Monografias | Magia y Religión: Dominio mágico de la lluvia, el sol y el vientoMagia y Religión: Dominio mágico de la lluvia, el sol y el vientoResumen: Escrito en el que resumo creencias mágicas sobre la lluvia, el sol y el viento. De nuevo las creencias permiten la existencia de religiones y magias, aunque afortunadamente ya han dejado de creerse las fantasías que resumo en este escrito, o son muy contados los pueblos que aún siguen creyendo en ellas. Escrito en el que resumo creencias mágicas sobre la lluvia, el sol y el viento. De nuevo las creencias permiten la existencia de religiones y magias, aunque afortunadamente ya han dejado de creerse las fantasías que resumo en este escrito, o son muy contados los pueblos que aún siguen creyendo en ellas. Estarán de acuerdo que una de las causas de subdesarrollo son estas creencias, aunque verán que algunos de los pueblos que cito no se han resignado mucho, y han derribado imágenes sagradas, maldiciéndolas, cuando no les han sido propicias. Magia y religión XVI. - Dominio mágico de la lluvia, el sol y el viento No existiendo, se han inventado, repetidas veces, dos tipos de “hombre-dios”: el religioso (hombre superior al hombre, encarnado en el hombre) y el mágico (hombre con grandes poderes). Entre los objetivos de utilidad pública de los que se ocupaba el mago era la obtención de alimentos; propiedades de las drogas y minerales; causas de las lluvias y sequía, del trueno y del relámpago; cambios de estaciones; fases de la luna; jornada diaria y viaje anual del sol; cambios en las estrellas; el misterio de la vida y de la muerte, etc. El mago estaba, pues, encargado de mandar sobre el clima, asegurando la lluvia adecuada, que tan imprescindible les era: y en cuanto tales eran “hacedores de lluvia”. Misión que cumplían mediante magia homeopática, salpicando agua, o recurriendo al calor y al fuego, si se deseaba que cesaran las lluvias. En Dorpar, por ejemplo, Rusia, para producir lluvia gateaban tres magos a lo más alto de los abetos de un bosque sagrado: uno golpeaba con un martillo sobre un caldero o pequeño barril para imitar el trueno; el segundo entrechocaba dos hachones encendidos para que volasen las chispas, imitando el relámpago; y el tercero, el “hacedor de lluvia”, aspergaba agua en todas direcciones, con un puñado de ramitas. En Ploska mujeres y muchacas caminaban desnudas por el pueblo, de noche, y arrojaban agua sobre la tierra. En Halmahera o Gilolo, Nueva Guinea, el brujo sumergía una rama de árbol en agua, y esparcía humedad sobre el suelo. En Nueva Bretaña envolvía hojas rojas y verdes de cierta enredadera en una hoja de plátano, hundía el atijo con agua, y lo enterraba, imitando el gotear de la lluvia. Los indios omaho, en Norteamérica, llenaban una gran vasija de agua, y bailaban a su alrededor cuatro veces; uno absorbía agua, y la espurreaba al aire pulverizada, imitando lluvia menuda; después volcaban la vasija, derramando el agua por el suelo, mientras los danzarines la bebían de bruces, pintándose la cara con barro. Los natchez de Norteamérica compraban a los hechiceros el buen tiempo, y éstos, si necesitaban lluvia, ayunaban y bailaban con sus pipas llenas de agua en la boca; pipas perforadas a modo de regadera, por lo que el “hacedor de lluvia” soplaba agua en dirección de las nubes; si quería tiempo raso, subía al techo de su choza, y con los brazos extendidos soplaba para alejar las nubes. En Angonilandia central, entre el río Zambeze y el lago Nyassa, se reunían en el templo de la lluvia, y el jefe echaba cerveza en un pote, que enterraba, mientras imploraba al Señor Chauta para que les concediera lluvia, a cambio de la cerveza. En Mara, norte de Australia, el “hacedor de lluvia” se acercaba a una charca, entonaba su canto mágico, cogía agua con las manos, la absorbía con la boca, y la espurreaba en todas direcciones. Para cesar lluvias se cortaban ramas, se las prendía fuego, y se rociaba con agua la rama ardiendo. O se colocaba la rama ardiendo en la tumba de quien hubiera muerto de quemaduras, apagándose también la rama con agua. Los sulka de Nueva Britania calentaban piedras en una hoguera, y las exponían a la lluvia, o arrojaban ceniza caliente al aire. Los telugus exponían una muchacha desnuda a la intemperie, con una