Monografias | Comevacas y Tiznaos: Las Partidas Sediciosas en San Sebastián del Pepino en 1898Comevacas y Tiznaos: Las Partidas Sediciosas en San Sebastián del Pepino en 1898Resumen: Durante el Gobierno de Práxedes Mateo Sagasta en España, había surgido un movimiento armado en la comarca de Jerez de la Frontera. Muchísimos episodios de bandolerismo y agitación social se produjeron en las campiñas andaluzas. Introducción Durante el Gobierno de Práxedes Mateo Sagasta en España, había surgido unmovimiento armado en la comarca de Jerez de la Frontera. Muchísimos episodiosde bandolerismo y agitación social se produjeron en las campiñas andaluzas. Para sofocar tal movimiento y evitar los robos y asesinatos, el gobiernorealizó más de 300 detenciones. Se ejecutaron a 8 cabecillas de la sociedadsecreta La Mano Negra. Según destaca el historiador español JuanMadrid, en su libro La Mano Negra: Caciques y señoritos contra losanarquistas, «esta fue la primera vez que la prensa española crea unestado de ánimo de terror y especulación sobre 'La Mano Negra'. La prensa sedecanta hacia el horror y la exageración. Luego la investigación históricademostró que La Mano Negra no existió nunca y, si acaso existió, nunca fue enesos años y tampoco cumplió la amenaza de secuestrar y matar a los burgueses.Todos los crímenes de aquella época eran crímenes comunes. Ninguno tenía elcomponente político que debía tener». 2 El abogado Juan Hernández Arvizu, 3 nativo de una villapuertorriqueña, que aún hoy es llamada el Pueblo del Pepino (San Sebastián),fue Fiscal en los procesos judiciales contra tales anarquistas, al iniciarse unjuicio y condena en 1884. Juicio que, según la admisión de este autor, cuyatesis doctoral fue sobre el tema de La Mano Negra, tuvo una repercusiónenorme, pues, quedan desmoralizadas y polarizadas en amargura todas las clasessociales. «Los jornaleros piden salario y no destajo. Trabajaban 18 y 20horas diarias y ganaban a penas para poder subsistir a base de pan, aceite ytomate, trabajando en condiciones absolutamente denigrantes. El movimientocampesino pierde cualquier posibilidad de establecer contactos amigables con losterratenientes . Se radicalizan por ambas partes y se declaraban enemigosirreconciliables, algo que tendría consecuencias dramáticas años más trade,ya en la Guerra Civil». 4 En varias ocasiones, al regresar de España para visitar a sus familiares eneste pueblo, Hernández Arvizu fue el orador honorario del Centro EspañolIncondicional. Sus conferencias se aplaudieron por la sociedad pepiniana yse comentaban por el pueblo llano a la mañana siguiente. El tema de La ManoNegra ofreció un material abundante, colorido y romántico, sobre el cualopinar y echar a volar la imaginación revolucionaria o los miedos a losconflictos. Esto fue así porque, en Puerto Rico y, por ende, en San Sebastiánno tardaría en darse una situación de miseria como la descrita por JoséMestre y Juan Madrid en sus escritos sobre Andalucía en los años de losmotines, quemas y agitaciones. Esta es una conexión interesantísima muy pocas veces explorada en lahistoriografía puertorriqueña ya que a menudo se ignora a sectores populares,sin representación y sin quehaceres oficiales en el poder. Ni su opinión ni suparticipación en los eventos ocurridos se toman en cuenta. Al escribirse lahistoria se beneficia a los prohombres y funcionarios con los alardes de todoprotagonismo como si determinados eventos, positivos o negativos, carecieran derepercusión más amplia, aún en las colonias. A primera vista, La Mano Negra, así como los clamores cantonalistasen España, el clamor de asociación obrera y la ornada de atemptantsanarquistes a Barcelona de 1893 (D. Prat, vea los #7, 17 y 22 en las Notasbibliográfícas a final del libro), fueron considerados los problemas de lametrópolis, pero he aquí que, por vía de paciente investigación oral, eneste pueblo del centro-occidental de la isla, una nueva dirección de lainfluencia aducible a estos hechos definidos como propiamente metropolíticosse convierten en contenido esencial para explicar ciertas actitudes locales,mismas que tomaron varios decenios para formarse, expresarse y, asimismo,desfigurarse en habla rasera y oscurecida. O, al final, bien digamos,diluirse en la memoria colectiva, a pesar de una influencia decisiva yenorme. Las agresiones, robos y quemas, aquí estudiadas y que yació en incómodomisterio, «la mano negra de los tiznaos» (Miguel Montalvo, loc.cit. en Bibliografía, vid. nota #19) si bien se relacionó a HernándezArvizu y Julio Soto Villanueva como sus causantes o detonadores y a lainfluencia de las fiscalizaciones y ejecuciones en España, repentinamentecompartidas con la comunidad de Pepino durante esa época y su encadenamientocon el presente de 1898 cuando se retomara su memoria, se plantearán en esteensayo a la luz de criterios más amplios que la relación accidental con una omás personalidades. Hernández Arvizu, respetadísimo criollo de Pepino,se volvió secundario frente al conjunto de memorias rescatadas y el significadoasignado a La Mano Negra y la fuerza inspiradora y moral que estemovimiento trajera tras sí para los pepinianos. Este ejercicio de historia oral conjunta una información histórica básica,pese al hecho de que las voces relatoras en Pepino apuntaron a múltiplesfuentes, intereses y preocupaciones. El tema ya ha sido posible. Se ha planteadoy se abrirá a nuevas investigaciones y enriquecimientos. Fue posible porque, dehecho, una partida de campesinos locales, en fecha de la invasión americana de1898, adoptó el nombre de La Mano Negra, quizás arbitrariamente, paradar ajusticiamientos ilícitos a los súbditos españoles que, de uno u otromodo, habían sido cómplices de la tiranía y el empobrecimiento tan grave quepadecía el campesinado en tal década. Este quizás, puede o no, ser cuestionable y, si algo lo amenguara,fue la sorpresiva irrupción de la ira vengadora que trajeron consigo losrebeldes, desmintiéndose la idea que se tenía sobre los «parcelerosinconformes y vagos», a los que los hacendados locales adjudicaban como filosofema«come hoy y muérete mañana» (Lcdo. Agustín Font Echeandía, loc. cit). Hay dos aproximaciones básicas largamente explotadas para el juicio de laviolencia social: el punto de vista de las víctimas, que es el másamargo y el punto de vista del bandidaje, que suele ser trivial ytorpemente comprendido. Las víctimas, por reacción afectiva primaria, serefocilan en el resentimiento por ausencia de su análisis objetivo. El dolor yla impotencia no les permite ser generosos; los protagonistas de agresiónquedan en su plano de culpa y remordimiento, a veces con vergüenza tan incómodaque es imprecindible olvidarla, zanjarla sin jactancia, aunque se vuelva a lamisma condición de desesperanza que motivara su estímulo para la agresión. Un abogado pepiniano, Agustín E. Font, hijo de Cheo Font, personaje clave enestos procesos, resumió el primero de los puntos de vista: Y el domingo, 9 de octubre de 1898, azotó su furia inquisitiva y, conjurándose contra la propiedad privada, amasada con el sudor del esfuerzo propio, prendió fuego a la Hacienda de Hato Arriba, destruyendo e incendiando todos los establecimientos, hurtando todos los bienes, desjarretando y robando reses, convirtiendo en pavesas la obra de muchos, muchísimos, años de una labor ingente que motivó el espigar y el fruto de una fecunda labor creadora... En los viejos infolios que conservan los datos de aquella tragedia, absurda y grotesca, aparecen los nombres de muchos de los que cometieron aquella avilantez. ¡Dios los haya perdonado! (Agustín E. Font Echeandía, vid. Nota #48 ) Este testimonio se publicó en 1968, con el título La Hacienda, y esclara señal y símbolo de la actitud con que las familias de las víctimas delas Partidas Sediciosas reaccionaron a lo que nunca esperaban del peonaje. ¡Surebelión! Quien escribiera este lamento fue uno de los hijos de Agustín MaríaQuintero Font Feliú («Don Cheo»), el más rancio y tozudo de los Fontoriginarios, descrito como el Pie de la Espada peninsular. Cheo Font fue heredero y administrador de la Hacienda Hato Arriba, laque «perduró más de un siglo y medio» y que, con la administración de DonCheo, produjo más de 1,000 sacos de dos quintales de café que se embarcaban aBarcelona. «Y los frutos menores, los balances fructíferos de la panaderíay la crianza de ganado, cubrían con creces las erogaciones del fundo queagregaba un beneficio limpio y muy sustancial. Finito dividendo que se lograba afuerza de amor al trabajo, de lealtad al propósito de que la Hacienda HatoArriba no perdiera su prestigio de grandeza. De acuerdo con los hábitos de sufundador (Feliú Font de Celis, fallecido en 1855) y de su hijo(Agustín Pascasio Font Medina, 1840-1888) y su nieto (Cheo Font) quele sucedieron, se mantuvo una disciplina firme e invariable que se aplicórigurosamente a los diferentes problemas del negocio que interesaba tener éxito». Queriéndolo o no, el autor del artículo La Hacienda da cuenta de unapolarización entre ricos y pobres, a pesar de insistir en que allí, lahacienda de Hato Arriba de los Font, «había trabajo para todo el mundo ytodo el mundo lo asumía con eficacia y complacencia». Es la afirmaciónsiguiente la que mejor revela los recelos:«Hato Arriba era una escuela decivismo que no aceptaba a los vagos, haraganes, envidiosos de oficio. Existíauna interesante costumbre entre el dueño y el peón». Esta costumbre, tanconfusamente definida en el artículo, casi indecible, velada por el autor, esla costumbre de la obediencia incondicional. Los amos tienden a pensar que es virtud del peón obedecer siempre; nohacerlo tiene el equivalente de «descarrilar la vergüenza» que, segúnFont Echeandía, en aquellos tiempos «no era tan bastarda, no degeneraba tanfácilmente su naturaleza, no se cotizaba con tanta ruindad». En aquella época,el jíbaro contaba con más virtud que opciones (que dinero, oportunidades,horizontes nuevos), lo admitió el articulista; pero falló en entender que serdueño de los medios de producción, de la tierra y aún de una tradición detriunfos en el agro, no hace al patrón el dueño de las vidas ajenas. El peónno es como la tierra que él describe, «vírgen y mansa como hembra fecunda».Transmutadas las condiciones históricas, al impacto de nuevas necesidades,o del agravamiento en la habilidad y control del mínimo poder para darsesobrevivencia, el peonaje antes obediente reacciona, urde lo suyo para modificarsu medio y redefine sus lealtades y su moralidad. Esto sucedió, posiblemente, antes de 1898. La mano obrera de Hato Arriba,cuando «no existian resecadoras mecánicas y la producción de la haciendapasaba con creces de los dos mil quintales (de café) anualmente», cuandose trabajaba en el descascarado de café «hasta la media noche», se viocomo obreraje que no progresa y, en su lugar, enriquece a otro. Alguno entonces, haya sido Carmelo Cruz o el poeta Ramón María Torres, seatrevió a formular con metáfora lo que el ex-estudiante de medicina y granpropietario Agustín María Quintero Font Feliú (1874-1901) representaba en esemomento, el de la Invasión Norteamericana y el de una crisis financieraque arruinara el país. Obviamente, quien más sufrió la miseria de esos añosfue el peonaje que, si bien no hizo las movilizaciones por el derecho deasociación obrera y la reducción de la jornada laboral que se realizaron enBarcelona, sí tenía ya esas aspiraciones desde 1854 y 1855. El resultado enCataluña en junio de 1856 fue que las asociaciones obreras de resistenciafueran declaradas ilegales. Como explicamos en la Nota #50 de este ensayo, un augurio de rebeliónsocial en Pepino, cuyo marco fue la protesta contra la explotación delcampesino y el maltrato moral del peonaje, también quedó descrito e implícitocon las coplas de Las Golondrinas. En el periodo de 1845 a 1851, durantelas administraciones de Miguel de la Torre y Juan Prim, ya hay la noción de quefamilias locales como las de Pavía Conca, Alers, Alvarez (de Quebradillas)Cabrero, Font Báez y la pachada de Emilio José Vélez, son objeto de laroña y el recelo de los pepinianos de ese periodo; pero esta susceptibilidaddel campesino que, según pasaron los años se agudizaría ante más atropellos,como la ejecución de hipotecas, desposesión de parceleros por endeudamientos yalza en los pagos de impuestos, ya se había visto en los decenios del 1820 y1830. La administración municipal de José Laxara, peninsular quien llegó delSanto Domingo español a Pepino, estuvo amenazada con amotinamientos y amenazasde violencia. (Dra. Helen Santiago, loc. cit.). La metáfora («Pie de la Espada blanca», blanquitaje, señorazgos yrepresión, a la que sólo es posible oponéresele con la Revolución) sobreviviódivulgada por una copla cantada, muy distinta a la que antes fuera «la cancióntípica del jíbaro... y eco geórgico de un poema» (Agustín E. Font, loc.cit). el pie de la espada blanca, que ya El Pepino se arranca al grito 'e Revolución y que aquí, a la población, no se debe de asomar y a Victorino Bernal le dirás con alegría que junto a Antonio Pavía lo vamos a compontear. Hay dos concepciones contrapuestas sobre la sucesión progresiva de lahistoria, contenidas en estos dos documentos, el artículo La Hacienda deAgustín E. Font y la copla de amenaza («Me le dirás a Cheo Font»). DeLa Hacienda se infiere que el autor tiene una visión mesiánica de lahistoria; él parte de una metapolítica mesiánica (J. M. Wronski) en laque la élite es creadora y tiene mayores derechos y rol en la producción debienes materiales que el trabajador; en la visión mesiánica se elude sopesarel perpetuo enfrentamiento de intereses entre explotadores y explotados. El ricocrea la riqueza, porque sueña en grande; no así, el trabajador que tiene a suservicio. Este, sin la supervisión del capataz y sin la visión delpropietario, no es otra cosa que el valepoco, el Gringoire, «a quien lefalta algo para ser alguien» (Agustín E. Font, loc. cit.). Agustín E. Font Echeandía fue digno y sentimental heredero de Cheo Font, supadre, y valoró el «emporio de riqueza, lo que ahora llamaríamos, siexistiera, un latifundio» y que fue la herencia de los afanes de más de150 años de historia familiar. Riqueza, pasado y orgullo, se convergensubjetivamente. Por esta razón, el análisis que propuso no toma cuenta elenfrentamiento perpetuo de clases antagónicas, en situaciones-límites, sinoque diluye los componentes del conflicto con la idea de que las Partidas fueronel resultado de la envidia de parceleros inconformes, demagogos, vagos yharaganes. Para él, las rebeliones sociales y los males que abaten al obrero yel campesino son consecuencia causal de su imperfecta psiquis y siendo así, envano es explicarlas por las leyes objetivas de las relaciones de producción ycapital. Para este Clan Font, que se iniciara con Feliú Font de Celis y lamatrona Rosa Medina Domínguez, poseer menos que un latifundio seríadegradante, esto es, reducirse como familia a una