RESUMEN
Por ser el tema de la familia un estudio universal e interdisciplinario y por su
connotación social, psicológica y pedagógica, se presenta el siguiente artículo
dirigido a reflexionar en cómo lograr la salud familiar al reconocer el papel de
la familia como uno de los principales agentes educativos y de socialización.
INTRODUCCIÓN
Cuenta una fábula que en el humilde hogar de una maestra, en algún rincón, vivía
una araña que, bajo el influjo del ambiente de aquella casa dedicada al estudio
y al cultivo de la belleza, elaboraba sus telas como encajes hermosos que
reproducían la dulce melodía de los ratos de solaz, cuando al piano, la
educadora dejaba vagar la serena complacencia de una vida de orden y productiva.
En cierta oportunidad una mosca estúpida comenzó a rondar cerca de la tela, con
pretensiones de romper la sutil red donde otras habían perdido la libertad y la
vida. Entonces le dijo la arañita: Oye, tonta, es inútil que vengas a romper mi
tejido con tus torpes aleteos. No alterarás la serenidad de mi alma elevada por
el arte de mi trabajo, que es más perfecto por el influjo de la armonía que me
rodea. Se detuvo la mosca y contempló el encanto de aquel ambiente ordenado y
laborioso, y pudo comprender el poderío creador del trabajo en la paz del hogar
honesto y cultivado, donde no existen odios y se engendran las más inesperadas
reconciliaciones. Donde se puede crecer y obrar sin sobresaltos ni temores
(Claro, 1980).
En el párrafo anterior se destacan palabras claves, entre ellas: ambiente
ordenado y laborioso, hogar honesto y cultivado, no existen odios y se engendran
las más inesperadas reconciliaciones, etc ¿Y acaso no es en el seno familiar
donde tienen su expresión máxima estos nobles atributos?
Valdría la pena preguntar entonces, ¿qué es la familia?
La problemática de la familia es un tema de estudio universal e
interdisciplinario por su connotación social, psicológica y pedagógica y por ser
uno de los principales agentes educativos y de socialización, lo cual alcanza
especial dimensión en los tiempos actuales. Son numerosas las investigaciones
que abordan el tema desde la perspectiva sociológica, psicológica, pedagógica y
filosófica; entre otras, sin embargo, subsisten interrogantes no resueltas, en
parte por las complejidades que implica su estudio (Torres González, 2005).
Las valoraciones de Torres González conducen a ciertas reflexiones que permiten
hallar elementos comunes para un análisis más profundo al respecto y determinar,
entonces, el lugar que debe ocupar la persona con diagnóstico de retraso mental.
En la bibliografía especializada consultada, aparecen diferentes definiciones
sobre el término ¨familia¨, mas valdría la pena hacer referencia a algunas que
aportan elementos muy valiosos para análisis posteriores.
La familia es para la sociedad una institución con cierto status jurídico, con
una situación material determinada, con normas de la conciencia social que la
regulan, etc.; pero, para sus miembros, es el grupo humano en el cual viven,
donde manifiestan importantes manifestaciones psicológicas y las realizan en
diversas actividades. Es también el grupo más cercano, con el cual se
identifican y desarrollan un fuerte sentimiento de pertenencia, donde enfrentan
y tratan de resolver los problemas de la vida de convivencia (Castro Alegret,
1999).
De cardinal importancia resulta esta última parte donde el especialista señala
el sentido de pertenencia en el enfrentamiento y la búsqueda de soluciones para
resolver los problemas de la vida cotidiana; aspecto tan necesario para el
establecimiento de relaciones armónicas y equilibradas de convivencia que
innegablemente se matizan mediante una adecuada comunicación.
Patricia Arés Muzio (1990), al definir estructuralmente a la familia, la agrupa
teniendo en cuenta criterios diferentes: el consanguíneo, el cohabitacional y el
afectivo:
· Son todas aquellas personas con vínculos conyugales o consanguíneos. Esta
definición precisa las llamadas familias nucleares (constituidas por padres e
hijos) y las familias extendidas (incluyen, además, otros miembros).
· Son todas aquellas personas que cohabitan bajo un mismo techo, unidos por
constantes espacio – temporales. Hace referencia a todas las personas que viven
en el mismo hogar, independientemente de los lazos o vínculos conyugales o
consanguíneos
· Son todas aquellas personas que tienen un núcleo de relaciones afectivas
estables. El último concepto, de valor extraordinario, enfatiza el grado de
vínculos afectivos, primordial para el desarrollo de relaciones armónicas y
equilibradas y la satisfacción sobre todo de las necesidades afectivas, en
ocasiones ausentes en los dos primeros conceptos de familia dados por la
especialista. No siempre los lazos de parentesco están ligados al cariño, el
cuidado pletórico de amor, el sentimiento de estima; es por ese motivo, la
familia afectiva es tan importante, porque el niño necesita sentirse querido,
aceptado, con seguridad y confianza.
