Monografias | Adivinación, astrología y profecíaAdivinación, astrología y profecíaResumen: Escrito en el que resumo los trucos adivinatorios de las civilizaciones neolíticas, basados en una pseudociencia que llamamos mántica. Escrito en el que resumo los trucos adivinatorios de las civilizaciones neolíticas, basados en una pseudociencia que llamamos mántica. También la tosca, pero comprensible, astronomía y astrología de estos tiempos históricos, inventores ya de Zodíacos y horóscopos. Las relaciones de la adivinación con la medicina; oráculos, y profecías adivinatorias. Como hay quienes siguen viviendo de técnicas de adivinación parecidas, porque alguien las sigue creyendo y pagando, no estamos tampoco muy lejos del neolítico en cuanto digo en este escrito. La religión, invento neolítico IX. - Adivinación, astrología y profecía La religión neolítica, totalmente falsa, como todas las religiones hasta la fecha, contó con adivinos, astrólogos, videntes y exorcistas para interpretar signos y augurios, sueños y movimientos de los cuerpos celestes, dictar oráculos y dar a conocer las revelaciones, en la creencia de que los inexistentes dioses empleaban hombres inspirados para transmitir su poder y voluntad a los hombres. La tradición mántica se desarrolló así como una pseudociencia, bajo tales adivinos y videntes, que a menudo por una auténtica fuerza oculta, estimulada por un entrenamiento técnico, revelaban saberes misteriosos, o determinaban el curso de los sucesos, mediante experiencias de éxtasis y visiones, portentos, augurios, auspicios, hepatoscopia y pronósticos astrológicos. La tradición mántica se relacionaba con los agüeros, sueños y oráculos, pero también, en algunos casos, con funciones sacerdotales en los templos, capillas y santuarios, la incubación, los trances y las más crudas formas de éxtasis y locura sagrada. Así, pues, el oficio del vidente estaba estrechamente relacionado con el de adivino, ya que la palabra se consideraba medio de comunicación verbal con la divinidad, mediante un cambio sacramental de voces entre el locutor humano y el auditor divino: pero no existiendo estos dioses, mal pueden ser ciertas estas adivinaciones. La supuesta revelación, recibida directamente por medio de éxtasis o visiones, o por cualquier otra forma de manifestaciones proféticas, se daba a conocer como enunciación de un oráculo divino, teniendo una validez absoluta para el creyente, y ninguna para el no creyente, pero en estos siglos eran todos creyentes. Era suficiente expresar una fórmula sagrada, una exclamación ritual, la repetición de la sílaba OM, o el canto de los himnos védicos, para ejercer influencia en la India, tanto sobre los dioses como sobre los creyentes. Se aseguraba así la buena voluntad de los inexistentes dioses, y dicen que se los obligaba a conceder beneficios a sus fieles, como respuesta a los servicios que recibían del culto. Pero estarán adivinando que seguimos en el terreno de las creencias religiosas: se cree al adivino, como se creyó en el inventor de dioses. Fue en Grecia y Mesopotamia donde más se practicó la adivinación y la mántica, tanto en los cultos oficiales, como en augurios privados, que se conseguían a precio módico. Los templos de Babilonia estaban dotados de adivinos, echadores de cartas, exorcistas y astrólogos, ya desde la época sumeria. A este período pertenece el más antiguo manual de astrología; y en la visión sumeria del diluvio Ziusudra o Utnapishtim utilizan prácticas adivinatorias, así como algunos reyes de la época: Emmeduranki de Sipur, por ejemplo. Se adivinaba vertiendo aceite sobre agua, o mediante las entrañas de animales. Barû eran videntes acadios, especializados en oráculos, sueños y visiones. Practicaban la hepatoscopia (hígado de un carnero sacrificado), hidromancia (adivinación mediante agua), lecanomancia (mediante aceite), o mediante augurios fisiognómicos, vuelo de las aves, visiones nocturnas, etc. Los sabrû eran funcionarios que interpretaban sueños y oráculos