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Monografias | Magia y Religión: La sucesión al trono en el antiguo LacioMagia y Religión: La sucesión al trono en el antiguo LacioResumen: Escrito en el que resumo la forma en que se accede al trono en muchos pueblos arios de los primeros siglos históricos, que era por línea materna, pero obteniendo la mano de la princesa heredera en concurso público, generalmente carreras a pie o a caballo, siendo también muy probable que lo fuera mediante combates mortales. Escrito en el que resumo la forma en que se accede al trono en muchos pueblos arios de los primeros siglos históricos, que era por línea materna, pero obteniendo la mano de la princesa heredera en concurso público, generalmente carreras a pie o a caballo, siendo también muy probable que lo fuera mediante combates mortales. El Lacio, y por tanto Roma, no podía ser una excepción, y ahora ya comprendemos que fue un hecho histórico ascender al sacerdocio de Diana, en el bosque sagrado de Nemi, quien venciera y asesinara al sacerdote anterior. Pues este sacerdote desempeñaba funciones idénticas a las que después de abolida la monarquía van a desempeñar los reyes de los ritos sacros en Roma, el último de los cuales fue Julio César. Digo último porque le sucedió el Imperio, con Emperadores que accedían al trono por métodos similares al tan citado sacerdote de Nemi: ser asesinado por el jefe de su Guardia Pretoriana. XXV. - La sucesión al trono en el antiguo Lacio Sabemos que el rey romano, cuyas funciones sacerdotales fueron heredadas por el rey de los ritos sacros, representaba y personificaba a Júpiter, dios del trueno, del cielo y del roble; y, como tal, hacía que lloviera, tronara y relampaguera en bien de sus súbditos. Además no sólo imitaba a Júpiter ciñendo corona de hojas de roble, sino que se casaba religiosamente, en matrimonio sagrado, con la ninfa del roble Egeria, forma local de Diana en el bosque sagrado de Nemi. En estas tribus latinas, con ocho reyes, aunque el primero, Rómulo, se decía descender de la casa real de Alba Longa por línea masculina, ninguno de los restantes fue hijo del rey anterior, sólo uno lo fue por línea materna, y tres (Tacio, Tarquinio Prisco el Antiguo y Servio Tulio) fueron heredados por extranjeros, o de linaje extranjero. Y, como en Grecia y pueblos anteriores el matriarcado precedió al patriarcado, suponemos que el derecho al trono en el antiguo Lacio se transmitía por línea femenina, aunque quienes verdaderamente reinaran fueran sus consortes, elegidos por concursos, y concretamente mediante carreras, como luego veremos. Por carreras, o en combates mortales. Las leyes, o al menos costumbres, de sucesión en el trono del Lacio debieron pues basarse en 1)la exogamia (matrimonio con alguien de clan distinto); 2)el casamiento beea (abandonar el pueblo de nacimiento y vivir en el de la esposa), y 3)matriarcado (transmisión de nombres de familia por la madre). El centro político y religioso debió ser el fuego perpetuo del hogar del rey, atendidos por las vestales del clan regio. El rey sería de otro clan o pueblo, casado con la hija de su predecesor. Los hijos heredaban el nombre de su madre, las hijas quedaban en el hogar, probablemente como vestales, excepto la que se casara con el sucesor, y los hijos en edad de contraer matrimonio tendrían que marchar a casarse fuera del Lacio, y residir en el país de su esposa, como reyes o particulares. Y me interesa resaltar la leyenda que cuenta que los reyes latinos nacieron de madres vírgenes y padres divinos, porque es un claro antecedente del inventado nacimiento de Cristo, con la peculiaridad de que en el Lacio padre divino significaba desconocido. Este desconocimiento del padre ya pudo suponer cierta relajación en las costumbres sexuales de las princesas latinas, en parte por la práctica de las saturnalias, de las que derivaron los “árbol mayo” que ya conocemos, con hijos del dios en cuyo honor se celebraba la fiesta. Relacionada con estas saturnalias estaba el festival de holgorio y embriaguez que celebraban los plebeyos y esclavos de Roma el día solsticial (23 de junio), que la sabia Iglesia católica cristianizó como festividad de San Juan Bautista, porque ese día se paseaba por el