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Martí desde 1869 a 1892: su pensamiento político

Resumen: Hablar de José Julián Martí Pérez ,en cualquier etapa de su vida, siempre constituye una grandiosa responsabilidad, más aún si se trata de hablar del período más fructífero de su creación literaria y formación de su convicción revolucionaria: desde los 16 años, edad que lo marcó para siempre en su carácter y pensamiento político y social con el presidió político y después la deportación de Cuba, hasta los 39 años, donde su pensamiento político es identificado por su antianexionismo y antimperialismo, habiendo alcanzado no sólo su madurez literaria sino también la política.
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Autor: Lic. Lázaro R. Fuentes Mejías y Otros Autores

INTRODUCCIÓN
Hablar de José Julián Martí Pérez ,en cualquier etapa de su vida, siempre constituye una grandiosa responsabilidad, más aún si se trata de hablar del período más fructífero de su creación literaria y formación de su convicción revolucionaria: desde los 16 años, edad que lo marcó para siempre en su carácter y pensamiento político y social con el presidio político y después la deportación de Cuba, hasta los 39 años, donde su pensamiento político es identificado por su antianexionismo y antimperialismo, habiendo alcanzado no sólo su madurez literaria sino también la política.

OBJETIVOS GENERALES
1. Proporcionar la información necesaria sobre la vida de Martí en el exilio y su contribución a la causa revolucionaria.
2. Valorar, a través de su epistolario y otros documentos, la labor revolucionaria de Martí desde el exilio en apoyo a la “guerra necesaria”.

OBJETIVO ESPECÍFICO
· Valorar, a través de los escritos de Martí, su pensamiento político en el exilio desde 1869 a 1892.

DESARROLLO
Desde los primeros años de su corta pero fructífera vida, Martí demostró madurez en su pensar y actuar, este aspecto se puede constatar con una sola mirada a la edad de 16 años cuando junto a Fermín Valdés Domínguez escribiera a Carlos de Castro, cubano que se había alistado como cadete en el Ejercito español, la siguiente misiva:

A CARLOS DE CASTRO Y DE CASTRO:

Habana, 4 de octubre de 1869
Compañero:

¡Has soñado tú alguna vez con la gloria de los apóstatas! ¿Sabes tú cómo se castigaba en la antigüedad la apostasía? Esperamos que un discípulo del Sr. Rafael María de Mendive no ha de dejar sin contestación esta carta.

FERMÍN VALDÉS DOMÍNGUEZ JOSÉ MARTÍ


Los españoles hicieron un registro en la casa de Fermín Valdés Domínguez y encontraron esta carta. Como consecuencia, fueron detenidos y acusados de infidencia Martí, Fermín y Eusebio Valdés Domínguez, Manuel Sellén, Santiago Balvín y el profesor de francés Atanasio Fortier.

La letra de Martí y la de Fermín Valdés Domínguez eran muy parecidas, pero Martí sostuvo firmemente en el Consejo de Guerra que la carta la había escrito él mismo.

Martí fue condenado a seis años de presidio; Fermín Valdés Domínguez a seis meses de arresto mayor; Eusebio Valdés Domínguez y Atanasio Fortier, al destierro, y fue sobreseída la causa con respecto a Sellén y Balvín.

Martí entró en el presidio el 5 de abril de 1870, con el número ll3 de la 1ra. Brigada de Blancos, obligado a trabajos forzados en las Canteras de San Lázaro, en el sitio donde hoy se encuentran la Fragua Martiana y el Rincón Martiano.

Esta actitud desmedida de Martí a esa corta edad demuestra su gran madurez política y social así como su fidelidad a los amigos. En el tiempo que vivió en presidio se fortaleció aún más su carácter y aunque sufrió en carne propia los salvajes atropellos a que eran sometidos los presos, nunca se quejó de sí mismo. En carta dirigida a su madre el 10 de Noviembre de 1969 (a sólo dos meses y medio de cumplir los 17 años) se puede observar la madurez de su carácter:

