ÍNDICE
Resumen
Introducción
Desarrollo
La tradición oral: ¿mito o realidad?
Competencia intercultural: aproximación a lo auténtico
Conclusiones
Bibliografía
RESUMEN
El presente trabajo se propone demostrar que la tradición oral es un método
viable para resolver cuestiones tanto teóricas como prácticas en aras de
entender la vida histórico-concreta, socio-cultural e institucional de una
comunidad dada.
Asimismo, se expone la importancia del fenómeno de la oralidad como la manera
más eficaz para poder interpretar los niveles de pertenencia que le profesan los
hombres a su entorno, y una vía para aproximarse a la identidad de los mismos.
ABSTRACT
The present work intends to demonstrate that the oral tradition is a viable
method to solve questions so much theoretical as practical for the sake of
understanding the historical-concrete, socio-cultural and institutional life of
a given community.
Also, it is exposed the importance of the phenomenon of the orality like the
most effective way to be able to interpret the levels of ownership that the men
profess to their environment, and a way to approach to the identity of the same
ones.
INTRODUCCIÓN
La expresión oral ha sido el medio de interrelación por excelencia entre los
hombres de una determinada comunidad lingüística. Es por ello que el lenguaje
humano, complejo sistema de comunicación y representación del mundo, se
materializa mediante dos medios fundamentales: el oral y el escrito, los que dan
lugar a dos medios de realización: la oralidad y la escritura.
Sin embargo, a pesar de ser la palabra escrita una de las maneras de transmisión
de valores culturales, la oralidad ha funcionado per saecula saeculorum como el
máximo exponente de la conservación de la memoria histórica de los pueblos y la
literatura oral; donde los individuos convergen con sus aspiraciones, formas de
reracionamiento, determinados usos de las estructuras del lenguaje en el arco de
un estrato social dado y las diversas maneras de hilare sus discursos para el
establecimiento de las interacciones sociales y sus complejidades. De ahí que
las tendencias investigativas más actuales reconozcan la gran cientificidad que
porta la tradición oral en su afán de resolver problemas teórico-prácticos de
cualquier Índole.
En este trabajo se pretende demostrar la valía de la oralidad no sólo como medio
esencial de comunicación entre los hombres, sino también como punto de partida
para caracterizar las más diversas culturas y sociedades humanas desde sus
propias historias, además de sus particularidades socio-culturales,
institucionales e identitarias.
DESARROLLO
* La tradición oral: ¿mito o realidad?
Uno de los conceptos que hoy en día es más reconocido por su influencia en los
procesos de formación de la identidad cultural es la oralidad. El valor de las
fuentes orales es notable en el rescate de la historia de cada uno de los
pueblos, pues las tradiciones orales han sido y son el reservorio donde éstos
guardan los valores primarios de la conformación de sus sociedades.
La oralidad –tanto como la escritura- es resultado de la materialización del
lenguaje humano, complejo sistema de comunicación y de representación del mundo.
De esta forma la palabra –elemento sígnico mediante el cual se representa dicho
lenguaje- constituye el vehículo primigenio en que se ha transmitido la historia
de la humanidad y la memoria del hombre, el primer archivo donde ésta quedó
recogida (1).
En forma de concepto quedaría de la siguiente manera: La oralidad es la
transmisión de usos, costumbres, genealogías, historias de grupo, etc., de una
generación a otra en una comunidad humana (2).
Aunque sus estudios se remontan a la antigüedad clásica (3) y desde los inicios
mismos de la vida social se ha insertado en todos los ámbitos en que el hombre
converge (4), la modalidad oral no había sido tenida en cuenta como un verdadero
proceso social capaz de ofrecer resultados verídicos sobre la vida de los
hombres y de sus sociedades. Sólo hasta hace algunos años es que pasa a la
historia como una forma compleja y sistemática, con un objeto de estudio que
reúne todas las condiciones para ser manipulado, descrito y analizado. En ello
han ocupado un lugar preponderante los avances tecnológicos –por ejemplo, el
magnetófono-, mediante los cuales se ha podido mantener y conservar con
autenticidad los textos orales.
Según consensos luego de variadas reflexiones, la oralidad transmite los valores
identitarios que la conforman al ser la forma de caracterizar una sociedad en la
que en el lenguaje oral, la palabra es el único o el más importante depositario
de la historia y la cultura rigiendo asimismo sus instituciones y determinando
su dinámica interna (5).
