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Los cuentos de Canterbury - Análisis crítico de "El prólogo" y "El cuento del bulero"

Resumen: Geoffrey Chaucer y su actividad literaria. La peregrinación. Los cuentos de Canterbury. La carnavalización. La intertextualidad. Una historia repetida.
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Autor: Jorge Marín

Introducción
Geoffrey Chaucer y su actividad literaria
La peregrinación
Los cuentos de Canterbury
La carnavalización
La intertextualidad
Una historia repetida
Para finalizar
Bibliografía
INTRODUCCIÓN

El escritor Geoffry Chaucer (1342?–1400) prefigura, en cierto modo, al homo univrsalis renacentista: traductor y poeta, diplomático y administrador, científico y realista.

En su biografía, reconstruida por diversos documentos, pueden apreciarse las distintas dificultades que le tocó vencer, ya que en la Inglaterra de su época surgen distintos acontecimientos sociales y políticos que marcan el inicio de una transición hacia la modernidad: la caída del régimen feudal, las huelgas de los campesinos, la pérdida del poder por parte de la Iglesia, la peste negra, la guerra de los cien años; éstos son algunos de los hechos que se inscriben en un período en el que pasará de la dominación francesa hacia una independencia político–social pionera como jamás se ha dado en la historia.

La posición social de su padre le brindó la posibilidad de ingresar como paje a las órdenes de la condesa Isabel de Ulster. En 1368 es ascendido a la categoría de paje real y participa de una contienda por tierras francesas. Fue diplomático, y en uno de sus viajes a Italia conoce las obras de Dante, Petrarca y Bocaccio, de los cuales recibirá una fuerte influencia. Dominaba cuatro idiomas: inglés, francés, latín e italiano. Su actividad literaria consistía en ser traductor y poeta, y este amplio conocimiento le posibilitó, en parte, la influencia del estilo latino jalona en toda su obra.

Es autor de El Libro de la Duquesa, La Casa de la Fama, El Parlamento de los Pájaros, La leyenda de las Buenas Mujeres, Troilo y Criseida y Los Cuentos de Canterbury, donde se ve las influencias francesa e italiana que consolidará un cambio significativo en su estilo.

La crítica posterior lo ha considerado como una de las figuras literarias más importantes. En el renacimiento fue catalogado como el Homero inglés y Edmund Spenser le alabó como su maestro; además, muchas de las obras de William Shakespeare muestran la asimilación por parte del gran autor teatral de lado más cómico de las obras de Chaucer. John Dryden, que modernizó muchos de sus cuentos de Canterbury, denominó a Chaucer como padre de la poesía inglesa. Desde la fundación en Inglaterra, en 1868, de la Sociedad Chaucer, que se encargó de la publicación de la primera edición fidedigna y de la primera adaptación al inglés contemporáneo de sus obras, se le empezó a apreciar y a considerar como el mayor de los poetas ingleses, por su sabiduría, su humor y su profunda humanidad.

Por ello, en el presente trabajo, se han elegido Los Cuentos de Canterbury, principalmente, el Prólogo General y El Cuento del Bulero para un análisis crítico: la carnavalización y la intertextualidad que definen su estilo.

GEOFFREY CHAUCER Y SU ACTIVIDAD LITERARIA

Después de la traducción de El romance de la Rose, su influencia se ve reflejada en sus primeros poemas: El libro de la duquesa, La casa de la fama, El Parlamento de los pájaros y en el prólogo posterior de La leyenda de las buenas mujeres. Junto a este influjo francés, también hay que destacar la presencia de Ovidio y Virgilio.

Después de traducir De consolatione Philosophie de Boecio, el último filósofo romano y el primero de los cristianos, éste influjo se patentiza en Troilo y Crisseida y en el cuento de El Capellán de Monjas de Los cuentos de Canterbury cuando se discute el problema de la libertad y la predestinación.