astilla ardiendo en una mano. En Puerto Stevens, Nueva Gales del Sur, arrojaban al aire pelos encendidos. En Anula, Australia septentrional, calentaban un palo verde en una hoguera, y lo blandían contra el viento. Los dieri, Australia central, cavaban una fosa, y sobre ella construían una choza cónica con troncos y ramas; un anciano sangraba los antebrazos de dos hechiceros, en forma que la sangre cayera sobre los amontonados en la choza; mientras los hechiceros tiraban plumillas al aire. Dos grandes piedras representaban las nubes, las acarreaban a unos 18 kilómetros, y las colocaban sobre el árbol más corpulento que encontraban; arrojaban yeso sobre una charca, y después todos se liaban a testarazos, cual si fuesen carneros. Si ni así llovía, enterrabsan prepucios, se cortaban la piel del pecho, etc. En Java dos hombres se golpeaban la espalda, hasta que fluyera sangre. En Egghiou, Abisinia, se enzarzaban en riñas aldeas contra aldeas durante una semana, y los profetas de Baal se cortaban también con cuchillas, hasta verter sangre. Estaba muy extendida la creencia que los mellizos producían lluvia, los gemelos atraían salmones, etc. Por lo que son incontables las tribus que invocaban lluvia mediante mujeres que, vociferando cantares lascivos y bailando danzas indecentes, se reunían en la casa de alguna madre de mellizos, vertían después agua sobre las sepulturas de los mellizos, y si ni así llovía, era porque esas sepulturas no estaban suficientemente húmedas, por lo que se les reenterraba en sitio más fresco. Los griegos de Tesalia y Macedonia evitaban sequías mediante procesiones de niños alrededor de pozos y manantiales. O desnudaban a una muchacha, y la recubrían con hierbas, plantas y flores, hasta taparla la cara. En Peonia, India, también imploraban lluvia mediante muchachos vestidos sólo con hojarascas. Se imploraba ya en estos tiempos lluvia bañándose mujeres el día de San Juan Bautista, mientras hundían en el agua un muñeco hecho de ramas, hierbas y verduras. En Kurs, Rusia, cogían al primer forastero que encontraban, y le tiraban al río, o le mojaban bien. En Armenia tiraban al agua a la mujer del sacerdote, o los árabes del norte de Africa zambullían en agua al santón. Si araban las mujeres también atraían lluvia, al igual que muchachas desnudas encima de aperos de labranza. Los difuntos no eran menos, y muchas veces se desenterraban cadáveres, y se colgaban los esqueletos sobre hojas de taro, echándoles agua. A veces se les tiraba en lagunas o lagos, o se les golpeaba la cabeza; se colgaban cañas de bambú en las tumbas, se arrojaba agua sobre las tumbas, se quemaban los cadáveres desenterrados y esparcían sus cenizas al viento, etc. Muchos animales (serpientes, gatos, ovejas, terneras, cabras, bueyes o aves) simbolizaban la lluvia, pero no especifico ritos, por no ser extenso. Podía atraerse también lluvia mediante amenazas y maldiciones, por lo que en algunas aldeas japonesas hundían imágenes en campos de arroz podrido, o los feloupes de Senegambia derribaban ídolos, y los arrastraban por los campos, maldiciéndolos hasta que llovía. Los chinos fabricaban enormes dragones de papel y madera, que representaban dioses de lluvia, y los llevaban en procesión. Si no llovía, los despedazaban y execraban. Los siameses exponían a sus ídolos al sol, o si deseaban tiempo seco quitaban el techo de los templos: en ambos casos imploraban agua o buen tiempo importunando a los dioses. No quiero hablar de la fe católica, en la que se implora lluvia con procesiones, rosarios, cirios benditos, crucifijos, flagelaciones, misas, vísperas, esparciendo polvo, etc. En Palermo tiraron una vez a San José a una huerta para que viese su estado, y a veces se ha castigado a santos en sus iglesias, poniéndolos contra la pared, o despojados de sus vestidos, desterrándolos, insultándoseles, etc. En Caltamiseta arrancaron las alas a San Miguel Arcángel, y en Lacatta dejaron a su San Angel en cueros, insultándole, y amenazóndole con ahorcarle o ahogarle. Conozco otros mil medios mágicos de implorar lluvia, pero paso ya al sol, al que muchos magos han creído obligarle a brillar, y apresurar o detener su diario caminar en el cielo. Los ojebways creían que el sol se extinguía durante los eclipses, y disparaban al aire