RESUMEN
Desde finales del siglo pasado, la humanidad se enfrenta con un fenómeno de
envejecimiento poblacional. La vejez es una etapa importante, final en la vida
del ser humano. Como preocupación esencial reclama la atención de la Sociedad.
El objetivo del presente trabajo es presentar una revisión bibliográfica sobre
el abordaje de la psicología de la vejez, tema que ha permanecido rezagado
debido al conjunto de mitos, estereotipos y prejuicios que lo rodean.
Sensibilizar a los profesionales con los cambios que ocurren en esta etapa de la
vida, es un gran reto, para elevar la calidad de vida de estas personas, que
cada vez se constituyen en un grupo mayoritario de nuestra Sociedad.
Palabras claves: vejez, psicología del desarrollo de la vejez, calidad de
vida.
INTRODUCCIÓN
Las proyecciones demográficas, según datos de las Naciones Unidas, indicaron
para el año 2000 alrededor de seiscientos millones de ancianos, cifra que se
duplicaría en el 2025.Los estimados de población para América Latina y el Caribe
en 1980 van desde más de 300 millones de habitantes, de ellos más de 23 millones
de ancianos (6,4%) hasta más de 800 millones de habitantes con más de 93
millones de ancianos (10,6%) en el año 2025.(1)
Desde el prisma de la Psicología del desarrollo, en la literatura se encuentran
escasas referencias al estudio de la vejez, al compararlas con las diferentes
etapas de la vida, de modo que no existe nada semejante a las teorías
psicológicas del desarrollo infantil o de la adolescencia.
Las teorías y esquemas que han utilizado son rudimentarios y lo que poseen son
más bien resultados de investigaciones. Muchos de los aportes de la
psicogerontología se caracterizan por el énfasis de lo patológico sobre lo
normal, aunque los sujetos patológicos constituyen sólo un pequeña parte de la
población afectada (2)
DESARROLLO
Al analizar el abordaje histórico de los estudios en el campo de la psicología
de la vejez podemos enmarcar diferentes etapas históricas que comienzan desde el
siglo XVIII hasta nuestros días.
En el siglo XVIII la obra de Nicolás Tetens ( 1777) citada por L. Galvanoski,
(3) es el primer trabajo serio en el campo del desarrollo adulto y
envejecimiento, pone de relieve la importancia de encontrar leyes generales de
desarrollo que no se encuentran en otros períodos de edad. Es considerado
precursor por dos razones:
· Presenta una revisión comprensiva de las distintas formulaciones sobre el
desarrollo a través de la vida.
· Enfatiza la necesidad de atender el desarrollo y los cambios de conducta del
ser humano en la vejez.
F. A. Carus ( 1808) fue el primero en ofrecer una descripción psicológica del
desarrollo humano a lo largo de la vida, distinguió cuatro períodos generales:
infancia, juventud, edad adulta y vejez. Además señaló que la edad cronológica
no es un determinante psicológico del desarrollo.
A finales del siglo XVIII y principios del XIX el clima político, social y la
evolución general de pensamiento crearon las bases del interés en el estudio de
los grupos sociales definidos en intervalos de edad, surgiendo así los primeros
estudios científicos sobre el desarrollo del niño, el adolescente y el adulto.
A partir del de 1920 comienzan a ser más frecuentes los trabajos sobre el
desarrollo adulto y el envejecimiento. Stanley Half es reconocido como uno de
los pioneros en la psicología de la vejez en E.U.A. En 1922 publicó su libro
Senectute: “ The Last Half of Life, en el que apunta la dependencia de las
particularidades psicológicas de la edad o las causas biológicas.
Crowdry, en 1939, publica su libro “Problems of aging” haciendo importantes
contribuciones acerca del envejecimiento y abarca los aspectos culturales,
psicológicos y específicos para la psicología de la vejez, que hasta el momento
no habían sido abordados de manera integral y con una visión amplia.
El interés científico sobre el tema permanece adormecido hasta finales de la
década del 50 y principios de la década del 60, etapa donde surge y se
desarrolla la Psicología evolutiva del ciclo vital. Este enfoque sostiene que
durante la adultez y la vejez ocurren importantes hechos evolutivos, por lo que
el estudio del desarrollo tiene que salir de los primeros años de vida y
extenderse a todo el ciclo vital.
