Monografias | Los Danzantes del Anahuac: Identidad y Cultura en la ciudad de MéxicoLos Danzantes del Anahuac: Identidad y Cultura en la ciudad de MéxicoResumen: En el presente texto se aborda el proceso de conformación de la identidad en cuatro grupos de danzantes de la ciudad de México. Este trabajo es fruto de la investigación colectiva que desarrollamos en los Talleres de Investigación Sociológica con énfasis en la cultura, entre 1999 y el año 2001, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Indice Introducción Identidad,
rito y danza: un esquema de análisis para abordar a los danzantes
citadinos Los
danzantes del Anáhuac: análisis de algunos grupos de la ciudad de México. El
mundo danzante: la unidad en la diversidad .
Grupo de danzantes de Tlalpan .
Grupo de concheros de La Conchita .
Grupo Ollin Mazahtl del zócalo .
Grupo Movimiento de Cuauhtémoc del zócalo
La
construcción de la identidad danzante: el tiempo, el espacio y el rito
en la conformación de la mexicanidad Conclusiones INTRODUCCION En
el presente texto se aborda el proceso de conformación de la identidad en
cuatro grupos de danzantes de la ciudad de México. Este trabajo es fruto de
la investigación colectiva que desarrollamos en los Talleres de
Investigación Sociológica con énfasis en la cultura, entre 1999 y el año
2001, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
La
investigación se originó en la inquietud de los participantes de los
Talleres por realizar un estudio sociológico que nos permitiese recorrer el
camino de la investigación social, desde el planteamiento de un problema
hasta la presentación de los resultados. Durante
los talleres I y II abordamos la temática teórica de la cultura, la
subjetividad, las identidades sociales y todos aquellos fenómenos que forman
parte de la dimensión simbólica de la sociedad. Solo entonces, estuvimos
listos para iniciar nuestro propio camino en la indagación empírica de un
fenómeno particular caracterizado por su gran contenido simbólico: la
creciente presencia de grupos de danzantes mexicaneros en la ciudad de México.
Elegimos como tema de investigación colectiva el de la conformación de la
identidad danzante en cuatro grupos de la ciudad, y a ella nos dedicamos
durante los dos últimos semestres correspondientes a los talleres III y IV. Constatamos
que a lo largo y ancho del país, las danzas con influencia prehispánica han
sobrevivido a las dinámicas avasallantes de la modernidad. Practicamente no
hay pueblo o comunidad, ni tampoco barrio o ciudad del país en la cual las
danzas no estén presentes en las festividades religiosas y en algunas otras
fechas con significación histórica local. En la ciudad de México las danzas
se repiten, cada año, en cientos de fiestas en barrios, colonias y pueblos
que celebran a sus santos patronos.
Pero
no sólo las festividades religiosas o cívicas son ocasión de las
manifestaciones rituales de los danzantes. También en plazas públicas, en días
de la semana previamente establecidos, grupos de danzantes llevan a cabo sus
ceremonias frente a un nutrido público conformado por turistas y por
habitantes de la ciudad que asisten a presenciar los ritos dancísticos, o
bien que se detienen unos momentos para admirarlos. Se
trata de grupos que se autodefinen como concheros, como danzantes o como
mexicaneros. Algunos de estos grupos forman parte de organizaciones más
amplias en las que se comparte una cosmovisión que incluye el aprendizaje y
uso de la lengua náhuatl y una relación especial con el cosmos, con la
naturaleza, con el pasado indígena azteca, etc. En este sentido, pueden ser
concebidos como grupos cuya identidad se forja tanto en la reivindicación de
una cierta etnicidad, como en la resistencia ritual. Consideramos
importante analizar el fenómeno de los danzantes, más allá de lo que
representan, a primera vista, como simple espectáculo. Por ello, hicimos un
esfuerzo por mostrar que detrás de la práctica de la danza, existe un
universo simbólico que articula y da forma a la identidad danzante tanto en
el plano individual como en el colectivo. Algunas
preguntas iniciales de la investigación fueron las siguientes: ¿Quiénes
son los integrantes de dichos grupos? ¿Cómo, para qué, y para quienes
danzan? ¿cuáles son los significados de su danza? ¿cuáles los de su
arreglo, su vestimenta y otros elementos utilizados en la danza? ¿cómo
se conforman y cómo se organizan los grupos de danzantes? ¿cómo se
ingresa a un grupo y cómo se reparten los cargos en la organización jerárquica? ¿qué
significa para ellos ser parte de un grupo o de una red de grupos? ¿cómo
se relacionan con el mundo externo al grupo? ¿qué discursos enarbolan
frente a la cultura occidental y frente a sus visiones de la ciencia, el
arte, la religión, etc.? ¿cómo se integran al discurso de la
mexicaneidad? ¿qué papel cumple en éste la lengua nahuatl? ¿cómo se
relaciona el discurso de la mexicaneidad con el discurso oficial sobre la
nacionalidad mexicana? ¿cómo se definen a sí mismos los
"mexicaneros" en relación con la nación? ¿quién es el
"otro" al que se opone la cultura de la mexicanidad? ¿cómo
se relacionan con el espacio urbano? ¿cómo contribuyen a la fisonomía
particular de dicho espacio? ¿cómo construyen la relación entre el
espacio íntimo-personal de la danza, el del grupo y el del territorio en
el que danzan? ¿cómo ponen en relación el tiempo mítico con su propio
tiempo de vida? ¿cómo con el propio ritmo de la danza?
