Monografias | Feminismo y EcologíaFeminismo y EcologíaResumen: Feminismo y ecologismo serán dos movimientos sociales fundamentales en el siglo XXI. El primero porque, adquirida la autoconciencia como colectivo y la formación necesarias ya no es posible detenernos y el segundo por la cada vez más evidente insostenibilidad del modelo de desarrollo tecno-económico. Feminismo y ecologismo serán dos
movimientos sociales fundamentales en el siglo XXI. El primero porque, adquirida
la autoconciencia como colectivo y la formación necesarias ya no es posible
detenernos y el segundo por la cada vez más evidente insostenibilidad del
modelo de desarrollo tecno-económico. Feminismo y ecologismo serán dos
movimientos sociales fundamentales en el siglo XXI. El primero porque, adquirida
la autoconciencia como colectivo y la formación necesarias ya no es posible
detenernos (aunque se puede siempre retrasar la llegada a las metas
emancipatorias con diversas estrategias); el segundo por la cada vez más
evidente insostenibilidad del modelo de desarrollo tecno-económico. Estamos
asistiendo al comienzo del fin de la Naturaleza. Ya no resulta fácil a los
medios de comunicación disimular, como hasta ahora, la conexión existente
entre diversas catástrofes "naturales" que no son sino
manifestaciones de un cambio climático global de consecuencias insospechadas.
Vivimos lo que Ulrich Beck llamó "la sociedad del riesgo". Cuanta más
información poseemos sobre los alimentos que consumimos, el agua que bebemos,
el aire que respiramos y hasta el sol que tomamos, mayor inseguridad sentimos
(contaminación, pesticidas, agujero de ozono, conservantes... la lista es muy
larga). Sólo la ignorancia o la adopción de una actitud tecno-entusiasta ciega
puede hoy en día hacer que miremos hacia otro lado cuando los signos de peligro
son tan claros. Y, sin embargo, hay una voluntad (inconsciente) generalizada de
mirar hacia otro lado, voluntad cultivada cuidadosamente por el inmenso montaje
escenográfico de la sociedad de consumo. El ecologismo avanza lentamente y
tiene mayor implantación en los países tempranamente industrializados, en
aquellos en que la población, o al menos su juventud más ilustrada, se ha
cansado del espejismo hedonista contemporáneo que prometía la felicidad a través
de la acumulación de un sinfín de objetos materiales. Su avance es lento pero
está asegurado por la evolución misma de las cosas, por la tosuda realidad que
llamará cada vez más frecuente y contundentemente a nuestras puertas. Ahora bien, de la futura
coexistencia triunfal de ambos movimientos -feminismo y ecologismo- no se
deduce, a primera vista, al menos, que deba existir entre ellos una relación
particular. Sin embargo, una reflexión más detenida sobre la cuestión muestra
al menos dos grandes formas en que se plantea la necesidad del diálogo. La
primera de estas formas es la más superficial, pragmática y fácil de
comprender. Es, en realidad, una negociación preventiva: ¿Qué papel se
reserva a las mujeres en la futura sociedad de desarrollo sustentable? Dado que
gran parte de la emancipación femenina se ha apoyado en la industrialización
(por ejemplo, en los artículos envasados o de "usar y tirar",
nefastos para el medio ambiente), ¿cómo organizaremos la infraestructura
cotidiana sin sacrificar los todavía inciertos márgenes de libertad de las
mujeres? La experiencia de las militantes en los Verdes (con la honorable
excepción del mantenimiento a rajatabla de la paridad) y en diversas
organizaciones ecologistas muestra que subsisten allí, como en el resto de los
partidos, fuertes inercias patriarcales. Los ecologistas no suelen ser
feministas. Y ya en lo que concierne particularmente al estado español, por lo
general, las feministas no tienen gran sensibilidad ecologista. Aquí, son, por
ahora, dos mundos que viven de espaldas pero que en el futuro están destinados
a tratarse y, probablemente, a realizar pactos políticos. Si lo anterior se refiere a las
