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Criterios sobre la importancia de la historia local y su inserción en el proceso de enseñanza – aprendizaje de la historia de cuba. la mujer antillana en la clandestinidad

Resumen: Es una prioridad en la educación cubana el desarrollo de la Historia de Cuba, se imparte en todos los niveles y grados, sin embargo es una necesidad y orientación en función del desarrollo de una Cultura General Integral en los sujetos.
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Autor: Geilert De la Peña Consuegra

RESUMEN
Es una prioridad en la educación cubana el desarrollo de la Historia de Cuba, se imparte en todos los niveles y grados, sin embargo es una necesidad y orientación en función del desarrollo de una Cultura General Integral en los sujetos. Los contenidos de Historia se tienen que impartir junto con los correspondientes a la Historia de la Localidad, por la importancia que poseen.

Uno de los temas de importancia es el tratado por el presente estudio donde se enfatiza en el desempeño de la mujer en la clandestinidad. Partiendo de los criterios sobre la necesidad de esta relación estrecha, teniendo en cuenta las orientaciones didácticas de la historia y su relación existente. Se ofrecen en cuestión una serie de criterios de la función formativa de la historia local y su importancia en el aprendizaje de los estudiantes.

Además, se revelan breves fundamentos psicológicos, pedagógicos y sociológicos de la historia local y su inserción en el proceso de enseñanza – aprendizaje de la Historia de Cuba en la Educación Preuniversitaria.

INTRODUCCIÓN
En estos tiempos, en los que el mundo de la modernidad somete a la humanidad a bruscos cambios, la enseñanza de la Historia ocupa un lugar esencial en la materialización de una educación conforme a valores, es esta una cuestión que hace evidente el requerimiento de afrontar la lucha por reivindicar la ineluctable vitalidad de la Historia, como conocimiento del pasado, explicación del presente y previsión del futuro.

El estudio de la Historia desempeña un importante papel en la educación comunista y del desarrollo intelectual de los alumnos, la enseñanza de dicha asignatura contribuye a la formación de la concepción científica del mundo en los alumnos, a su educación política y moral, a la formación de los gustos e ideales estéticos, a la superación del nivel general, al desarrollo de la independencia cognoscitiva y a la formación de valores.

Es conocido por todos que el conocimiento de la Historia Nacional es imprescindible para la educación, pero esta no se puede ver alejada de la Historia Local, ya que esta nutre con hechos, procesos y figuras el acontecer histórico–cultural de nuestra Historia Nacional.

Conocer la Historia local es un deber de cada cubano. Debe entenderse que esta Historia es el sostén de todos los hechos históricos ocurridos en las diferentes regiones de nuestro país, historia que debemos mantener y enriquecer a través de escritos e investigaciones, porque ella contribuye al mayor conocimiento de la lucha en el plano local, nos fortalece en nuestra labor ideológica y incrementa el amor de sus pobladores hacia la historia de la tierra en que radica.
El estudio de los hechos ocurridos en la localidad y de las personalidades que actúan en ellos, posibilitan la asimilación de los acontecimientos más importante del acontecer nacional y el vínculo entre los hechos locales y nacionales.

Si se le preguntara a los educadores ¿Han pensado alguna vez en las virtudes que tiene el conocimiento de nuestras luchas históricas para la educación y formación de nuestros estudiantes? ¿En la importancia que tiene el conocimiento de nuestra Historia Local para la formación política e ideológica de nuestros educandos, conociendo los hechos, procesos, fenómenos y personalidades que nos tipifican como antillanos?

Para poder conocer nuestro proceso histórico local es necesario partir del estudio e investigación del mismo, por lo que se hace necesario que los profesores y maestros se encarguen de transmitir el conocimiento de nuestro proceso histórico local vinculado con nuestra historia nacional.
Los cambios constantes y crecientes a las que está sometida la sociedad hacen que cada día sean mayores las exigencias que se plantean en la enseñanza, por ello es necesario elevar la calidad de las clases de Historia, las que dependen del trabajo del profesor, el cual debe aspirar a que los estudiantes mantengan un interés hacia la asignatura.

En nuestras escuelas la enseñanza de la Historia se trabaja sobre la base de elevar al máximo las potencialidades del educando y a la contribución intelectual de su personalidad, formando en ellos sentimientos, ideales y convicciones. Los profesores de Historia quienes representan un papel importante en este proceso se fuerzan por elevar al máximo el estudio de la Historia de Cuba; sin embargo, de una forma involuntaria estos no explotan las potencialidades históricas que presentan los mismos, minimizando así la importancia de la Historia Local, la cual ayuda a formar en los estudiantes sentimientos de identidad, de pertenencia y de amor a la tierra en que nacen, viven y se desarrollan.

En estudios exploratorios realizados a partir de la aplicación de encuestas, entrevistas y la observación de clases en la educación preuniversitaria, específicamente en el IPUEC” Desembarco del Perrit” del municipio de Antilla, se han encontrado algunas deficiencias que presenta el proceso de enseñanza–aprendizaje de la Historia de Cuba debido a que no se da una correcta atención a las potencialidades que ofrece la Historia Local en la formación de los escolares de este centro educacional.

La región conocida como punta de corojal fue escenario de las guerras de independencia, en ella ocurren hechos que hacen de esta zona un territorio rica en materia de estudio para la Historia Nacional, sin embargo para la mayoría de nuestro pueblo esto es algo ignorado.

