan el curso del universo, la naturaleza y la vida humana. Y aún tenemos, hoy día, al Papa rogando a sus dioses trinitarios que llueva, cese cualquier calamidad pública, etc.

 

            Objeto de la religión es complacer a las divinidades que ha inventado, y como son los sacerdotes y profetas, por centrar en ellos a los autores sagrados, los que inventan religiones, en unas se aplaca a los dioses con sacrificios, más o menos  cruentos, en otras con caridades y buenas obras, cánticos de himnos en todas, y humos de incienso.

 

            La religión implica primero creer en seres sobrehumanos que rigen lo que llaman mundo (universo), y después en la pretensión de atraer su favor. La religión cree, por tanto, que el universo es regido por seres conscientes y personales, por hombres como yo digo, mientras la magia cree más bien que es regido por seres inconscientes e impersonales. La religión es, por eso, conciliación del ser humano con los poderes sobrehumanos o sobrenaturales que ha inventado, mientras la magia pretende dominar poderes que cree inmutables, apelando a conjuros, hechizos, encantamientos y espíritus que tampoco existen. La magia coacciona a sus dioses, mientras la religión sólo intenta aplacarlos. Pero religión y magia creen que pueden manejar, más o menos, sus propios inventos.

 

            En el antiguo Egipto, por ejemplo, los magos proclamaban su poder de obligar a los dioses a que realizaran sus mandatos, amenazándolos incluso con la destrucción en caso de desobediencia, lo que prueba que sacerdotes y magos eran unos y los mismos, y que sabían que los dioses eran sus inventos. Por eso el hechicero declaraba que diseminaría los huesos de Osiris, o revelaría su leyenda sagrada, si el dios se mostraba rebelde. De igual modo en la India, al menos hasta tiempos muy recientes, la trinidad hindú, (Brahma, Vishnú y Siva), está subordinada a los brujos, que por medio de sus conjuros (mantras) creen ejercer poder y autoridad sobre ella, hasta obligarla a ejecutar sumisamente todo lo que le manden los hechiceros.

 

            Este conflicto de principios entre magia y religión explica la hostilidad del mago con el sacerdote, cuando predominaba la magia, y del sacerdote con el mago, cuando predomina la religión: pues tanto magos como sacerdotes siempre se han creído intercesores y mediadores entre sus inventados dioses y sus crédulos fieles. Y no olvidemos que durante muchos siglos magia y religión, magos y sacerdotes, fueron unos y los mismos, propiciando los sacerdotes la buena voluntad de sus dioses mediante sacrificios y oraciones, y los magos mediante conjuros y hechizos, ambos mediante ceremonias, más o menos litúrgicas. Durante estos largos siglos se practicaron, pues, simultáneamente ritos religiosos y mágicos, que es lo que sigue sucediendo en muchos pueblos que seguimos llamando primitivos. Los aborígenes australianos, por ejemplo, practican la magia, aunque no son religiosos, y la confusión entre religión y magia, en la Europa de finales del XIX, hacía que se encontraran en Escocia imágenes de madera taladradas con alfileres, para matar, mediante magia, a algún odiado hacendado o predicador; o se quemaran en Irlanda a mujeres consideradas brujas, o se despedazara y matara en Rusia a doncellas para fabricar con ellas candelas de sebo humano, a cuya luz esperaban los ladrones hacerse invisibles.

 

            Las inteligencias perspicaces, que no los pueblos, percibieron primero la falsedad de la magia, y después la idéntica falsedad de las religiones. Se perdió, pues, fe en la magia cuando la mayoría comprendió que no manejaba a placer las fuerzas de la naturaleza que decía dominar, como se está perdiendo la fe en la religión en Europa, a partir del siglo XVIII, cuando el Estado dejó de ser Iglesia, y ambos de imponer teocracias sagradas. Recuerden que magia y religión han tenido éxito cuando se las creía causas de que soplasen los vientos, relampaguearan los rayos, o retumbaran los truenos; las que habían construido nuestro planeta, y todo el universo; las que alimentaban a hombres, animales y aves; las que fertilizaban el suelo, hacían surgir las selvas, brotar manantiales, infundir vida mediante soplos en las narices de un muñeco de barro, o evitar hambres, pestilencias y guerras.

 

            Religión y magia han sido siempre sumisión humana a divinidades o conjuros inventados por el hombre, siendo estos inventores sacerdotes o magos. Y ambas se han desprestigiado cuando algunos hombres pensantes descubrieron sus falacias, y la mayoría de los pueblos pasaron de creyentes a críticos, con peligro de muerte para los pensadores, pues en realidad los crédulos pueblos han sido siempre más fanáticos, y numerosos, que las Iglesias y sectas mágicas. Recuerden que incluso los esenios, coinventores del cristianismo, creían ayudar al sol a que saliese con sus oraciones, igual que muchos coetáneos, y posteriores, creían que el sol salía cuando ellos encendían una vela; o que surgía la primavera cuando se vestían de verde.

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Publicado Tuesday 23 de September de 2003

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