Así,
el objetivo principal de la investigación fue el de conocer las maneras
mediante las cuales los danzantes y los concheros de la ciudad de México
construyen una identidad colectiva fundada en la recuperación y actualización
de algunos elementos de culturas prehispánicas, en particular en la danza. La
identidad concebida como proceso de construcción colectiva antes que como
atributo o esencia, fue el eje articulador de nuestra investigación. Pero la
indagación acerca de cómo se construye la identidad no podía ser formulada
como una pregunta directa. Fue necesario, por tanto, elaborar un esquema de análisis
que nos permitiera reconstruir las prácticas y los discursos mediante los
cuales los danzantes construyen su identidad hacia adentro del grupo y como
forma de diferenciarse de los otros danzantes y del mundo occidental en
general. Fueron
aproximadamente cinco meses de trabajo de campo, divididos en dos etapas. La
primera, exploratoria, nos permitió darnos cuenta de la amplitud y
heterogeneidad del mundo danzante. La segunda, propiamente de investigación
de campo, fue de trabajo etnográfico que incluyó la observación
participante, la realización de entrevistas a profundidad y, en general, el
trabajo de acopio de información para nuestro análisis. En esta última
etapa nos dividimos en cuatro equipos, cada uno de los cuales trabajó con un
grupo danzante en particular. Estos
grupos, a quienes agradecemos su buena disposición para permitirnos entrar en
su mundo, son los siguientes: Grupo
Azteca del Centro de Tlalpan Grupo
de Concheros de La Conchita Grupo
Ollin Mazahtl del Zocalo Grupo
Movimiento de Cuauhtémoc del Zocalo Debemos
señalar que, debido a la amplitud y complejidad del tema y dados los límites
de tiempo a los que estuvimos sometidos, algunos aspectos fueron tratados de
forma insuficiente,.
Sin
embargo, esta investigación nos permitió estudiar un fenómeno casi olvidado
por la sociología y aún por la antropología, y tener una primera
experiencia de investigación de campo, propia del trabajo sociológico.
Logramos conjuntar teoría y práctica y aprendimos a construir y reconstruir
nuestro objeto de estudio a lo largo de la investigación.
Además,
trabajar el tema de manera colectiva y horizontal, logró que adquiriéramos e
intercambiáramos conocimientos, al interior del grupo de investigación, y
nos permitió enriquecernos con la experiencia de la profesora e
investigadores que nos brindaron su orientación y asesoría. A María Ana
Portal, profesora-investigadora de la UAM-Iztapalapa y a Daniel Hernández
Rosete profesor de esta facultad les agradecemos la valiosa asesoría que nos
brindaron. IDENTIDAD,
RITO Y DANZA: UN ESQUEMA DE ANÁLISIS PARA ABORDAR A LOS DANZANTES
CITADINOS. Como
se señaló antes, para abordar la conformación de la identidad danzante, en
cuatro grupos de la ciudad de México, elaboramos un esquema de análisis para
reconstruir los procesos mediante los cuales los miembros de un colectivo
construyen los elementos discursivos y las prácticas rituales que les
permiten identificarse como parte de un grupo, o de una red de grupos y, al
mismo tiempo, mostrar sus particularidades frente a todo aquello que se
considera se considera como exterior al colectivo. Elegimos
cuatro grandes dimensiones de análisis: el tiempo, el espacio, el rito y la
danza y, de manera, central la propia noción de identidad. Para cada una de
estas dimensiones distinguimos niveles de análisis, variables e indicadores,
tal y como se muestra en el siguiente cuadro, que se convirtió en nuestra
mejor guía de trabajo de campo, tanto para la observación del rito dancístico
como para la realización de entrevistas a integrantes de cada grupo. Esquema
de análisis: Los danzantes de la ciudad de México
Dimensiones
De
análisis
Niveles
de análisis
Variables
Indicadores
Fuentes
/ Técnicas
Tiempo
Tiempo
mítico
-
Discurso sobre "lo prehispánico".
-
Deidades
-
Concepción del tiempo
-
Memoria colectiva
-
Memoria individual
-
Tiempo cíclico
Fuentes:
Bibliografía
teórica: concepciones de cultura, identidad, resistencia
cultural, etc.
Bibliografía
sobre el tema: trabajos académicos sobre mexicaneros, danzantes,
concheros, etc.
Documentos
y páginas web de los propios grupos de mexicaneros, danzantes y
concheros.
Técnicas:
Observación
participante
Registro
visual
Diario
de campo
Historias
de vida
Entrevistas
Historia
-
Continuidades y rupturas
-
Tradición oral
Interpretación
de la historia nacional.
Historia
colectiva
Historia
personal
Tiempo
interno (ritmo)
-
Tiempo subjetivo
-
Vivencia temporal del ritmo dancístico.
Espacio
Lugar
simbólico (ciudad, plaza)
-
Lugares sagrados
-
Espacios sacralizados, sacralizables.
-
Concepcón del espacio
Espacio
ritual
-
Organización espacial de la danza.
Formas
espaciales de organización de la danza.
Espacio
objetivo
(espacio
urbano: ciudad de México)
-
Ciudad de México
-
Anonimato
-
Percepción de la ciudad
Redes
entre grupos
Movilidad
geográfica
Identidad
Lo
propio / lo ajeno
Formas
de pertenencia
Tradición
Resistencia
cultural
Ser
danzante como estilo de v
-
La visión del otro y de si mismo.
-
Etnico v.s Occidente
-
Linajes
-
Jerarquías
-Relación
individuo/grupo
-
Relación con otros grupos
-
Relación con "la nacionalidad" y con otras cosmovisiones
¿Quién
es (son) el (los) otros.
Historia
personal
Historia
del grupo
(orígenes
y desarrollo)
Rito
y danza
Lo
sagrado/ profano
Sincretismo
Religiosidad
popular
Danza
como espectáculo
-
Símbolos: vestimenta, ornamentación, instrumentos, ofrendas.
-
Relación con el público.
¿A
quién se le danza?
-
Porqué y para qué se danza?
Fechas
en que se danza.
Fechas
conmemorativas.