La Psicología evolutiva del ciclo vital se fundamenta en los siguientes
principios (4)
1.El desarrollo se concibe como un proceso que tiene lugar durante toda la vida,
desde el nacimiento hasta la muerte.
2.El desarrollo es tanto expresión de principios ontogenéticos individuales como
de los principios del cambio histórico o evolucionista.
3.La importancia de los efectos generacionales en la naturaleza del desarrollo a
lo largo del ciclo vital completo . El desarrollo tiene lugar e interactúa con
una macroecología cambiante.
4. Los antecedentes del enfoque del ciclo vital surgen desde finales del siglo
XVIII y no tienen eco en el mundo científico precisamente hasta la década del
60, etapa que enmarca el comienzo de una psicología evolutiva contemporánea.
Erick Ericsson (1902-1994) es considerado el autor más relevante, de tradición
psicoanalítica que supone una reconceptualización de la dinámica evolutiva del
ser humano. En su teoría del desarrollo psicosocial identificó todas la etapas
en función de las crisis del yo que describe para cada una de ellas, denominó la
fase final con el término de vejez y señaló como crisis característica de esta
etapa la relación entre la integridad del yo versus la desesperanza.
En una de sus últimas obras “Vital involvement in Old Age”, define la vejez como
la edad en que se adquieren comportamientos de dependencia, ligada a una
fragilización del estado de salud, reconoce que los comportamientos de
adaptación suponen el reconocimiento y la aceptación de una relación de
interdependencia-dependencia del organismo que impone limitaciones motrices,
sensoriales o mentales- hacia un entorno social donde la calidad de vida actual
depende completamente de esta relación. Ericsson insiste sobre el reflejo de
supervivencia indispensable durante esta edad y sobre la flexibilidad del
funcionamiento psíquico necesaria, permanente o indispensable para resolver
cualquier situación.(5)
Describe la vejez como la fase que prepara al hombre para la etapa final, la
muerte y la experiencia de soledad. Muchas han sido las investigaciones que han
asociado la vejez con la experiencia de soledad como una característica de la
edad, sin embargo estudios recientes sobre el tema realizados por T. Oroza
(2001) confirman que la soledad no es un patrimonio de la vejez, que puede
aparecer en otras etapas del ciclo vital de la familia o como resultado de
diferentes eventos vitales como crisis circunstanciales de la vida. (6)
Desde el enfoque del ciclo vital, en la literatura comienzan a aparecer
numerosas investigaciones sobre la vejez a partir de la década del 60, las
cuales son portadoras de criterios involutivos, en tanto, no la analizan como
una etapa de desarrollo. Entre ellas, tenemos aquellas centradas en estudiar los
rasgos o características propias de la vejez, diluyendo en los rasgos comunes la
individualidad innegable de la personalidad anciana. En la investigación
realizada en los Estados Unidos por Neugarten y Weinstein, encontraron cinco
estilos principales asociados con el papel de abuelos (7)
1. El formal: los abuelos dejan toda la crianza del niño a los padres y limitan
su interés por aquel a ocasionales cuidados y al ofrecimiento de agasajos
especiales.
2. El buscador de bromas: llega a ser un compañero de juego para el nieto en una
relación mutua que ambos disfrutan.
3. El progenitor sustituto: que asume la responsabilidad de cuidador real,
usualmente debido a que ambos progenitores trabajan fuera del hogar y tienen que
dejar los niños a su cuidado.
4. El receptáculo de sabiduría de la familia: asume un papel autoritario, donde
dispensa habilidades o recursos especiales.
5. El distante: tiene contacto ocasional con los nietos en celebraciones o
cumpleaños, pero básicamente alguien remoto respecto a sus vidas.
S.Reichars y P.G.Paterson estudiaron el problema de la adaptación a la vejez y
encontraron cinco tipos de perfiles, por sus características:
· Ancianos constructivos: se encuentran bien integrados en el ángulo personal,
familiar y social. No presentan indicios de neurosis o de cualquier otra forma
de ansiedad. Disfrutaron de una infancia feliz y en la edad adulta sufrieron
pocas tensiones, todavía son sexualmente activos o al menos aprecian la compañía
del sexo opuesto. Fueron felices en el matrimonio aunque no siempre en el
primero.