por incubación. Y los asipu sacerdotes mágicos y exorcistas. La hepatoscopia inspeccionaba los lóbulos superiores e inferiores del hígado, sus apéndices, la vesícula biliar, los conductos cístico y hepático, la vena y la porta hepatis. Las señales de la derecha del hígado se consideraban de buen augurio, y las de la izquierda de malo; una vesícula hinchada indicaba aumento de poder, y una depresión en la porta pérdida. La hepatoscopia pasó desde Babilonia y Asiria a los haruspices etruscos, y de éstos al mundo romano. También se practicaba en Israel, según demuestra la Bíblia. Los hititas la difundieron por Palestina y Antolia, y después por el mundo griego y romano. También se obtenían augurios de la posición, aspecto y color de las entrañas, condiciones del corazón, riñones, vesícula; vuelo de las aves; eclipses; condiciones atmosféricas inusuales; grandes tormentas, etc. Los signos celestes impulsaron observaciones cada vez más cuidadosas del firmamento, y la luna fue el primer astro en ser observado. La concurrencia del sol y la luna era observada del 12 al 20 de cada mes, y se interpretaba como caída de dinastías y otros sucesos desfavorables. Alrededor del día 14 significaba prosperidad. La repetición periódica de cuerpos y fenómenos celestes se registraba en tablas, y así nació la astrología. El año estaba ya dividido en meses, y los astrólogos caldeos inventaron ya el Zodíaco. Los cinco planetas con nombres de divinidades romanas fueron ya Isthar, Nabu, Nergal, Marduk y Ninib en Mesopotamia. Las princiales constelaciones griegas son también de origen mesopotámico. Hubo calendarios de los días favorables, y los astrólogos reales predecían calamidades, mediante cambios de las nubes y la posición de planetas y estrellas. Un eclipse lunar, por ejemplo, en el mes de Nisan, durante la primera hora de guardia, significaba desgracias; si ocurría en el mes de Iyar, moriría el rey, sin ser sucedido por el hijo; si era en el de Tammuz, la agricultura prosperaría, y los precios subirían; si acontecía en el de Ab, el dios Adab mandaría una inundación; si el dios Adab tronaba en el mes de Nisan, cesaría el poder del enemigo; si ocurría en el de Tammuz, la agricultura prosperaba. Los eclipses de sol eran de mal augurio, en diversos grados según el mes. Las estrellas, el sol, la luna y los planetas determinaban los destinos humanos, en lo que aún llamamos horóscopos, aunque todos sabemos lo que aciertan. Los asirios hacían mucho uso de medicinas, incluyendo drogas de origen vegetal y animal, pero se curaba principalmente por magia, mediante un complicado sistema demonológico, con genios, fantasmas, vampiros y espíritus hostiles. De donde surgió el exorcismo, para auyentar a lo que se creía por magia. También se relacionó a los dioses con la medicina, y así Ea era curativo, o Marduk protegía contra ataques malignos. Ya los asirios modelaban con masa una efigie del enfermo, y la asperjaban e incensaban. Una cuerda especialmente trenzada con lana blanca y negra, y atada a las manos, pies y cabeza de un hombre que era víctima de una maldición, podía ser luego arrojada al desierto como rito purificador. Los exorcistas fueron muy famosos en Babilonia y Asiria, pero se les imponían multas o castigos corporales si la curación salía mal. En Egipto las enfermedades y heridas se atribuían a agentes diabólicos, o espíritus malignos. Durante ciertos días y horas, y en determinadas estaciones, se pensaba que estas influencias eran más activas. Ni siquiera los dioses estaban libres de ellas, y en los libros y papiros egipcios hay fórmulas para devolver la salud a divinidades enfermas. Pero quienes podían obtener información mediante los dioses fueron los que fundaron la medicina egipcia, y sus técnicas terapeúticas. El sacerdote-médico Sunu, por ejemplo, ejercía sus funciones manejando las divinidades curativas por una parte, y los demonios de la enfermedad por otra. Los oficios de sacerdote, mago y médico se combinaban frecuentemente en una persona