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¿Infalibilidad papal? Una controversia

Resumen: Acerca de algunos elementos históricos. Acerca de algunos elementos doctrinarios. Breve biografía de Iosephus (o Jossip) G. Strossmayer. El siglo XIX y la infiabilidad papal. El dogma de la infiabilidad y sus implicaciones. La Iglesia Católica. Políticos y religiosos de Alemania alaban a Hans Küng y piden que el Papa lo rehabilite.
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Autor: Ariel Charry Mirales
Índice

Índice

Acerca de algunos elementos históricos.

Acerca de algunos elementos doctrinarios

Breve biografía de Iosephus (o Jossip) G. Strossmayer

Notas

Bibliografía

Artículos anexos

ACERCA DE ALGUNOS ELEMENTOS HISTÓRICOS.

EL SIGLO XIX Y LA INFALIBILIDAD PAPAL:

Todo el siglo XIX está marcado por grandes movimientos ytransformaciones tanto de carácter material como espiritual puesto que duranteeste siglo, más que en ninguno otro, se hace evidente y casi natural, su intrínsecainteracción. Este es un siglo de profundas convulsiones en todos los aspectosde la vida humana donde las luchas reales y concretas se expresan también en loartístico –en su acepción más amplia- y, éste mismo influye sobre lasconcepciones de la realidad. Nos hallamos frente a una Europa que busca supropia identidad, identidad ya determinada por los grandes sistemas filosóficosdel idealismo alemán como del continente. Identidad que ya había logrado,insularmente, el Gran Imperio Británico. En 1848 se produce en Europa unarevolución general cuya fuerza motriz es la insoportable estructura del AncienRegime y, cuyo principio revolucionario lo constituye la nacionalidad. Italia noes ajena a este movimiento. Este es el sueño de sus patriotas y liberales; y éstesueño de los patriotas, el de una Italia unida, se remonta a tiempos anterioresa Dante, y ahora como entonces, es la Iglesia la que se opone a dicha unidadpues no deja de ver en esto el peligro que corre su poder temporal, el que aúnen el siglo XVII era absoluto [1], por lo menos nominalmente. Maquiavelo, por suparte, había sido en su tiempo el más audaz defensor de la unidad italiana yquien ya había precisado la imperiosa necesidad de separar a la Iglesia delEstado, al igual que la moral de la política. Y es, paradójicamente, CesarBorgia, hijo del Papa Alejandro VI, el inspirador de "El Príncipe",aquel ser idealizado por Maquiavelo por sus cualidades personales para regentarla unidad italiana. Tres siglos más tarde un Papa, igualmente controvertido, seopondrá, hasta el último momento, a la unidad italiana y, en especial a laincorporación de Roma a ésta: Pío IX.

En 1846 sube a la silla pontificia (a la muerte de GregorioXVI), Juan María Mastai-Ferreti, quien adopta el nombre de Pío IX y sorprendea los conservadores al ocupar el trono pontificio como obispo liberal, al tiempoque fragua grandes ilusiones y esperanzas en nacionalistas y liberales que venel él un poderoso apoyo para sus propósitos políticos. En efecto, Pío IX habíaempezado su pontificado "mostrando algunas simpatías por ciertos aspectosdel movimiento liberal. En 1847 había suavizado algunos controles sobre laprensa en los Estados Pontificios de la Italia central, había creado un concejoasesor de laicos para ayudarle en la labor de gobierno, y muchos le miraban comoa un simpatizante de la causa de la unificación italiana. Hasta se hablaba decrear una confederación italiana con el papa en cabeza" [2].

No pasó mucho tiempo para que se desengañaran, pues, amediados de 1848 estalló la revolución y el Papa huye a Gaeta ante lainstauración de la República Romana (de existencia fugaz) bajo la jefatura deGeusippe Mazzini y Geusippe Garibaldi. Pero, aquél es restituido en su cargogracias a la ayuda de tropas francesas bajo el régimen de Napoleón III, quiense convierte en protector de Pío IX durante 20 años de un reinado de 32 (elperíodo más largo de la historia de los Papas hasta hoy). Desde entonces semostró decidido oponente del liberalismo, desarrollando una políticaabiertamente reaccionaria.

Hasta la segunda mitad del siglo XIX lo que se daba en llamarItalia, estaba conformado, o mejor, fragmentado por una serie de reinos que solose mantenían unidos por límites naturales, constituidos estos por los maresAdriático, Jónico y Tirreno, que conforman la Península Itálica. Esteterritorio, esta Italia dividida (al igual que Alemania en un montón de minúsculosEstados), constituía uno de los reinos más atrasados de toda la Europa delsiglo XIX. Italia era un país eminentemente agrícola al margen de una Europaindustrial, movido por el minifundio de grandes masas campesinas que en realidadno eran más que una urbe desposeída y miserable pues, la reforma agrariaintentada entre los siglos XVIII y XIX no benefició más que a los grandespropietarios, nobles y burgueses a quienes no les preocupó una acumulación decapital con propósitos claros para una modernización del latifundio. Sólo sepreocuparon de sus privilegios personales o de su condición de clasepropietaria y nobiliaria. Estos campesinos desposeídos, sobre todo los del sur(pues los reinos del norte tales como Piamonte, Lombardía, Liguria y Toscanatenían tradición de Estado y experiencia administrativa, y por tanto, mayorcapacidad de organización; sin olvidar el contacto más directo con el resto deEuropa), serán los gestores de un movimiento verdaderamente revolucionario,fiel expresión de esa Italia desgarrada, hambrienta y brutalmente golpeada portodos los estamentos; ellos son los injustamente llamados: Los Bandidos.

Era lógico que el elemento moderado temiera su violencia."Los <gentileshombres> querían la existencia de Italia, pero la queríandentro del orden y a condición de que se respetasen sus prerrogativas. En elfondo de su patriotismo figuraba también la aspiración a un Estado máseficiente que el borbónico y que, con pulso firme, los protegiese contraaquellos estallidos de cólera de las chusmas hambrientas". Es unmovimiento de unidad nacional expresamente burgués, puesto que "jamáspensaron en aliarse con estas plebes y en solicitar su participación, en elmovimiento nacional (...). de aquí que el llamamiento a la independencia noencontrase jamás eco en el proletariado agrario, que representaba la inmensamayoría de la población" [3].

Los llamados "bandidos" siempre fueron tratados poraquellos "gentileshombres" moderados, no como la expresión de unarealidad social, sino como simples fenómeno de delincuencia común. Esta es laItalia de Pío IX, que aún en los años ochenta el gremio obrero representabauna exigua minoría. Así mismo, son las condiciones concretas las que permiten–a falta de un proletariado efectivamente industrial- germinar la semilla delanarquismo traída por Mihail Bakunin. De Alemania había sido expulsado KarlMarx por su participación en los hechos de 1848 y se había trasladado aLondres, capital por ese entonces del imperio capitalista. En este mismo añosalió a la luz pública el "Manifiesto Comunista", obra conjunta deMarx y Engels. En 1864, los creadores del socialismo científico, convocan a la"Primera Internacional", y un año después, llega Bakunin a Nápoles(Italia), como embajador de Marx, sin embargo, con el firme propósito de crearsu propio movimiento puesto que éste país aún no se había industrializado. Mástarde, en 1872 es convocado el Concejo en La Haya, en el que se expulsa aBakunin de "La Internacional Comunista" quien ya por entonces no lareconocía y pasa a constituir su propio Congreso: La Internacional Italiana.