· Ancianos dependientes: son menos autosuficientes y sufren de mayor pasividad y
dependencia, lo que tiene mucha relación con el hecho de tener una esposa o
esposo como cabeza del matrimonio, situación que en cierta medida es
continuación de la experiencia que vivieron con una madre o un padre.
Experimentan confianza en los otros, en sus relaciones, con una mezcla de
tolerancia pasiva y desconfianza a nuevos contactos, son relativamente muy
interesados, no presentan síntomas de ansiedad.
· Ancianos defensivos: estamos ante los ancianos sin control emocional, con
comportamientos estereotipados y absolutamente convencionales. Paralelamente a
la vida profesional, participaron activamente en la de instituciones sociales.
Son muy prejuiciados con los grupos minoritarios. En su mayoría son pesimistas
en las imágenes que proyectan sobre la vejez.
· Ancianos hostiles: reflejan pocas condiciones en lo que respecta a
realizaciones futuras, en su mayoría tuvieron una vida profesional inestable y
se atormentan con sentimientos de fracaso. Acostumbran culpar al mundo, y sobre
todo a otras personas, por las dificultades personales. Son flexibles en sus
valores y no permiten que se les aconseje en su manera de pensar o hacer.
Alimentan muchos prejuicios, se aprehenden al trabajo con desesperación como si
con eso pudieran combatir la propia vejez.
· Ancianos pesimistas: este grupo lo constituyen los individuos que dirigen toda
hostilidad hacia sí mismos, con comportamientos conflictivos, vivieron un pasado
desagradable, por lo que jamás expresan el deseo de volver atrás. Presentan una
tendencia a exagerar sus faltas de capacidad física y psicológica, se colocan
como víctimas de las circunstancias y no creen en la capacidad humana de influir
n el curso natural de la vida, no prejuzgan ni tienen sentimientos de envidia u
hostilidad hacia los jóvenes. Sienten que ya vivieron su época y ahora les queda
por delante solo la vejez.
Estos autores sostienen que en dependencia de la actividad, participación social
y relaciones humanas, las personalidades bien adaptadas son:
· Maduras: la mejor adaptada. Constructivas en sus relaciones con otros, se
acepta satisfactoriamente, así como su pasado y presente, buenas relaciones
interpersonales, escasos o nulos rasgos neuróticos.
· Caseros: más pasivos que los anteriores, consideran la vejez desprovista de
toda responsabilidad, sus relaciones con los demás se caracterizan por la
dependencia.
· Blindados: bien adaptados, pero rígidos, recurren constantemente a mecanismos
de defensa, prosiguen una vida activa, pero rígida, en este grupo se encuentra
la mayor probabilidad de mal adaptación.
Otras dos personalidades consideradas mal adaptadas son: los descontentos y los
autofóbicos, caracterizados por amargura, agresividad y depresión. Los
descontentos son extrapunitivos (castigan a los demás) y los autofóbicos son
intrapunitivos ( se castigan a sí mismos).
Otro de los estudios que refiere tipologías de personalidad en la vejez es el
ofrecido por el Kansas City Study of Adult Life, de cuatro tipos de
personalidad, citado por (8). Estos se correlacionan con diversos niveles de
actividad en once papeles sociales diferentes como ser progenitor, cónyuge,
abuelo, pariente, trabajador, responsable de casa, ciudadano, amigo, vecino,
miembro de club y de iglesia.
En esta tipología se presentan las personalidades integradas donde se encuentran
los reorganizadores, los concentrados y los desvinculados, las personalidades
acorazadas-defensivas, en las cuales se ubican los de pautas persistentes y
constreñidos, las personalidades pasivo-dependientes, donde se encuentran los
buscadores de socorro y los apáticos y las personalidades desintegradas.
Este estudio concluye que el nivel de actividad no es un indicador básico que
defina la tipología, sino su motivación y estructura personológica subyacente,
por lo que refieren satisfacción por vida personas activas o
pasivo-dependientes, donde se encuentran los buscadores de socorro y los
apáticos y las personalidades desintegradas.
Este estudio concluye que el nivel de actividad no es un indicador básico que
defina la tipología, sino su motivación y estructura personológica subyacente,
por lo que refieren satisfacción por la vida personas activas o pasivas, en
función de un estilo de vida precedente.