La
identidad es un concepto teórico que permite organizar, explicar y comprender
el sentido de la acción de los sujetos, así como formas de relación y
comunicación específicas que dan origen a la cosmovisión que comparte un
grupo. La
cosmovisión es una forma de representar el mundo, de vivir y de ser. En su
dimensión intersubjetiva, está constituida por elementos culturales y puntos
de partida comunes. Muestra la relación del hombre con su medio y con la
sociedad; la mirada del yo y lo otro y la relación establecida culturalmente
entre sujeto - objeto. Los elementos a partir de los cuales podemos mirar
estas representaciones se ponen de manifiesto a través de diversos símbolos
visibles en la danza; en ella, los danzantes representan y expresan su
capacidad de nombrar y dar significado al mundo: construyen sentido. Podemos
afirmar, desde los primeros acercamientos, que al hablar de los danzantes nos
referimos a una asociación heterogénea de personas - diferenciadas social y
culturalmente - que se reúne temporalmente en un espacio particular para
compartir como grupo el momento de la danza. La danza se vive como parte de
una cultura, de una tradición que hay que rescatar: la prehispánica. Esta
cultura se identifica con tradiciones, creencias, rituales y producciones
culturales, en general, que conducen hacia la asunción de un estilo de vida
caracterizado por la intención de lograr, en el México de hoy, una historia
vital semejante a la que atribuyen a la civilización azteca. Por ello, muchos
danzantes, en su vida cotidiana, recurren a la medicina “natural”, al baño
de temazcal, al aprendizaje de la filosofía y la historia náhual, a la
organización en calpullis y a todas aquéllas formas de vida que, desde su
perspectiva, muestran la superioridad de la cultura de sus antepasados. La
danza se verifica en un espacio público, sus ejecutantes han socializado el
rito y, en cierta forma, se comportan de un mismo modo; pero también es un
espacio íntimo que afecta su identidad personal. A través de una experiencia
grupal, a pesar de la gran heterogeneidad de los integrantes del grupo, se
recrea un rito común y una historia compartida por todos. Podría decirse que
se conforma una identidad colectiva representada en el momento de la danza e
interiorizada, por cada uno, en su propia vida cotidiana. Lo
que a nosotros nos interesa es apreciar cómo se constituye la identidad del
ser danzante a partir de las interrelaciones espacio - temporales, mediante
formas particulares de ver el mundo; desde la selección del espacio, hasta el
reconocimiento de un discurso común y una cosmovisión en la que el pasado
—la vuelta al origen— y el futuro —el proyecto de refundación— se
interrelacionan de manera peculiar. En
un mundo caracterizado por la complejidad cultural, la enorme oferta de
sentidos, la fragmentación de los referentes simbólicos, y la “pluralización
de los mundos vitales”, nos preguntamos si es posible decir que,
actualmente, estas danzas son un recurso de creación o recreación de grupos
sociales que logran refuncionalizar la tradición prehispánica en un contexto
urbano y cosmopolita caracterizado por el anonimato y por una enorme
heterogeneidad. Pensamos que la respuesta es afirmativa. Los danzantes ponen
al día, de manera compleja y no pocas veces contradictoria, ese mundo que
consideran, si bien perdido, reactualizable para el México de hoy. El fenómeno
se enmarca, sin duda, en lo que otros autores han denominado como
“posmodernidad religiosa”, que “se realiza mediante una suerte de
desplazamientos que van de la institucionalización de lo religioso hacia la
subjetivación de la experiencia religosa”. Este proceso, de “relocalización”
de lo religioso dice Renée de la Torre, “vacía los dogmas universales y
los recipientes de la fe y los dirige hacia los nuevos sincretismos de las
creencias ”. El
rito de la danza no es solamente un fenómeno sujeto a un espacio y un tiempo
histórico, sino que en sí mismo crea e imagina tiempos y espacios simbólicos.
Espacio social donde se concreta el tiempo como temporalidad particular que
contribuye a cierta construcción cultural: la de la identidad danzante. La
visión del espacio como “tiempo comprimido”, esto es como tiempo
memorizado acerca de los lugares y espacios experimentados, permite ubicarlo
como el “material fundamental de la expresion social”. De allí que, como
dice Harvey, “cada proyecto de transformación de la sociedad debe rasgar la
compleja red de las concepciones espaciales y temporales y de sus prácticas” Para
los fines de nuestra investigación, por espacio entendemos aquel territorio
que contiene la historia, los ritos, los mitos y, en síntesis, las huellas
del pasado compartido y de las costumbres de un grupo particular. Encierra,
por tanto, un carácter simbólico que permite a sus ocupantes afirmarse
dentro de él constituyendo vínculos que conforman la identidad en todos los
niveles posibles. La percepción social del espacio está, necesariamente,
ligada a la cultura. Cada sociedad ocupa y ordena el espacio de una manera
particular: lo habita y torna comunicable. El
espacio como “red de vínculos de significación que se establece al
interior de los grupos, con las personas y las cosas”, comprende las
relaciones proxémicas (de persona a persona) y cósicas (de personas con
objetos) Ojo equipo edurne completar cita siempre
situadas dentro del ámbito de la significación cultural de un grupo”. Ojo
equipo Edurne completar cita El
espacio sagrado aparece como recurso ontológico (del ser) frente a la nada,
frente al caos, a lo que no es propio. “No puede hacer uno suyo un
territorio si no lo crea de nuevo, es decir, si no le consagra.” Ojo
equipo Edurne completar cita Por ello, apropiarse de un espacio
requiere resignificarlo. El
espacio urbano, como espacio público se vive, se usa y se construye en términos
materiales y, sobre todo, simbólicos. La ciudad, como espacio multicultural,
incluye lugares públicos en los que subsisten diversas manifestaciones
culturales que invocan el pasado mexicano. Las danzas de los mexicaneros son