Después de la derrota de Francia a manos de Prusia (guerrafranco-prusiana) se produce el primer experimento comunista, mejor aún, es el18 de marzo de 1871 que, por una parte, señala la caída de Napoleón III y,por la otra, la instauración de "La Comuna de París". En esta fechalos parisienses estaban hambrientos, armados y desligados del gobierno dirigidopor Thiers, en Versalles; deseaban resistir al cerco prusiano y acusaban aThiers de pactar con el enemigo. El 26 de marzo se realizaron eleccionesmunicipales, que instalaron un concejo comunal en el ayuntamiento. Pero lasquimeras, las disensiones ideológicas y las querellas internas impidieron laacción efectiva, que se limitó a unas pocas medidas sociales. Luego vino larepresión atroz ("la semana sangrienta") que aplastó la primerarevolución proletaria de la historia, y para muchos, la única. Todos estosacontecimientos sociales, políticos y científicos hacían que Pío IX seconvirtiera en un hombre cada vez más partidario de la autoridad conservadora einclinado al rechazo, no sólo de los cambios bruscos y profundos, sino de lasreformas liberales, de los avances científicos y culturales; en una palabra, seerigía en rémora del progreso, lo cual queda confirmado en su famoso Syllabus.Curiosamente este documento sale a la luz el mismo año en que es convocada"la Primera Internacional" (1864). Pero esta actitud no es nueva en PíoNono como hemos visto, anteriormente "había condenado todos los intentosde liberalizar la teología católica; ahora resumía sus puntos de vista ylanzaba un ataque abierto contra las ideas liberales en general, racionalismo,libertad de pensamiento y subordinación de la Iglesia al Estado" [4]. Aeste mismo respecto nos comenta Schnerb que, "la encíclica Quanta Cura yel Syllabus son redactados en términos que provocan vivas reacciones de losconcordatorios. Así, el final de su pontificado ve agrias reacciones entre laSanta Sede y los Estados: estallan conflictos con España y Austria; Bismarckemprende su Kulturkampf (lucha por la civilización) [5], y Gambetta declara laguerra al ‘orden moral’ proclamando: ‘el clericalismo, he ahí elenemigo’" [6].

Ahora, mientras que la nacionalidad se afirma en el dominiolaico –gracias a la unión de nacionalistas y liberales-, tiende a declinar enel seno de la Iglesia. Cada vez se hace más próximo el momento en que laIglesia tiene que renunciar a su poder temporal y aferrarse cada vez más a supoder espiritual abandonando su soberana voluntad simbolizada por dos espadas,en la actualidad reemplazadas por dos llaves antiguas, que pretenden simbolizary reconocer, ahora sí, las conciencias individual y colectiva.

En diciembre de 1869 se inaugura en Roma el Concilio Ecuménico[7] y, el 18 de julio de 1870 se define el dogma de la Infalibilidad Pontificia,dos meses antes de perder los últimos vestigios de poder temporal con laentrada de las tropas italianas en Roma. Así, el Concilio Ecuménico VaticanoI, admite en 1870 por la constitución Pastor Aeternus la infalibilidad delPapa, o privilegio según el cual las declaraciones formuladas por éste excathedra en materia de dogma y de moral, no están sujetas a error. Pío IX habíaencontrado su propia identidad; no porque hubiera descubierto ser semejante aDios, sino porque él mismo se convirtió en Dios. Iosephus Strossmayer teníarazón al considerar que frente al dogma de la infalibilidad papal "losprotestantes, montarían la brecha, con tanta más bravura cuanto tienen lahistoria de su lado" [8]. Efectivamente, esto fue causa de que muchos católicosabandonaran la Iglesia y que los liberales consecuentes y radicales reafirmaransus posiciones anticlericales y, los no-católicos se hicieran másinquebrantables en o desde la oposición [9]. Este fue el siglo que reuniótodas las condiciones propicias para el auge del pensamiento filosóficomaterialista, con expresiones tan crudas y efectivas como la filosofía deNietzsche, sin olvidar a David F. Strauss con su "Vida de Jesús", aFeuerbach con "La Esencia del Cristianismo" y, lógicamente a Marx quejunto con el autor anterior se destacaron, no tanto por el ateísmo –comoregularmente piensan muchos- que es el elemento propio del Iluminismo francés,como por la recuperación del concepto de naturaleza; ya que el ateísmo es unainstancia o esfera religiosa y el marxismo, más exactamente el pensamientomarxiano, va más allá, supera (en cuanto Aufhebung) el ateismo. Por esto mismoes que la ciencia naturalista del siglo XIX se separa de la religión al nobuscar ya respuestas en lo sobrenatural, lo que se ha hecho insuficiente, sinoen la naturaleza misma y desde la instancia de la razón. En este horizonteencontramos representantes tan eminentes como Charles Darwin, como al biólogoT. H. Huxley, como a Louis Pasteur, como a Thomas Edison, como a Heinrich Hertz,a los esposos Curie, a Alexander G. Bell y, a Röntgen para no mencionar másque algunos nombres universalmente reconocidos.

Aún el mismo Bismarck, que era protestante, quiso doblegarla influencia de la iglesia católica en Alemania y, según Montanelli, éstepensaba que bastaría con trasladar al Papa a Alemania para lograr la unidadreligiosa en su Imperio, pues una vez los católicos lo conocieran de cerca, seconvertirían al luteranismo [10]. No se requiere de mucha reflexión yperspicacia para saber en qué concepto tenía el Canciller Otto von Bismarck alinfalible Pío IX, que más bien parecía ser un impío. Esto está lejos de seruna blasfemia, pues mientras, el historiador alemán Gregorovius decía de élque "se halla tan convencido de la infalibilidad que la siente sobre sí";el propio Pío IX afirmaba que el concilio había "liberado de todos losmales a la Iglesia y a la sociedad civil, resuelto todas las dificultades,reparado todas las miserias, removido todos los peligros, calmado todos lossufrimientos" [11]. Estaba tan "prisionero" y tan aferrado a"sus" Estados Pontificios, tan enclaustrado en ellos que no podía very menos sentir la miseria y el desgarramiento social que le rodeaban.Curiosamente, parece ser que en 1863 tuvo el Papa la idea de convocar elConcilio Ecuménico Vaticano I, y "su propósito era el de hacer reconocercomo dogma el poder temporal, de manera que todo el que lo violase incurriríaen herejía. En él no era nada nuevo este modo de proceder. Ya con el Syllabushabía desempolvado el lenguaje de Bonifacio VIII contra ‘los poderes laicosde la Tierra’, de una Tierra en la que los poderes que la dominabanampliamente eran no sólo laicos, sino protestantes. Mucho más avisados que él–el cual no lo era en modo alguno- los jesuitas frenaron sus ímpetus. ¿Quéhubiese hecho el Papa si, no obstante el dogma, Italia hubiese ocupado Roma? Lahabría excomulgado. ¿Y si Italia se hubiese tomado a broma la excomunión? Lomejor era no lanzar semejantes desafíos y replegarse sobre una fórmula másmatizada, que permitiese alguna escapatoria. De esta forma se llegó al dogma dela infalibilidad, aunque sin especificar si ésta era aplicable al Papa tambiénen su condición de soberano temporal" [12]. Para fortuna de Pío Nono, ypara la iglesia católica en general, jamás se estableció el dogma del podertemporal (seguramente una gran frustración para Pío IX y su iglesia, la queestaba acostumbrada a quitar y poner reyes y gobernantes en tiempos pasados),pues el dos de julio de 1871 el Rey Víctor Manuel II hacía su entrada oficialen Roma, ahora capital de Italia. Cavour, había sido el artífice de la unidaditaliana, quien muriera en 1861 y que hasta diez años más tarde no podíadescansar en su tumba en absoluta paz, hasta tanto no "ver" cumplidosu sueño nacionalista y su infalible sentencia: "Libera Chiesa in liberoStato" ("Una Iglesia libre en un Estado libre"). El siete defebrero de 1878 muere Pío IX, al que sucede León XIII.

Después de todo, se le hizo un bien a la iglesia con la"usurpación" de los Estados Pontificios, como lo reconoce Hertling,no sin antes reprocharle a Italia, tanto a su pueblo como a sus dirigentes políticos,tal proceder y transformación [13] pero, no a la manera de quien ve en losresultados justicia, sino por el contrario, injusticia ante la que no queda otrasalida, a fuerza de impotencia, más que la resignación que tanto predican.

ACERCA DE ALGUNOS ELEMENTOS DOCTRINARIOS

EL DOGMA DE LA INFALIBILIDAD Y SUS IMPLICACIONES:

El aspecto doctrinario de la infalibilidad se ha convertidoen uno de los asuntos más espinosos a tratar y, sobre todo, uno de los puntosfundamentales, sino el más importante junto con el fundamento de Pedro, de todala instancia estructural de la iglesia católica. Desde el discurso del ObispoI. Strossmayer hasta el presente, se han desarrollado y publicado seriosargumento en contra de la infalibilidad –infortunadamente de escasa repercusióngeneral o popular, lo que a hecho que ésta problemática circule en espacios deteología avanzada, de intelectualidad eclesial y laica-; sin embargo, ningunade estas objeciones, reparos y discusiones sobre el sentido y la función delconcepto de infalibilidad van tras un abordamiento radical de dicho dogma, sinoque sólo efectúan una crítica desde la posición misma de la iglesia enprocura de exactitud, precisión y definición adecuada y apropiada que dé altraste con toda ambigüedad y posibles malos entendidos. Pero esto no debe extrañarnosen un mundo donde la política funciona de igual forma, propio de una dimensióntotalizante de características eufemístas.