necesidades futuras, hay otras razones actuales para que el feminismo se
interese por la ecología. Si el feminismo quiere mantener su vocación
internacionalista, deberá pensar también en términos ecologistas ya que las
mujeres pobres del Tercer Mundo son las primeras víctimas de la destrucción
del medio natural llevada a cabo para producir objetos suntuarios que se venden
en el Primer Mundo. El nivel de vida de los países ricos no es exportable a
todo el mundo. Los recursos naturales son consumidos sin atender a la
posibilidad o imposibilidad de su renovación. El expolio no tiene límites en
aquellos países en los que la población carece de poder político y económico
para hacer frente a la destrucción de su medio natural. Así, por ejemplo, los
elegantes muebles de teca que proliferan hoy en las tiendas de decoración españolas
son, por lo general, lo que queda de los bosques indonesios, sistemáticamente
arrasados. Las mujeres rurales indias o africanas que viven en una economía de
subsistencia han visto su calidad de vida disminuir trágicamente con la llegada
de la explotación "racional" dirigida al mercado internacional. Si
antes disponían de leña junto al pueblo, ahora deben caminar kilómetros para
encontrarla. Esa es la modernización que les llega. Si en nombre de la justicia
deseamos que nuestra calidad de vida se extienda a toda la humanidad, esta
calidad debe cambiar y hacerse sustentable. Si la población china tuviera
acceso a los automóviles como la occidental, la atmósfera de la Tierra sería
irrespirable. Hay límites físicos, estudiados por la ciencia de la ecología,
que imponen un rumbo ecologista a nuestro modelo civilizatorio. El ecofeminismo atiende a ésta y a
otras cuestiones. No hay un solo ecofeminismo sino varias tendencias diferentes
en polémica actualmente. Dada la novedad de sus planteamientos y por ser una de
las formas más recientes del feminismo, suele ser mal conocido y, a menudo,
rechazado injustamente en bloque bajo el calificativo de "esencialista".
En este breve trabajo, intentaré distinguir esquemáticamente las corrientes
principales, plantearé lo que considero sus problemas y terminaré apuntando lo
más prometedor de un feminismo con conciencia ecológica. La antigua identificación de Mujer
y Naturaleza y su reciclaje con el surgimiento del ecofeminismo El feminismo mostró desde temprano
que uno de los mecanismos de legitimación del patriarcado era la naturalización
de La Mujer. En El Segundo Sexo, Simone de Beauvoir denuncia la exclusión de
las mujeres del mundo de lo público realizada a través de la conceptualización
de la Mujer como Alteridad, como Naturaleza, como Vida Cíclica casi
inconsciente, por parte del Hombre (Varón) que se reservaba los beneficios de
la civilización. El famoso "no se nace mujer, se llega a serlo"
beauvoireano es una denuncia del carácter cultural, construido, de los
estereotipos femeninos y, al mismo tiempo, un alegato en favor del
reconocimiento del derecho de las mujeres, en tanto seres humanos portadores de
un proyecto existencial, a acceder al mundo de la Cultura del que fuimos
injustamente excluidas. Los feminismos liberal, socialista y radical de
principios de los años setenta recogerán esta reivindicación consiguiendo
romper, al menos en gran parte, la prisión doméstica en la que se hallaban
encerradas las mujeres de la época. Hacia finales de los setenta, y ya
plenamente en los ochenta, algunas corrientes del feminismo radical recuperan la
antigua identificación patriarcal de Mujer y Naturaleza para darle un nuevo
significado. Invierten la valoración de este par conceptual que en los
pensadores tradicionales servía para afirmar la inferioridad de la Mujer (así,
por ejemplo, en Hegel la Mujer es presentada como más próxima a formas de vida
consideradas inferiores -animales o vegetales- al Hombre). Afirman estas
feministas radicales que la Cultura masculina, obsesionada por el poder, nos ha
conducido a guerras suicidas y al envenenamiento de la tierra, el agua y el