Tíber en barcas decoradas con flores, siendo una festividad eminentemente acuática. Aunque, como la saturnalia plebeya estaba dedicada a Fortuna, la diosa que amó Servio Tulio, las fiestas incluían carreras a pie, y las ya dichas regatas en embarcaciones. En la Europa moderna ha sido una fiesta de enamorados y de fuego, emparentándose los novios para saltar las hogueras cogidos de las manos, y arrojarse flores. Los cuentos populares que narran cómo aventureros llegaron a países extraños, se casaron con princesas, y reinaron fue, en realidad, una práctica de todos los pueblos arios de estos tiempos, según relatan tradiciones griegas y suecas. E incluso Beda el Venerable (673-735) nos dice que los reyes pictos elegían rey por línea femenina. Las cualidades personales que debían poseer estos extranjeros para casarse con las princesas varían según los pueblos y épocas, pero las dos principales eran la fuerza y la belleza. Por eso dije ya antes que el derecho a estos matrimonios se conseguía mediante certámenes públicos, que en Libia consistió en correr a pie, entre los antiguos prusianos correr a caballo tras el rey, y en Olimpia ganar también una carrera. En los idiomas germánicos, anglosajones y norsos la palabra “matrimonio” significa “carrera de la novia”, y efectivamente se celebraban estas carreras, llamadas “cazas del amor”, al menos entre los kirguisios. En ellas la novia, armada con un formidable látigo y montada a caballo era perseguida por los que aspiraban a su mano, y era dada en matrimonio al que la capturaba corriendo tras ella, aunque la novia no sólo usaba el látigo para fustigar al caballo, sino para impedir ser captada por quien no quisiera. Otras mujeres colocaban también obstáculos a los pretendientes, para hacerles tropezar, pegándoles también con pequeños látigos; y como es probable que estas mujeres obraran también por gustos sexuales, quien captaba a la novia solía ser el que ella prefería. En otros pueblos y ciudades, y no sólo en Olimpia, sino también en el Lacio, y por tanto en la Roma antigua, el derecho a princesa y reino se obtenía venciendo en cerreras atléticas, en las que los pretendientes tenían que demostrar no poseer defectos corporales que les incapacitaran para desempeñar los ritos sagrados y las ceremonias de las que creían depender la seguridad y prosperidad de la sociedad. De ahí que no sólo obtenían el reino en estas carreras, sino que tenían que revalidarlas de vez en cuando, por lo que no es imposible que el rey vencido fuese incluso asesinado, como demuestra la leyenda del sacerdote de Diana, en el bosque sagrado de Nemi. Los reinos, y tal vez las manos de las princesas reinantes, se concedían pues generalmente por un año, pues eran el rey y la reina los que tenían que asegurar, con sus magias, la fertilidad de cada cosecha. Las leyendas romanas que hacen desaparecer a algunos reyes en fiestas parecidas a las de las saturnalias, el 7 de julio, eran fiestas en las que se permitía a las esclavas muchas libertades, con disputas, golpes y pedradas incluso entre ellas, y por tanto no es imposible que el rey, que presidía estas fiestas, muriese de algún que otro accidente. Así pudo perecer, por ejemplo, Tacio, el colega sabino de Rómulo: pues se dice que murió apuñalado por quienes había perjudicado, pero como fueron cuchillos y espetones cogidos del altar, pudo más bien haber sido sacrificado. De Tulio Hostilio, sucesor de Numa, se dice que murió también a consecuencia de un rayo, pero otros dicen que asesinado a instancias de Anco Marcio, que fue su sucesor. Estos finales violentos de reyes romanos sugieren que el certamen mediante el que obtenían princesa y reino era más bien un combate mortal que una carrera, y de esta forma queda demostrada de nuevo la veracidad del sacerdote de Diana en Nemi, que era sucedido por quien le asesinaba en combate, tras haber arrancado la rama sagrada del árbol que el sacerdote custodiaba, día y noche, con su espada. Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jiménez Contactar mailto:rgjimenez@eresmas.com Código ISPN de la Publicación EpyuVkVulAtEvrGCeq Publicado Thursday 25 de September de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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