El desarrollo de esta investigación se enmarca en el período colonial (1868-1898), debido a que es en esta etapa donde se recogen los principales hechos y personalidades históricas que aparecen en el proceso independentista. Sobre la base de este contenido se aplicaron diferentes instrumentos (Anexo I y II), que permitieron detectar que los docentes y estudiantes tenían poco dominio de los principales hechos y personalidades de esta etapa.
Sin embargo la realidad indica que existen grandes posibilidades para lograr iniciar con el estudio de la historia local en el municipio desde la concepción de la enseñanza de la Historia de Cuba, pues el programa que se imparte en duodécimo grado ofrece todas las posibilidades para incorporar en su desarrollo la historia de la localidad en la formación de los adolescentes y jóvenes, sin que afecte en algo a la estructura con que está concebido el mismo.

Para iniciar el mismo se comenzó por la caracterización de la zona geográfica y de la posición que ocupa el municipio en la provincia de Holguín, así como del marco histórico antes del inicio del estallido independentista y los aspectos relacionados con los veteranos de las guerras de independencia que vivieron en nuestra localidad, por lo que es “La Punta de Corojal“, partícipe de acciones de la gesta independentista.

Estas informaciones permitieron hacer una periodización de los principales hechos y personalidades, por años, y de esta forma enmarcarlos dentro del programa de la Historia de Cuba para su enseñanza en la educación preuniversitaria.

El proceso de enseñanza–aprendizaje de la Historia de Cuba es, por su racionalidad e influjo sociocultural, un proceso que exige un incuestionable rigor formativo. En virtud de esto, si se concreta la utilización de los contenidos de la Historia Local en el estudio de la Historia Nacional, como fuente de potenciación de valores en las nuevas generaciones, estaríamos dando una respuesta a la necesaria integración de la identidad en la enseñanza de nuestra Historia.

Se pretende al respecto sustentar la vinculación de los contenidos históricos locales en el proceso de enseñanza–aprendizaje de la Historia Nacional en preuniversitario. La Historia Local es un vehículo idóneo para desarrollar valores de identidad, producto de que los alumnos entran en contacto directo con hechos y fenómenos que se encuentran en su medio, que les son propios, que forman parte del paisaje histórico donde se desarrollan; por lo que la formación de la identidad por medio de la Historia Local, imbricada en el programa de Historia de Cuba en preuniversitario, incentiva las repercusiones axiológicas de la asignatura.

Atendiendo a la racionalidad del planteamiento anterior, es importante reflexionar en qué medida, se puede contribuir al enriquecimiento del proceso de enseñanza – aprendizaje de la Historia de Cuba en preuniversitario, por lo que se pretende de esta forma darle solución al siguiente problema científico: ¿Cómo proceder a la instrumentación didáctica de la Historia local antillana durante el período neocolonial en el proceso de enseñanza de la Historia de Cuba en el duodécimo grado?

Objeto: Proceso de enseñanza–aprendizaje de la Historia de Cuba en el duodécimo grado del nivel preuniversitario.
Campo de acción: la instrumentación didáctica de la historia local antillana durante el período neocolonial de 1952 – 1958.
Objetivo: Elaboración de una propuesta de variantes metodológicas que permitan la instrumentación didáctica de la historia local antillana durante el período neocolonial de 1952 – 1958 en el Proceso de enseñanza–aprendizaje de la Historia de Cuba en el duodécimo grado del nivel preuniversitario.

DESARROLLO
La historia local y sus potencialidades formativas.

La Historia Local debe comprenderse como un recurso pedagógico que contribuye a la formación del pensamiento histórico de los escolares, a partir del logro de un acercamiento del educando a la dimensión contextual de la Historia Nacional, o sea, el estudiante constatará el influjo de los hechos, procesos, fenómenos y personalidades nacionales en la localidad y viceversa; así como se concientizará del papel de la localidad en estos acontecimientos, de forma tal que se haga evidente la relación dialéctica entre lo particular y lo general, pretensión sólo posible, a partir de la vinculación de la Historia Nacional con la Historia Local.

En este sentido se estimula el aprendizaje histórico de los escolares, quienes verán en la Historia Local, no un exacerbo de los contenidos relacionados con el contexto o la región donde habitan, sino un soporte para una comprensión más rigurosa y real de la historia de su nación; de modo tal que, lejos de fomentar un localismo acrítico y estéril, exhiba la policromía y unidad de valores históricos, económicos y sociales, que definen nuestra identidad cultural históricamente condicionada.

Sobre esta base, se procede a ofrecer algunos criterios en relación con las potencialidades formativas de la Historia Local en su vinculación con la Historia de Cuba.

Resulta atinado reconocer la enseñanza de la Historia de la Localidad como un recurso de aproximación del educando al clima peculiar del hecho, proceso, fenómeno o personalidad local o nacional que se estudia. Desde esta óptica, la proximidad tendrá como sustento el estímulo de la relación afectiva con el pasado, dimensión temporal que garantiza las explicaciones racionales entorno al presente y futuro del sujeto en formación. Este factor condiciona una visión de la Historia como lógica relación pasado-presente-futuro, de forma tal que se produzca un quebranto con la concepción retrógrada de la Historia como ciencia de un pasado estático.

Es este precisamente uno de los elementos prioritarios de la enseñanza de la Historia, demostrar la presencia del pasado en la vida actual y, en tal sentido, la Historia Local permite dar respuestas a las múltiples interrogantes que se presentan en torno a la realidad sociocultural donde el alumno se desarrolla, que son el resultado del intercambio vivencial de éste con su medio y su contestación contribuirá a hacer más significativa y propia la Historia Nacional, al reconocerse, no sólo como registradores de su tránsito por la vida social, sino como protagonistas y constructores cotidianos de la historia.

El hecho de que el estudiante comprenda que forma parte protagónica de la historia, incidirá directamente en la aprehensión de que la historia del terruño donde se nace, la historia de la comunidad o región donde se vive, son partes inalienables de una historia plural, diversa y compleja, una historia que encuentra en los términos locales importantes espacios de realización económica, política y sociocultural.

