Monografias | M. Foucault - Aproximación a claves de su pensamientoM. Foucault - Aproximación a claves de su pensamientoResumen: Algunas dificultades para un acercamiento a su obra. Influencias presentes en su pensamiento. La ruptura con el racionalismo iluminista. Procedencia y emergencia como conceptos articuladores de la historia. El papel del discurso. La necesidad de construcción de un nuevo discurso. El concepto de poder. Dos esferas donde se construye y reproduce el poder. Dimensiones y cotidianidad del poder. El papel de la educación formal en la construcción y reproducción del poder. "Foucault tuvo siempre la virtud de transformar lo habitual en extraño" Keith Hoskin No deja de llamar la atención, al aproximarse al pensamiento
de M. Foucault, la dificultad que plantea el pretender identificarlo con las
diferentes corrientes de pensamiento contemporáneo. Algunos comentaristas
llegan a calificarlo de verdadero enigma (Marshall, 1993). Otros, en cambio,
muestran actitudes que oscilan desde una adhesión ilimitada hasta un silencio
significativo. Más allá de ello sus propuestas se distribuyen en diferentes áreas
de trabajo, conllevando los ecos de los planteos iniciales y definiéndose como
un referente del pensamiento. Lo establecido no hace sino remarcar el peso de la obra de
este autor y los enriquecimientos de una muy variada gama de disciplinas y
ciencias. La filosofía, la historia, la lingüística, la educación y la
psiquiatría, son algunos de los campos en que se ha proyectado el pensamiento
de Foucault. Esa dificultad de "encasillarlo" fue tomada irónicamente
por el propio autor, el cual restó total importancia a tal hecho. En una de las
entrevistas concedidas en 1984, poco antes de su muerte, afirmó: " Creo que, en realidad, he estado situado en la mayoría
de los cuadros del tablero de ajedrez de la política, de manera sucesiva y, a
veces, simultánea: como anarquista, izquierdista, marxista manifiesto o
disimulado, nihilista, antimarxista explícito o secreto, tecnócrata al
servicio del gaullismo, neoliberal, etc... Ninguna de estas descripciones es
importante de por sí; por otra parte, tomadas en conjunto, significan algo. Y
debo admitir que me gusta bastante lo que significan" (1) Sus propias palabras lo ubican en medio de las coordenadas de
su tiempo, caracterizados por una gran dinámica e incluso atravesados por
circunstancias traumáticas. Los enfrentamientos en el plano de la teoría y de
la práctica, caracterizaron la década de los sesenta y comienzos de la
siguiente, constituyendo el marco global de la propuesta. Un autor que como
Foucault, generó en su momento tantos "rencores", que se ubicó en el
medio de la polémica, no puede ser leído con prescindencia de estos elementos. Algunas dificultades para un acercamiento a
su obra. Una dificultad que podemos señalar dentro del pensamiento
del autor es la presencia de enfoques parciales, no sistematizados, sobre los
problemas abordados. Opuesto a la tendencia iluminista de construir sistemas
globalizadores, y a través de un manejo muy peculiar de la información histórica,
su visión se compone de series. Estas, más o menos extensas, se aplican a
aspectos específicos de la realidad y el autor no muestra demasiado interés en
buscar los "puentes vinculares" entre las mismas. Por el contrario una
y otra vez señala la relativa independencia que guardan entre sí. No puede entonces extrañarnos que el conjunto de su obra
adopte una forma laberíntica para quien se aproxima a sus trabajos por primera
vez. Su pensamiento, se mueve entre intersticios dejados por teorías de mayor
envergadura, más especializadas, arrastrando tras sí un muy extenso conjunto
de influencias y una gran erudición. Otra de sus dificultades radica en nuestra propia formación.
La ruptura que introduce el autor con la tradición racionalista crea una falta
de sintonía profunda con los códigos que maneja. Es necesario penetrar en
estos en primer lugar para comprender el alcance de sus posturas, muchas veces
revestidas de formas aparentemente contradictorias Frente a ese cuadro que lo caracteriza, creemos que uno de
los caminos posibles de abordaje consiste en apuntar hacia las ideas centrales
en torno a las cuales gira su obra. Los grandes temas que concentraron su interés.
Es decir centrarnos en aquellos pilares que le permitieron alcanzar determinadas
formulaciones las cuales pueden ser tomadas como punto de partida de nuevos
caminos en el abordaje de la sociedad. Influencias presentes en su pensamiento. El cómo concibe la historia, es una de las piedras angulares
de su pensamiento. Allí surge una de las rupturas que introduce con la tradición
surgida en el siglo XVIII, que aún se encuentra muy arraigada en el campo de
las ciencias sociales. Mientras la continuidad histórica, la racionalidad
creciente, fue adoptada de un modo casi natural, definiendo lo que se agrupa
bajo la denominación de modernidad, los pasos de Foucault se encaminan con otro
rumbo. En este punto no es totalmente original, sino que se nota en
particular la influencia del pensamiento científico contemporáneo, así como
los aportes de los filósofos Nietzsche y Heidegger. Estos, ubicados en la antesala de lo que puede denominarse
postmodernismo, sientan las bases de una nueva concepción de la sociedad y del
devenir del hombre en general. Del primero, quien marca una influencia mayor,
tomará, prioritariamente, la genealogía como método de construcción de lo
histórico y del segundo la imagen del "ser situado". Pese a ello no
puede reducirse las influencias recibidas a las mencionadas. El pensamiento de
Marx, en particular a partir de la visión de Althusser, también puede ser
rastreado. El discurso elaborado sobre el poder es en buena medida una respuesta
a la elaboración althusseriana de los Aparatos Ideológicos de Estado (AIE).
