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Lo sociológico en el dopaje y la educación antidoping

Resumen: El dopaje sigue hostigando al deporte contemporáneo, a pesar de todo el arsenal de esfuerzos realizados por las diferentes organizaciones nacionales e internacionales que circundan a esta esfera y de todas las medidas...
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Autor: MsC. Ida Galván Rodríguez y MsC. José Juan González Troya

RESUMEN
El dopaje sigue hostigando al deporte contemporáneo, a pesar de todo el arsenal de esfuerzos realizados por las diferentes organizaciones nacionales e internacionales que circundan a esta esfera y de todas las medidas disciplinarias, de censura y vigilancia. Por tales razones está realidad debe ser reconcebida a partir de otras opciones.

Con buena historia para decir, la lucha contra el dopaje a pesado más el investigar ¿CÓMO y CON QUÉ? Se dopan los atletas y no en esa misma dimensión conocer ¿POR QUÉ? se dopan ellos. Y en este por qué podemos encontrar las causas de este ejercicio que están condicionadas por la sociedad. Por ello resulta razonable extraer de este entorno alternativas educativas a nivel societal y en este sentido debemos reflexionar. Siendo este el móvil fundamental que nos ocupa en esta oportunidad.

INTRODUCCIÓN
El dopaje se inicia con el surgimiento del deporte, impulsado tras una necesidad natural del hombre de demostrar su sentimiento de poder, de superarse a sí mismo, en principio a través de dietas, transformándose en la medida que el deporte se va ajustando a las exigencias del medio social, comportándose como un hecho marginal provocado por la filosofía sutil de la organización del deporte contemporáneo de que más vale quien más tiene a expensas de la obtención de sorprendentes resultados.

Buscar mecanismos para obtener resultados competitivos sin que decida el entrenamiento deportivo; data de la antigüedad y, a pesar del tiempo transcurrido, se sigue enfrascado cada día, a ritmo de obsesión, en busca del ardid mágico capaz de convertir el constante y riguroso esfuerzo que tiene que hacer un hombre devenido como atleta en un acto sobrehumano que conlleve a resultados fascinantes.

A pesar de que el atleta se puede dopar con algún fármaco, utilizar diferentes técnicas médicas, físicas o químicas, hoy se está pensando en un atleta transgénico o que la nanotecnología se ponga en función de este, las causas del dopaje, no están en el organismo humano, ni las genera el propio deporte, a pesar de que el doping es tan antiguo como él.

El deporte está insertado en un mundo social que lo absorbe y lo marca con las propias características globalizadoras y neoliberales, que tiene el mundo de hoy, siendo fiel reflejo de la comercialización, el profesionalismo, las presiones financieras, políticas, ideológicas, la exaltación del chovinismo local, el culto a la victoria, el fanatismo, por citar algunos, que se erigen como verdaderas causas del dopaje. Por tanto sus causas están en la sociedad pues ésta, de disímiles formas unas veces implícitos y otros expresas, le exige al atleta que se dope.

Por tanto debemos apuntar que la génesis de este fenómeno no está en el organismo humano, sino en la sociedad. En su quehacer se estimula la implantación de nuevos record, de altas marcas a cambios de recursos financieros. Estas exigencias los obstinan, los llevan a doparse, a abandonar el fair Play.

Para que el atleta no decline ante tales presiones sociales, hay que agotar todas las posibilidades educativas no solo hacia este, sino sobre quienes lo rodean en su medio deportivo y quienes intervienen en su desarrollo social.

El buen deporte proporciona armonía en la competencia, en estos casos los eventos deportivos resultan topes que ponen a prueba los métodos de entrenamiento de todo el ciclaje, las habilidades del atleta y su voluntad para superarse a si mismo y a los demás. Preservar esos valores y evitar que una competencia devenga en enfrentamiento desgarrador por alcanzar la cúspide requiere una fuerte lucha contra el dopaje, que vaya más allá de lo formal y lo práctico realizado, porque a pesar del deber ser, este flagelo continua de forma avasallante.

