RESUMEN
Este artículo tiene como objetivo analizar el papel que desempeña la tradición
familiar en la función educativa de la familia a partir de un análisis
sociológico, psicológico y pedagógico. En este se destaca la necesidad del
rescate de las tradiciones familiares. En primer lugar se establece una
definición por la autora.
Se exponen las concepciones marxistas acerca del papel
histórico de las tradiciones y las ideas de pensadores cubanos, entre ellos José
Martí y Fidel Castro Ruz. Constituye un resultado de investigación que tributa
al proyecto Familia y Desarrollo Humano del Instituto Superior Pedagógico José
de la Luz y Caballero, de Holguín, Cuba, y forma parte de la tesis de Maestría
en Educación desarrollada por la autora.
Palabras clave: Tradición, familia, tradición familiar.
Abstract
The objective of this article is to analyze the role of the family tradition in
the family educative function through the sociological, psychological, and
pedagogical analysis about the paper of the traditions in the development of the
personality of the new generations. The necessity of the rescue of the familiar
traditions is emphasized. In the first place a definition by the author settles
down.
The Marxist conceptions are exposed about the historical paper of the
traditions and the ideas of Cuban thinkers, among them Jose Martí and Fidel
Castro Ruz. This is an investigation result of the project Family and Human
Development of the José de la Luz y Caballero Pedagogical University and is part
of the education mastery thesis development by the author.
Key words: Tradition, family, family tradition.
La Constitución de la República de Cuba, en su capítulo sobre familia establece:
“El Estado reconoce en la familia la célula fundamental de la sociedad y le
atribuye responsabilidades y funciones esenciales en la educación y formación de
las nuevas generaciones”[1]. Esto pone de manifiesto la voluntad política del
Estado Cubano de asignarle a la familia un papel más protagónico.
Múltiples son las investigaciones realizadas en Cuba sobre este tema. Entre sus
conclusiones se encuentran la referida a la modificación y pérdida de
tradiciones familiares; así como el insuficiente conocimiento de las tradiciones
de la pseudorrepública.
Aunque se reconoce el papel que puede desempeñar la conservación y rescate de
las tradiciones familiares en la formación de una cultura general integral en
los educandos, en las actuales estrategias de relación escuela – familia no se
incluyen acciones para la contextualización de estas como una vía para lograr la
formación de la personalidad de las nuevas generaciones. A esto hay que agregar
que los estudios teóricos y metodológicos sobre esta temática son insuficientes.
Este artículo tiene como objetivo analizar el papel que desempeñan las
tradiciones familiares en la función educativa de la familia a partir de un
análisis sociológico, psicológico, y pedagógico.
Se considera necesario reflexionar, en primer lugar, sobre la definición de
tradición. Desde el punto de vista etimológico la palabra tradición proviene del
latín traditio y este a su vez de tradere que significa “entregar”. En el
Diccionario de la Lengua Española se define como: “Transmisión de noticias,
composiciones literarias, doctrinas, ritos, costumbres, etc. hecha de generación
en generación”.[2] Como elemento importante esta definición considera el aspecto
dinámico de las tradiciones, o sea, lo que tiene que ver con la transmisión.
Una de las instituciones que reconoce con más fuerza el papel de las tradiciones
es la Iglesia Católica. Para los judíos era entendida como enseñanza oral de los
ancianos; los católicos romanos y griegos consideraban como tradición la
enseñanza de Jesús o de los apóstoles, o de los diferentes líderes.
Los clásicos del Marxismo Leninismo reconocen el valor histórico de las
tradiciones. En la obra El 18 Brumario de Luís Bonaparte, Carlos Marx señala:
“Los hombres hacen su propia historia pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo
circunstancias elegidas por los mismos, sino que existen y les han sido legadas
por el pasado.[3] Lenin por su parte, comprendió el valor de las tradiciones
como elemento regulador de las relaciones entre las personas. Consideraba que la
disciplina social y la organización del trabajo se mantenía por la fuerza que
tienen las tradiciones.
Fidel Castro Ruz, destaca el papel de las tradiciones en la formación de las
nuevas generaciones; al hacer alusión a la batalla de Girón, planteó: “¿Por qué
aquellos reclutas se comportaban tan bien? Porque existía ya una tradición…de
lucha contra el armamento moderno […] Es la importancia que tiene el estudio de
la Historia, de las experiencias, de las tradiciones combativas, porque ya se
crea ese espíritu, se crea una moral, se crea una convicción” [4]
El estudio realizado de diferentes autores, tales como: (Burggess, 1931), (Dewey,
2003), (Madrazo, 2005), (Ferrer 2007) permite identificar como elementos
fundamentales a tener en cuenta a la hora de definir la tradición, los
siguientes: transmisión de generación en generación, proceso, conservación,
permanencia en el tiempo.