Estos no representan, a juicio de Foucault, sino un aspecto parcial de las
relaciones de poder que se presentan en el desenvolvimiento social. Su
estructura y contenidos, no pueden ser referenciados exclusivamente a la
estructura económico-política. Sí acuerda que instituciones presentadas como
espacios neutros dentro de la sociedad, en realidad manejaban dimensiones ideológicas
y ejercen formas de poder que se proyectaban sobre los individuos. Hasta ahora
la organización escolar era ubicada por los teóricos marxistas como formando
parte de un modo vago de la superestructura. Pero la escuela y la cultura en
general necesita nuevos caminos de abordaje. Tienen un rol dentro del
funcionamiento social muy diferente al de receptáculo pasivo de determinaciones
externas. De modo de llenar el vacío que se produce, recurre al aporte
de Weber, si bien curiosamente no es mencionado en sus obras. La importancia de
las construcciones culturales para explicar el comportamiento humano de un
determinado período, está presente en toda la reflexión de Foucault. Desde
que el poder no es concebido bajo una forma única, sino plural y presente en el
comportamiento cotidiano del individuo, la cultura, tomando la mayor extensión
del concepto, debe ser analizada. Dado que el componente simbólico es cardinal dentro del
funcionamiento cultural, el discurso, la articulación de símbolos de modo de
presentar determinados sentidos y significados, debe ser particularmente tenido
en cuenta. La violencia simbólica es uno de los puntos que atraen la atención
del autor, coincidiendo en esto con los trabajos contemporáneos de Bourdieu –
Passeron y del propio Althusser. Esas influencias contradictorias que se reflejan en la obra
llevaron a que Jean Paul Sartre, por ejemplo, lo acusara de ser un ecléctico,
buscando por esa vía descalificarlo. En lo personal considero que el aporte efectuado es digno
atención, más allá de una cierta "moda" que ha cobrado. Quizás
resulte válido afirmar que la importancia radica más en los temas que puso
sobre la mesa que lo que dijo en concreto sobre cada uno. Esa acción de atraer
la mirada hacia aspectos laterales de la discusión y ponerlos en el centro de
la misma, es uno de sus principales aportes. El marcar la existencia de campos de luchas laterales, como
la libertad sexual, el ecologismo, el feminismo, los movimientos de
homosexuales, etc, contribuye a revalorarlos dentro de un cuestionamiento global
al sistema. Presentarlos como campos concretos donde se manifiesta los
conflictos que sacuden la sociedad y donde no resulta válido reducirlos a un
solo plano, a una sola forma, supone cuestionar el conjunto social. La ruptura con el racionalismo iluminista. Las diferentes corrientes iluministas tendieron a construir
una línea continua de evolución que mostraba el desenvolvimiento progresivo de
la razón. Cada etapa, período, forma o estructura que sucedía a otra señalaba
un avance, un salto cualitativo en un proceso de evolución continua. Evolución
que, a la vez, señalaba un origen y un destino o meta. Esa línea, construida
desde el hoy hacia el ayer, dejaba una sola ruta posible a recorrer cuando se
enfocaba desde el otro extremo. La humanidad había recorrido esa ruta y no
otra, cada paso es una suerte de absoluto en ese andar y no una decisión entre
un abanico de posibles. Queda elaborado así un campo de legitimidad para sus
construcciones teóricas en el cual los vacíos son obviados planteando una
falsa continuidad. Funciona como una suerte de axioma a partir del cual se
construía todo el edificio teórico. Herederas de esa postura son las propuestas tanto de Comte
como del propio Marx, fundadores del pensamiento sociológico moderno, si bien
ambos se ubican en las antípodas de la reflexión social. Cuando Conte nos
plantea la "ley de los Tres Estados", piedra angular de su obra, está
trazando una línea por la cual ha transitado el ser humano a lo largo de su
historia, más allá de las particularidades que adquiriera en cada espacio
concreto. La humanidad en su conjunto recorre ese camino inexorablemente. En el caso de C. Marx hay un punto de partida diferente y un
rigor mayor en la construcción teórica. Toma como base no el comportamiento de
la razón abstracta, sino el desenvolvimiento de la economía y de la reproducción
material de la vida. Todo atravesado por el enfrentamiento de las clases
fundamentales de cada modo de producción. Cuando el modo de producción
esclavista es sustituido por el feudal y este por el capitalista, queda trazada
una línea de continuidad. Marca un origen y un destino. Entremedio tiende un
puente consistente en el conjunto de su propuesta. Mientras en el primero la meta era el triunfo de la razón, vía
por la cual se alcanzaría la felicidad, en Marx la instauración del comunismo,
triunfo también de la racionalidad en el uso y distribución de los recursos,
sería capaz de superar los conflictos históricos que caracterizaran el
desarrollo humano. Foucault rompe con esa tradición. Para ello se nos muestra
como un continuador del pensamiento de Nietzsche de quien recoge aspectos
fundamentales. Cuando aquel afirmara que "Dios ha muerto" señalaba
la desaparición de la esencia y su sustitución por la apariencia. La razón y
el humanismo en ella asentado, son los cadáveres que exhibe aquella muerte. Conceptos tales como evolución y superación, presentes en
el discurso filosófico desde Platón, son borrados de un plumazo. El pasado
nada nos puede aportar y el futuro no existe en cuanto una perspectiva de
crecimiento, de mejoramiento axiológico de la humanidad. Ahora nos encontramos
en un presente permanente. Cada individuo busca en su propia subjetividad los
caminos de edificar su placer, su dimensión dionisíaca, abandonando el carácter
apolíneo. Lo colectivo se diluye en lo individual, en su subjetividad. En el
artículo "Nietzsche, la genealogía, la historia", primero de los
trabajos agrupados bajo el título de Microfísica del Poder (1971), establece
lo absurdo que resulta buscar el origen. Citando al filósofo alemán,
transcribe lo siguiente: toda cosa y la razón misma "nacieron de un modo
perfectamente razonable, del azar" (2) No existe una esencia "pura" y verdadera. No existe
un punto inicial a partir de la cual podamos trazar una línea evolutiva que, a
través de un tránsito ordenado por cada una de las estaciones, nos conduzcan a
nuestro presente. Aceptar otra posibilidad es caer en aceptar la presencia de un
pre - conocimiento que negaría toda posibilidad positiva. Rechazar la idea de
la evolución, del tránsito, de estadios menos evolucionados a otros más
elevados, o como quiera llamárselos, deja de lado una de las ideas
fundamentales que han regido el pensamiento a partir del Siglo XVIII y genera un
vacío. La Historia global, la que reconoce etapas por las que han transitado
todos los seres humanos, con prescindencia del espacio, tambalea. Aparece
entonces la idea de discontinuidad la que se constituye en una clave de primer
orden. Tomando como ejemplo el desarrollo de una función lineal puede afirmarse
que la historia presenta una serie de discontinuidades, de tramos en los que no
está definida, y de inflexiones, cambios de rumbo positivos o negativos, donde
la aceleración puede ser mayor o menor. Esta función presenta tendencias
parciales en diferentes tramos los que no pueden absolutizar. Por otra parte no
resulta válido tomar la asíntota como representación de la función misma, ya
que estaríamos sustituyendo la cosa, con su riqueza de comportamientos, por una
construcción a la cual se le impone una determinada lógica y un discurso
externo a ella misma. Crearíamos de este modo una meta - realidad a la que sólo
la metafísica podría acceder. "Procedencia" y
"emergencia" como conceptos articuladores de la historia. Al no aceptar un encadenamiento único, finito o infinito, de
causas y efectos, que definen un proceso evolutivo, ¿cómo podemos alcanzar el
conocimiento? ; ¿cómo podemos analizar los diferentes hechos que nos rodean?