en Egipto. En el santuario de Ptah, en Menfis, los oráculos terapeúticos se conseguían mediante sueños, y así se revelaban también remedios a los que pernoctaban en los templos. Pero fue sobre todo en Grecia donde se desarrolló el culto de Asclepio, en la Argólida y otros lugares, cuando se relacionó con el de Apolo en Delfos, donde la incubación fue reconocida como elemento esencial de la medicina mágica. Los enfermos iban al santuario de Epidauro, a dormir en el templo de Asclepio, tenían visiones durante la noche, y dicen que se despertaban curados. El ciego, por ejemplo, era tocado por el dios, y le limpiaba los ojos; entonces salían dos grandes serpientes, y le lamían los párpados: con lo que recuperaban completamente la vista. Un paralítico de los dedos creyó estar jugando a los dados, y cuando iba a echarlos, el dios le tocó con la mano, y se le fue separando y enderezando los dedos uno por uno. Epidauro fue en Grecia lo que Lourdes en el catolicismo, y se debían hacer los mismos milagros. Por lo que he acertado al considerar mágicos todos los milagros evangélicos. En el templo romano de Esculapio también se practicó la incubación, a pesar de que ni la mántica ni los exorcismos estaban arraigados. Sí la adivinación mediante el vuelo o canto de las aves, rayos y relámpagos, sueños y pronósticos; hepatoscopia, etc. Muchas veces a cargos de magos y curanderos procedentes de Grecia, Asia Menor y Mesopotamia. Durante un millar de historia escrita griegos y romanos consultaron a la Pitia, la profetisa de Apolo, y le consultaban todo. La Pitia ejercía su oficio en estado frenético, vestida con largas ropas, con una cofia dorada y una diadema de hojas de laurel, antes de beber el agua sagrada de Casolis. Para asegurarse que era el día indicado, y los signos favorables, se echaba agua fría sobre una cabra, y se tomaba como indicación su temblor. Después la Pitia se sentaba en el trípode, colocado sobre una grieta o cueva de la que emanaba una nube de vapor, y a veces tenía que entrar en la cueva para aspirar ese vapor: aunque son noticias cristianas del s. IV d. C. , y por tanto difamatorias. Las respuestas de la Pitia eran glosolalia (palabras ininteligibles), y tenían que ser interpretadas por el sacerdote principal, y a menudo escritas en hexámetros, como oráculos de Zeus, dados a través de Apolo. El oficio de Pitia era tan sagrado, que la obligaban a separarse del marido, si estaba casada. Si era necesario prestaban sus servicios, en el mismo trípode, hasta tres Pitias. El culto procedía de Anatolia, tierra de chamanes, por lo que tenía caracteres extáticos. Como el templo de Apolo estaba muy relacionado con Dionisos, se introdujeron modificaciones apolíneas en la tradición orgiástica de los tracios. Bajo la influencia órfica, el templo de Apolo practicó culto a los héroes, y ritos a los difuntos. E influyó incluso en la doctrina platónica del cuerpo como sepulcro del alma (soma-sema), la preexistencia del alma, y la reencarnación. Las respuestas eran tan vagas, evasivas y ambiguas, que se necesitaban exégetas para descifrar su contenido. La Pitia declaró a Sócrates el más sabio de los hombres. Después de las guerras persas, en el s. V a. C. , Delfos perdió prestigio, por la parcialidad e inexactitud de sus oráculos. Durante la segunda guerra sagrada (357-346 a. C. ) fue despojado de sus tesoros por generales focenses, y con Filipo de Macedonia dejó de ser santuario central, aunque su oráculo favoreció a Alejandro Magno. Probablemente fue destruido en el terremoto del 371 a. C. , y no fue reconstruido. Los reyes helénicos despreciaban a la Pitia, y por lo general no consultaban su oráculo. En el 279 a. C. , durante las hordas celtas, se salvó el templo, y se instituyó la fiesta Soteria para agradecer a Zeus y Apolo su apoyo; pero las intervenciones de estos dioses fueron tan reales como las de Santiago Apóstol, en la Reconquista española. Los romanos consultaron el oráculo el 207 a. C. , al final de la guerra contra Aníbal. Y