10 de noviembre (1869)
Madre mía:
Hace dos días que escribí a V……
Ayer estuvo aquí el Fiscal y me preguntó con bastante interés por mi causa y su estado. Le dije lo que sabia; pero es muy extraño esto de que el que me ha de juzgar tenga que preguntarme por qué estoy preso.- Según me ha dicho, alguien le ha hablado de mí.-Los Domínguez y SeIlén saldrán al fin en libertad, y yo me quedaré encerrado. Los resultados de la prisión me espantan muy poco; pero yo no sufro estar preso mucho tiempo. Y esto es lo único que pido. Que se ande aprisa, que al que nada hizo, nada le han de hacer. A lo menos, de nada me podrán culpar que yo no pueda deshacer. Mucho siento estar metido entre rejas; -pero de mucho me sirve mi prisión.- Bastantes lecciones me ha dado para mi vida, que auguro que ha de ser corta, y no las dejaré de aprovechar.-Tengo 16 años, y muchos viejos me han dicho que parezco un viejo. Y algo tienen razón; -porque si tengo en toda su fuerza el atolondramiento y la efervescencia de mis pocos años, tengo en cambio un corazón tan chico como herido.- Es verdad que V. padece mucho;-pero también lo es que yo padezco más. …….En la Cárcel no he escrito ni un verso.-En parte me alegra, porque ya V. sabe cómo son y cómo serán los versos que yo escriba. Aquí todos me hablan del Sr. 
Mendive, y esto me alegra.-Mándeme libros de versos y uno grande que se llama “El Museo Universal”.-Dele su bendición a su hijo.
PEPE

Cuando Martí entra a las Canteras de San Lázaro en abril de 1870, después de varios meses tras las rejas, comienza a ver cosas horripilantes que lo marcan para siempre: los grilletes, el látigo, las infatigables horas de trabajo forzado, la mala alimentación, el sufrimiento de su madre y hermanas así como su padre, oficial del ejército español, que no pudo hacer más que aceptar la deportación para aliviar su sufrimiento y el de la familia.

Meses después, el 28 de agosto de 1870 le escribe a su madre, en el reverso de la conocida fotografía con cadena y grillete, donde la consuela recordándole la utilidad de su sacrificio “Mírame madre, y por tu amor no llores/ Si esclavo de mi edad y mis doctrinas/ Tu mártir corazón llené de espinas/ Piensa que nacen entre espinas flores” 

Con la deportación Martí siente un gran alivio físico porque ya no sufrirá las torturas a que era sometido en las Canteras, pero se siente al mismo tiempo anodadado, porque lo alejan de su Patria querida, de su familia, de sus amigos, a quienes juró lealtad en silencio; en sus meditaciones, siente que se le arranca de su cuerpo una parte importante que queda en Cuba y que nunca podrá olvidar. Cuando escribe El Presidio Político en Cuba exterioriza su sentimiento sobre esa etapa:

Dolor infinito debía ser el único nombre de estas páginas. Dolor infinito, porque el dolor del presidio es el más rudo, el más devastador de los dolores, el que mata la inteligencia, y seca el alma, y deja en ella huellas que no se borrarán jamás.

Nace con un pedazo de hierro; arrastra consigo este mundo misterioso que agita cada corazón; crece nutrido de todas las penas sombrías, y rueda, al fin, aumentado con todas las lágrimas abrasadoras. Dante no estuvo en presidio. Si hubiera sentido desplomarse sobre su cerebro las bóvedas oscuras de aquel tormento de la vida, hubiera desistido de pintar su Infierno. Las hubiera copiado, y lo hubiera pintado mejor. Si existiera el Dios providente, lo hubiera visto, con una mano se habría cubierto el rostro, y con la otra habría hecho rodar al abismo aquella negación de Dios.