"Esta traducción del latín, juntamente con el de Boecio, se basaba, sin embargo, en las traducciones francesas de Juan de Meung. Este papel puente del francés se patentiza en Los cuentos de Canterbury de forma harto evidente. En el Cuento del Erudito, la historia de Griselda se basa a la vez de la traducción francesa del poema "Griseldis", de Petrarca, y en el original latino El Cuento de Melibeo es, asimismo, una traducción francesa de Libert Consolations et Consilii, de Albertano de Brescia". (Chaucer, 1997:17/18)

El segundo período se inicia con un viaje a Italia donde conoce las obras de distintos autores: Dante, Petrarca y Bocaccio. "El Troilo y Crisseida (8238 versos) y el Cuento del Caballero (el primero de Los cuentos de Canterbury) denotan también un aclara influencia italiana; se basan, respectivamente, en Il Filastrato de il Tesseida, de Bocaccio, aunque Chaucer también recoge elementos de diversos romances medievales como El Romance de Troya (30.316 versos), de Benoit (Siglo XII). Chaucer utilizó Il filostrato (5704 versos) bien directamente, bien a través de la traducción francesa en prosa, El romance de Troilo y Criseida (30.316 líneas)." (Chaucer, 1997:18)

Sin duda, en la obra de Chaucer más perfectamente acabada. Sus cinco libros surgieron un drama isabelino en cinco actos. El amor se consuma en medio del tercer libro; la simetría es perfecta. Algunos críticos la han considerado la primera novela inglesa porque reúne los refinados gustos de un escritor por las descripciones de los personajes. Otros han visto a Troilo y Criseida como una alegoría filosófica, incluso con tintes cristianos. A pesar de los entredichos se puede armar que este poema presenta, en la literatura medieval, el tema clásico de la caída de Troya.

En las Leyendas de las buenas mujeres, conviene señala que Chaucer es la primera vez que utiliza la técnica de ensamblar un conjunto de relatos. Este libro no alcanzó a cumplir con lo establecido e el prólogo: 19 leyendas, de las cuales escribió sólo ocho. En este ámbito, la obra le servirá como base para la redacción de las narraciones breves de Los cuentos de Canterbury.

Con el enriquecimiento del aporte que significó la influencia italiana en sus obras, Chaucer pasará del amaneramiento francés, al realismo italiano; de la mitología a la peregrinación; de la magia a la ciencia; de la ficción a un desbordante "vitalismo".

"Todas estas características se condensan en sus obras, principalmente en Los cuentos de Canterbury. Por ejemplo, El doctor en Medicina fundamenta sus conocimientos galénicos en la astronomía. La conjunción de los planetas determina la mala suerte de Chantecler al ser capturado por el zorro. En el Cuento del Terrateniente, el flujo de las materias que propicia la desaparición de las rocas del acantilado viene precedido del correspondiente cálculo astronómico. Los devaneos amorosos de La comadre de Bath cuajan perfectamente con su horóscopo. Aparentemente, los personajes de Los Cuentos de Canterbury están condicionados por los signos de zodíaco. ¿Carecen, pues, de libertad? Ciertamente, no. La respuesta se encuentra en Boecio. Este condicionamiento no suprime la libertad: se limita a utilizarla en posición más o menos favorable." (Chaucer, 1997:20/1)

En cierto modo, Chaucer prefigura al homo universalis renacentista: traductor y poeta, diplomático y administrador, científico y realista. Todos estos aspectos se encuentran insertos en Los Cuentos de Canterbury, cuyo montaje escénico de una peregrinación a Canterbury para visitar la tumba del Santo Tomas Beckett.

LA PEREGRINACIÓN

En la época de Chaucer, la ciudad de Canterbury era muy popular por la visita de los peregrinos de distintos sitios en Inglaterra a la catedral para buscar la curación de sus males y enfermedades, lugar donde se encuentran los restos de Tomas Beckett, arzobispo de la sede primada de Inglaterra, quien fuera muerto merced de cuatro caballeros enviados por Enrique II, el 29 de diciembre de 1170.

La peregrinación incluía una serie de inconvenientes, ya que se tenía que transitar por caminos polvorientos y puentes, sorteando baches y arroyos, en días de mucho calor o lluviosos. Este recorrido, a los ojos de dios, resultaba meritorio.

Algunos visitantes, los privilegiados, venían en carruaje, otros, a caballo, y el resto a pie. Los peregrinos, aparte de sortear esta serie de inconvenientes, debían lidiar con mercaderes, mendigos, charlatanes, vividores, embaucadores, falsos ermitaños, prostitutas, y otros curiosos. Este clima se observa en Los Cuentos de Canterbury, no sólo como una invención literaria, sino como muestra de una realidad de una época donde se pueden apreciar los rasgos anímicos y el rango de los peregrinos.