En los procesos de transmisión oral, desempeñan importantes papeles tanto la
memoria como el recuerdo. Este último es el hecho concreto, mientras que la
memoria es vista:
(…)como un conjunto de saberes y prácticas fortuitas, circunstanciales,
producto de procesos que remiten constantes cambios de escenarios, campos de
sentidos determinados.
La memoria, en este sentido, constituye una forma de redefinición continua de
todos aquellos valores, creencias y prácticas cotidianas que preservan las
culturas y las comunidades (…) de la degradación a la que se verían condenadas
si la memoria se limitara únicamente a repetir tradiciones o preservar rituales
del olvido (6).
Por tanto, el actuante social guarda en su memoria hechos y valores que son
transmitidos en forma de testimonios, marcando la difusión de éstos en los
diferentes estratos sociales de la sociedad.
La importancia de la oralidad es tal que refuerza no sólo su sentido de
pertenencia sino también el lugar que cada quien ocupa dentro de la colectividad
y nos permite apreciar los rasgos de diferenciación-identificación dentro del
proceso de fijación-creación de la identidad cultural de un grupo dado.
La trayectoria de la ciencia histórica apunta la relevancia hasta nuestros días
de las fuentes orales (principalmente hasta la primera mitad del siglo XIX, pues
luego fue más fundamental la escrita). Tanto la expresión como las tradiciones
orales de individuos y grupos sociales son recogidas por la historia oral,
construidos sobre la base de procedimientos como la información bibliográfica y
documental y la entrevista. En este sentido, es la historia oral la mejor vía
para rescatar y salvaguardar las tradiciones orales. Además de estar aliada
directamente a la cultura y, específicamente, a la identidad cultural en etapas
histórico-concretas. Su mayor relevancia radica en que permite una concepción
más amplia del pasado inmediato y de su elaboración sociocultural como historia
y así su práctica revierte sobre la comprensión de la historia oral en general
(7).
Un punto esencial es que la historia oral no ha de verse como una especie de `populismo´,
donde el hombre puede hacerse eco a pesar de no ser protagonista, sino que hay
que verla, por su carácter meramente científico, como una tendencia
hiperbolizadora, como una síntesis de toda la memoria integral de un segmento
histórico-social. La historia oral es un campo de métodos específicos para un
tiempo determinado y donde convergen varias disciplinas. Brinda la posibilidad
de ampliar la tradición y la percepción histórica, y la transmisión textual es
mucho más amplia debido a que las informaciones aportadas por las fuentes
propician una nueva percepción de lo ya percibido y valorarla de forma más
realista.
Dentro de los estudios de la historia oral se encuentran las historias de vida,
como modalidad que se centra en las experiencias personales de un informante,
con un enfoque biográfico (el método biográfico sirve para registrar las
prácticas culturales que morirán con sus últimos portadores), por lo que alcanza
el carácter de una historia oral. Mediante ella se puede llegar a entender
problemáticas relacionadas con la cultura y el arte, y dentro de sus principales
objetivos se encuentra la conformación, de forma organizada, del punto de vista
de uno o varios individuos acerca de un fenómeno social determinado.
A este respecto Luis Álvarez apunta que la historia de vida es la sociología del
rostro humano, en la que los hechos sociales son expresados como producto de una
experiencia (o varias) y se muestran –aunque cargadas de subjetividad- de la
forma más virginal y pura posible, sin necesidad de recurrir a los procesos de
cosificación y depuración de su contenido. Por otro lado, permite que hablen
quienes, normalmente, no suelen expresarse –al menos en forma protagónica- para
la historia ni tampoco para la evaluación social. Por último, posibilita oponer
resultados de investigación a la crisis de significado y de visión social, así
como aportar informaciones o interpretaciones de ellas que de una forma u otra
pueden constituir modos de conocimientos y preservación de la identidad cultural
(8).
Cristina Santamarina y José Miguel Marinos la definen de la forma que sigue:
Las historias de vida están formadas por relatos que se producen con una
intención; elaborar y transmitir una memoria, personal o colectiva, que hace
referencia a las formas de vida de una comunidad en un período histórico
concreto(9).