Desde el exilio, Martí se convirtió en “embajador” para exigir a España se accediera a la independencia de Cuba por medios pacíficos, sabiendo que desde el 10 de Octubre de 1868 se alzaron en la manigua, liderados por Carlos Manuel de Céspedes, un grupo de hombres de diferentes sectores sociales, la mayoría esclavos libres y campesinos, para luchar por esa independencia, pero como conocía del precio que se estaba pagando con el derramamiento de sangre y el luto que se llevaba a cada hogar tanto cubano como español, en cada “tribuna” donde le fuera posible, el hijo ilustre de Cuba, buscaba un espacio para lograr el apoyo de los pueblos del mundo para la República en Armas, fundamentalmente del pueblo español a quien se dirigió en más de una ocasión a través de la prensa escrita solicitando solidaridad con la causa cubana por la independencia de España. No caben dudas de que Martí desde el exilio forzoso a que fue sometido jugó un papel primordial en la divulgación de la causa cubana y en la búsqueda de financiamiento y apoyo moral a los cubanos rebeldes; en la misma medida en que se dedicaba a buscar simpatizantes con la causa cubana, se fue profundizando su concepto de nacionalidad y su concepción sobre la Patria. Encontrándose en Madrid en estos quehaceres diarios, escribió en un diario para el pueblo español el 15 de febrero de 1875:

Patria es algo más que opresión, algo más que pedazos de terreno sin libertad y sin vida, algo más que derecho de posesión a la fuerza. Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas.

Los pueblos no se unen sino con lazos de fraternidad y amor.

Sólo obrando con razón perfecta se decide la suerte de los pueblos, y sólo obedeciendo estrictamente a la justicia se honra a la patria.

Cuba reclama la independencia a que tiene derecho por la vida propia que sabe que posee, por la enérgica constancia de sus hijos, por la riqueza de su territorio, por la natural independencia de éste, y, más que por todo, y esta razón está sobre todas las razones, porque así es la voluntad firme y unánime del pueblo cubano.
Cobarde ha de ser quien por temor no satisfaga le necesidad de su conciencia.-Fratricida ha de ser la República que ahogue a la República. 

Cuando el 6 de abril de 1875. el Presidente de Guatemala, mediante el Decreto 113 reconoció la República cubana como nación libre, soberana e independiente, Martí escribió en la Revista Universal de México el 11 de mayo de 1875 un artículo relacionado con ese proceder para callar a los que de mala fe criticaban a Guatemala por tardarse en reconocerla: 

Guatemala ha sido lógica con su historia pasada; su conducta honrada y franca merece calurosa felicitación.

El reconocimiento de la independencia de Cuba no significa el odio a España: no debemos decir nosotros que la tardanza en reconocer siquIera su derecho de luchar- pudiera parecer demora, por lo indiferente y tibia condenable.

La independencia de Cuba es justa, porque fue justa la independencia mexicana. La verdad no se razona; se reconoce, se siente y se ama. Vana fuera aquí toda declamación innecesaria. Guatemala ha cumplido un deber; felicitemos y respetemos la conducta de la República vecina.

Continuando con su labor propagandística diaria, en el mes de septiembre de 1890, tal como lo hacía todos los años, Martí llamó a los cubanos en el exilio a conmemorar la fecha gloriosa del alzamiento en La Demajagua con el siguiente artículo:

A LOS CUBANOS:

Nuestra revolución está en marcha; y la utilidad de lo que se dice hoy, no se verá hasta mañana. Decir es hacer, cuando se dice a tiempo.
Y honrar a los que cumplieron con su deber es el modo más eficaz que se conoce hasta hoy de estimular en los demás a que lo cumplan. Hablando entre cubanos, no hay por qué tener miedo de venerar en voz alta el día sublime, ni de convidarlos a que demuestren que no se le ha caído a tierra el corazón. Los que manchen con suspicacias o desórdenes el Diez de Octubre, no son cubanos.
El Diez de Octubre no es día de pasiones, ni de opiniones, ni pretexto de fiesta para lucimiento ridículo; sino día religioso, a donde se ha de ir como a un altar; día de cordialidad y previsión, en que los cubanos que viven por toda la tierra hablan unos con otros; día en que se prepara, con juicio y virtud, las batallas de armas que han de seguir a las batallas de pensamientos.
De todos los cubanos de Nueva York, de los acomodados y de los menesterosos, de los que trabajan en la mesa de escribir, y de los que trabajan en la mesa de torcer, de los cubanos blancos y de los cubanos negros, ha surgido, iguales todos en el entusiasmo, el deseo de conmemorar este año el Diez de Octubre. Todos los cubanos, todos los americanos, todos los amigos de la libertad quedan invitados a asistir a Hardman Hall, Calle 19 y Quinta Avenida, a las ocho de la noche, el Diez de Octubre.