El estudio de la historia de la localidad contribuye a la conservación de la memoria histórica del conjunto de identidades fenoménicas que cimientan las culturas locales, , cuya heterogeneidad y expresiones sociales hacen posible advertir la interactividad resultante de la relación entre el contexto local y el ámbito nacional en términos históricos; así se hace más loable la percepción del sentido progresivo y continuo de la historia, del conjunto de transformaciones operadas en los distintos órdenes y esferas, de la identidad del proceso de formación etnocultural de la nación histórica.

Este elemento repercute en la actuación consciente de los sujetos sociales en armonía con las costumbres, tradiciones e idiosincrasia de su nación y en congruencia con los preceptos éticos y códigos axiológicos que distinguen la misma; se trata de utilizar los contenidos de la Historia Local en función de evidenciar la unidad del proceso histórico cubano, en contrapelo con cualquier intento de sobredimensionar algún componente cultural, étnico o antropológico de la sociedad cubana.

Cuando el estudiante se aproxima al estudio de sus raíces y sustentos sociales e históricos, encuentra en el pasado, mediato e inmediato de su localidad, la explicación y demostración de fenómenos de diversa índole que, aunque proyectados en la actualidad, tienen sus orígenes en períodos anteriores; cuestión que genera la asunción de la enseñanza de la Historia Local como una práctica que conduce a la formación del pensamiento histórico de los estudiantes, que se valdrán de la historia para el logro de una explicación convincente del presente y el futuro de su localidad, región y nación: “proporciona una idea más clara de la importancia que revisten las raíces de cada persona en la comunidad, la nación e incluso internacional, reflejando la continuidad de la propia sociedad humana”.

El estudio de la localidad, en el plano histórico, constituye una vía para el conocimiento del conjunto de elementos que conforman la realidad existencial de los estudiantes. Este factor desemboca en la amplitud cognoscitiva de la historia, la cual, sustentada en sus diferentes tópicos, permitirá la adquisición de habilidades como el análisis, la inferencia e interpretación crítica; así como la abstracción, síntesis y valoración en el manejo de las fuentes históricas del conocimiento. De esta forma se propician experiencias útiles para el enriquecimiento de la empírea personal y la cultura general.

La enseñanza de la Historia Local ofrece las concepciones y preceptos teórico-metodológicos necesarios para construir, sobre esta base, conocimientos más complejos cuya implementación didáctica propenda a la aprehensión de una historia plural, que enseñe a los educandos sea cual fuese su origen, a pensarse históricamente, que de explicaciones causales y no azarosas o providenciales: “se requiere una enseñanza de la historia patria que, apegada a los avances de la investigación historiográfica contemporánea, mantenga un diálogo continuo con las ciencias sociales, haga suyos los aportes de ésta y los asuma en una visión integradora de la evolución de las sociedades humanas”.

La posibilidad de establecer contacto con protagonistas locales de procesos históricos de trascendencia y significación social, contribuye a la formación de juicios y criterios valorativos en torno al papel de las fuerzas populares en el apoyo, desarrollo y ejecución de los grandes acontecimientos de nuestra historia y constituye un ente de humanización de las personalidades históricas, rompiendo con la anacrónica concepción de una historia de bronce, que convierte a las personalidades de relevancia que se estudian en estatuas y semidioses.

De esta forma se desvirtúa la posibilidad de la asunción, por parte de los alumnos, de que los héroes y mártires son seres humanos cuya grandeza radica en el influjo de su lucha por el bien de la humanidad y de su patria. La Historia Local es un vehículo procedente para evadir la interpretación monumental de la historia, demostrando que la primera cualidad de los grandes hombres es la de ser humanos, aspecto que acerca a los modelos y paradigmas del hombre nuevo al horizonte de expectativas de nuestros estudiantes.

La instrumentación educativa de los contenidos de Historia de la Localidad en los programas de Historia de Cuba favorece el estudio de cuestiones sociales de indiscutible valor histórico, como la historia familiar, la historia del hombre común, de las mentalidades, de la vida cotidiana, de la gente sin historia y otros elementos, que se constituyen en verdaderos pilares para la formación del pensamiento histórico de los escolares. En tal sentido plantea Rita Marina Álvarez de Zayas: “si el alumno descubre que él, junto con sus compañeros, amigos, familiares y como ciudadanos, forman parte de su sociedad, es mucho más fácil llegar a la convicción de que entre todos están construyendo a la historia¨.

La reflexión entorno al pasado de la localidad es vital para la comprensión actual de su desarrollo: “la historia de la comunidad, con fuentes tan disímiles para su estudio, tanto de elementos económicos, como políticos y sociales, permite sacar del olvido la actividad cotidiana de personas y familias que han enriquecido el acervo cultural, material y espiritual.

Un elemento digno de someterse a consideración, es aquel que se relaciona con la posibilidad que brinda la enseñanza de la Historia Local de aprovechar la interacción familiar y su incorporación en el aprendizaje histórico de los educandos. Debe tenerse en cuenta que la familia constituye un ente de conservación, transmisión y reproducción de tradiciones, costumbres y prácticas sociales que distinguen la vida cultural de localidades y naciones.

El conocimiento de la Historia de la Localidad, a través de la familia, posibilita el acercamiento del estudiante a los valores de identidad en relación con la actividad sociocultural, contribuye a la formación de los mismos y evidencia la importancia de esta estructura social en la preservación y evolución de nuestra identidad local y nacional: “las historias contadas por los familiares, una vez organizadas, sistematizadas y enmarcadas en su contexto, se irán convirtiendo poco a poco en historias con mayúsculas” C. García (1995). En José I. Reyes González.