Por su parte, Alberto Clavijo Portieles (2002) conceptualiza a la familia como
el conjunto de personas vinculadas por lazos estables de tipo consanguíneo,
maritales, afectivos, socioculturales, económicos, contractuales y de
convivencia, al objeto de satisfacer necesidades fundamentales al grupo y
cumplir con las funciones que le vienen encomendadas a través del devenir
social.
Consideramos la definición anterior de manera más abarcadora y con criterios
categoriales que, desde distintos puntos de vista, satisfacen en última
instancia las necesidades siempre crecientes de la familia, incluido el
cumplimiento de las funciones y los roles de cada uno de sus miembros en
correspondencia con el momento histórico social que le corresponda.
El análisis de las distintas concepciones impone la necesidad de destacar frases
claves, como elementos comunes en cada uno de los conceptos; entre ellas:
· Grupo social, unidad social, institución social, núcleo social, convivencia
social, devenir social.
· Institución básica, célula básica.
· Primera y decisiva escuela, portadores fundamentales, grupo de referencias,
formación de los hijos, preparación para la vida.
· Personas emparentadas entre sí, grupo humano, estabilidad de relaciones,
comunicación, satisfacción de necesidades, conjunto de personas.
Estos elementos claves, presentes en la mayoría de las definiciones, conducen a
las reflexiones siguientes:
· La familia humana ha sido desde su origen el resultado del propio desarrollo
de la sociedad. Es el reflejo del modelo de la sociedad existente, de acuerdo
con el sistema social imperante, cuyas características varían de una etapa
histórica a otra. Incluso a nivel individual, las particularidades cambian de
una familia a otra en dependencia del ciclo de vida de sus miembros; por lo
tanto, no sólo es una categoría psicológica, sino también una categoría social
que influye sobre la macrosociedad mediante la transformación de la
personalidad. La familia tiene un decursar filogenético y ontogenético
propiciador de la aparición del primer grupo social.
· En la familia, como grupo primario de socialización, se practica un control
social característico sobre sus miembros, con la consiguiente adopción de normas
y valores. Es en este grupo social primario donde se revelan los mecanismos de
conformidad o inconformidad ante las conductas asumidas por sus integrantes en
momentos determinados.
· La propia definición facilita abordar las funciones de este grupo social:
económicas, biológicas, educativas, formativas y culturales, entre otras,
transmitidas de una a otra generación. Por lo tanto, se impone la necesidad de
considerarla como un sistema dinámico abierto que expresa la cultura que la
antecede y recibe las influencias de otros grupos sociales. La función de
formación debe conducir al crecimiento y al desarrollo de cada uno de sus
miembros. Ese desarrollo se potencia en el núcleo de la familia y donde sus
principales mediadores son los adultos.
· Un aspecto de crucial importancia es el rol de comunicabilidad, asumido por
los miembros de la familia entre sí, con la familia extendida, e incluso con las
personas sin lazos consanguíneos, pero con relaciones de índole social. La
comunicación franca, abierta, sin tabúes debe propender al logro y la
estabilidad de los lazos afectivos que propicien la vida en familia, sobre la
base del respeto, la consideración y, sobre todo, el amor entre todos y por todo
lo noble y bueno realizado por cada uno de sus miembros.
· En resumen, la familia, al ser una institución viva en constante desarrollo,
atraviesa una serie de etapas desde el noviazgo hasta la muerte, con la
inclusión del matrimonio, el embarazo, la educación de los hijos, la
independencia de los hijos, el hogar sin hijos y la jubilación.
Ahora bien, ¿cómo lograr la integración coherente y armónica de todas estas
consideraciones en pos de alcanzar la salud familiar? Hagamos una reflexión.
DESARROLLO
Alrededor de la temática de familia y muy específicamente al abordar su
conceptualización, variadas han sido las opiniones de diferentes autores, sin
embargo, en aras de potenciar la salud familiar considero oportuno hacer
referencia a un concepto, por demás joven, que facilita el análisis: Es aquella
estructura funcional básica donde se inicia el proceso de socialización y a
partir de la cual se comienza a compartir y fomentar la unidad de sus miembros,
con la consiguiente aceptación, respeto y consideración. Es, en última
instancia, donde se debe favorecer la diversidad, y propiciar un estilo de vida
que potencie y desarrolle a todos sus integrantes, sobre la base de la armonía,
la seguridad, y la estimulación, con el propósito de satisfacer sus necesidades
(Gómez Cardoso, 1997).