Se puede considerar a la posada de "El Tabardo de Soutwark" como punto de partida de la peregrinación. En este lugar, los peregrinos encontraban comida y un sitio de descanso. Algunos tenían privilegio como los caballeros y magistrados, ya que podían dormir en habitaciones individuales; el resto lo hacían en los rincones, y con el pago de un alquiler, en colchones. Todos convivían con huéspedes indeseables: moscas, mosquitos y ratas. La seguridad personal también acarreaba los inconvenientes propios de un tumulto desordenado de viajeros que aprovechaban el más mínimo descuido para cometer sus fechorías.

Estas peregrinaciones que comienzan como reflejo de una actitud religiosa, poco a poco, se fueron reincorporando otros tonos festivos, diríamos vacacional: los peregrinos debían pasarla lo mejor posible, y es por ello que los cuentos fueron un impulso para el entretenimiento. La pérdida del sentido religioso produjo una serie de abusos que los lolardos fustigaron sin piedad.

En torno al Santuario de Canterbury proliferaron un surtido mercantilista de remedios y recuerdos, como la botellita de agua milagrosa con el lema "Optimus egrorum, medicus, fit Thomas Bonorum", muy lucrativas por ese entonces. Asimismo se destaca, en especial, la tumba del mártir cubierta de oro y con incrustaciones de piedras preciosas de incalculable valor.

LOS CUENTOS DE CANTERBURY

Uno de los problemas que presenta la obra Los Cuentos de Canterbury es que está incompleta. No se ha hallado el manuscrito original; probablemente nunca existió.

La popularidad de Chaucer hizo que se copiaran sus obras con profusión y se alcance a reunir unas noventa, en forma más o menos fragmentarias. Afortunadamente, distintos críticos eruditos se han ocupado de la obra de Chaucer, en especial de Los Cuentos de Canterbury. El aparato crítico que se conserva es abundantísimo y de muy buena calidad.

La técnica utilizada por el escritor revela la posibilidad de encuadrarlo dentro de la novela marco: la peregrinación es el motivo central, cada personaje relata su historia y dentro de ella, los personajes de la narración marcan un punto de vista. La interrupción de la narración consigue llevar lo narrado al tiempo presente, para que alguien emita opiniones y luego volver al punto de partida.

De esta manera, existe una idea básica: contar una historia, que están puestos en boca de los narradores identificados en el prólogo y un trasfondo viajero: la peregrinación a Canterbury, con posibilidad de ser interpretado dentro de un nivel general: la vida humana es peregrinaje, Canterbury: la meta, el cielo.

La técnica utilizada no es novedosa. Se la puede hallar en distintas obras como El Panchatantra o Las mil y una noches, también en el conjunto de cuentos más famosos El Decamerón de Bocaccio.

En Los Cuentos de Canterbury, los personajes están presentes en forma permanente; son descriptos en el prólogo general y también en los lukis o enlaces entre cuento y cuento. Estos enlaces narrativos, aparte de ensartar los cuentos con una secuencia determinada, constituyen el puente para dar una unidad a la obra dentro de la diversidad. Si bien es cierto que cada cuento tiene cierta autonomía, el motivo central conforma el todo literario. Esta ruptura aparente se recompone al establecerse la relación narrador–cuento, o bien, las irrupciones que el propio Chaucer incorpora con su solapada presencia.

En estos complementos o extrapolaciones del prólogo general, otros personajes intervienen emitiendo su opinión, o bien, se producen distintas disputas: el administrador se pelea con el molinero borracho; el anfitrión bromea con Chaucer y el monje; el caballero pacifica la discusión entre el Bulero y el anfitrión, etc. En definitiva: estos enlaces proporcionan una pincelada de los retratos de sus personajes y una cohesión interna e intensidad dramática.

La escritura de los cuentos tiene un encuadre único: la reunión en la posada de "El Tabardo de Soutwark", cuyos peregrinos se reúnen para visitar la tumba de Tomas Beckett en Canterbury.