expresiones de un pasado que se vive y recrea en el presente. El
tiempo, por su parte, debe ser entendido como el continuum de la significación
de las relaciones sociales, con una duración, un ritmo y una frecuencia
particulares. "Las realidades sociales, las formas de organización
social que hoy podemos distinguir en el mundo pueden ser reconocidas en su
especificidad histórica precisamente, por las maneras en las que se elabora
la relación entre los modos del tiempo" El
tiempo se vive como pasado histórico y como referente mítico. El tiempo mítico,
el que se recrea en la danza, es un pasado hecho presente. Pero no un pasado
cualquiera, es una vuelta al origen, es un tiempo circular, reversible y
recuperable. En el mito y la historia se mezcla lo tradicional y lo moderno,
construcciones humanas con objetivos distintos sobre el pasado que se expresa
en su contenido y narración. El
tiempo mítico, sagrado, cósmico, establece una fuerte relación entre el
pasado sagrado (tiempo) y la recreación de lo divino en la realidad (cosmos),
“... el tiempo surge con la primera aparición de una nueva categoría de
existentes. He aquí porqué el mito desempeña un papel tan considerable: es
el mito lo que revela cómo ha llegado a la existencia una realidad”. El
mito es el relato de cómo se creó el cosmos, el origen del mito implica el
origen del tiempo. Ojo equipo Edurne completar cita El
mito de la vuelta al origen, como todo mito, constituye el horizonte básico
de inteligibilidad del mundo danzante. Mito, dice Raimon Panikkkar, “es
aquello en lo que crees sin creer que crees en ello”. Por ello cuando es creído
y vivido desde dentro no requiere ser examinado profundamente. El
cambio cíclico del tiempo no solo marca intervalos de principio - fin -
principio; es la anulación del pasado profano de cada individuo que forma
parte de una comunidad religiosa. No es solo su purificación (cristiana), es
la reactualización de la fiesta y el ritual. El mito como origen del tiempo,
es el origen del cosmos, de los dioses y de la historia del hombre. Los
danzantes reactualizan los acontecimientos míticos. Al abrir el espacio
profano a los dioses o elementos de la naturaleza, se regresa a la creación. La
identidad, vista como proceso, es siempre histórica. A medida que se
transforman las condiciones históricas, el grupo modifica sus propias formas
de organización social; los limites del grupo, las reglas de interacción y
las marcas de identificación, pueden transformarse en ese tipo de
“conciencia social” que es la identidad. Con ésta, los sujetos
interpretan el pasado, se explican el presente y se proyectan hacia el futuro
como un ser distintivo que los diferencia de los otros, y les permite la
reproducción o modificación de sus condiciones de existencia materiales y
simbólicas, de acuerdo con sus intereses y sus posibilidades históricas.
Ojo equipo Edurne completar cita La
identidad es, también, producto de procesos ideológicos de la realidad
social, que buscan organizar en un universo coherente (a través de un
conjunto de representaciones culturales, normas, valores, creencias y signos)
el conjunto de relaciones reales o imaginarias que los hombres han establecen
entre sí y con el mundo material, necesarias para la producción y reproducción
social. De
esta manera, si se considera que las identidades son producto de procesos
ideológicos con los que los hombres buscan organizar en un universo simbólico
coherente el conjunto de sus relaciones sociales, sería posible, en el campo
genérico de la identidad, identificar diferentes tipos o niveles de identidad
en los que participan los sujetos sociales, dependiendo de los límites entre
el adentro y el afuera y, en consecuencia, de los intereses o intenciones con
que han sido establecidos esos límites. Para el caso que nos ocupa, podemos
distinguir por lo menos dos niveles de identidad de los que los danzantes
participan. El primero es el del propio rito que incluye la asistencia a los
ensayos y las presentaciones públicas y en la cual cada danzante sólo es tal
por el lugar que ocupa en el espacio y tiempo de la danza. El segundo es el de
la elección del estilo de vida que, se presume, debe corresponderse con los
valores y creencias compartidos por los danzantes. La
identidad tiene, en primer lugar, una "dimensión locativa" en el
sentido en que a través de ella el individuo se sitúa dentro del campo (simbólico)
o, en sentido más amplio define el campo donde situarse. Es decir, el
individuo asume un sistema de relevancia y define la situación en que se
encuentra. En segundo lugar tiene una "dimensión selectiva" en el
sentido en que el individuo, "una vez que haya definido sus propios límites
y asumido un sistema de relevancia, esta en condiciones de ordenar sus
preferencias y de optar por algunas alternativas descartando o difiriendo de
otras". Por último, la identidad tiene una "dimensión integrativa
" en el sentido en que a través de ella el individuo dispone de un marco
interpretativo que le permite entrelazar las experiencias pasadas, presentes y
futuras en la unidad de una biografía. Ojo equipo Edurne
completar cita La
identidad puede ser vista, también, a partir de las dos dimensiones que la
afectan directamente: tiempo y espacio. Estas se revelan en formas
especificas, pero son sus papeles cambiantes de predominio los que crean
nuevas tensiones y conducen a un reajuste de las maneras en las cuales los
grupos deciden quien pertenece a un conjunto con características comunes y
quien no. Ambas dimensiones se encuentran siempre presentes. Sin embargo, el
predominio de una u otra afecta drásticamente las formas en que los grupos
humanos, e incluso los individuos, pueden ser identificados. Maria
Ana Portal y Carlos Aguado entienden por identificación “la acción de dos
procesos inseparables: por un lado, el proceso por el cual un grupo o una
persona se reconoce como idéntico... a otro. Este movimiento de significación
va de adentro hacia fuera. Por otro lado, se da un proceso por el cual otro u
otros identifican a un grupo o sujeto, confiriéndole determinada cualidad”.