Las siguientes consideraciones son elementos distintivos que destacan la
importancia de la familia en comparación con las otras definiciones:
· Se reconoce a la familia como el ámbito de socialización de los hijos porque
es base de numerosas relaciones sociales, el espacio donde se garantiza la
unidad de sus miembros - cada uno con características, aptitudes y necesidades
diferentes – por considerarse la estructura funcional básica con posibilidades
para el crecimiento y el desarrollo de la persona.
· Se destacan conceptos básicos en la atención a estos niños(as) y sus familias,
entre ellos: seguridad, confianza, una postura de acercamiento y comprensión,
armonía, estabilidad del hogar, aceptación, respeto, consideración y tolerancia.
· Se potencian los aspectos positivos y generadores de máximo desarrollo de cada
uno de sus miembros, de modo repercutan de manera satisfactoria en la dinámica
interna de la familia.
· Se favorece la diversidad, entendida como el gran desafío del nuevo milenio:
tolerancia, aceptación de las diferencias e integración de las mismas en metas
comunes que satisfagan las necesidades de todos.
Aspecto clave en el debate sobre familia es el relativo a las funciones que ésta
ejerce. En plena coincidencia con P. L. Castro Alegret el concepto de función
familiar, común en la sociología contemporánea, comprende para nosotros la
interrelación y transformación real que se opera en familias a través de sus
relaciones o actividades sociales, así como por efecto de las mismas .
El análisis histórico concreto de la familia como institución social indica que
en cada formación económico-social la misma cumple deberes que emanan de la base
de la sociedad. Existe diversidad de criterios en relación con la tipología de
las funciones familiares; no obstante, se observan algunas regularidades
conceptuales en las cuales la familia desempeña funciones de tipo económicas,
biosociales, espiritual-culturales y educativas, comunes para todas las
formaciones económico-sociales y en buena medida, según el cause de las mismas
deviene en la salud familiar.
La función económica garantiza, en sentido general, la satisfacción de las
necesidades materiales, individuales y colectivas, matizadas por el sentido de
pertenencia de cada uno de los integrantes de la familia ante las tareas del
hogar, con particular énfasis en la distribución de las tareas a desempeñarl.
Estas actividades, cuando se realizan de manera consciente y voluntaria,
propician un clima de satisfacción personal y colectiva que redunda en beneficio
de la formación y la transformación positiva de cada uno de sus miembros. El
estímulo sistemático para el desempeño de las tareas favorece
extraordinariamente el nivel de responsabilidad compartida, con la consiguiente
satisfacción de sentirse útil y necesario.
La función biosocial (reproductora o biológica), asegurada o bien dirigida,
propicia la estabilidad conyugal de la pareja y con ello el establecimiento de
patrones de conducta adecuados de fácil trasmisión a los hijos(as), a fin de
sentar las bases para la seguridad emocional y la identificación de éstos con la
familia.
La satisfacción de las necesidades culturales, en sentido general, se
manifiestan en la función espiritual-cultural, con la inclusión de todo lo
relacionado con la educación de los hijos(as); es por ello que algunos autores
la consideran como la función educativa. En ella está presente el legado
cultural generacional que, sin lugar a dudas, establece las bases educativas que
comienzan desde el nacimiento y no finalizan hasta la muerte.
La familia funciona como la primera escuela del niño y que sus padres, quiéranlo
o no, asumen el rol de sus primeros maestros de mejor o peor forma, de manera
consciente o inconsciente, sistemática o asistemática y de la forma en que se
comporten y relacionen todos estos factores, estará cumpliendo con mayores o
menores resultados su función educativa (Núñez Aragón, 1999).
Es innegable que para lograr el correcto cumplimiento de la función educativa,
los padres deben prepararse para desempeñarla, porque es en la familia donde los
hijos(as) aprenden a vivir, valorar, dialogar, trabajar, escuchar y sobre todas
las cosas a amar, aprenden, además, a comportarse socialmente con hábitos y
actitudes dignas en correspondencia con los patrones de conducta de su propia
familia acordes con la sociedad contemporánea. La preparación implica la
actuación ejemplar de los padres.
