RESUMEN
El apoyo social (definido al mismo tiempo en términos reales como redes
sociales, recursos sociales, integración social, vínculos sociales, soporte
social, etc) es la presencia estable y trascendente de relaciones humanas, que
ofrecen patrones y un refuerzo contingente de ayuda objetiva y subjetiva, para
afrontar las situaciones difíciles de la vida cotidiana y, lo más importante,
sentir que esas relaciones son significativas y beneficiosas en la vida
personal, familiar y social
Palabras clave: riesgo, vulnerabilidad humana, apoyo social
DESARROLLO
1. percepción social de los riesgos
Lo primero que debe destacarse al respecto es la complejidad y
multidimensionalidad de los juicios sobre el riesgo, que no pueden ser
exclusivamente explicados por las características de los peligros, sino que
responden también, a factores experienciales, motivacionales, sociales,
culturales, etc. que tienen que ver con el sujeto que “percibe” y con el
contexto en el que se producen y expresan esos juicios.
En todo caso, se destacan tres dimensiones diferentes en las que los sujetos
perciben y juzgan los riesgos:
“Temor y potencia”. Esta primera dimensión se refiere a hasta qué punto se
percibe el acontecimiento como riesgo temido, mortal, catastrófico, no
controlable personalmente.
“Desconocimiento y exposición pasiva”. Se trata de una dimensión que por un lado
hace referencia a riesgos desconocidos en cuanto a su probabilidad, magnitud de
los efectos, o causalidad precisa; por el otro, el no poder prever con exactitud
cuando va a ocurrir la desgracia o el daño, tratándose de riesgos involuntarios
y difícilmente controlables personalmente.
“Novedad/ cronicidad”. Esta dimensión sería la que permite distinguir entre los
riesgos más nuevos/ novedosos, desconocidos en general por las personas
expuestas y de efectos más inmediatos y mortales. El desconocimiento para los
individuos expuestos, sugerido por esta dimensión, hace referencia a que la
gente no conoce el cuánto ni el cómo de los efectos de una exposición que ya
está sufriendo (a diferencia del desconocimiento sobre el cuándo “les va a
tocar”, sugerido por la dimensión anterior)
2. Afrontamiento ante estados de emergencia de origen social o natural
En una investigación realizada por Vicuña et al (1999), sobre las disposiciones
psicológicas ante los diferentes tipos de afronte a estados de emergencia de
origen natural y social, encuentran que:
1. Los desastres de origen natural tales como terremotos,
incendios, etc son los que generan más temor en la población. No así los
huaycos. En caso que ocurrieran la gente quisieran estar en casa, y lo primero
que harían si estuvieran lejos es regresar a su hogar a cualquier costo, luego
pedirían ayuda. Terminado el desastre quedarían con temor a que se repita y
arrepentidos por no haber tomado las precauciones del caso.
2. Con respecto a los de origen social, como el terrorismo, las pandillas
juveniles y los asaltos a mano armada, producen mucho temor y la reacción ante
ellos incluye: correr hacia un lugar seguro, dar la voz de alarma y hacer la
denuncia respectiva.
La percepción es que son problemas que pueden resolverse.
3. El concepto de vulnerabilidad humana
Existen diversas situaciones que encierran un potencial de peligro, que en su
ocurrencia conllevan una alta probabilidad que provoque daños en los bienes, y
en lo fundamental, en las personas., produciendo en éstas, muerte o
discapacidad. Ciertamente que, para que esto se presente, se requiere ciertas
condiciones sociales, como un ambiente deteriorado, hacinamiento, escasez de
recursos económicos, inadecuada educación, descuido de las autoridades,
desorganización, entre otros. Todos estos elementos configuran una población
como vulnerable.
Sin embargo, podemos observar que pese a que se cuente con infraestructuras
adecuadas, muchas familias pueden ser vulnerables, sea por su condición de
pobreza o por actitudes fatalistas, ya que tienen menos posibilidades de
enfrentar el peligro. Es este sentido, la vulnerabilidad debe entenderse, en
general, como la carencia de recursos y capacidades de todo tipo, para hacer
frente a las amenazas o peligros.