clase parcelera, y espreferible morir para mantener ese linaje y posición de dominio que ceder yempobrecer. En La Hacienda se describe como gente escuálida y moralmentemacilenta, carente de espíritu cívico y sin ambición, al que tiene menos.Y hay, como parte del análisis de Font Echeandía, una reflexión sobre laidiosincracia del catalán; hecho que, como se verá más tarde, es importantepara entender los conflictos de la época que estudiamos y la percepción que elpueblo hizo y, principalmente, esa porción que agrediera a las familiaspeninsulares. Para reconsolidar la visión mesiánica que caracterizó a Cheo Font, al Comienzodel Nuevo Amanecer (hipotéticamente, el régimen estadounidense tras laderrota de España, sería una tabla salvadora), se sobrevaloró el proceso étnico-familiaren ese contexto de la sucesión progresiva de la historia. En un marco históricamentedeterminado de relaciones humanas e ideológicas, además de las más decisivas,que son las relaciones de producción, se debe entender que la necesidadconstituye el fundamento objetivo de la libre actividad del hombre. El campesinado tuvo la necesidad de construir un nuevo sistema deinstituciones y de consolidar la direccionalidad de sus propias fuerzas antagónicas,revolucionarias, si se quiere, hasta neutralizar las fuerzas de la clasedominante. Los cabecillas intelectuales Avelino Méndez Martínez y Juan TomásCabán Rosa no supieron dar cauce positivo a los sentimientos y clamores de esecampesinado, redimensionalizando esas fuerzas que, sólo tenían por riqueza, suespontaneísmo y su pasión, o al decir de Jorge Alberto Kreynes, «elelemento de su ardor combativo». Lo que, en 1898, ese campesindo armado vio claramente como deseable amanecerfue un poco de esa pasión y tragedia que el asunto de La Mano Negratrajo a la atención de toda España y, en parte, del mundo, Europa y Américaen particular. En septiembre de 1896, cuando se promulgara la ley de represióndel anarquismo, se producen actos de solidaridad con España y contra lasautoridades, y fue cuando, por primera vez, al recordar su papel activo ysolidario con el Grito de Lares, Avelino Méndez----- ampliar --- Por su parte, Font Feliú entendió que el campesino pepiniano se hallóacorralado ante dos realidades básicas: ni con España ni con EE.UU. podíaconsiderarse el dueño del suelo patrio. Ni aún de su trabajo ni de laposibilidad de crear, sin limitaciones, su progreso y su historia. No teníaeducación ni una dirigencia capaz de llevarla a acciones de poder paraconstruir la contrahegemonía y, redimensionadas sus fuerzas, mantenerlaspermanentemente organizadas y predispuestas al avance. Por esta razón, fue fácilconvencer a solapos, astutamente, al liderazgo de las partidas e integrarlas alproyecto del Partido Republicano y neutralizarlas ahí. Aureliano Méndez Martínezfue el primero que entró a la fracturación de la rebelión social y alanexionismo, como candidato a la Legislatura. Si bien fue Cheo Font, criollo, quien quedara descrito como el paradigma deuna España déspota, al divulgarse una tras otra, las décimas que lo aludieroncomo Espada Blanca, se ofrecería también la cuenta del acervo de etnias ibéricascon presencia en este pueblo. Y se haría por sus nombres y con espíritu deencono y decepción: el canario Victorino Bernal Toledo, los vascuences PedroJaunarena y Francisco Laurnaga Sagardía, Juan Orfila, de las Baleares, BraulioCaballero Ayala, de Pamplona, Juan Coll, de Barcelona, entre otros. En términosmuy concretos, esta fue la clase propietaria de Pepino y también su genteblanca y educada. Gente blanca y afortunada, por herencias y medios de produccióny no porque el grueso del campesinado no fuese blanco, sólo que estaba enhambre y quiso asegurarse, con enojo, que con el cambio de régimen, otra clasepolítica distinta a los primeros gobernara el pueblo. Sin embargo, Cheo Fontestuvo al pendiente para desengañar a esa gente y para hacerlo propalaría enel discurso público una serie de ideas que han marcado la mentalidad colonialpost-finisecular: (1) El factor mesiánico: Sin educación no hay espíritu cívico,sino destajo sangriento, envidia y fanatismo. Las ideas tienen un oficio activoen el desarrollo de la sociedad; pueden transformarse en fuerza material, enprogreso y en guías de acción en cuanto reflejan las exigencias materiales dela existencia social; pero los pueblos enfermos, conformes con la herencia delpasado, se vuelven macilentos, resentidos y haraganes y, entonces, escuando más necesitan de las personalides, grandes protagonistas individuales:el inmigrante que traerá civilización al criollo. El polítíco mesiánicojustifica los privilegios de la élite extranjera y la interpreta del mismo modoque los beneficiados de la Real Cédula de Gracias y el EdictoTrujillo que trajese a Puerto Rico hombres ya, de por sí, ricos y concapital. En Pepino, estos fueron fueron llamados los caraqueños y en lasdécimas de encono de Las Golondrinas, aludidos como la cabrerada: «ElGobierno de España les facilitaba aperos, dinero y terreno, amén de esclavos.El propósito era civilizar» (Font Ríos, loc. cit.). De modo que elpepiniano originario no tuvo su oportunidad para civilizarse hasta que nollegaron esos otros... Desde 1815, observó Font Ríos, «Españaofrecía a cada emigrante 6 acres de terreno por cada miembro de familia y 3 porcada esclavo. Las herramientas hechas en España estaban exentas de impuestos»(ibid). Gente así beneficiada no mordió la mano del amo, o de la Madre Patria;les servía y de esas nuevas horneadas de inmigrantes se reclutaban loscandidatos al ejercer el poder administrativo del pueblo y todo privilegio quedimanara de ese poder establecido por el oficialismo extranjerizador. Aún elcapataz idóneo de una hacienda, o sus mayorales, tenían que ser selecionadosen virtud de ese apego a lo étnico-familiar, por lo que se imponía sobre elpeonaje, electo por el sólo mérito de ser peninsular y candidato a emparentarcon la hija de un patrón, si no había un primo en la prole. En ese mundo provincialista «de guardias de baqueta y gañines», aldecir Dolores Prat, estaban los personeros de la represión y de la construcciónde ese clima de miedo, acusaciones y vanidades, que preparó el camino alestallido de violencia en 1898. De aquí que se confirme una apreciación marxista: «La clase que ejerceel poder material determinante en la sociedad es, al mismo tiempo, su fuerzaespiritual dominante» (C. Marx y F. Engels, Obras, loc. cit.). (2) El factor geopolítico: El principal argumento para disuadir a unpueblo que deseaba autodeterminarse dentro de sus fronteras fue enfatizar sobrela pequeñez territorial y escasez de recursos naturales. Echar miedo con lapobreza (que es ------------- (3) El factor étnico-familiar: Cuando no se quiere reconocr que lasmasas populares son el factor determinante del desarrollo social y el verdaderocreador del proceso histórico, la clase históricamente privilegiada maldefinea un pueblo y se exime de reconocer su valor. Las masas explotadas tienen unexplotador y opresor orgánica y socialmente establecido que, siendo numéricamentereducido, controla el poder de las estructuras jurídicas, económicas, policíacasy aún ideológicas. Si bien es cierto que no se puede rechazar la importanciade los individuos aislados, el valor de los aportes de determinados personajes ydirigentes, sean o no, poderosos o conservadores, el error había sidoesperarlos únicamente de las altas jerarquías de poder o de las llamadasfamilias de abolengo o ilustres apellidos o de presuntas razas y castassuperiores. Ni las familias ilustres ni los individuos aislados pueden alterar acapricho el curso objetivo de la historia. Lo que, a juicio de muchos de misentrevistados, sucedió en Pepino es que la burguesía pepiniana se esmeró eneducar a su gente, mientras no se abrió acceso para la gente campesina. «Sialgo se abrió para ellos fue el ventorrillo en la hacienda, donde el miserablejornal se gastaba para que ese pobre del arrimo olvidara con ron sus pena» (RodríguezArvelo, loc. cit.). El carácter selectivo de las acciones de castigo por las Partidas Sediciosasllevó un juicio implícito. Se les acabó el belén. España se le fue. Laatadura con el pasado español fue interpretada como complicidad con todos losatropellos institucionales del gobierno. Y el nexo étnico-familiar quereclamaron para sí como el alarde de superioridad con que sevanagloriaba mucha de esta gente. Muchas de las familias castigadas fueron, por el consenso popular,aquellas consideradas las portavoces ideológicas de la burguesía, «laburocracia que ordena, manda y dirige» y que por su función, «ahoga elproceso de crítica y autocrítica» y «reduce al mínimo la posibilidad de quelas masas populares participen», libre, activa y creativamente. Entonces,no habiendo equidad en el proceso, las familias políticas con prestigio yabolengo se representaron en su consciencia como las fuerzas reaccionarias a losprocesos necesarios. En estas familias se castigaba el culto al cacique,al poder y la riqueza no compartida y el sicotismo. En el marco del recelopopular a los nexos étnico-familiares, la crítica a los sicotudos, alque llegó pobre de España, pero se regresaba rico, y a los serafines,ya era vieja, si juzgamos esas alusiones en las coplas de Las Golondrinas. El por qué la violencia de 1898 se extendió, más veladamente, durante todala década de 1900, por los recortados espacios abiertos por los PartidosFusionista, Federal y Unión, se debió a que el culto y el rol del cacique nodesapareció, sino que siguió creciendo bajo el dominio estadounidense. Al rememorar la fibra moral, actitudes e idiosincracia de sus bisabuelos yancentros, Font Echeandía escribió: «El catalán es tozudo o testarudo y,como vengo de esa sangre, también lo soy». En cuanto a Rosa Medina alegaríaun perfil sicológico más transigente y avenible. ¿Qué realmente subyace detrásde estos eufemismos? En el análisis sobre la formación económico-social del Pepino de 1898, lanoción de identidad fue importante, aunque no necesariamente la que desencadenóla crisis de violencia. La crisis fue debida al hambre y a una sucesión dedescaros A la pregunta qué realmente implicaba ser de los blanquitos enel pueblo, respondía un líder asociado a las Partidas, el maestro de escuelasLino Guzmán, a quien se le recriminaba veladamente, preguntándosele el por quéuna persona tan decente y culta como fue se alió al movimiento. Su respuesta, máso menos, como la recordaba D. Dolores Prat, anciana de Mirabales, fue lasiguiente: Está diciendo (Guillermo) Cardé y Juan Orfila que no se preocupeninguno sobre los ideales separatistas porque un pueblo analfabeto no se sabrágobernar y el campesino es como una bestia... Decía ella que, «al llegar los americanos, ni en los tiempos de ManuelPrat, se vio la situación de que al mulato y al blanco se les tuviera queseparar, pensando que el negro no podía aprender inglés... pero ese problemaera muy viejo. Es que se decía que el negro es libertino, amigo de malas ideas,la independencia» (D. Prat, vid. Nota #7). ¿Fue la noción de pie de la Espada blanca un código racista, o esun cuestionamiento sobre la valoración excesiva de nexos étnicos-familiarescon que muchas familias ajusticiadas se turnaban para retomar el control en elalbor del siglo, el Nuevo Amanecer, tal como hicieran durante los siglosanteriores? Vencida España en la guerra, en Pepino y, en la isla entera, se creó unalucha de poder. Surgió una posibilidad para el tránsito de una formación económico-sociala otra más perfecta. Cuando el asunto fue responder quién verdaderamente hacela historia y cuál es el fundamento en que se apoya la existencia y eldesarrollo de la sociedad, el peonaje dijo presente (las masas populares,trabajadoras, creyeron en justicia ser capaces de sobrepujar ese tránsito) y,como colectividad, esperaba una organización materializada por líderes que lesdefiniera objetivos, de modo que surgieran así las nuevas instituciones políticas,económicas, educativas, concepciones jurídicas y oportunidades creadoras dediverso tipo. En este ensayo se explicará cómo ese liderazgo esperado no cuajó del todo,traicionó y reculó. El proceso social falló, pese a que el pueblo, en gran número,dijo con contudencia el tipo de administradores que no quería en el nuevo régimeny estuvo dispuesto a deshacerse de ellos, aún matándolos. Treinta años antes,con El Grito, se había dado ese mismo consenso y fueron los insurrectos los quepagaron con sus vidas. Frente a las fuerzas invasoras, el factor más decisivo en el amenguamientode ese furor revolucionario, campesino tan pobremente armado que se diera, sóloquedó flotante un ideario. Dentro de la noción de bandidaje social que E. J. Hobsbawndesarrollara en Primitive Rebels (1965), se valora al bandido social comothe outlaw-heroe, honorable models for rebellion, delincuente forzado ainfringir la ley para vengar alguna situación injusta, defender su honor,familia o grupo social (comunidad), ante aquella circunstancia o poder opresivoque lo victimizara, recordamos que todo país del mundo ha tenido, en algúnmomento histórico, este tipo de héroes proscritos. Y, muchísimasveces, a medida que el asunto es estudiado sistemáticamente, se verá que tambiénlos bandoleros sociales han surgido de las clases más altas y se hanfundido con las mitologías de patriotismo, humanitarismo social y religión. Nohay, necesariamente, por qué referir a los comevacas y tiznaos como los únicosdesclasados o lumpen-proletariat, si la idea es despreciar laviolencia antiestamental. Por esto hay que considerar, como salvedad, que no todo el Clan Font fuereaccionario y que, con actitud y rol heroico y progresista, algunos de ellosparticiparon el Grito de Lares (en 1868) como miembros de El Porvenir . agregar -- insert Según testimonios orales recogidos en Pepino, 5 a esta cáfila deinsurrectos se la supuso el disuelto Séptimo Batallón de Voluntariosque, otrora el coronel Julio Soto Villanueva tuvo bajo su mando, y que «molestocon la cobardía de ese hombre» (sic.) echó a rodar su propia agenda deresistencia «contra gringos y españoles» (cit., Entrevista con elLcdo. Pedro A. Echeandía Font, véase: Bibliografía, loc. cit.) Miembros de esta partida (La Mano Negra) se personaron para dar muerte a SotoVillanueva en la casa de Cirilo Blandín, donde él se había refugiado y, entreuna de las razones motivantes para hacerlo, se mencionó el nulo apoyó que dioa los voluntarios de ese batallón durante el Combate de Hormigueros del10 de agosto, donde entre heridos y muertos cayeron 12 milicianos. Mas, segúnse fue articulando el quehacer de estas partidas, se infiere que lasmotivaciones de los ajusticiadores per se fueron mucho más amplias quecastigar a militares y traidores. En este ensayo, se propone el análisis sobre los incidencias de violencia,quemas, asesinatos y robos, que produjo el fin del orden español en uno y máspueblos de Puerto Rico. Utilizamos la metodología de Historia Oral de AllanNevins y las técnicas de entrevista para formular una microhistoriaregional, insertable en el contexto mayor de la historia puertorriqueña, laque a su vez sería contextualizable dentro de una macrohistoria general,contribuyente a la historia latinoamericana. Se provee una bibliografía comentada al final de este ensayo. 