Es cierto que el desarrollo precedente es necesario, pero también hay que
considerar el carácter activo del individuo en sus constantes y múltiples
interrelaciones con el medio social en un contexto socio histórico y cultural,
aspectos que se excluyen en esta clasificación.
El denominador común de todas las investigaciones referidas anteriormente está
en la tendencia de caracterizar a las personas mayores de 60 años de forma
homogénea, haciendo énfasis en rasgos comunes y poco en los diferenciales.
Dejando el énfasis en la tipología de personalidad en la vejez, G. Quintero (9)
centra su atención en los aspectos que hay que considerar en el trabajo clínico
diario y que apuntan a una desintegración, más o menos rápida de la
personalidad, de modo que puedan ser observados y tratados precozmente. Los
cambios más frecuentes que considera con los siguientes:
1-cambios en el pensamiento, en la afectividad, o en la conducta diaria del
anciano.
2-insatisfacción por la vida
3-pérdida de autonomía
4-insatisfacción y desajustes sexuales
5-pérdida de papeles familiares y sociales
6-rechazo e inadaptación a la vejez .
7-inconformidad con su imagen corporal
8- procesos de aislamiento o disminución de las relaciones humanas.
A partir de la década del 90 comienzan a aparecer interesantes teorías y
estudios que parten de un enfoque de la vejez como etapa vital, como una etapa
más de la experiencia humana y que puede y debe ser considerada una fase
positiva del desarrollo individual y social.
Ricardo Moragas, sociólogo dedicado al estudio de la gerontología social, ha
tenido una influencia notoria en el estudio de la vejez. En su teoría considera
que el estudio de la vejez debe hacerse desde una concepción amplia e
integradora que supere los prejuicios sociales y actitudes negativas hacia la
misma, que la edad no es algo determinante de las posibilidades vitales de una
persona, sino que es una variable más de las que condicionan su situación. Al
respecto considera que se trata de no disminuir la importancia de la edad, sino
solamente encuadrarla en su auténtica dimensión, una condición personal más que
proporciona información sobre el sujeto y debe ser considerada objetivamente
como cualquier otra variable más sobre las que el sujeto no tiene influencia
alguna: sexo, raza, lugar de nacimiento, familia de origen,entre otras.(2)
En su concepción propone ante el mito, la realidad, en tres aspectos que
considera conflictivos en la ancianidad: la definición, las aptitudes y la etapa
vital.
Con relación a la definición ante el mito de que la ancianidad no comienza a una
edad cronológica uniforme, sino variable e individualizada. Considerar vieja a
toda persona de más de 65 años, tiene una explicación arbitraria y poco
racional, definida por las fronteras de la jubilación, pues hoy se reconoce que
los topes cronológicos de derecho a trabajar infringen los derechos especiales
de la persona y que a los 65 años las personas se pueden desempeñar
perfectamente en un trabajo, para lo que se deben tener en cuenta otras
características personales(estado físico, enfermedades, historia personal y
profesional, equilibrio familiar y social)
Ante el mito de que las personas en la vejez se hallan muy limitados en sus
aptitudes antepone las muchas posibilidades sociales y psicológicas que tienen.
El envejecimiento no es una enfermedad ni tiene que ser limitante, pues la vejez
es una etapa de la vida que puede ser tan sana como otras, si los órganos y
tejidos están afectados con el paso del tiempo, se puede diseñar un papel social
con menores tensiones que permita vivir de acuerdo con las menores posibilidades
vitales y dejar las tareas físicas más exigentes a las generaciones jóvenes. Las
limitaciones psíquicas de estas personas se han reflejado tradicionalmente en
etiquetas poco demostradas científicamente y basadas en el prejuicio popular de
la pérdida acelerada de las facultades mentales o modelo deficitario. Se ha
comprobado que los ancianos pueden aprender con facilidad y que su motivación
resulta con frecuencia a la de las generaciones más jóvenes, según resalta este
autor.
Al analizar las aptitudes sociales, plantea que los demás son los que pesan en
la configuración del rol del anciano que reacciona favorable o desfavorablemente
según los estímulos del medio social. En una Sociedad que promueve los valores
de la juventud tales como la belleza y el poder económico, estas personas sufren
marginación. La mayoría de ellos mantiene capacidad para llevar una vida
independiente , de hecho según los reportes estadísticos en ningún país
occidental la tasa de personas viviendo en instituciones supera el 10% , de modo
que de lo que se trata es de rediseñarles su rol social y reconocer que
constituyen un recurso de la comunidad y que como tal puede y debe ser
utilizado.