El estatus del dopaje en el deporte de altos rendimientos es un fenómeno muy difundido, como en los países desarrollados por el alto nivel científico técnico está solapado. Hoy los roles en el deporte se circunscriben a las victorias y los record revistadas con un profundo matiz político económico. Conjuntamente con la superación de las marcas y la asunción por el atleta de colosales cargas y sus nocivas consecuencias.

Estudiosos del tema aseguran que está mucho más propagado que la cantidad de casos sancionados.

Si en sus inicios las bases del dopaje fueron empíricas hoy su desarrollo es vertiginoso, respaldado por un fuerte caudal científico técnico de dimensiones que sorprenden, pues no solo lo fomentan, sino lo encubren y lo sutilizan.

El atleta que pacta con el dopaje está envilecido por sus resultados contiguos, porque el hecho de vencer le llena su ego, realza su celebridad, se convierte en alguien notorio de forma inmediata, pues los medios se encargan de ello, en fin su estatus social se ranquea. Pero no interioriza que de forma mediata o inmediata un futuro incierto le espera, para su salud por las incompatibilidades químico farmacológicas y bioquímicas que se producen.

Lo explicado nos lleva a comprender la utilidad que tiene la educación antidoping dentro de la formación de atletas, desde los primeros momentos de su vida deportiva, para que reflexionen ante de adherirse al dopaje como solución fugaz para quemar etapas.

Resulta otro gran argumento para combatir este peligro es seguir protegiendo los preceptos más juiciosos del deporte para así defender la ética olímpica y las cualidades morales en nuestros atletas, entrenadores, directivos, científicos. También la educación antidoping debe de comenzar en la clase de educación física y extenderse a la comunidad todo orgánicamente estructurado. Ante el proyecto de trabajar en este sentido debemos persuadir ante el valor moral de una victoria, pues se gana cuando se demuestra dominio de la técnica, maestría y superioridad limpia ante el contrario.

Reiteramos que las causas del dopaje están en la sociedad, como por tanto la educación antidoping tiene que adoptar un carácter social para que surta efecto real, pues el problema doping tiene una proyección inimaginable, solo sembrando convicciones con razones y argumentos para su no tolerancia, podemos encararlo con posibilidades de éxito.

ANTE EL DOPAJE…… EDUCACIÓN ANTIDOPING
Somos partícipes del criterio que el deporte, como institución social, valoriza al hombre y lo induce a incentivar interacciones sociales que fortalecen la solidaridad, la lealtad y la armonía entre los hombres.

Esta filosofía impera como paradigma oficial, pero aún así, el doping se ciñen contra el deporte como un gran azote, aunque combatido con sanciones, reglamentos, laboratorios o tecnologías que, si bien tienen su carácter utilitario, la dimensión de los hechos exige profundizar en la educación no solo de los protagonistas principales, los atletas, sino en todos los que lo rodean.

De ahí que estamos convencidos que el factor por excelencia para incidir en la mente de los atletas y en la sociedad en general es la educación, porque educar es prevenir, es reflexionar sobre preceptos básicos, es esbozar lecciones de gran durabilidad, es disponer de conocimientos utilitarios, es doctrinar sabiamente, es propiciar un aprendizaje de convicciones, es forjar, es formar en la vida y para la vida.

La educación antidoping implícita toda una pedagogía de la responsabilidad social que debe partir desde el atleta y apuntar hacia el lugar de residencia, la familia, el círculo de amigos, la sociedad en su conjunto.

Hay que educar en todas las vertientes que rodean al atleta, sobre todo poder lograr un buen desempeño independientemente de los resultados, para transformarlo en elemento eficiente y profiláctico que se dirija a propiciarle a él una nueva visión con respecto al alcance de objetivos reales que los lleven hacia el podio.

El deporte está cargado de optimismo, porque a este siempre se va a ganar, pero la victoria hay que educarla, para así desechar los cánones de culto que hay en ella, porque el atleta se dopa no para obtener la victoria, sino para que la derrota no lo alcance.
Al atleta no se le prepara para perder, ninguno entrena para ser derrotado y resulta valioso que así sea, pero sí hay que educarlo para aceptar la derrota como posibilidad real.