Sobre este punto, Gustavo Wilches-Chaux (1989) identifica diez componentes o
niveles de la vulnerabilidad global
a. La vulnerabilidad física:
Supone la localización de la población en zonas de riesgo físico debido a la
pobreza y la falta de alternativas para una ubicación menos riesgosa; pero
también, debido a la alta productividad de la ubicación de estas zonas, ya sea
agrícola o por su cercanía a centros productivos. En el Perú es bien conocido el
hecho que muchas poblaciones se asientan en los causes de los ríos o en zonas
fácilmente inundables, donde cada año, de manera casi “anunciada”, ocurre un
desastre.
b. La vulnerabilidad económica:
Es conocido como la pobreza de las poblaciones incrementa notablemente los
riesgos de desastre. Tiene que ver tanto con la carencia de dinero como el mal
uso de recursos económicos de la gente, generado por el desempleo, la ausencia
de presupuestos públicos adecuados, la falta de diversificación de la base
económica, etc. En nuestro país es bastante conocido que son los más pobres y
las localidades menos atendidas por el Estado y el mercado las que sufren los
efectos negativos de los desastres.
c. La vulnerabilidad social:
Referida al bajo grado de organización y cohesión interna de comunidades bajo
riesgo, que impiden su capacidad de prevenir, mitigar o responder a situaciones
de desastre. Tiene que ver también con el tipo de relaciones que se establecen
entre la población, que impiden la acción común, el surgimiento de liderazgos,
el aprovechamiento de los recursos institucionales, entre otros. Los estudios
referidos a cómo las comunidades enfrentan los desastres dan cuenta de que a una
mayor cohesión social, expresada en una adecuada organización comunal, y la
amplia participación intersectorial, favorecen la acción de prevención y mitigar
los efectos de los desastres. Lamentablemente, en el Perú, esta cohesión
organizacional se ha visto debilitada en la última década, tanto por la falta de
líderes democráticos como por la acción clientelista del Estado.
d. La vulnerabilidad política:
El alto grado de centralización en la toma de decisiones y en la organización
gubernamental, y la escasa autonomía para decidir en los niveles regionales,
locales y comunitarios, impide la participación activa de los actores socales en
estos niveles territoriales, limitando su participación casi exclusivamente a
las acciones de emergencia. Esta vulnerabilidad tiene que ver también con las
prácticas de clientelismo político estatal que utiliza políticamente la
desgracia de la gente, fomenta la dependencia, la inacción para reclamar y
formular propuestas.
e. La vulnerabilidad técnica:
Referida a las técnicas inadecuadas de construcción de edificios e
infraestructura básica utilizadas en zonas de riesgo. En nuestro país, pese a
las reiteradas observaciones de especialistas sobre los peligros, por ejemplo,
de edificar en zonas altamente sísmicas, las autoridades no responden
adecuadamente, dejando que la lógica del mercado en el uso del suelo se expanda
sin medir los riesgos.
f. La vulnerabilidad ideológica:
Referida a la forma en que los hombres conciben el mundo y el medio ambiente que
habitan y con el cual interactúan. La pasividad, el fatalismo, la prevalencia de
mitos, etc., todos estos factores aumentan la vulnerabilidad de las poblaciones,
limitando su capacidad de actuar adecuadamente frente a los riesgos que presenta
la naturaleza.
g. La vulnerabilidad cultural:
Es sabido que en el Perú, en los últimos años, la autoestima colectiva ha sido
fuertemente dañada por sucesivos acontecimientos, como la violencia política y
social, el narcotráfico, la corrupción, la dejadez de las autoridades, el
debilitamiento del tejido social, entre otros, configurándose una peligrosa
tendencia hacia una débil autoestima y pertenencia colectiva, que desvaloriza lo
propio y la acción alrededor del bien común. A ello se agrega el papel que
juegan los medios de comunicación en la consolidación de imágenes estereotipadas
o en la transmisión de información errónea y alarmista sobre el ambiente y los
desastres (potenciales o reales).
h. La vulnerabilidad educativa:
Se refiere a ausencia o inadecuada orientación de programas y acciones
educativas que informen y formen capacidades en la población para participar
como ciudadanos y relacionarse adecuadamente con el ambiente. Además, se refiere
al grado de preparación que recibe la población sobre formas de un
comportamiento adecuado a nivel individual, familiar y comunitario en caso de
amenaza u ocurrencia de situaciones de desastre. Nuestro sistema educativo
formal está muy lejos de propiciar en los niños, adolescentes, jóvenes y adultos
una cultura de la prevención y de respeto por el ambiente, no sólo por la
inexistencia de programas educativos, sino por la escasa o nula articulación de
las escuelas respecto a sus comunidades.