Para llenar ese espacio introduce dos conceptos complementarios la procedencia y
la emergencia. El primero apunta a "... encontrar bajo el aspecto único
de un carácter, o de un concepto, la proliferación de sucesos a través de los
cuales (gracias a los que, contra los que) se ha formado" (3). El conocimiento consolidado no puede ser concebido como un
logro que se obtiene, de una vez y para siempre, en todo espacio y todo tiempo.
Es un "posible" que permite elaborar una serie, más o menos extensa,
con un referente espacio - temporal concreto. Esto introduce el relativismo, en
una concepción muy personal del mismo, en la concepción del conocimiento. Esto
es particularmente válido en áreas en las que no es posible simplificar y
controlar variables. Tal el ejemplo de las ciencias que atienden al
comportamiento de lo humano. La procedencia apunta a mostrar como los conceptos y las
cosas presentan una gama muy grande de pliegues y fisuras que lo transforman en
una construcción inestable. Tiene además la particularidad de transmitir dicho
carácter a todo lo que sobre ella se apoye. Referido concretamente a la
sociedad lo anterior, podemos deducir que cualquier tema que se aborde, deberá
reunir la mayor información posible sobre él y su entorno, pero la construcción
resultante será inestable. Deberá explicitar de un modo exhaustivo la
constelación de fenómenos, profundos o superficiales que contribuyen a
definirlo. La construcción estará limitada en el espacio y el tiempo. El autor
nos cierra el paso al intento de comparar. Tampoco sería válido extrapolar
situaciones o modelos de un contexto a otro dado que los mismos responden a
combinaciones particulares. Aun cuando intervengan los mismos componentes, nada
asegura que tengan igual significado. Al no existir la pretendida esencia, ambos
fenómenos más allá de la palabra que los identifica, no tienen nada que ver
entre sí, por pertenecer a series diferentes. El concepto de procedencia tiene pues dos dimensiones
complementarias. Por una parte hace referencia a la necesidad de determinar con
la mayor exactitud posible, las condiciones y sucesos que posibilitaron la
aparición de un hecho. Dado que en esta enumeración se manejan las tres
categorías básicas, general, particular e individual, el mismo es producto de
una combinación única de las mismas. La segunda dimensión hace referencia al manejo del concepto
construido el cual debe ser empleado de un modo relativo evitando
extrapolaciones y generalizaciones. El campo de validez en que se gestara debe
ser siempre explicitado e integrado a la serie, inestable, que genera y de la
que forma parte. Estos dos aspectos permiten a Foucault sortear con relativo
éxito y bastante artificialidad, la dificultad de explicar la historia. En
efecto. A todo lo expresado hasta aquí no se trata de decretar el fin de la
historia en el sentido en que lo planteara Fukuyama, sino de romper con una visión
eurocentrista que predominara hasta entonces y de la cual aún se conservan
resabios. Esta reacción del autor es compartida por su generación, núcleo
donde nacieran las formas que se identificaran como corrientes contraculturales. El segundo concepto, la emergencia, podría definirse como el
punto de surgimiento del concepto o de la "cosa". Constituye un
escenario cruzado por fuerzas que se combinan y oponen y dan como resultado la
"posibilidad" de que emerjan determinados conceptos y hechos. Estas no
surgen en cualquier unidad espacio temporal, sino en aquella que la constelación
de fuerzas en juego lo permiten. Esto significa una ruptura total con la tradición histórica
global heredera de una visión eurocentrista, transformada en universal.
Manejarse dentro de las coordenadas de aquella tradición histórica es
introducir una distorsión total en la identidad del individuo, sustituyéndola
por una creación artificial que lo pone con relación a las coordenadas de
poder dominantes. Siguiendo a Nietzsche llega a la conclusión de que toda la
historia de la humanidad, no avanza sucesivamente a planos de mayor
racionalidad, como lo postulara el positivismo, sino que refleja relaciones de
poder. Poder que deja su huella en el propio individuo. El impacto de dichas
formas que se proyectan hacia el individuo, pasa a formar parte del propio ser y
lo transforman en singular. Del mismo modo que el médico debe examinar a cada paciente
para poder diagnosticar, ha de proceder el historiador. Se podría argumentar
que el médico basa su análisis en el conocimiento anatómico – fisiológico
característico del ser humano. Pero este argumento no resultaría válido
porque lo que el cuerpo y la fisiología que nos define no es sino producto de
una serie de cambios, en la que intervinieron mecanismos adaptativos y
hereditarios entre otros. Cada cuerpo tiene una dimensión histórica personal.