JOSÉ MARTÍ 
Septiembre, 1890.

Asimismo, al año siguiente en ocasión de la misma fecha escribe:

A LOS CUBANOS

Ni razones ni lisonjas son necesarias para que los cubanos nos convidemos unos a otros a proclamar que cada año esplende más el 10 de Octubre. No hay intereses que adulen, ni camarillas que excluyan, ni hombres que quieran ponerse sobre los demás, ni logreros que se aprovechen de las cosas santas: acá, en veinte años de prueba, hemos echado abajo todo eso. Hay un pueblo, de un solo corazón, que vigila y confía.
Cada año que pasa, el 10 de Octubre crece, el alma cubana crece; sienten todos que, con el sigilo de la prudencia, va levantándose en la sombra el país: un país de justicia: un país bueno. Cada 10 de Octubre es una victoria. Ni a lamentar, ni a hablar sin objeto nos convidamos unos a otros para nuestro 10; sino a enseñar que estamos aquí, en pie todos, amando y aprendiendo. Aquí no somos desterrados, sino fundadores.
El que falte el día 10, sin razón suprema: a la gran cita, falta a su deber de hijo, a su deber de fundar.
El 10 de Octubre, a las ocho de la noche, en Hardman Hall, Calle 19 y Quinta Avenida.
JOSÉ MARTÍ
(Septiembre de 1891).

· En su andar desenfrenado por la vida, Martí jamás se apegó a ningún cargo público por muy bien remunerado y prestigioso que fuera, siempre que estuviera en juego su profesión de “misionero” de la Patria; así las cosas, cuando los enemigos suyos y de la Patria quisieron aprovechar unas declaraciones suyas de agradecimiento a la República Argentina y especialmente al gobierno, para tergiversar las verdaderas razones que lo llevaron a ese agradecimiento y procurar un conflicto entre Argentina y España, dando muestras una vez más de desprendimiento y humildad así como de fidelidad sin límites a la causa revolucionaria cubana, planteó su renuncia como Cónsul de la República Argentina en Nueva York en carta enviada al Ministro de ese país en Washington:

AL MINISTRO DE LA ARGENTINA

New York, octubre 17 de 1891
Su Excelencia el señor Ministro de la República Argentina en Washington, doctor don Vicente G. Quesada
Señor Ministro:
Tengo la honra de dirigirme a V. E. para ratificar, en testimonio de respeto y agradecimiento a la República Argentina, la renuncia del cargo de Cónsul argentino en esta ciudad, que ansioso de evitar comentario alguno contra aquel agradecimiento y respeto, envié a V. E por telégrafo el día ll.
Como el premio más honroso a mi cariño vigilante por los pueblos de mi raza en América, recibí y procuré justificar en su desempeño, el nombramiento, ni directa ni indirectamente solicitado y por eso mismo más halagador de Cónsul argentino en New York. Pero se me dice que un periódico español en esta ciudad ha publicado un artículo en que intenta hallar incompatibilidad entre mi agradecimiento de cubano, que me obliga a luchar para obtener para mi patria lo mismo que los padres de la patria argentina obtuvieron a su hora para su país, y mi carácter de Cónsul de la República en New York. Y como añade el periódico, a lo que se me dice, que pudiera mi permanencia en este puesto provocar un conflicto entre el país que me honró con él y la Monarquía de la Península, ni por un momento puedo consentir en continuar, por honrosa que ella me sea, en una situación por donde viniera ya a pagar con una controversia ingrata una distinción de tanto valor para mí, que contaré siempre entre las más caras y lisonjeras de mi vida.
Ruego a V. E. se sirva ordenar al señor Vicecónsul se haga cargo del Consulado que renuncio, y crea que si en mi persona desaparece el Cónsul argentino en New York, queda en mí siempre para la República Argentina un hijo agradecido.
Saludo a V. E. con el testimonio de mi alta consideración,