Ptolomeo IV (173-146). Con Trajano y Adriano volvió a ser un templo importante, así como con los Antoninos y Septimio Severo. Los cristianos atribuyeron su desprestigio por la encarnación y revelación de Cristo, pero no lo creo, porque todas las religiones y cultos son igualmente falsos. El cristianismo consideró diabólico estos oráculos, pero muchos Padres de la Iglesia, y autores cristianos, admitieron que las sibilas habían dado testimonio de Cristo. Estas sacerdotisas se extendieron por Grecia en el IV a. C. , procedentes de Asia Menor, y se las relacionó con los órficos antes de pasar a Italia, donde establecieron su más importante sede entre los colonos de Cumas, cerca de Nápoles. Allí tuvieron un templo el 493 a. C. , introduciendo los cultos de Deméter, Dionisos y Core, que latinizaron en Ceres, Líber y Líbera. Por lo que se les erigió un templo en la ladera del Aventino, en Roma, cerca del Circo Máximo, y se han encontrado profecías de este templo en el Capitolio de Roma (duoviri sacris faciundis). Cuando estas profecías fueron destruidas, en el incendio del Capitolio, 83 a. C. , Augusto envió emisarios a Eritrea para importar documentos sibilinos, que fueron depositados en el nuevo templo de Apolo del Palatino. En los siglos II y III d. C. incluso la Iglesia reconoció estos oráculos, aunque cristianizándolos. En el Concilio de Nicea el propio Constantino recurrió a estos oráculos, e incluso san Agustín colocó a la Sibila en la Ciudad de Dios. La tradición relaciona a Abrahan con manifestaciones divinas en el terebinto de Siquem, y la fundación del santuario de Betel se relacionó con incubaciones a Jacob, siendo corrientes revelaciones divinas en los santuarios de Berseva, Hebrón, Mambré y Ofra. En Madián se nos dice que encontró Moises a Yahweh en forma de zarza ardiente, que no se consumía. Y en montañas sagradas, como las del Sinaí u Horeb, se nos dice que Moisés y Elías vieron a Yahweh, y hablaron con él, sin intermediaroios, lo que vuelve a demostrar la veracidad de la Bíblia, en la que la palabra de Yahweh es lo que la hace ser creída. Durante la ocupación árabe persistieron en Palestina santuarios locales, con sus árboles sagrados, sus fuentes, sus alineamientos megalíticos, sus mazzehah o gilgal (círculos de piedra), sus capillas, etc: pero el Islam es también religión de Libro, visto en las estrellas. La profecía cultual es la base de la Bíblia, a cargo de profesionales del éxtasis (Cobnim y Nebi´im), en los santuarios de Betel, Gibea, Rama, Jericó y Carmelo. Son idénticos a los visionarios mesopotámicos (makku), aunque los profetas de Israel (nabí) se diferenciaron de los sacerdotes, por ser independientes y no ejercer cargo público. Decían que eran poseídos por el espíritu (ruach) de Yahweh, en éxtasis, aunque a algunos le abandonaba, a veces, la inspiración divina. Se atribuyen a Eliseo muchos milagros, y Elías fue un hacedor de lluvia, desempeñando el mismo papel que el Al-Jidr (Hombre Verde) de la tradición popular; aunque también tuvo éxtasis. Los profetas escritores hebreos veían también las palabras que tenían que comunicar, por supuesto en visiones, y se sentían también poseídos por el espíritu de Yahweh, obligados a pronunciar palabras que consideraban oráculos divinos, así como revelaciones recibidas en visiones. Son los que hacen hablar a Yahweh, en lo que yo llamo literatura. Todos los profetas condenaron los cultos sincréticos, y mediante ellos Yahweh pedía a su pueblo obediencia total y cumplimiento riguroso de sus Leyes. Mediante psicosis sobrenaturales son los que en realidad escriben la Bíblia, pues conocían la voluntad y pensamiento de Yahweh, lo que vuelve a hacer de este dios un dios más del neolítico. Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jiménez Contactar mailto:rgjimenez@eresmas.com Código ISPN de la Publicación EpyuFVypyAprWcMyxj Publicado Tuesday 23 de September de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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