Las identificaciones sociales, dicen, “se construyen a partir de la manera
particular en que cada grupo social logra espaciar y definir el ritmo de sus
prácticas colectivas, significándolas y recreándolas.” Ojo
equipo Edurne completar cita Con
respecto al rito de la danza, es posible decir que éste es, probablemente, la
más antigua manifestación artística, y su importancia ritual y cultural es
preponderante en toda comunidad. Es uno de los lenguajes no verbales que
expresa sentimientos, símbolos y lenguaje mediante el movimiento corporal, la
música, la coreografía y la indumentaria y armas que la adornan. Así, la
danza satisface desde sus comienzos una necesidad individual y social. Tiene
una íntima relación con el culto, como uno de sus más importantes medios de
expresión. La danza, como rito, pone de manifiesto los valores del grupo
siendo para sus integrantes el vehículo para llegar a la comunicación
directa con los dioses. Ojo equipo Edurne completar cita La
danza mexica es, sobre todo, una danza ritual. El ritual expresa la condición
humana de lo sagrado y lo profano. Lo sagrado visto como lo ajeno, lo otro,
pero también como el objetivo que se desea alcanzar. Tanto lo sagrado como lo
profano son dos formas de estar en el mundo, de vivir y representar la
realidad. El lugar que ocupan los sujetos en cualquiera de estas dos formas,
depende la sociedad y la cultura en la que se desenvuelve. Ningún individuo
queda fuera de alguno de éstas dos posiciones que dependen de la experiencia
cotidiana y de la historia de la cultura. LOS
DANZANTES DEL ANAHUAC: ANALISIS DE ALGUNOS GRUPOS DE LA CIUDAD DE MEXICO EL
MUNDO DANZANTE: LA UNIDAD EN LA DIVERSIDAD.
La
danza Mexica/Azteca-Chichimeca o Mexicanera se considera como una de las
danzas de conquista pues representa la resistencia cultural y la apropiación
de nuevos elementos dados por la fusión de dos culturas. La llamada
mexicanidad pretende rescatar las culturas prehispánicas y toma fuerza en los
años sesenta aproximadamente. La mexicanidad enarbola un discurso que busca
explicar no sólo la condición actual de las culturas indígenas, sino también
intepretar la simbología indígena frente al discurso científico. En este
sentido, ella también se asume como la portadora de la verdadera interpretación
del legado indígena. A
pesar de que los grupos danzantes han proliferado y se han multiplicado en
nuestro país en los últimos años, han sido poco estudiados. Si bien es
cierto que las danzas de conquista y las festividades religiosas dedicadas a
los santos patrones de pueblos y barrios han sido objeto de estudio de muchos
antropólogos, los danzantes mexicaneros han sido dejados de lado. Al parecer,
sólo Lina Odena Güemes se acercó al tema en un trabajo titulado “Los
restauradores de la mexicanidad”, en el que muestra la génesis del
movimiento y, en especial, del Movimiento Confederado Restaurador de la
Cultura del Anáhuac. En dicho trabajo, la autora muestra los orígenes
mestizos de dichos movimientos y la alta dosis de racismo que ha caracterizado
a algunos de ellos. Más
allá de algunas diferencias evidentes entre los grupos de danzantes, todos
invocan un pasado común y se sienten herederos de una de “las
civilizaciones más antiguas y hermosas que hallan existido en cualquier
momento sobre el planeta” El
discurso de la mexicanidad apela a una identidad no sólo con respecto a los
danzantes, sino que propone a la población mexicana, en general, asumirse
como parte de una historia común hegemonizada por la cultura náhual, como
una cosmovisión y una forma de organización social que debe revalorarse. Así,
el movimiento chicano mexicano-mexica hace un llamado a todos los habitantes
del Aztlán y del Anáhuac, incluso a los descendientes de europeos, para que
“aprendan nuestra historia e identidad mexica, pero desde nuestro punto de
vista indígena” Pero
hay quienes excluyen de su misión a quienes no desciendan de las razas
originarias. El movimiento llamado Fuerza Nacionalista Azteca, en una carta
abierta, dirigida a todos los mexicanos para “emprender una cruzada nacional
de emergencia contra el hambre, la carestía y el desempleo”, señala que ha
llegado el momento de pasar de la resistencia a la reconstrucción, “dando
cumplimiento al mandato de Cuauhtémoc para levantar nuestro querido Anáhuac
y retomar el camino de la Mexicayotl, de nuestra mexicanidad.” Para
lograrlo, dicen, se debe acabar con la “ideología del mestizaje”, ya que
los mexicanos legítimos son “producto de la evolución genética natural
(...) con un rostro y un corazón propios que hoy se levanta de la destrucción,
la dispersión y la confusión” Alejados
de las demandas indígenas que de manera tan visible han enarbolado varias
organizaciones en nuestro país, en especial a partir de la presencia del EZLN
como un actor político de primera importancia, los movimientos de la
mexicanidad, en general, centran su discurso en la vuelta al origen, al mundo
armónico, justo y bello que les fue arrebatado hace más de 500 años. Así,
el movimiento Fuerza Nacionalista Azteca señala: “Hoy, cuando en la política
se habla de transición democrática, de reforma del Estado y de refundar la
nación; nosotros preferimos hablar de Restauración y Reconstrucción del Anáhuac
porque se trata de retomar y continuar el Gran Proyecto de la Confederación
de Anáhuac, destruida por los invasores a partir del 13 de agosto de 1521,
donde se construía una sociedad igualitaria, asentada sobre kalpullis (sic)
autosuficientes confederados, con una auténtica autonomía e intercambio
justo, de respeto a las tradiciones, costumbres y formas de gobierno” Algunos
elementos que parecen ser consustanciales a la mexicanidad son: una actitud
frente al mundo respetuosa de la naturaleza y un reconocimiento de la lengua náhuatl
como la portadora del saber. La reconciliación con el pasado prehispánico
pretende rescatar ese conocimiento en función de una sociedad que parece
desintegrarse, en la cual los valores de cohesión se han perdido y han dado
paso a la violencia, la drogadicción y demás problemas sociales. Por otro
lado, dicen buscar esa armonía que existía en el pasado entre el hombre y la
naturaleza, de la que cada vez se aleja más el hombre moderno. Para los líderes
de los grupos danzantes de la mexicanidad la sociedad azteca era una forma de
organización social perfecta. Las mujeres mexicas, señala Iztakuauhtli, líder
del grupo Ollin Mazatl del Zócalo, mantenían una esbelta figura gracias al
consumo de aguas de manantial, las casas brillaban como espejos de plata de
tan limpias que estaban, los hombres y mujeres lograron ser jóvenes siempre
y, por ello, danzaban hasta los 90 años de edad. A decir de este líder
“los psicólogos recomiendan actualmente que para eliminar la depresión la
gente estrene ropa, cambie de aspecto y salga a divertirse. Esto lo sabían
los mexicas y lo practicaban constantemente para mantenerse jóvenes y ágiles.” La
situación lamentable del México actual es fruto, para ellos, de la invasión
europea, mal llamada conquista. Los españoles, dicen, eran “salvajes
asesinos y seres humanos inmorales (que) quemaron nuestras bibliotecas,
esclavizaron a nuestra gente, robaron nuestra riqueza y (...) nos dejaron como
el pueblo culturalmente castrado que hasta hoy seguimos siendo” Los
danzantes mexicaneros no son, como podría parecer en un primer momento, un
grupo desordenado que se forma en el momento en el que algunos llegan a
danzar. Existen centros organizados con un nombre que los caracteriza. Dicho
nombre siempre es náhuatl y denomina a círculos de danza donde hay ensayos y
ceremonias. Se organizan, además, en subdivisiones territoriales y se
conforman en grupos que se asumen como familias que pertenecen a cierto
calpulli. Actualmente
se conocen tres modalidades de las danzas mexicaneras: la azteca-chichimeca
—que parece ser la más antigua—, la danza azteca-mexica y la conchera.