Hans Küng que encabeza este movimiento de revisión delconcepto de infalibilidad –a partir de sus textos, Strukturen der Kirche(Estructura de la Iglesia), Die Kirche (La Iglesia), y en especial de su libro,Unfehlbar? Eine Anfrage (Infalible? Un interrogante)- no se ha propuesto (a lavista de teólogos tan respetables como él) más que una puntualización quesuprima todo equívoco posible. Aún así, las inquietudes que plantea Küng nodejan de ser interesantes y, más que eso, determinantes cuestionamientos en laesfera doctrinal de la iglesia. De entrada, podemos decir que en términosgenerales existen dos grandes corrientes al interior de la iglesia. De unaparte, la facción de derecha y, de otra, la de izquierda. En otras palabras,los conservadores y los progresistas; siendo desde luego los primeros, losrepresentantes de "la iglesia-contra-el-mundo", los que cuentan conmayor poder tanto en el ámbito espiritual como, sobre todo, en el temporal;quienes han tomado como "patrono" de añoranza e imitación a PíoXII. Es en esta facción donde encontramos asociaciones, movimientos yrespectivas publicaciones de carácter reaccionario, autoritario y, en otrostiempos, agresivamente anticomunista, hoy antiterrorista. Siempre el maniqueísmode Dios y el Diablo, los buenos y los malos, los benditos capitalistas y losmalditos terroristas. Aquí la taxonomía de la ciencia no es muy amplia, sólodos géneros o categorías, más nada.

Por su parte, los moderados, los progresistas, los quepromulgan por "la iglesia-hacia-el-mundo", los fieles seguidores del"Papa Bueno", de Juan XXIII, al pensar y estar convencidos de laimperiosa necesidad de una iglesia abierta, efectivamente histórica como históricaes, de una iglesia que participe activamente del destino de los pueblos, de unaiglesia "al servicio del pueblo de Dios", de una "iglesia de lospobres" (Leonardo Boff), de una iglesia social y "praxiológica";de una iglesia lejos de una circulación puramente elitista, de "altasjerarquías" y, sobre todo, de aliada del sistema o de los sistemas políticosdominantes.

Así, demarcados los dos bandos eclesiales fundamentales, ola comunidad de la iglesia, el problema de la infalibilidad gira en torno aconsideraciones ya de derecha, ya de izquierda, donde su centro convergente podríaser la instancia moderada al tratamiento del dogma de la infalibilidad. Esclaro, que la problemática de la infalibilidad no es una problemática ideológica,pero, dicho concepto suscita sentimientos de sospecha. Sancho Bielsa sostienepor su parte que "el término infalibilidad significa negación defalibilidad, imposibilidad de equivocarse, incapacidad de errar. No es sóloausencia de error, sino imposibilidad de cometerlo" [1], lo que nadie podríadiscutir en cuanto a su significado (definición) se refiere; sino que,precisamente es por esta significación que se presenta desconfianza y rechazopor tal concepto. Esto, en cuanto al término mismo se refiere.

Ahora, según McGrath [2], Hans Küng ha partido enUnfehlbar? Eine Anfrage, de un examen lingüístico del concepto deinfalibilidad para demostrar que dicho concepto es incoherente y carente desentido. Aquí tenemos que afrontar cuestiones tales como las de verdad formal yverdad fáctica o epistémica, proposición y formulación proposicional lo quenos remite a la filosofía analítica o lingüística y al positivismo lógico.Esta segunda corriente filosófica parte de una profunda desconfianza hacia loslenguajes naturales postulando los lenguajes formales como única alternativasegura para desterrar la dimensión metafísica de la esfera científica. Lafilosofía analítica por su parte dirige su atención al lenguaje común y a susignificación (Wittgenstein, Tractatus Lógico-Philosophicus); pero esta tesisde concebir al lenguaje como una imagen (bilden) de los hechos o del mundofracasa.

El segundo Wittgenstein (Investigaciones Filosóficas),formula la tesis que explica el significado a partir del uso empírico dellenguaje. Esto dio al traste con la tesis positivista de que es suficiente unasintaxis lógica para establecer los límites de significación de los discursoscientíficos y, reafirma que el lenguaje común es suficiente como expresióndel conocimiento. Aquí tenemos como resultado lo que hoy en día conocemos comola pragmática. En otras palabras, el intento de una formulación lógica dellenguaje era, contradictoriamente, un intento metafísico y por esto el segundoWittgenstein lo repudia, y el positivismo lógico abandona aquel intento de unlenguaje lógicamente perfecto y, porque no, infalible.

De tal manera, la problemática de la infalibilidad no es unaproblemática lingüística. No es allí donde podríamos hallar la esenciamisma del problema ni tampoco donde pretendemos buscarla. La problemática deldogma de la infalibilidad se adentra en sí misma, se centra en la base mismadel edificio de la iglesia católica. Los defensores de la infalibilidad giranregularmente en circulo vicioso; así, en cuanto admitamos la existencia deDios, éste debe ser perfecto y por tanto infalible, de donde por consecuencia lógica,su perfección debe reflejarse en la iglesia y en el Papa como su máximorepresentante aquí en la Tierra, es decir, la infalibilidad se considera deinstauración divina que pasa de Dios a Cristo y de éste a la iglesia, lo quedefine la certeza y es fuente de la verdad al interior de ésta, en orden a laconservación de la fe. Sin embargo, hoy que la física quántica demuestra queel universo avanza hacia la entropía (desorden) y que el desorden secomplementa con la anentropía (orden) de donde se infiere que el universo no esperfecto sino que él mismo se enmarca dentro de la historia del cosmos en undevenir permanente [3], qué sentido tiene seguir postulando un ámbito deperfección? Volvamos al punto, Sancho Bielsa, afirma que "Cristo prometióasistencia continua a su iglesia. Ahí está la razón de la infalibilidad"[4]. Pero, realmente prometió Cristo esta asistencia? Esto nos remite al origeny a la genealogía misma del cristianismo y, como bien lo sostiene Strossmayeral inicio de su discurso [5] ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento, ni enlos Evangelios se encuentra nada que haya sido cuestión de un Papa"sucesor de San Pedro, Vicario de Jesucristo e infalible doctor de laIglesia".

Todos bien sabemos que la iglesia como institución, tal comohoy la conocemos, es una creación "reciente" y fue posible gracias aConstantino el Grande, primer emperador romano que se convirtió al cristianismoa comienzos del siglo IV (311) de nuestra era; quien eleva a ésta a la categoríade religión oficial, lo que le permite a la iglesia como tal y por eseentonces, hacerse a un poder temporal que pregonó y sostuvo hasta 1929 y, quede alguna manera sostiene hasta hoy de forma realmente existente por su fuerteinfluencia en la toma de decisiones políticas. Ahora bien, así como este podertemporal no es de origen divino, de igual modo, Pedro no es el Vicario de Jesúsaquí en la Tierra y, por consiguiente, el Papa no es el sucesor de Pedro ya queJesús consideró a los apóstoles como iguales sin dar potestad a ninguno deellos. La misma esencia del pensamiento de Jesús (para no hablar de doctrinaalguna) es ajena abiertamente a todo tipo de poder y dominación jerarquizada.Pero dejemos que hable el eminente teólogo Josef Blank y corrobore lo aquídicho. Dice, "...es evidente que el reconocimiento de Pedro por Pablo noera absoluto, como aparece claro en el <incidente de Antioquía> (Gál.2.11-14.15-20). La conducta de Pedro estuvo a punto de ocasionar una rupturaentre los cristianos judíos y los cristianos gentiles... El motivo de quejacontra Pedro y contra los judeo-cristianos que le imitaban lo cifra Pablo en que<no andaban a derecha conforme a la verdad del evangelio> (Gál. 2,14); enesto precisamente consistía su <simulación>. De aquí se deduce que paraPablo el evangelio representaba una magnitud de orden superior, con la cualpuede ser medida también la conducta de Pedro. Éste había faltado alevangelio y al espíritu de los acuerdos de Jerusalén, y por eso es interpeladopor Pablo" y, luego aclara, "los intentos que se vienen haciendoconstantemente desde los Padres de la Iglesia hasta los intérpretes modernos,como J. Daniélou, por disculpar la conducta de Pedro con la <economía> o<motivos pastorales> no hacen justicia al texto" [6]. Como se puedeapreciar, el mismo Pedro no fue infalible en contenidos de moral y doctrina,esto es, Cristo no lo asistió con la iluminación privilegiada de lainfalibilidad y el mismo Pablo debe reprimir su conducta desviada del evangelio.