Ante el mito de que la ancianidad es una etapa totalmente negativa, contrapone
que no es más que una etapa vital peculiar, con características tanto positivas
como limitadoras. Refiere que
Este mito tiene su origen en los prejuicios sociales tradicionales que asocian
vejez con limitación, enfermedad, achaques y problemas individuales o sociales.
“Sin embargo, la mayoría de las personas añosas no se hayan limitadas ni sus
vidas son negativas y dependientes”(2)
A.Fierro al referirse a esta etapa de la vejez considera que la tercera edad no
tiene límites exactamente definidos y se halla en continuidad con la adultez
intermedia y tardía. Es difícil de acotar: no suele exhibir indicios de comienzo
tan claros como los que la adolescencia muestra en el momento de la pubertad. La
entrada en ella se produce a través de un proceso más imperceptible y dilatado
que la entrada en la adolescencia: un proceso más imperceptible y dilatado que
la entrada en la adolescencia: un proceso además que por tener como base
biológica, el envejecimiento celular, comienza muy pronto en la vida y desde
luego se halla en marcha en cuanto termina el desarrollo infantil y
adolescente.(9)
Analiza el envejecimiento desde el enfoque que considera que en éste no se dan
tan solo deterioros, sino que conjuntamente se mantienen e incluso despliegan
ciertas funciones vitales y psicológicas, de modo que hace énfasis en el proceso
de diferenciación psicológica que caracteriza el desarrollo humano.
En sus estudios sobre el desarrollo de la personalidad en la vejez firma que no
existe un perfil característico de personalidad en esta etapa, que los muchos
años no transforman a las personas ,salvo en casos de problemas orgánicos, de
modo que la conducta de una persona que envejece sigue siendo plástica,
cambiable y al igual que en otras edades persiste cierta estabilidad en algunos
rasgos, mientras se dan o pueden darse cambios en otros.
Considera que los cambios que surgen con la edad se deben a una respuesta a las
condiciones nuevas que experimenta la persona (disminución de responsabilidades,
disponibilidad de tiempo, reducción de la actitud funcional) más que a una
tendencia inevitable a la personalidad que envejece. Concluye que aquellas
personas que se mantienen activas, con responsabilidad y plena actitud funcional
apenan muestran cambios en su personalidad. Las personas mayores que siguen
siendo emprendedoras, activas, interesadas por el mundo, por las relaciones y
las tareas, por el sexo, viven más tiempo y más felices, afrontan mejor el paso
de los años. La cuestión, en cualquier caso, no es cómo envejecen las personas,
sino cómo podrían envejecer mejor. Y las reglas de la calidad de ello son las
mismas que en el buen madurar. Quien no ha sabido adaptarse y manejar las
adversidades en los años anteriores tampoco va a hacerlo ahora (9)
Reconoce que la psicología de la cognición en la vejez está mucho más
desarrollada que la psicología de su personalidad, la cual forma una parcela
relativamente pequeña dentro del ámbito del estudio del envejecimiento. Los
temas de adaptación, ajuste y afrontamiento constituyen los más frecuentes en el
estudio de la personalidad de los ancianos.
El autor reflexiona sobre el enfoque del ciclo vital y plantea que este es
necesario para captar el proceso del envejecimiento, en sus elementos más
universales pero resulta insuficiente para describir y explicar otros elementos
diferenciales, idiosincrásicos de cada envejecer individual.
Parte de un enfoque del curso de la vida y del curso de la acción, que maneja
como modelo el itinerario o camino personal de la vida, por donde discurre la
secuencia de las acciones libremente emprendidas por el sujeto y resalta que ese
itinerario, en parte debido a circunstancias externas y en parte elegido por la
persona, contribuye a determinar la vejez de cada cual.
Considera que hay varios modos de envejecer, algunos preferibles a otros, de
modo que hay un “buen envejecer” y que las características del buen envejecer
difícilmente pueden extraerse de los procesos mismos del envejecimiento, sino
que más bien han de derivarse del buen madurar o buen adquirir la plenitud
humana, sobre todo en la adultez tardía. –de modo que como características de la
plenitud humana destaca las siguientes: capacidad de comunicación, de amor, de
goce, de trabajo, de disposición activa y creativa y la elaboración de un
sentido de la propia identidad, el despliegue de estrategias de afrontamiento
funcionales, ajustadas al medio y a la realidad de cada individuo.
