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Atahualpa
Resumen: ATAHUALPA, es figura histórica ancestral en el Ecuador y en América del Sur. En el sé unieron las antiguas estirpes reales de los Incas del Cuzco y de los Shyris de Quito.
Publicación enviada por Diegolin
INDICE GENERAL I EL ULTIMO INCA Nacimiento de
Atahualpa Muerte de Huayna Cápac Relación entre Atahualpa y
Huáscar II GERRAS DE
INDICE
GENERAL
I EL ULTIMO INCA
Nacimiento de Atahualpa
Muerte de Huayna Cápac
Relación entre Atahualpa y Huáscar
II GERRAS DE ATAHUALPA
Guerra entre Atahualpa y Huáscar
Combates de Mocha y Ambato
Primera Batalla de Tomebamba
Prisión y fuga de Atahualpa
Segunda batalla de Tomebamba
Incursiones en la Región Oriental
Victorias de Cusibamba y Cochahuailla
Triunfos quiteños en Bombón y Yanamarca
Batalla de Angoyaco
Batalla de Chontacajas y Quipaipán
Prisión de Huáscar
Castigos impuestos a los vencidos
III EL ULTIMO INCA
Primer viaje de Pizarro
Segundo viaje de Pizarro
Pizarro ordena a Soto a ver a Atahualpa
Encuentro de Atahualpa con Hernando Pizarro y Soto
Atahualpa Marcha a Cajamarca
Atahualpa en Prisión
Juicio para Atahualpa
Condena de muerte para Atahualpa
Muerte de Atahualpa
Glosario
Bibliografía
INTRODUCCIÓN
Este es un pequeño análisis de comentarios de grandes autores que dan a
conocer un estudio a fondo de lo que fue y asido por siempre el gran Inca
Atahualpa
El país que hoy se llama Ecuador, es el que en el Continente Sudamericano se
llamo Quito, desde tiempo inmemorial. El nombre actual obedece a un cambio
desafortunado, remotamente originado en la época de la colonia española.
Pero todo este cambio fue también gracias a la virtud engendrada de todos los
incas y de uno llamado Atahualpa, el ultimo Inca del Tahuantinsuyo, quien con su
fuerza de guerrero lucho por los suyos ante propulsores de su derrota, con todos
aquellos que no desearon su autoridad, se puedo definir en el como el
representante y héroe de América del Sur y de todos los pueblos indígenas que
hoy los podemos conocer..
I EL ULTIMO INCA
NACIMIENTO DE ATAHUALPA
ATAHUALPA, es figura histórica ancestral en el Ecuador y en América del Sur.
En el sé unieron las antiguas estirpes reales de los Incas del Cuzco y de los
Shyris de Quito.
Hay distintas versiones acerca de su lugar de nacimiento algunos cronistas dicen
que nació en el Cusco, otros aseguran y consideran que nació en Quito,
probablemente en los últimos años del siglo XV (1497, mas o menos , apenas
terminaba la conquista de los Quitus).
Los padres de Atahualpa fueron su madre: Tocto Coca, (que descendía del linaje
de Pachacútec) y Huayna Cápac su padre, que fue el ultimo Emperador Inca del
Tahuantinsuyo.
Atahualpa vivió siempre junto a su padre Huayna Cápac en Quito, Atahualpa en
el aprendió muchas cosas, una de ellas, la mas importante, fue el de ser un
buen gobernador y el de ejercer las armas contra los enemigos.
Se dice que Atahualpa fue una persona de un hermoso aspecto físico “de
contextura robusta, tez canela, ojos negros, fuerte, arrogante y señorial”.
Atahualpa vivía en armonía con su pueblo. Llegaba a las batallas junto con su
padre Cápac, a su temprana edad llego a ser valorado y respetado por los demás
en el campo militar, tenia un gran corazón por todos que le acompañaban, fue
conquistador, leal y triunfador.
En las guerras supo ser el primero, valiente y audaz, rico en expedientes, en la
paz fue; magnánima, caballeroso, deseoso de conservarla siempre. Y en el
castigos de quien consideraba sus enemigos , traidores o cobardes fue cruel
vengativo y extremista.
MUERTE DE Huayna Cápac
Hacia el año 1526 el inca Huayna Cápac resolvió visitar el imperio, e inicio
el viaje por Tomebamba, su ciudad natal.
En ella se encontraba cuando recibió la noticia de que en las costas de
Esmeraldas y Manta, apareció una embarcación extraña con hombres misteriosos
de rostro blanco y amplia barba; era el piloto andaluz Bartolomé Ruiz y sus
acompañantes, descubridores de las costas ecuatorianas. Tales noticias
intranquilizaron al anciano monarca que, en seguida regreso a Quito lleno de
funestos presagios. Fue recibido por Atahualpa, que estaba gobernando en
ausencia de su padre.
A la angustia moral se sumo pronto la enfermedad física y ambas acabaron con la
vida del inca. Antes de morir Huayna Cápac hizo su testamento. Dividió en dos
partes el imperio : una para su hijo Cuzqueño, Huáscar, que comprendía desde
Jauja hasta Chile; otra, cuya mayor parte había pertenecido a los antiguos
Quitus y a sus tribus confederadas, para su hijo quiteño Atahualpa, legitimo
heredero de estas tierras por parte de su madre.
El primogénito de Huayna Cápac, que había de heredar todo el Tahuantinsuyo
era Ninancuyúchig, pero su muerte a temprana edad dejó abierta la posibilidad
para los otros dos. Además el Inca en su testamento, pedía que su cuerpo fuese
enterrado junto a sus antecesores en el Cuzco, pero que antes le sacasen el
corazón y lo conservaren en un vaso de oro en el templo del sol que se
levantaba en Quito, como señal del inmenso amor que había tenido para este
reino y su señora. Ese mismo año de 1526 murió Huayna Cápac, victima de
violenta enfermedad. Su cadáver fue embalsamado y llevado en andas a Tomebamba
y luego al Cuzco.
RELACION ENTRE ATAHUALPA Y Huáscar
Una nueva lectura de los cronistas ha permitido entender mejor la relación de
estos dos hermanos en disputa por el poder del reino, este sistema (aunque no ha
resuelto con absoluta claridad las funciones que cumplía cada uno de los
Incas). Cada acceso al poder significaba un conflicto ritual entre los
candidatos, que definía el que quedaba como Inca Hanan y, en consecuencia, el
que sería Inca Hurin. Siempre se ha presentado a los últimos Incas como
hermanos encarnizadamente enemigos, dirigentes de dos facciones rivales que los
endiosaban, defensor el uno “Atahualpa” de una situación "legítima"
y ordenada. Mientras a Huáscar se le consideraba siempre hijo "legítimo"
por ser el primero. Su poder y sus funciones quedaban regidos por una
normatividad que se basaba en la dualidad del poder, ambos eran opuestos y
complementarios. Atahualpa y Huáscar representan facciones diversas, es cierto,
pero también simbolizan puestos rituales que requieren de mayor investigación...
