En la primera década del nuevo milenio se desarrollan profundos cambios,
donde la educación, el conocimiento y la información ambiental desempeñan un
papel transcendental. Se operan profundas transformaciones en el proceso
productivo como resultado del alto desarrollo tecnológico, que requiere de
profesionales preparados y actualizados, en muchos casos estos procesos
productivos no están acordes con el cuidado y preservación del medioambiente a
pesar de ser uno de los más grandes imperativos que tiene la humanidad ante si y
en ello el papel de las universidades es esencial.
Es de vital importancia comprender el desarrollo actual y sus tendencias e
intentar poner a tono con ellos a las universidades por su cometido social. La
misión de las Universidades es preparar profesionales capaces, dotados de
herramientas que le permitan incidir en el desarrollo de su país en el marco de
un mundo globalizado en el que los países del Tercer Mundo no reciben,
precisamente, la tecnología de punta, condenados a vivir prácticamente de sus
recursos naturales. Ante esta disyuntiva la preservación de esos recursos es
vital para nuestra supervivencia y en ello juega un papel primordial la
Educación ambiental.
Se supone que la evolución debe conducir al desarrollo de las fuerzas
productivas y que además muy ligado a este proceso actual está la competitividad
asociado a su vez con el nuevo paradigma tecnológico, que exige profesionales
preparados para enfrentar esta competencia.
Es obvio que es más fácil formar que reeducar, de aquí la idea de que la
introducción de la dimensión ambiental a través de cada una de las asignaturas
en la enseñanza superior permitiría la formación de un profesional integral,
capaz de enfrentar esta problemática en sus futuros puestos de trabajo. Debemos
aspirar a un profesional de perfil amplio, con suficiente cultura para accionar
en la solución de los problemas ambientales en sus centros de trabajo.
Si de competencias se trata, el mundo empresarial busca hoy producciones más
limpias y los productos ecológicos van teniendo mayores posibilidades en el
mercado por lo que el nuevo profesional debe incluir estas habilidades en su
“saber hacer”, se sabe que las inversiones en Educación Superior en los países
subdesarrollados se ven disminuidas y la Universidad se ve limitada de responder
a los retos que impone el mundo empresarial y todo este conjunto de necesarias
competencias, pero es el caso que estamos insertos a ese mundo y debemos lograr
la competitividad que nos exigen estos tiempos.
Pero no solo por la competencia, básicamente es imprescindible preparar a los
nuevos profesionales con sentimiento de protección al medio ambiente por lo que
ello significa en materia de calidad de vida y el aseguramiento de la vida en un
planeta que se va desbastando aceleradamente y en el que la acción de la ciencia
en la prevención de este fenómeno es cada vez más relevante.
Es a los profesionales a quienes les toca demostrar el proceso de degradación
ambiental, sus causas y consecuencias, es a ellos a quienes también les toca la
búsqueda de soluciones, independientemente de que los demás ciudadanos puedan
participar, es este grupo social el que puede guiar toda esas acciones con el
conocimiento adquirido.
Pero no hablamos de un tipo de profesional, de ciencias particulares sino de
todos ellos, porque todos desde las potencialidades de sus ciencias pueden
potenciar la acción para el desarrollo sostenible.
Por otra parte, por el papel que tiene la Universidad en los procesos de
formación, es la que está llamada a impulsar este salto cualitativo, no sólo a
su nivel, sino también en los que le anteceden. Pero hoy día, hay debilidades en
los proyectos curriculares universitarios que actúan como barreras para que la
dimensión ambiental eleve su papel en la sociedad latinoamericana, aún en las
universidades predominan métodos docentes basados principalmente en la cátedra
magistral y en la simple transmisión de conocimientos, deficiente enseñanza
práctica y limitada actividad extensionista, entre las más importantes, estas
debilidades se reflejan a su vez en el quehacer universitario respecto de la
dimensión ambiental, muchos docentes, incapaces de ejecutar ese proceso lo
declaran como no propio, como responsabilidad de “otras ciencias” y ahí se
amputa el carácter holístico de la Educación ambiental.