aire. La Mujer, más próxima a la Naturaleza, es la esperanza de conservación
de la Vida. La ética del cuidado femenina (de la protección de los seres
vivos) se opone, así, a la esencia agresiva de la masculinidad. Este feminismo
radical buscará una ginecología alternativa frente a los tratamientos
invasivos de médicos y grandes laboratorios farmacéuticos. Un importante
resultado de su actividad en los grupos de autoayuda se refleja en una obra muy
conocida entre nosotras y que aconsejo a quienes aún no se hayan servido de
ella: el manual de ginecología alternativa del Colectivo de Mujeres de Boston:
Nuestros cuerpos, nuestras vidas. Ante la manipulación creciente del cuerpo de
las mujeres, estas feministas denunciaron los efectos secundarios de unos
anticonceptivos dirigidos a la satisfacción masculina de la androcéntrica
"liberación sexual". Más recientemente, sus advertencias se han
dirigido a un fenómeno nuevo: la terapia hormonal sustitutoria para la
menopausia, nuevo filón de las multinacionales farmacéuticas. Esta preocupación
por la salud y por recuperar el control del propio cuerpo es un elemento central
de este primer ecofeminismo y explica el título de una de sus obras más
relevantes: Gyn/Ecology (1978) de Mary Daly . De formación teológica, M. Daly
se dedica a analizar los mitos llegando a la certera conclusión de que la única
religión que prevalece en todas partes es el culto al patriarcado. Propone
desarrollar una conciencia "ginocéntrica" y "biofílica" de
resistencia frente a la civilización "falotécnica" y "necrofílica"
dominante. Este ecofeminismo, llamado hoy en día
"clásico", es claramente un feminismo de la diferencia que afirma que
hombres y mujeres expresan esencias opuestas: las mujeres se caracterizarían
por un erotismo no agresivo e igualitarista y por aptitudes maternales que las
predispondrían al pacifismo y a la preservación de la Naturaleza. En cambio,
los varones se verían naturalmente abocados a empresas competitivas y
destructivas. Este biologicismo suscitó fuertes críticas dentro del feminismo,
acusándosele de demonizar al varón . Su separatismo lesbiano y su ingenuidad
epistemológica (esencialismo) hicieron de este primer ecofeminismo un blanco fácil
de las críticas de los sectores feministas mayoritarios carentes de
sensibilidad ecológica. Actualmente, todavía, se suele asociar el nombre de
"ecofeminismo" únicamente a esta primera forma del movimiento y de la
teoría y se desconoce las tendencias constructivistas más recientes. Los ecofeminismos espiritualistas
del Tercer Mundo Vinculados a las tendencias místicas
del primer ecofemenismo pero alejándose de la demonización del varón, hemos
conocido en los últimos años un fenómeno nuevo: la teoría feminista que
viene del Sur. Debo aquí citar un nombre conocido por todas vosotras, sin duda,
el de la física nuclear y filósofa de la India Vandana Shiva. Combinando las
aportaciones de historiadoras feministas de la ciencia como Evelyn Fox Keller o
Carolyn Merchant con su propia tradición filosófico-religiosa, V. Shiva
realiza una seria crítica del desarrollo técnico occidental que ha colonizado
el mundo entero. Afirma que "lo que recibe el nombre de desarrollo es un
proceso de mal desarrollo, fuente de violencia contra la mujer y la naturaleza
en todo el mundo (...) (el mal desarrollo) tiene sus raíces en los postulados
patriarcales de homogeneidad, dominación y centralización que constituyen el
fundamento de los modelos de pensamiento y estrategias de desarrollo
dominantes". Por los libros de V. Shiva, hemos podido saber lo que los
medio de comunicación silencian: existen movimientos de resistencia al
"mal desarrollo". Uno de ellos es el de las mujeres Chipko, de las que
Vandana Shiva se hace portavoz. Basándose en los principios de no violencia
creativa de Gandhi, las mujeres rurales Chipko, en nombre del principio femenino
de la Naturaleza de la cosmología de la India, consiguieron detener la
deforestación total del Himalaya turnándose en la vigilancia de la zona y atándose