La importancia de Atahualpa está en su condición de lnca Hanan. Atahualpa
aparece siempre claramente relacionado con los ejércitos de Huayna Cápac como
corresponde a un lnca Hanan..." Por otro lado... la propia definición de
Huáscar como Inca Hurin explica más fácilmente por qué Huáscar siempre vivió
en el Cusco..." Pero esta definición no es claramente exacta con otros
cronistas, como sabemos Atahualpa tuvo mas aprecio y valor por su padre. Un echo
es el de que Huayna Cápac halla vivido aquí siempre con su hijo Atahualpa en
Quito y no en el Cuzco su hijo mayor, Huáscar.
Cuatro o cinco años vivió en paz, según lo deseaba con su hermano Huáscar.
Pero pronto este comenzó a portarse contrario con la fama creciente de
Atahualpa , por otra parte la madre del inca Cuzqueño, Mama-Ragua-Ocllo, empezó
con una campaña de intrigas e incitaciones con el objeto de que Huáscar se
lanzare contra su hermano. La corte del Cuzco no se conformaba con el
desmembramiento de parte tan difícilmente lograda, y tan rica como Quito. Huáscar,
que al comienzo resistió con temor esta campaña, se animo por fin a provocar
la guerra a su hermano Atahualpa y le envió un mensajero que le decía que
renuncie a su cargo de gobernador en Quito , y que le entregase sus territorios
y se sometiese a su poder. Para respaldar tales pretensiones preparo sus ejércitos
y los envió al norte, bajo las ordenes del general Atoco, mientras tenia un
infructuoso cambio de embajadas.
II GERRAS DE ATAHUALPA
Guerra entre Atahualpa y huáscar
Antes del enfrentamiento de estos dos hermanos ocurrió algo que causo mucha cólera
en Atahualpa. A la muerte de Chamba, principal cacique de Atahualpa, llego un
sucesor de éste, llamado Chapera, sin consentimiento de Atahualpa y otorgado
por Huáscar, y que además lo daba poderío en una tribu sometida a su hermano,
esto le provocaba directamente la guerra y daba ocasión a la furia de
Atahualpa.
Huáscar respaldaba enseguida a Chapera, dando protección con el ejercito de
Atoco, quien ocupó militarmente la ciudad de Tomebamba y todo el territorio cañari.
Estas medidas de Huáscar, verdadero desafío al poder de su hermano Atahualpa ,
fueron la ocasión inmediata dela guerra que tanto anhelaban los cuzqueños.
Al saber Atahualpa de la deslealtad de Chapera, el desafío de su Hermano Huáscar
al confirmar como cacique a este sin tener ningún derecho para hacerlo, y la
llegada a Tomebamba de las tropas de Atoco, reunió a sus generales Quisquis,
Caracuchima y Rumiñahui, y les pidió consejo ante el peligro que vendría por
los actos de su hermano Huáscar, no sin dejar constancia de que el, en todo
momento había buscado la paz con éste.
La respuesta de los generales quiteños no se hizo esperar. Reunieron a sus
tropas en la planicie de Turubamba y delante de ellas contesto Caracuchima en
nombre de todos , a las consultas de Atahualpa : “ Pelead como varones-dijo a
los soldados allí congregados-, que en defensa de vuestra tierra, vida, padres,
hijas y hermanos peleéis; nadie ande hoy en adelante sin armas; apercibios,
hermanos, con varonil denuedo, no a morir sino a vencer, no a huir sino a
avanzar, porque el que es cobarde en su mismo escondrijo halla la muerte, y el
que es valeroso, con hacerle rostro, la espanta” (Cabello Balboa).
COMBATES DE MOCHA Y AMBATO
Mientras tanto, Atoco y sus tropas, ayudados por Chapera, avanzaban hacia Quito.
Atahualpa envió a su ejercito, que ocupo el puente del río Ambato, y marchó
hacia Mocha, donde encontró, las huestes enemigas. El combate se inicio al
punto y sangriento y prolongado. Esta fue la primera batalla de la guerra, fue
favorable a los invasores; las tropas quiteñas después de brava lucha
sufrieron un descalabro y emprendieron dándose la fuga. Recibida en Quito la
noticia de la triste derrota en Mocha, Atahualpa reunía a todas las tropas que
podía y las llevo a Latacunga.
Desde allí ordeno a Caracuchima , que detuviese la huida y enfréntese a Atoco,
siguiendo su marcha, Atahualpa recogía a los soldados que venían de la derrota
de la lucha de Mocha, reprendiéndoles por su falta de valor y dándoles animo
para la siguiente batalla. En Ambato se unió con Caracuchima que había
obedecido sus ordenes, enseguida se lanzo con furia contra el enemigo. La
batalla fue larga y sangrienta. Duró un día entero , pero al llegar la noche ,
la victoria fue declarada por los quiteños, las tropas de Atoco fueron
desbaratadas y éste así mismo como el cacique Cañari Chapera cayeron
prisioneros, al igual que otros jefes y soldados. El numero de los que quedaron
en el campo fue enorme.
Con un gran botín de guerra regreso Atahualpa a Quito donde ejecuto sin demora
al traidor Chapera, atormento a Atoco hasta hacerle declarar cuanto necesitaba
saber defenderse mejor de Huáscar y por ultimo, lo mando a azotarlo hasta
morir. Atahualpa ordeno a que se detengan sus generales , pues el quería saber
la reacción de su Hermano Huáscar ante esta derrota y llegar a un acuerdo de
paz.
PRIMERA BATALLA DE TOMEBAMBA
Al conocer Huáscar su derrota y la ejecución de Atoco y Chapera en Ambato, sin
dar muestras de pesadumbre reúne nuevas tropas y designó general a su hermano
Huanca Auqui, quien marcho de inmediato y llego a Tomebamba. Allí recibió a
los emisarios de Atahualpa para manifestarles que este solo amaba la paz y la
deseaba, siempre y cuando Huáscar no le hiciese la guerra.
Pero de nada sirvió estos intentos , pues los jefes cuzqueños ya habrían
determinado con eliminar al ultimo Inca shyri. Avanzo entonces Atahualpa con su
ejercito convenientemente equipado y ocupó el puente del río Tomebamba antes
de que llegase Huanca Auqui. Entonces allí mismo empezó una escaramuza que se
convirtió en tan formidable combate que duro dos días enteros y termino con la
victoria de los cuzqueños y la triste circunstancia de que fue tomado
prisionero Atahualpa.
PRISIÓN y fuga DE ATAHUALPA
A pesar del triunfo ante Atahualpa e incluso la captura de éste, no pudo sacar
de provecho, ya que este en la batalla sacrificó muchos hombres y su perdida
fue mas que los Quitus. de Atahualpa.
La captura de Atahualpa trajo bajo estima y dolor a los Quitus pues estos
comprendían que no solo perdieron la batalla sino la captura de su monarca y
que este iba a ser eliminado inmediatamente.