A pesar de estas adversidades, ya se observan tendencias a fomentar la
interdisciplinariedad, la inquietud de docentes de diversas asignaturas acerca
del medio ambiente y para esto la incorporación de la planeación estratégica
como proceso que parte de una clara definición de la misión y funciones de las
universidades en la sociedad viene a ser una herramienta valiosa que permite la
introducción de la dimensión ambiental a través de toda la vida universitaria.
Para enfrentar los retos de este siglo, los centros de Educación Superior
deberán transformarse en centros de educación ambiental permanente, lo que
significa poner en el centro de las preocupaciones a las personas y su calidad
de vida y al mismo tiempo transformar sus estructuras y métodos para anticiparse
a los acontecimientos, prevenir antes que enmendar porque en ocasiones las
enmiendas son casi imposibles.
La Educación Ambiental por ser relativamente joven no ha podido dar respuesta a
las exigencias que ante ella pone el desarrollo de la humanidad, son múltiples
las limitaciones que hoy se analizan desde el ángulo de su desarrollo como
ciencia de la educación y que se reflejan en todos los niveles: primaria,
enseñanza básica, enseñanza superior, así como en los estudios de carreras
técnicas de nivel medio y de enseñanza especializada.
Estas grandes limitaciones en su desarrollo hacen que los estudiantes que
arriban a la enseñanza superior lo hagan sin la preparación adecuada y que por
tanto esta deba esmerarse más en ese sentido, sin embargo, la práctica nos dice
que incluso el nivel superior no está plenamente preparado para asumir este
reto.
Si se hace un análisis a nivel mundial de los diseños de las carreras
universitarias se puede observar, en una gran parte de ellas, que no se enuncia
en ningún sentido la dimensión ambiental a través de sus diferentes componentes:
el campo de actuación, el modo de actuación, los objetivos generales: educativos
e instructivos, por supuesto tampoco en los objetivos específicos, ni las
habilidades que se pretenden crear en ese profesional y los valores éticos que
se van a fomentar.
Todo esto significa que las disciplinas de esos planes de estudio tampoco prevén
la introducción de la dimensión ambiental y en el mejor de los casos se hace un
trabajo destinado a ello pero no existen normas que obliguen a los docentes a
darle tratamiento en sus asignaturas, esto significa que se deja un poco a la
voluntad de la institución, de los colectivos docentes y de los profesores en
particular. En muchos casos no está establecido como línea de trabajo
metodológico y no se tiene en cuenta en las evaluaciones a las clases.
Es cierto que existen carreras, cuyo modo de actuación del profesional egresado
es precisamente la preservación de los recursos naturales y en tal caso están
diseñadas para una formación en la conservación de los recursos naturales y su
óptimo manejo con perspectivas sostenibles, pero incluso en esos casos se
presentan dificultades en la introducción de la dimensión ambiental con un
carácter sistémico y multidisciplinario por lo que los profesores que no son de
la especialidad, aquellos que prestan servicio a la carrera, generalmente, no
introducen la dimensión ambiental, se tiene en cuenta, por ejemplo, las
asignaturas como matemática, computación, lengua extranjera o materna, educación
física, metodología de investigación, entre otros.
En los planes de estudio de esas carreras también se observan limitantes en el
tratamiento al concepto de medio ambiente, se prioriza su componente natural, no
así el componente socio cultural, en el mejor de los casos se trata su aspecto
económico por el perfil del profesional que tampoco se trata siempre a pesar de
su relevancia e incidencia en los problemas del medio ambiente.
Cuales son entonces las limitaciones más generales que se presentan en la
introducción de la Educación Ambiental en la educación superior a través de lo
curricular, teniendo en cuenta los planteamientos anteriores.
Los docentes no están suficientemente preparados para atender la dimensión
ambiental en su trabajo, por tanto, muchos de ellos ni siquiera comprenden las
potencialidades de sus asignaturas para hacerlo, sencillamente carecen de
cultura ambiental, pero esto a su vez es una consecuencia de la formación que
recibieron, pues no se les preparó para ello en ninguno de los niveles de
enseñanza.