La Historia de la Localidad proporciona a los educandos un entendimiento claro de las fuerzas generadoras de los procesos de cambio y evolución en la sociedad. Este aspecto, que se desarrolla a partir de su constatación empírica en el propio paisaje histórico donde se desenvuelven, permite una percepción más íntegra de los fenómenos socio-históricos que se estudian y una mayor comprensión del papel de los miembros de un territorio en el desarrollo de los mismos.

La naturaleza y complejidad de muchos de estos procesos implica, que en ocasiones estos sean vistos de manera abstracta, sin embargo, la Historia Local permite su apreciación en la dinámica de la práctica social del medio al cual conocen e identifican como propio, en el cual se desempeñan cotidianamente como entes activos de transformación socio-natural. Cuando la enseñanza de la Historia logra, sin perder la perspectiva de lo nacional, proyectarse en el contexto local; el aprendizaje de la misma se hace significativo, al tener en cuenta que este se produce cuando: “una nueva información entra en relación con algún elemento relevante en la estructura cognitiva del sujeto”.

Otro aspecto interesante es el relacionado con el valor metodológico de la Historia Local para el desarrollo de la perspectiva vivencial, o sea, el estudiante logrará la aprehensión de la Historia a partir de la apreciación y el reconocimiento del influjo de la Historia Nacional en el ámbito local y viceversa. Desde esta óptica, las vivencias de los sujetos en formación se convierten en medios para una didáctica que se vale de los mismos en función de la demostración de las regularidades nacionales en la dimensión contextual de los educandos: “que los alumnos aprendan a mirar, valorar y disfrutar los vestigios del pasado a su alrededor con ojos y oídos históricos, es a lo que se denomina perspectiva vivencial.

Establecer un orden relacional entre la Historia Local y las experiencias sociales de los estudiantes, constituye un proceder coherente para la formación de representaciones históricas nítidas y congruentes con la realidad sociocultural del medio: “esto permite la generalización sobre bases firmes y con ello los conceptos históricos pierden, en cierto sentido, su carácter abstracto. El alumno pasea de lo abstracto a lo concreto pensado, de que nos hablara Marx”.

La Historia Local cuenta con la posibilidad de influir positivamente en el logro de una mayor solidez en los conocimientos históricos. Este aspecto la convierte en un soporte significativo con respecto a las concepciones didácticas, que refrendan la fijación gnoseológica como un resultado del intercambio dialéctico entre el sujeto cognoscente y el objeto de estudio y conocimiento.

La racionalidad cognoscitiva de los estudiantes está estrechamente vinculada con la asimilación consciente y la percepción de los hechos y fenómenos históricos acaecidos en su contexto, que por las características propias de nuestra cultura, no sólo implican un conocimiento de lo local, sino que se proyectan hacia el conocimiento de la Historia Nacional.

Es preciso comprender en qué medida el hecho o fenómeno que se estudia incide en la esfera motivacional-afectiva de los educandos. Desde este punto de vista, la Historia Local, al constituir una respuesta a las necesidades e inquietudes intelectuales de los alumnos y esclarecer múltiples aspectos de la vida cotidiana de éstos, favorece la obtención de conocimientos cuya solidez se basa en el dominio de la realidad, en el ordenamiento, difusión y relación de ideas y en su aprehensión, a través de la riqueza de asociaciones.

La posesión de conocimientos históricos sólidos requiere de la existencia de capacidades y habilidades para su desarrollo y viceversa. La separación de estas categorías es, en este caso, un acto formal, que se ejecuta con la intención de precisar el papel que juega la Historia Local en la formación de las capacidades y habilidades pues, queda claro que en la práctica tal segregación resulta improcedente.

Es válido señalar, que la instrumentación de los contenidos de Historia Local en la enseñanza de la Historia de Cuba constituye un incentivo para el logro del propósito antes mencionado. Cuando este hecho se produce, la comparación emerge como una habilidad implícita en la vinculación Historia Nacional-Historia Local, pues al utilizar las vías inductivas y deductivas, aún sin proponérselo el profesor en el objetivo, ésta aparece durante la confrontación del hecho o fenómeno local con el nacional; donde el alumno establece mentalmente semejanzas.

La Historia Local cuenta con la posibilidad de influir positivamente en el logro de una mayor solidez en los conocimientos históricos. Este aspecto la convierte en un soporte significativo con respecto a las concepciones didácticas, que refrendan la fijación gnoseológica como un resultado del intercambio dialéctico entre el sujeto cognoscente y el objeto de estudio y conocimiento.

La racionalidad cognoscitiva de los estudiantes está estrechamente vinculada con la asimilación consciente y la percepción de los hechos y fenómenos históricos acaecidos en su contexto, que por las características propias de nuestra cultura, no sólo implican un conocimiento de lo local, sino que se proyectan hacia el conocimiento de la Historia Nacional.

La enseñanza de la Historia Local, en su vinculación con la Historia de Cuba, constituye un medio loable para el desarrollo de habilidades de trabajo con las fuentes históricas. Las posibilidades de utilización creativa e independiente de estas fuentes, por parte de los alumnos, se amplían al proyectarse hacia el uso de las mismas en la localidad, donde se posibilita el acceso a las fuentes primarias; aspecto este que, desde el punto de vista práctico, se hace más difícil fuera del contexto de lo local.

Por lo que el estudio de la historia local servirá como medio motivacional para el estudio de nuestra Historia Nacional logrando una fijación de los contenidos que se imparte. Estos aspectos darán mayor importancia y significación al estudio de la historia, liberada del excesivo manejo fáctico y de la memorización de fechas. Una historia que resulte fiel a la verdad y se muestre en su integralidad.