Atahualpa era llevado a una celda, para que al segundo día al amanecer fuese
llevado al Cuzco frente a su hermano Huáscar, en donde seria cruel mente
asesinado.
Pero ocurrió que una doncella cañari, de nombre Quella, consiguió permiso de
Huanca Auqui para visitar al shyri aquel mismo día y disimuladamente le llevo
una barra de plata y cobre. Y con tal útil instrumento, y después de grandes
esfuerzos enormes, hizo Atahualpa durante la noche un foramen en la pared de la
prisión donde se hallaba y logro escapar a la madrugada sin ser percibido por
sus enemigos.
Grande fue la sorpresa y alegría de sus tropas al verle aparece: para
levantarles la moral y la desdicha de la batalla, Atahualpa les dijo que su
padre el Sol deseaba la inmediata derrota del desleal Huáscar y que para ello
le había permitido escapar convertido en serpiente ( Amaru ) por un estrecho
agujero.
Esta historia inventada por Atahualpa con astucia lleno de jubilo y engrandeció
a sus soldados, maravillándoles con mucho honor hacia el. Convencidos todos de
que el Sol estaba de su parte, fueron con toda la fe a combatir con renovado
optimismo, y con deseos ardientes de vengarse de la derrota y castigar a quienes
habían apresado a su monarca.
SEGUNDA BATALLA DE TOMEBAMBA
Después de la derrota e las tropas quiteñas en la primera batalla de
Tomebamba, éstas se reunieron en desorden, reagrupándose el cerro de
Molleturo. Allí fueron cercadas por Huanca Auqui y allí las encontró
Atahualpa, que después de escapar , logro atravesar por medio de sus enemigos.
Ya entrado el día se inicio de nuevo el combate. Los quiteños animados por la
presencia de Atahualpa entraron en combate, lucharon con tal furia que rompieron
el cerco y saliendo a la llanura desbarataron a las tropas cuzqueñas que,
emprendieron una fuga de Tomebamba . Caricuchima y Quisquis, después de esta
victoria, reunieron a su gente, la hicieron descansar algunos días y enseguida
emprendieron la marcha sobre Tomebamba.
Huanca Auqui también había aprovechado el tiempo para reorganizar sus fuerzas
y salió al encuentro del ejercito quiteño. Después de un choque sangriento
los del Cuzco se retiraron y en las afueras de la ciudad se libro la segunda
batalla de Tomebamba, con tanto coraje, como si por primera vez hubiesen
luchando. Furiosamente acometieron Caricuchima y Quisquis contra Huanca Auqui ,
obligándole a declarar la retirada que, poco a poco, se convirtió en fuga.
Muchos se arrojaron al río creyendo escapar, pero ahí encontraron la muerte.
En Pumapungo hubo una gran matanza. La victoria fue declarada a favor de los
soldados de Atahualpa. Huanca Auqui se detuvo en la llanura de Cusibamba, en la
actual provincia de Loja, y Atahualpa entró triunfante en la capital cañari.
Lleno de cólera por la traición de Chapera , Atahualpa resolvió escarmentar a
los Cañaris por haber combatido a favor de Huáscar. Hizo asaetear a los
principales jefes y extermino a todos los que habían levantado armas contra él.
También hizo victimas de su venganza a las esposas de estos y aun a sus hijos,
y con feroz determinación , ordeno que se extrajesen los corazones de los
muertos y se sembrasen en las llanuras Cañaris.
Incursiones en la región oriental
Como Huanca Auqui no volvió a dar señal de guerra y Atahualpa seguía deseando
la paz, resolvió permanecer a la expectativa hasta ver que planes tenia su
hermano Huáscar. Pero no quería el shyri que su tropas permaneciesen ociosas,
por lo que , dejando fuertes guarniciones en los lugares fronterizos, penetro a
la región oriental y sujeto fácilmente a los quijos que habitaban en las márgenes
de los ríos Coca, Quijos y alto Napo, los cuales por lo demás, desde antes se
hallaban en contacto con las tribus serranas del área panzalea. Huanca Auqui
sin fuerza para enfrenta a Atahualpa, quiso dar también ocupación a los suyos
y se lanzo a la conquista de los bracamoros, a los que no había podido sujetar
Túpac Yupanqui. Tan desventurada fue la empresa que Huanca Auqui fue nuevamente
derrotado, esta vez por feroces tribus selváticas, con perdida de mas de 12.000
soldados.
Cuando llegaron al Cuzco las noticias de la derrota de Cusibamba y del fracaso
frente a los bracamoros, Huáscar monto en cólera contra su hermano Huanca
Auqui y se acrecentó su odio contra Atahualpa. El inca cuzqueño, creyendo que
tantas derrotas se debían a la cobardía de sus tropas y la torpeza de su
general, envió como castigo para Huanca Auqui y a sus capitanes sendos de
vestidos de mujer obligándolos a presentarse con ellos cuando fuesen al Cuzco.
Les colmo además de vituperios y pensó en la necesidad de reemplazar a los
jefes de su ejercito.
Entre Cusibamba, donde se hallaba Huanca Auqui y Tomebamba , en donde estaba
Atahualpa se había establecido la línea fronteriza a los dos ejércitos
durante la tregua que hubo cuando sus jefes resolvieron cada cual por su lado,
penetrar al oriente. Amargado Huanca Auqui por la afrentosa represión de Huáscar
resolvió demostrar que no era cobarde como en el Cuzco se pensaba, y preparando
intempestivamente, su ejercito cayo de sorpresa sobre los quiteños que guarnecían
la frontera, les derroto y regreso en seguida a Cusibamba.
VICTORIAS DE CUSiBAMBA Y COCHAGUAILLA
Atahualpa que había retornado a Quito se indignó por el ataque sorpresivo de
Huanca Auqui y reuniendo nuevas y esforzadas tropas les envío a combatir bajo
el mando de Quizquiz cuyos ayudantes, por orden expresa del shyri, debían ser
Caracuchima y Rumiñahui. En Cusibamba les esperaba Huanca Auqui y allí mismo
se libro la batalla, que termino con la derrota y fuga de los cuzqueños. Estos,
atravesando el Huancabamba, no detuvieron su huida sino en Cajamarca donde
hallaron un refuerzo de 10.000 chachapoyas, con los cuales reorganizaron sus
fuerzas. Huanca Auqui las envió entonces a detener a Quisquis que avanzaba
victorioso. En Cochaguailla, situada entre Huancabamba y Cajamarca , chocaron
una ves mas los ejércitos de Atahualpa y Huáscar. En aquel combate el genio
militar de Quisquis se puso de manifiesto y la derrota de Huanca Auqui fue total
y definitiva. No le quedó sino huir en dirección al Cuzco.
TRIUNFOS QUITEÑOS EN BOMBON Y YANAMARCA
Atahualpa avía advertido as sus generales que ocuparan Cajamarca y avanzaran
después solamente hasta Huamacucho y los ríos Pacasmayo y Yanamayo, en donde
se encontraba el límite de su jurisdicción, ya que lo demás era de Huáscar,
de acuerdo con lo señalado por su padre Huayna Cápac en su testamento.