El cuerpo de conocimiento a partir de la cual se diagnostica ha variado y ello
debe estar presente en el análisis. El funcionamiento orgánico y la propia
anatomía no han sido siempre igual, ha cambiado. No debe dejarse de lado ni un momento la convicción de que,
por exhaustivo que sea un análisis, la construcción estará acotada a un
espacio - tiempo concreto y será de gran inestabilidad. Acá necesariamente debemos relacionar la historia, y el
conocimiento en general, con el papel que desempeña el discurso en su propia
conformación. Frente a la discontinuidad que presenta la realidad, el discurso
plantea una articulación que se introduce desde el exterior. El discurso, tanto del sociólogo, del historiador o
cualquiera de los científicos, es una creación de los mismos. Elaborada tanto
partir de un contexto exterior que define su entorno, como también de su
historia interior. Esas "historias" lo llevan a escuchar determinadas
voces y a silenciar otras; a emplear determinadas construcciones, determinados
esquemas, presentes en su mente más allá de su propia conciencia. En este
punto hay una confluencia general con el planteo de Khun y su teoría de los
paradigmas. Pero Foucault intenta ir más lejos que aquel. No se limita a
considerar el pensamiento y el conocimiento como dependiente del paradigma
dominante, sino que la propia realidad es generada por aquel. Es importante su
afirmación de que el propio cuerpo no es sino el resultado de las huellas de la
historia. Desde el elemento fisiológico hasta la elaboración más sofisticada
todo queda comprendido en ese marco. Huellas que no son el resultado de un
impacto unidireccional, sino fruto de la lucha que desarrolla el individuo. Lo
que nos alimenta, los hábitos de sueño, el ocio, la forma en que organizamos
nuestra vida cotidiana, todo ello impacta sobre nuestra capacidad de construir
la realidad. Esto que lo ve claramente el saber popular se "extraña"
de sí mismo en los planos académicos. En estos últimos la realidad se vive a
partir de una meta – realidad elaborada y sostenida a partir de un determinado
discurso que tiene la capacidad de autolegitimación. Dicho discurso es resultado de su propia descripción ya sea
con vuelo de águila o a través de ese sistemático acallamiento voces a que
hacíamos referencia anteriormente. Podemos señalar como ejemplo del
silenciamiento de voces la ausencia de la mujer en la historia. Si recordamos
los textos tradicionales en los que nos formamos cada uno de nosotros,
encontramos que despliegan una historia de hombres con total ausencia de la
mujer. ¿La mujer se limitó exclusivamente a la reproducción? ¿Incidió en
los diferentes procesos? Esas son preguntas que no son respondidas por los
textos aludidos, elaborados en consonancia con determinado discurso. Foucault resalta así el rol articulador que ejerce las
formulaciones discursivas. Ellas deben ser consideradas elaboraciones de segundo
nivel ya que están preexistentes en las redes de poder en que se mueve. Más
allá de que estén generadas en experiencias de laboratorio, ajustadas a todas
las reglas positivas, la visión estará mediado por un sistema preestablecido.
El resultado final también estará sometido a la necesidad de respetar una
jerarquización y en general una estructuración previa. Tomando en cuenta esto
es que se puede comprender la postura foucaultiana respecto a que el discurso es
el que conforma el objeto y posibilita su emergencia en determinado contexto. Cuando se genera una ruptura, tal el caso de Giordano Bruno,
Galileo, o del propio Mendel, o la lucha más cercana en el tiempo de Teyllard
de Chardín, se debe enfrentar los mecanismos de poder que se sustentan y sirven
de esas estructuras. Modernamente el destino no está marcado por la hoguera de
la Inquisición, pero se han ideado otros instrumentos, más sutil de sanción y
silenciamiento. Sólo cuando se aceptan los axiomas extracientíficos es
posible hablar genéricamente de familia, locura, sociedad o cualquiera de los
conceptos que podamos elegir. Sólo cuando se aceptan esos axiomas se puede
ingresar al universo del "saber" y legitimarse con el mismo. Cada
"familia conceptual" en coordenadas precisas espacio – temporales,
es una realidad singular. Cuando seleccionamos, en el marco del axioma,
determinados elementos dejamos en las sombras otros, podemos trazar una línea
continua de evolución. Sobre esa línea se levanta posteriormente una teoría
interpretativa que se articula con determinados códigos y formas. Cuando nos
enfrentamos a tal resultado, estamos frente a una meta-teoría, a una "máscara"
que distorsiona nuestra identidad y nuestra capacidad de comprender. No existe en relacionamiento directo sujeto – objeto. Dicha
relación se encuentra mediada por el conjunto de la cultura, introyectándose
en el individuo aún antes de ser consciente de ello. Al estar la cultura
cruzada de relaciones de poder, vemos que estas están presentes en el acto de
conocer. En el comienzo de "Las palabras y las cosas" (1964)
establece al respecto: " Los códigos fundamentales de una cultura – los
que rigen su lenguaje, sus esquemas perceptivos, sus cambios, sus técnicas, sus
valores, la jerarquía de sus prácticas – fijan de antemano para cada hombre
los órdenes empíricos con los cuales tendrá algo que ver" (4). El
parentesco con el pensamiento de Weber es evidente. Para superar esa limitante
es necesario desarticular el discurso, la historia global, para hacer crecer la
historia general, tal como lo plantea concretamente Foucault en "Arqueología
del Saber". Al respecto afirma: " ... el tema y la posibilidad de una
historia global comienzan a borrarse, y se ve esbozarse los lineamientos, muy
distintos, de lo que podría llamar una historia general" (5) La necesidad de la construcción de un nuevo
discurso. Se le impone la necesidad de una nueva visión de la
historia. Para ello se plantea la necesidad de crear un nuevo discurso capaz de
establecer nuevas pautas de integración – exclusión. Precisamente este juego
de integración – exclusión, es una de las funciones claves del discurso,
proyectándose hacia el propio desenvolvimiento del individuo en la sociedad.