Asimismo, J. J. Pujadas expone una tipología de los materiales que pueden ser
utilizados en la conformación de una historia de vida (10).
Por tanto, conformes a estos aspectos, podemos deducir que la historia oral no
es un movimiento novedoso pero sí avanzado dentro del campo de las
investigaciones de las sociedades y su desarrollo a partir de su propia
historia. El método biográfico es tan verídico como eficaz y puede aclarar
fenómenos y problemas histórico-sociales que la propia historia no está en
condiciones de aclarar, así como que es una vía de brindar y resaltar la
eficacia de las experiencias de los individuos que conforman dichas sociedades,
tanto como la veracidad que poseen.
Son sumamente aportativas para los procesos identitarios y ayudan
fehacientemente a conformar el historial de comunidades enteras o a reafirmarlas
o reconstruirlas sobre la base de los conocimientos ya existentes. Consideramos
que es un método verdaderamente útil para nuestros empeños de estudiar la
identidad cultural y la historia de una manifestación artística, institucional y
cultural-social.
* Competencia intercultural: aproximación a lo auténtico.
La oralidad no ha sido sólo, además de las avanzadas tecnologías comunicativas,
un principal medio de comunicación humana, sino que igualmente ha funcionado
como caracterizadora esencial de las diversas culturas que han formado parte de
la historia de la humanidad, cultivando y propagando el desarrollo de las
sociedades a través de los siglos.
En este sentido, el discurso oral se ha arrojado a la inmediatez de la
espontaneidad cultural imperante en cada sociedad mediante el uso del lenguaje,
visto éste además de voz primera y principal instrumento de comunicación que
sirve para la interacción de los integrantes de una comunidad social, como el
proceso más convincente a través del cual se aprehende y trasmite la cultura
generada por una sociedad(11).
La comunicación oral abarca desde los sujetos que intervienen en ella hasta los
niveles de percepción simultánea que permiten su interacción en todos los
sentidos. El discurso es, por su parte, el proceso expresivo donde convergen
registros semánticos heterogéneos: estaríamos hablando de la comunicación verbal
(sustentada sobre el código lingüístico) y la no verbal (sustentada sobre otros
códigos, como el olfativo, visual, gestual, proxémico y táctil)(12).
Ambos registros revisten de vital importancia el proceso de la comunicación pues
éste no se queda en la unilateral transmisión de determinados conocimientos a un
interlocutor: su alcance incluye tanto los actos de comunicación como los
diversos tipos de interrelaciones humanas. Es por ello que se ha considerado
que:
la comunicación verbal es un proceso de negociación en el que los
participantes están permanentemente definiendo y redefiniendo la situación
comunicativa, marcan cuáles son los límites del comportamiento adecuado, se
otorgan diferentes roles o papeles sociales y definen, por lo tanto, la
estructura de interacción y las expresiones adecuadas para ese momento (13).
Se reafirma, pues, que la comunicación oral está estructurada por pautas
culturales específicas y por manifestaciones particulares de producción y
transmisión, convergiendo imprescindiblemente factores que producen el ciclo
completo de la comunicación a través de la interrelación de elementos
culturales, psicológicos y sociales (14). Estos últimos son los que marcan las
pautas para la caracterización de una comunidad dada puesto que su imbricación
con la vida de los individuos delimitan determinados rasgos distintivos tanto de
su personalidad como de su proyección a cualquier escala. Para ello son vitales
los posibles alcances de cada individuo o grupo social partiendo de su calidad
de sustrato o superestrato, según sea el caso.
En nuestra opinión, nunca una comunidad ha de ser netamente pura pues su
construcción se hará sobre la base del recibimiento de influencias y la
transmisión de otras, dadas por la tradición oral. En este complejo devenir
repercute a profundidad el término competencia, que se define, de modo más
general, como la configuración psicológica que integra diversos componentes
cognitivos, motivacionales y cualidades, en estrecha unidad funcional, que
autorregulan el desempeño real y eficiente en una esfera específica de la
actividad, atendiendo al modelo de desempeño deseable socialmente en un contexto
histórico-concreto (15).