i. La vulnerabilidad ecológica:
Generada por modelos de desarrollo que propician la destrucción de las reservas
del ambiente y ecosistemas que por una parte resultan altamente vulnerables,
incapaces de autoajustarse internamente para compensar los efectos directos o
indirectos de la acción humana, y por otra, altamente riesgosos para las
comunidades que los explotan o habitan, produciéndose, por ejemplo, la
deforestación que favorece las inundaciones, derrumbes, avalanchas y sequías.
j. La vulnerabilidad institucional:
Se expresa en las debilidades de las instituciones donde la inercia de la
burocracia, la politización de la gestión pública, el dominio de criterios
personalistas y patrimonialistas bloquean respuestas adecuadas y ágiles frente
al riesgo. Se refiere también a una cultura institucional que privilegia lo
urgente sobre lo importante, la emergencia por sobre la preparación y
prevención; también supone la existencia de prácticas de corrupción,
politización y exacerbado controlismo por parte del Estado.
4. Apoyo social
Sarason et al (1990) y Thois (1992), consideran que la verdadera naturaleza del
apoyo social hay que buscarla en los procesos perceptivos de los sujetos
implicados, lo que tradicionalmente se ha denominado apoyo social percibido en
las operaciones de ayuda.
Se asume que, la integración social es una precondición para que se produzca el
proceso de apoyo social y como una función de las relaciones sociales de las
personas. El Sistema de apoyo social representa los recursos de apoyo de la red
y por tanto caracteriza a las redes desde la óptica de los procesos soportativos.
A su vez, el término apoyo social se reserva como un concepto subordinado a los
anteriores, ya que representa al proceso mismo aludido; siendo la percepción y
evaluación del apoyo términos que designan su representación, el sistema
cognitivo de las personas (Lairecter y Baumann, 1992)
Así entendido, se reconocería como apoyo social todo proceso de transacciones
interpersonales basado en los recursos emocionales, instrumentales e
informativos perteneciente a las redes sociales de pertenencia, dirigidos a
potenciar, mantener o restituir el bienestar del receptor; el cual es percibido
como transacción de ayuda tanto por el receptor como por el proveedor. De este
modo, el fenómeno apoyo social debe entenderse como un constructo caracterizado
por los atributos beneficiosos y/o protectores que proporcionan las relaciones
sociales.
El apoyo social es percibido muchas veces en sentido de beneficiador, actor y
aportador imprescindible en la medida que brinde los recursos o elementos
tangibles e intangibles de sobrevivencia (alimentos, consejos). En cuanto al
sentir del apoyo social, este puede ser vivenciado afectivamente como
sentimiento de agrado o de placer, en la medida que satisfaga suficientemente
las necesidades de sobrevivencia, y ayude a resolver problemas concretos.
El apoyo social se ha convertido en una herramienta de trabajo muy útil para el
estudio de los factores psicosociales relacionados con la salud mental. A pesar
de la existencia de una amplia bibliografía demostrando la relación positiva
entre apoyo social y bienestar psicológico, existen importantes problemas en
torno al concepto de apoyo social. En primer lugar, un desacuerdo definicional.
En segundo lugar, una polémica en torno a los mecanismos a través de los cuales
se da la asociación entre apoyo social y salud mental. Estos debates pueden
resumirse en dos hipótesis rivales: el modelo de efectos directos y el modelo de
efectos protectores.
Es conveniente aclarar que la calidad y la importancia del apoyo social no
radica en la presencia o ausencia de este.
Villalba (1993) sostiene que el apoyo social es significativo solo si es
funcional, si asiste favorablemente resolviendo problemas, satisfaciendo
necesidades y expectativas que contribuyan a llevar a cabo una vida
constructiva;
Al respecto Sluzta, (1979) y Steinmeroz (1988) sostienen que, el apoyo social se
constituye en uno de los componentes centrales de la experiencia individual de
la identidad, bienestar, competencia, incluyendo los hábitos de cuidado de la
salud y capacidad de adaptación durante una crisis.
El apoyo social presenta dos grandes dimensiones:
1. La objetiva referente a los aspectos tangibles de instrumentalización;
caracterizada por ayuda material, económica e informativa.
2. La subjetiva hace referencia a los aspectos de expresión con los que el
individúo se siente aceptado, acompañado y estimado, lo que le permite
satisfacer las necesidades de filiación y pertenencia.