No todos los peregrinos se encuentran descriptos en el prólogo, y a lo largo de la obra se van agregando otros. Si se descarta a los personajes interiores de cada cuento, se puede llegar a las siguientes cifras:


NÚMERO TOTAL DE PEREGRINOS 33


NÚMERO TOTAL DE DESCRIPCIONES 26


NÚMERO TOTAL DE CUENTOS 24.

Los cuentos se dividen en diez secciones, y cada sección se subdivide en los prólogos, cuentos respectivos y, en su caso, un epílogo. Aunque denote cierto desorden, estéticamente es aceptable.

Chaucer va describiendo a los personajes y luego se llega a un acuerdo que permita hacer más llevadera las molestias del viaje. Por ello, cada uno deberá contar dos cuentos de ida y dos de vuelta. De haberse cumplido con lo pactado, la obra hubiese tenido más de cien cuentos; pero el autor pudo terminar sólo veinte y dejar cuatro inconclusos.

La diversidad geográfica que se establece entre los peregrinos marca el rol que cumple cada uno en la sociedad, y se puede obtener un cuadro de la época con las distintas clases sociales bien diferenciadas. Muy pocos son los personajes con nombre propio. Por ejemplo: Osvaldo, el administrador; Don Piers, el monje, etc. Más bien, Chaucer estuvo interesado en esbozar un tipo standard de status social sin preocuparse por describir la personalidad de un individuo. Por ejemplo: el molinero, el tintorero, el Bulero, etc.

Entre las historias se encuentran ejemplos de casi todas las historias medievales, aunque la genialidad del autor consistió, sobre todo, en la trama de unión que creó entre los cuentos y la historia. Así, después del relato cortés y filosófico sobre un amor noble que cuenta el Caballero, el molinero relata una deliciosa y picante historia de seducción dedicada al escudero. Éste contraataca con un cuento sobre la seducción y el engaño de la mujer y la hija de un molinero. De este modo, los cuentos van descubriendo las personalidades, disputas y diferentes opiniones de quienes los cuenta. Los prólogos y los cuentos de la comadre de Bath y del Bulero constituyen los puntos álgidos de toda la producción literaria de Chaucer. La comadre, una firme defensora de su género frente al tradicional antifeminismo de la Iglesia, inicia una serie de cuentos sobre el sexo, el matrimonio y la nobleza (gentilesse). El Bulero, en cambio, ofrece una escalofriante demostración de cómo la elocuencia en el púlpito convierte la esperanza en la salvación, en un perverso juego de excesos de confianza. Aunque, a su modo, el autor satiriza los abusos de la Iglesia, también incluye una serie de cuentos didácticos y religiosos, y concluye con el sermón del clérigo sobre el valor de la penitencia.

En todos los casos, intervendrá como anfitrión el posadero, quien emitirá su juicio en relación con lo que escucha; no referirá ningún cuento, sino que ejercerá su papel de modo contundente o arbitrario, interrumpiendo al orador cuando sea necesario, en caso de que la narración sea triste, o bien aplaudirá a rabiar y aprobará elogiando el cuento cuando resulte conveniente. Su intervención estará marcando el rigor y la verosimilitud que realzan el realismo en esta peregrinación.

LA CARNAVALIZACIÓN

Es menester destacar que en algunas descripciones puede hallarse el empleo de una carnavalización en cuanto al estilo, y estos rasgos exaltadores le otorgan a la narración una tipicidad propia, incluidas dentro de una concepción medieval, característica de la época.

La carnavalización es la transposición del carnaval en la literatura. El carnaval es un espectáculo en el que todos sus participantes son activos.

Las diferentes leyes, prohibiciones y restricciones quedan suspendidas durante el carnaval, al igual que las distancias entre los hombres, las que son reemplazadas por "un contacto libre y familiar": la unión de diversas clases sociales (ésta es una de las categorías de la percepción carnavalesca del mundo).

En el prologo general de Los Cuentos de Canterbury vemos como se quiebran las barreras jerárquicas al unirse representantes de variados estratos en una peregrinación. Entre los niveles sociales que se presentan podemos mencionar:


Primer grupo: Caballero, Escudero, Arquero (militares).


Segundo grupo: Priora, Monje (regular), Fraile (mendicante).


Tercer grupo: Mercader, Estudiante, Jurista, Hacendado.

Gremios: Tendero, Carpintero, Tejedor, Tintorero, Tapicero.