Quisquis y Caracuchima, en efecto cumpliendo ordenes de su señor, entraron en
Cajamarca y avanzaron hasta el sitio señalado. Pero ocurrió que Huanca Auqui,
al llegar al rió Bombón, encontró un gran y lucido ejercito enviado por Huáscar,
con ellos deseoso de vengar tantas derrotas, retorno de inmediato a enfrentar a
Quisquis y la lucha que se inicio en el lugar donde se encontraron los ejércitos
que terminó tres días después, a orillas del río Bombón, con gran
desangrantamiento.
Quisquis, cuyo ejército no había descansado desde Cusibamba, perdió enorme
cantidad de gente, pero la victoria le fue favorable. Huanca Auqui, derrotado,
siguió su fuga rumbo al Cuzco . desesperado Huáscar Inga con tanto descalabro,
terminó de matar, en venganza, a todos los Quitus, que seis años antes, había
ida al Cuzco conduciéndole cadáver de Huayna Cápac. También hizo victimas de
su furor a los Cañaris, que desde tiempos de su padre, guarnecían el Cuzco.
Luego, en el colmo de la exasperación, insultó a su propia madre y a su
esposa. A estas acusaba de haberle impulsado a la guerra; a los Cañaris, de
inducirle a aceptarle, y a los Quitus de ser espías de Atahualpa. Por ultimo
hizo reclutamiento general de refuerzos y nombro a Mayta Yupanqui en reemplazo
de Huanca Auqui. Mayta Yupanqui salió con sus tropas al Cuzco, resulto a
detener a Quisquis.
En Jauja encontró a Huanca Auqui y los restos de su ejército que regresaban al
Cuzco en desesperada fuga. Les increpó de cobardes, les reorganizó y salió
enseguida a enfrentar a los Quitus. En el valle de Yanamarca se dio el combate,
uno de los mas sangrientos que en América se había vivido. Tantos fueron los
muertos que servían para trincheras de los que seguían combatiendo. La derrota
de Mayta Yupanqui fue peor que la de Huanca Auqui y sus tropas se desbandaron en
incontenible fuga.
BATALLA DE ANGOYACO
En el río de Angoyaco se detuvieron los Cuzqueños y esperaron a las
victoriosas tropas Quiteñas. Quisquis, con sus escuadras desplegadas, llego en
efecto y derroto a Mayta Yupanqui. Este envió al Cuzco noticias de sus derrotas
justificando a Huanca Auqui. Huáscar, desesperado, consulto a los sacerdotes
del sol y estos le dijeron que triunfaría si salía personalmente a dirigir a
sus soldados. Huáscar, al comprender que sus generales no habían tenido culpa
de las derrotas, les ratificó entonces su confianza. Pidió refuerzos a todas
las provincias del imperio que todavía estaban en su poder y salió a
enfrentarse con Quisquis y Caracuchima. La vanguardia de Huáscar encontró en
Tovaray al ejército de Caracuchima, y después de una reñida lucha en laque
murieron 10 000 soldados de Atahualpa, Caracuchima fue derrotado, pero se retiró
. Ese día s cubrió de gloria y murió heroicamente Tumarimay, valeroso capitán
quitu. Mayta Yupanqui el general cuzqueño que obtuvo esta victoria, envió a Huáscar
las cabezas de los Quitus muertos, a cuyo recibimiento las tropas del inca
cuzqueño adquirieron nuevos bríos y salieron a enfrentar a Quisquis.
Caracuchima se había replegado con su gente después de la derrota de Tovaray a
esperar a Quisquis. Juntos los dos marcharon en busca del enemigo para vengar la
derrota. Se encontraron en el río Cotabamba. La victoria volvió a favorecer a
las tropas de Huáscar, y los generales quiteños se retiraron.
BATALLA DE CHONTACAJAS Y QUIPAIPAN
Para su desgracia, las tropas del inca Huáscar no aprovecharon esta victoria y
en vez de perseguir a los derrotados se dedicaron a celebrar sus triunfos con
grandes fiestas. Quisquis, que había previsto el regocijo de los vencedores,
logro que sus hombres se replegaran ordenadamente en Cotabamba. Pese a las
grandes perdidas sufridas conservó la disciplina y la moral de las tropas. Y
aprovechó la noche para reorganizar sus cuadros y hacerlos descansar. La mañana
siguiente, mientras los soldados de Huáscar estaban rendidos por la orgía que
siguió a su triunfo, el ejército de Atahualpa, comandado por Quisquis,
Caracuchima y Rumiñahui, se presento en formación aguerrido y resuelto, y
ofreció combate al enemigo. La sorpresa de este fue enorme.
A duras penas pudieron organizarse para luchar. Huáscar , que había precedido
las fiestas, al ver las fuerzas quiteñas vistió armadura de oro y desde una
cima, se apresuró a mirar el combate. Quisquis animó a sus soldados con
ardientes palabras, y como viese el reflejo de la armadura de Huáscar, consiguió
el plan de apoderarse de él. En efecto, dirigió el combate hacia unas laderas
llamadas Chontacajas, en donde chocaron los gruesos de ambos ejércitos en furor
sin igual, pues todos comprendían que aquella batalla era definitiva. El
estruendo de la lucha se escuchó en el mismo Cuzco. Al caer la noche, en el
sitio llamado Quipaipán, las armas quiteñas obtuvieron la mas resonante
victoria. Cuando llego la noticia que su soberano había caído prisionero los
cuzqueños comenzaron a huir despavoridos.
PRISIÓN DE HUASCAR
Mientras los ejércitos luchaban con denuedo en Chontacajas, un selecto grupo de
guerreros Quitus convenientemente aleccionados por Quisquis, se dirigieron con
resuelta cautela hacia el lugar donde se encontraba Huáscar observando los
incidentes de la lucha. Sorpresivamente cayeron sobre el grupo de los orejones
que le hacían guardia y después de encarnizada refriega los vencieron y se
apoderaron de Huáscar, que al intentar defenderse fue derribado por tierra. La
noticia de su presión llego de inmediato a los combatientes que se encontraban
ya en la llanura de Quipaipán, y sirvió para dar nuevos bríos a los quiteños
y desaliento a los cuzqueños. De estos los que no murieron, huyeron
aceleradamente, o cayeron prisioneros y fueron ejecutados de inmediato, pues
como suele acontecer con la guerras fraticidas, estas lo eran sin cuartel.
Mensajeros especiales llevaron la noticia a Quito, donde se hallaba Atahualpa, y
a todos los confines del Tahuantinsuyo. Los generales quiteños encontraron
vencedores en la ciudad sagrada del Cuzco, capital del imperio.