Investigaciones respecto al apoyo social se han desarrollado a lo largo de tres
principales perspectivas teóricas.
Una primera línea de investigación postula que tiene efectos directos sobre la
salud de las personas
Diversos estudios se centran en los efectos que las relaciones sociales tienen
sobre la morbilidad y mortalidad de los individuos.
Los resultados parecen indicar que las personas que tienen relaciones y vínculos
sociales viven más tiempo y tienen mejor salud que aquellas que no establecen
tales vínculos.
Una segunda línea de investigación postula que, el apoyo social reduce
directamente el impacto de los eventos estresantes que afectan a las personas.
Es decir, el apoyo social se relacionaría no con la salud en general de las
personas, como postulaba el planteamiento anterior, sino con el ajuste a un
evento estresante particular. Así, se ha estudiado la relación que guarda el
soporte con la adaptación tanto física como psicológica del individuo ante la
pérdida de trabajo, la maternidad- paternidad, la viudez, el infarto, la
hipertensión, la enfermedad coronaria, y otras enfermedades graves y crónicas.
La conceptualización más compleja sobre los efectos del apoyo social postula que
éste no influye directamente ni sobre la salud, ni sobre los estresores: el
apoyo modula la relación entre ambos, concretamente amortiguando el impacto de
los eventos estresantes sobre la salud de las personas.
Las redes sociales describen las estructuras del sistema que prestan apoyo:
número de personas disponibles, instituciones, organizaciones etc., así como la
índole de la relación y su accesibilidad.
En general, las investigaciones, indican que el apoyo social y la utilización de
la red social actúan de manera preventiva (...) Esto significa que el deficiente
apoyo social tiene repercusiones negativas en la vida de las personas.
Las redes sociales pueden variar en su composición y presentarse:
a. Asociadas a la vida cotidiana, son las que ayudan a llevar adelante nuestras
vidas. Se trata de las personas con quienes se conversa, trabaja, o se comparten
tareas domésticas.
b. Como “grupo terapéutico”, conjunto de personas que acompañan; por ejemplo, en
el proceso de embarazo de la mujer.
c. La red que se activa en la crisis y que tiene un propósito, acceder a todos
los recursos posibles que pueden ayudar a salvar la situación.
5. Características personales y competencia relacional
Al hablar de las características personales de los sujetos que intervienen en la
relación de apoyo social, es imprescindible, precisan Pérez Bilbao y Martín
Daza, diferenciar entre quien ofrece el apoyo (emisor) y quien lo recibe
(receptor).
En este sentido se considera que los factores principales que determinan la
frecuencia y calidad del apoyo social son la tendencia a prestar atención a las
personas (orientación hacia las personas) y de estilo participativo, la
estabilidad emocional, la extraversión, la capacidad de escucha empática y
activa y la asertividad. En definitiva, un "buen" jefe, en cuanto a proveedor de
apoyo social, lo ha de ser de los cuatro tipos de apoyo mencionados. La cuestión
que queda un tanto inconclusa es cómo se llega a ser un buen proveedor de apoyo
social. ¿Es una cuestión de rasgos de personalidad? ¿de experiencias sociales y
psicológicas previas?, ¿se puede aprender?
La concepción tradicional del apoyo social lo ha considerado como una
característica propia del ambiente. Sin embargo, no es posible olvidar que el
apoyo es básicamente un proceso transaccional, por lo que la disponibilidad de
este apoyo dependerá, además de factores organizacionales y situacionales, de
características de personalidad de las partes. Se habla de competencia
relaciona¡ en cuanto que estas características de personalidad del individuo
inciden sobre la situación a través de los comportamientos que manifiesta.
Puede definirse la competencia relacional como el conjunto de características de
personalidad y comportamentales que facilitan la adquisición, desarrollo y
mantenimiento de relaciones mutuamente satisfactorias. Cuatro son las formas en
como esta variable puede influir sobre el apoyo social:
1. En la génesis y elaboración de las relaciones (extraversión, sociabilidad,
asertividad).
2. En el desarrollo y mantenimiento de las relaciones (estabilidad emocional,
cooperación, empatía y sensibilidad).
3. En la conceptualización de las relaciones (autoestima, afectividad positiva o
negativa).
4. En el empleo de las relaciones para propósitos de apoyo social y la habilidad
para movilizar los sistemas de apoyo.