2. Un tema ignorado y censurado Precisamos que, aunque la historia de las partidas campesinas armadas, en posde ideales de Tierra, Libertad y Justicia, es aspecto localmentedocumentable en el marco de la Guerra Hispanoamericana de 1898, susespecificidades o detalles han sido premeditadamente ignoradas en la historiaoficial y los hombres que mejor pudieron referirse al tema, por serparticipantes activos, o testigos de los hechos, lo ignoraron (e.g., el Dr.Angel Franco Soto, autor de unas memorias sobre el 1898, el ex-Alcalde Andrés MéndezLiciaga, quien recopiló en el Boceto histórico del Pepino (1924) muchade la historia de municipio. Por desgracia, a mi juicio, Méndez Liciaga obviólas referencias a lo que fue la época más dramática de la historia borincanay que él mismo viviera en plenitud, ya que su padre (Avelino) fue inspiradorintelectual y material de muchas de las incidencias útiles (hechos históricos)a la conciencia memorante y colectiva, las Partidas Sediciosas, enparticular, y el cambio de soberanía, a más del Grito de Lares, que fue hitohistórico de la identidad nacional puertorriqueña. La historiografía que se cuaja más fielmente y, en sus mejores detalles deveracidad, es siempre el devenir presente, irse-resolviendo-avanzando, esdecir, la que se alcanza a vivir como testigo, en el fluir del devenirhacia un ahí-del-ser, histórico-temporalizado. Sin embargo, estashistorias en torno a los comevacas y tiznaos del 1898 y otras que estánaún en sombras de olvido, sin nadie que las cuente, fascinaron mi curiosidaddesde mi juventud y mis contactos con octogenarios y nonagenarios, o aún concentenarias, como mi propia bisabuela, a quien conocí, e hizo posible algúnrescate. Es justo indicar que todavía el Boceto, con sus limitaciones, es unaimportante fuente historiográfica y, en su momento, fue objeto de presiones,coersiones censurantes de episodios y mención de gente que temían lo que élpudiera dejar escrito. Así lo manifestó Manuel Méndez Ballester ainvestigadores y artistas pepinianas que plantearon, en el decenio del '60, unareedición anotada del Boceto, el libro de su padre, al reconocer suimportancia como recuento primicial sobre la vida histórica pepiniana. Encopias distribuídas y circuladas de ese libro, según comentario de JoaquínTorres Feliciano, escritor, sicólogo y entusiasta de la vida cultural denuestro pueblo, se sustrajeron páginas, se tacharon renglones, o se prendiódesaparecerlo de bibliotecas públicas. Se vale preguntar por qué y quiénes.Antes de crearse el Archivo General Histórico de Puerto Rico, comoinstitución protectora de documentos municipales, muchas fuentes documentalesdel Pepino se perdieron, o cuando no, su conocimiento se ha saboteado. Por muchotiempo, un temor a la rememoración de la historia local vela, obnubila y cierralos canales de acceso al pasado. En parte, entendámoslo, porque, en este pueblose han vivido experiencias inquietantes. Las Partidas Sediciosas es una deellas. Después de invertir años en escuchar de labios (que han sido mprescindiblescomo sus fuentes memorantes), ofrezco con esta monografía algunos detallesnuevos que investigué en mis continuadas visitas a los hijos y familiares delas víctimas, testigos, protagonistas y coetáneos, de tales hechos, en Pepinoy otros pueblos, y que corroboré en su verdad y en su fondo emocional a travésde fuentes escritas, referencias de primera y segunda mano y documentos en los ArchivosMilitares de la Biblioteca del Congreso, en Washigton, D.C. y en periódicosde la época. Hago pública mi gratitud a las familias del Lcdo. Pedro A. Echeandía Font,María Luisa Rodríguez Rabell Vda. de Negrón y Pedro Tomás Labayen Jaunarena,por haber sido tan pacientes con mis visitas y, a este último, por poner a midisposición su colección, la más completa, del periódico El Regionalde principios de siglo. Estos eventos que relataré ocurrieron durante la invasión norteamericana,por lo que, para entender las acciones de las insurrecciones campesinas en SanSebastián de las Vegas del Pepino, será necesario contextualizar históricamenteel comportamiento de España y los EE.UU. en la isla y dar cuenta sobre lassuperestructuras ideológicas en general. Y después, concretamente, sobre supercepción por los pepinianos de entonces. Obviamente, concuerdo con la observación del historiador Angel Rivero Méndez,quien nos recuerda la indignación de los cronistas ante hechos similares(robos, asesinatos y anarquía) como los ocurridos en San Sebastián y otrospuntos de la isla: ... No fue Puerto Rico quien tales desmanes cometiera, escribe Rivero.Fueron unos pocos hombres, varios centenares tal vez y, sobre ellos, únicamentedebe recaer la condenación de los historiadores. Sin embargo, también es tarea historiográfica desocultar (y comprendersociológicamente) una parte tácita y dolorosamente reprimida de lo que, comocontenidos intrasíquicos, se cargó dentro de la consciencia de aquellossediciosos, quienes se sentían y expresaban, por primera vez, colectiva yconsensivamente, como clase, la rabia que estuvo sepultada por generaciones. ElDr. Frantz Fanon nos advierte, en su libro Los condenados de la Tierra(1961), que:
... La descolonización es siempre un fenómeno violento... (y que) ante la necesidad de ir... hacia un panorama social modificado en su totalidad, lo que define toda descolonización en el punto de partida... es que constituye, desde el primer momento, la reinvindicación mínima del colonizado... La necesidad de ese cambio existe en estado bruto, impetuoso y apremiante, en la consciencia y en la vida de los hombres colonizados. La importancia de ese cambio es que es deseado, reclamado, exigido. Pero la eventualidad de ese cambio es igualmente vivida en la forma de un futuro aterrador en la consciencia de otra 'especie' de hombres y mujeres: los colonos... La descolonización, como se sabe, es un proceso histórico: es decir, que no puede ser comprendida, que no resulta inteligible, traslúcida a sí misma, sino en la medida exacta en que se discierne el movimiento historizante que le da forma y contenido. La descolonización es el encuentro de dos fuerzas congénitamente antagónicas que extraen precisamente su originalidad de esa especie de sustanciación que segrega y alimenta la situación colonial. Su primera confrontación se ha desarrollado bajo el signo de la violencia y su cohabitación, más precisamente la explotación del colonizado por el colono, se ha realizado con gran despliegue de bayonetas y de cañones. 6 En algunas ocasiones, la violencia que se afana por desorganizar la viejasociedad y concentra su poser en desaprobar el rol de las iglesias. Romper conlos tabúes y creencias que como institución impone, o como con la Ley delCondado en España durante el Gobierno de José Canalejas, limitar lasactividades de las óordenes religiosas. Esta fue una gesticulazaciónirrefrenable en el periodo que estudiamos. Uno de los incidentes, en el Valle de Toa Baja, lo refiere Rubén Arrieta. Elentrevistaría a Francisco López. Su relato ilustraría que la violenciadescolonizante permearía todo, «transformando a los expectadores aplastadospor la falta de esencia en actores privilegiados, recogidos de manera casigrandiosa por la hoz de la historia... pero esta creación, vuelve arecordarnos Fanon, no recibe su legitimidad de ninguna potencia sobrenatural:la cosa colonizada se convierte en hombre en el proceso mismo por el cual selibera»; por ésto mismo los vejámenes al sacerdote español del Valle delToa no son, en realidad, ataque a un individuo, en cuanto su persona privada,sino un ataque al símbolo de la Iglesia Católica que no materializó elprograma «de hacer a los últimos, a los humildes, los primeros», sinoque, en su lugar, formuló sus propias tranquillas al progreso de los máshumildes. Recuérdese que en, 1898, aún no se cumplía ni veinte años de la aboliciónde la esclavitud, institución practicada y protegida por la Iglesia. Un curaespañol en Pepino el día que los esclavos solicitaron un Te Deum parala bendición de su fiesta colectiva de libertad, por el decreto de la manumición,echó insultos a la negrada que lo solicitaban y les pidió que festejaran fuerade los atrios de su parroquia. Este fue el párroco Claudio González. Doña Dolores Prat-Prat, criolla entrevistada para mi monografía, hija decatalanes, otrora familia de esclavistas, como ella misma confesara, ni siquierafue registrada ni bautizada como cristiana «porque la reputción de mi madrefue manchada por su amor por un negro y violada por otro bandolero libertario (notadel autor: Nuñez, padre de la relatora), de los que se daban aire dedignidad y civilización y nos quemaron en Mirabales durante la Revolución deLares» (sic., cf. Entrevista con Doña Dolores Prat-Prat, loc. cit.) Movida por su orgullo, su madre Eulalia Prat-Velez, solicitó de laentrevistada que «cuando vaya al pueblo, no entrara a la iglesia... que aquí(en la casa) puedes rezar, sin que nadie te diga bastarda ni mala mujer».Ella no creyó que el cura y la feligresía entendieron toda la problemáticaque había en su vida. Doña Lola Prat afirmó que recibía de España, en tiempos de menos pobreza,muchas revistas y gacetas que enviaban a su madre y a sus hermanas, «dondese hablaba de Castelar y Moret» y recordó que, al debatirse en España la Constituciónde 1876, un hombre poderoso de la Iglesia (que el mismo Castelar propusopara Obispo de Salamanca, pero que fue consagrado como Obispo de Madrid-Alcaláen 1874), se opuso al principio de tolerancia religiosa. Se refería a NarcisoMartínez. 7 «Pues, si siendo católico, no toleraba ni pingos, ¿qué clase de Diostiene, qué clase de amor al prójimo?» La anciana terminó diciendo: «Pues,lo mataron, con toda y su sotana. Es que en política nada se olvida; yo meacuerdo de Lares como si hubiera nacido, imagínate» (sic.). La toleranciade cultos en España se incentivaría con Canalejas como Presidente de lasCortes y jefe del Gobieno Español entre 1906 y 1912 y con precio muy alto. Elanarquista Pardiñas asesinó al jurisconsulto liberal, el 12 de noviembre de1912, ante el escaparate de una librería de la Puerta del Sol. Al verificar los relatos de Prat, confirmo que también el Obispo NarcisoMartínez fue asesinado por un presbítero en el atrio de la Catedral de SanIsidro en Madrid, en 1886. Entiéndase, por lo anterior, el contenido subliminaly probable que se involucraría en tal acción anticlerical, como otrasejecutadas por la partida que atacó a la Iglesia, según el relato de Arrietasobre Francisco López:
... También hubo ataques en la región del Toa... Allí realizaron una agresión irreverente contra un sacerdote católico español, a quien, le raptaron, conduciéndolo a la plaza, según el testimonio del anciano Pancho López. Una vez allí, le pusieron aparejos y una silla sobre las espaldas, obligándolo a que relinchara como un caballo. Mientras sobre las rodillas y las manos el reverendo padre se arrastraba, los forajidos le golpeaban gritándole 'arre arre, mi caballito'. Otros hacendados del Toa también sufrieron vejaciones y torturas físicas. El anticlericalismo es ingrediente que, en el pensamiento rebelde einconformista español está asociado a muchas circunstancias. Desde el primer Conciliodel Vaticano de 1870, que promulga el dogma de la infalibilidad del Papa, serecrudeció en España y el mundo el descontento. En nombre de «las sublimesverdades que la Religión Sagrada enseña» y la infalible deliberación delos Papas, las Santa Alianza, sus tribunales inquisidores y sus Indíces deprohibicón y censura, se hicieron los instrumentos de influencia reaccionaria afin de mantener el dominio de los regímenes autocráticos. España fue el últimopaís europeo en abolir el Tribunal de la Inquisición, aunque habíasido abolida, a despecho de la presión tradicionalista desde el 22 de febrerode 1813. El rey Fernando VII la restauró un año después hasta que un decretode Isabel II, en 1834, hizo la supresión final de la misma como mera formalidadporque había perdido el apoyo de que antes gozara entre la élite progresistade España. En el debate público de la vida de la monarquía, aprovechándosede su secretividad en cuanto pudo, el Tribunal Inquisidor cedió su espacio aopositores. Quienes mejores aprovecharon la coyuntura de la supresión de la Inquisición(pero, realmente aún no libres de intrigas y excomuniones) fueron, a partir de1870, las corrientes anarquistas de España que se radicalizaron ideológicamentedespués de la llegada de P. J. Proudhon, socialista anárquico, exégeta de laidea federalista, en oposición al centralismo y la coersión estatal, y maestrode Pí y Margall, Fanelli (quien visitara a España en 1869), exponente de NicolásBakunin, la corriente libertaria de Anselmo Lorenzo (1841-1914), tipógrafotoledano, ex-integrante del primer consejo directivo de la Federación ObreraRegional Española, de inspiración bakuninista (1870), que es el embrióndel moderno movimiento obrero en España. 