Dentro de acontecimientos de un área espaciotemporal bien definida es posible
establecer una " red de causalidad que permita derivación de cada uno de
ellos, relaciones de analogía que muestren como se simbolizan los unos a los
otros, o cómo expresan todos un mismo y único núcleo central"(6). Este
aspecto permite evitar la dispersión de los hechos y la conformación de
conjuntos con procesos particulares. Resulta absurdo en determinadas ramas de
las ciencias físico naturales negar la existencia de relaciones de causa -
efecto. Si combinamos en determinadas circunstancias dos átomos de hidrógeno
con uno de oxígeno obtendremos agua. Pero como se ha demostrado, dos modelos
meteorológicos construidos artificialmente y puestos en funcionamiento no han
producido los mismos fenómenos. Ello a pesar de estar conformados por los
mismos elementos. En campos complejos como en el social, en donde inciden una
gama muy extensa de variables, no es posible establecer una causalidad lineal,
mecánica, sino que en todos los casos estaremos señalando un determinado grupo
de ellas. Por tanto la construcción deberá ser entendida como un
"posible", no como un "absoluto". Esta postura lo lleva negar las grandes construcciones
adoptando en cambio una actitud relativa. Las construcciones de carácter macro
pueden mantener determinados niveles de validez, pero mientras las consideremos
sólo como tendencias más o menos permanentes en un período concreto. Tomemos
como ejemplo el modelo ideado por Marx, uno de los más influyentes en nuestro
siglo. La serie construida a partir del desenvolvimiento económico, no es sino
un pliegue dentro de la historia general, que de acuerdo a la coyuntura específica
de un momento tendrá mayor o menor fuerza proyectiva hacia otros campos. En
esto se acerca a los neomarxistas de la Escuela de Francfort, los cuales
concedieron a la cultura y la ideología un papel mucho más importante que el
que originariamente les reservara Marx. Lo simbólico tiene una gran
trascendencia. Como ya lo señalara Weber a comienzos del siglo y lo reafirmara
en la actualidad B. Bernstein, cuando en la obra: Clases, códigos y control
(1971), el lenguaje es un sistema que a la vez de articular las experiencias del
individuo, conlleva determinada manera de "leer la realidad. Esto ya lo había
adelantado Leybniz cuando estableciera que la lengua de un pueblo resume su
propia historia y determina una forma de concebir el mundo. La historia debe ser entendida entonces como un conjunto de
pliegues en donde se combinan diferentes series de hechos. Combinación en donde
las líneas de fuerza de cada una de ellas se retroalimentan, se complementan o
se oponen entre sí. Por esta razón es que se producen los quiebres. Cuando una
determinada combinación de series comienza a oponerse al "orden"
instituido, en equilibrio inestable, cuando la fuerza que conjugan en una
determinada dirección, entonces se produce la discontinuidad y la aparición de
un "nuevo orden". El discurso en tanto que articulador y vehículo de las
relaciones de poder debe ser desmontado por aquel que aspira a cambiar la relación
existente. Mientras este hecho no se verifique es imposible hablar de sustitución
o anulación de una determinada forma de poder. Cuando el preso comienza a
expresar su sentir sobre la prisión, cuando progresivamente va articulando una determinada visión del universo carcelario, en esa medida
está ideando un contradiscurso capaz de entrar a disputarle el terreno al hegemónico. Esta postura tiene dos consecuencias inmediatas. En primer
lugar, el problema de la superación de formas de poder se instala en el plano
individual y no en el colectivo. A este sólo se llegará cuando un conjunto de
soluciones individuales se acumulen, creen una nueva unidad sígnica y procedan
a ocupar la posición hegemónica. Cabe señalar que Foucault no desarrolló la
menera en que se pasa de lo individual a lo colectivo. En segundo lugar, el escenario donde en la sociedad moderna
se define el poder es el correspondiente a la creación discusivo-sígnica. Dado
que este es condición sine qua non para que el mismo alcance los niveles de la
cultura, entendida como forma de vida, el que ejerza hegemonía en este terreno
dispondrá del poder de imponerlo a los demás. Cuando tratemos el problema de
la escuela este aspecto resultará claro. En efecto la educación en general y
la escuela en particular, al manejar determinados códigos, propicia la
reproducción de un determinado discurso que en definitiva reproduce relaciones
de poder intrínsecas. Este es un concepto capital dentro de la obra de Foucault.
Quizás sea el que ocupara mayor espacio en su reflexión aún cuando
desarrollara temáticas particulares, constituyéndose en una suerte de factor
común. A pesar de ello es significativo el hecho de que encontramos una serie
de "huecos" de importancia en su análisis. Quizás la principal ruptura introducida por Foucault lo
constituya el abandono de la línea tradicional de análisis del problema del
poder. La reflexión sobre el poder es un área que surge a partir del siglo
XVI, en donde se sistematiza la temática del buen gobierno. Anteriormente se
encuentran consejos sobre el comportamiento del príncipe. Incluso un papiro del
Antiguo Egipto, atribuido a Ptah-hotep visir del Alto Egipto, registra una serie
de recomendaciones a su hijo sobre cómo ejercer el poder. " Para exponer las cosas muy esquemáticamente, el arte
de gobernar se encuentra a finales del siglo XVI y comienzos del XVII una
primera forma de cristalización, forma que se organiza en torno al tema de la
razón de Estado entendida no en el sentido negativo y peyorativo que se le da
hoy (infringir los principios del derecho, de la equidad o de la humanidad por
el solo interés del Estado) sino en un sentido positivo y pleno..." (7)
Foucault en la cita nos acota la construcción de la serie histórica, marcando
un quiebre significativo producido en el pasaje del siglo XVI al XVII. El tema, en su desarrollo, es sacado del exclusivo campo político
para ser instalado en la cotidianidad. Sin dejar de reconocer que los intereses
hegemónicos de diferente grupos sociales se encuentran detrás de situaciones
de poder generalizadas, considera que no es la única manifestación de aquel.
Del mismo modo considera situaciones como las planteadas por obras como "El
Miedo a la Libertad" de E. Fromm, que buscan explicar comportamientos
sociales a partir de pulsiones del inconsciente. En ambos casos no tenemos ante nosotros sino una parte del
problema. El poder es mucho más complejo que lo derivado de las posiciones
marxistas o freudianas. Es en esencia un personaje que atraviesa todos los
escenarios en los que se despliega la vida humana. "Quiero decir esto: en
una sociedad como la nuestra, pero en el fondo de cualquier sociedad, relaciones
de poder múltiples atraviesan, caracterizan, constituyen el cuerpo social; y
estas relaciones de poder no pueden disociarse, ni funcionar sin una producción,
una acumulación, una circulación, un funcionamiento del discurso. No hay
ejercicio de poder posible sin una cierta economía de los discursos de verdad
que funcionen en, y a partir de esta pareja." (8) Su naturaleza última no puede ser aprehendida sino allí
donde su intención está totalmente investida; en el interior de prácticas
reales y efectivas y en relación directa con su blanco y campo de aplicación.