En cuanto a la tradición familiar, varios autores cubanos aseveran su
importancia en la formación de las nuevas generaciones. José Ramón Fabelo
(2006), Ana Vera Estrada (1997), Patricia Arés Muzio (2002), entre otros. Sin
embargo, no se ha encontrado una definición precisa sobre tradición familiar que
aborde los elementos necesarios y suficientes que distingan a estas de otros
tipos de tradiciones.
El análisis efectuado permite establecer como rasgos que deben estar presentes
para definir la Tradición Familiar los siguientes: actividad propia de la
familia; recurrente; debe ser aceptada por cada uno de sus miembros; trasmitida
de generación en generación; puede ser enriquecida y contextualizada a partir de
los cambios que se producen en el orden económico y social.
Todo lo anterior lleva a establecer por la autora de este trabajo, la siguiente
definición de tradición familiar:
Tradición familiar: actividad recurrente que se trasmite de una generación a
otra, aceptada por los miembros de la familia, con gran significado emocional
que los identifica y se hace típica de una región o de un país, se enriquece,
contextualiza o desaparece conforme a los cambios socio económicos que se
producen.
La familia constituye un espacio emocional afectivo y comunicativo de vital
importancia, en la vida del ser humano. En el proceso de interacción familiar;
el sujeto enriquece su actividad interna en la medida que participa de las
tradiciones de la familia, se apropia de conocimientos, desarrolla habilidades y
es capaz de reflexionar acerca de sus comportamientos. En el plano externo las
tradiciones posibilitan que el sujeto establezca relaciones con los demás
miembros de la familia en diferentes contextos.
Las tradiciones que tienen lugar en la familia ejercen control sobre sus
miembros, pues por medio de ellas se establecen normas y valores que regulan el
comportamiento de la disciplina, el horario de vida y las tareas que
desarrollan.
En la familia, las tradiciones tienen un elevado contenido psicológico, al
promover una comunicación emocional que responde a las necesidades individuales
y colectivas de sus miembros. Las tradiciones familiares mediatizan los roles,
las relaciones interpersonales, los afectos familiares y la empatía entre los
individuos que la integran.
En el plano psicológico las tradiciones en la familia contribuyen a favorecer la
satisfacción de las necesidades básicas del hombre como las de carácter sexual,
el de la aceptación entre las personas, la educación de los recién nacidos e
incluso la producción y el uso de bienes materiales.
La formación de la personalidad de los miembros de la familia a través de las
tradiciones es un proceso creativo, activo, que es interiorizado por el
individuo lo que permite que se abra paso de forma propia en las relaciones
sociales que establece y que exprese de manera particular sus valores.
Para la transmisión, apropiación y desarrollo de las tradiciones es necesario
que cada miembro se comprometa con determinadas tareas que estimulen las
relaciones afectivas y la satisfacción tanto individual como familiar. A través
de la manifestación de coincidencias de expectativas se ayuda a limar algunos
roces familiares; con todo esto se logra una mayor cohesión como expresión de un
nivel superior de desarrollo de este grupo. (Torroella, 2002) refuerza esta idea
cuando plantea: “La familia como grupo social de referencia y pertenencia
expresa la intensidad de los lazos afectivos que se establecen en el plano
individual y un todo unificado en el grupo”.
Si en el proceso de transmisión de las tradiciones familiares existe un clima
emocional favorable, de simpatía, de confianza y de cordialidad, los resultados
en la formación de la personalidad serán satisfactorios.
Como cada grupo, la familia establece un código ético, sus normas, costumbres y
tradiciones que deben ser aceptadas por sus miembros y velar por el cumplimiento
de ellas. Las tradiciones familiares desarrollan sentimientos y actitudes de
interés por los demás. Es importante que en lo individual las personas sepan que
se interesan por ellas, y esto a su vez permite conocerse mejor a sí mismo y a
los que lo rodean y de este modo establecer relaciones de respeto y solidaridad.
Desde el punto de vista pedagógico, Makarenko y Shukina reconocen el papel
educativo de la tradición en el colectivo escolar. Estas ideas se asumen como
válidas para el desarrollo de la familia como grupo social. En este sentido A.
S. Makarenko señalaba que: “Inculcar las tradiciones, conservarlas, es una tarea
de extraordinaria importancia en la labor educativa”. [5], mientras que (Schukina,
1978) refiere como las tradiciones se fortalecen en los niños cuando estas se
hacen conscientes, cuando es capaz de reflexionar sobre las ideas y valoraciones
morales que se encierran en ellas. Para lograrlo, la referida autora propone
como vía el diálogo, las discusiones en torno a las tradiciones de manera tal
que los miembros se sientan parte de ellas.