3. La simpatía por Cuba La influencia de la guerra independentista en Cuba (y que estuvo en plenovigor antes de la invasión) fue factor influyente en la formación de losmovimientos de resistencia al invasor norteamericano en Puerto Rico. Esa guerradaba ánimos: Doña D. Prat. Quiso decir con tan breve planteamiento, suinterpretación conclusiva e inquietante, que se fuera pobre o rico, español ocriollo, negro o mulato, en Pepino, después de la gesta liberadora de Lares yel periodo conocido como los años del Componte, hubo un consenso sobreel destino de Cuba. La Antilla Grande mereció la libertad y ni España ni losEE.UU. la sujetarían a cadenas, con el beneplácito de los pepinianos. Con lalibertad de Cuba, los pepinianos soñaban como dándose una compensaciónsublimadora al identificarse con la manigua. Se invocaba a lospuertorriqueños que materializaron, con su participación, un idealantillanista y fe heroica en que la República de Cuba sería posible en pocos años. El 28 de abril de 1896, Armando André Alvarado, patriota de Cayo Hueso, hizoestallar una bomba en el palacio de Valeriano Weyler, capitán general de la Iaisla de Cuba y apodado El Carnicero. El muchacho de 24 años burló a lasautoridades. Al saberse sobre este episodio localmente, a viejos rebeldes, comoAvelino Méndez Martínez y muchos Font que fueron separatistas y ex-miembros deEl Porvenir (Miguel, Manuel, Ramón y Rodrigo), en este pueblito dePepino renacieron bríos. Todos estuvieron asociados al movimiento armado deLares, cuya revolución hermana fue la de Cuba, el Grito de Yara, en1868. En siglo de tardío romanticismo y tropicalosas bohemias, el asesinato de Cánovasdel Castillo, presidente del Gobierno de Sagasta, en 1897, y el posteriorasesinato de lsabel, Emperatriz de Austria, por otro anarquista italiano enGinebra, hizo que se especulara que las sociedades de camorra (que aterrorizabana Nápoles) 8 encendían la violencia dondequiera. Surgió el temor alas invasiones de anarquistas, así como de que éstas brotaran como azote paralas antillas. Así se había pensado durante los tiempos de los inmigrantescaraqueños y la Cédula de Gracias a la isla de Puerto Rico y otrasantillas. Del conservador Cánovas del Castillo, 9el Pacificador, secriticó duramente el nombramiento que hiciera de Romero Robledo, como Ministrode las Colonias. Este político, carente de escrúpulos, fue terriblementerepudiado en las posesiones ultramarinas y en la misma España y provocó la caídade Cánovas. Sagasta formaría el nuevo Gabinete Liberal. De hecho, másproclive a dar mayor grado de autonomía a las Antillas. Una nueva crisis de gabinete ocurrió en noviembre de 1894. Se perdió untiempo valioso, pero, al fin, Buenaventura de Abárzuza fue nombrado comoMinistro de las Colonias, con la esperanza de que proveyera el curso de la nuevapolítica hacia Cuba, con la cual Antonio Maura, ex-Ministro de las Colonias,tendría sus diferencias con el recién nombrado en cuanto al alcance de laautonomía que se concedería. No lográndose amainar la agitación independentista, a pesar de que lasmedidas liberalizantes fueron muy bien recibidas en La Habana, no así lo fueronen el interior de la mayor de las antillas (Cuba) que, en 1895, dio indicios demayor auge revolucionario, como ilustró el Grito de Baire. Para el 24 de febrero de 1895, el Gobierno de Sagasta restaba su importanciaa la rebelión, lo que sumó otro error al panorama. Sin embargo, el CapitánGeneral y Gobernador de Cuba, Camilo Polavieja, quien había renunciado enprotesta por el nombramiento anterior de Robledo como Ministro para asuntoscoloniales, hizo advertencias muy distintas y fue desoído. Razón de surenuncia. Desde 1891, P. M. Sagasta había designado al Almirante Pascual Cervera yTopete como su Ministro de Marina. La vuelta de Cánovas del Castillo crearíaotra grieta para el caos que el último gabinete liberal, antes de la Guerra conlos EE.UU., heredaría. Desde el 10 de marzo de 1895, España comenzó afortalecer su poderío militar en Cuba, no previéndose otra cosa que sofocar alos mambises libertarios. Una fuerza expedicionaria de 6,000 tropas llegóa La Habana. El General Martínez Campos, sofocador de anarquistas catalanes,al decir de Dolores Prat, 10 también fue enviado a Cuba. Lasactitudes de éste contribuyeron a que la propaganda novelera y conservadoramotejara como anarquista a muchos liberales. Ni el mismo Dr. R. E. Betances,Luis Muñoz Rivera y otros patriotas puertorriqueños, se libraron del epíteto. Fue la nueva jornada de gobierno conservador de Cánovas del Castillo la queenviaría al general A. Martínez Campos a Santiago de Cuba y, con él y tras sí,una columna de 1,000 soldados españoles. Añadiéndose a Martínez Campos, «sofocador de catalanes, mambises yanarquistas», llegó a Cuba el General Valeriano Weyler y Nicolau, el 10 defebrero de 1896. Este impuso una estrategia de aislamiento de la poblaciónrural, creándose campos de concentración, siendo la primera vez en una guerramoderna que se utilizaran tales formas de cruel hacinamiento y trabajo forzoso.Para finales de 1897, se había relocalizado a más de 300,000 cubanos en talescampos. 11 Sería la protesta internacional, especialmente, la originada desde losEE.UU., la que desacreditaría los métodos de Weyler, pero éste fue quienasestó los golpes más rudos a los insurrectos cubanos en lucha porindependencia. El mallorquín Weyler (por su campos de concentramiento) 12hizo tanto daño al prestigio de la causa autonomista y las políticasreformistas de P. M. Sagasta para las colonias españolas, como las decisioneserráticas de Cánovas del Castillo y la elección de William Mckinley ennoviembre de 1896 como Presidente de Norteamérica. El 26 de junio de 1897, lacancillería norteamericana envió un despacho a Madrid con el Embajador Dupuyde Lôme con críticas a los métodos de guerra y la inhumanidad de España enCuba. Aunque el 6 de noviembre se había concedido una amnistía paraprisioneros políticos cubanos y otro decreto real de sufragio universal paraCuba y Puerto Rico (22 de noviembre), Cuba había sufrido tanto con el enconorepresivo y la saña por parte de los españoles que Máximo Gómez, eldirigente de relevo tras la muerte de Maceo, anunció que la materializacióndefinitiva de la República Libre de Cuba sería irreversible, y despreció el EstatutoAutonómico del 26 de noviembre y la súplica con que Blanco Erenas avisabacomo solución que los insurgentes de Máximo Gómez se aliaran a las tropasespañolas para expeler a los invasores en ciernes, que serían losnorteamericanos. En Cuba, se rehusó cualquier alianza de los cubanos con el enemigopeninsular. ¡Hasta era preferible contribuir junto a los yankees para el objetivo de unasonada derrota del régimen de España! 4. La Guerra Hispano-Estadounidense de 1898 Después de culparse a España del hundimiento de USS Maine en la Bahíade La Habana y hacerse una declaración de guerra por parte de los EE.UU., enreunión celebrada en Madrid, se discutió sobre la situación y la capacidadespañola para vencer o salir vencida, si se materializara de facto laconfrontación armada. Ese 23 de abril de 1898, el Comandante Pascual Cerverapredijo la destrucción de su escuadra naval, ya que «no hay comparaciónentre los recursos con que cuenta España y los que EE.UU. tiene». Y elvaticinio se cumplió el 3 de julio de ese año. La flota de Cervera entró a batalla con los buques de guerra estadounidense.Fue un desastre para España. Unos 350 marinos españoles murieron en elcombate. Otras 160 tropas fueron heridas y 1,600 soldados españoles, con sus 70oficiales, fueron tomados presos por las tropas norteamericanas, que sólosufrieron una baja y seis heridos. El 11 de agosto de 1898, el Consejo de Ministros de España aceptó lascondiciones de paz, bosquejadas por los EE.UU., casi unilateralmente. Enresumen, España debía renunciar a la soberanía ejercida sobre Cuba, PuertoRico y otras islas de la Indias Occidentales, traspasándolas a los EE.UU., yevacuar a los funcionarios de su régimen en cualquiera de sus coloniasperdidas. El mismo Blanco Erenas, quien había ordenado al Almirante Cervera su salidade la Bahía de Santiago y pelear, se sentiría insatisfecho; pero, como dijera,sería mejor para España «perder honorablemente en batalla que rendirse». Al Duque de Almodóvar del Río, Juan M. Sánchez y Gutiérrez de Castro, ala sazón Ministro de Relaciones Exteriores de Sagasta, desde mayo de 1898, tocóla triste tarea de enmendar el golpe al orgullo y prestigio español que fue suexterminio como potencia colonial hegemónica en el Caribe. El fue uno de losplenipotenciarios que, en París, negociaría la paz con los EE.UU. y buscaríamejorar la posición diplomática de España. Militarmente, tuvo muy poco espacio para defender los intereses españoles,sean cual fueren, porque ninguna colonia quiso seguir a la sombra de España,contrario al mito de la fidelidad puertorriqueña, antilla que en el discursopolítico colonial se refería como el epítome de fidelidad por ladespedida que se les ofreció al último Gobernador español. El 21 de noviembre de 1898, los negociadores estadounidenses presentaron el ultimátum(de una semana) para que se decidiera sobre la compra de las Filipinas por$20 millones de dólares. Al mismo tiempo se hacieron, otros reclamos sobreCuba, Puerto Rico, Guam y la anexión de la isla de Kusaie, en las Carolinas, asícomo sobre derechos de cables telegráficos y puertos en otras tierras, y de nohaber respuesta, el riesgo sería el de encarar el reinicio de hostilidades. El Duque de Almodóvar recomendó la firma del tratado porque España noresistiría otra confrontación militar y arriesgaba mucho más en no hacerlo;pero, por igual, acusó la presión alemana por comprar las islas del Pacífico.«Del árbol caído, todos cortan leñas», dijo. En Puerto Rico, muy pocos entre los hombres críticos e insatisfechos delcolonialismo español, creyeron que España perdía honorablemente en lasbatallas. Cada pueblo de la isla tuvo una experiencia particular de informarsesobre los hechos militares, especialmente, en los que se perdían vidaspuertorriqueñas y una experiencia también única, pero sicológicamentedeterminada, sobre cómo educarse en cuanto a la situación que se avenía conel enfrentamiento de las potencias. Juzgar las relaciones de poder, en cuantoestructurales, no fue fácil. Tampoco lo fue evaluar el trato humano, entrecontendientes, no ya de los personeros de España como metrópolis, sino tambiénel comportamiento de sus civiles en los distintos estamentos de la sociedad. Los parámetros a la mano funcionarían como ideologías e ideologemas (segúnel término, del teórico Fredric Jameson), quien sigue el lineamiento básicodel filósofo social Antonio Gramsci al decir que los hombres tomanconsciencia de su posición social en el terreno de las ideologías y todainiciativa histórica o reto ante la realidad cambiante, u opresiva, tiene uncometido que se formula ideológicamente y que consiste en cambiar las fasesprecedentes, hacer homogénea la cultura en un nivel superior al precedente.14 5. Una oportunidad de romper con el pasado Mi tesis, tras haber estudiado las Partidas Sediciosas, como la respuesta másespontánea y genuina del anhelo innovativo de los participantes es que, enPuerto Rico esta lucha campesina surgió del afán, no reaccionario, por rompercon el pasado, no de conservarlo. El estímulo para la violencia fue creado porla polarización entre ricos y pobres, que fue aguda, y que pese a la legislaciónliberal que trajo el Estatuto Autonómico fue insuficiente para distraerla mentalidad de que el poder plutocrático quedaba intacto en los pueblos de laisla. La clase privilegiada quiso nuevo marcos de poder; la campesina, unajusticia largamente debida. Por supuesto, Puerto Rico ya tenía una idiosincracia latinoamericana, caribeña,que conserva y las ofertas inciales para dar un marco jurídico a su identidadcolectiva se presentaron con los EE.UU., a la postre, su nuevo amo. Esta fue lailusión de muchos, especialmente, la clase obrera urbana y el campesinado. Paraalgunos importantes líderes de las partidas campesinas, el salto a la esfera deBarbosa, o el ilusionismo del incipiente Partido Republicano (anexionista,asimilista) fue fácil. Avelino Méndez fue el ejemplo. Los republicanosbarbosistas utilizaron el prestigio de profesionales de talento, como los pocosque había en Pepino, para predicar sobre un nuevo sentido de identidad dentrode la esfera mayor de la identidad jurídica estadounidense; Juan Tomás Cabán,en respuesta, decía que más vale ser cabeza de ratón que culo de león(Echeandía Font). El sentido estricto, desde el cual se percibe el ser nacional puertorriqueño,vigente aún antes del hito externo de la Revolución de Lares, y al que invocoaquí, proviene de una definición de Juan José Hernández Arreguí: El sernacional emerge como comunidad escindida, en desarrollo y en discordia, comoproceso en movimiento, no como sustancialismo de la idea, sino como unacontrastación, velada o abierta, de las clases actuantes dentro de la comunidadnacional, no como nostalgia de los panteones y ornatos de la historia, no comouna paz, sino como una guerra. El ser nacional, en última instancia, pugna porcimentarse sobre las oposiciones de las clases sociales que luchan por el poderpolítico. En síntesis, el ser nacional no es uno, sino múltiple. ¿Quées el ser nacional, en: La Consciencia Histórica Iberoamericana(Buenos Aires, Editorial Hachea, 1972). Es evidente que la invasión norteamericana de 1898 propició uno de losmomentos más críticos en la vida puertorriqueña. A pesar de la miseria quesufría el grueso de la población, no habría un espacio para mentir, o hilardelgado sobre los sentimientos nacionales. Las disyuntivas para elegir, o no, sedieron en el escenario más definidor y escindente: O colaboradores de losyanquis o pro españoles (aún el autonomismo con ribetes afectivos, osentimentalmente pro-españolista, el hispanismo culturizado, tendría quetronar). En otro extremo, la opción fue: Con los yanquis o separatistas. O europeos ocriollos, donde la esencia de lo americano-criollo se fijaría por el contrasteexplícito con lo europeo-metropolítico. En algún sentido general, aunque nomenos práctico, la disyuntiva fue la Doctrina Monroe, tal como la postulóel sector puertorriqueño inclinado al anexionismo, desde antes de la invasiónestadounidense, y que repetía: O pasado o cambio. Si se optara por elpasado, éste sería revalidante del colonialismo europeo ante una doctrina que,desde 1823, quedó planteada en el Congreso de Washington y que dispuso que enel continente americano es el deber que se considere a cada país fuera delintento de ser colonizado por las potencias europeas. España debía serconsiderada como el rival amenazador de Europa en el traspatio de los EstadosUnidos. Y volver la cara a España, tras la guerra, sería materialmente imposibleEstas son las ideologías y subproductos («ideologemas») que permearon estemomento. Las mismas se infieren del discurso opinante y las memorias de lasgentes entrevistadas. España representa el pasado que se claudicó a sí mismo y cedió paso alpoderío norteamericano. El Desastre del Guacio y las ambivalencias delCoronel Julio Soto Villanueva, Antonio Osés y Pedro Arocena y Ozoresrepresentaron el derrotismo y al ejército español desmoralizado. Con Españano habría futuro. Los alzados del campo coincidieron con los gringos enplantear que España fue el rival europeo. 