A lo largo de la vida, dentro de ciertos límites las personas pueden prepararse
para el buen envejecer. Ello se puede lograr por medio de un determinado curso
de acciones y decisiones (del contenido de la vejez apetecida del proyecto
personal de cada individuo acerca de su propio buen envejecer), así como por el
hecho de que la mejor vejez puede ser favorecida por el medio familiar y social
y por la sociedad a través de programas, experiencias, entornos que contribuyan
a modificar de manera favorable el curso de los acontecimientos de la persona
que envejece.
En la vida del ser humano existe una continuidad en su desarrollo, lo cual no
excluye cierto cambio, comparativamente menos importante en el conjunto de su
personalidad, que lo estable. Los cambios que se dan en esta etapa no tienen que
ver necesariamente con los cambios del envejecimiento, sino con el cambio de
roles sociales.
Consideramos que la concepción histórico-cultural del desarrollo psíquico es una
de las construcciones más integradoras de la explicación de la estructura, el
contenido y la génesis de la psiquis humana.
Desde esta perspectiva la vejez se considera una etapa desarrolladora y se
identifican necesidades y formaciones psicológicas que lo pueden potenciar como
individuo en esta última etapa de la vida humana psicología de la vejez. A
partir de los estudios realizados en Cuba por T. Oroza (6) se identifican tres
determinantes de desarrollo que socializan a estas personas. El sociocultural,
el familiar y el individual. Reconoce que la formación psicológica típica de
esta etapa es la autoevaluación de sí mismo y de la vida y que las formaciones
psicológicas nuevas son la necesidad de trascender en el otro, la elaboración de
duelos y la representación de la muerte.
CONCLUSIONES
La vejez es el destino de todos, una fase natural del ciclo vital humano que
tiene sus peculiaridades, sus posibilidades de desarrollo y crecimiento humano,
y por tanto no es una etapa de involución. Los mitos, sentimientos y
expectativas negativas que pesan sobre ella. Forman parte de una representación
social que define negativamente lo que es ser viejo y cómo debe serlo,
interfiriendo en el “buen envejecer de las personas” .
La personalidad es el nivel más complejo de integración y organización de los
procesos psicológicos que intervienen en la regulación del comportamiento. Tiene
particularidades irrepetibles en cada sujeto y está en constante cambio y
desarrollo a lo largo de la vida. Es necesario comprender esta individualidad en
esta última etapa de la vida.
Disfrutar de la vejez de manera satisfactoria y placentera es esencial para
elevar la calidad de vida de estas personas.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFÍCAS
1- Anuario Estadístico MINSAP, Ciudad Habana,Cuba, 2004
2- Moragas,R. Gerontología social.Envejecimiento y calidad de vida.Editorial
Herder,Barcelona,2004
3- Galvanovsky,L .Psicología y envejecimiento. Editorial Mexico,S.A.,1997
4- Vega Vega,J.L.Concepciones educativa en la tercera edad. En:Psicología
evolutiva. Desarrollo psicológico y educación.Tomo 1. Compilación de Jesús
Palacios,Alvaro Marchesi y Cesar Coll. Editorial Alianza,España,2005.561-563
5- Ericsson,E.H. Chilhood and society.New Cork:Norton,1963
6- Orosa,F.T. Determinantes del desarrollo de la psicología de la vejez.
Presupuestos científicos en la Universidad del Adulto Mayor.Editorial Félix
Varela, La Habana,2003
7- Neugarten, B. Personality and psychological paterns of aging. In: Crossroads
in ageing. London Academics Press,1988.
8- Quintero,G. Calidad de vida y envejecimiento. En: Temas de
gerontología.O.Prieto y E.Vega,Editorial científico-Técnico,1999.
9- Fierro,A. Proposiciones y propuestas del buen envejecer. En: Envejecimiento y
psicología de la salud. J.Buendía.Editorial Siglo Veintiuno de España,p.567-590,2002
AUTORA
Mercedes Villanueva Claro
Lic. En Psicología desde 1992
Ms.C. en Psicología Clínica
Ms. C. en Sexualidad
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