La experiencia de los mayores, el respeto a ellos, a su trabajo, el honor, la
disciplina, son cualidades que se van formando a través de las tradiciones en la
vida familiar. Estas son capaces de embellecer la vida cotidiana de la familia y
los miembros se enorgullecen, dignifican, ganan en confianza y seguridad en este
espacio.
En Cuba la educación tiene sus bases en las tradiciones revolucionarias,
combativas, laborales, deportivas y familiares, esta es una forma de conservar
la memoria histórica. Constituye un proceso dirigido a la creación de
sentimientos de respeto por las actitudes, normas de conducta de las
generaciones anteriores.
De lo anterior, se comprende la necesidad de transmitir las tradiciones a las
presentes y futuras generaciones, no se pueden romper los lazos que nos une a la
historia de los pueblos. De ahí la importancia que tiene mantener la memoria
histórica, para enriquecer las tradiciones.
Para la familia cubana es motivo de orgullo toda la riqueza cultural legada por
las generaciones anteriores, pues es un modo de preservar su pasado para
enriquecer su presente y su futuro. Al respecto José Martí dijo: “Lo pasado es
la raíz del presente. Ha de saberse lo que fue, porque lo que fue está en lo que
es”[6]
Las tradiciones de la familia constituyen una actividad valiosa para que los
padres y ancianos puedan cumplir con la función de educar a niños, adolescentes
y jóvenes y formar en ellos valores sociales. Es importante destacar que
promueven el sentido de identidad, el sentimiento de proximidad, seguridad y
confianza.
A pesar de sus múltiples funciones, la familia no debe desaprovechar las
potencialidades que tiene la tradición familiar para mantener unidos a sus
miembros. Para ello hay que aprovechar todos los momentos de la vida cotidiana,
por ejemplo el desayuno en familia, las actividades que se hacen los fines de
semana, entre otras y en la medida que estas se realicen de forma sistemática y
sean asumidas por sus miembros pueden llegar a ser parte de las tradiciones.
En los vínculos generacionales la tradición familiar desempeña un papel
importante. Los niños, adolescentes y jóvenes necesitan aprender sobre el
pasado, tener una identidad cultural y ser conectados con las generaciones
precedentes. En la medida que los miembros de la familia crecen, maduran y
envejecen sienten la necesidad de compartir sus experiencias con los demás. Un
mayor número de tradiciones familiares facilita que los lazos afectivos sean más
fuertes.
Es importante destacar que la tradición familiar debe favorecer la comunicación
entre sus miembros, lo cual permite conocer las necesidades, metas y problemas
de cada uno de ellos. En la medida que esto se logre pueden ser o no aceptadas
en el seno de la familia, lo que garantiza su continuidad y la posibilidad de
que perduren en el tiempo.
En el estudio de las tradiciones familiares es importante tener en cuenta cómo
estas influyen en la identidad individual y colectiva de este grupo social. De
la Torre Molina define la identidad del sujeto individual o colectivo como:
Procesos que nos permiten suponer que ese sujeto en determinado momento y
contexto, es y tiene conciencia de ser el mismo, y que esa conciencia de sí se
expresa (con mayor o menor elaboración…) en su capacidad para diferenciarse de
otros, identificarse con determinadas categorías, desarrollar sentimientos de
pertenencia, mirarse reflexivamente y establecer narrativamente una continuidad
a través de transformaciones y cambios. [7]
Las tradiciones que tienen lugar en el entorno familiar, permiten que el
individuo manifieste durante el proceso de transmisión o apropiación de estas,
rasgos de su personalidad, (cognitivos, afectivos o volitivos) y también es
capaz de desarrollar sentimientos, hábitos, capacidades que lo identifican como
ser individual y miembro de su familia.
Aunque es posible hablar de tradiciones familiares comunes en una sociedad
determinada, en el grupo familiar existen formas particulares de relaciones y de
comunicación entre sus miembros, por ejemplo, en el modo de vestirse, de comer,
las fechas que se celebran, métodos de educar, entre otros; que expresan su
cultura específica.
En el proceso de identificación del sujeto como parte de una comunidad o nación,
este requiere de la educación, en el que intervienen diferentes agentes
socializadores, como la escuela, la familia, la comunidad, otras instituciones,
organizaciones y medios de comunicación.
La Sociología de la Educación Marxista reconoce el carácter dialéctico de la
relación entre el sujeto y la sociedad, así como entre la educación y la
sociedad, estableciendo un sistema de influencias recíprocas y cambiantes con un
sentido personal.