Resulta lógico entonces no tomar el nivel macro como punto de partida para su
análisis sino la multitud de actos que a diario son protagonizados por el
individuo. No es algo que se precipita sobre el individuo y que se encuentra
institucionalizado en formaciones sociales. No importa la legitimidad del mismo,
si emana de los intereses de un grupo hegemónico o si es producto de la
voluntad de la mayoría. El planteo parte de que el poder se genera y materializa en
una extensa gama de relaciones interpersonales desde las cuales se eleva hasta
constituir estructuras impersonales. En este punto encontramos uno de los "huecos" teóricos
a que hacíamos referencia. Preguntas tales como el modo en que se relacionan
entre sí diferentes formas de poder, cómo unas pueden ser apropiadas por
sectores sociales o cómo pueden cambiar o ser abandonadas no es respondido con
claridad. Si como vimos al analizar el discurso existen normas que rigen nuestra
percepción, debe existir, a su vez, mecanismos que posibiliten que se
estructuren y se reproduzcan. A la vez su permanencia implica una determinada
materialización en las prácticas cotidianas. ¿Cuáles son los elementos
legitimadores, cuáles los que permiten su sustitución circunstancial o
permanente? Parece faltar la respuesta y sólo es posible alcanzarla a través
de caminos laterales. Por otra parte no podemos dejar de reconocer la presencia
de por lo menos dos grandes planos donde se agrupan las diferentes
manifestaciones de poder tomando como criterio la extensión de las mismas. Uno
estaría constituido por las relaciones interpersonales que no alcanzan a la
totalidad de integrantes de un grupo y otro caracterizado por formas
institucionalizadas que operan como espacios cerrados. En estos ya no es el
poder de un individuo sobre otro sino de un grupo sobre otro, con las características
que sus integrantes quiéranlo o no, quedan presos de su ejercicio. Los dos
planos en los que habría que considerar el Poder, tienen dinámicas diferentes
y generan formas de perpetuación y defensa diferentes. Consideramos, el planteo de Foucault resulta posible si es
viable relacionar dialécticamente las categorías de lo individual, lo
particular y lo general, para conformar una imagen del punto. Mas ello supone ir
más allá de lo expresamente establecido por el autor. Se debe admitir entre
las categorías apuntadas, incluso, recorridos disimiles en el corto plazo.
Hemos de admitir, así mismo, que deben existir relaciones entre las mismas y
sus componentes, dado que las mismas son parte de una misma realidad. ¿Cómo
formas generalizadas de poder se combinan con otras de menor alcance social? He
aquí una de las interrogantes que no responde acabadamente el autor. No es la
única. Si admitimos que el poder está presente en todas las aciones, bajo
diferentes formas y dinámicas, qué sucede cuando encontramos una constelación
de fuerzas contradictorias? La conclusión sería que el conflicto sería lo
permanente dependiendo de su extensión e intensidad, la importancia que cobrará
dentro del conjunto social. A pesar de ello nada nos aporta sobre posibles
caminos de superación. ¿Puede ser que determinadas formas de poder sean como
la luz de esas estrellas que ya extinguidas, nos sigue llegando y puebla nuestro
cielo? La pregunta anterior nos conduce directamente a una interrogante clave.
¿Puede sustentarse una relación de poder, alejada de la situación que le
diera origen? En caso de respuesta positiva, cuánto más puede sostenerse por
una suerte de inercia histórica? Dos esferas donde se construye y reproduce el
poder. Foucault parte de la base de que existen dos esferas donde se
consolidan las prácticas, cada una de ellas tiene sus propios mecanismos de
legitimación, actúan como "centros" de poder y elaboran su discurso
y su legitimación. Una de dichas esferas está constituida por la ciencia, la
otra por el contrario está conformada por todos los demás elementos que pueden
definirse como integrantes de la cultura. Lo ideológico, las diferenciaciones
de género, las prácticas discriminatorias, las normas y los criterios de
normalidad, están dentro de esta segunda esfera. Tanto una como otra con una
referencia notoria a un tiempo y un espacio determinado. En medio de las dos esferas referidas queda una zona
intermedia que es donde la cultura puede desprenderse de sus códigos primarios
y mostrar lo consolidado como un "posible" entre otros. Utilizando la genealogía como sistema Foucault llega a la
conclusión de que la instauración de la sociedad moderna supuso una
transformación sustantiva en la consagración de nuevos instrumentos a través
de los cuales canalizar el poder. De manera paralela se construyó un conjunto
extenso de discursos que confirieron fuerza y capacidad de expandirse a esas
nuevas formas de poder. Este ya no se basa como en el pasado en la fuerza y su
legitimación religiosa. Dado que como afirma el hombre, en su actual dimensión
es una creación reciente, el poder debe materializarse a través de diferentes
formas de disciplinamiento. Es necesario que pase a formar parte del propio ser
de cada individuo. Al decir de Paulo Freire el mismo debe alojarse en la cabeza
del dominado y a considerar como natural lo que desde el nacimiento se le está
imponiendo. Para alcanzar esta meta debe estructurarse una retícula de
poderes entrecruzados que van conformando en su tránsito a los individuos.
" El poder tiene que ser analizado como algo que circula, o más bien, como
algo que no funciona sino en cadena. No está nunca localizado aquí o allí, no
está nunca en las manos de algunos, no es un atributo como la riqueza o un bien.