Ahora, Blank agrega algo que a nuestro modo de ver es devital importancia: "en Corinto hubo también un <partido de Pedro> (1Cor 1,12). Pedro no estuvo, probablemente, nunca en Corinto; por tanto, podríamuy bien tratarse de un grupo de judeo-cristianos que, para defender su postura,apelan a Pedro. Pero a tal fin no pueden invocar ninguna autoridad superior;también para ellos es el propio Cristo la autoridad suprema. <¿Estádividido Cristo?>, pregunta por eso Pablo (1 Cor 1,13). En 1 Cor 3,21ss sedice que no debe gloriarse absolutamente nadie en grandeza humana; ya se tratedel mismo Pablo, de Apolo o de Cefas; ya se trate del mundo entero, de la muerteo de la vida, del presente o del futuro: <Todo es vuestro; más vosotros, deCristo, y Cristo, de Dios>. Para Pablo, pues, Pedro tiene autoridad, perofundamentalmente en el sentido de auctoritas, no de potestas. Más no la tienede modo exclusivo, sino que la comparte con las otras <columnas> comoprimus inter pares. Al parecer, Pedro no tenía ningún influjo especial en elterritorio de la misión de Pablo. Influía mucho más en el ámbitojudeo-cristiano. A este influjo corresponde también el mejor resultado de latradición histórica de Pedro. Pablo buscaba el consentimiento, la comunióncon Pedro y los primeros apóstoles por amor del evangelio. El evangelio o,concretamente, el Kyrios Jesús es la autoridad superior, que puede ser invocadaincluso contra Pedro como suprema instancia crítica o norma de conducta"[7].

Blank concluye que, "como <roca> de la ekklesíade Jesús continúa siendo fundamento único y exponente claro de la siemprenecesaria vinculación de toda la Iglesia a su origen indiscutible,Jesucristo". Puesto que fundamentarse desde el Nuevo Testamento un<ministerio de Pedro> en la Iglesia, es posible en sentido amplio,"quizá como punto simbólico de inserción de todo <ministerio eclesiástico>..."[8]. De esta manera se pierde el hilo conductor fundante entre Cristo y elpapado al no ser Pedro el Vicario de Jesús, quedando entre paréntesis elorigen divino de la infalibilidad como de la Iglesia. Así la continuidadDios-Cristo-Pedro-Iglesia, es del orden simbólico; donde la infalibilidadpersonal del Romano Pontífice (por su cargo de Maestro y Pastor de todos losfieles, quizás –metafóricamente hablando- porque arrea a sus ovejas que lecreen porque el mismo Papa de humilde pastor no tiene mucho) se da en virtud desu falibilidad personal como hombre. Es el Papa por decirlo de algún modo, lainfalibilidad en coexistencia con su falibilidad en dirección a la conservaciónde la fe [9].

De tal forma, la fe se apoya en el dogma de la infalibilidad,porque gracias a este dogma se creen todos los demás, "porque la Iglesianos los propone como verdades que debemos creer..." [10]. Esto quieredecir, que la fe y la verdad al interior de la iglesia, se asientan en el dogmade la infalibilidad y, es esta misma instancia (de ‘poder’, de autoridad, deconfiabilidad, de certeza, etcétera) la que permite la permanencia, reafirmacióny continuidad tanto de la verdad como de la fe en la iglesia. Pero, asívolvemos al punto de partida; ¿qué o dónde se sustenta la infalibilidad? Aquítenemos una certeza definitiva, el dogma de la infalibilidad es un presupuestode la Iglesia Católica y, es por esta razón su trascendental importancia, no sóloen el terreno de la teología sino en campos como el de la filosofía, lahistoria, la sociología, el derecho, y en especial, el de la praxis cristiana.

Nadie discute que la verdad en sí misma –in abstracto- esinfalible; (la verdad humana en cuanto tal, sólo es un pedazo de verdad no todala verdad; de allí que existan opiniones diversas pero, no debemos olvidar queel conocimiento como tal también es susceptible de ser manipulado oinstrumentalizado) pero, lo que está en discusión es la asistencia de esaverdad a la iglesia. Está en juego la condición infalible de la iglesia porque

por la naturaleza del presupuesto teórico de dicho conceptoes que se hace menester dar razón de su propia verosimilitud. Los interrogantesgiran en torno a la posibilidad de existencia de verdades eternas; en torno a sies posible decidir en materia de normas y doctrina supratemporalmente pues, ¿quiény cómo se toman las decisiones en materia de contenidos doctrinarios? ¿AcasoDios? Y si así fuera, ¿no estaría mediado su mensaje por el hombre, por lopuramente terreno? Y acaso, ¿las demás religiones existentes en el mundo, sonsimples caretas de la Iglesia Universal? ¿Las demás religiones son simplefarsa? ¿Están equivocados -y en número son mucho más que los católicos-todos los fieles seguidores del hinduismo, del budismo, del taoísmo, delconfucianismo, del islamismo, del judaísmo y, de tantos otros credos ymanifestaciones religiosas? Pero, ¿no es acaso, la existencia de este amplioabanico de creencias la refutación empírica de toda condición deinfalibilidad y universalidad?

Es tan falible la Iglesia Católica –es decir,supuestamente universal- que existen aquellas iglesias que están fuera de sus límitesdoctrinarios testimoniando su diversidad, su diferencia, su weltanschauung, suriqueza doctrinaria, lo que sienta la exclusión, de principio y hecho, de lasrealidades absolutas. O, ¿acaso es falta de entendimiento por parte de muchas,de muchísimas personas, movimientos y sectas por lo que no comparten sudoctrina? Curiosamente, mejor, irónicamente muchos de los desfases de laiglesia católica no han sido más que producto de su propia condición falible,de su conducción errada, de políticas desacertadas, peor aún, de directriceshorrorosas y brutales para con "el pueblo de Dios" al insistir enprivilegios de clase, al apoyar regímenes sociales y políticos reaccionarios yfascistas, bárbaros, totalitarios, antihumanistas (tras bambalinas de supuestaposición apolítica, lo que de por sí no puede ser) cuando ha sidoprecisamente, la alianza estratégica religión-política la encargada decoadyuvar a mantener la pobreza de los pueblos, puesto que estas dos esferas talcomo se encuentran estructuras se nutren de la miseria humana, y de esto ya hacemuchos siglos; cuando de lo que se trata es de exaltar la dignidad humanagracias a la dignidad material de la existencia.

Para hablar de horror y barbarie basta con recordar lasguerras religiosas a lo largo y ancho de la historia, encontramos el Cisma deOriente, que se produce ya en el año de 1054, al separarse de Roma la iglesiade Bizancio. Tenemos las cruzadas, que sobrevienen para atacar a los mahometanoscon el supuesto argumento de rescatar el "Santo Sepulcro" y la"Tierra Santa"; las que no dejaron más que páginas negras ysangrientas en el libro de la historia.

Como si fuera poco, a esto se añadió la persecución de lassectas de la cristiandad, tal el caso de los cataros, albigenses, valdenses,anabaptistas y los más radicales de todos ellos, los husitas. Los siglos quevan del XII al XVI están destinados a la persecución implacable, a sangre yfuego, de los herejes y de los movimientos heréticos; cuando, paradójicamente,el objetivo de dichas sectas no pretendía más que hacer volver a la iglesia asu antiguo estado, a su dignidad realmente espiritual y evangélica (como cuandoPablo llama al orden a Pedro).

Desde luego, no debemos olvidar que las cruzadas reactivaronel comercio y el renacimiento del Mediterráneo, pero este no fue su propósito,ciertamente. Muchas de las cosas positivas de la iglesia católica han sido, porfortuna, resultado del "azar". Resultantes de una fuerza indómita eintrínseca a la historia que por más que se desee intencionadamente manteneren la oscuridad, ella lanza más tarde o más temprano, a la luz del sol, locriminal y lo justo de los hechos grabados indeleblemente en su memoria. Asímismo quebranta lo que parece inamovible, renueva lo que parece eterno.