a los árboles cuando iban a talarlos. Enfrentándose a sus maridos, dispuestos
a vender los bosques comunales, las mujeres Chipko adquirieron conciencia de
grupo y posteriormente continuaron luchando contra la violencia doméstica y por
la participación política. En América Latina, particularmente
en Chile, Brasil, México, Uruguay, Bolivia, Argentina, Perú y Venezuela, en el
rastro dejado por la Teología de la Liberación, se está iniciando actualmente
la elaboración de un pensamiento teológico ecofeminista. Así, la teóloga
brasileña Yvone Gevara sostiene que hoy en día la justicia social implica
ecojusticia. Este ecofeminismo latinoamericano se caracteriza por su interés en
las mujeres pobres y su defensa de los indígenas, víctimas de la destrucción
de la Naturaleza. Llama a abandonar la imagen patriarcal de Dios como dominador
y el dualismo de la antropología cristiana tradicional (cuerpo/espíritu). La
trascendencia ya no estará basada en el desprecio de la materia sino que se
definirá como inmersión en el misterio de la vida, pertenencia a un todo que
nos trasciende. Será concebida como "experiencia de la belleza, de la
grandiosidad de la naturaleza, de sus relaciones y de su interdependencia"
.En esta teología latinoamericana, el ecofeminismo es una postura política crítica
de la dominación, una lucha antisexista, antirracista, antielitista y anti-antropocéntrica
(debemos respetar a las demás criaturas vivas, no sólo al ser humano). Ecofeminismos constructivistas Bajo este título unificador, dado
los estrechos límites de este trabajo, daré solamente dos ejemplos de las
distintas teorías y movimientos ecofeministas que no comparten el esencialismo
de las clásicas ni se nutren en las fuentes religiosas de las espiritualistas
del Tercer Mundo, aunque compartan, según los casos, algunas de sus posiciones
(antirracismo, antiantropocentrismo, antielitismo...). El ambientalismo feminista de Bina
Agarwal es una buena muestra de la posición constructivista. Economista de
formación, originaria de la India como Vandana Shiva, critica la teoría de ésta
que atribuye la actividad protectora de la Naturaleza de las mujeres de su país
al principio femenino de su cosmología. Para Agarwal, el lazo que ciertas
mujeres sienten con la Naturaleza tiene su origen en sus responsabilidades de género
en la economía familiar. Piensan holísticamente y en términos de interacción
y prioridad comunitaria por la realidad material en la que se hallan. No son las
características afectivas o cognitivas propias de su sexo sino su interacción
con el medio ambiente (cuidado del huerto, recogida de leña) lo que favorece su
conciencia ecológica. La interacción con el medio ambiente y la
correspondiente sensibilidad o falta de sensibilidad ecologista generada por ésta
dependen de la división sexual del trabajo y de la distribución del poder y de
la propiedad según las divisiones de clase, género, raza y casta. Desde otra perspectiva, una de las
más destacadas teóricas actuales del feminismo ecologista, Val Plumwood ,
constituye un buen ejemplo de la crítica constructivista. Esta filósofa
australiana ha insistido en el carácter histórico, construido, de la
racionalidad dominadora masculina. La superación de los dualismos jerarquizados
Naturaleza/Cultura, Mujer/Hombre, Cuerpo/Mente, Afectividad/Racionalidad,
Materia/Espíritu exige un análisis deconstructivo. Utilizando aportaciones muy
diversas (reivindicaciones de igualdad de Simone de Beauvoir, crítica al
androcentrismo del ecofeminismo clásico, teoría de las relaciones objetales...)
examina la historia de la filosofía occidental desde los griegos como la
construcción de un yo masculino dominador, hiperseparado de su propio cuerpo,
de sus afectos, de las mujeres, de los demás seres vivos y de la Tierra que lo
sustenta. Esta visión fantasiosa de la propia identidad humana, utilizada como
legitimación del dominio ha conducido a la civilización destructiva actual.