CASTIGOS IMPUESTOS A LOS VENCIDOS
La venganza de los generales de Atahualpa fue tremenda. Casi todos los parientes
de Huáscar, la mayor parte de los miembros de la familia real de los incas, los
sacerdotes cuzqueños, las vírgenes del sol, los orejones y nobles de la corte
imperial. Los jefes del ejercito y los altos funcionarios del gobierno de Huáscar
fueron exterminados implacablemente. Muy pocos lograron escapar. Huáscar fue
conducido preso a la fortaleza de Jauja con enorme rigor, y sujeto a ultrajes sañudos.
Los Cañaris de Chapera que habían sobrevivido a tantos combates y seguido
militando en las tropas de Huáscar hasta llegar al Cuzco, y los chachapoyas que
estaban en iguales circunstancias, fueron atormentados, primero, y en su mayor
parte eliminados después.
Y la vengadora cólera de los Quitus triunfadores llego al extremo de profanar
en la plaza principal del Cuzco las momias de los reyes incas, con excepción de
Huayna Cápac, las estatuas que las representaban fueron destruidas. Y el terror
mas cruel y total elimino de cuajo cualquier intento de rebelión contra
Atahualpa, que fue proclamado único inca y señor de todo el Tahuantinsuyo,
mientras la multitud convocada en la llanura de Quivapay, cerca del Cuzco, postrándose
en dirección al norte hacia ofrenda de cejas y pestañas y aclamaba: “!Viva
muchos años Atahualpa, nuestro señor Inga¡!El Sol, su padre, le acreciente la
vida y la tierra, y le permita hollarla largo tiempo, y le ayude a regarla con
la sangre de sus enemigos¡”
III EL ULTIMO INCA
PRIMER VIAJE DE PIZARRO
En 1524 se asoció a Diego de Almagro y Hernando de Luque para explorar las
tierras situadas al sur, atraídos por las noticias sobre grandes riquezas
facilitadas por la expedición de Pascual de Andagoya, que había llegado hasta
un río (tal vez el San Juan, en la actual Colombia), donde recibió noticias de
un reino llamado Birú. Pizarro llegó al mismo río, que remontó, y fundó
Puerto del Hambre. La falta de alimentos y los ataques de los indios le
obligaron a retirarse, por lo que se instaló en Chochama, en el golfo de San
Miguel (Panamá), donde recibió poco después a Diego de Almagro, que había
salido en su busca. En este punto, los dos compañeros decidieron que Almagro se
trasladaría de nuevo a Panamá, para conseguir más hombres y volver a
encontrarse con el fin de proseguir el viaje. Tras su regreso, Almagro y Pizarro
navegaron en un mismo barco hasta el río San Juan (Colombia), donde recibieron
la noticia de la existencia de varias poblaciones en las que sus habitantes
llevaban valiosos adornos de oro. Al mismo tiempo, Bartolomé Ruiz y los hombres
que viajaban en el otro barco de la expedición, habían localizado en Tumbes
una embarcación cargada con oro, plata y tejidos, que describieron a su regreso
a San Juan. Allí les esperaba Pizarro, quien, al escuchar estos detalles,
emprendió la navegación hacia San Mateo (Ecuador), lugar donde se habían
realizado los contactos, y continuó hasta Atacames, (Ecuador). De regreso a San
Mateo, Almagro volvió de nuevo a Panamá en busca de refuerzos y alimentos.
Pizarro y sus hombres se trasladaron a una isla que denominaron del Gallo, en la
que permanecieron aislados, ya que este barco volvió también a Panamá, donde
un nuevo gobernador, Pedro de los Ríos, decidió poner fin a la expedición
pero Pizarro quiso seguir adelante. La decisión fue finalmente aceptada por el
gobernador, quien comunicó a Pizarro que debería estar de regreso en seis
meses.
En ese tiempo la expedición continuó hasta el río Santa (Perú) y a lo largo
del viaje recibió importantes noticias del Imperio inca, cuyo jefe Huayna Cápac
había muerto, y que en esos momentos vivía una lucha entre sus hijos Huáscar
y Atahualpa por la sucesión.
SEGUNDO VIAJE DE PIZARRO
En 1528 Pizarro regresó a España con numerosos presentes y la intención de
presentar al emperador Carlos V (rey de España como Carlos I) las peticiones
acordadas con sus compañeros, que se concretaban en la gobernación de las
tierras descubiertas para él mismo, el título de adelantado para Almagro y el
obispado para Luque. El 26 de julio de 1529 la emperatriz Isabel de Portugal
firmó las capitulaciones para la conquista de las nuevas tierras, cuyo nombre
oficial fue el de Nueva Castilla, y facilitó a Pizarro a seguir descubriendo y
poblando, en el plazo máximo de un año, hasta el límite de Chincha (Perú).
También se le concedieron los nombramientos de gobernador, capitán general y
alguacil mayor, y su propio escudo de armas, en el que ya aparecían elementos
alusivos a Perú, como la representación simbólica de la ciudad de Tumbes. En
diciembre de 1529 llegó a Trujillo (Cáceres), donde se encontró con sus
hermanastros, que le acompañaron en sus futuras conquistas. Emprendiendo a si
su viaje hacia el Perú, llegando a Cajamarca se entero que el inca de ese lugar
fue asesinado por Atahualpa, al que lo dominaron como usurpador y prepotente
hacia Huáscar, de inmediato los seguidores de Huáscar se aliaron a Pizarro
creyéndole como su libertador ante tan bárbaro Atahualpa. Pizarro aprovecho lo
que havia sucedido pues el ya sabia que estos dos estaban en una batalla por el
poder del Tahuantinsuyo.
Pizarro no hizo esperar mas y formo tropas con su hermanos en la cabeza de ellas
e hicieron una marcha en conquista de tierras del norte donde se encontraba
Atahualpa, un vocero hizo llegar información a Pizarro que Atahualpa estaba en
llegada a Cajamarca, el cual dio trayectoria a sus tropas rumbo a Cajamarca
donde tendría un encuentro con el soberano rey inca.
PIZARRO ordena a soto a ver a Atahualpa
Pizarro ordenó el acampamiento de las tropas en los grandes aposentos que
cierran la plaza mayor de Cajamarca y queriendo afirmar en todo momento una
impresión de impavidez y de seguridad, llamó a Hernando de Soto, el más joven
e inteligente de sus capitanes, y le ordenó que con un grupo de quince de a
caballo fuera al campamento de Atahualpa, a presentarle el saludo del jefe de
los hombres blancos y a expresarle que desea mucho verlo y hablarle en nombre de
su señor, el rey de las Españas y emperador de todo el mundo, para ofrecerle
amistad y alianza contra sus enemigos.
Partió Soto, caracoleando su caballo por la ancha calzada de Cajamarca, donde
se encontraba el monarca, rodeado de su corte y de millares de soldados indios.
Tardo en regresar el capitán De Soto y el sol ya se había ocultado.
Pizarro y con él todos los españoles comenzaron a sentir inquietud y para
calmarla, llamaron a su hermano Hernando "el viejo", famoso por su
arrogancia y su temeridad, y le ordenaron que vaya en busca de Soto, a
reforzarlo si fuere necesario.