Volviendo al punto, ya en el año de 1252, con la bula deInocencio IV (que no era tan inocente, según parece), la Inquisición adquierecarácter de institución permanente y, todos bien sabemos que el Oficio de la"Santa Sede" (cínicamente "Santa"), sembró el terror consu paroxismo macabro, cobrando miles de miles de víctimas en todas laslatitudes del globo terrestre (bonita forma de convertir y reclutar fieles a suiglesia, pero también, bonita forma de piratería para apropiarse de tesoroscomo de grandes y valiosos bienes terrenos). El Santo Oficio de la Inquisición[11], por el que Juan Pablo II pidió perdón a la humanidad, como si estobastara para enmendar uno de los crímenes más atroces de toda la historia."Fariseos, hijos de víboras" como los llamaría Jesús, que sepostran allí donde los puedan ver para predicar respeto por la vida, respeto ytolerancia por la diversidad y, respeto por los derechos humanos.

Aún en 1600 se levanta proceso contra Galileo Galilei; y loshugonotes en Francia, en pleno esplendor del siglo XVII, son perseguidos. Por lodemás, en 1534 se produce la escisión anglicana; entre 1517 y 1530 la Reformade Lutero y Calvino, que tienen el mismo propósito de las sectas "heréticas",esto es, el retorno a la verdadera consagración cristiana, son condenadas, y yaen 1520 es excomulgado Lutero por el Papa León X. Este movimiento cobra talfuerza que termina por separarse de la iglesia romana rechazando sus dogmas y laautoridad del Papa. El Concilio de Trento, efectuado entre 1545 y 1563, convarios intervalos, no logra restaurar la unidad del cristianismo, perdida yapara siempre. La Reforma, como era de esperarse, será contra-atacada por unmovimiento reaccionario de la iglesia: La Contrarreforma.

No debemos olvidad, por otra parte, el Cisma de Occidente quedivide a la iglesia entre 1378 y 1449 que la hace tambalear peligrosamente alser elegidos simultáneamente varios Papas; por una parte, los de Roma (esto sinhablar de las papisas, y de los varios Papas que se presentaban al mismo tiempoen Roma) y; por otra, los Papas de Aviñon, a partir del Papa francés, ClementeV. ¿Quién de todos ellos contaba con la asistencia del Espíritu Santo?"Cristo –dice Sancho Bielsa- prometió asistencia continua a su Iglesia.Ahí está la razón de la infalibilidad". Pero, cada vez que se examina enel contexto de la historia, la inspiración ex cathedra no parece ser permanentee inmutable, por el contrario, tendríamos que admitir que Cristo ha abandonadomás de una vez, en el transcurso de varios siglos, a "su propiaIglesia". En términos más precisos, hay que admitir que el Papa se haequivocado en el ejercicio de su <función pastoral y doctrinal>, en laIglesia y para la Iglesia. Y no nos estamos refiriendo a proposiciones de verdaden términos absolutos, ya dijimos como éstas no son posibles en el ámbitohumano. Si la inspiración divina del Papa fuera al nivel de proposiciones decerteza de verdad, de proposiciones infalibles, la condición falible humana noestaría en condiciones para entenderlas y así todos tendríamos que participardel mismo privilegio Papal, pero así las cosas, la Iglesia desapareceríaporque ya no cumpliría ninguna función como institución intermediaria, comono la cumple en la actualidad con la secta de los cristianos.

Acaso, ¿no será "el dogma" de la infalibilidad unsimple recurso de confiabilidad hacia la iglesia? Si así fuera, grave cuestiónésta, porque "si Cristo dotó de infalibilidad a la iglesia, no dejaríade manifestar con toda claridad que, de hecho, así lo hacía. Toda la razón deser de la infalibilidad es servir como medio seguro de poner fin a las dudas enmateria de doctrina. Pero éste no sería en modo alguno el caso si la mismaexistencia de la infalibilidad es en sí cosa dudosa. Si Cristo otorgó a laiglesia la infalibilidad sólo implícitamente –cosa que con frecuenciasugieren los argumentos a favor de la infalibilidad-, ello hubiera sido tantocomo darle una cosa con una mano y quitársela con la otra. Todo se hubierareducido a otorgar a la iglesia el medio de poner fin a las dudas en materia dedoctrina, pero de tal forma que el medio en cuestión nunca pudiera funcionarcon eficacia. La cuestión que hemos de plantearnos en torno a la doctrina de lainfalibilidad, por consiguiente, no es ya la de si hay pruebas suficientes a sufavor, sino si tales pruebas son tan tajantes como lo exige el mismo carácterde esta doctrina. En este caso, una prueba inadecuada difícilmente podríavaler algo más que la simple falta de pruebas. Y de nada serviría preguntarse:si las pruebas son tan convincentes, ¿por qué ha sido tan combatida estadoctrina?" [12].

Los defensores de la infalibilidad pretenden justificar,osadamente, la existencia de ésta dentro del ámbito histórico, porque"la Iglesia está dentro de la historia y no sobre ella" [13], y elhecho de que los acontecimientos cambien, el que se presente "el signo delos tiempos", nos indica la condición de no permanencia de la realidad. Silos hechos cambian, cambian en razón a que las condiciones sociales, políticas,económicas, culturales, artísticas y morales se renuevan, se transforman;luego entonces, ¿cómo se concibe una esfera infalible al lado de una falibley, esencialmente modificable? La infalibilidad se encuentra en el horizonte delo a-histórico, de lo supra-histórico, está en la instancia de Dios. Lacondición sustancial del hombre es aquella que se mueve dentro de unespacio-tiempo determinado, es la no-continuidad, es la relatividad de lostiempos en cuanto impermanencia sustancial, que no marcha necesaria eindefectiblemente por el sendero de la liberación espiritual y, directamente al"reino de los cielos", al reino de la mística y ascética paz ysosiego de Dios.

Esto no justifica por ningún motivo la crueldad y barbarietanto de la iglesia como del hombre mismo. allí estará siempre la historiarecordándonos los errores y actos sanguinarios, que el hombre y la iglesia yajamás podrán borrar. Por todo esto "habría que insistir en lahistoricidad de la verdad en la Iglesia, posibilitar una mejor fundamentaciónde la fe cristiana, continuar la renovación de la doctrina católica que lostiempos piden y, sobre todo, ayudar a la causa de Jesús a abrirse pasonuevamente en un sistema eclesiástico, que contradice de muchas maneras sumensaje" [14].

No sin razón muchos teólogos de reconocida sabiduría ypilares teóricos de la iglesia contemporánea han propuesto sustituir elconcepto de infalibilidad por el de verdad bíblica y, el mismo Hans Küng en suprofunda fe cristiana nos dice que "... el episcopado, el concilio y elPapa <funcionan> y pueden ejercer su tarea incluso cuando en caso de dudano puedan definir infaliblemente quién tiene razón. Cualquier caso deconflicto en la Iglesia se puede solucionar así, incluso mejor. Habría, pues,que estimar ese <magisterio> falible como una buena oportunidad. ¿No podríala Iglesia del futuro solucionar de este modo sus errores más fácilmente? ¿Nose ganaría así la antigua libertad para hacer perceptible siempre la verdaddel evangelio, a pesar de todos los errores? ¿No se podría así convertirtambién el error –dado que el pecado se puede convertir en felix culpa- enfelix error, al resplandecer la verdad del evangelio con tanta más fuerza, apesar de los errores de la Iglesia? ¿No se miraría así la historia de laIglesia con más realismo y se creería con mucha más convicción en lapermanencia de la Iglesia en la verdad?" [15].

Así, pues, la certeza de la verdad, la condición deinfalibilidad no puede desprenderse de la iglesia misma, no puede basarse en ésta,más aún, no se encuentra en ella. La certeza de la infalibilidad sólo sepuede buscar y hallar en el hecho de que Cristo era efectivamente enviado deDios, fundador de la Iglesia, creador de la autoridad docente, facultado paradotarla del don de la infalibilidad y de explícita manifestación. Sin embargo,nada de esto es expreso en los "textos sagrados". ¿Cómo es posibleentonces, aceptar el dogma de la infalibilidad? ¿Cómo es posible adoptar ladoctrina del cristianismo tal como la predica la iglesia católica? ¿Es éstarealmente de institución divina? ¿Quién posee la infalible verdad doctrinal?¿La iglesia oficial y ortodoxa o acaso la no ortodoxa, heterodoxa o laortopraxis, al decir de Küng? ¿Creó el hombre el movimiento del cristianismo,a la iglesia católica y no Jesús? ¿Por qué subsiste la iglesia católica? Ysi la iglesia ya no fuera más religión oficial y perdiera su gran poder económicoy político, ¿qué sería de la iglesia católica? Seguramente, sería unasimple y triste iglesia más, sin la más remota "asistencia divina"pero tal vez más grande en fe y doctrina. En otras palabras, la iglesiasubsiste por los "hombres de buena voluntad", por la mística,confianza y sincera fe, por el profundo convencimiento en la existencia de Dioso de un Dios, en Cristo como el hijo de Dios, en su palabra como el verbodivino. En definitiva, por creencia y fe convencida.