La inserción de la historia local con la historia nacional.
Es válido señalar que los alumnos pueden cotidianamente contactar con la historia de la localidad, que se refleja en cada estructura y porción de su hábitat. Lo anterior no significa en lo absoluto que la conozca; no es suficiente con el intercambio sensorial del sujeto con el objeto de conocimiento. El conocimiento científico exige la definición de qué, por qué y para qué se observa; sólo entonces se logrará el deslinde pertinente entre el visón simple y espontánea y la observación científica y lógica. El desarrollo de esta habilidad garantiza la amplitud cultura de los estudiantes, dándole una mayor significación al contexto histórico próximo, que a partir de este momento constituirá una fuente del conocimiento histórico de inminente valor para la formación integral de los educandos.

Definir y valorar son habilidades cuya concreción formativa se muestra compleja desde las perspectivas didácticas de la enseñanza-aprendizaje de la Historia Local, sin embargo, la asunción de los raseros teóricos- metodológicos, que se esbozan en torno a la vinculación de la Historia Nacional con la Historia Local, amplía el horizonte de su instrumentación. Entonces, los contenidos locales viabilizan el tránsito de la generalización a la formación de conceptos y se manifiestan coherentemente con la posibilidad de emisión de juicios al respecto, cuestiones confluentes en el terreno de las habilidades tratadas.

Algo similar ocurre con la habilidad de explicar, pues no siempre la explicación de los hechos, fenómenos y procesos locales encuentran sus evidencias causales en el contexto que se estudia; realidad que impone la necesidad de rebasar el margen de lo local, en función del logro de una mayor racionalidad fáctica e interpretativa que sustenta el rigor gnoseológico de la Historia; e ahí un núcleo demostrativo de la necesidad de vincular ambas historias.

Desde esta posición, la Historia de la localidad constituye un recurso pedagógico de valor, garante del logro de explicaciones coherentes con las exigencias didácticas de la disciplina, al romper con la concepción que asume el uso de la Historia Local simplemente en el plano anecdótico: “ en suma, lo que comunica al estudio de la Historia su máximo valor, no son los hechos mismos por ella relatados, sino los juicios que sugiere, las reflexiones que provoca (…) y las consecuencias sociales, políticas y morales, que son su corolario necesario. Separadamente de las reflexiones que provoca, la narración del hecho humano carece en absoluto de toda significación”.(38)

La enseñanza de la Historia Local, en su vinculación con la Historia de Cuba, constituye un medio loable para el desarrollo de habilidades de trabajo con las fuentes históricas. Las posibilidades de utilización creativa e independiente de estas fuentes, por parte de los alumnos, se amplían al proyectarse hacia el uso de las mismas en la localidad, donde se posibilita el acceso a las fuentes primarias; aspecto este que, desde el punto de vista práctico, se hace más difícil fuera del contexto de lo local.

Cuando la Historia Patria se aborda teniendo en cuenta su repercusión, reflejo y manifestaciones en la localidad, se hace posible la utilización, para el trabajo independiente del alumno, de fuentes cuya factibilidad en otros casos sería excepcional: “ con independencia de la riqueza, o no, de objetos originales con que cuente el Museo Municipal; el grado de conservación de lugares y construcciones. La existencia en mayor o menor medida de testigos o participantes en hechos de carácter histórico, etc., es indudable que tomar en cuenta las fuentes locales enriquece el espectro de posibilidades para organizar el trabajo independiente del alumno y favorecer la asimilación consciente”.(39)

Realidades, apreciadas y construidas por ellos mismos. Estos aspectos darán mayor importancia y significación al estudio de la historia, liberada del excesivo manejo fáctico y de la memorización de fechas. Una historia que resulte fiel a la verdad y se muestre en su integralidad.

Dentro de los elementos, que se deben tener en cuenta para la concreción exitosa de la enseñanza de la Historia Local en el plano educativo, es menester analizar aquellos relacionados con las formas de organización del proceso docente y su influjo en el objeto de estudio de la presente investigación. Siempre será difícil proceder a la ruptura con determinados lastres presentes en la enseñanza de la Historia de Cuba, sin embargo, la asunción de concepciones renovadoras capaces de dinamizar este proceso, constituye una tarea definitoria en la gestión formativa de los educadores.
La Historia Local, sustentada en orientaciones científico-metodológicas coherentes, ofrece potencialidades sugerentes, capaces de evadir la ortodoxia, el formalismo y la monotonía en su enseñanza, al estimular el trabajo con sus contenidos; en función de acrecentar el acervo histórico- cultural de nuestros educandos.

La empírea profesional indica que la existencia de un educador competente, con solidez gnoseológica en el plano histórico y dominio del herramental metodológico necesario, se convierte en un ente propiciador de sabiduría histórica para sus educandos, quienes junto a él serán capaces de afrontar los retos que implica la realización de esta tarea. Estas cuestiones resultan vitales en la enseñanza de la Historia, la cual no solo utiliza el contenido emanado de la práctica historiográfica, sino que favorece la conducción de los alumnos al conocimiento histórico, por vías similares a las que utiliza esta ciencia en la investigación. Esta cuestión implica una consolidación de las capacidades investigativas y gnoseológicas de los alumnos, aspecto trascendente, si se tiene en cuenta que esto no sólo permitirá su conversión en sujetos competentes en la aprehensión histórica, sino también consolidará su desarrollo como sujetos de la investigación, al lograr profundizar sus conocimientos y el manejo de los mismos.