6. Revanchismo y Confrontación En Pepino, donde se formaron varias partidas campesinas armadas con machetes,palos y pistolas, las facciones anti-españolas colaborabarían con losestadounidenses; otras fueron meramente defensivas y espontáneas, viéndose ladesorganización del comportamiento militar español. Entre las partidas oguerrillas que se daban un contenido anarco-campesino y socialistoide, huboinfantilismo revolucionario y mucho espontaneísmo. Pero la crítica a losbatallones de voluntarios que apoyaron a España fue feroz. Aún los miembrossupernumerarios de los batallones, si por alguna razón fueron conocidos enPepino, como el médico Antonio Guijarro Huesca, o las familias Castañer,(Antonio, e.g.,) Pavía y Prat-Contrich (todas con primeros y segundos tenientesen las fuerzas voluntarias, pro-españolas), era vituperadas y amenazadas con componte. La célula llamada La Mano Negra, plagada de resentimiento,improvisación y revanchismo, fue el mejor ejemplo de oposición a ellos. Al ejércitoespañol, organizado con peninsulares y voluntarios criollos, llamados adefender la parte centro-occidental de la isla, le fue mal en el Combate deHormigueros del 10 de agosto de 1898, y esta batalla perdida desmoralizó alas tropas del Oeste, dándose incidentes casi surrealistas. La columna militar de Soto Villanueva no se expuso, posiblemente con maliciasuya o atroz cobardía, en auxilio a los combatientes del pueblo de Hormigueros.Se quedó en el Cerro de las Mesas, con pocos ánimos de participar. Se estimóque 12 muertos y heridos y otros tantos prisioneros se produjeron para mayordescrédito de la conducta militar española. Tanto a él, como a su segundo almando, el coronel Antonio Osés, se les procesaría por cobardía en España. Confundido por las noticias acerca de acciones armadas planeadas, aunque aúnno cometidas por las guerrillas, el coronel Soto Villanueva «se escondiócon sus hombres en la finca de Pérez Díaz» (sic.), 15 a pesarde que él tenía a su mando el Batallón Alfonso XIII, mismo que contabacon 6 compañías y una guerrilla montada de 60 hombres al mando del capitánRodríguez, es decir, 850 soldados en total. El segundo al mando, en esta región isleña del Oeste, fue el CoronelAntonio Osés y los capitanes de compañías fueron: Torrecillas, FlorencioHuerto, García Cuyar, Espiñeira, González y Serena. Les colaboraban el SextoBatallón de Voluntarios, con 450 hombres, al mando del Coronel SalvadorSuau y dos comandantes, Fernández y Salazar; pero, como dijera en susentrevistas, la hija del último Alcalde español, don Manuel RodríguezCabrero, en San Sebastián del Pepino, de todos esos hombres llamados a sacarla cara por España no se hacía uno (cf. Entrevista con RodríguezRabell Vda. de Negrón, loc. cit.) Y eran 1,515 hombres, si descontamos el SéptimoBatallón de Voluntarios que se disolvió y los caídos en el Combate deHormigueros. Generales, pacificadores y tenientes, sedientos de prebendas reales, habíansido los guías, voceros y representantes del poder de la Corona Española antepueblo puertorriqueño, por siglos. La regencia de Romualdo Palacios González,breve como fue (del 23 de marzo al 11 de noviembre de 1887), fueinolvidablemente cruel. Creó el odio al militarismo español que se evidenciópor una mayor polarización ideológica y un decenio después por el cruce debando entre las tropas. Con el respaldo de armas estadounidenses, losvoluntarios de Puerto Rico se prestaron a la tarea de ver la derrota delcolonialismo español. Las huestes gringas daban la bienvenida a esta ayudaextra de manos favorecedoras en la isla enemiga. Este fue el modus operandisde la revancha general. No pocos voluntarios jugaron dobles estándares por serantiespañoles siquitrillados. El campesinado no fue precisamente afecto a España, al igual que sucedieraen Cuba. El campo se pobló de peonaje, malogrado por la desatención a susnecesidades de salud, educación y respeto por parte de sus patroneslatifundistas. Un peonaje dispuesto a dar precio de venganza por cuenta propia,machete en mano, o con ayuda del imponente ejército que con su sola presenciapuso a temblar a muchos españoles. 7. El país en la incertidumbre En Pepino, el campesinado blanco, peninsular o criollo, observó el marasmopolítico, en medio del juego de fuerzas hostiles. Y desde el fin de laadministración del Gobernador General Sabás Marín, se acostaba y levantabasin saber quién habría de ser su gobernador. Uno de los últimos gobernadores españoles, Ricardo de Ortega tuvo tresinterinatos el mismo año de 1898. Andrés González Muñoz murió a días de sunombramiento y el General Manuel Macías y Casado duró de febrero a octubre enel cargo antes de que Ortega lo sucediese como gobernador actuante con ladecepcionante y triste tarea de pasar el poder de la Isla al primero de trespacificadores del intervencionismo extranjero, quienes se turnaron comogobernadores militares ese mismo año de 1898: Nelson A. Miles, John R. Brooke yGuy Vernon Henry. Los campesinos de origen peninsular, con anécdóticas nostalgias, comparabanlos sucesos locales y aquellos vividos o recordados y sucedidos en lasprovincias de España, donde surgía su ancestro familiar. Algunos de ellos yahabían comprendido las reformas autonómicas que representó el régimen deManuel Macías y Casado. Y eran apasionados autonomistas, aún liberales.Empero, el domicilio en Puerto Rico no cambió la condición socialsignificativamente del inmigrante peninsular pobre. Había rezago económico enEspaña lo mismo que en la isla. Por lo menos, en la isla siempre se presupusoque habría mayor paz. Así pensaron. Con cierta frontalidad, cónsona a suopinión política, para algunos inmigrantes españoles la razón de sudomicilio en la isla se cimentó en el descontento con las guerras internas enEspaña. 16 8. La Proclama Miles y las esperanzas Curiosamente, al finalizar la Guerra Hispanoamericana, fueron las clasescriollas más cultas, medianos y grandes propietarios, las que se identificaronmás crédulamente con las promesas norteamericanas. Si bien la Proclama Milesno fue garantía de nada, la disyuntiva histórica, por el nuevo cambio desoberanía, apeló de modo conclusivo y rotundo a la comprensuón del hechoquepara sustituir la piedra que ya no destila (a España), según CarmeloCruz, habría que comenzar destituyendo a las botellas, el belén o el güamede los viejos funcionarios españoles, o incondicionales, por un nuevoliderazgo criollo. Los sediciosos del '98 creyeron que la innovación cuajaríadentro del espacio de la Gran Proclama: la caballerosidad delinvasor. Entre los arrimados había el sueño de poseer sus pequeñas parcelas oagenciarse sus empleos seguros. Total, los peninsulares incondicionalesabandonaban sus tierras o se mudaban a España u otros pueblos, porque, aúnantes de la rebelión de Lares, Pepino tenía fama de hostil (D. Prat). 17 Afiliado a las partidas campesinas, Carmelo Cruz verbalizó la convenienciade utilizar el espacio que brindaba la Proclama Miles de modo diferente que loscolaboracionistas que se organizaron como los primeros federalistas republicanos(movimiento al que el Dr. Jorge Celso Barbosa dio unidad partidarista añosdespués). Cruz no creyó que la anexión a los Estados Unidos de Norteméricafuese una alternativa jurídica viable ni inmediata para la identidadpuertorriqueña. De todos modos, como jíbaro sencillo, se sentía satisfechocon saber que el borincano tenía un modo de ser, distinto al del peninsular,pero inasimilable al modo del anglosajón. Norteamérica, para él, nofue el modelo del progreso, no necesariamente de la libertad. Mas, al fin y a lapostre, todo colaboracionismo e ideología de desarrollo sucumbieron al pitiyankismoen la práctica y por desilusión. En Puerto Rico, después del 1900, siguieronlos cacicazgos. Se arropaban con los colores del unionismo y el republicanismofederalista. Este es el por qué los sectores más prominentes de la población de Utuado,al ver llegar al General Roy Stone del Cuerpo de Ingenieros de las tropasnorteamericanas, salieron a ponérsele bajo sus órdenes y, entre ellos, elmismo Olivencia y los que fueron llamados los perdidos (B. Mayol, Mora, J. L.Casalduc, los Casellas y otros). «El progreso, como el camino de lalibertad, se hicieron sobre el cadáver del honor empobrecido. Oí a mi padredecirlo. Ni la pobreza ni la ambición tienen virtud» (Doña Bisa). 18 9. Los juegos del gato y el ratón La mayor parte de los informes sobre la ubicación de las fuerzas españolasy norteamericanas que circularon durante tan críticos días, como fueron del 11al 15 de agosto de 1898, tendieron a ser falsos, o rumores malintencionados. EnUtuado, otrora bastión de haciendas cafetaleras y uno de los más prósperos,por su infraestructura, durante el gobierno español, las defensas militares sólopudieron reclutar a unos 20 guardias civiles para proteger al pueblo. Elcomandante de la guarnición, el Teniente Ulpiano de la Hoz, ordenó la huídade sus tropas a los primeros informes sobre el desembarco de tropasestadounidenses en Guánica. «Utuado se utilizó para echar miedo. Si lastropas invasoras entraron al centro de la isla, se las movería para cualquierpunto para hacer jaque en pueblitos y quitar a los alcaldes, o hacer matanza desediciosos» (Echeandía Font, loc. cit.). Una de las tácticas de las partidas campesinas (para mantener a ambos ejércitosfuera de los puntos en que se harían ataques) fue ésa, confundir a losenemigos. «Entretenerlos en el juego del gato y el ratón» (EcheandíaFont). Ocupado Utuado por 75 tropas de la Compañía de Voluntarios deWisconsin, por regimientos de infantería de Illinois y Massachussett y casiel centenar de voluntarios piertorriqueños, anti-españoles, que respaldaban alGeneral Stone, las partidas «se comunicaban con los gringos para dar razónde operativos españoles; los querían enfrentar, pero, ¡que va! nadie queríaverse las caras, o pelear en medio de lluvias y matorrales» (EcheandíaFont). En Pepino, un militar estadounidense mató, por accidente al limpiar unrifle, a un muchachuelo que hurgaba de costumbre en el campamento y, en medio dela tensión que el incidente produjo, no se produjo la reacción de encono quelos agitadores esperaba como había miedo y la soldadesca española no queríadar la cara (González Cubero, loc. cit.). Una guerrilla de 50 hombres o voluntarios a pie que, contrario a muchos españoles,conocía bien la ruralía, estuvo infiltrada entre las tropas de SotoVillanueva. Al mando de esos 50 guerrilleros estuvo un líder campesino, JuanchoBascarán, que ni quiso cuenta con los gringos ni con los peninsulares, y quetenía contactos con las fuerzas del cambio entre el campesinado del interior,entre ellos, Fermín Montalvo, Adolfo Babilonia y Flores Cachaco. 19 Soto Villanueva recibió por vía de un telegrama unas órdenes estrictas delGobernador Manuel Macías y Casado de que llevara consigo todo el equipo posiblepara contribuir a la defensa de Arecibo. La inminencia de la Toma de Arecibo portropas invasoras urgía más que cualquier hecho y se pidió que el equipo decampaña y cuarteles confiados a él llegaran a Arecibo en el menos tiempoposible. A Soto Villanueva, el fatulo defensor del Oeste puertorriqueño, Macías ledijo que avanzara con los encargo por tren, en hito de mayor premura. Alegando,con anticipado temor, que podría ser cañoneado por el mar (sic), SotoVillanueva partió a Las Marías, pueblo que no tendría más importancia estratégicaque Arecibo, si la prioridad se señaló como apoyar eficientemente a lacapital, según un plan agresivo de España contra el invasor. «Las Maríasera como boca de lobo, callejón sin salida; área mala para esconderse si loque se quiso fue huir. Esta plaza fue buena para hacerse rendir» (EcheandíaFont). Quizás, en aras de tal salida, Soto Villanueva dispersó, por igual, unaparte de sus hombres por Maricao. «En este juego del gato y el ratón, ¿sobreque lógica se justificaría meterse en Maricao, perder el tiempo allí? Lacapital fue lo que estuvo siempre en juego» (ibid.) En la bifurcación deLos Consumos, camino que corría por la derecha hacia Maricao y, por laizquierda, hacia Las Marías, la columna española de Soto Villanueva hizo altoen la finca de cafetales de la familia Nieva y cuando el administrador de lahacienda le informó sobre cierto monte y camino por el que llegarían losnorteamericanos, si es que vendrían, él apresuró fingidamente su salida,antes urdiendo su conveniente accidente, con el que se excusó para librarse deresponsabilidades, según testimonios Montalvo y Echeandía Font. Sí, al cruzarsobre un puente, camino al almacén de café donde pensaba esconderse, se cayópor accidente. «Y se hizo el gallo bobo para que lo cargaran» (FontEcheandía). 10. Las veleidades de Soto Villanueva
... Soto se escondía de la acción con descaro. El capitán de voluntarios, Arocena lo dijo por muchos años y fue por lo que se hizo republicano, pro-yankee, 'Cava un hoyo y entiérrate'. También Bascarán cuando lo miraba con miedo, se lo decía. Lo choteaba... Con Arocena, lo que pasó no fue que era cobarde, sino que aquí ya andaban quemando y, como era vecino de Doña Lola, de Mirabales, y de los Elizaldi, dijo que primero salvaba a los suyos y después a España. Entonces no le retiraron el respeto: sic., Entrevista con Delfín Bernal Toledo. Notas. 20 El entrevistado Miguel A. Montalvo, cuyo abuelo Fermín Montalvo Valentínencabezó una partida muy temida en el barrio Pozas, proveyó las coplas quecitaré y de las que M. González Cubero, Doña Lola Prat, Delfín Bernal y elLcdo. P. A. Echeandía, completaron y refrasearon algunas líneas. Según contaríaMontalvo, Fermín oyó tales coplas en bocas de voluntarios del Batallóndisuelto (guerrilleros a pie) y que dejaron la lucha porque: «... susfamilias estaban pasando hambre». Al darse la derrota española en Hormigueros, frente a las narices de SotoVillanueva y viéndose que él no bajó a reforzar la resistencia, la gente delbarrio Pozas que se había reclutado para pelear volvió a sus hogares y algunosformaron una partida, «por si los americanos llegaran Pozas, matarlos apalos». 21 Por otra parte, el Lcdo. Echeandía Font explicó que el guerrillero Bascaránpertenecía, posiblemente, al batallón disuelto y fue testigo de ciertoincidente que el Capitán Rivero Méndez describió en su libro sobre la GuerraHispanoamericana: la discusión entre el Coronel Antonio Osés y SotoVillanueva, en que el primero lo llamó cobarde. Insinuó que suspresuntas costillas rotas eran machucones de miedo (Montalvo, loc. cit.) Al principio, considerada la caída de Soto, desde una altura no mayor dediez pies, en la hacienda de Nieva, el Teniente Osés creyó que no fue tal unhecho fingido, pero detalles percibidos terminaron desengañándolo. Lo sucedidono fue grave. Esta sospecha suya se confirmó por otros incidentes en la casa del AlcaldeOlivencia y de Blandín. Soto Villanueva permanecía en la casa de Cirilo Blandín cuando Osés decidióque se avanzaría hacia Guacio, buscándose ya, para entonces por recomendacióndel coronel Salvador Suau, un paso transitable (el Vado de Zapata), que sehallaba donde el río Mayagüecillo se unía al Guacio. En fila india, AntonioOsés cruzó casi toda la columna de sus hombres, sin conocer con cuántaprontitud había avanzado el enemigo Gilbreath y Burke con sus tropas. Ya, a estas alturas, entre los dirigentes mayores de las milicias en Pepino,comienza el miedo a las balas, la deshonra de España, «ahí se acabó todoy lo que se hizo fue echarse en cara todos por qué no peleaban, beber ron ymatar el hambre» (González Cubero). Sí, se oyó fusilería y cañonazos en Pepino y fue en la Loma de LaMaravilla. Sólo Olea permaneció en la Loma, pero sin recibir órdenes decontestar el fuego a los gringos. Osés y el segundo teniente Lucas Hernández(que no habían cruzado todavía el río Guacio) reunieron a unos 60 hombresrezagados que contestaron el fuego durante 15 minutos. La compañía del capitán González, la guerrilla montada y la gente almando de Salvador Suau, huyeron en estampidas, ocultándose entre los árboles.Cada quien se escondió donde pudo sin un plan de acción, durante ese medio díade vergüenza militar española. Fue el 13 de agosto que, históricamente, es conocido como el Desastre delGuacio. 