Cocinero, Marinero, Doctor en física, Mujer de Bath.


Honrados: Párroco, Labrador.


Dedicados a engaños: Administrador de Colegio, Mayordomo, Alguacil, Bulero y el narrador.

El elemento grotesco es otra característica de la carnavalización, presente en la descripción de los personajes de Chaucer.

Según Bajtín, narices y bocas dominaban la imagen medieval popular del cuerpo; así, de la Priora se destaca su nariz bien proporcionada y su boca roja y delicada.

La experiencia física del cocinero está representada por un detalle grotesco: padece una llaga en las canillas.

La viuda de Bath tenía los dientes grandes y separados, lo que parece indicar un carácter lascivo.

El molinero era "tosco, rechoncho y de hombros macizos... Tenía la barba rojiza como el pelo de una cerda o de una zorra, y ancha como una pala. De una verruga que ostentaba en el extremo de la nariz le surgía un mechón de pelos tan bermejos como los de las orejas de un cochino, los orificios de su nariz eran negros y dilatados y su boca tan grande como la de un horno."

Del alguacil se destaca su rostro granujiento y el hecho de que se había coronado la cabeza con una guirnalda de flores. Con él iba su amigo, el Bulero, quien, según el narrador es un castrado o hermafrodita. Sus cabellos son "amarillos como la cera", caen en forma de bucles; su voz es fina y no tiene barba; haciéndose presente en él la ambivalencia hombre–mujer.

La imagen del fuego carnavalesco se hace presente, también en el prólogo general, ya que la boca del molinero "tan grande como la de un horno", nos recuerda al carro con artículos del carnaval, llamado "infierno", que se quemaba solemnemente al final de la ceremonia.

Otro aspecto carnavalesco es la entronización, propia de festividades en donde se coronan reyes y reinas por un día, ése es el premio. En el prólogo general de Los Cuentos de Canterbury, el mesonero propone a los peregrinos que, para sobrellevar el camino, cada uno de ellos debe relatar dos cuentos de ida y dos de vuelta, y quien cuente la mejor de las historias, será premiado, al retorno, con una cena que los demás pagarán. Así se "entronizaría" al mejor narrador de entre los peregrinos.

La risa, otro elemento carnavalesco, se relaciona con la "parodia sacra", es decir la parodia de los textos y ritos sagrados. En el Cuento del Bulero se presenta mediante la parodia del sermón, que comienza así: "Atended mis palabras, buena gente" (Pág. 174) y a continuación describe irónicamente sus rituales, confesando que predica sólo por codicia, aunque supuestamente lo hace para enmendar a los pecadores y se puede apreciar la profanación, sacrilegios y burlas carnavalescas en las supuestas "reliquias", trapos y huesos.

Ya en el relato del Bulero se ve la naturaleza ambivalente donde se reúnen dos polos: el del cambio y el de la crisis: bendición, al encontrar los jóvenes libertinos y el tesoro, y maldición, ya que el hallazgo les acarrea la muerte. Otra ambivalencia es la juventud de los insolentes hombres y la decrepitud del anciano al que insultan.

Los juramentos y maldiciones participan del espíritu carnavalesco. Por ejemplo, cuando los tres jóvenes libertinos al enterarse de la muerte de su amigo "proferían muchos y tremendos juramentos, desgarrando así el bendito cuerpo de Cristo... (Pág. 183)"

Finaliza el cuento con una escena de carnavalización cuando el Posadero discute con el Bulero: "Capaz serías de hacerme besar tus calzones viejos, aunque los hubieses manchado con tu trasero; pero por la cruz de Santa Elena te digo que preferiría tener en mis manos tus testículos antes que tus reliquias" (Pág. 184).

LA INTERTEXTUALIDAD

La intertextualidad, como método de interpretación literaria, puede basarse en dos situaciones análogas: la cita textual y la indirecta, en las que se pueden rastrear la influencia extraliteraria de un texto con relación a referencias específicas que ubican al lector en una búsqueda interna de datos que conforman la recreación de temas, o bien, el sentido alegórico de la interpretación narrativa.