Encontramos una clara diferencia entre la conchera y las otras dos pues ésta
representa la incorporación de elementos cristianos en una estructura ritual
prehispánica que rompe en muchas cosas con la danza azteca, en la que
nosotros nos enfocamos. Ya
decíamos que la danza mexica se caracteriza por la reivindicación de la
cultura prehispánica bajo el discurso de pureza o retorno al origen. Esta
danza se recrea a partir del mito de creación náhual, el cual reconoce a
cuatro deidades, creadoras del universo, que en la mitología náhual, están
representadas por un color, un rumbo y un elemento. Deidades
creadoras del universo
RUMBO
DEIDAD
ELEMENTO
COLOR
Norte
Tezcatlipoca
Tierra
Negro
Sur
Huitzilopochtli
Agua
Azul
Oriente
Quetzalcóatl
Viento
Blanco
Poniente
Xipetotec
Fuego
Rojo
Cielo
Tonatiuh
Universo
Tierra
Tonantzin
Centro
Si
bien tuvimos un acercamiento a un grupo de concheros, nuestra investigación
se enfoca al estudio de los danzantes mexica - aztecas, y mexica-chichimecas.
Su vestimenta consiste en un taparrabos de piel o manta, vistosos penachos
ornamentados con plumas de pavorreal, águila, faisán, quetzal; atecocolis
(cascabeles) sujetos a los tobillos, pectoral o pechera de pieles y motivos
prehispánicos. La música se interpreta con el sonido del caracol y sonajas
que se tocan al ritmo del huehuetl. El huehuetl es el instrumento principal
que da ritmo a sus danzas, este es un tambor elaborado con madera de ahuehuete
y piel. Pese
a la gran similitud que existe actualmente entre la danza mexica-chichimeca y
la mexica-azteca, algunos danzantes las diferencian por la vestimenta o por el
ritmo de cada una. En la primera se usan pieles y taparrabos, y sus pasos son
más rápidos, aunque dichas diferencias no son tan estrictas en la práctica. En
general, para unos y otros la estructura de la danza es la siguiente: Antes
de dar inicio se coloca una ofrenda al centro, ésta contiene por lo general
flores, agua, sahumerio y frutas que son repartidas al final del rito. En la
ofrenda y en la estructura de la danza nunca deben faltar los cuatro elementos
representados por el huehuetl (tierra), el caracol (viento), sahumerio (fuego)
y el agua (que se bebe después de la danza). Especialmente el fuego y el
viento se utilizan según el principio de la energía dual; el fuego es un
elemento masculino y por tanto, es conveniente que lo porte una mujer. El
caracol es un elemento femenino y debe ser utilizado por un hombre. La
figura y el orden de los elementos de la ofrenda no tienen una posición
casual. Representa al cosmos en la tierra; así el sahumerio, justo al centro,
simboliza al sol y al fuego. La
danza inicia con tres toques de caracol ejecutados generalmente por un hombre
—aunque esta restricción tiene cada vez menos fuerza—, que se acompañan
con el balanceo del sahumerio prendido —portado por una mujer—. Con el
sahumerio se purifican todos los elementos que forman parte de la danza:
instrumentos, ofrenda, danzantes. Realizado esto y con los danzantes en posición
se invoca a los cuatro rumbos, al cielo y a la tierra con su respectiva
deidad, y se les dedica la danza, la ofrenda y el sonido del caracol. En
general son seis las danzas obligatorias, pero este número puede variar
dependiendo de la duración y del tipo de celebración. Las danzas pueden
representar a fenómenos o elementos naturales a deidades y/o animales. Pero
estos elementos pueden estar integrados en una sola; por ejemplo la danza de
Ehecatl, divinidad que a su vez representa a un elemento natural: el viento;
la danza del colibrí que representa a su vez a una deidad: Quetzalcoatl. Cada
danza se compone de pequeños fragmentos en los que se ejecuta un paso
inicial, un paso base llamado “planta”, un paso que cambia varias veces
conocido como “flor”, y un paso final, que es similar al primero que se
ejecutó. Antes
de iniciar y terminar cada danza se realiza un mismo paso que consiste en
marcar con los pies una cruz: la cruz de los cuatro rumbos, de los cuatro
elementos, diferente de la cruz católica a la que hacen referencia los
concheros. La danza, recrea, a su vez, el mito de la creación, es decir el
tiempo circular. Al
final de las danzas se agradece a cada rumbo por haber hecho posible el rito,
el grupo se concentra alrededor de la ofrenda, se hincan e inician los cantos.
