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Magia y Religión: Actos tabuados

Resumen: Escrito en el que resumo los principales tabús de estos pueblos para con extranjeros, respecto a sus comidas y bebidas, origen de taparse la cara, obligación de los reyes de no salir de sus moradas, o restos de comidas.

Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jimenez


 

Escrito en el que resumo los principales tabús de estos pueblos para con extranjeros, respecto a sus comidas y bebidas, origen de taparse la cara, obligación de los reyes de no salir de sus moradas, o restos de comidas.

Seguimos viendo una mentalidad que no sólo explica la aparición de la magia primero, sino de las religiones después. Y lo curioso es que practicaban todos estos tabús por miedo a la magia y la brujería.

  Magia y religión

   XXX. - Actos tabuados

 Son aquí tabús las medidas precautorias que toman estos pueblos para no recibir daño, medidas que se acrecientan con el rey, del que ya sabemos que creen recibir todo lo que necesitan, en virtud de los poderes mágicos o religiosos que atribuyen al monarca, como hacer que llueva, etc.

 Y cinco son los tabús que voy a resumir:1)para con extranjeros, 2)sobre comidas y bebidas, 3)el de la cara descubierta, 4)salida de casa y 5)restos de comidas.

 Sospechaban que los extranjeros practicaban magia, que les era adversa, y por eso los purificaban con ramas de incienso encendidas, tañendo campanas y golpeando panderos, y sobre todo haciéndoles pasar por llamas. En la isla de Nanumea, Pacífico meridional, llevándolos a cuatro templos, donde rezaban y hacían ofrendas para que sus omnipotentes dioses desviasen cualquier enfermedad que portasen los extranjeros; hasta que terminaban las ceremonias todos permanecían ocultos. Los atdanom, Borneo, exigían que el extranjero paguase los sacrificios de búfalos o cerdos que iban a hacer para librarse de maleficios, pues incluso tenían que sacrificar aves, para untarse con su sangre, quienes habían visto a un europeo.

 A Creavaux los apalai obligaron a dejarse picar su cara, muslos y pecho por grandes hormigas negras, cuya mordedura es muy dolorosa, para ahuyentar sus demonios. En Java curan o curaban el reumatismo y la gota con frotes de chile mexicano. En la Costa de los Esclavos, Africa, curan o curaban a los niños con cortes en su cuerpo, en los que introducían pimienta verde o especias. Los polinesios de las islas Ongtong, Java, rociaban a sus visitantes con agua, les ungían con aceite de coco y les fajaban con hojas secas de pandán, esparciendo agua y arena, y restregando con hojas verdes tanto a  hombres como sus pertenencias, aunque fuesen barcos. En Afganistán y lugares de Persia recibían al viajero con sacrificios de animales, alimentos, fuego e incienso; o arrojando a los cascos de sus caballos ascuas encendidas.

 En Africa central recibieron al explorador alemán Eduardo Schnitzer sacrificando dos cabras, con cuya sangre rociaron el sendero que tenía que pisar el jefe para recibirle. Cuando John Hanning Speke, descubridor del lago de Victoria, llegó a cierto poblado todos los nativos cerraron sus puertas, porque creían que en sus cajas venían los bandidos watutas transformados. Cuando iban al extranjero los maoríes convertían en suelo corriente el que había sido consagrado. Un indígena recibió al barón Miklucho-Maclay rompiendo la rama de un árbol, escupiendo a cada uno de los miembros del cortejo, y dándoles golpes en la espalda con la rama, enterrando después la rama en la floresta. Antiguamente hacían portar a cuantos visitaban Australia cortezas encendidas, o antorchas, para purificar el aire. Los toradjas no comían frutos de plantas plantadas por extranjeros, sin antes quemarles una casa o matar a alguno de ellos.

 Los betchuanas se limpiaban y purificaban después de viajes afeitándose la cabeza. En Africa occidental, lavándose todo el cuerpo con un líquido especial,  recibiendo del hechicero una señal en la frente. Dos embajadores hindúes fueron impuros cuando regresaron de Inglaterra, y se les purificó pasando los embajadores por imágenes de oro puro.

 Los embajadores que querían visitar al Kan tártaro tenían que pasar entre dos hogueras, juntos con los regalos que iban a ofrecer. Quienes querían visitar a Kalamba, jefe de los bashilangos del Congo, tenían que bañarse en dos arroyos, dos días consecutivos, pasar la noche en la plaza del mercado al aire libre, y entrar totalmente desnudos en casa de Kalamba, que les hacía una gran marca blanca en el pecho; de regreso a la plaza del mercado se vestían, pero recibiendo pimienta en cada ojo, mientras tenían que confesar pecados no cometidos, responder a cuanto se les preguntaba, prestar juramentos, etc.

 Al comer es cuando lo que la religión llama alma puede escaparse o ser raptada por la boca, por lo que los batakos y zafimanelos de Madagascar cerraban todas las puertas mientras comían; los warua no permitían que nadie les viera comer o beber, y el rey de Loango moría instantáneamente si era visto comiendo o bebiendo, por lo que ordenó matar a su perro favorito por entrar donde estaba comiendo, y descuartizó a su propio hijo, de dos años,  por verle beber; y los restos de su comida eran enterrados, para que los hechiceros no conspiraran contra la salud del monarca. Cuando el rey de Bunyoro, Africa central, iba a beber leche en la vaquería, todos los hombres tenían que salir antes para no verle, y las mujeres cubrir la cabeza hasta que se marchaba.

 Era difícil que alguien de estos tiempos y culturas bebiera algo sin conjurar espíritus, tocando campanillas mientras bebían, colocando la mano izquiera en tierra antes, tapándose la cabeza, poniéndose tallos en el cabello, o señalando con una raya de arcilla su frente; incluso blandían lanzas contra los espíritus mientas tomaban cerveza. De esto se originó el tabú de cubrirse la cara, el sultán de Darfur mediante una pieza de muselina blanca, que sólo dejaba ver sus ojos, y el de Wadai con una cortina.

 Muchos reyes, tantos que no los cito, no podían salir de sus casas o palacios, o sólo podían salir tras sacrificios humanos (el de Onisha). Si el rey tenía que asistir a algún ceremonial sagrado, como el de bendecir los ñames, danzaba con un gran peso en la espalda, generalmente un saco lleno de tierra, probando que aún podía cuidarse del Estado; si era incapaz de soportar tanto peso, se le destronaba o lapidaba.

 Como había conexión de magia simpatética entre el alimento que se ingería y el que se dejaba, los narrinyeri de Australia del sur rebuscaban constantemente huesos de animales, pájaros o peces, cuya carne se hubiera comido, para construir con ellos talismanes; por lo que todos procuraban no dejar esos huesos y restos. Es largo de resumir lo que hacían estos hechiceros, pero así se enriquecían, pues cuantos se enteraban de que estaban siendo encantados, compraban los encantamientos. Incluso la cáscara de un plátano enfermaba si era quemada.

 De ahí también que se tuviera especial cuidado con los reyes. Nadie podía tocar los restos de comida que el rey de Loango dejara, y se enterraban; ni beber en la vasija del rey. Incluso los romanos rompían las cáscaras de huevos y de caracoles que habían comido, para que los enemigos no hiciesen brujerías con ellas.

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Publicado Monday 29 de September de 2003

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