11. El trunco ajusticiamiento de Soto Villanueva El pánico de la huída ante la agresiva fusilería de los invasores fue talque las tropas españoles dejaron el campo, a ambas orillas del río Guacio,regado con pertrechos, armas, mochilas, capacetes y equipo militar. El mismoBascarán fue forzado a escapar y lo haría rumbo a Lares. Desde temprano en lamañana, ese mismo día, 13 de agosto, miembros de una partida sediciosa, altiempo que iban invocándose unas coplas de Carmelo Cruz o de J. Barreiro, avanzóhacia la casa de Blandín, para ajusticiar a Soto Villanueva. Se gritaba ¡VivaPuerto Rico Libre! Soto sacó su pistola para defender su vida; pero Cirilo Blandín lo detuvode disparar e hizo una elocuente defensa de la necesidad del estado de orden ycivilidad, condición que sería necesaria para ganar el respeto de losinvasores norteamericanos «y todas aquellas reformas que estaban en la mentede los alzados contra España». (Echeandía Font) Por eso, Blandín convenció a la dirigencia de la partida de marcharse ysalvó la vida a Soto Villanueva, quien habría sido linchado por la turba.Muchos de los que se personaron (y atestiguaron el incidente) provenían de LasMarías, donde entraron y robaron «pollos y gallinas» a Los Velez(hacienda abandonada, por las que se habían peleado muchos descendientes de lafamilia Prat-Velez y Hermida). En afán colaboracionista y como intérprete para una brigada de exploradoresestadounidenses, estuvo, por igual, el Dr. Vicente Lugo Viñas. El acompañaba ala caballería de Valentine, a la que seguía el paso, de cerca, como reesfuerzoy retaguardia, la brigada de infantería de Theodore Schwan. Por un camino deherradura, llegaron al Valle del Río Guacio, centro de combates. Poco antes, por caminos del barrio Calabazas, los médicos de la Cruz Roja deSan Sebastián, Dr. José A. Franco Soto y Dr. M. Rodríguez Cancio avanzaron acaballo y llegaron al Vado de Zapata, en las cercanías de Guacio. Habían oídodisparos de fusil y cañonazos, hacía pocas horas. En esta ocasión, Osés alegaría, como antes hizo Soto Villanueva, hallarseenfermo para cruzar el río y ponerse a salvo de las tropas americanas, conquienes mantuvieron fuego de retirada. El segundo hombre al mando de la defensadel Oeste pidió al Dr. Rodríguez Cancio que se comunicara con losestadounidenses para rendirse. Aquí se completaría el Desastre de Guacio. Como médicos de la Cruz Roja, por el carácter neutral del cargo, lasolicitud de Osés de rendirse junto a su soldadesca (y que fuesen ellosemisarios del mensaje), fue tarea que se les vedaba cumplir. Los médicosinformaron que habían visto tropas estadounidenses rumbo a la casa-hacienda deBlandín. En el camino, por Calabazas, atendieron a un artillero herido y quemurió finalmente. También presenciaron la rendición de un grupo de españoles,entre ellos, un sargento del Batallón Alfonso XIII. Le informaron, además,que junto con Lugo Viñas habían visitado el cuartel que Schwan instaló en lospredios de Vegas de Blandín, es decir, su hacienda. No hubo necesidad de que ni Rodríguez Cancio ni Franco se dieran a la tareadel choteo, máxime cuando ellos dos, simpatizantes de la autonomía bajo España,habrían favorecido que no fuesen Osés y su gente capturadas y, aún, lesofrecieron un caballo para que él no caminara, sin tan enfermo se sentía. Setrataba del dirigente y responsable de toda una tropa. A pocas horas, Osésmismo se entregó, yendo con este fin a la casa de Gerardo González; quienordenó que se preparara un arroz con pollo para el enfermo. Fue en este hogardonde Lugo Viñas y una tropelía prestada por Teodoro Schwan arrestarían a Osés,al teniente segundo Lucas Hernández y sus hombres, para un total de 56prisioneros de los yankees en la sola tarde, el 13 de agosto. Adicionalmente, enGuacio, las tropas invasoras incautaron 53 fusiles Mauser, 44 fusiles Remington,10,000 cartuchos de bala, un botiquín, 8 mulas, el caballo de Soto Villanueva yuna gran cantidad de mochilas. De regreso a San Sebastián, como a las 5:00 de la tarde, los doctores de laCruz Roja se reencontraron con Osés, hallándolo en la casa de Gerardo González.Se extrañaron de «verlo tan buen dispuesto». El respondió que ya seencontraba mejor. Sólo el estrés de la guerra y el hambre lo tuvo enfermo.Echeandía Font adujo que, en conversaciones con el Dr. Franco, éste buscaba envano recordar lo que Carmelo Cruz y el gallego Barreiro habían escrito sobreSoto Villanueva para los apuntes de un libro que escribiría (la novela históricaJuan recuerda su pasado), pero que olvidaba las coplas porque «tratándosede cobardes todo se olvida». Cuando finalmente expliqué a Echeandía Font que yo conocía tales coplas ya quienes las recordaban aún y que yo las incluiría en esta monografía, mientrevistado se emocionó mucho al yo leérselas, me pidió unas copias y selamentó, visiblemente mortificado, que el doctor Franco no viviera aún paraescucharlas. 12. «España se fue de bruces» Echeandía Font tenía razón al aludir como autor de las coplas a JoaquínBarreiro, gallego independentista, que tenía una revista humorística, ElCarnaval, en calidad de editor y director de la misma, donde Carmelo Cruz,Epifanio Méndez y el fino poeta Ramón María Torres, hicieron travesurasliterarias anónimas y atacaban el régimen, por lo menos, en los albores de lahistoria literaria de San Sebastián. Barreiro fue acusado ante las tropas españolesde instigar sus ideas anarco-sindicalistas, colaborar con las PartidasSediciosas y sabotear los telegramas de la Oficina Local de Telégrafos a sucargo. «Un títere manejado por Cabán Rosa». Los informes dicen queBarreiro, telegrafista oficial de Pepino, se pasó a las líneas americanas yevitó así el arresto. Las coplas que se le adjudicaron a Barreiro dicen: de que Soto se cayera, pero el golpe verdadero ni España lo perdonara; Rodríguez mandó la Cruz * (Roja) cuando el Guacio se creció y ante las aguas crecidas el cobarde se juyó. España se fue de bruces en el Vado de Zapata... ( ...incompleta...) En la casa de Cirilo, lo mismo que de Olivencia, Osés a Soto le dijo: sóis cobarde, sinvergüenza, y verte quisiera yo como al gringo de la jeta... El resbalón sobre el puente (que fracturara huesos a Soto Villanueva) sehizo símbolo de la burla colectiva a la caída del régimen («España se(iría) de bruces»), tal como Soto. Los versos captaron la memoria históricade las gentes, lugares de combates y desencantos anímicos. Se aludió aOlivencia, el alcalde ex officio de Utuado, que hospedó a Soto cuando sufrióla caída. En una ocasión, por ejemplo, cuando Osés planificaba la retirada en casa deOlivencia y habiéndosele ya concedido el mando, al Soto Villanueva solicitarque «se le permitiera seguir en una camilla a la cabeza de la columna parano caer en manos enemigas», el Teniente Olea, en gesto más audaz y leal ala lucha contra los invasores, dijo que: «Más que en la retirada, debemospensar en enfrentar al enemigo y dar lucha en Las Marías, donde la gente estáintranquila». Se refería a que había oído ya sobre las quemas y robos. Durante el calorde la discusión, Antonio Osés habló despectivamente de Soto, acusándole dementir sobre sus heridas y amenazándole con dejarlo. La madre del alcalde, queescuchaba en otra habitación, tomó valor e intervino al oir las alegaciones decobardía que se echaban unos y otros: «Cobardía es que abandonen al jefeherido y que, para peor deshonra, lo hallen escondido en la casa del Alcalde». El Teniente Olea accedió a que se le llevara, pero que no fuese la tropa laque se distrajese «en los menesteres de cargarlo». Olivencia pidió que dejaran algunos hombres con su madre porque temía a lasacciones de las partidas y Bartolomé Mayol y a José Lorenzo Casellas,funcionarios municipales, en propiedad, «no se les halla por ninguna parte».La razón: «se habían pasado al bando gringo» (Echeandía Font). Al arreciar unas lluvias al siguiente día, Soto Villanueva se alojó con lafamilia Blandín y no quiso salir más, sino a rendirse. Varios guerrilleros murieron en la crecida del río Guacio y le dijeron aSoto: «¿Cruzas o te quedas?» y él no se hizo de rogar, cuandoofrecieron llevarle al lugar seguro. Sobrevivir a la guerra provocó una actitud renuente y esnobista. Sería unsuicidio enfrentarse al invasor que, con sus hechos, ya había probado queabatiría muy fácilmente a naciones mayores que la isla. Las declaraciones dePascual Cervera para la prensa española, alegando sus pocas «esperanzas desuperar con nuestras escuadras» las mismas proezas de Dewey en Manilabastaron, es decir, al medirse equitativamente la capacidad técnica del poderíonaval norteamericano con la naval española, ya se tendrían las señales delcomportamiento que, por sentido común, se vería entre los paisanos en la isla.No hay loco que coma lumbre. No fue cobardía que los españoles lo comprendieran, mucho menos que, en susniveles locales, en las colonias pobres y aisladas, los milicianos loapalabraban con actitudes confirmativas. 1. La desilusión y el discurso anarquista En la primera parte de esta monografía, discutimos que, siendo Ministro deGobernación en España, el orador liberal Nicolás María Rivero, elbandolerismo en Andalucía fue reprimido en 1870. El Ministro de Gracia yJusticia, con el gobierno de P. M. Sagasta, Vicente Romero Girón hizo lo mismoen 1883, sucedido por Aureliano Linares, entonces ex-liberal que dio una vueltaen redondo como diputado tras su alianza con el conservador Cánovas delCastillo. Un pepiniano fue fiscal durante los enjuiciamientos criminales relacionados aLa Mano Negra: Juan Hernández Arvizu. Una familia local de apellido Moreno (que sabía de esa participación deHernández como fiscal) lo invitó a disertar en el Casino sobre el tema yprendió una mecha de discordias que duraría un decenio. ¡Y la ironía del proceso represivo en España fue que los golpes más rudoscontra las clases campesinas que clamaron por una organización bienhechora,mediante luchas activas y reinvindicadoras, los propinaron los políticosliberales! Se utilizaron funcionarios liberales criollos que, como en Pepino, sejactaron de sus aportes a la paz y el orden y ganaron el incrédulo desfavor desus pueblos nativos en Ultramar. Entonces, hubo quien dijera como su crítica aHernández Arvizu, «la Colonia no pide funcionarios, pide servilones,guabinas con sangre fría» (Prat). El insospechado resultado fue que seutilizara la mención de La Mano Negra, aún proscrita por la boca deHernández, Rivero y Romero Girón, para dar castigo a la España represora delcampesinado andaluz. El anarquismo en España fue revolucionario, no por el uso de la violenciaque en si fue el recurso invocado por todas las clases (ya sea aquella querefugió sus intereses detrás del golpismo militar y los caprichos de lasguerras civiles), o el clero y la burguesía; fue revolucionario, en el sentidode que las voces más elocuentes del anarquismo español y el republicanismoradical, en última instancia, no propusieron el reformismo y sus clamores, sinoel reemplazo de la estructura social-política básica de aquella sociedad decaciques, misma que Cánovas del Castillo había perfeccionado como sistemapolítico. Quienes se hicieron protagonistas colectivos, al arrancar elmovimiento anarcocampesino y el cantonalismo, de viso radical, fue la clase másoprimida. Esto fue cierto en las colonias en el fin de siglo, aunque se dijera:«Esa gente pobrecita que, como niños van, a donde les llama cualquier agitador»(M. L. Rodríguez Rabell, loc. cit.). Contrario al espontaneísmo exhibido en su organización en Pepino, hay queindicar que, en las agitaciones de Jerez de la Frontera y las influencias delmovimiento cantonalista de 1873, se había ofrecido un discurso ideológicoarticulado como guía, al que se fue añadiendo una interpretación y motivaciónque no provino de improvisaciones, sino del contexto especializado de cadasituación histórico-concreta y la fuerza moral importante que llevaba tras sí. Uno de los líderes, Fermín Salvochea (1842-1907) se educó en Inglaterra;tenía formación y experiencia republicana y, antes de afiliarse al anarquismo,fue diputado de las Cortes Constituyentes de 1869 al 1871 y Alcalde de Cádiz.«No fueron bandoleros; rateros o camorristas, con caras pintadas, detrás delos cuales estaba un Vizconde... Simplemente, no fue así. Si con esos cuentosvino Juanito Arvizu (¿...?, sic.), me perdí de poco con no ir al Casino yescucharlo». 22 Salvochea tradujo a Kropotkin al español, no los folletines de Ponson sobreRocambole. Y, pese al idealismo liberal del Gobierno de Sagasta, Salmerón y PíMargall, él concluyó que los campesinos y los pobres de las ciudades tienen elderecho ético y moral a la violencia, a su uso revolucionario, a dar «fundamentoracional a su probabilidad de aprovechar las posibilidades reales de la libertady felicidad humanas», adecuando sus medios para alcanzar ese fin. En este proceso, cuando la libertad se dispone a entrañar un cambio «eincluso una negación radical de la vida vigente», la violenciarevolucionaria es una forma defensiva frente a la violenciacontrarrevolucionaria, incluyendo «la función moral de la coersión, elpoder coercitivo de la ley, ya sea que se sitúe por encima de la soberanía oque se identifique con esta última»). 23 2. El eco local: «Todo comenzó en el Casino»... En el pueblo del Pepino, antes y después de 1898, hubo quienes opinaron quelos anarquistas serían, potencialmente, los verdaderos reinvindicadores de losderechos campesinos en España. Entre éstos que así lo pensaron estaban JuanTomás Cabán Rosa, Joaquín y Pascasio Moreno, 24 Manuel P. González,25 Avelino Méndez Martínez (quien fuera padre del futuro Alcalde,Don Andrés Méndez Liciaga), Carmelo Cruz, 26 el maestro Lino Guzmán27 y otros. Pero ellos, a pesar de las metas solidarias con elpensamiento agrarista, español y puertorriqueño, sucumbieron a una especie deilusionismo autonomista o separatista, condenado a logros improbables y, en elmejor de los casos, tardíos. Ambos ideales quedaron prontamente en el aire. El autonomismo bajo la banderaespañola serviría a unos cuantos líderes puertorriqueños para fascinarse conun segundo sueño guajiro: el autonomismo, ahora bajo el ala delos EE.UU.; pero, en el marco irremediable de la colonia, las mentespuertorriqueñas soñaron en grande. Unos con la república; otros con elfederalismo estadounidense. Aureliano y Avelino Méndez, por ejemplo, pasarondel separatismo recalcitrante al anexionismo. Y con esta misma fascinación seentretuvieron José Julio Henna y Roberto H. Todd en San Juan. Al finalizar el régimen militar en Puerto Rico, con la aprobación del ActaOrgánica de 1900, o Ley Foraker, aquellos tientos y asomos defederalismo de 1899 madurarían en el unionismo y se desintegrarían, poco mástarde, en el liberalismo ambivalente. El marasmo político finisecular fue tal que, aún después delrestablecimiento del orden civil, se tardaría más de una generación en poneral país sobre sus pies, con madurez de objetivos. «Todo el negocio de laspartidas se chaló», diría Prat y recordó que el capitán Arocena, quientenía una bandera española, ajada y revolcada por el campo y que le llevó asu casa para que ella la volviera a coser, decía: «Todo el mundo estásacando vientre de mal año. Los autonomistas sólo quieren comer a costillasdel yankee. Creen que ellos (los yanquis) van a traer abundancia y lo que traeránes una larga miseria». La gente sin medios económicos necesitaba empleos. Con el régimen de España,en esta hora crucial, el trabajo escaseaba. Lo que a Prat pareció una locura fue que Clementina Urrutia, más aguerridaque ella sobre los asuntos de la política, «enarboló la bandera en unacasuca de El Tendal» (Pueblo Nuevo) y como símbolo, ¿de qué? La profecíade Arocena la comprendía muy bien: el que se aliaba a los invasores buscaríasu propio bien: saciar hambres atrasadas o formar con ellos el nuevo eje depoder. El beneficio propio: zorra que ha desollado. 