flechas incendiarias, para reavivarle. Los sencis del perú hacían lo mismo, pero para ahuyentar la bestia salvaje con la que el sol luchaba. Tribus del Orinoco, en los eclipses de luna, enterraban ramas encendidas. Los kamtchacos, en los eclipses de sol, sacaban de sus cabañas el fuego, y se lo ofrecían al sol, para que los iluminase de nuevo. Hombres y mujeres ayudaban también al sol, en los eclipses, remangándose las túnicas, y apoyándose en garrotes, andando como si transportaran mucho peso, en penitencia hasta que cesaba el eclipse. En Egipto era el faraón el que caminaba, en procesión, alrededor de los templos para asegurar que el sol siguiera caminando. Y en la fiesta de la natividad del bastón del sol les ofrecían bastones en que apoyarse. En Nueva Caledonia los brujos llevan plantas y corales al cementerio, con rizos de niños, dientes o quijadas de esqueletos, para que los días sean claros; después depositan plantas sobre una piedra plana en las cimas de los montes, colocando ramas de coral seco al lado, a las que prenden fuego al día siguiente. También hacen sequías mediante piedras circulares con un agujero. Los isleños de Banks hacen brillar al sol mediante soles imitados, y piedras redondas llamadas vat-loa (piedras-soles), que cuelgan de árboles altos. Brahmanes y esenios han hecho salir todos los días al sol rezándole. Los antiguos mexicanos llamaban al sol Ipalnemohuani (aquel por quien todos viven), y le ofrecían corazones, para mantenerle vigoroso. Los antiguos griegos creían que el sol caminaba en un carro, y le dedicaban carrozas y caballos, como también hicieron los reyes de Judá, espartanos, persas y masagetas. Otros imaginaban poder retrasar o parar al sol, mediante redes que colgaban de dos torres (Andes peruanos), o capturándole con lazos. Siendo infinitos los juegos mediante los que esquimales y australianos intentaron ayudar al sol. También ha existido magia con la luna, escupiéndole agua y tirándole ceniza para extinguir su brillo; piedras para acelerar su movimiento, etc. En cuanto al viento, también pueden dominarlo. Los yakuto hacen soplar viento frío mediante piedras que dicen haber encontrado en el interior de animales o peces, que rodean con crines de caballo, y las atan a un palo; si quieren nueve días de este viento, sumergen las piedras en sangre de aves o animales, y las presentan al sol. Si un hotentote quiere calmar al viento, cuelga su piel más gruesa en una pértiga. Los brujos fueguinos tirar conchas a contraviento para calmarlo. En Nueva Guinea producen viento golpeando piedras, y en Escocia las brujas remojaban trapos, que golpeaban tres veces sobre piedras. En Groenlandia suponen que las embarazadas aplacan tormentas. Sopater, en tiempos de Constantino, fue condenado a muerte por atar al viento, deteniendo a los barcos. En Bizancio los hechiceros vendían viento a los marinos, encerrados en tres nudos: el primero producía viento moderado, el segundo ventarrón, y el tercero huracán. Los estonios atribuyen reúmas a maquinaciones de brujos fineses con el viento, y atribuyen a veleros fineses los vientos que les son desfavorables. Los marinos de Shetland también compran viento anudado a pañuelos y cuerdas, y se dice que las viejas comadres de Lerwick viven de vender vientos. Los motumotu de Nueva Guinea creen que las tormentas las envía un hechicero de Oiabu; en Togo el fetiche Bagba manda vientos y lluvia, y sus sacerdotes tienen encerrados vientos en grandes pucheros. Los vientos tormentosos son espíritus malignos, que se combaten con magia. Y son incontables los pueblos primitivos que combaten al viento con lanzas, espadas, machetes o cuchillos. Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jimenez Contactar mailto:rgjimenez@eresmas.com Código ISPN de la Publicación EpyuVplpFlrVxIEZZR Publicado Thursday 25 de September de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
ilustrados.com nace con el fin difundir el conocimiento publicando trabajos de investigación, monografias, tesis, presentaciones powerpoint y afines. Publicar trabajos en ilustrados.com ha alcanzado prestigio y reconocimiento internacional siendo cada vez más el número de académicos, empresas, investigadores, científicos que consultan las publicaciones de nuestro portal. | |||||||||