El poder funciona, se ejercita a través de una organización reticular. Y en
sus redes no sólo circulan los individuos, sino que además están siempre en
situación de sufrir o de ejercitar ese poder, no son nunca el blanco inerte o
consintiente del poder ni son siempre los elementos de conexión. En otros términos,
transita transversalmente, no está quieto en los individuos". (9) Desde el momento que es una forma histórica de relación de
los individuos y dado que consiste en una red intrincada tiene la facultad de
definir el cuerpo social. Así mientras Marx dividía la historia de la sociedad
de acuerdo al modo de producción dominante, en Foucault, tal división debería
efectuarse a partir de series particulares, de acuerdo a las características
que asumen las relaciones de poder existentes. Con la particularidad de que cada
uno de los períodos no se encadena a los demás sobre una línea de evolución
sino que es una serie independiente de la que no puede deducirse otra cosa que
su propio carácter de tal. Dimensiones y cotidianidad del poder. El poder no tiene una única fuente ni una única manifestación.
"...por dominación no entiendo el hecho macizo de una dominación global
de uno sobre los otros, o de un grupo sobre otro, sino las múltiples formas de
dominación que pueden ejercerse en el interior de la sociedad". (10)
Tiene, por el contrario, una extensa gama de formas y naturaleza. Cuando un
grupo social es capaz de apoderarse de los mecanismos que regulan una de dichas
manifestaciones, lo pone a su servicio y elabora una superestructura que se
aplica a los potenciales dominados. " No hay ejercicio de poder posible sin
una cierta economía de los discursos de la verdad que funcionen en, y a partir
de esta pareja". (11) Se crea, así, un discurso que lo presenta como un hecho
"natural" y procura bloquear las posibilidades de aparición de otros
discursos que tengan capacidad cuestionadora. Aparece en escena la disciplina en
su doble acepción que mantiene desde su origen, apuntando tanto al conjunto de
conocimientos como al control. Esa necesidad de contar con un discurso de
"respaldo", con una determinada forma de verdad, lleva necesariamente
a establecer una relación entre poder y saber. Esta relación será clave a
partir de la cual interpretar la labor de la escuela como espacio cerrado.
Espacio en el que funciona uno de los panópticos que conforman la sociedad. Refiriéndose al surgimiento de la prisión en su concepción
moderna afirma: "El sueño arquitectónico de Bentham se convirtió en una
realidad jurídica e institucional en el Estado napoleónico, que sirvió por
otra parte de modelo a todos los Estados del siglo XIX. Diría que el verdadero
cambio ha sido la invención del panóptico. Vivimos en una sociedad panóptica.
Tenemos unas estructuras de vigilancia absolutamente generalizadas, de las que
el sistema penal, el sistema judicial es una pieza, y de las que la prisión es
a su vez una pieza, de la que la psicología, la psiquiatría, la criminología,
la sociología, la psicología social, son sus efectos. (12) A partir de esta postura sobre la naturaleza y funcionamiento
del poder todos actuamos como víctimas y victimarios del poder. Por tanto nos
movemos en una situación ambivalente con respecto al poder, participando de él
y estando sometidos al mismo. Este es uno de los puntos débiles, que a mi juicio presenta
el conjunto del análisis. No es posible dimensionar de igual modo las diferentes
manifestaciones de poder que se producen en el seno de la sociedad. Aún
admitiendo las premisas de reflexión de Foucault hemos de admitir determinadas
combinaciones dentro de coordenadas espacio – temporales concretas que son
capaces de someter a otras de menor fuerza. Si muchas pueden considerarse
herencias de otras situaciones pasadas, hay en el presente elementos capaces de
revitalizarlas y reproducir. Con todo el pensamiento de Foucault no nos presenta un
universo cerrado, un individuo preso en una telaraña de líneas de poder. A
cada paso se elaboran mecanismos de defensa que van constituyendo la
individualidad y abren la puerta a la transformación, más allá de que no
surja con claridad la manera en que podrá asociarse con otros para imponerse
como detentor del poder. En esto se aparta doblemente de su mentor, L.
Althusser, y su teoría de los Aparatos Ideológicos de Estado. Aparece en
cambio más cercano al pensamiento de Gramsci en cuanto al manejo del concepto
de hegemonía en sustitución al empleo de dominio absoluto. El papel de la educación formal en la
construcción y reproducción del poder. El ejercicio del poder, en nuestras coordenadas histórico
– temporales, necesita desplegar una acción disciplinaria de modo de obtener
los resultados esperados de un modo eficiente. Para ello es que se han creado
los espacios cerrados en donde el poder se manifiesta de modo directo. El ejército,
el hospicio, la cárcel, la fábrica y la escuela son esos espacios presentes en
toda sociedad. Cuando nos referimos a fábrica y escuela, ambas expresiones,
deben ser tomadas en sentido genérico, como representantes de la actividad
asalariada en general y de la enseñanza formal. Ante la pregunta si puede establecerse una analogía entre la
escuela, el cuartel, la fábrica y la cárcel, como formas de encierro
destinadas al disciplinamiento, la respuesta de Foucault es por demás clara.