Esta función educativa, primordial para la educación de los hijos(as), como se
ha expresado con anterioridad, actúa de manera interactiva con las otras
funciones, porque facilita también la forma de enseñar ante cada hecho de la
cotidianidad familiar, donde la comunicación adquiere particular importancia por
la influencia que ejerce en los motivos, los valores y las decisiones de los
miembros de la familia.
Mucho se dice sobre lo poco que conversa la familia actual y cómo la creciente
participación de padres e hijos(as) en la vida social obstaculiza este necesario
proceso; sin embargo, el problema no radica en la cantidad de tiempo compartido
por los padres y sus hijos(as), sino en la calidad de la comunicación (Núñez
Aragón, 2005).
La comunicación es el eje de toda la interacción en la cotidianidad familiar.
Mediante la comunicación y el rol que desempeñado por los miembros de la familia
se trasmiten valores, experiencias, hábitos, normas, costumbres, modos y pautas
de comportamiento; se aportan reflexiones, valoraciones, vivencias y
motivaciones; se propicia, además, la incorporación correcta de patrones y
valores sociales con métodos de gratificación y sanción; se plantean estímulos
para modificar ideas, costumbres y actitudes. La comunicación es la expresión
más completa de las relaciones humanas.
Lorenzo M. Pérez Martín (2004) esboza una serie de elementos de la comunicación
pedagógica, que bien podrían aplicarse al proceso comunicativo desarrollado por
la familia:
· La comunicación es un sistema, por lo que todos los factores que intervienen
en ella se interrelacionan e influyen recíprocamente.
· Es un proceso eminentemente activo, en el cual los sujetos participan a partir
de su propia implicación subjetiva, por lo que en ningún caso desempeñan un
papel absolutamente pasivo.
· Es un proceso interactivo en el que participan dos personas al menos. Cada una
influye en la otra como sujeto y, al mismo tiempo, es influida por esa segunda
persona, lo que implica una interacción donde todos los participantes adoptan
una posición activa, y ocurren conjugadas: la acción de uno depende de la del
otro; lo que uno expresa, depende de lo expresado por el otro. Aunque es un
proceso en el que participa más de una persona, y se crea de forma conjunta,
cada individuo lo vive individualmente.
En sentido general, la comunicación humana cumple determinadas funciones:
informativa, reguladora y afectiva, decisivas todas para garantizar la
estabilidad emocional de la familia.
La función informativa facilita la transmisión de informaciones de importancia
vital que interesan a toda la familia, y retroalimenta el caudal de experiencias
culturales, históricas, sociales, etc., sin otra intención que no sea informar,
aunque, sin lugar a dudas, deja huellas en todos los miembros de la familia si
la información transmite un mensaje positivo. No es la transmisión fría de las
ideas, sino la actividad conjunta de los que participan en el proceso
comunicativo a la que se suman las actitudes que aparezcan durante dicha
actividad.
La función reguladora facilita el control y la regulación de lo que pretendemos
comunicar; es un intercambio de acciones con la consiguiente influencia ejercida
mutuamente por los comunicadores sobre la base de los patrones familiares ya
establecidos.
La función afectiva, de cardinal importancia, hace posible la transmisión de
sentimientos y emociones que garantizan la estabilidad emocional de la familia
porque se vincula estrechamente a la esfera afectiva y vivencial de los miembros
participantes en el proceso comunicativo. Sin lugar a dudas se ha dejado poco o
ningún espacio a la función afectiva y el predominio de la función regulativa
entre padres e hijos.
En este sentido, Torres González (2005) apunta que para lograr una comunicación
afectiva, efectiva y desarrolladora se debe:
· Tener conciencia de la necesidad de la comunicación.
· Comprender que comunicarse es salud, es calidad de vida.
· Saber que hablarse, mirarse, acariciarse, escucharse, abrazarse, olerse,
guardar el silencio necesario, es comunicación.
· Fomentar la riqueza y la calidad de la comunicación en beneficio de la
funcionabilidad familiar.
· Negociar los estilos de la comunicación.
La mencionada autora señala que para lograrlo es necesario:
· Trasmitir mensajes claros, directos, en el contexto adecuado.
· Privilegiar el contenido de las necesidades afectivas y los intereses.
· Monitorear y retroalimentar permanentemente los aciertos y los desaciertos.
· Respetar la identidad, el espacio, el tiempo, el ritmo, la intimidad y la
diversidad.
· Escuchar, intercambiar, estimular la crítica adecuada como un no a la
violencia.