Las excursiones a sitios de relevancia histórica, las visitas y labores relacionadas con los museos, los coloquios o entrevistas con testigos y participantes en los hechos históricos, el trabajo con las fuentes documentales, el desarrollo de investigaciones sencillas. A lo que se agrega la interacción dialéctica y cotidiana con monumentos arquitectónicos, mobiliarios, ajuares, enseres, y otros objetos, que tipifican el modo de vida y condicionan la realidad en el contexto o región que se estudia; permiten la comprensión de la relación dialéctica entre el pasado, el presente y el futuro.

Esta práctica se simplifica y estimula, si se aprovechan con el tino requerido, las múltiples potencialidades que brindan las fuentes históricas locales para el desentrañamiento, la explicación y el conocimiento de la plurifactorialidad de elementos que conforman la Historia Patria. Se trata de convertir los paisajes comunitarios, ambientes citadinos y campestres, los hogares y la vida cotidiana, en talleres, laboratorios y aulas naturales y vivas; donde el alumno accede a los conocimientos históricos, y domina las formas y métodos para arribar a éstos.

Todos estos aspectos contribuyen a optimizar la Historia en su materialización didáctica, puesto que, no solo los textos, centros de información, museos y bibliotecas constituirán fuentes de obtención del conocimiento histórico. Las calles, parques, monumentos y otros espacios, unidos a entrevistas a personalidades históricas o a personas comunes de la localidad, permitirán un conocimiento más vívido y perdurable de la historia.
La utilización didáctica de estos elementos, reducirá la generación de planos sinópticos y esquemas abstractos, que en ocasiones rozan lo incomprensible; por el contrario, permitirá el contacto con rste argumento responde a una racionalidad técnica, se requiere establecer el justo equilibrio entre el conocimiento histórico y la sapiencia metodológica. Tender a hiperbolizar alguno de estos elementos conduce a extremos, generalmente nocivos, para el desenlace óptimo del proceso pedagógico.

Esta cuestión es esencial en el acontecer didáctico de la Historia, pues seudointerpretaciones conducentes al sobredimensionamiento de la cultura histórica del docente, en detrimento de su caudal pedagógico, pueden desembocar en la tenencia de excelentes académicos en los centros educativos y maestros mediocres en la enseñanza y, en el caso contrario, no se tendrán siquiera ni maestros mediocres, ni académicos excelsos:
“Habrá que cuidarse de la sobreestimación del aparato conceptual pedagógico divorciado del conocimiento histórico.

Sin cultura histórica básica, poco podrá hacer un docente al que se le hable, entre otras cosas, de diagnóstico, objetivos, habilidades, métodos o estrategias de aprendizaje, asuntos que, por atinados que puedan ser y que sin duda lo son, se vuelven estériles si no encuentran terreno abonado desde el punto de vista cultural. Sin un sólido dominio de la información histórica, del conocimiento, no puede existir proyección pedagógica confiable”. (40).

Cuando se habla de formas de organización en la enseñanza de la Historia Local, la clase emerge como fundamental; no obstante, ésta debe considerarse como tal , sin dejar de apreciarse que no es la única, pues existen otras formas cuya importancia formativa es necesario tener en cuenta. Estos criterios son compartidos por los siguientes investigadores Waldo Acebo (1991), I. Núñez (1993), Y. Frías y H. Pérez (1995) y H. Díaz Pendás (2000), entre otros.

Estos autores, como fruto de su desempeño profesional y de sus experiencias, consideran que el sistema de conocimientos puede explotarse positivamente a través de diferentes formas organizativas. La clase es considerada como la forma organizativa fundamental y se aprovechan las potencialidades que brindan otras como el trabajo docente en el museo, la excursión histórico docente, el testimonio, la investigación histórico docente, el trabajo con tarjas y monumentos locales, los cines debates y el trabajo en bibliotecas, etc.. Todas estas formas, por su relevancia en el espectro educativo, requieren de estudio y práctica pedagógica.

En lo que respecta a la clase, la historia de la localidad no debe asumirse y tratarse de manera independiente; todo lo contrario, los contenidos locales deben integrarse al sistema de conocimientos de la Historia Nacional. De lo anterior se infiere la necesidad de concebir metodológicamente el material local en imbricación con el material histórico general de la unidad donde el mismo se inserta. Este aspecto presupone un lugar para estos contenidos en la concepción integral de la clase, plasmada formalmente en sus objetivos y sometidos a un tratamiento didáctico similar al resto de los contenidos que se abordan.

Con respecto al trabajo docente en el museo, la literatura consultada, M. A. Cano (1918), Ramiro Guerra (1923), P. García (1941), N. G. Dairy (1978), Waldo Acebo (1985, 1991) y H. Díaz (1988), refiere la necesidad de sustentar su organización en una secuencia de pasos, que comprenden aspectos organizativos generales y aspectos metodológicos específicos. Al respecto el investigador Waldo Acebo (1991) realiza una serie de consideraciones que, a continuación, se muestran en una síntesis:
En lo concerniente a los aspectos organizativos generales:
¨ El Departamento docente, el colectivo pedagógico o el educador, debe organizar y concretar una visita inicial de familiarización con las colecciones museables, a partir de la cual se efectúa un inventario de los exponentes y la ubicación de los mismos.

¨ El colectivo pedagógico, o el docente, a partir de este procedimiento, diseñará un proyecto concebido en función de vincular la pluralidad de medios expuestos con los contenidos de los programas de Historia; acción que favorecerá el análisis y la expresión de la vinculación de la Historia Nacional con la Historia Local, cuestión de importancia para el tratamiento didáctico-metodológico de las unidades del programa, convirtiéndose a su vez en un instrumento propicio para la autopreparación del docente.