Esta es una situación que pudiera revertirse mediante un fuerte proceso de
capacitación en estos contenidos pero es esa otra de las grandes limitaciones
que hoy tiene la Educación Ambiental, que no se destinan recursos suficientes
para la superación profesional de los docentes, en algunos casos se proponen
cursos cortos de postgrado, diplomados, maestrías y no se tienen matrículas
suficientes para su ejecución porque resultan costosas, no son asequibles a sus
destinatarios y no se consigue un financiamiento de otras instituciones para
lograrlo.
Las grandes limitaciones de la Educación Ambiental se presentan además en la
labor metodológica, científica y educativa de las universidades y expresan las
líneas de trabajo que se deben desarrollar.
Es muy débil el trabajo metodológico que se realiza en cada una de las
asignaturas y disciplinas; más débil aun el que se hace entre las distintas
disciplinas y a nivel de cada año de la carrera.
Aun cuando en las distintas formas de docencia se introduce la dimensión
ambiental, no se expresa en los objetivos de las mismas, en las metas a alcanzar
lo que hace la situación más difícil en el momento de evaluar su eficacia.
Por otro lado existe una tendencia a no ver la Educación Ambiental desde los
principios de la pedagogía y la gestión ambiental, sin embargo estas ciencias,
junto a la filosofía, constituyen su basamento metodológico, la pedagogía medio
ambiental puede hacer que los estudiantes introduzcan la dimensión ambiental en
actividades que se desarrollen fuera del aula, que realicen encuestas, exploren,
comparen y aporten soluciones, tomen decisiones y emitan juicios de valor, que
la adopten como una herramienta de la vida cotidiana.
Generalmente las propuestas de cambio encuentran trabas, la tendencia es al
conservadurismo y la Educación Ambiental no es una excepción, por tanto, los
profesores acostumbrados a impartir el conocimiento con determinados métodos, no
cambian fácilmente su estilo de trabajo más aun cuando se trata de un cambio tan
radical, es por ello que este proceso de cambio de mentalidad de los educadores
ambientales se convierte en un proceso lento.
La educación debe responder a cambios que están ocurriendo en el mundo, sin
embargo, en ocasiones, todavía se aplican métodos de educación abstracta,
desligada de la realidad del entorno que se pretende enseñar.
El insuficiente trabajo metodológico para la Educación Ambiental no ha permitido
la formación en valores ambientales, el desarrollo de actitudes y aptitudes ni
la evaluación de los conocimientos adquiridos. Todavía la Educación Ambiental se
centra mucho en el “conocer” y no en el “saber hacer”; en la información y no en
la formación de valores.
Por Educación Ambiental a veces se considera el tratamiento de datos sobre la
naturaleza sin crear y valorizar los comportamientos de responsabilidad respecto
de ella, a veces queda reducida exclusivamente a sus aspectos naturales y por
eso no permite apreciar las interacciones entre sus componentes internos
(naturaleza, economía, cultura y sociedad), tampoco muestra la contribución de
las ciencias sociales a la comprensión y la mejora de la calidad de vida y por
tanto del medio ambiente.
Siendo considerada un conjunto de acciones respecto de la naturaleza, el aspecto
socio económico y cultural del medio ambiente se omite y se crea una idea
unilateral, amputada de lo que es en si este concepto, a pesar de que en las
últimas décadas las ciencias sociales se han ido incorporando más al análisis
medio ambiental, lo que significa un salto cualitativamente superior en tanto
permite conjugar los diferentes elementos del medio ambiente.
Frecuentemente se considera que la Educación Ambiental es una tarea de las
ciencias naturales pero aun falta mucho por hacer en este sentido y más en la
incorporación de algunas ciencias básicas de la educación.
Es igualmente importante tener en cuenta a las ciencias económicas pues la
economía es la actividad humana que más afecta al medio ambiente, estas ciencias
deben estar preparadas para dar respuesta a estas exigencias, sin embargo su
incorporación al análisis ambiental es aun muy modesta.