3. La zorra: ¿una revista anarquista? Utilizando otra vez la metáfora de la zorra (que parecía influencia dejadapor los discursos de Clementina Urrutia en mítines socialistas y anarquistasde El Tendal), Prat comentaría que la democracia y el progreso de todos es «unacosa que nunca se ha visto y que no va a llegar: son como una zorra con dosrabos». Si alguna vez existió en Norteamérica, o en Grecia, la democraciay la justicia social, grandes temas que trajo la Proclama Miles para dar papillaa todo un pueblo, éstas habían dejado de existir material y moralmente. ¿Quéhabría en su lugar? Una lucha de lobos, es decir, componendas y políticas vandálicas de guerray expoliación contra otras naciones para el saqueo de sus materias primas. Enla década de 1890, hizo su aparición la corriente de pensamiento geopolíticoen la Sociología y que, en rigor, por su despliegue y aplicación en el mundo,no fue otras cosa que un culto de adoración a la monarquía británica, a suinfluencia en los EE.UU. y a la complicidad con el dominio imperialangloamericano y su sistema parasitario después del asesinato de McKinley. ADolores Prat le estaban hablando en chino y le bastó saber que en Norteaméricahabía mucha miseria; la creyó porque Urrutia que viviera allá se lo dijodesde los huesos, su experiencia en Nueva York. Al explicar sobre la Gran Urbe y contraponer su visión (más fatalista queplacentera) al ilusionismo que la gente del campo mostraba fue interesante suinvocación del enemigo menos obvio. Uno que siempre está detrás del poder deWashington y que frenará el progreso del pobre en todo siglo. Quienes hablaronsobre el anexionismo y el protectorado norteamericano para la isla de PuertoRico, voces como la de Cheo Font y Aurelio Méndez Martínez, no lacomprendieron ni se enteraron jamás. La Venecia del Norte (nombre que alude a Inglaterra) es la zorra queazuza a los hijos (naciones) de perdición. De ésto trata un artículo, ocuento, que Prat recordara, contado por boca de Urrutia, y que es una alegoríasobre la monarquía inglesa y grupos anti-estadounidenses que alrededor del Príncipede Gales (más tarde, Eduardo VII), lanzaron esa operación mundial de lasguerras geopolíticas. Guerras que estallaron entre 1894 al 1917 y que fueron elastuto plan de la Monarquía (la Zorra inglesa) para enemistar entre sí anaciones que tomaban el modelo de cooperación y de fomento del bienestargeneral que, en su momento, encarnó el país estadounidense. Son muchos los países y las facciones que la Zorra azuzó unos contra otros.En Estados Unidos, la Constitución federal, modelo y principio de grandezauniversalmente aclamada, dio motivo a muchas de las zorrerías inglesas que seanticiparon con odio por los EE.UU.. Las provisiones especiales sobre esclavitudy derechos de los Estados que se abrogaron los confederados revelaalgunos paralelismos con la historia de las partidas. Durante el régimen español,los portavoces de los agricultores y comerciantes más prósperos tenían lasmismas actitudes que los confederados de Jefferson Davis, R. R. Lee y A. H.Stephens. La Confederación americana había sido el títere de la monarquíabritánica y sus valores políticos y sociales. La expansión de la esclavitud yla propagación de formas conexas de corrupción se ejemplificaron en el PartidoDemócrata de Martin Van Buren, Andrew Jackson, James Knox Polk, el usurpadordel Suroeste (héroe del expansionismo a costa de los mexicanos), FranklinPierce, otro expansionista y quien muriera en la oscuridad después de erráticasy vacilantes políticas que consolidaban el poder de los esclavistas), JamesBuchanan, ex-presidente vacilante ante la necesidad de abolir la esclavitud y,cuando fue Ministro en Gran Bretaña, uno de los credores del plan secreto de1854 para adquirir a Cuba y propulsar, con ayuda de proslavery Democrats,la extensión de la esclavitud. La derrota de la Confederación ha sido llamada la Segunda RevoluciónAmericana, porque, de algún modo, fue el regreso a la imagen de los EE.UU. comoencarnación del principio de Bienestar General del pueblo llano, todas susclases y de la comunidad de naciones. Este principio se instituye en el Preámbulode la Carta Magna. Tan fundamental concepto fue planteado y examinado porel pueblo puertorriqueño que entró al coloniaje de una nación que en suConstitución consagra el principio y en la Proclama Miles prometiócompartirlo. Los únicos testimonios orales que magnifican la alusión a la Zorra como códigode lenguaje político en el Pepino del primer decenio del siglo XX correspondena los ofrecidos por Dolores Prat, el Dr. Rabell Fernéndez y Montalvo Valentín.La pregunta ¿Qué cree usted de la Zorra de (Urrutia o Dioña Luce)----? por lo general, insolente y sarcástica cuando se hacíasorpresivamente; tenía para los interesados en el asunto, un contexto real, conun planteamiento que debería validarse con buenas razones. La alegoría delinglés que divide y vence; de la Zorra con que se alude al poder geopolítico yla nueva sociología política burguesa estaba en boca de muchos. En el abismo de olvidos y memorias por rescatarn que aún vive este pueblo,la entrevistada D. Prat nos hablaría sobre una mujer, cuya primera llegada alPuerto Rico fue por la vía de Cuba, país que dejara tras tratos (¡no estáclaro si amorios!) con Gerardo Forest. Urrutia vivió en Nueva York y regresaráhuyéndole a la influenza que mataba a miles en la época. Ella trajo libros yrevistas. Dolores Prat llegó a la conclusión de que Clementina Urrutia, mediahermana de Pedro Ortiz y, por tanto, su pariente, sería antillanistacomo prefiriera decir antes que utilizar el término separatista; fueanarquista, pero de tradición que ella (Prat) no conoció porque se habíacocido en los EE.UU. y para Eulalia Prat, quien compartiera sus pocos libros einquietudes con su hija Dolores, «el anarquismo es español como mi mare»,«de modo que a la Zorra casi no la toqué; yo le dije a Clementina, mira y téncuidado con la gente con que llegaste». Y, al advertir ésto, se refería a la familia de gitanos, es decir, a lavieja que con su hijo se hicieron huéspedes sospechosos del Hotel Juliá y «quelo mismo, por unas monedas dadas, te leía el Tarot que te hablaba sobre elImperio de las Tinieblas, los países de la perdición y la explotación delpobre por los demonios... Te hablaba del voto de la mujer» (sobre elcapitalismo y el sufragismo). Dolores sentía miedo de ella; a ClementinaUrrutia por consejo le había dicho: «El mundo está lleno de zorras yfantasmas, zorras con dos rabos y espectros». Seguramente, este pesimismo no fue compartido por todos, pero fue elideologema flotante en las mentes de muchos pepinianos como Prat. Ya se hablabade que, en Puerto Rico, la colonia norteamericana traería como únicasoportunidades que los puertorriqueños se movilizaran como carne de cañón paralas guerras de EE.UU. o trabajos en la Gran Manzana o en cañaverales de Hawaiio Filipinas. Con la metáfora de la Zorra, Doña Luce y Clementina loprofetizaban. Para ellas, los cachorros y fotutos de Confederación fueronTheodor Roosevelt y Woodrow T. Wilson. Símbolo de esta tragedia de expectativas amargas y de reformismo desesperadofueron las gestiones de dos Comisionados puertorriqueños ante el Congreso delos EE.UU.: Federico Degetau y Tulio Larrinaga, ambos autonomistas bajo el régimende España. Degetau fue el primero en gestionar que se concediera la ciudadaníanorteamericana a los habitantes del país que había quedado, prácticamente,sin ninguna ciudadanía. La petición no tuvo éxito. Con su sucesor, T.Larrinaga, sucedió lo mismo. Pese a tres periodos de su representación como Comisionado en Wahington,D.C., la petición de mayor autogobierno insular en el marco federal y de laciudadanía estadounidense para los borincanos jamás fue exitosa ni se pudoreintroducir al Comité de Asuntos Insulares del Congreso. Doña M. Luisa(Bisa) Rodríguez Rabell recordaría que, en vísperas de la concesión de laciudadanía estadounidense, visitó a Doña Lola Prat en su casa de Mirabales yle informó sobre ese logro y cómo sería celebrado en la Plaza de Recreo.Entonces Prat le dijo: «¿De qué me preocupo yo? ¿Y qué debo festejar? Siyo voy a ser la última española de Mirabales y no sé para que le sirvirá auna vieja como yo esa ciudadanía». 4. Los factores externos Para Urrutia, independentista, la ciudadanía estadounidense sería el findel sueño antillanista y de la continuidad del proceso emancipador. Entonces,en Pepino, muy poca gente entendía a lo que ella se refería cuando habló dela perversión del monroísmo. Esta doctrina, formulada por James Monroe,pretendía que los EE. UU. «would not entangle themselves in the broils ofthe Old World, nor suffer European powers to interfere in the affair of the New».La doctrina monroista, seguida por Cleveland y McKinley, fue iniciada por elPresidente John Quincy Adams en 1825, quien tuvo simpatías con el abolicionismoy se oponía a la anexión de Texas. Mas, una vez aplicada, en su forma más negativa, a muchos descorazonaría.«The capture of Manila and the cession of the Phillipines to the United Statesin 1898, and still more the part of the Americans took in the World Wars haveabrogated a large part of this famous Doctrine». El monroismo sería tan sólouno de los factores originadores de frustración y cinismo. 28 Al principio, la clase intelectual borincana miró hacia Cuba como unahermana mayor, desde los tiempos de Lares. Los más honestos dirigentes, con laexcepción de De Diego, Luis Muñoz Rivera y R. Matienzo Cintrón, murierondemasiado pronto en el nuevo siglo y no fijaron sus nobles impulsos e idealescon sus personas. Lola Rodríguez de Tió, Pachín Marín, José de Diego, R.Matienzo Cintrón y el sabio Eugenio María de Hostos representaron los sueñosgrandes de antillanismo; pero, sin la derrota de España, estos logros sedemoraron para la misma Cuba y, sucesivamente, los primeros decenios de la Cubarepublicana se corrompieron por causa del intervencionismo estadounidense y lasinvocaciones a la Enmienda Platt por EE.UU. 29 Estos independentistas entendieron que el Estado soberano, ya no sujeto aldominio español ni a los EE.UU., sería el producto de la posibilidadprogresiva de la historia para darse las funciones públicas necesarias deautoprotección y organización contra cualquier otra extranjería colonial ointerventora. El Estado libre sería la culminación del desarrollo históricointerno. Asimismo, ellos visualizaron como el peligro más grande queprevaleciera dentro de la república la reminiscencia del pasado, la esencia noeliminada ni forzada a desaparecer de las clases antagónicas que se manifiestancomo el uso del Estado como instrumento político, o «maquinaria paramantener el dominio de una clase sobre otra» (V. I. Lenin, loc. cit, v. Nota#7). Perdida la guerra, Puerto Rico, se sujetaría al gobierno militar del invasorque duraría más que el cubano. El 12 de abril de 1900, el Presidente McKinleyaprobó la Ley Foraker, primera ley orgánica de los EE.UU. en PuertoRico, tras el triunfo en la guerra. Esta ley desarticuló la infraestructura jurídicareformista de la nación en ciernes. Cuando se aprobó esa ley, Prat se prometióque sería española y empecinada por siempre. Como el viejo Arocena quehabía besado la bandera sucia y ajada de España (la que le dio alguna vez),ambos se burlaban de Muñoz Rivera que había jurado lealtad a España en 1896,cuando se anunció que murió Antonio Maceo, y que, sin embargo, contrario al Titánde Bronce de la Revolución de Independencia Cubana y gran disidente delPacto de Zajón, se entregaba como guabina al regocijo de su muerte para fingiruna lealtad que no llevaría él mismo a la tumba. Muñoz Rivera escribía en LaDemocracia: «Somos españoles y arropados en la bandera española, hemosde morir»; yuxtapuesta su idea, «Te voy a decir por quien moriría MuñozRivera, en cada lance por circo y maroma, por gastar la pólvora en salvas»(Prat). Antes que la línea editorial del periódico El Regional de SanSebastián se volcara al unionismo y al muñocismo, algunas voces de laclase hacendataria española conservadora se pronunciaban en forma deeditoriales o cartas de reacción ante el pueblo. Respirando por la heridaes uno de esos documentos escritos que, en 1914, todavía reflejaba el fondoemocional dejado por las partidas de incendiarios en la psiquis colectivade la comunidad. Las partidas armadas y castigadoras (y el dulce amparoconcedido a ellas) fueron la manzana de discordia que dividió elquehacer de los primeros partidos en Pepino (Federal, Fusionista y la Unión). De Diego, cuyo un punto de vista fue más definidamente independentista queel de Luis Muñoz Rivera) dejó el Partido Federal. Los republicanos acusaban alPartido Federal de excluyente y despótico y De Diego renunció a su ConsejoEjecutivo y protestó sus polLticas y lo mismo haría, poco después, ante elPartido Unionista, desde el que fue elegido a la Cámara de Delegados. Muñoz Rivera, en afán de curar las disidencias internas que ocasionaba encualquier partido, hizo una visita al pueblo de Pepino y permanecIó en éstehasta el día de las elecciones en la que logró una mayoría de 2,608 votos;pero, localmente, nunca pudo ganarse el respeto del liderazgo local, ni deindependentistas ni de anexionistas. 