· Buscar el equilibrio entre la comunicación verbal y la gestual.
Por su parte, Luis Botella y Anna Vilaregut (1997), al analizar la perspectiva
sistémica en la terapia de familia, se refieren a conceptos comunicacionales
necesarios a tener en cuenta, a saber:
· Es imposible no comunicar. En un sistema, todo comportamiento de uno de los
miembros tiene un valor de mensaje para los demás; por ejemplo, el silencio
tenso y la mirada perdida de dos desconocidos que coinciden en un lugar
determinado, a pesar de su intencionalidad no comunican (o precisamente debido a
ella) ni transmiten una gran cantidad de información: ¨no me interesas¨, ¨no
estoy de humor para entablar conversación¨, ¨prefiero ignorarte¨.
· En toda comunicación cabe distinguir entre aspectos de contenido (nivel
digital) y relaciones (nivel analógico): Mientras el nivel digital se refiere al
contenido semántico de la comunicación, el nivel analógico cualifica cómo se ha
de entender el mensaje, es decir, designa qué tipo de relación se establece
entre el emisor y el mensaje. Por ejemplo, el mensaje ¨cierra la puerta de una
vez¨ transmite un contenido concreto (la instrucción de cerrar la puerta), pero
a la vez cualifica el tipo de relación entre el emisor y el receptor (de
autoridad del primero); en este sentido, ¨ ¿podrías cerrar la puerta, por favor?
transmite la misma información en el nivel digital, pero otra muy diferente en
el nivel analógico.
· La definición de una interacción está condicionada por la puntuación de las
secuencias de comunicación entre los participantes. Los sistemas abiertos se
caracterizan por patrones de circularidad, sin un principio ni final claro. Así,
la definición de cualquier interacción depende de la manera en que los
participantes en la comunicación dividan la secuencia y establezcan relaciones
de causa-efecto. Por ejemplo, una hija adolescente se queja de que su madre la
trata como a una niña porque intenta sonsacarle información y ella reacciona
ocultándole todo lo que puede. Obviamente, la puntuación de la madre es
diferente: se queja de que su hija no confía en ella y de que le oculta cosas
porque no es lo bastante madura como para gestionar su propia vida. Es evidente
que la puntuación de una refuerza la puntuación de la otra y por ello es
imposible determinar quién es la ¨responsable¨ del problema interaccional.
· Toda relación es simétrica o complementaria, según se base en la igualdad o en
la diferencia respectivamente. La interacción simétrica se traduce en la
escalada simétrica, mientras la complementaria en la complementariedad rígida.
Desde este punto de vista, lo disfuncional no es un tipo u otro de relación,
sino la manifestación exclusiva de una de ellas. Por ejemplo, una pareja puede
basar su relación en la igualdad del estatus profesional (relación simétrica),
de forma tal que cualquier ventaja en las condiciones laborales de uno obliga
subjetivamente al otro a igualarlo.
En el caso de una escalada simétrica, la competencia entre ambos podría
desestructurar el sistema. Por otra parte, algunas parejas se estructuran en
roles complementarios, tales como ¨racional¨ versus ¨emocional¨. Si esta
complementariedad se torna rígida, podría dar lugar a una relación disfuncional
en la que uno de sus miembros actuaría siempre racionalmente (y, por tanto,
permitirse expresar sus emociones), mientras el otro lo haría emocionalmente (y,
por ende no reflexionaría sobre sus acciones).
La comunicación es un problema de ajuste personal que va más allá de los objetos
físicos para entrar en lo que los objetos significan para el que habla y actúa.
Para comunicarnos con otros, hay que compartir previamente los valores de la
realidad objetiva en sí, y lo que esta realidad representa para la persona que
escucha o habla.
Al analizar la comunicación en las familias para el logro de una salud familiar
que se traduzca en relaciones armónicas y equilibradas en su dinámica funcional,
valdría la pena tener en cuenta los dos tipos propuestos por Pérez Martín
(2004):
· La comunicación que considera al otro como sujeto, o sea, respeta su
personalidad, su individualidad y reconoce sus derechos, sobre todo, el de ser
distinto y opinar diferente.
· La comunicación que considera al otro como un objeto, como un medio para
alcanzar los objetivos personales propios, sin respetar su individualidad y su
derecho a ser diferente, o, en todo caso, con un respeto condicionado por los
fines que persigue.