Cualquiera de los integrantes puede elegir el canto que desea dedicar. Estos
cantos hacen alusión al universo y a los elementos que lo integran. Después
de los cantos, el jefe del grupo dice: “por eso, a través de las
generaciones decimos, cuatro veces, mexica tiahui, mexica tiahui, mexica
tiahui, mexica tiahui”, que significa “adelante mexica”. En
la última etapa de la danza cada integrante expresa su impresión del rito
recién celebrado; pueden también dar gracias al resto del grupo, y al público,
por haber compartido ese momento con ellos. Al inicio y al final de cada
intervención se evoca personalmente y después en coro a
"Ometeotl". Para
quienes la ejercitan, la danza es un acto ritual que incorpora al sacrificio
como parte de su sentido más profundo. Para los danzantes, los movimientos
que se generan en cada celebración se corresponden con cuatro diferentes
niveles de conciencia. El primer nivel es el Mitotilztli o gozo, fiesta y
alegría humanas; en éste la danza se manifiesta como una relación humana,
en la cual a través del movimiento del cuerpo se logra la interrelación
entre los hombres. Los danzantes son el centro y el motivo principal de la
danza. El segundo nivel es el Macehualiztli. En éste el danzante pasa del
gozo al autosacrificio por medio de la abstinencia, a fin de lograr
desprenderse de todo lo externo. Aquí, la fiesta será reemplazada por un
ofrecimiento consciente del danzante a través del sudor, el cansancio y hasta
el sangrado de los pies. El tercer nivel es el de la Chitontequiza, acto de
girar y “desprender al cosmos” a través del movimiento de la danza. Por
medio de estos movimientos cósmicos el danzante intenta integrarse a las
fuerzas de la naturaleza y el cosmos. El cuerpo en movimiento, pasará a
formar parte de un todo armonioso. En el cuarto nivel llamado
Teochitotenquiza, el danzante aspira a convertirse en un vínculo entre la
energía creadora y la humanidad toda. Este cuarto nivel es la expresión más
elaborada de lo que un danzante puede lograr con su dedicación, esmero,
disciplina y autosacrificio. En
la danza mexica-azteca las funciones o cargos de los danzantes son llamadas
"palabras", estas otorgan responsabilidades y llevan implícita una
jerarquía que se reconoce al interior del grupo aunque ello no represente un
rol estricto y permanente (a diferencia de lo que sucede con los grupos
concheros). Tres integrantes representan a “las palabras”, y son elegidos
por el jefe del grupo. La primera palabra le corresponde a quien “abre los
rumbos” y pide permiso; la segunda palabra al quien le ayuda a éste o,
incluso, a quien lo llega a suplir en caso necesario. Al encargado de la
tercera palabra le corresponde regir las danzas. En ocasiones, un
representante de la cuarta y última palabra se encarga de la distribución de
los danzantes a fin de mantener una formación circular. Esta
organización espacial tiene como objeto la fluidez y concentración de energía,
esto permite entrar en equilibrio. En su discurso, y en su práctica ritual,
se manifiestan los símbolos de dualidad: lo femenino y lo masculino, el día
y la noche, la vida y la muerte. La integración de estos elementos simbólicos
se encuentra en el "Ometeotl" quien representa a los “dadores de
vida” y a la energía dual. Ometeotl es padre y madre a la vez y a través
de él se explica el mito de la creación. En la danza, se supone, los
opuestos entran en equilibrio, como sucede con Ometeotl, gracias a la propia
organización del espacio danzante. En
la filosofía mexica, este mito aparece representando por dos señores (o dos
dioses), Ometecutli (dos señor) y Omecíhuatl (dos señora), que tuvieron
cuatro hijos a los cuales se les asignó un rumbo (tezcatlipocas) para crear
el universo: Tezcatlipoca
significa “espejo humante” y representa las habilidades mentales de los
sujetos. Tezcatlipoca negro, conocido simplemente como Tezcatlipoca,
representa el rumbo norte, le corresponde el elemento tierra y en su rumbo se
encuentra el Miktlampa, la región de los muertos. A Tezcatlipoca rojo le
corresponde el oeste, el elemento aire, es el rumbo de Ziwatlampa, es el Xipe
Totec. Tezcatlipoca azul, conocido como Huitzilopochtli, corresponde al rumbo
sur, la tierra del fuego, la región del Wiztlampa. Tezcatlipoca blanco,
conocido como Quetzalcóatl, la serpiente de agua, viene del rumbo del este,
de la región de Tlahuiztlampa. Son
cuatro rumbos, cuatro fronteras del universo donde suceden todos los hechos
humanos, cuatro elementos y cuatro eras cosmogónicas que se repiten de manera
cíclica en la historia, y que aparecen en el calendario azteca y maya. En la
danza, el saludo a las cuatro direcciones equivale al saludo a la creación, a
su recuerdo y recreación. Mircea Eliade recupera una narración de las tribus
algonkinas y siux sobre el ritual que reproduce la creación del universo. Éste
se lleva a cabo en la cabaña sagrada. En ambos casos, se mantiene una
estructura ritual muy semejante; la necesidad ontológica por “instalarse en
un territorio” para fundar el mundo y una idea particular de ese mundo que
es representación del cosmos. Veamos
ahora algunas de las principales características de los cuatro grupos
analizados. Grupo
de danzantes de Tlalpan
Los
danzantes de Tlalpan se reconocen como integrantes de la categoría de
danzantes mexica-aztecas. La asociación fue creada el 4 de septiembre de
1999. Actualmente se reúnen los sábados en la explanada delegacional a
partir de las 19:00 horas. Xolotl Martínez, Cuauhtli y Marlene fueron sus
fundadores. La trayectoria de Xolotl es anterior a la creación del grupo de
Tlalpan; participó como jefe del grupo que desde hace diez años danza en el
centro de Coyoacán. Después, por iniciativa propia, conformó el grupo
"Cuailama" que desde hace 5 años, se reúne en el centro de
Xochimilco. Su trayectoria aún continúa: en febrero de este año creó un
nuevo grupo para danzar en la Ciudad Universitaria, frente a la Biblioteca
Central. Xólotl,
fundador de los grupos de Xochimilco, Coyoacán y Tlalpan, es danzante desde
niño, pero abandonó su práctica por mucho tiempo para dedicarse a las artes
marciales, aunque regresó a la danza mexica que para él es “arte,
disciplina, meditación y ritual”. Lo anterior porque la danza como
disciplina, dice, “enseña obediencia, deber, principios de la mexicanidad
como respeto a la naturaleza, y a vincularnos con lo que vemos y con lo que no
vemos también”. Xólotl
marca una clara separación entre la danza religiosa conchera y la mexica.