Es inevitable que de todo esto surja una pregunta; ¿es posible desarrollar
competencias relacionales; se puede aprender o, por el contrario, atiende a
causas difícilmente mutables? La respuesta hay que buscarla en la experiencia,
en el entrenamiento y aprendizaje de estas habilidades, y esta experiencia es
positiva e indica que, con entrenamientos y supervisión adecuada es posible
aprender y desarrollar habilidades sociales y mejorar en el papel de oferente de
apoyo social.
6. Variables implicadas: estructurales, contextuales y procesales
En la conceptualización del apoyo social debemos diferenciar y relacionar sus
elementos constitutivos de – y con – aquellos otros elementos de los otros
procesos psicosociales implicados en el apoyo social, como son las
características propias de la red, las de los individuos implicados en las
interacciones, así como las características propias del contexto dinámico en el
que se produce la interacción.
Se considera que en los procesos de apoyo social, se deben diferenciar las
variables implicadas a nivel estructural las que se sitúan a nivel contextual, y
a nivel procesal
La dimensión estructural se refiere tanto a las características del sujeto
demandante como a las del contexto comunitario donde se encuentran los posibles
recursos de apoyo.
Desde la óptica de la comunidad se tienen en cuenta las variables relacionadas
con las redes sociales. Su capacidad de asimilación y aceptación de los
individuos, así como la de responder a sus necesidades, sientan las bases para
la integración social. En este contexto, la integración se refiere a la
participación y el compromiso del sujeto con su comunidad o red social; examina
los bienes y valores de ésta, así como el acceso a los sistemas y recursos de
apoyo.
La dimensión contextual hace referencia a lo que Thois denominó Sistema de Apoyo
Social, es decir el sistema donde radican las bases de las fuentes de recursos
de soporte a los que los sujetos acuden para proveerse de los mismos y/o
satisfacer sus necesidades.
La calidad soportativa de las relaciones debe ser entendida en términos de
cohesión interpersonal, compromiso, expresividad y bajo grado de conflicto. Así,
la cohesión supone el grado de mutua ayuda y apoyo en el sistema; el compromiso
se refiere al grado de interés y preocupación; la expresividad muestra el grado
de mutuo estímulo para una expresión abierta de deseos, sentimientos y
necesidades y el nivel de conflicto hace referencia al grado de tensión
existente en las interacciones.
La dimensión procesal, tiene en cuenta las variables que conforman la conducta
soportativa misma – la recibida y la otorgada- así como las que están implicadas
en los procesos de percepción de apoyo, distinguiendo la disponibilidad de
recursos y la evaluación de las transacciones o momentos interactivos de apoyo.
7.Intervenciones para potenciar el apoyo social
El objetivo fundamental de las estrategias de intervención basadas en el apoyo
social es crear un proceso de interacción en el apoyo social, que sea capaz de
satisfacer las necesidades psicosociales de las personas, optimizando el ajuste
entre las necesidades y las previsiones sociales y emocionales que se reciben
(García, Herrero y Musito, 1995, citados por López – Cabanas, 1999).
Según Gottlieb (1988, citado por López – Cabanas, 1999), las razones que
explican el auge de las intervenciones basadas en el apoyo social, serían las
siguientes:
1. La evidencia sobre los efectos positivos que el apoyo social tiene sobre la
salud y el bienestar, ya sea de forma directa o indirecta, moderando el impacto
de eventos negativos.
2. En términos de costos, las intervenciones que fomentan el apoyo social son
mucho más eficientes, ya que se movilizan recursos informales promoviendo la
participación comunitaria.
3. Las intervenciones que promueven el apoyo social tienen mayor validez
ecológica, ya que existen datos que muestran cómo las personas ante los
problemas recurren en primer lugar a personas de su comunidad, de su red de
apoyo informal. Estas interacciones son más accesibles y aceptables que las
procedentes de los sistemas más formales de apoyo.
4. Las intervenciones centradas en el apoyo social están indicadas especialmente
para una amplia gama de problemas que tienen como característica común la
pérdida o el deterioro de relaciones sociales.
5. Muchos profesionales reconocen que para afrontar el estrés es más fácil
modificar los recursos sociales que cambiar las características disposicionales.
6. Estas estrategias favorecen la autorresponsabilización en la solución del
problema, facilitando los sentimientos de autoconfianza y competencia, así como
la acción colectiva.