Entre ambos cabe distinguir el primero, porque además de garantizar una
verdadera relación humana, favorece el respeto a la diversidad entendida como el
gran desafío del nuevo milenio; diversidad que incluye la tolerancia, la
aceptación de las diferencias y la integración de las mismas en metas comunes
que satisfagan las necesidades de todos, que permitan a estos pequeños y sus
familias encontrar su lugar en el mundo y ejercer sus derechos como parte de la
sociedad.
Comprenderse, tolerarse y aceptarse es la finalidad y el contenido de la
comunicación en el marco de la familia. Así, las disímiles circunstancias de la
vida actual exigen cada vez más de sus miembros, y en particular de los padres,
el esfuerzo por ampliar y lograr al máximo la comunicación adecuada con los
hijos. El gusto por la comunicación se educa en el intercambio de sentimientos,
alegrías, preocupaciones y disgustos de cada uno de los integrantes de la
familia (Padrón Echeverría, 2001).
En ese intercambio comunicativo, es necesario tener en cuenta no sólo el
lenguaje verbal, sino otras formas que facilitan la comunicación entre
familiares y amigos; entre ellas, el lenguaje de los gestos; de las expresiones
de la boca y de los ojos (facial); los movimientos de las manos; la postura; la
mímica corporal, y el lenguaje tonal, referente al tono de voz empleado. Todas
estas formas del lenguaje, capaces de sustituir el lenguaje oral, reflejan
reacciones emocionales y ofrecen una información adicional de interés enorme y,
por lo general, son indicador de la activación emocional del individuo. La
comunicación gestual, el contacto piel a piel son a veces más necesarios que la
propia palabra.
La primera responsabilidad de la familia es fomentar el amor y el ejemplo
provenientes de las mejores tradiciones hogareñas reforzando una cultura de vida
donde se respire una atmósfera de intercambio de opiniones, experiencias y
sentimientos, que propicien el diálogo y la democracia entre sus miembros
(Castillo Suárez, 1997).
El proceso comunicativo no es posible sin el afecto ni el amor, sobre todas las
cosas. Según Clavijo Portieles (2002) el afecto es interpersonal por definición.
Y la familia es crisol y objeto principal de los afectos.
Atinadas las palabras del especialista, porque el afecto que los padres sean
capaces de expresar a sus hijos(as) motivará en buena medida la capacidad de
amar de estos.
José Martí Pérez (1975), maestro de maestros, ha dado lecciones de lo que
significa el amor:
· (…) Por el amor se ve. Con el amor se ve. El amor es quien ve. Espíritu sin
amor, no puede ver.
· (…) Por el respeto entra el amor, a quien se desdeña, no se puede querer.
· (…) El amor es el lazo de los hombres, el modo de enseñar y el centro del
mundo.
· (…) La única verdad de esta vida, y la única fuerza, es el amor. En él está la
salvación y con él está el mundo.
No es posible entender la palabra amor si se restringe su significado al término
exclusivo del sentimiento del padre, la madre, el hijo, el familiar cercano, el
religioso, el esposo, la esposa. Visto en sentido universal, el amor humaniza,
contribuye al progreso de la sociedad, es el eje del desarrollo de los valores
sensibles, útiles, vitales, estéticos y morales.
En las familias el amor confiere atributos de ternura, entrega, interés,
generosidad y confianza; indispensables para la creación y el desarrollo de
valores positivos. El amor insustituible en todo acto de la vida humana; cuando
se ausenta, se ausenta también la tranquilidad familiar, laboral, social y
mundial.
El amor, hecho realidad en el seno familiar, se trasluce en sonrisa, bondad,
ternura, en desapego de ideas egocentristas, en tolerancia, sinceridad,
responsabilidad, humildad, honestidad y compromiso.
En el proceso comunicativo la tolerancia es esencial, entendida esta como la
aceptación y el respeto a cada uno de los miembros de la familia con sus
aciertos, virtudes, defectos, con las diversas formas de pensar y actuar, con
las preferencias sexuales, etc. sin dejar de reconocer el valor de la regulación
de las conductas y otras actitudes en el momento más oportuno y necesario.
Los resultados, es decir, tener una familia funcional o disfuncional, dependen
de la comunicación y del papel desempeñado por los miembros de la familia.
Una familia es funcional cuando las interrelaciones personales de sus miembros
están matizadas por el equilibrio y la armonía emocional; además, cuando se
satisfacen todas las necesidades materiales, afectivas, culturales y educativas
con la consiguiente formación y transformación de cada uno de sus integrantes.
Así, la comunicación se torna franca, abierta y espontánea. Se favorece un
desarrollo sano y un crecimiento personal, familiar y social.