“Yo respeto mucho a los concheros pero yo nunca podría hacer lo que ellos
están haciendo (...) ya no tenemos que hacerle el juego a la iglesia. La
iglesia ya tiene su parte (...) Entonces, nosotros hacemos la danza guerrera,
azteca-chichimeca, definitivamente nos vamos a las raíces, con la parte más
ortodoxa, con los conocimientos ancestrales. Con todo respeto y conciliación
pero cada quien ya tiene delineado su trabajo”
Este
personaje, cuyo discurso sobre la danza y la mexicanidad es amplio y bien
elaborado, se presenta como el líder del grupo de Tlalpan. Sin embargo, a
decir de otros dos líderes, Marlene y Cuautli, el grupo se ha independizado
de Xolotl. El
grupo de Tlalpan, sin nombre aún, está conformado por 25 miembros
aproximadamente, con una presencia equilibrada de hombres y mujeres. Las
edades de sus integrantes oscilan entre los 15 y los 40 años, aunque en su
mayoría son jóvenes de 25 a 35 años. Hay estudiantes, amas de casa,
obreros, religiosas y empleados de oficio, tales como albañiles, pintores de
brocha gorda y comerciantes. Este
colectivo está conformado, a su vez, por subgrupos: una familia de concheros,
un grupo de religiosas vecinas del mismo centro delegacional, y un grupo de jóvenes
que se reúnen en otros círculos. Entre todos los miembros hay un acuerdo tácito
de revalorar la cultura prehispánica, ya no cristianizarla sino vivirla como
es actualmente. ¿Y cómo es en un contexto urbano? Mucho más diversa, no es
pura sino mestiza de raza y de religión. Los
danzantes de Tlalpan pertenecen a distintos grupos sociales y cumplen con
diversos roles a la vez. Así, podemos tener un sujeto danzante que pertenece
a una familia, desempeña un trabajo, tiene un circulo de amigos, practica
alguna religión y a su vez, tiene intereses particulares independientes de la
danza. Gilberto Giménez plantea que a mayor amplitud de los círculos
sociales, hay un reforzamiento de la identidad personal. El individuo asume un
rol, se incorpora al colectivo e interioriza los elementos simbólicos de éste,
su inclusión no es forzozamente homogénea ni estricta. Como
mencionamos anteriormente gran parte de la riqueza en el estudio de los
danzantes, radica en la diversidad de sujetos que participan en la danza. En
un mismo círculo hay una gran variedad de personas, todas reunidas en un
grupo heterogéneo que se unifica en un acto ritual para crear algo en
conjunto, oración en movimiento dirán las religiosas. Como Amparo, religiosa
salvadoreña de origen campesino de 34 años de edad, quien proviene de una
familia con “mucha tradicón”. En 1992 trabajó en una comunidad indígena
totonaca, en Veracruz, y eso la hizo tomar conciencia “del ser indígena que
lleva en la sangre”. “Allí empecé a vibrar otra vez con lo mio”. Esto
la condujo, años más tarde, a la danza mexica, en la que se inició hace un
año, ante una invitación abierta que el grupo hizo. Para
ella la danza es “oración en movimiento”, y Dios y Ometeotl son lo mismo,
sólo cambian de nombre. Donde nos reunimos allí está El, dice refiriendose
a Dios. A ella danzar la hace sentirse “con una paz muy fuerte, una paz
interior, una armonía que no me deja estar pasiva, sino que me invita a
ponerme en dinamismo”. Su familia, sin embargo, no sabe que ella es danzante
porque “en su cabeza no cabe cómo una monja puede andar en esos rollos”. El
de Tlalpan es un calpulli incluyente, ya que permite la participación de
personas con diferente percepción acerca de la danza, no importando su sexo,
edad, religión, ideología, o situación económica. Pero además, se invita
al público a participar en el rito sin ningún requisito previo o condición
posterior. Todos
sus miembros comparten el interés por la danza y por el rescate de las prácticas
prehispánicas, independientemente de que su incorporación varíe de acuerdo
a las expectativas personales - que van desde la búsqueda de espacios
alternativos de expresión con fines espirituales o de esparcimiento hasta
terapéuticos o de socialización - los individuos logran conformar una
identidad colectiva que le otorga sentido al rito de la danza. En general,
observamos que mientras algunos privilegian la recuperación de la tradición,
para otros la danza es, sobre todo, un acontecimiento místico, pero todos
coinciden en la recuperación de la tradición náhual. Dentro
de las actividades alternativas que realizan como grupo, además de la danza,
están las excursiones a centros rituales, temazcales, asistencia a eventos de
otros círculos de danzantes por festividades patronales así como
celebraciones que coinciden con el calendario azteca, tales como los
equinoccios, día de muertos, etc. Estas actividades cohesionan a sus
integrantes a partir de experiencias compartidas; se genera entonces la
necesidad de saberse reconocido, de tener un lugar y ser aceptado más allá
del ritual colectivo de la danza. La dimensión subjetiva y temporal de la
identidad permite que éste sea un proceso que nunca está acabado. El círculo
de la danza es un espacio en continuo movimiento. Este espacio en movimiento
esta íntimamente relacionado con el tiempo- ritmo interior —de cada
sujeto— y exterior —de la danza misma—. El tiempo tampo | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||