En lo referente a los objetivos de la Educación Ambiental la práctica pedagógica
gira por lo general en torno a la transmisión de contenidos, con énfasis en el
aspecto teórico y predominio todavía de una enseñanza centrada en el profesor.
La insuficiente socialización de experiencias realizadas en los diferentes
países provoca que el proceso sea más lento. No existe un mecanismo a nivel
internacional que permita, de un modo ágil, la divulgación, el conocimiento de
experiencias que se realizan en los distintos países, incluso en un mismo país
no se socializan suficientemente las experiencias locales por lo que en cada
caso los investigadores no pueden sintetizar lo existente y continuar
desarrollando esta ciencia a partir de ahí sino que les toca descubrir en su
entorno lo ya descubierto en otros.
Las investigaciones referentes a cómo evaluar la Educación Ambiental son muy
insuficientes, se tiene en cuenta que esta no es una asignatura sino que entra
como eje transversal que atraviesa todo el conocimiento y que además va
destinada a crear actitudes y aptitudes, que de acuerdo a las exigencias
actuales debe estar en armonía con el entorno inmediato del educando, esto hace
que su evaluación sea muy sui géneris, que los educadores tengan que investigar,
hacer ciencia al respecto, ser muy creadores para poder evaluar el nivel de
conocimientos de los estudiantes y lo que es aun más importante, los valores
éticos logrados a través del proceso enseñanza aprendizaje.
Por otro lado uno de los principales obstáculos para llevar a cabo una Educación
Ambiental innovadora, de acuerdo con sus objetivos y principios es la escasez de
un material didáctico de costo reducido que permita una mayor socialización de
las experiencias locales e internacionales.
Estos materiales pueden facilitar la comprensión de los problemas del medio
ambiente bajo una perspectiva interdisciplinar y que al mismo tiempo, favorezca
el aprendizaje del alumno.
La Educación Ambiental es un proceso complejo, las ciencias pedagógicas
deben hacer un estudio de la misma a fin de resolver esta problemática y además,
debe ser a un costo que pueda estar al alcance de la población pobre, pues esta
tiene un peso importante en el mundo actual.
La Universidad para resolver estos problemas debe lograr que la Educación
Ambiental tenga un carácter objetivo y se fundamente en la realidad del
educando, por lo que se hace necesario un estudio de ese medio particular y la
introducción de su problemática en los planes de estudio. En ocasiones la
Educación Ambiental está divorciada de la realidad del educando y por tanto este
no puede asimilarla con un sentido de responsabilidad.
Son muchas las iniciativas en cuanto a formas de introducir la Educación
Ambiental: ecomuseos, granjas escuelas, sendas e itinerarios ecológicos,
talleres y aulas en la naturaleza, centros de acogida e interpretación, campañas
de concienciación, cursos de formación de educadores y especialistas en temas
ambientales, etc., sin embargo, esto no ha ido acompañado de una valoración de
los efectos y resultados obtenidos, de instrumentos para medir esos efectos.
Esta limitación requiere de un análisis en tanto generalmente se hace Educación
Ambiental y no se conoce cuales son los resultados, no se miden, no se elaboran
técnicas y herramientas para su evaluación y perfeccionamiento, en muchos casos
ni siquiera se conocen los resultados.
La bibliografía básica que se orienta a los estudiantes y que por supuesto son
elaboradas por los mismos docentes no introducen la dimensión ambiental en el
análisis particular de las distintas asignaturas. Realmente se observa un gran
déficit de literatura de Educación Ambiental con un enfoque holístico que
permita a los lectores un mayor esclarecimiento en este sentido.
La ausencia de una política de investigación inter - universitaria coherente que
defina las orientaciones prioritarias de la acción nacional en este campo y que
favorezca una mejor coordinación de la actualización de las diversas
instituciones de investigación pedagógica es otra de las grandes limitaciones de
esta ciencia.