Si se afectan algunas de sus funciones y se rompe, en cierta medida, la
comunicación interfamiliar y las disímiles necesidades no se satisfacen,
aparece, entonces, la disarmonía y el desequilibrio emocional y, por ende, la
disfunción familiar. En estos casos no se logra la formación y la transformación
de los miembros de la familia e incluso, en ocasiones la disfuncionalidad
trasciende los límites de la familia nuclear y llega a la extendida y a otros
elementos de la comunidad.
Constituyen elementos que hablan a favor de una disfuncionalidad si (Gómez
Cardoso, 1997, 1998, 1999, 2007):
· Se pierde el control con facilidad y con ello el equilibrio emocional.
· Las manifestaciones de irritabilidad son frecuentes.
· Existe un incorrecto manejo de la depresión que tiende al rechazo, al
desprecio a algunos de los familiares
· Se responde agresivamente.
· Suelen haber víctimas y victimarios.
· Se culpan unos a otros.
· Las expresiones de afecto son limitadas.
· Se expresan sentimientos acumulados del pasado.
· Decrecen las relaciones entre los miembros de la familia.
· Se evidencian dificultades para hallar y poner en práctica las soluciones ante
los problemas.
· Se hace difícil el establecimiento de reglas, límites y distribución de las
funciones hogareñas.
· Hay falta de responsabilidad ante un problema.
· Se observa inconsistencia al regular los límites y el cumplimiento de las
reglas.
· La comunicación se caracteriza por ofensas y discriminaciones injustas.
Muy ligado a la temática de la funcionalidad familiar están los factores de
riesgo que condicionan de alguna medida que se lacere la salud familiar en los
miembros más jóvenes. Pongamos algunos ejemplos:
Personales:
· Ausencia de objetivos y proyectos de vida
· Problemas amorosos
· Incapacidad para afrontar problemas
· Adolescencia
Familiares
· Tolerancia y complicidad con conductas de riesgo. Alcoholismo
· Ausencia de patrones y normas adecuados
Escolares
· Deserción escolar
· Uso de drogas porteras
· Incumplimiento del reglamento escolar
· Falta de comunicación
Comunitarios
· Deterioro hábitat físico ambiental
· Ilegalidades
· Gran cantidad de población flotante
· Existencia de mercado de drogas
· Ineficacia de la acción policíaca
Es por ello que para propiciar el cambio se hace necesario orientar a la
familia.
La acción de orientar es un hecho natural que ha estado siempre presente en
todas las culturas y ha sido necesaria a lo largo de la historia para informar a
las personas o ayudarlas a desarrollarse e integrarse social y profesionalmente.
Algunos antecedentes se remontan a los orígenes mismos de la humanidad, aunque
las primeras pruebas documentales se encuentran en la cultura clásica griega.
El análisis documental referente al tema brinda la posibilidad de apreciar las
distintas posiciones adoptadas que, en tal sentido, ofrecen los autores; sin
embargo, como bien apuntan Collazo Delgado y Puentes Albá (1992) existen
aspectos comunes para delimitar los objetivos y el contenido del trabajo de la
orientación, a saber:
· La necesidad de ayudar al individuo a conocerse a sí mismo y a su medio.
· La necesidad de desarrollar en el individuo la capacidad de utilizar su
inteligencia para tomar decisiones y aprovechar al máximo sus potencialidades.
· El carácter sistemático, procesal, regulador, que debe tener el trabajo de
orientación.
· La necesidad de orientación que tienen todos los individuos.
En el caso del trabajo de orientación familiar, lo anterior posee una aplicación
consecuente. Es vital no sólo que las familias se conozcan a sí mismas, sepan
utilizar su inteligencia y aprovechen sus potencialidades para tomar decisiones
sabias que repercutan favorablemente en su dinámica funcional, sino también que
ejerzan el control sistemático, consecutivo y regulador, con la consiguiente
satisfacción de las necesidades de orientación que siempre tienen las personas.
Mas que pretender definir conceptualmente la orientación, es más conveniente
puntualizar algunos aspectos que no pueden obviarse (Collazo Delgado y M.
Puentes Albá, 1992), sobre todo si se tienen cuenta el valor que poseen en el
trabajo con las familias:
· La orientación debe considerarse como un proceso continuo, vital para todos
los seres humanos a fin de prepararlos para la realización eficiente de las
¨tareas de desarrollo¨ para que logren desenvolverse con mayor independencia.