Las tradiciones familiares inciden en la formación de la personalidad, prepara
al hombre para insertarse en la sociedad. Los sentimientos de amor, de ayuda al
otro, de solidaridad, el deseo de vivir, de compartir con los demás, el
optimismo, el respeto por los ancianos, la aspiración de ser mejor persona
posibilita que el individuo se integre a los diferentes grupos sociales con
mayor facilidad, permite el ser aceptado y aceptar a los otros con sus
cualidades positivas y negativas, a autorrealizarse en lo profesional y
personal.
En el propio desarrollo humano, el espectro de relaciones sociales aumenta y se
complejiza, a partir de las múltiples actividades que realiza el individuo. La
satisfacción de sus necesidades físicas y psicológicas depende sustancialmente
de los tipos de relaciones y vínculos que desarrolla primero con los miembros de
la familia y luego con los diversos grupos que compartirá en el transcurso de su
vida.
La familia como agente socializador desde los primeros años de vida tiene la
responsabilidad de desarrollar una serie de habilidades sociales que van a
facilitar el establecer con éxito relaciones con otras personas.
Antonio Blanco Pérez (2001) señala importantes elementos que destacan la
significación del entorno familiar en la formación de la personalidad: “Es el
medio donde el niño recibe la primera información acerca del mundo, donde se
establecen las primeras relaciones afectivas, donde el niño se introduce en un
sistema de normas de vida elementales y se establecen las primeras regulaciones
a la conducta, donde se establecen los patrones éticos y estéticos elementales”.
[8]
La familia inicia el proceso de educación y a este debe integrarse la escuela y
las restantes instituciones sociales. Cuando el niño ingresa a la escuela (5 – 6
años) tiene sus primeras experiencias educativas fuera del hogar, que junto a
las recibidas en la familia, van conformando su personalidad.
La escuela al igual que la familia educa en todo momento, es la encargada de
transmitir todo el sistema de conocimientos acumulados por la sociedad acorde
con el nivel escolar, así como habilidades necesarias para la vida social, de
forma planificada, consciente y sistemática e inclusive debe estar preparada
para orientar a los padres y a la familia para cumplir con su función educativa,
lo que significa que estas instituciones tienen como objetivo, preparar
ciudadanos íntegros, capaces de asumir los retos y desafíos sociales de su
tiempo.
Las normas de conducta y valores éticos que se forman a través de las
tradiciones familiares preparan al individuo para su convivencia en la sociedad
y esto se pone de manifiesto en su modo de actuación al ingresar en la escuela.
Resulta válido que la labor formativa que se puede realizar a través de las
tradiciones familiares no solo sea una tarea de este grupo, sino que la escuela
desarrolle un trabajo encaminado al rescate de las tradiciones.
En conclusión, al concebir las tradiciones familiares como actividades
específicas que se trasmiten de generación en generación, se reconoce que deben
ser conservadas a través del tiempo, contextualizándolas a las nuevas
condiciones por las siguientes razones:
· Por la necesidad de comunicación intrafamiliar.
· Por ser actividades a través de las cuales se forma y consolidan valores
que favorecen los lazos afectivos de los miembros.
· Porque a través de las tradiciones familiares sus miembros son capaces
de asumir los cambios que se producen en sus ciclo de vida y los eventos vitales
que tienen lugar en las mismas.
· Porque preparan al individuo para adaptarse, transformar e insertarse en
la sociedad y en este proceso es capaz de transformarse a sí mismo.
· Facilitan las relaciones interpersonales entre los miembros de la
familia.
Por último, es necesario apuntar que el análisis realizado demuestra la
importancia de las tradiciones familiares en la formación de la personalidad de
las nuevas generaciones, lo cual justifica la necesidad de seguir profundizando
en las investigaciones que propicien su rescate y contextualización.
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[4] Fidel Castro Ruz. Ediciones OR. Trimestre enero-febrero 1981 p.38
[5] A. S. Makarenko. La colectividad y la educación de la personalidad.
Editorial Progreso. Moscú. 1997. p. 167.
[6] José Martí: Obras completas, t. 12, p. 302.
[7] Carolina de la Torre Molina: Identidad e Identidades. A propósito de la
familia. Parte de: La familia y las ciencias sociales, de Ana Vera Estrada:
Biblioteca de Historia y Cultura de la Familia en Cuba. p. 112.
[8] Antonio Blanco Pérez. Introducción a la Sociología de la Educación.
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AUTOR
Lic. Dilma González Arbella
Dpto. de Formación Pedagógica General
Universidad Pedagógica de Holguín
amauryp@hlg.rimed.cu