En el Cuento del Bulero, G. Chaucer incorpora distintas citas extraídas de la Biblia o bien datos históricos que pueden ser tomados como base para la reformulación de su historia, más precisamente para conformar lo alegórico del discurso del Bulero. En este caso, las citas conforman un amplio matiz donde podemos hallar:


En el prólogo su tema favorito: "Radix malorum est cupiditas", que traducido equivale a la expresión: "La avaricia es la causa de todos los vicios", aparece en la Biblia, II, Mateo, V1: 10.


Al referirse a los excesos, cita en boca del Apóstol de San Pablo, la de I corintios VI: 13 y los Filipenses III: 18-19.


Cuando se refiere al juramento, la cita indirecta del Apóstol San Mateo (V:34) y en forma directa el Eclesiástico XXXIII, 1.


La historia de Lemel (Proverbios 31, 4 y sigtes.) menciona como excusa para que se le sirva vino.


Hay una apreciación de Séneca (Cartas 83), que el Bulero, de manera indirecta, utiliza para referir a su postura de no saber distinguir entre un borracho y un loco.


Y la historia del Rey de Persia, quien Demetrio le ha regalado un par de dados de oro en señal de desprecio por ser un jugador empedernido.

UNA HISTORIA REPETIDA

En cuanto a la historia que cuenta el Bulero no es nueva, sino arduamente conocida: una narración con moraleja. A su juicio, estas historias "a los necios les gustan así: es la clase de cuentos que pueden recordar y repetir".

Pero lejos de esta sutil ironía, después que el Bulero se haya referido a su audiencia contando una dispersión prolongada acerca de sus actividades y de predicar el "haz lo que yo digo y no lo que yo haga"; se refiere a la historia de tres hombres que planifican dar muerte a la "muerte". Pero los tres son víctimas de su propia avaricia y ambición y se exterminan entre sí.

Este cuento, al igual que los otros presentado por Chaucer, han sido estudiados preferentemente para encontrar las influencias de otras literaturas, en especial la italiana y la francesa.

Chaucer, en tal sentido, se ha visto atraído por distintas literaturas, no sólo por ser traductor de obras, sino por su condición de escritor que le ha posibilitado la reubicación de ciertos textos, conformando un amplio espectro, cuyo resultado ha sido, sin lugar a dudas, una síntesis cultural de la Edad Media.

Para establecer este aspecto, cabe citar dos fuentes importantes: La primera, El cuento del Novellino, el que se puede rastrear el texto original de la historia que Chaucer modifica, incorporando distintas digresiones y otros personajes. En esencia, la historia tiene similares características pero aglutinada en un nuevo contexto. En segundo término, el artículo de Pedrosa, José Manuel, ¿Existe el hipercuento?: Chaucer, una leyenda andaluza y la historia del tesoro fatal, cuyo tema central está basado en la búsqueda del tesoro, estableciéndose aspectos que conforman las historias que han sido contadas de distintas maneras por otros autores; o bien, como lo especifica, la realidad nos muestra un claro ejemplo de aplicación en un caso policial de amplia repercusión.

PARA FINALIZAR

En este breve ensayo se ha expuesto cuáles son algunas de las características del estilo de G. Chaucer que refieren a la carnavalización e intertextualidad como modos de enunciación discursivos.

Por ello, al establecer un análisis del Prólogo General y de El Cuento del Bulero, se pudo apreciar estas características de un escritor que ha sido considerado por la crítica como uno de los más representativos de la lengua inglesa.

BIBLIOGRAFÍA


Bajtín, M. M. (1971), Carnaval y Literatura, Rev. Eco, Bogotá, Pág. 129.


Chaucer G. (1984), Cuentos de Canterbury, Barcelona, Planeta.


Chaucer G. (1997), Cuentos de Canterbury, edición de Pedro Guardia Massó, Madrid, cátedra.


El Novellino, texto, estudio y notas de Leopoldo di Leo, Bs. As., C.E.A.L., 1983.


Jackson, Rosmary (1986), Fantasy, Literatura y subversión, trad. Cecilia Absatz, Bs. As., catálogos, 1986.


Pedrosa José Manuel (1998), ¿Existe el hipercuento?: Chaucer, una leyenda andaluza y la historia del tesoro fatal, Revista de poética Medieval, 2, pp. 195-223.

 

 

JORGE MARÍN

jorgemarin1@yahoo.com.ar

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