JOSÉ MARTÍ

Como Presidente del club Ignacio Agramonte de Tampa, Néstor Leonelo
Carbonel, cumpliendo un acuerdo de esa asociación, invitó a Martí, por conducto de Enrique Trujillo, a tomar parte en una magna fiesta de carácter artístico literario a beneficio del club. Martí llegó por primera vez a Tampa con fuerte lluvia y a media noche del 25 de noviembre de 1891, y fue recibido con una nutrida y entusiasta ovación. El 26 y el 27 Martí pronunció en el Liceo Cubano sus famosos discursos conocidos por “Con todos y para el bien de todos” y Los Pinos nuevos” respectivamente. Antes de regresar a Nueva York, el 28, dejó fundada la Liga de Instrucción, sociedad análoga a la que ya existía en Nueva York. También se aprobaron las Resoluciones que fueron como precursoras de las Bases del Partido Revolucionario Cubano.

Al referirse a una de las etapas de su vida, en el libro 100 horas con Fidel, de Ignacio Ramonet, el Comandante el Jefe, comenta:
“…El mérito de Martí, su mayor mérito es el siguiente: se acaba la guerra aquella que tuvo lugar entre 1868 y 1878, él es un joven intelectual y patriota, poeta, escritor, con ideas independentistas, tiene sólo 25 años de edad al finalizar la contienda, y comienza a dar los primeros pasos en el camino que lo llevaría a la unión y dirección de los veteranos de aquella dura y gloriosa guerra de diez años. No hay nada más difícil en el mundo que dirigir a militares veteranos, sobre todo si quien pretende unirlos es un intelectual que ha vivido en España y que no ha estado en la guerra. Martí logró unirlos. ! Qué talento y capacidad!,!Qué pensamiento, qué firmeza, qué fuerza moral!...”

“…reúne a la migración cubana, la organiza en un partido revolucionario, predica, recoge fondos, lleva a cabo un colosal trabajo concreto y multifacético. Desarrolla, además, una concepción integradora para América Latina. Era un gran admirador de Bolívar, un gran admirador de Juárez, de todos los luchadores por la independencia de los pueblos latinoamericanos…”

Para concluir, exponemos algunas de las innumerables frases de Martí, extraídas del epistolario, artículos y otros escritos a lo largo de su vida, lo que da una idea de la profundidad de su pensamiento político:

“…Sólo el que es capaz de vender su honra, tiene el valor de proponer la venta de la honra ajena…”

“…Jamás debe cederse a hacer lo pequeño por no parecer tibio o desocupado; pero no debe perderse tiempo en hacer lo grande…”

“…tal como es admirable el que da su vida por servir a una gran idea, es abominable el que se vale de una gran idea para servir a sus capelanzas personales de gloria o de poder, aunque por ellas exponga la vida.- El dar la vida sólo constituye un derecho cuando se la da desinteresadamente…”

“…La patria no es de nadie: y si es de alguien, será, y esto sólo en espíritu, de quien la sirva con mayor desprendimiento e inteligencia…”

“…Yo no sirvo más que al deber, y con éste seré siempre bastante poderoso…”

“…Sólo son amigos de la patria los que saben deponer ante ella sus iras y sus tentaciones: sólo sirve a la patria el que la obedece…”

“…Lo he de decir muy pronto; porque fuera de la verdad no hay salvación, y yo no puedo decir ni hacer cosa que no sea para beneficio de mi patria. Ella es la razón de mi vida. Si pienso, es para defenderla. Si soporto en silencio aparente una ofensa, es porque así la sirvo…”

“…Todo lo haré, todo lo noble haré sobre la tierra, para crear en mi país un pueblo de hombres, por salvar a mis compatriotas del peligro de no serlo…”.