No en vano Küng afirma sabiamente que "la Iglesia semantiene en la fe de modo absolutamente concreto siempre que haya hombres quesigan su camino mediante la imitación. Por tanto, el permanecer en la verdad esmás cosa de la ortopraxis que de la ortodoxia, más cosa del individuo y decada comunidad que de las instituciones. Pues la verdad es vivir de la plenitudde la Buena Nueva prometida en Jesucristo. Esta permanencia en la verdad semanifiesta, a pesar de todo posible fallo de la jerarquía y la teología, en lafe vivida y en el amor a <los débiles>, y naturalmente no sólo en lasgrandes Iglesias ortodoxas, sino también fuera en ciertas circunstancias. Aquíse ve claramente que la verdad en la Iglesia no consiste en los misterios eclesiásticos,sino que éstos tienen que servir a la verdad y a los hombres" [16].

La religión, así como todas las actividades del hombre(filosofía, política, ciencia, etcétera), tienden a sucumbir en su propianaturaleza cuando se pierden en un espacio de estabilidad que implica laauto-justificación y auto-suficiencia de los sistemas dando al traste con todaactitud crítica, verdad científica, filosófica y, desde luego, dando altraste con la inteligencia emocional. El cristianismo en sus orígenes tuvo comobase un profundo sentido renovador que pronto se trastocó y convirtió en credode certidumbre, o mejor, de continuidad conservadora hasta el paroxismo de loantinatural y salvaje en pro de un rechazo abierto a sangre y fuego de todaexperiencia nueva, de todo descubrimiento y creatividad como a todas lasposibilidades múltiples del existir; esto es, mutilando toda espacialidad yorden de relación de contenidos y de formas renovadas en el interior de larealidad, como de la experiencia cotidiana de los individuos.

La religión, la creencia, es entre otras cosas, la huida deltemor y terror que causa en los hombres la incertidumbre o el "kaos"de lo nuevo, de lo desconocido, del progreso como lo porvenir, del futuro comolo no-determinado. El transcurrir histórico de los hombres como simplecontinuidad inalterable constituye la instancia de lo religioso por cuanto elproceder empecinado de dicha esfera, en el orden histórico mismo, los hace sinónimos.Así, el espacio de lo religioso es de alguna manera evasión de lo vívido yedificante, es evasión de la pluralidad o aleatoriedad de la naturaleza humanaen sus aspectos teóricos y prácticos. El rito religioso es alabanza concientede lo pasado, de lo mismo, de lo no-cambiante; es la reafirmación continua dela tradición, de los valores ancestrales; es la consagración de la supuesta lógicanatural en lo humano la que a su vez es supuestamente reflejo de la lógicadivina, si hemos de tener presente el dogma de la identidad o congruencia entrelo celeste y lo terreno. La atmósfera religiosa puede invadir las esferas de laciencia, de la política, de la filosofía y por consiguiente, lo más grave, ladimensión práctica y social. De esta manera, no es de extrañar que lahistoria de la religión católica, y de muchas de las grandes religiones delmundo, no sea más que la historia de la lucha contra la cultura y la ciencia;como contra el despliegue del avance social en su acepción crítica. El hombrese traiciona así mismo en el espacio de lo religioso, confundiendo eidentificando seguridad y estabilidad con coherencia.

Todo rito, configuración de lo práctico, contiene sucontraparte, el mito, configuración del pensar. El rito es al mito como elpensamiento al lenguaje porque, "el mito es pensamiento teórico de unpensamiento práctico..., un pensamiento que busca las razones para pensar así,o para actuar así su pensamiento". El mito se ha convertido en el recintode lo real puesto que en este descansa el hombre de la zozobra diaria, en élencuentra su razón de ser y lo mítico mismo se convierte en el objetivoesencial de la vida, pensando dentro de dicho recinto y creando la verdad en elmismo. Es la prolongación del orden establecido que siempre tiene como soportelo "sagrado". Lo sagrado entre comillas puesto que éste no tienevalidez dentro de la realidad, o mejor, encuentra lo sagrado en tanto queacomodado a la realidad. Lo único sagrado es la discontinuidad, lano-permanencia, lo nuevo, la renovación social y científica del mundo y portanto la permanencia de lo falible, que es negación de toda supuestaestructuración de lo absoluto: la continuidad. La pasiva permanencia es unmodelo de necesidad construido por el hombre, por los hombres del grupo socialy, sobre todo, de una elite dominante; siendo la creencia un momento deencuentro con la estabilidad que debe ser corregido y superado en el ámbito deuna concepción nueva del mundo, como mundo de los posibles, como mundo de latransformación permanente.

Para lograr una condición más elevada, los hombres deberánmodificar su orden de representación del mundo. Si el hombre se presenta a símismo una noción de espacialidad y temporalidad diferente a la religiosa, ensentido convencional, a la vez que establece un orden social transformadoradicalmente, su ámbito de apreciación, actitud y desplazarse prácticos seríande un orden lógico distinto a lo que hasta hoy hemos conocido como realidad. Larealidad presente del mundo es una pésima construcción del hombre, dentro delcontexto de lo estrictamente humano, social y cosmológicamente hablando. Quedaclaro, que la lógica clásica como instrumento que sustenta el sentido de viday del mundo actual, ha caducado por perverso y criminal; lógica que ha desuperar y debe superar la dimensión de la religión para que pueda cumplir consu misión social encarnada en el espacio de lo valorativo y así tender la manoa lo espiritual. Pero esto ya es tema de otro análisis.

BREVE BIOGRAFÍA DE IOSEPHUS (O JOSSIP) G.STROSSMAYER

Prelado católico yugoslavo, n. En Esseg (Eslavonia) y m. EnDiakovo (1815 – 1905). Promovido en 1848 al obispado de Diakovo y, desde 1851,también administrador nacionalista croata y gran fautor del paneslavismo, cuyoprograma consistió en restaurar el triple reino de Croacia, Dalmacia yEslavonia. En el Concilio Vaticano (1869 – 1870) se mostró opuesto a ladeclaración de la infalibilidad. Por iniciativa suya, la Santa Sede publicó elnuevo misal glagotílico (1893). Fundó la universidad croata de Zagreb (1874),y mandó construir la catedral de Diakovo (1882).

Tomado de: Diccionario Enciclopédico Salvat, Vol. 11, undécimaedición. Pág. 384. Barcelona, España, 1964

NOTAS

ACERCA DE ALGUNOS ELEMENTOS HISTÓRICOS.

El siglo xix y la infalibilidad papal:

[1] en el siglo XVII la iglesia católica corre el riesgo deperder su supremacía espiritual al lado del movimiento revolucionario de losEnciclopedistas y, a fines del mismo siglo son arrebatados los EstadosPontificios por los políticos. Con la Revolución Francesa (1789) es llevadoprisionero Pío VI. Pío VII es igualmente llevado como prisionero por Napoleóna pesar del concordato firmado entre éstos. (Ver a este respecto, los mapas dela división política de Europa decidida en el Congreso de Viena (1815) y,contrastarlo con la nueva distribución política establecida por el Congreso deBerlín (1878) ).

[2] Joll, James; ‘Pautas de cambio desde 1848 hasta 1900’en "El Siglo XIX"; Editorial Labor, Barcelona, 1973. Pág., 90

[3] Montanelli, Indro; "El Fin de Siglo", EditorialPlaza & Janés, Barcelona, 1975. Pág., 54

[4] Joll, James; ibidem.

Parte del documento del Syllabus se puede ver al final de lasnotas históricas.

[5] "El nombre Kulturkampf, acuñado en 1873 por eldiputado librepensador Virchow, pretendía indicar que la lucha se emprendía endefensa del progreso moderno contra el oscurantismo medieval. Dirigió la campañaBismarck, en su calidad de primer ministro prusiano..." Ludwig Hertling S.J., "Historia de la Iglesia", Editorial Herder, Barcelona, 1961. Pág.,447.