Hoy en día existe una carrera demencial e ilimitada hacia la victoria, a tal punto que se violan principios legítimos del entrenamiento deportivo y el atleta de forma consciente no se restaura, no respeta la relación trabajo-descanso, o se somete a cargas excesivas. Cuando esta obsesión es irreversible y los resultados no se corresponden con lo deseado, cuando no hay cabida para el análisis, ni se comprende la derrota como hecho de sacar valiosas enseñanzas, no se reconoce más opción que acudir al dopaje.

Poder alcanzar la victoria como símbolo de maestría, de perfección y de equilibrio corporal y asimilar la derrota como superioridad del contrario resulta una postura objetiva y ética, pues victoria y derrota siempre van a estar presente en toda competición como elementos que se excluyen y se presupone entre sí. En la medida en que se encamine el trabajo en esta dirección, estaremos andando las sendas de la educación antidoping.

Acudir al doping es la solución de atletas ante las presiones sociales, pues la sociedad siempre le está exigiendo obtener una nueva medalla, incluso de radiante color, conquistar un record, superar una marca, hacer tiempos inferiores y después se le recompensa con un automóvil de lujo, una suma monetaria de respeto a una gran propaganda. Socialmente también se le exige cuando a través de ellos, un país, o determinada región del mundo, se llena de arrogancia y utiliza esos resultados con fines políticos e ideológicos.

La sociedad también le proporciona al atleta gran status, siendo muy justo, mientras que éste no se eleve al rango de vanidad y se revierta contra él, al no poder seguir la ascensión de esas exigencias mediante medios convencionales.

Al atleta dopado la sociedad también le ajusta cuentas, pues la defrauda debido a que el esfuerzo de gigante es ficticio y por tanto lo estigmatiza y le impone atributos con los cuales no hubo intención al formarlo, borrando su imagen anterior, perdiendo su propia identidad. El acto de doparse es síntoma de regresión.

La sociedad lo señala como deshonesto, desleal y falso y en muchas ocasiones lo aísla, pues pierde el contacto hasta con su antiguo círculo de amigos, apareciendo un rechazo social evidente.

El atleta dopado se enajena, pues no piensa en su conducta fraudulenta; al hacerlo siente gran temor por las medidas que se le aplicará y no medita que su salud y su condición de ser va en detrimento y será tildada por la sociedad. El dopaje reserva un futuro incierto.

La mejor prevención es la educación. La educación anti-doping hay que considerarla en su vertiente preventiva, pues no se hace lo suficiente con instrumentar acciones que incidan cuando el problema se desencadene, toda la labor debe dirigirse hacia quienes aún el flagelo no los ha sacudido.

Hay que prevenir, no sancionar; es más sabio, por eso es mejor educarlo en la protección de su condición humana y de su integridad moral.

La educación anti-doping le ofrece calidad de vida y por tanto seguridad al atleta porque les protege su salud y su decoro. Estamos convencidos que la solución se encontrará en el desarrollo de disímiles ciencias que tributan hacia el deporte sano y tener la perspicacia suficiente para saberlo emplear en un entrenamiento científicamente concebido en la aplicación de mejores prácticas deportivas, donde prime lo moral, de formas organizativas más congruentes, en la estructuración de una pedagogía de la educación anti-doping.

CONCLUSIONES
La problemática doping al analizarla bajo una óptica sociológica, surge cuando el atleta se siente impotente ante las exigencias de la sociedad le impone. La utilización del doping en el deporte es símbolo de una sociedad que se desvalora y provoca en el atleta pérdida del sentido de identidad.

El doping, aunque lacra diseminada tiene un antídoto que es la ética olímpica que pregona la devoción a la fraternidad, fidelidad al contrario y el culto a honestidad y en este sentido podemos educar; porque el reto resulta ser que luchar contra el dopaje debe erigirse como todo un magisterio.

BIBLIOGRAFÍA
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Marzo.htm.

AUTORES
MsC. Ida Galván Rodríguez
Profesora Titular
Profesora de Sociología del Deporte
Facultad de Cultura Física. Pinar del Río Cuba

MsC. José Juan González Troya
Profesor Titular
Profesor de Bioquímica de la Actividad Física. Facultad de
Cultura Física. Pinar del Río

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