Pero no es una esencia sino un fenómeno histórico, una construcción. El problema de la praxis El ecofeminismo clásico
espiritualista inspiró a numerosos grupos feministas pacifistas como el de
Greenham Common. La mística diferencialista se manifestó apta para
movilizaciones de gran impacto en las que se utilizaron los elementos del mundo
tradicional femenino con maestría política: por ejemplo, se tejieron redes en
torno a los misiles de las bases militares. En resumen, su debilidad teórica (esencialismo)
es su fuerza práctica. Pero, podemos preguntarnos, ¿favorece al colectivo
femenino la utilización de los estereotipos de género? Es comprensible que la naturalización
de la Mujer, utilizada desde tiempos remotos para la exclusión de las mujeres
del mundo de la cultura suscite graves reparos en las filas feministas. ¿Decir
que las mujeres estamos más cerca de la Naturaleza por nuestra capacidad
materna no es volver a encerrarnos en los límites de las funciones
reproductivas? Y, por otro lado, ¿la exaltación de lo inferiorizado desde
posiciones de no poder es capaz de alterar los valores establecidos? ¿No estaríamos
agregando un trabajo más a las oprimidas, la de ser salvadoras del ecosistema
invocando su esencia? Desde el constructivismo de
posiciones de corte economicista como las de Agarwal, todo se reduce a tomar
medidas prácticas de conservación del medio ambiente que se apoyen en el saber
tradicional de las mujeres rurales, sustituir el monocultivo industrial por la
diversidad de semillas autóctonas, descentralizar y favorecer la participación
de los grupos desfavorecidos en la toma de decisiones. Esto es indudablemente útil
y necesario pero, como señala la ecofeminista alemana Barbara Holland Cunz ,
este tipo de críticas al ecofeminismo espiritualista ignora la aportación de
éste a la conciencia contemporánea: la imagen de un diálogo horizontal,
democrático, empático con la Naturaleza. Al perder esta nueva sensibilidad,
tales críticas vuelven a considerar a la Naturaleza como mero
"recurso" a disposición de los humanos. El mismo término "medio
ambiente" expresa ese reduccionismo por el que la Naturaleza aparece como
simple escenario en el que los humanos realizan sus proezas. Finalmente, señalaré que la
potencia teórica de los feminismos ecologistas de tercera generación, como el
de Plumwood, constituye su debilidad práctica. La complejidad de su análisis y
el rechazo de la mística de la feminidad natural despojan de herramientas útiles
a la hora de las movilizaciones. De hecho, no se pueden extraer indicaciones
claras de lo que debería ser una actividad ecofeminista derivada de su obra. Y sin embargo... El feminismo ecologista como nuevo
proyecto ético y político Más allá de todos los problemas
teóricos y prácticos de un feminismo que se encuentra actualmente en plena
elaboración y discusión, creo en la validez de un feminismo ecologista crítico
que planteara una alternativa a la crisis de valores de la sociedad consumista e
individualista actual . Las aportaciones de dos pensamientos críticos
-feminismo y ecologismo- nos ofrecen la oportunidad de enfrentarnos no sólo a
la dominación de las mujeres en la sociedad patriarcal sino también a una
ideología y una estructura de dominación de la Naturaleza ligada al paradigma
patriarcal del varón amo y guerrero. Nuestra autoconciencia como especie
humana ha de avanzar hacia la igualdad de mujeres y hombres en tanto partícipes
no sólo de la Cultura sino también de la Naturaleza. Esto incluye tanto la
participación de las mujeres en el ámbito de la Cultura como la plena aceptación
en lo propiamente humano de aquellos elementos despreciados y marginalizados
como femeninos (los lazos afectivos, la compasión, la materia, la Naturaleza).
Obtener una visión más realista de nuestra especie como parte de un continuo
de la Naturaleza y, consecuentemente, tratar a los seres vivos no humanos con el
respeto que merecen. Superar el sexismo, el androcentrismo, el racismo y el
antropocentrismo son las metas de esta nueva forma de feminismo. El feminismo no debe cerrarse a las
nuevas preocupaciones y sensibilidades de las mujeres. El ecologismo es una de
ellas. Y si creemos que el feminismo ha de plantear horizontes utópicos en el
sentido etimológico de "utopía" (ou-topos, aquello que todavía no
ha tenido lugar pero puede tenerlo), podemos ver que el feminismo ecologista
tiene mucho que aportar al lema de estas Jornadas: feminismo.es... y será. *Alicia H. Puleo Cátedra de Estudios de Género de
la Universidad de Valladolid puleo@flfc.uva.es Este articulo fue publicado en
Mujeres en Red Publicación enviada por Alicia H. Puleo Contactar http://www.ecoportal.net Código ISPN de la Publicación EpyyAVVpFZzQwJcVWQ Publicado Thursday 23 de October de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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