7. Por último, no sólo requieren ayuda las personas que sufren directamente los
problemas, sino también las que se relacionan directamente con ellas
Según López- Cabanas (1999), las intervenciones sobre apoyo social pueden ser
desarrolladas a distintos niveles: individual, diádico, grupal, de sistema
social y comunitario.
La finalidad de las intervenciones individuales es mejorar las competencias
(habilidades, conocimientos y actitudes) del individuo de forma que se optimice
tanto la recepción como la prestación de apoyo social.
Las intervenciones a nivel diádico suponen movilizar el apoyo social de una
tercera persona. Esta persona puede ser un miembro de la red social del receptor
o bien una persona extraña (normalmente un voluntario). Estas relaciones
diádicas pueden implicar sólo un apoyo difuso basado en el acompañamiento o
también aportar una ayuda específica para superar situaciones problemáticas
concretas.
Las intervenciones en el nivel grupal también pueden diferenciarse en función de
los recursos de apoyo social que se tratan de optimizar: la red natural de apoyo
ya existente o movilizar nuevos vínculos sociales, introduciendo a la persona en
nuevos grupos
Según Gracia et al ( 1995), las intervenciones a nivel grupal en el medio
natural pueden tener como propósito la optimización del apoyo social ampliando
el repertorio de conductas de apoyo de los miembros de la red, o alterando las
relaciones que la persona mantiene con ciertos miembros de la red.
Las intervenciones que intentan crear nuevos vínculos sociales consisten
básicamente en grupos de ayuda mutua.
La finalidad de las intervenciones a nivel de sistema social es modificar los
contextos físicos y sociales en los que las personas están inmersas.
Las intervenciones cuyo objetivo es la comunidad en su conjunto tienen como
finalidad promover la confianza en fuentes informales de apoyo social y
estimular la expresión de apoyo social en la vida cotidiana.
Desde la perspectiva psicosocial de la intervención, se enfatiza el criterio de
que un sistema comunitario capaz de proporcionar apoyo es aquel que facilita a
sus miembros los recursos necesarios, y el acceso a los mismos, para la
satisfacción de sus necesidades, demandas y problemas, y por lo tanto
proporciona bienestar.
En este contexto Gottlieb (1985, citado por Martínez y García, 1993) destaca,
las siguientes razones explicativas:
1. La eficiencia de las intervenciones basadas en redes sociales naturales
2. Su validez ecológica
3. La mayor accesibilidad, validez y aceptación cultural frente a los servicios
estrictamente profesionales
4. El promover y facilitar la solidaridad, el desarrollo comunitario y la
participación social
5. La evidencia de que el desarraigo de los contextos sociales naturales son la
causa o el precipitador de desórdenes muy importantes.
En un primer nivel de intervención, se busca el dar respuesta a las necesidades
más frecuentes que suelen presentarse:
a. de cuidado, afecto, relación, actividad
b. de convivencia armónica normalizada
c. de relación con los medios de socialización primarios y secundarios: hogares,
amigos, etc
d. de atención de dificultades o desajustes
e. de alojamiento y cuidado en caso de inexistencia o deterioro de las
relaciones convivenciales
La intervención en el segundo y tercer nivel va dirigida a individuos, familias
y grupos que se encuentran necesitando apoyos para la convivencia familiar y
social, por lo que no sólo se debe incidir en éstos, sino, por generalización,
en toda la comunidad.
Entre los objetivos más importantes a conseguir en estos niveles serían:
a. facilitar el acceso, permanencia y utilización de recursos normalizados de la
comunidad
b. intervenir con los individuos, familias y grupos, al objeto de habilitar las
competencias necesarias para la convivencia y la inserción
c. procurar el apoyo social necesario
d. promover intervenciones socioeducativas
e. realizar intervenciones tendentes al conocimiento, mantenimiento y
fortalecimiento de las redes de apoyo social
f. procurar alojamientos alternativos en las circunstancias adecuadas y cuando
esto no es posible proponer otras alternativas.
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Martínez,M y García, M(1993). Integración social y ancianidad. Aportaciones
desde el apoyo social. En Martínez, M (Ed). Psicología comunitaria. Sevilla:
Eudema.
Vicuña,L (1999). Disposiciones psicológicas ante los diferentes tipos de afronte
a estados de emergencia de origen natural y social. Revista de Investigación en
Psicología. Vol 2, (2), 79-98.
AUTORES
Dr Héctor Lamas Rojas
Dr Héctor Lamas Lara
Dr Victor Lamas Lara
Sociedad Peruana de Resiliencia