5. Las herencias del caciquismo Para las víctimas de las Partidas Sediciosas, muchas de los cuales fueronfamilias autonomistas sinceras, sólo que con fe en el proceso liberal español(tal vez ingenua fe, la misma fe que manifestara Baldorioty de Castro y De Diegocuando fueron partidarios del Partido Republicano Español), Muñoz Rivera fuela perfección del caciquismo. Y fue llamado Don Luis I, de Barranquitas.Es curioso que la crítica a Muñoz Rivera, en el sentido de que, con suscriterios de dirigencia, se había convertido en el muro de contención alavance de la independencia, al menos en este pueblo, se hiciera por miembros dela vieja clase hacendataria, en las miras de componte nuevo por los 'sediciosos'de 1898. Pascasio Moreno, Cecilio Echeandía Medina, Miguel Tomás LaurnagaSagardía, Domingo Liciaga, Jaunarena Azcue y J. M. Font Feliú, coincidían enla crítica. No les convencía de ser sincero, sino un lobo competidor que parecíadecirles a muchos: ¡Vúelvanse a España; aquí, con el nuevo régimen, sonintrusos faroleros! A las partidas en Quebradillas, Camuy y Pepino, fueron las organizó elunionismo, como engendro creado por obsesiones controladoras y, en el peor delos casos, debilidad moral de la mayoría ante la violencia. Los tres pueblosfueron bastiones unionistas que se hicieron símbolos de vandalismo en PuertoRico, gracias a la artificial y bien orquestada guerra propagandística entregacetas, La Democracia, por un lado, y el El Tiempo. Esta de tendenciaanexionista. Ciertamente, para muchos propietarios, cuya principal fuente de ingresos fueel café, la depresión y el tránsito al nuevo tipo de comercio y tarifas, conlos EE.UU. fue un golpe rudo. El café constituyó el 41% de la tierra cultivadaen la isla y su valor fue tres veces más que el derivado de la importación dela caña de azúcar. El campesinado-------- Mis entrevistados M. González Cubero y Rodríguez Arvelo dijeron que unafrase resumió la actitud política de los campesinos que se armaron y que seaplicara a cafetaleros peninsulares, burócratas y comerciantes unionistas: cuñasdel mismo palo. Con la frase, se acusó la estéril lucha de esos primerosdecenios del siglo y la superficialidad del debate político ofrecido por lagente en el poder. Unos, conformes con el recortado poder gubernamental y otros,con su poder económico en declive, ya presionados por la nueva dirección delpaís y rumbo de la economía durante una crisis orgánica. Los rebeldes de 1898, los que realmente participaron y se quedaron realengosy en un limbo, porque no tenían simpatías ni con españoles (convertidosen barbosistas) ni con unionistas (que no querían ya a los socialistas yex-miembros de las partidas), quedaron aún en mayor perplejidad eincertidumbre. Haya sido Pascasio Moreno, Jacinto Oronoz Rodón o Cabán Rosa elque definiera así a las dos fuerzas en pugna, cuñas del mismo palo, ambasalimentadas por el reformismo, la frase halló resonancia y tuvo porconsecuencia el desprecio popular a los partidos de los ricos (es decir,Unionista y Republicano). 6. La sobrevaloración del miedo y la novedad En la visión de sus críticos (es decir, latifundistas del cafetal), losunionistas adoptaron una tónica excluyente contra los hacendados peninsulares ycriollos. Azuzaron el odio contra ellos en vez de ir en pos de patriotismoamplio, inteligente, armonizador. En adición, pusieron toda la culpa deldesastre económico y político en el peninsular. Cómo se utilizaron las ínfulasde apellido y de cortesanía para acceder al poder como miembros natos de las Cámarasmotivo para las sornas del Unionismo. De hecho, las Constituciones españolas de1845 y 1876 acostumbró a la claque hacendataria, educada, próspera y nacida enEspaña, a invocar su grandeza, presunción de nobleza de sangre y serviciosprestados a la Corona, para integrar las Cámaras y el Senado. Un Estatuto Realde 1834 hizo de los Grandes de España un estrato superior de la monarquíamoderna que, aunque menos riguroso que los Veinticinco Grandes, «Primos delRey», amplió la representación conservadora y realista. Juan HernándezArvizu fue un ejemplo de estos privilegios. De la tradición teatral y los sainetes, se tomaron los motivos parasatirizar a los representantes de 300 años de despotismo y colonialismo español.El soldado fanfarrón y presuntuoso es uno de esos tipos (plasmados,desde antes de 1800, en el teatro español) que las décimas de los alzados del1898 aludieron al mencionar a Guijarro y Raniero; la oratoria ridícula, l (comoen en Fray Gerundio de Campazas, ------- Durante los debates entre anexionistas, federalistas y unionistas, elfantasma de las quemas, robos y asesinatos se describía tan amarga eintensamente que los comisionados en Washington, D.C. recibían como bofetadaslas excusas frívolas y quejas reactivas del sector político anglosajón sobrela supuesta resistencia interna. Los EE.UU. quería menos desafío a su cómodaposición de colonizador. Larrinaga acusaba a los ricos anexionistas del paísde obstruir los esfuerzos del Partido Unionista y no sumar fuerzas hacia elmismo reclamo de gobierno amplio para los asuntos locales. «(He) held theview that anti-American sentiments and attitudes were fabricated to sabotagecongressional efforts to amend the Foraker Act». Muy pocos entre los unionistas estaban dispuestos a pintar una escenacrudaasas dotesa asobre lo que fue la vida en los EE.UU. en tales fechas. Secreyeron la propaganda vigente sobre la tradición interna de los EE.UU. comobastión de libertades civiles, democracia, libertad económica y progresoindustrial. Los anarcosocialistas y socialistas sí estaban dispuesto adesmentir este cuadro ilusionante e informarse. A pesar de la admiración quedespertó el proceso inicial (la glamorizada idea de las Trece Colonias y elorigen cuáquero, o religioso-espiritual de su democracia y ética calvinistadel trabajo), la nación estadounidense estuvo en la mirilla de los cubanos,dominicanos y mexicanos, cuyas experiencias comunitarias no fueron tan halagüeñas.Si se pretendía como modelo a seguir, muchas cosas tendrían que resolverse;pero el análisis político-económico ante el trato que daba a muchas porcionesde sus nativos e inmigrantes fue alarmante, así como evasivo y oscuro. El anexionismo glorificador de la América del Norte jugaba a la gallinaciega y, según convino, acusaba de antiyankee a los medianeros que no leentraban al negocio de la caña; sustituyendo el café, a partir de 1910, cuandoen Pepino, con capital de Eduardo Giorgetti y bajo su presidencia, se fundó laCentral Plata; pero, al mismo tiempo, para cerrar los ojos a lo que inspiró elcalificativo del Aguila del Norte, renunciaron a dar luchas por el bienestarsocial, en fin, las luchas necesarias para combatir el colonialismo y la pobrezadel campesinado. Temas sobre el cual, desde 1880, ya hablaba valientemente ensus discursos y libros Adolfo Medina González, así como sus hermanos Julio yZenón. En la isla entera, como en Pepino, se jugó con el miedo. Temor a nuestrapropia civilidad. Según Rodríguez, cuando ocurrió un incendio en el mismoCasco Urbano o centro del pueblo y, prácticamente, el Viejo Pepino desapareció,había un temor enorme a que volvieran los días o los meses de terror queprodujeron las partidas. El hecho es que, a esta altura, es imposible verificarsi el incendio en la casa de Doña Mariana Rubio fue intencional, maliciosamenteprovocado; pero el fuego se propagó tan rápido que, para contener sus llamas,se tuvo que demoler 62 chozas en el sector Guayabal. Ese funesto día del 31 demarzo de 1906 inspiró que muchas personas pensaran que las Partidas Sediciosashabían cambiado del ataque frontal, avisado y técnicamente planificado, alprincipio del terror. No fue la primera vez que, después del brote de bandolerismo y quemas de1898, surgiera un fuego misterioso y originador de más miseria. Por el relatode Echeandía Font y las páginas dedicadas por Méndez Liciaga en su Boceto,sabemos sobre el en su día famoso Fuego de Castañer y sobre cómo se supuso elúltimo ataque de las Partidas Sediciosas en Pepino. Más de un decenio después,José Aldea Rubio y Teresa Medina Medina, su esposa, alegarían que el Fuegode Castañer del 17 de febrero del 1899, lo mismo que el que consumiera lacasa de Mariana Rubio en 1906, fueron premeditados, no accidentes. Alimentó lasospecha el hecho de que José Castañer Márquez estaba casado con Juana MaríaJosefa Font Feliú, hermana de Cheo Font. Se sospechaba Estuvo como su creadorcriminal la mano negra de alguna partida. «La mucha insistenciaexageradora sobre el asunto de los comevacas y tiznaos dañó la confianza políticaen este pueblo» (Victor Cardona, loc. cit.) Mi entrevistada Mariana Rivera Alers relató que José Castañer Márquez,propietario mallorquín en Lares y Culebrinas, visitó a sus padres VicenteRivera y Alejandrina Alers. Este hombre (don José) estaba muy asustado y temíapor su vida. Llegó a la casa de los Rivera Alers e invitó a don Vicente a serparte de una delegación que iría a visitar al Gobernador. Discutirían quéalternativas o cursos de acción debían tomarse para acabar el odio, laviolencia y frenar todo lo que estaba destruyendo a Pepino. Quiso seleccionar ala gente más querida y respetada del pueblo para tal trámite. Había pensadoen Pedro A. Echeandía Medina, Gabriel Martínez Fernández, Ramón DíazLiciaga y otros. La audiencia con el Gobernador no se realizó lo que deprimiómucho más a Castañer. Se suicidó, al fin de cuentas. En discutir, si primero sería preferible solicitar audiencia con MuñozRivera u otros comisionados de los designados por el Gobernador americano, sedesperdició el tiempo. Aunque la gente por él contactada en Pepino venció elmiedo a las venganza que pudieran resultar y quiso ayudar, nada se hizo. «Conrazón, doña Lola Prat decía que la gente unionista, impertinente, mejor nodecirle ni trisito o zurra que es tarde». 30 Es que las razones aducidas como explicación del horrendo incendio del 17 defebrero de 1899 y que la comunidad bautizó como el Fuego de Castañer, fue lanegativa de Don José a demoler una residencia de su propiedad, por lo que elfuego se extendió innecesaria y vorazmente, no pudiéndose controlar. El puebloquedó en miseria. 31 Rivera Alers desmintió la versión sobre estos hechos que diera Font Echeandíacuando adujo que Castañer Márquez, avergonzado y despreciado por los vecinos,por su tardanza en demoler una residencia de su propiedad, se regresó a Méxicoy dejó abandonada a su esposa Francisca María Font y a su prole de tres hijos.Que fue ante la imposibilidad de rehacer su fortuna, por malos negocios en México,que él se envenenó. Rivera Alers dijo que él se mató en Pepino, deprimido,porque su gestión de conciliarse con las Partidas fracasó. «Los unionistaschantajearon a todo español con soltar a los tiznaos, porque así de puerca erala política de aquellos años» (Echeandía Font). 7. Los invasores como águilas Desde seis décadas atrás, el movimiento independentista había observado lainsolencia y desparpajo con que William H. Harrison se referió a Simón Bolívar(1828); tocaron a uno de los ídolos de la América ya liberada de España y,desde entonces, los intelectuales de Sur América y el Caribe aprenderían ajuzgar críticamente toda acción política que procediera del Norte.Paulatinamente, con el despertar ocasionado por el insulto a Bolívar, por unpresidente estadounidense, esta nación fue herida sin piedad con la metáforadel águila o monstruo rapaz que crecería, aún comiendo de las entrañas desus propias comunidades étnicas o sus inmigrantes. Este movimiento de colonialismo interno crecía terroritorialmente y elImperio del Aguila se supuso indetenible. En 1848, con Polk, quedó oficializadala adquisición por la Unión de Arizona, California, Colorado, Nevada, New México,Utah y Wyoming. ¿Y de qué símbolo sería éso? Del águila en expansión. Descritas como minorías, aún estas gentes dentro del territorio, fueron políticamenteatacadas, cultural y sicológicamente desclasadas. «English settlers weredislocating, decimating, and assimilating the native populations of the easternand midwestern United States. The 'protection' offered to Mexicans under theTreaty of Guadalupe Hidalgo (1848) was broken by the United States in the sameway that they violated treaties wih the others indiginous nations». 32 A la vieja noción del Aguila del Norte, intervencionista y esclavista, se añadiríancada vez mayores críticas. En tiempos de los presidentes Chester Allan Arthur yGrover Cleveland: Norteamérica fue vista como excluyente y soberbia. Suobjetivo, uno que no cejaría, asaz obstinado. The United States could notassimilate and Americanize the Native Americans fast enough. T. Larrinaga, F. Degetau y José Celso Barbosa conocerían años más tardeesta realidad, al juzgar el maltrato a los obreros, a los inmigrantes(especialmente, a los indígenas, mexicanos y chinos) y a «todos losrenuentes a la asimilación» y al propósito de advenir como ciudadanos.Eran, sin duda, sujetos del desprecio y de una petición dura y condicionante.«The savage shall become a citizen». Para este propósito, «a criticalstep in the Americanization of Southwest school was the removal of Catholicofficials from school boards and replaced with Anglo Protestants». (Dra.Susana Flores y Dr. Enrique G. Murillo, ldc. cit.). 33 El 29 de diciembre de 1890, ya no pasaría desaperciba a la atención delpensamiento anarquista en los EE.UU. ni al de América Latina, el más grandeconflicto entre indígenas nativo-americanos y tropas del ejército federal. La Matanzade Wounded Knee durante la administración de Harrison. Tampoco pasaríadesaparecibida en el decenio de 1890 lo que, en los estados del Sur, fueronconocidas como las Jim Crowe Laws (segregación de los negros en áreas,distantes de la población blanca, en el uso de oficinas públicas, servicios detransportación, hoteles, teatros, hospitales, etc.) y la infame doctrina jurídicade separate but equals. 8. Investigación de la rabia contenida Conocido ya este contexto, procederé a hallar las voces para un relato que,por mi investigación, explique lo que Echeandía Font llamara «un momentoen que se llenó la cabeza a la gente, en pueblo y campo, de ideas foráneas ysocialistas»; «no fue sólo contra España, sino contra los americanos» (GonzálezCubero); «había gente con estudios que simpatizaba, diciendo que habíamoscaido en las garras del Aguila americana» (P. T. Labayen). Es cierto que la primera condición que aflora, al utilizar la historia oralcomo metodología de estudio, nos llevará a un fondo emocional ante loseventos; pero es preciso definir las ideas que permearon la época, porque lageneralidad de quienes aportaron su relato a este trabajo coincidió en el hechode que se sintieron asombradas de que gente que había sido pacífica se politizóy participó. «Ellos sabían a lo que se metían» (González Cubero,loc. cit.). A todas las personas entrevistadas, presenté como preguntas iniciales parasu aporte al relato memorante las siguientes: (1) ¿Por qué fue importante para usted conservar, o no olvidar, lo que vioo supo acerca de los hechos (las partidas sediciosas) y de los que participaron?¿Le dio miedo o pena saber de tal asunto? (2) ¿Tuvo gran interés, o un interés personal, en conocer sobre otroscasos o víctimas de las Partidas Sediciosas, o conocer quiénes participaron, opor qué? ¿Llegó a conocerlos personalmente, antes de que murieran? (3) ¿En qué ocasiones, públicas o privadas, la gente o su familiacomentaba sobre esos hechos de sangre, o sobre los robos o los participantes? (4) Quien le contó, ¿sentía odio y hostilidad por los agresores u otragente relacionada? ¿Cambió la vida de ellos, el modo de ganarse la vida, o eltrato con la gente? (5) ¿Sabía usted sobre algo sospechoso o cuestionable en el carácter moralo la vida pública de la víctima? ¿Alguna razón para que tal personainsp | |||||||||