…Dios existe, sin embargo, en la idea del bien, que vela el nacimiento de cada ser, y deja en el alma que se encama en él una lágrima pura...”
“…El bien es Dios. La lágrima es la fuente de sentimiento eterno. Dios existe, y yo vengo en su nombre a romper en las almas españolas el vaso frío que encierra en ellas la lágrima…”
“…Dios existe, y si me hacéis alejar de aquí sin arrancar de vosotros la cobarde, la mal aventurada indiferencia, dejadme que os desprecie, ya que yo no puedo odiar a nadie; dejadme que os compadezca en nombre de mi Dios. Ni os odiaré, ni os maldeciré…”
“…Si yo odiara a alguien, me odiaría por ello a mi mismo.
Si mi Dios maldijera, yo negaría por ello a mi Dios…”

CONCLUSIONES
· Al recorrer la vida de José Julián Martí Pérez, no cabe duda alguna de su grandiosidad como revolucionario y profeta del futuro que le esperaba a la

nación cubana si se mantenía el régimen cruel y despiadado de España primero y posteriormente el de Estados Unidos. 

· Intuitivamente Martí narró y reflexionó aquellas vivencias del presidio político que marcarían para siempre su existencia desde todos los puntos de vista: físico, espiritual, cognoscitivo y que determinarían su cosmovisión: “Rara vez me río ya: no hallo nada que seduzca mi vista, nada que distraiga mi pensamiento”. Es una afirmación de un joven de apenas 17 ó 18 años y esa sensación la guarda para toda la vida. Son las huellas imborrables de la prisión en su espíritu, en su carácter. Quizás sea esa una de las razones que explique la seriedad que le acompaña en casi todas las fotos suyas que se conservan.

· Este espacio significó la pérdida de la inocencia del adolescente. Fue un brusco y precoz crecimiento. Fue un salto súbito a la adultez, a la madurez, a la consolidación de su carácter: “Mis ojos fijos, inmóviles, espantados, eran mis únicas palabras. Sabía yo que allí se nos castigaba; sabía que se nos trataba con crueldad; pero no podía creer, ni que la crueldad llegara a tal refinamiento, ni que el castigo llegara hasta la iniquidad. No lo podía creer porque era un niño”. 

· El presidio lo catapultó a la realidad cruda que vivía la Isla en aquella época. Su recuerdo había pasado a ser una pesadilla, y necesitaba, por él y por todos los que dejó en las canteras, dar a conocer ese régimen porque era la patria la que estaba siendo oprimida. Martí comienza, pues, a expresarse por una necesidad visceral de hacerlo; desde temprana edad sufrió los maltratos infligidos, tan poca edad tenía y ya se formaban en él las convicciones maduras que le faltaban a miles de cubanos de la época. Sentía vergüenza de los que se llamaban cubanos y no se dignaban en dar un vuelco a la situación, sentía vergüenza de aquellos que traicionaban su nacionalidad, de los que vendían a su patria aprobando lo que hacía el gobierno, lo que se hacía en las canteras de San Lázaro.

· Fue capaz de comprender la necesidad de aglutinar a los cubanos honorables y valientes en un partido revolucionario que guiara las acciones contra el régimen de oprobio que se mantenía en la colonia y la necesidad del apoyo internacional cuando se emprendiera la lucha; por eso no descansó un minuto en los años previos a la constitución del Partido Revolucionario Cubano, en recorrido por el mundo, para divulgar la labor de los combatientes por la dignidad que se alzaron el 10 de Octubre de

1868 y que durante diez años lucharon incansablemente hasta el Pacto del Zanjón y posteriormente en la “guerra chiquita”, realzando el derecho de todos los cubanos a ser libres e independientes como lo fueron en su momento otras naciones de América y del mundo.

· Entre otras razones su grandeza radica, dice Fidel en su libro “Cien horas….”, en que fue capaz , además de ofrendar su vida en el combate, de unir en un partido a Generales de la guerra por la independencia junto a obreros, campesinos, intelectuales para emprender la última epopeya que culminó con el triunfo revolucionario de 1959.


BIBLIOGRAFIA
· Obras Completas de Martí, Versión digital, Volumen 1.
· Cien horas con Fidel, 3ra. edición, Ignacio Ramonet, Pág.42, 43 y 44. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana 2006.

Facultad de Ciencias Médicas
“Dr. Salvador Allende”

AUTORES
Lic. Lázaro Rubén Fuentes Mejías
Lic. Lourdes Lastayo Bourbón
Est. María Rosa González Ramos, 5to.año Medicina

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