Monografias | Soberanía Nacional PuertorriqueñaSoberanía Nacional PuertorriqueñaResumen: Vieques nos ha dado mayor visibilidad internacional. Sin embargo, me preocupa que todas las energías están en sacar a la Marina de Guerra de los Estados Unidos de Vieques, sin que tomemos mucho más en serio la presencia militar en toda la nación.
Vieques nos ha dado mayor visibilidad en un plano internacional. Sin
embargo, me sigue preocupando que en este momento todas las energías están en
sacar a la Marina de Guerra de los Estados Unidos de Vieques, Puerto Rico sin
que tomemos mucho más en serio la presencia militar en toda la nación. El pasado 30 de octubre se conmemoró
un año más de la gesta patriótica de lo que conocemos en los anales históricos
puertorriqueños como la Revolución Nacionalista del 1950, o sea, la Revolución
de Jayuya. La esencia de esta gesta era lograr
la descolonización e independencia de Puerto Rico a través de un movimiento de
liberación armado. Don Pedro Albizu Campos y Doña Blanca Canales son dos
personajes céntricos en la inspiración de esta sublevación contra el gobierno
imperialista de los Estados Unidos y su gusanera nacional Boricua. El desorden del colonialismo
engendró sus contradicciones de resistencia concluyendo, como dijo Don Pedro:
“cuando la tiranía es ley, la revolución es orden”. Ahora bien, en un tono
reflexivo, autocrítico, de hermandad y respeto, les comparto mis humildes
preocupaciones concernientes a lo que -a mi juicio- se caracteriza por demostrar
nuestra crisis ideológica y retroceso político. Les confieso que siempre he
creído en los ejercicios patrióticos que rescatan y preservan la memoria histórica
de nuestras hazañas de liberación. Los mismos son como punto de partida que
nos recuerdan de donde venimos y hacia donde debemos ir. También es una manera de presentar
nuestros respetos y agradecimientos a unos procesos y a unas personas que se
sacrificaron por la patria. Pero por otro lado, también les confieso que me
preocupa enormemente el que estas hazañas sólo sirvan para darnos una
oportunidad para conmemorar acciones que en última instancia pasan a ser
masturbaciones patrióticas, las cuales nos placen momentáneamente. Pero tal y
como la masturbación -que no satisface aunque desahoga- estas se convierten en
válvulas de escape para desahogar nuestro patriotismo energético, hasta que
las volvamos a repetir. A mí me parece que en este momento
histórico es necesario que podamos reflexionar críticamente sobre la
relevancia, consistencia y coherencia de nuestro trabajo ante la realidad
colonial de nuestra patria. Me parece preciso que podamos
encontrar momentos para evaluar seriamente nuestras diferencias y
similitudes, estrategias y tácticas, y por supuesto, avances y
descensos. Particularmente que por lo menos podamos comenzar por responder a dos
preguntas: ¿Cuál es la realidad que queremos cambiar en este momento en Puerto
Rico? y ¿cuáles son las alternativas que estamos considerando para cambiar esa
realidad? Por supuesto, a mí me parece que el escenario prioritario debe ser la
realidad colonial de Puerto Rico, y cómo lograr que su descolonización e
independencia nos conduzca a la soberanía nacional. Por esto, con respeto -y ofreciendo
la oportunidad a que se me objete- critico aquellas actividades políticas que más
allá de preservar la memoria histórica y fortalecer nuestras luchas de
resistencia actuales, solo giran alrededor de nostalgias nacionalistas,
romanticismos patrióticos, añoranzas descolonizadoras y melancolías
independentistas. En este despojo
de patriotismo catártico seguimos pensando tercamente que los tiempos pasados
fueron los mejores, y a la vez entretenemos la descorazonada autosugestión de
que esos tiempos jamás volverán. Y por supuesto, a todo esto se le suma el
aliento apocalíptico de la llegada de un Mesías,
otra Blanca Canales u otro Pedro Albizu Campos. Permítanme aclarar que no critico
el soñar y añorar. Lo que cuestiono es la parálisis revolucionaria que nos
lleva a solo recordar, sin dejarnos ver nuestra crisis ideológica y nuestro
retroceso político en los pasados veinte años.
Entre otras cosas podemos continuar preguntándonos, ¿cómo podemos
despertar la conciencia revolucionaria de nuestro pueblo puertorriqueño? Yo soy
de los/as que cree que nuestro pueblo tiene conciencia, pero la misma está
dormida, por lo tanto es necesario que busquemos
estrategias para despertarla. No olvidemos, esconder nuestra historia, nuestras
resistencias de liberación, y el legado patriótico de nuestros/as héroes y
heroínas es muy común dentro del colonialismo. Luego de este despertar
entonces organizamos esa conciencia políticamente desde una perspectiva crítica
y de clase. Este es el comienzo de la conciencia revolucionaria. Entre otras cosas, la realidad de
Vieques ha logrado unir muchos de los sectores políticos pero desde una
perspectiva de violación de derechos humanos y no desde la falta de soberanía
nacional. Vieques nos ha dado mayor visibilidad en un plano internacional. Sin
embargo, me sigue preocupando que en este momento todas las energías están en
sacar a la Marina de Guerra de los Estados Unidos de Vieques, Puerto Rico sin
que tomemos mucho más en serio la presencia militar en toda la nación. Más
cuestionable es identificar a Vieques como el problema cuando este es solo un síntoma
de un problema mayor que conocemos como colonialismo, o sea, el imperialismo y
militarización de los Estados Unidos. En otras palabras, no pongamos
todos los huevos en una sola canasta. En
el caso particular de Puerto Rico y a la luz de la realidad del resto de
nuestros países hermanos latinoamericanos, también debemos pensar seriamente
en lo siguiente: En nuestro antiimperialismo nacionalista, ¿queremos pasar de
colonia a semicolonia? La semicolonia, como escala de dominio entre un país
subordinado y otro que doblega, es en parte el resultado de la “independencia
política” y dependencia económica. Realidad que en última instancia pone en
tela de juicio si en verdad existe una independencia política y por supuesto,
si existe una verdadera soberanía nacional. Por favor no confundamos
dependencia económica con relaciones económicas interdependientes, entre los
países. La primera se ha distinguido históricamente por doblegar, oprimir y
explotar, mientras que la segunda construye relaciones que complementan las
realidades de los países envueltos. De aquí la necesidad del intercambio y
negociaciones justas. La dependencia la podemos evitar,
la interdependencia es inevitable. Por
lo tanto, me parece que un buen lugar para comenzar es dialogando, algo que no
estamos haciendo. Podemos dialogar sobre la construcción de un movimiento común.
De esta manera podemos emprender un ataque contra los enemigos que nosotras/os
mismas/os hemos creado: el dogmatismo (infalibilidad política), el parcelismo
(separar, dividir y fraccionar, porque cada parcela tiene la verdad), el
caudillismo (crear movimientos cimentados en una persona), la competencia (un
culto de adoración a la egolatría) y el proselitismo (la tarea de solo
reclutar personas para mi organización). Paz con justicia y viva Puerto Rico
libre.- * Padre Luis Barrios Iglesia San Romero de Las Américas New York lbarrios@jjay.cuny.edu Publicación enviada por Padre Luis Barrios Contactar http://www.ecoportal.net Código ISPN de la Publicación EpyyAVFEVycudQEGhk Publicado Thursday 23 de October de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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