Más tarde Bismarck se retracta de su Kulturkampf y sereanudan en 1882 las relaciones diplomáticas entre Prusia y Roma (después dediez años de interrupción), más por estrategia y táctica política que porretractación de su contenido. Cfr. Con Hertling, op. cit., pág. 449

[6] Schnerb, Robert; "Historia General de lasCivilizaciones, El Siglo XIX", bajo la dirección de Maurice Crouzet, Vol.VI. Ediciones Destino, Barcelona, 1969. Pág. 284

[7] "Hasta marzo de 1870 no se decidió la presidencia aponer a discusión el punto de la infalibilidad, en el que desde un principio secentraba el interés general. Los obispos estaban divididos en dos partidos.Caudillos de los <infalibilistas> eran Dechamps de Malinas, Manning deWestminster, Pío de Poitiers, Martín de Paderborn, Senestrey de Ratisbona,Gasser de Brixen. Entre los <anti-infalibilistas> descollaban Darboy deParís, Dupanloup de Orleáns, Ketteler de Maguncia, Helefe de Rottenburg,Dinkel de Augsburgo, Schwarzenberg de Praga, Rauscher de Viena, Strossmayer deDiakovo en Eslavonia, Kenrick de Saint Louis. Todos ellos eran personas deprofundo espíritu religioso y muchos destacaban por su labor pastoral..."Hertling, op. cit., pág. 456

[8] Ver el "famoso" discurso del Obispo JossipStrossmayer, que según algunos historiadores (y digo historiadores porque laiglesia tiene muchos panegiristas a quienes les resulta más fácil y cómodoafirmar que Strossmayer no pronunció dicho discurso, e incluso lo califican de"sarta de mentiras" y de "ridículo"; sin embargo, así ytodo, vale la pena ser leído porque queda claro que quien lo escribió no eraningún tonto), repito, que según algunos historiadores el Obispo de Diakovopronunciara en el Concilio Vaticano I, en contra del dogma de la infalibilidadpapal y que de paso cuestiona e incluso deja sin piso, con espíritu de muy buencristiano, cimientos fundamentales de la iglesia católica. Al final de lasnotas incluimos este controvertido documento.

[9] "Cuando se llegó al meollo de la cuestión, o sea,el motivo por el que había sido convocada aquella asamblea, no sólo faltó launanimidad con la que contaba el Papa, sino que la polémica se encendió hastael punto de degenerar en tumulto. Tanto es así, que llegó un momento en que–según De Cesare- los gendarmes querían incluso forzar las puertas. Pese algrito de Sileat, sileat!, escandido a coro por los infalibilistas –sobre todo,italianos y españoles-, los opositores franceses y holandeses pronunciaronviolentas requisitorias contra el dogma, y los alemanes, encabezados porStrossmayer, amenazaron incluso con el cisma. Al final, el dogma fue aceptadocon 500 placet y sólo dos non placet. Pero 200 obispos manifestaron sudisconformidad negándose a votar. El 18 de julio –mientras en la plaza rugíaun furioso temporal- el Papa leyó –tenía una magnífica voz- la bula PastorAeternus, que lo proclamaba infalible. En medio del monólogo, un rayo cayó apocos pasos de la Basílica, sembrando el terror, y los romanos lo interpretaroncomo una señal de ira del Padre Eterno por la ilícita competencia a susprerrogativas". Indro Montanelli, op. cit., pág. 85

[10] Cfr. Indro Montanelli, op. cit., pág. 91

[11] Citado por Indro Montanelli, op. cit., págs., 85, 86

[12] Indro Montanelli, op. cit., págs. 84, 85

[13] Hertling, considera que "la anexión por Italia delEstado Pontificio fue sin duda una grave violación del derecho –y agregaluego- si decimos de los Papas del Renacimiento que faltaban gravemente a susdeberes cuando cedían a sus familias partes de los Estados de la Iglesia, muchomenos podemos admitir que Pío IX tuviera el derecho de regalar al reino deItalia la totalidad de aquellos Estados. Por otra parte, no puede negarse que,en muchos respectos, fue una ventaja para la Iglesia que el Papa no siguierasiendo al mismo tiempo soberano temporal de un Estado italiano". Hertling,"Historia de la Iglesia", op. cit., pág. 444.

Bastantes autores olvidan aquí, que muchos de los bienes dela iglesia fueron usurpados a otras religiones y enmarcados dentro de lacristiandad de modo abusivo e invasor, cambiando los símbolos de las creenciasanteriores y colocando los suyos propios como fiel reflejo de su espírituconquistador e intolerancia religiosa que le caracterizará. Dice el refránpopular que lo que por agua viene por agua se va.

Por lo demás, no sobra aclarar, que el problema del podertemporal de los Papas llega a su fin en 1929 mediante el Tratado de Letrán,suscrito por Pío XI y por Mussolini, que acuerda, entre el papado y el Estadoitaliano, crear la Ciudad del Vaticano; el Estado más pequeño del mundo con sólo44 hectáreas cuyo territorio es cedido por Italia para tal fin. Sin embargo,"pese a su carácter religioso, el Vaticano actúa como un Estado político,si bien las relaciones diplomáticas han variado a lo largo del tiempo debido ala situación política mundial y a los propios pontífices". Diccionarioenciclopédico, Nuevo Espasa Ilustrado 2000. Pág. 1731. Editorial Espasa Calpe,S. A. España, 1999

ACERCA DE ALGUNOS ELEMENTOS DOCTRINARIOS.

El dogma de la infalibilidad y sus implicaciones:

[1] Sancho Bielsa, Jesús; "Infalibilidad del Pueblo deDios", Ediciones Universidad de Navarra, Pamplona, España, 1979. Pág. 17

[2] Cfr. McGrath, Patrick; ‘El Concepto de Infalibilidad’,en "Concilium", revista internacional de teología, Nos. 81-83,Ediciones Cristiandad, Madrid, 1973. Pág. 373 y ss.

[3] El interesado puede consultar una amplia bibliografíasobre física quántica donde destacados hombres de ciencia explican científicamentecomo el universo no es perfecto. Autores como Stephen Hawking, Ilya Prigogine,Fritjof Capra, entre otros.

[4] Sancho Bielsa, Jesús; op. cit., pág. 13

[5] Ver discurso de J. Strossmayer

[6] Blank, Josef; ‘Tipología y Ministerio de Pedro’,en "Concilium", revista internacional de teología, op. cit., págs.354, 356

[7] Ibidem.

[8] Ibidem., pág. 361. A este respecto Hans Küng nos diceque "se ha revisado en las nuevas investigaciones exegéticas la auténtica,pero falible, autoridad de Pedro y la problemática de una sucesión en el<ministerio de Pedro>. Es cierto que la simbólica figura de Pedro ha sidomuy importante para la Iglesia posterior, pero también es cierto que existen enel Nuevo Testamento y en los tres primeros siglos muy pocos indicios a favor deuna infalibilidad de Pedro (los testimonios bíblicos entrañan siempre, demanera característica, rasgos positivos y negativos) y a fortiori para unainfalibilidad de los obispos romanos. Lc. 22,32 no se aduce jamás, ni siquierapor la canonística medieval, a favor de una infalibilidad papal: no se lepromete aquí a Pedro una infalibilidad, sino la gracia de la conservación dela fe hasta el fin, lo que igualmente se aplica por los canonistas medievales noa los obispos romanos, sino a la fe de toda la Iglesia". Küng, Hans;‘Balance del Debate sobre la Infalibilidad’ en "Concilium", op.cit., pág. 454

[9] Sancho Bielsa, sostiene que "la infalibilidad semuestra en secuencia perfecta que nos lleva de la infalibilidad divina a lainfalibilidad de Cristo, y de la de Cristo a la de la Iglesia..." op. cit.,pág. 37. No han faltado autores que han identificado al Papa con Cristo, más aún,se ha llegado a desconocer a Pedro como intermediario entre Cristo y el Papa yse ha designado a éste como sucesor y vicario directo de Jesucristo y, aJesucristo mismo, Hervé Nedellec ( 1323) lo consideró como el primer Papa.

[10] Sancho Bielsa, op. cit., pág. 13

[11] Hoy el Santo Oficio de la Inquisición se llama Congregaciónpara la Doctrina de la Fe, es decir, esta institución no ha desaparecido sólose ha ajustado a los tiempos y, es presidida en el momento por el cardenalJoseph Ratzinger, de reconocida tendencia conservadora como era de esperarse.