La génesis de este concepto proviene de los juegos olímpicos griegos (agón). Su
evolución tras años de empleo la hizo alcanzar altas connotaciones y ser
estudiada por muchos investigadores; tanto es así que se hizo extensiva a puntos
cardinales del homo sapiens, abarcando desde sus componentes personológicos
hasta los cognitivos-comunicativos. En todo este conglomerado de aperturas
significativas la mayor carga recae sobre el aspecto sociocultural, más si nos
adentramos en la competencia de la comunicación como una especificidad dentro de
esta problemática.
Según palabras de uno de los estudiosos del tema en cuestión, L Miguel (16), el
conocimiento de la cultura meta es imprescindible, por lo que la competencia
sociocultural omnipresente en los intercambios comunicativos ha cobrado gran
auge en lo últimos tiempos. Para entender dicha fenomenología, tanto él como
Neus Sans esbozaron un modelo de cultura con tres aspectos interrelacionados:
- La cultura académica: abarca una heterogeneidad de elementos como el entorno
geográfico, paisajístico, la historia, las manifestaciones y productos
culturales.
- La cultura comunicativa: permite identificar social o culturalmente al
interlocutor y adoptar el modelo comunicativo más adecuado según el contexto
sociocultural, denominado cultura con K.
- La cultura que se refiere al conocimiento sociocultural que comparten los
hablantes nativos de una comunidad: las creencias, los valores, las tradiciones,
los hábitos, las costumbres, los patrones de comportamiento, las convenciones
sociales, llamada cultura a secas (17).
Esta última consideración –reflexiones de la propia María Victoria Socorro-
constituye el aspecto clave para el reconocimiento en el uso de la lengua de las
reglas sociales y las normas de interacción compartidas en una comunidad de
intérpretes, aunque reconoce que ésta se limita a la descripción de las
estructuras lingüísticas en sus usos sociales, en tanto, el conocimiento del
registro o estilos de habla no permiten acercarse al modelo comunicativo
correspondiente a la realidad lingüística de la cultura meta y los restantes
conocimientos relativos a la identidad cultural como las tradiciones, las
creencias de la comunidad, quedan relegados pues se presentan de forma
indirecta, en función del uso interactivo de la lengua y no como componentes
cognitivos propiamente dichos (18).
Esto trae consigo que se preste más atención a la competencia intercultural
basada en los referentes culturales que dan cabida a la estructuración del saber
explícito e implícito de la cultura meta y las necesidades de
interacción-aprehensión-transmisión de la cultura nativa (superestrato). Ello
conlleva a que los individuos adquieran un conocimiento intercultural entendido
como la esfera de un determinado conocimiento y práctica culturalmente
distintos, compartidos en la interacción social del proceso común (19). Se
estaría promoviendo, así, la dinamicidad del comportamiento de los individuos
debido a sus relaciones interactivas con otras culturas, las que le aportan
suficiente conocimiento sobre las identidades culturales que los influyen, así
como les reafirma la que ya ellos han construido, partiendo de sus propios
caracteres y relaciones. Todo esto se logra por la presencia –fortuita- del
proceso que denominara el connotado investigador cubano Fernando Ortiz,
transculturación.
El hecho de escogerse este vocablo lo atribuye Ortiz a la siguiente razón:
(…) para expresar los variadísimos fenómenos que se originan en Cuba por las
complejísimas transmutaciones de culturas que aquí se verifican, sin conocer las
cuales es imposible entender la evolución del pueblo cubano, así en lo económico
como en lo institucional, jurídico, étnico, religioso, artístico, lingüístico,
psicológico, sexual y en los demás aspectos de su vida (20).
La transculturación es el medio por el cual logramos entender la fusión de
culturas que se produjo en Cuba y el producto que ésta engendró, no simplemente
como una sumatoria, sino como un proceso dotado de un dinámico intercambio
subjetivo que surgió en y a través del devenir histórico y social. Con él no se
negaron las culturas progenitoras; todo lo contrario: fue la muestra más
fehaciente de lo nuevo y peculiar que le dio la vida.
Es por ello que Bronislav Malinowski asevera que toda transculturación, es un
proceso en el cual siempre se da algo a cambio de lo que se recibe (…) Un
proceso en el cual emerge una nueva realidad, compuesta y compleja; una realidad
que no es una aglomeración mecánica de caracteres, ni siquiera un mosaico, sino
un fenómeno nuevo, original e independiente (21).