En cuanto a los aspectos metodológicos específicos:

¨ realizar una nueva visita en función de efectuar la selección del material a utilizar con respecto al contenido que se tratará. Este será el momento en que se colegiarán con el guía o técnico de la Institución las características de la actividad a realizar, la fecha y hora de ejecución y los objetivos generales de su puesta en práctica.
¨ Elaboración de los objetivos específicos de la variante que se adopte, en correspondencia con la concepción general del trabajo y la función didáctica principal.
¨ Diseño de una guía de observación y un plan del recorrido a efectuar durante la visita o la clase, según la variante concebida. En cualquier caso debe proyectarse en relación orgánica con el resto de las clases de la unidad.
¨ Concebir la diversidad de formas de control y evaluación de la actividad, que en el caso del trabajo independiente pueden ser plasmadas en la propia guía de observación.
El trabajo en el museo se presenta en tres variantes fundamentales: la primera, dirigida por el guía o directamente por el educador; la segunda, realizada de manera independiente por los alumnos y la tercera, consistente en la clase vinculada al museo. El profesor Horacio Díaz Pendás (1988), apunta una serie de ideas en torno a estas variantes; a manera de resumen pueden considerarse las siguientes:
Referente a las visitas dirigidas:
¨ Se requiere la precisión y formulación de los objetivos que han de lograr los estudiantes y concientizarlos acerca del lugar que ocupa el material a observar con lo que se ha estudiado.
¨ La actividad en el museo debe cimentarse en la dirección y el control de la observación.
¨ La oralidad del educador o el guía debe contribuir a revelar los aspectos esenciales del contenido tratado, alejándose de la discursividad académica.
¨ Estimular el diálogo, los comentarios y las interrogantes de los alumnos, de manera que la visita se convierta en una respuesta a sus necesidades cognoscitivas e intelectuales.
¨ Otorgar el tiempo requerido para la realización por parte del educando, de anotaciones pertinentes, además, para lograr atender las diferencias individuales.
¨ No realizar recorridos demasiados extensos en grandes museos con grupos mayores de quince alumnos.
¨ El docente brindará a los estudiantes las orientaciones e instrucciones necesarias, en correspondencia con los objetivos que persiguen con la visita, para la cual se elaborará una guía de observación como medio fundamental de apoyo.
¨ La guía de observación funciona como instrumento de dirección del aprendizaje, al establecer la necesaria relación entre lo que el educando ha recibido en el curso de Historia y el contenido que tratará en el museo, o viceversa.
¨ La guía debe precisar qué debe observar el alumno y las actividades o tareas a realizar, las cuales serán objeto de exposición, discusión, control y evaluación en la escuela, o sea, orientará acerca de lo que el alumno tiene que hacer con lo que observa.
Sobre las visitas independientes:
¨ Motivar a los estudiantes a realizar la visita, a partir de concientizarlos del valor de esta actividad para su desarrollo histórico-cultural y para el cumplimiento de los objetivos de la asignatura.
¨ Orientarlos en torno a los elementos a tener en cuenta en el transcurso de la actividad, los aspectos a observar y la información a registrar.
¨ Diseñar una guía de observación donde se recojan los exponentes con que deberán trabajar, los contenidos a tratar, las acciones a realizar y los procedimientos a utilizar.
¨ Convenir previamente la actividad con los guías y técnicos del Museo, con el fin de garantizar el apoyo institucional necesario, sin limitar la actuación independiente de los alumnos durante el desarrollo de la visita.
¨ Planificar, organizar y concretar espacios para la socialización y evaluación de los resultados de la actividad.
En relación con la clase vinculada al museo:
¨ La clase debe impartirse en la sala o salas, siempre que existan condiciones materiales e higiénicas.
¨ Si fuera posible se debería crear un local en el museo habilitado con estos fines. En la actividad a realizar lo fundamental es que su contenido se sustente en las observaciones previas o posteriores que realicen los estudiantes.
¨ En caso de que la clase vinculada el museo se desarrolle en la escuela, su realización y el núcleo de las actividades deben auxilliarse y responder a las vivencias e información obtenidas por los estudiantes de los exponentes, los cuales constituyen fuentes sin las que la clase no podría realizarse.

La consideración del testimonio, como una de las formas de organización de la enseñanza de la Historia Local, impone la necesidad de realizar algunas reflexiones iniciales. La información oral posee una larga tradición en campos como el jurídico, etnográfico y antropológico; sin embargo, en la esfera historiográfica la preeminencia de la fuente escrita limitó las potencialidades que ofrece la oralidad en estudios sociales.

En realidad, la enseñanza de la Historia experimenta cierto retraso en la realización de esta variante por la clara relación existente entre ciencia y asignatura.

Es necesario señalar, que aunque el testimonio brinda las potencialidades formativas anteriormente mencionadas, el mismo adolece de la imposibilidad de explotar, en todos sus casos, la emisión de juicios históricos objetivos, la valoración crítica y la explicación racional de las múltiples cuestiones que se abordan durante el ejercicio testimonial. Esta razón obedece a que los testimoniantes no son en su generalidad historiadores o analistas y pueden caer en subjetividades; por lo que la valoración, en múltiples ocasiones, escapa de las posibilidades de los testigos y protagonistas.

Esta realidad no limita la importancia educativa de esta forma de organización. Por el contrario, si la misma se complementa con recursos pedagógicos pertinentes, los juicios críticos y las valoraciones encontrarán el estímulo necesario para su formación y desarrollo, o sea, el docente utilizará los argumentos del testimoniante para el establecimiento de criterios respaldados por la ciencia histórica. De esta forma se amplía el rigor del testimonio como fuente del conocimiento histórico en el plano historiográfico y como forma de organización docente en el ámbito de la enseñanza de la Historia de Cuba.