[12] Patrick McGrath, op. cit., pág. 383

[13] Irving Fetscher, ‘Certeza, Verdad y Autoridad delMagisterio’, en "Concilium", op. cit., pág. 371

[14] Hans Küng, ‘Balance del Debate sobre laInfalibilidad’, en "Concilium", op. cit., págs. 452, 453

[15] Ibid. Pág. 456

[16] Ibid. Pág. 455

BIBLIOGRAFÍA

Ayer, A. J. "El Positivismo Lógico", EditorialFondo de Cultura Económica, México, 1981

Hertling, Ludwig S. J.; "Historia de la Iglesia",Editorial Herder, Barcelona, 1961

Montanelli, Indro; "El Fin de Siglo", EditorialPlaza & Janés S. A., Barcelona, 1975

Sancho Bielsa, Jesús; "Infalibilidad del Pueblo deDios", Ediciones Universidad de Navarra, Pamplona, España, 1979

Schnerb, Robert; "Historia General de lasCivilizaciones: El Siglo XIX", Vol. VI, Ediciones Destino, Barcelona, 1969

Trincado; Joaquín; "El Primer Rayo de Luz",Ediciones Voz Informativa, México, 1932

Joll, James; ‘Pautas de Cambio desde 1848 hasta 1900’,en "El Siglo XIX", Editorial Labor, Barcelona, 1973

Wittgenstein, Ludwig; "Tractatus Lógico-Philosophicus",Editorial Alianza Universidad, Madrid, España, 1980

- "Investigaciones Lógicas", Editorial AlianzaUniversidad, Madrid, España, 1985

Varios: "Concilium: Verdad y Certeza, en Torno al Temade la Infalibilidad", Revista internacional de teología, Nos. 81, 82, 83.Ediciones Cristiandad, Madrid, 1973

Diccionario enciclopédico, Nuevo Espasa Ilustrado 2000.Editorial Espasa Calpe, S. A. España, 1999

Diccionario Enciclopédico Salvat, Vol. 11, undécima edición.Barcelona, España, 1964

Para leer el discurso del Obispo I. Strossmayer, hacer clicen la siguiente dirección:

http://www.gbasesores.com/colaboraciones/strossmayer.html

OBRAS CONSULTADAS

Acta et Decreta, Sacrorum Conciliorum Recentiorum. ConciliiVaticani I, tomus sptimus (VII); Friburgi Brisgoviae, sumptibus Herder,Tipographi Editoris Pontificii, MDCCCXC 81890)

Collectio Conciliorum Recentiorum Ecclesiae, tomus decimusquintus (XV); Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani I. Arnhem (pays – Bas)& Leipzig, MCMXXVI (1926). Sociéte Nouvelle D’edition de la CollectionMansi (H. Welter). Observationes in caput de infalibilitate. Rom. Pont.

Collectio Conciliorum Recentiorum Ecclesiae, tomus decimusseptimus (XVII); Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani I. Arnhem (pays –Bas) & Leipzig, MCMXXVII (1927). Sociéte Nouvelle D’edition de laCollection Mansi (H. Welter).

ARTICULOS ANEXOS

La Iglesia Católica

Un libro polémico donde se narra la historia de la Iglesia Católica desdesus orígenes en Palestina y Roma a partir de la figura de Jesucristo.

Para entender el significado polémico de este libro es necesario saber quiénes Hans Küng. Teólogo católico, catedrático en Teología Ecuménica ydirector del Instituto de Investigación Ecuménica de Tubinga, obtuvo sulicenciatura en la Universidad Gregoriana de Roma en 1953.

Inteligente, hábil y aperturista, en 1967 escribió "La Iglesia"donde Küng pedía la abolición del celibato y el derecho a la conciencia comodirectriz en la cuestión de la regulación de la natalidad. Así mismo, el teólogose manifestó contra la infalibilidad pontificia, e insistió en la posibilidadde que el concilio Vaticano hubiera caído en determinados errores históricos.A raíz de estas dos tesis, la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe,ex Santo Oficio, abrió un sumario en 1967 y otro en 1971, pidiendo a Hans Küngque fuera a Roma a justificar sus tesis. El teólogo se negó a someterse a loque él consideraba un proceso inquisitorial.

En 1979, Juan pablo II, por primera vez desde su pontificado, condenó a HansKüng retirándole la autorización eclesiástica para ejercer la enseñanzateológica en Tubinga y se precisó que "ya no podía ser considerado comoun teólogo católico"

En 1983 Küng rompió su silencio con un artículo en el que criticó laobligación del celibato para los sacerdotes católicos, y en 1985 realizómediante otro artículo, una dura crítica al pontificado de Juan Pablo II y alas "prácticas inquisitoriales" de la Congregación para la Doctrinade la Fe.

Este libro que aparece ahora gracias a la editorial Mondadori es un recorridopor la historia de la Iglesia Católica, desde sus orígenes. El prestigioso teólogoexplora la evolución histórica de los concilios, obispos y cardenales, elentusiasmo misionero de la Iglesia, los orígenes del culto mariano, y lasconvulsiones de la Reforma y la Contrarreforma.

Küng, a punto de cumplir 75 años, todavía conserva el estilo directo,preciso y certero que le hacen encarnar una cara de la Iglesia que para nadagusta a los actuales mandatarios. Dialogante, conciliador, aperturista... Küngve en la Iglesia Católica una extensión en la forma y manera de evangelizaciónde Jesús; lejos, muy lejos del estatismo y la intransigencia de Juan Pablo II ycomo no de su antónimo, Ratzinger.

La Iglesia Católica
Hans Küng
Editorial Mondadori

Políticos y religiosos de Alemania alaban a Hans Küng y piden que el Papalo rehabilite

EL PAÍS |  Sociedad - 20-03-2003

EFE -  Berlín

"Uno de los teólogos más importantes de nuestro tiempo". Con estetipo de consideraciones, numerosos líderes políticos y religiosos alemanesdestacaron ayer los méritos del teólogo Hans Küng con motivo de su 75ºcumpleaños. Numerosas organizaciones eclesiásticas de base pidieron a laIglesia católica que lo rehabilitase.

Entre las personas que dirigieron mensajes de felicitación a Küng están elpresidente alemán, Johannes Rau, el canciller Gerhard Schroeder, el presidentedel Parlamento, Wolfgang Thierse, y el primer ministro del Estado de Baden Württenberg,Erwin Teufel. "Usted es uno de los teólogos más importantes de nuestrotiempo y ha hecho mucho por el movimiento ecuménico", dijo Teufel en undiscurso en la celebración del cumpleaños de Küng. Teufel también se sumó alos movimientos eclesiásticos de base al decir que se alegraría de que el teólogofuera rehabilitado por el Papa.

El Vaticano prohibió a Küng enseñar teología católica tras la publicaciónde su libro ¿Infalible? en el que cuestionó el dogma de la infalibilidadpapal. A partir de entonces, Küng se encargó de una cátedra de teología ecuménicadesde la que se ocupa ante todo de fomentar el diálogo entre las religiones.También creó la fundación Weltethos (Ethos universal) dedicada al fomento deldiálogo entre las religiones sobre la base de sus postulados éticos comunes.Sobre su posible rehabilitación, Küng dijo ayer que no espera que el Vaticanoacepte sus puntos de vista, pero sí que los tolere "como una posición católicaal lado de otras".

http://www.montfort.org.br/imprensa/igreja20030124_4.html

http://www.escritosparalaconcordia.org/kung.htm

http://www.serv-inf.deusto.es/abaitua/kanpetzu/primate/teologos.htm

 

 

Autor:

Ariel Charry Mirales

chartemy@latinmail.com

Filósofo – Artista

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La Libertad
Resumen:
La Libertad y sus límites. Historia. Problemas modernos. Apéndice. Conclusión. Bibliografía consultada
Ética y Bioética en la Escuela de Medicina Cubana
Resumen:
A través de los 49 años de Revolución la salud pública cubana ha logrado éxitos muy connotados como pocos países en el mundo, gracias a una voluntad política muy arraigad...
La armonía - Desarmonía de los péndulos vitales "Libro de la armonía"
Resumen:
"Libro de la armonía". Comentario inicial dirigido al lector. Maestros de ley natural. "Armonía / desarmonía". Péndulos vitales de cambio. Dinero, pobreza, forma de gobie...
Temor y temblor en el concepto de religión de Hegel y Kierkegaard
Resumen:
Necesidad en la reflexión en el saber de Dios. Sören Aabye Kierkegaard. Concepto Dios. Bibliografía ¿Será el hombre un error de Dios o Dios un error del hombre?.
Platon: República, libro VI
Resumen:
Misión del filósofo. Cualidades del filósofo. Objeción de Adimanto: los filósofos son depravados o inútiles. Causas de la corrupción. Todos colaboran en su corrupción. Ac...
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