ENCUENTRO DE ATAHUALPA CON Hernando PIZARRO Y SOTO
Y llegó tan cerca que una borla que el cacique tenia tocada puesta en la frente
le aventaba el caballo con las narices: y el cacique nunca se mudó. El capitán
Hernando de Soto sacó un anillo del dedo, y se lo dio en señal de paz y amor
de parte de los cristianos. El (Atahualpa) lo tomó con muy poca estima: luego
vino Hernando Pizarro que se había quedado algo atrás a poner tres o cuatro de
cavarlo en un puerto donde había mal paso: y tralla a las ancas del cavarlo un
indio que era la lengua: y allegase al cacique con muy poco temor del y de toda
su gente y dijo le que alzase la cabeza, que la tenía muy baja, y que le
hablase, pues el era su amigo, y le venía a ver: y rogare que por la mañana
fuese a ver al gobernador, que le deseaba mucho ver. El cacique le dijo con la
cabeza baja, que él iría por la mañana a ver le...
Pizarro reunió a los frailes, al tesorero y a los principales capitanes en
consejo. Y expuso su plan, cuando haya llegado al centro de la gran plaza
triangular, atacarlo sorpresivamente en medio de sus indios (que no podían
entrar todos en la plaza para defenderlo, por la estrechez de la única entrada)
y hacerlo prisionero.
Se convino el plan. Se dispuso la colocación de infantes, arcabuceros,
ballesteros, jinetes. Se ordeno la guarda de las entradas de la plaza. Cuando el
inca --con su cortejo más inmediato-- penetrase en ella, el prior de los
frailes. Vicente de Valverde se acercaría a Atahualpa, seguido por intérpretes
y soldados, en actitud de paz. Luego, Pizarro de adelantaría a recibirlo; y en
esos momentos, haría una señal y, a la voz de "Santiago y a ellos",
se desarrollaría un ataque aparatoso, con ruidos de clarines y trompetas,
tambores y detonaciones. Pizarro, personalmente, haría prisionero al inca.
La suprema velada de armas de los conquistadores fue una noche de hombría tensa
y siniestra. Casi nadie durmió. Los frailes se pasaron la noche confesando
gente y rezongando preces; y cuando al amanecer la legión española estaba en
pie, Fray Vicente de Valverde cantó en medio de la plaza, ante las tropas
arrodilladas.
ATAHUALPA MARCHA A CAJAMARCA
Antes de marchar al Cuzco decidió ir a Cajamarca, famosa por sus baños, a fin
de reponerse por completo y encontrarse en plena salud para las ceremonias
imperiales que debían realizarse en el Cuzco. ¿Quien había de decir al
triunfador que ese era su viaje final? !En Cajamarca le esperaba la tragedia¡
Sobre los hombros de muchos indios en alto cargaban al Inca Atahualpa, y tras de
este venían otras dos literas y dos hamacas, en que venían otras personas
principales. Luego venía mucha gente en escuadras con coronas de oro y plata.
Luego que los primeros entraron a la plaza, sé apartaron y dieron lugar a los
otros. Llegando Atahualpa en medio de la plaza, hizo que todos se detuviesen, y
también las otras literas que venían. No cesaba de entrar gente en la plaza.,
de la delantera salió un capitán, y subió en la fuerza de la plaza y alzó
dos veces una lanza a manera de serie. El gobernador, que esto vio, dijo al
padre Fraile Vicente que vaya a hablar a Atahualpa con un fraude; él dijo que sí,
y fue con una cruz en la mano y con la Biblia en la otra, y entró por entre la
gente hasta donde Atahualpa estaba, y le dijo por el frente: "Yo soy
sacerdote de Dios, y enseño a los cristianos las cosas de Dios, y asimismo
vengo a enseñar a vosotros... y ve ha hablar al Gobernador, que te está
esperando". Atahualpa dijo que le diese el libro para ver y él se lo dio
cerrado; y no acertando Atahualpa a abrirle, el religioso extendió el brazo
para abrírselo y enseñarlo, y Atahualpa con gran desdén le dio un golpe en el
brazo, no queriendo que lo abriese; y porfiando él mismo a abrirlo, lo abrió;
y no maravillándose de las letras ni del papel como otros indios, lo arrojo
lejos de el. Y el fraile Valverde diciéndole que del poder inmenso del soberano
español, al que Atahualpa debía vasallaje, porque el Papa, sucesor de San
Pedro, le había regalado todas las tierras de los indios, del uno al otro mar.
Fueron tales las inoportunidades del discurso clerical de Cajamarca que
brillaron de soberbia magnífica los ojos de Atahualpa, y con desprecio respondió
al fraile siniestro, inhábil y fatal: "Yo soy el primero de los reyes del
mundo y a ninguno debo acatamiento; tu rey debe ser grande, porque ha enviado
criados suyos hasta aquí, pasando sobre el mar: por esto lo trataré como a un
hermano. Quién es ese otro rey o dios de que me hablas, que ha regalado al tuyo
tierras que no le pertenecen, porque son mías? El Tahuantinsuyu es mío y nada
más que mío. Me parece un absurdo que me hables de ese dios tuyo, al que los
hombres creados por él han asesinado. Yo no adoro a un muerto. Mi dios el Sol,
vive y hace vivir a los hombres, los animales y las plantas. Si él muriera,
todos moriríamos con él, así como cuando él duerme todos dormimos también.
Finalmente --agregó Atahualpa-- ¿con qué autoridad te atreves a decirme las
cosas insensatas que mes has dicho?.
- Con la que meda el libro que habéis tirado, respondió el fraile. - pues eso
no basta; respondió Atahualpa. El fraile, horrorizado, corrió a Pizarro y
dijo: "¿No veis lo que pasa? ¿Para qué estáis en comedimientos y
requerimientos con este perro lleno de soberbia, que vienen los campos llenos de
indios? Salid, que yo os resuelvo".
Dio la señal Pizarro. Sonaron mosquetes y arcabuces. Un descomunal estrépito
de guerra. El gobernador --él mismo y Solo-- llegó hasta la tierra del inca y
lo hizo preso. Ante la furia de los españoles, que querían hacer el triste mérito
de ultrajar personalmente al inca, se alzó la voz --verdaderamente española en
ese duro instante-- de Francisco Pizarro: "El que estime en algo su vida,
que se guarde de tocar al indio".
Se desarrolló luego una fiebre de matanza. Los indios pugnaban por huir, como
rebaños de corderos acosados por perros. Y no hallando salida bastante,
derribaron a fuerza de hombros uno de los muros de la plaza, que daba sobre el
campo...
Centenares de indios muertos. Y la única sangre española vertida en esa
jornada oscura y brutal fue la del gobernador don Francisco Pizarro, quien
recibió un mandoble por proteger con su cuerpo el cuerpo del hijo del Sol.