· La orientación significa ayuda y no imposición del punto de vista de una
persona sobre otra. No es tomar decisiones por alguien, sino ayudarlo a resolver
sus problemas, a desarrollar sus criterios y a responsabilizarse con sus
decisiones.
· La orientación en sí misma contempla objetivos individuales y sociales, ya que
a la vez redunda en beneficio del desarrollo pleno del hombre, lo hace capaz de
aportar más a la sociedad.
El devenir histórico concreto del proceso de orientación ha hecho posible
escalar distintos niveles de satisfacción en la atención a las necesidades del
hombre, entre los que se encuentra la orientación a los padres, sin lugar a
dudas por la importancia que tradicionalmente se le ha concedido a la familia
como institución social para la formación y el desarrollo de sus hijos(as); por
supuesto, siempre que esté debidamente preparada.
La orientación familiar es una premisa para todo el proceso de preparación que
la familia requiere a fin de enfrentar su labor educativa. La dota de variantes
más adecuadas para educar con éxito a los hijos(as), después de reconocer los
motivos y las causas que pudieran generar cualquier tipo de dificultad y tomar,
en consecuencia, medidas más eficaces.
La orientación familiar es un proceso de ayuda de carácter multidisciplinario,
sistémico y sistemático dirigido a la satisfacción de las necesidades de cada
uno de los miembros de la familia. Es un sistema de influencias socioeducativas
encaminado a elevar la preparación de la familia y brindar estímulo constante
para la adecuada formación de su descendencia.
Una eficiente orientación a la familia debe preparar a los padres y otros
adultos significativos para su autodesarrollo, de forma tal que se autoeduquen y
autorregulen en el desempeño de la función formativa de la personalidad de los
hijos. En la medida en que aumenta la cultura de los padres, las familias
adquieren más conciencia de sus deberes para la sociedad.
El proceso de orientación familiar reviste particular importancia por el nivel
de preparación y estímulo necesarios para promover un modo de vida que se
corresponda con las características inherentes y específicas de las mismas, y
satisfacer las necesidades de estos niños y niñas de acuerdo con las normas
establecidas por la sociedad.
Las familias requieren de orientaciones precisas que incluyan una serie de
conocimientos y ayudas concretas sobre qué hacer con los hijos, cómo, cuándo y
para qué hacerlo. Es desarrollar actitudes y convicciones, estimular intereses y
consolidar motivos y, de esta forma lograr la integración de los padres en una
concepción constructiva sobre las personas deficientes y sus posibilidades en la
sociedad.
La orientación familiar debe dirigirse a la búsqueda de posibilidades y
perspectivas y no únicamente a la implantación mecánica de métodos y estilos de
funcionamiento de generaciones anteriores. Es propiciar la creación de
mecanismos de funcionamiento propios que contribuyan al crecimiento de la
familia como institución social sin desestimar los patrones de comportamiento
establecidos por la familia de origen.
La educación es un proceso que comienza desde el nacimiento y sólo concluye con
la muerte; por lo tanto, la ayuda y la orientación brindadas deben adaptarse a
las distintas circunstancias sociales, los diversos y rápidos cambios
científicos, las diferentes etapas del proceso educativo y del ciclo vital,
etc., aspectos vitales para garantizar el éxito en el desarrollo y el
crecimiento de la familia (Cañedo Iglesias, 2007).
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AUTORES
Dr. C Ángel Luis Gómez Cardoso. Profesor Titular. Departamento de Educación
Especial. Facultad de Educación Infantil. Instituto Superior Pedagógico José
Martí. Camagüey. Cuba
Dr. C Pedro Luis Castro Alegret. Investigador Titular del ICCP Ministerio de
Educación. La Habana. Cuba.
MSc. Olga Lidia Núñez Rodríguez. Profesora Auxiliar. Departamento de Educación
Especial. Facultad de Educación Infantil. Instituto Superior Pedagógico José
Martí Directora del Centro de Diagnóstico y Orientación. Camagüey. Cuba.
Lic. Flora Cabrera Pérez. Profesora Instructora. Departamento de Educación
Especial. Facultad de Educación Infantil. Instituto Superior Pedagógico José
Martí. Camagüey. Cuba.
Lic. Milagros Rementería Gómez. Profesora Instructora. Departamento de Educación
Especial. Facultad de Educación Infantil. Instituto Superior Pedagógico José
Martí. Camagüey. Cuba.
Lic. Tayli Vives Labrada. Profesora Asistente. Departamento de Educación
Especial. Facultad de Educación Infantil. Instituto Superior Pedagógico José
Martí. Camagüey. Cuba.