Vale señalar también las grandes limitaciones de las Universidades en la
Educación Ambiental hacia las comunidades en su trabajo de extensión
universitaria por la indiferencia frente a los problemas ambientales locales, la
no valoración del entorno que debe ser tenido en cuenta incluso como un recurso
didáctico que permite la identificación de los educandos con la problemática a
tratar, la inserción de la Universidad en la solución de los problemas
ambientales de las comunidades en que están insertas y con ello la
sensibilización de los estudiantes al respecto.
Sobre estas problemáticas algunas interrogantes pueden ayudar en la búsqueda
de soluciones, por ejemplo:
- ¿De que forma las universidades apoyan e impulsan con hechos, los
acuerdos y recomendaciones de la Agenda 21 sobre medio ambiente y desarrollo
adoptada hace más de una década?
- ¿Cómo colaboran las universidades en el apoyo al cumplimiento de las
metas del milenio?
- ¿Se tiene en cuenta la problemática ambiental como prioridad esencial de
supervivencia y desarrollo?
- ¿Están las Universidades suficientemente preparados para dirigir y
evaluar los procesos de formación ambiental, cuántos recursos destinan a esta
actividad?
- ¿Cuántos son los proyectos de investigación de nuestras universidades
destinados a resolver las grandes limitaciones de la Educación Ambiental?
- ¿Han comprendido los profesionales que la formación ambiental es
responsabilidad de todas las ciencias?, ¿lo han comprendido las autoridades de
las universidades, incluso las del ministerio de la enseñanza superior?. ¿la
priorizan?
- ¿Estamos dispuestos y preparados para validar los programas de manera
que la Educación Ambiental reciba los espacios adecuados?
- ¿Seremos capaces de superar la ruptura entre el discurso y la práctica
cotidiana, entre lo que se debe hacer y lo que se hace?
- ¿Seremos capaces de jugar nuestro verdadero papel en apoyo a las
sociedades en que vivimos en la solución de la problemática ambiental?
La respuesta a todas estas interrogantes nos puede permitir diseñar líneas de
trabajo para un perfeccionamiento de esta ciencia en su aplicación al trabajo de
las Universidades, pero ante todo nos permiten reflexionar acerca de las
soluciones a una problemática que no puede esperar por soluciones rebuscadas
debido a su gran prioridad.
Se hace necesario perfeccionar la Educación Ambiental a nivel curricular en las
Universidades pero para ello debe crearse una estrategia metodológica que supere
las dificultades antes mencionadas, se trata de ver el problema desde todos sus
ángulos para resolverlo de manera integral. Esta estrategia debe incluir todas
las áreas de trabajo de las instituciones de Educación Superior: trabajo
educativo, metodológico y científico técnico, pero además lo cunicular y lo no
curricular como un sistema que determina la formación de los futuros
profesionales.
La Estrategia Metodológica de Educación Ambiental que proponemos parte del
principio que la Educación Ambiental tiene por objeto motivar a los estudiantes
a que observen su entorno y el lugar que ocupan en él con una percepción de los
problemas más ejercitada, un sentimiento mayor de participación y una mente más
responsable.
Es importante destacar que la Educación Ambiental debe cambiar ideologías,
costumbres y convicciones que han estado arraigadas en la sociedad durante toda
su existencia, la idea de servirse de la naturaleza, intentar dominarla sin
retribuirle nada, la idea del consumo ilimitado, del derroche.
La Educación ambiental es una herramienta de trabajo que nos permite una mejor
gestión del medio ambiente, nos ayuda a solucionar no solo el conflicto que se
presenta en la relación naturaleza – sociedad sino además en muchos conflictos
sociales y por ello ha de ser tenida en cuenta en el proceso de formación de
todos los profesionales, que serán a fin de cuentas los actores del desarrollo
futuro.
Los recursos que se destinan a la Educación ambiental constituyen la seguridad
del mañana, de una sociedad con mayor calidad de vida. No hay efectividad en las
demás ciencias ambientales si no hay una Educación Ambiental adecuada.
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Autor: MsC. Mercedes Fernández Iríbar. Universidad de Holguín.
MsC. Adrián Aguilera García. Universidad de Holguín.