Atahualpa en Prisión
Francisco Pizarro esa noche "estaba muy alegre con la victoria" pero
reparando en Atahualpa hizo un paréntesis en su alegría y le dijo: "que
porque estaba tan triste: que no debía tener pesar: que nosotros los cristianos
no habíamos nacido en su tierra sino muy lejos de ella: y que por todas las
tierras por donde habíamos venido avía muy grandes señores: a todos los
cuales habíamos hecho amigos y vasallos del emperador por paz o por guerra: y
que no se espantase por haber sido preso por nosotros". Atahualpa lo miró
serenamente y sonriendo consigo mismo le dijo : "que no estaba pensativo
por aquello, sí no porque él tuvo pensamiento de prender al gobernador; y que
le avía salido al contrario; que a esta causa estaba tan pensativo".
Pizarro entendió lo que ocurría y tratando de inspirarle confianza le presentó
ciertas ropas indias de tejido muy fino para que las vistiese, en lugar de las
raídas que llevaba.
Atahualpa agradeció el gesto y pasando a una habitación vecina cambió sus
vestiduras. Luego tomó al lado de Pizarro y éste lo invitó a cenar en su
compañía. Comieron esa noche en una mesa, mueble que hasta entonces jamás había
usado el Inca. Poco se sabe de lo que hablaron entonces... Pizarro pretendió
alejarlo de su tristeza, pero el Inca le anticipó que no requería de consuelo,
ofreciendo a su adversario aquella hermosa frase: "usos son de la guerra el
vencer o ser vencido"...
Ofreció Atahualpa oro, por su rescate, días después llego el oro para los
españoles. Antes del reparto del oro, Pizarro llenó la fórmula de declarar
cumplido por Atahualpa el pacto de rescate. Pero el inca seguía preso, más
estrechamente vigilado que antes. Todos sintieron que el episodio de Cajamarca,
después del reparto, había llegado a su fin. Que no era posible prolongarlo
sin mengua del éxito de la conquista. Pero quedaba en pie el gran problema:
Atahualpa. Tres soluciones se ofrecieron: enviarlo a España, con los
conductores del quinto; seguir con él hasta el Cuzco; o matarlo.
Las primeras eran sostenidas por Soto, Pedro de Candia, Hernando Pizarro, Blas
de Atienza, Antón de Carrión, Pedro de Ayala, los dos hermanos Chávez, Alonso
de Ávila, Francisco de Fuentes, Juan de Herrada, y algunos otros hidalgos de
verdad. La última era aconsejada por Riquelme, Almagro y los suyos. El animador
de la intriga asesina era Felipillo el intérprete. Y quien le daba visos de
deber cristiano a la muerte de Atahualpa ante las orejas indecisas de Pizarro,
era Valverde.
Hernando Pizarro hacía mucho peso en el ánimo del gobernador. Era más viejo
que él y mejor educado. Almagro --que lo detestaba desde Panamá-- resolvió
alejarlo, de cerca de Francisco. Y para lograrlo, "el tuerto" optó
por ponderar sus méritos de honradez y distinción, y proclamar que era el más
indicado para ir a España llevando el quinto real y los obsequios al monarca. Y
pidió que, para el cumplimiento de misión tan delicada, se le diera una porción
de oro mayor que a los otros capitanes...
El marqués era lo bastante astuto para no caer en las mullerías de su viejo
socio; pero esta vez le convenía escucharle, pues comprendía que la aspereza y
la rectitud fanfarrona del "viejo", agriarían sus relaciones con
Almagro. Se decidió, pues, la partida de Hernando Pizarro a la metrópoli, con
el encargo de llevar al rey "el oro del Tahuantinsuyo". Cuando
Atahualpa los supo por el mismo Hernando, no pudo ocultar su abatimiento:
-Cuando te vayas, capitán, estoy seguro de que me van a matar tus compañeros.
Ese "tuerto" y ese "gordo" convencerán a tu hermano que me
mate. No me abandones, capitán...
Hernando se empeño en tranquilizarlo. Le aseguró que no partiría sin una
promesa del gobernador de respetar su vida. Pero Atahualpa desconfiaba...
Realmente, Hernando habló altamente al marqués, y hasta le pidió llevar
consigo al inca a España. Pero Francisco no quiso atreverse, y no accedió.
JUICIO para ATAHUALPA
Después de la partida de Hernando, la conspiración contra Atahualpa arreció
implacablemente. Todos los argumentos se esgrimieron por parte de Almagro y los
frailes: ofensa a Dios, mal servicio a la Corona, traición a los indios.
Felipillo echaba leña en esa hoguera. Siempre andaba hablando de conversaciones
sorprendidas a los indios, de conjuraciones para asaltar a los españoles;
finalmente --y aprovechándose de la llegada de unos indios del sur, partidarios
de Huáscar-- inventa la existencia de un enorme plan indígena para libertar al
inca, cuyo centro de acción y de reunión eran los campos de Guamachucho...
Ante una acusación así concreta, Pizarro tiene miedo. Desconfía de la
pasividad de los indígenas. Su entendimiento basto y unilateral de soldado, no
concibe cómo millares de hombres, en su propia tierra, no tramen algo para
salvar a su rey y arrojar a los invasores de su suelo.
La causa de Atahualpa es sostenida por Soto y unos pocos con él. Para alejarlo
de Cajamarca, Pizarro lo envía a Guamachucho, a comprobar la existencia del
complot indio contra los españoles. Cuando Soto parte --seguro de traer consigo
la prueba de la inocencia del inca-- Atahualpa ve su causa definitivamente
perdida.
Cuando el proceso del inca se hallaba decidido, llegó un nuevo grupo de indígenas
del sur. En medio de alaridos dolorosos, contaron a los españoles que el inca
legítimo del Cuzco, Huáscar, había sido ahogado en el río Andamarca por la
escolta indígena que lo conducía. Felipillo --advirtió de la situación--
agregó que la orden del asesinato había sido dada secretamente por Atahualpa,
temeroso de que Pizarro llegara en algún momento a entenderse con Huáscar y a
protegerlo. La pérdida de Atahualpa fue precipitada por esto. La hipocresía de
los de Almagro y de los frailes, halló en esto un motivo concluyente: ellos que
no se habían detenido ante nada y que luego se entre asesinarían, hicieron
motivo de escándalo de este suceso de guerra, en el cual la responsabilidad
directa de Atahualpa no se halla ni siquiera lejanamente establecida.
Doce puntos de acusación sostuvo ante los jueces el Fiscal Riquelme, asistido
por el charlatán Sancho de Cuellar. Entre ellos sobresalen: que Atahualpa es un
bastardo y un usurpador; que ha hecho asesinar a su hermano Huáscar; que ha
disipado las rentas del Estado; que ha cometido el delito de idolatría; que es
adúltero, pues vive públicamente con muchas mujeres; que ha excitado a los
pueblos a la revuelta contra España... Valverde dice uno de sus lúgubres
discursos, y pide la muerte --invocando los más tremendos textos bíblicos--
contra este salvaje, encarnación viviente del demonio que se hace adorar públicamente
por su pueblo; que practica la más repugnante idolatría y que practica
descaradamente uno de los pecados más horrendos: la poligamia.