"Creo que en el fondo la estructura de poder propia de estas instituciones
la que es exactamente la misma. Y verdaderamente, no se puede decir que
haya analogía, hay identidad. Es el mismo tipo de poder, se ejerce el mismo
poder." Diálogo sobre el poder. (13) Para desarrollar este juicio, que para los que hemos sido
formados en una visión positiva, positivista y "rosa" de todo lo que
se refiere a la educación tiene un efecto traumático, debemos seguir los pasos
señalados por el autor. Los mismos son los siguientes. En primer lugar
significa la ruptura con una concepción humanista dominante a partir del siglo
XVIII y el enfrentarnos a una construcción postmoderna de la escuela como
institución y la educación en general. Para analizar la escuela desde la particular óptica de
Foucault debemos en primer lugar ver como se integra dentro de los procesos
diferenciadores existentes en la sociedad. Estos crean espacios básicos en los
que se definen situaciones de poder. Tomando en cuenta trabajos como los
realizados por B. Berstein en Inglaterra referentes a la adquisición del
conocimiento de los alumnos de acuerdo con su extracción social, es posible
establecer una correlación entre los resultados académicos y los niveles
alcanzados. También los trabajos de M. Apple en Estados Unidos apuntan a
remarcar la misma situación. En un mismo sentido están los informes producidos
por CEPAL en nuestro país. La conclusión de todos estos informes es que existe
una vinculación directa entre los resultados alcanzados y la ubicación social
de los examinados. La escuela lejos de servir de mecanismo de compensación
acentúa esas diferencias. En todos los casos la escuela parte de un mensaje único
frente al cual determinados sectores y extractos sociales no se identifican. Uno
de los mecanismos de resistencia primarios consiste en un rechazo de los
contenidos y de los valores que están. El "fracaso" académico es el
resultado lógico de esta situación. Cuando hablamos de sistemas diferenciadores no sólo hemos de
prestar atención a aquellos que se derivan de la situación económica, sino
también hemos de hacer lugar a la tradición, las leyes, la cultura. Nuestra
educación funciona sobre la base de la universalidad, por tanto maneja un
mensaje único. Un universo cultural único al que necesariamente deben
integrarse los alumnos, no dejando lugar alguno para formas alternativas. Tal
como lo señalan los diferentes trabajos que se ocupan del currículo oculto,
las englobadas bajo la denominación de reproductivistas o las corrientes pedagógicas
críticas, el campo de la enseñanza dista mucho de ser neutro. En el mismo
existe un interés manifiesto de mantener determinadas formas dentro de un
status quo permanente. La posición de Foucault se alinea con estas ideas y propone
que la escuela al ejercer el mismo tipo de poder que la fábrica, la cárcel, el
cuartel o el hospicio, busca disciplinar el cuerpo y la mente de los individuos
para desenvolverse dentro de determinadas coordenadas de poder. En el caso de la
enseñanza el instrumento del examen es una de las estrategias de reproducción
de las relaciones de poder. En la medida en que el estudiante se encuentra a
merced del examinador y que no tiene otra alternativa que moverse dentro de los
parámetros establecidos por aquel, está siendo sometido a un poder manifiesto.
En el acto de examen la relación poder – saber alcanza su esplendor supremo.
Eso combinado con las prácticas cotidianas de enseñanza nos llevan a que
"Las disciplinas encierran ciertas visiones del hombre en cuanto agente
moral, ser sexuado, aprendiz o cualesquiera otra. Mediante los procedimientos
normalizadores del examen y la "confesión", las personas se
clasifican como objetos, "revelándoles" la verdad sobre sí mismos.
Al construir de este modo a los sujetos, el poder moderno produce individuos
gobernables." (14) Un segundo aspecto que hemos de tomar en cuenta es el
referente a los objetivos, implícitos y explícitos, perseguidos por la
institución en su accionar. A este respecto hemos de considerar el aporte
efectuado por las corrientes reproductivistas y en especial los trabajos de
Bourdieu con su teoría del habitus. Como ha sido descripto desde los trabajos
iniciales de Althusser, Bourdieu, Paseron, Establet y otros en Europa, así como
Gintis en EE.UU, la escuela debe ser analizada profundamente de manera de poner
en evidencia lo que se ha denominado el currículo oculto. Es decir toda una
serie de actitudes y valores que si bien de modo indirecto se busca matrizar en
cada alumno que pasa por las aulas. En este punto Bourdieu y Passeron, son quizás los que en la
obra La Reproducción, los que han presentado un desarrollo más completo. La
tesis central de estos autores apunta a establecer que la escuela como institución
es un instrumento clave en la reproducción de las relaciones de dominación
existentes en la sociedad. Esta dominación, a diferencia de lo que aconteciera
en la antigüedad no se verifica por el empleo de la fuerza, aunque esta no se
elimina, sino por la implantación de lo que ellos denominan habitus. El mismo
es definido por los autores del siguiente modo: "produit de l’intériosation
des principes d’un arbitraire culturel capable de se perpétuer après la
cessation de l’AP et par là de perpétuer dans les pratiques les principes de
l’arbitraire intériorisé" (*) Existe una correspondencia clara entre el pensamiento de
Foucault y el de estos autores. La implantación del hábitus traduce una práctica
de poder que busca reproducir relaciones de dominio más intensa. Esta visión
de la escuela si bien tiene una cuota parte de verdad, no es adecuada para
definir la institución. Toda la educación tiene una dimensión reproductiva en
la medida en que uno de sus objetivos esenciales es la conservación de un
determinado patrinomio cultural. Qué se incluye dentro de esa reproducción, qué
medios son puestos en juego, qué contenidos específicos son privilegiados son
harina de otro costal. Pero junto a la reproducción se manejan conductas de
resistencia. Resistencia que comprende diferentes planos que va desde el
abandono, la negatividad sobre todo lo que en ello se expresa, la indiferencia,
la violencia hacia sus representantes, hasta la elaboración de mensajes
paralelos o formas de contracultura. A modo de síntesis podemos decir que la escuela, en la
concepción foucaultiana, como representante genérica de la educación formal,
es el gran aparato disciplinador de la sociedad. Si analizamos los instrumentos
tradicionales: el ejército, el hospicio, la cárcel y la escuela, esta última
cuenta con la ventaja de ser el espacio por el que pasan todas las personas.
Todos de una manera u otra llevamos impresas en nuestro cuerpo y mente las
huellas dejadas por la escuela. El modo de hablar de pensar, de leer el mundo,
empleando la terminología freireana, es fruto del papel disciplinador
desplegado por la escuela. "... la disciplina ejercida sobre la persona,
con el fin de producir cuerpos dóciles (es interesante señalar que dócil
tiene su propia connotación educativa, pues proviene del latín docilis que
significa enseñable), se deriva de las prácticas reducidas o micro-tecnologías.
Estas en la organización del espacio y del tiempo siguiendo líneas ordenadas,
de manera que faciliten formas constantes de vigilancia y puesta en acción de
evaluación y el juicio" (15) Citas incluidas en el trabajo.
M. Insp. Mag. Douglas Ifrán Publicación enviada por M. Insp. Mag. Douglas Ifrán Contactar mailto:di1950@movinet.com.uy Código ISPN de la Publicación EpyylFykAAJwkPwqOk Publicado Wednesday 22 de October de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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