Todas estas razones conducen al necesario establecimiento de una serie de criterios metodológicos orientados al tratamiento de esta forma de organización; entre éstos se precisa considerar en un primer momento que al planificar los objetivos de una entrevista o conversatorios, el docente debe tener en cuenta la correspondencia existente entre la información que se persigue obtener y las posibilidades del testimoniante que habrá de aportarla. Delimitar cuidadosamente las posibles interrogantes a realizar durante el desarrollo de la actividad, siempre en virtud de las competencias de la persona que brinda el testimonio, de modo que no surjan preguntas que vayan más allá de sus posibilidades reales de respuesta.

Otro elemento que no debe soslayarse es la subjetividad que caracteriza el acto, factor conducente a la parcialidad, consciente o no, del testimoniante; así como las imprecisiones que el mismo puede mostrar en términos fáctico, entre los que podrían presentarse datos tales como fechas, horas, nombres de otros participantes, conversaciones sostenidas, etc..

En este sentido, el docente debe contar con la vulnerabilidad de la memoria humana, la cual no siempre resulta del todo fiable y, en ocasiones, tiende a prescindir de aspectos de menor grado de esencialidad en lo que respecta a un hecho, fenómeno, proceso o figura histórica determinada. Además, el testimonio por su elevada subjetividad puede modificar el sentido de lo que se relata, en correspondencia con la posición y cosmovisión del testimoniante, cuestión que no necesariamente implica inexactitud consciente o la falta de veracidad.

En tal sentido, bajo ningún concepto el maestro debe deleznar la funcionalidad didáctica del testimonio y mucho menos, en caso de su realización, si se presentan algunas de estas cuestiones negativas, se procederá a desmentir públicamente la esencia del testimonio; por el contrario, haciendo gala del tacto pedagógico afrontará con posterioridad las correcciones necesarias.

Para evitar estas cuestiones, se ha de procurar un intercambio previo con el testimoniante, aspecto que permitirá el convenio y la determinación de los elementos organizativos de la actividad: fecha, hora, lugar, objetivo, aspectos a tratar y la variante metodológica del testimonio a aplicar. En caso de que la selección fuese la entrevista, resulta atinado entregarle con anterioridad un número reducido de interrogantes generales para orientar el rumbo gnoseológico del acto. Las preguntas, tal como refiere el profesor Acebo, no deben rebasar el número de cinco: “para no influir en la frescura y espontaneidad de las respuestas, asunto no despreciable”.

En cuanto a lo que se va a preguntar, es menester estar conscientes de que es preciso establecer quién o quiénes realizarán las preguntas y sobre qué se preguntará; de manera que no se pierdan la esencia y objetivos de la actividad. Todo esto, sin limitar la posibilidad de evacuar todas las dudas e inquietudes de los estudiantes. No se trata de limitar la espontaneidad en el acto, sino de potenciar la dirección planificada y consciente de la variante que se concreta. Para ello los participantes deberán poseer la información necesaria al respecto, de modo que se eviten preguntas complejas y redundantes, o que no guarden una relación lógica con los presupuestos a manejar durante el testimonio, factores que conceden al docente un rol protagónico en la concepción y dirección de la actividad.

En lo que a esta forma de organización se refiere, resulta loable la asunción de una serie de pasos que la literatura especializada propone al respecto. Estos pueden sintetizarse en los preceptos siguientes:
¨ Determinación del asunto, los objetivos generales y el posible testimoniante a convocar para la actividad.
¨ Reunión previa con el testimoniante, en la cual se definirán los aspectos organizativos y los objetivos de la actividad.
¨ Realización del testimonio.
¨ Socialización escolar de la información obtenida.

Es válido reiterar, que los objetos, documentos y otros elementos que constituyen fuentes para el estudio y conocimiento de la Historia Local, tienden al acercamiento de los estudiantes a la metodología de la investigación histórica y facilitan la utilización de métodos docentes condicionadores de la interactividad del proceso de enseñanza aprendizaje de la Historia; donde la productividad y el incentivo del trabajo independiente se propician, por el interés y la motivación que despierta el estudio y conocimiento de la Historia Local. Las formas de organización que se sugieren deben asumirse desde un óptica creativa, sin rigidez conceptual ni metodológica. Ese es el modo más eficiente para imprimirle un mayor dinamismo a la enseñanza de la Historia de Cuba en su necesario vínculo con la Historia de la Localidad.

CONCLUSIONES
La región antillana también contribuyó con hechos importantes, personalidades históricas y organizaciones fundamentales que pasaron a formar parte de lo mejor de nuestras tradiciones patrióticas, por lo que podemos afirmar que han enriquecido a nuestra propia identidad nacional. En esta región todavía viven personalidades que fueron protagonistas de la lucha clandestina y que en la actualidad son un testimonio fiel de lo vivido por el pueblo cubano en la república neocolonial en los años 1952 -1958.

La participación del territorio Antillano en las guerras de independencia nos permitió darnos cuenta de la importancia que brinda la historia local en la insertación de la Historia de Cuba. Al determinar los antecedentes históricos de nuestro municipio nos percatamos que estas potencialidades pueden ser explotadas en el estudio de la Historia de Cuba.

A través de la Historia Local podemos desarrollar al máximo la formación de valores de identidad, de sentimientos de pertenencia de amor a la patria en que vivimos.

La investigación desarrollada ha permitido encontrar diversos elementos teóricos que enriquecen el estudio de la Historia Local en el municipio de Antilla aspecto que ha sido utilizado ampliamente para el desarrollo del trabajo que se presente.

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AUTOR
Lic. Willber Artigas Cruz. Prof. Instructor.
INSTITUCIÓN: Dirección Municipal de Educación.
IPUEC “Desembarco del Perrit”
CP: 82400
e-mail: spantilla@hlg.rimed.cu

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