En esta mezcolanza de culturas cada grupo étnico llegado a Cuba le legó a sus
descendientes sus creencias, su cosmovisión, sus estilos y modos de vida,
determinados por las condiciones históricas y sociales en que se habían creado.
Se produjo, pues, lo que pudiera llamarse un proceso `transubjetivo´, dada la
conjugación de elementos nativos y foráneos en su entorno diferente para cada
grupo humano. Bajo tales circunstancias surgió un pueblo nuevo con distinta
cultura, pero reflejo de la marcada influencia de costumbres, necesidades y
aspiraciones, en fin, de caracteres de aquellos que muy bien pueden ser
denominados “colonizadores”.
Es de esta forma que nace el cubano, producto de los modos de ser y hacer de
culturas y civilizaciones totalmente diferentes, o sea, de los que fueron
nuestros progenitores: España y África. Dichos antecedentes le han dado origen a
nuestro universo de significaciones compartidas, las que se han venido
transmitiendo de generación en generación.
Por tanto, es necesario considerar la inclusión, dentro de los contenidos
culturales, de las manifestaciones de identidad cultural y lingüística tanto a
nivel de nación como local, como forma de permitir con más efectividad la
comunicación y la comparación intercultural en pos de un mejor desarrollo de la
capacidad de los individuos para interpretar las diferencias culturales; de
manera que los aspectos culturales sean entendidos desde una visión más completa
y globalizadora, donde se valore el eficiente y fundamental papel que desempeña
el contexto sociocultural dado. Así, se logrará una mejor identificación con la
realidad cotidiana de la comunidad, integrándose los conocimientos de la cultura
explícitos (los usos, las costumbres, los productos culturales) y los
conocimientos de cultura implícitos (los valores, los comportamientos y las
creencias).
De esta forma, podremos considerar que los individuos pertenecientes a una
comunidad dada adquieren determinados conocimientos socioculturales que
proyectan a raíz de su advenimiento como hablantes nativos de su lugar de
procedencia, influidos por el contexto en el que se desenvuelven; con un
discurso peculiar cargado de elementos tanto propios como de otros de los que se
han apropiado tras el constante devenir de otras culturas. Esto les proporciona
concretas formas de manifestarse y, sobre todo, identificarse con aquellos
aspectos que ya forman parte de su cultura; así como diferenciarse de otros,
todo gracias a la competencia intercultural. Su mayor objetivo es la aprehensión
y construcción de los conocimientos socioculturales que le rodean y complejizan,
buscando siempre la evolución de su comunidad y de sí mismos sobre un soporte
cultural identitario que le es inherente. Es, en suma, la trascendencia en todos
los órdenes de la vida, pero entendidos principalmente en los procesos
comunicativos que propician tal reafirmación ante los contemporáneos y las
generaciones futuras que pronto reconocerán su relevancia.
CONCLUSIONES
Después de haber estudiado la modalidad oral con todas sus peculiaridades, hemos
llegado a la conclusión que ésta posee un carácter inmediato, permitiendo
establecer una relación directa entre los interlocutores, en un mismo marco o
situación común, gracias a lo cual adquieren un determinado conocimiento
cultural, y mediante ella es posible evaluar qué condiciones los rigen en el
acto de adoptar, para el logro de la comunicación, manifestaciones discursivas
específicas, puntos de apoyo para su explicación, interpretación y comprensión
del mundo que los rodea. O sea, determinar los rasgos distintivos de esas formas
de comportamiento que los hace atribuidores de una identidad cultural tanto
individual como grupal.
Queda claro que la tradición oral constituye una vía eficaz para llegar a
entender a los hombres y las comunidades donde se desarrollan, llegando así a
las particularidades histórico-concretas, socio-culturales e institucionales de
las mismas y determinando rasgos que la hacen diferenciarse de otros hombres y
de otras culturas.
REFERENCIAS
1. Marta Cordiés Jakobson (1). Memoria e identidad cultural. (Material
mimeografiado). Santiago de Cuba, Casa del África, 2000, p. 1.
2. Marta Cordiés Jakobson (2). “Oralidad y contexto”, en Actas. IX Simposio de
Comunicación Social. Santiago de Cuba, Centro de Lingüística Aplicada, 2005, p.
507.