Inútil es que Juan de Herrada invoque todas las leyes divinas y humanas en
favor del inca; inútil que les diga que sólo el emperador tiene jurisdicción
para juzgar a un rey vencido; que les proclame la inocencia de un hombre que ha
vivido de acuerdo con su ley, y que no ha podido infringir leyes ni practicar
religiones que no conocía. La causa estaba juzgada de antemano. Pizarro y
Almagro --llenando hipócritamente las fórmulas-- condenaron a Atahualpa a ser
quemado vivo, a menos que se convirtiera al cristianismo, en cuyo caso le sería
conmutada la hoguera por el garrote.
Pedro Pizarro ha visto a su hermano Francisco con los ojos en lágrimas al salir
de la sala del tribunal asesino... Eso no obstante, la misma noche de ese 29 de
agosto de 1533, Atahualpa debía ser supliciado en la plaza mayor de Cajamarca,
antes de que Soto regresara con la prueba plena de su inocencia. Como un último
esfuerzo, los defensores del inca hacen una consulta a los aventureros: hombres
de la España negra, ganados por el fanatismo religioso y la codicia, diez sobre
uno votan en contra del gran prisionero. Finalmente, Pizarro, para salvar un último
escrúpulo de su conciencia y tener una defensa posterior, por si en España
desaprobaban lo hecho, le pidió a Valverde su firma en la sentencia: sin
vacilar estampó su nombre, precedido de una cruz este "inquieto,
desasosegado y deshonesto clérigo...".
condena DE MUERTE parA ATAHUALPA
Cuando le fue comunicada la sentencia, Atahualpa increpó a Pizarro su falsedad;
le recordó haber cumplido --según declaración pública del mismo Pizarro-- el
pacto del rescate; y le dijo que, mientras el y su pueblo no habían tenido para
los españoles más que cuidados y afectos, ellos se lo pagaban con la muerte...
Viendo inútiles los requerimientos, volvió de nuevo a su actitud aparentemente
serena y, de acuerdo con sus ritos, recomendó al vencedor la suerte de sus
hijos y de sus mujeres.
En seguida conversó unos momentos con los amautas y los apus que estaban cerca
de él. Ellos le recordaron que el espíritu de un inca no puede retornar al sol
cuando su cuerpo ha sido consumido por las llamas del fuego terrestre, y le
aconsejaron que se deje bautizar a fin de que le sea conmutada la pena.
Ese fue el momento del desquite sombrío de Valverde. Ya en la plaza, en medio
de la ojera presta a ser incendiada y la horca, está el grupo formado por el
inca y sus verdugos. El sol se ha escondido ya. Unas cuantas antorchas
vacilantes alumbran el fatídico escenario. Valverde, rezonga salmodias y, después
que el inca declara --por medio de los latines del acólito-- que abjura su
infame idolatría y abraza la religión cristiana, vierte sobre la cabeza del
gran rey las aguas del bautismo, imponiéndole con la unción y la sal, el
nombre grotesco de Juan Francisco.
Cuando regresa Hernando de Soto con la noticia de ser falso todo lo de la
conspiración de Guamachucho, se encuentra con el crimen consumado; se indigna
el joven hidalgo capitán, increpa a Pizarro su precipitación, su cobardía, su
injusticia; le asegura que esto le traerá el desfavor de la Corona, porque sólo
al emperador le tocaba juzgar sobre la suerte del gran rey. Pizarro se confunde,
echa la culpa a Valverde y a Riquelme; éstos se lanzan acusaciones e insultos,
queriendo cada cual exculparse del asesinato. Así, pués, "la
historia" --lo que ha dado en llamarse pomposamente "la
historia"-- no ha tenido dificultad para rendir su fallo: lo rindieron ya,
con sus disputas, con sus mentís, los tres principales actores del sombrío
drama, declarándose culpables.
Una mujer indígena de la parcialidad de los zarzas dijo, al saber la noticia,
la oración fúnebre máxima del inca y del imperio: Chaupi punchapi tutayaca.
Anocheció en la mitad del día.
El inca joven y fuerte murió en la mitad de su trayectoria vital. Y el gran
imperio de Tahuantinsuyu, realizador de una cultura fuerte y sólida y de una
organización política y social más sabia y más justa que la del occidente de
ayer y de hoy, cortó su parábola en pleno desenvolvimiento.
Pues es preciso afirmar que la disgregación del imperio que realizara el gran
Huayna-Cápac en un momento de amor, se hallaba ya corregida por este hijo suyo,
fuerte, sabio, rico de novedad y tradición.
Después... Fue la ridícula comedia de los reyes postizos --que siguieron y
siguen poniendo en práctica todos los imperialismos-- para dar a los pueblos
sometidos la irrisoria vanidad de una burlesca independencia. Después fue
Vilcabamba y su protesta; la epopeya heroica y trágica del sinche mayor de la
parcialidad de los Quitus, Rumiñahui, "cara de piedra", y fue, por último,
el gran grito heroico de Túpac Amaru.
Hoy es la hora de construcción en Indo hispana. Todas las voces --que se
expresan indeclinablemente en español-- afirman su anhelo de vivir en justicia
y en igualdad sociales. Desde el México eterno de Zapata, pasando por el Perú
de Mariátegui, hasta el sur fecundo de afirmación y anhelos.
Atahualpa no dice en estas páginas su odio hacia Pizarro. Cuatro siglos ya.
Atahualpa y Pizarro esperan --y harán llegar-- la hora de la tierra y de la
justicia.
MUERTE DE ATAHUALPA
Pizarro escribió al Rey el 8 de junio y una segunda misiva el 29 de julio en la
que relataba los últimos acontecimientos y le informaba de la ejecución del
Inca.
Desgraciadamente esas cartas se perdieron, pero existe la carta de Carlos V
acusando recibo de ambas y en la que el Rey expresaba su disgusto por la ejecución
de Atahualpa ordenada por un súbdito suyo, hecho que atentaba contra el
principio monárquico.
Es lógico suponer que la muerte del Inca ocurrió después del 8 de junio y
antes del 29 de julio de 1533.
“Al anochecer siguiente -26 de julio de 1533- Atahualpa fue ejecutado en la
plaza de Cajamarca.
A última hora se le conmutó la pena de hoguera por la de garrote por haberse
dejado bautizar. Se le sepultó el día 27 en la iglesia que en el pueblo tenían
los cristianos.
Estando el cuerpo presente, mientras se le cantaban los oficios de difuntos,
irrumpieron muchas indias en el templo pidiendo las matasen allí mismo para
seguir en la otra vida a su señor. Se les echó y algunas se mataron.
Otras anduvieron muchos días recorriendo los rincones de las casas y tocando
tamborcillos, haciendo como que buscaban al Inca. Al no bailarlo, prorrumpieron
en amarguísimo llanto".
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Publicación enviada por Diegolin
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Publicado Thursday 16 de October de 2003
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