3. En este sentido los sofistas fueron los primeros en incluir en sus planes de
estudio el arte del bien decir, de dar al lenguaje eficacia para conmover,
persuadir y deleitar, oradores como Lisias, Isócrates, Demóstenes y el gran
maestro de la retórica latina y universal Cicerón, han quedado en las páginas de
la historia como uno de los mejores exponentes del arte de hablar con
elocuencia.
4. Nos referimos a ámbitos de la vida pública, institucional y religiosa: la
política, la jurisprudencia, los oficios religiosos y la enseñanza formal, entre
otros. Vid. H. Casalmiglia y A. Tusón. Las cosas del decir. Manual del análisis
del discurso. Editorial Anual Lingüística, S. A., España, 1999, p. 29.
5. Luis Beltrán apud Marta Cordiés Jakobson (1). op. cit., p. 5.
6. Víctor Hugo Quintanilla apud Marta Cordiés Jakobson (1). Ibidem.
7. Apud Luis Álvarez Álvarez et al. Circunvalar el arte. Santiago de Cuba,
Editorial Oriente, 2003, p. 161.
8. Luis Álvarez Álvarez. op. cit., pp. 161-162.
9. Ídem., p. 162.
10 J. J. Pujadas Apud Luis Álvarez Álvarez. op. cit., p. 163.
11. Marina Parra: “La lingüística textual y su aplicación a la enseñanza del
español en el nivel universitario”, en Forma y Función, no. 5, febrero de 1991,
p. 47.
12. Zailen Clavería y Yadine Yara: ¨Oralidad y comunicación¨, en El Caserón, no.
2, Época II, enero-febrero, 2002, pp. 39-40.
13 Ibidem. p. 40.
14 Ibidem., p. 40.
15 Ana María Fernández apud Angelina Roméu: La lingüística del habla. (Material
facilitado). Ciudad de La Habana, [s.e.], 2000, p. 13.
16. Miguel L. apud María Victoria Socorro: El conocimiento sociocultural en los
cursos de E/LE, Santiago de Cuba, Universidad de Oriente, [s.f.], p. 1.
17. Ibidem., p.1.
18. Ibidem., p. 1.
19. Ibíd., p. 2.
20. Fernando Ortiz: Contrapunteo cubano del tabaco y del azúcar. Ciudad de La
Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1991, p. 86.
21. Bronislav Malinowski apud Fernando Ortiz: op. cit., p. XXXIII.
BIBLIOGRAFÍA
- Álvarez Álvarez, Luis et al. : Circunvalar el arte. Santiago de Cuba,
Editorial Oriente, 2003.
- Casalmiglia Blancafort, Helena y Tusón Valls, Amparo. Las cosas del decir.
Manual del análisis del discurso. Editorial Anual Lingüística, S. A., España,
1999.
- Clavería, Zailen y Yara, Yadine: “Oralidad y comunicación”, en El Caserón, no.
2, Época II, enero-febrero, 2002.
- Cordiés Jakobson, Marta (1): Memoria e identidad cultural. (Material
mimeografiado). Santiago de Cuba, Casa del África, 2000.
- Cordiés Jakobson, Marta (2): ¨Oralidad y contexto¨, en Actas. IX Simposio de
Comunicación Social. Santiago de Cuba, Centro de Lingüística Aplicada, 2005, p.
507.
- Ortiz, Fernando: Contrapunteo cubano del tabaco y del azúcar. Ciudad de La
Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1991.
- Parra, Marina. “La lingüística textual y su aplicación a la enseñanza del
español en el nivel universitario”, en Forma y Función, no. 5, febrero de 1991.
- Romeu, Angelina. La lingüística del habla. (Material facilitado), Ciudad de La
Habana, [s.e.], 2000.
- Socorro, María Victoria. El conocimiento sociocultural en los cursos de E/LE,
Santiago de Cuba, Universidad de Oriente, [s.f.].
AUTOR
Lic. Yurisnel Ramón Castellanos Espinosa
Licenciado en Letras y Periodista
Antonio Guiteras no. 21-B, Buey Arriba, Granma.
Profesor Instructor Universidad de Granma (Sede Universitaria Buey Arriba)
Sede Universitaria Municipal de la Universidad de Granma, Buey Arriba/ Centro de
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