RESUMEN
El autor expone diversas características de la crisis suicida, sugiere algunas
técnicas para manejarla haciendo énfasis en el significado del acto suicida y
ofrece medidas útiles para evitar la ocurrencia de suicidio durante la
hospitalización de los individuos en peligro de autoagredirse.
Palabras claves: crisis suicida, suicidio.
Abstract:
The author exposes diverse characteristics of the suicidal crisis, and suggests
some techniques to manage it, making emphasis in the meaning of the suicidal act
and offers useful measures to avoid the suicide occurrence during the
hospitalization of the individuals with deliberate self harm danger.
Key words: suicidal crisis, suicide.
INTRODUCCIÓN
El manejo de la crisis suicida es complejo, porque hay que tener en cuenta que
no es lo mismo manejar una crisis suicida ambulatoriamente que hospitalizado en
una sala de psiquiatría de un hospital general, en una unidad de intervención en
crisis, una unidad de Suicidiología o un centro penitenciario.
El terapeuta debe tener un mimetismo camaleónico para poder adaptarse a las
múltiples formas en las que se puede presentar una crisis suicida. Sin embargo,
en el manejo de este tipo de crisis es imprescindible tomar aquellas medidas que
garanticen que el sujeto llegue vivo a los especialistas y es crucial que los
toxicólogos, intensivistas, caumatólogos y cirujanos estén actualizados en sus
respectivas áreas del saber en cuanto al tratamiento de los que intentan el
suicidio porque también ellos forman parte de la cadena de atención al suicida.
DESARROLLO
La crisis suicida es aquella en la que, una vez agotados los mecanismos
adaptativos, creativos o compensatorios del sujeto, emergen las intenciones
suicidas, existiendo la posibilidad que el sujeto resuelva la situación
problemática mediante la autoagresión intencionada, requiriendo este tipo de
crisis un manejo apropiado del tiempo, ser directivo y tratar de mantener a la
persona con vida como principal objetivo. Su duración es variable, puede durar
minutos, horas, días, raramente semanas y se debe hacer uso de todos los
recursos disponibles para mantener con vida al individuo hasta que la crisis
cese.
La hospitalización no evita el suicidio, pues no son pocos los pacientes que lo
consuman en las salas de Psiquiatría, principalmente cuando no se toman las
medidas de vigilancia continua mientras dure la crisis suicida lo cual es
importantísimo.
Una forma de manejar una crisis suicida es conocer cómo se sienten esas personas
aquí-ahora, en esos momentos críticos. Lo común en ellas es sentirse
terriblemente solas, sin nadie interesado en entenderlas. En muchas
oportunidades, el aislamiento en que se sumergen les facilita estos
sentimientos. Con frecuencia consideran a la vida carente de sentido alguno,
suponen que las demás personas se sentirían mejor si ellas no existieran y es
preferible estar muertas.
Se sienten pesimistas, creen que nada les ha salido, les sale ni les saldrá bien
en sus vidas, que son una calamidad y que sus dificultades no tienen solución.
No son pocos los desesperados cuyas fantasías suicidas en sus mentes, cada
minuto que pasa se hacen más firmes y convincentes. Pero unido a ello sienten
también muchos deseos de seguir viviendo si determinados cambios ocurrieran, si
se les brindara un poco de ayuda. Es conveniente eliminar el criterio equivocado
de no poder ayudarlos con el simple sentido común, pues ellos sólo necesitan que
se les escuche y se les asista. (1, 2)
Ante una persona que le confía sus deseos de suicidarse, le sugiero lo
siguiente:
- No se alarme al recibir esta información, pero siempre tómela en serio.
- Estimúlela a que le confíe sus problemas y cómo ellos le hacen sentir.
- Hable usted lo menos posible para que predomine siempre la voz de la persona
que sufre.
- Toque a la persona, pues el contacto piel con piel facilita la comunicación
(ejemplo: ligera presión manual del antebrazo mientras le invita a que se
desahogue).
- No se ponga de ejemplo, ni le hable de usted y sus experiencias personales.
- No le dé las soluciones que fueron buenas para usted, pues puede ser que para
ella no sirvan en lo absoluto.
- Si no se siente seguro en lo que está haciendo, pida ayuda. No es aconsejable
el manejo en solitario de personas con riesgo de suicidio cuando haya
inseguridad.
- Acompáñela hasta que el peligro haya pasado, lo cual puede manifestarse al ser
capaz de expresar verbalmente su crítica hacia los pensamientos suicidas, cuando
mejora su estado de ánimo, y se muestra más relajada, tranquila, cooperadora e
interesada por las actividades cotidianas.
- Si el riesgo suicida persiste, lleve al sujeto para que reciba atención
psiquiátrica especializada.
- No es aconsejable hablarle al sujeto en crisis suicida acerca de las supuestas
bondades que tiene la vida, pues eso es, precisamente, lo que ellos no perciben.
(3)
Hay un aspecto muy frecuente entre los profesionales de la salud que no dominan
el tema del suicidio y los suicidas y se trata de quienes consideran que los que
intentan el suicidio desean obtener una ganancia secundaria o llamar la
atención. Creo que todos los seres humanos somos gananciales, porque todo se
hace por algo y para algo. Lo que sucede es que aplican este concepto de
ganancia secundaria descontextualizado de la terapia analítica, en la que
también se menciona una ganancia primaria.
Insisto en esto porque hay que generalizar esta supuesta ganancia secundaria, no
solo a los pacientes, sino a los terapeutas, familiares, etc. para que no se
pretenda creer o hacer creer que quien único es ganancial es el que sufre. Lo
segundo es con relación a llamar la atención. Yo considero que el que intenta el
suicidio desea llamar la atención, de la misma manera que desea llamar la
atención quien se viste elegantemente.
Todos los seres humanos desean llamar la atención, lo que algunos la llaman auto
agrediéndose, para comunicarnos que están sufriendo, que algo no anda bien, que
se le han agotado los mecanismos de afrontamiento exitosos.
Otra forma de manejar a estas personas con riesgo de suicidio, es aquella en la
cual lo primero que se debe hacer es realizar el diagnóstico del significado de
quitarse la vida para quien desea hacerlo o lo haya intentado. No todos los que
se autoagreden tienen reales deseos de morir. A los efectos resultantes de
autoagresiones sin propósitos de muerte se les denominan daños autoinfligidos.
Muchos se infligen daño para evitar con ello el dolor físico, síntoma
fundamental ocasionado por determinada enfermedad, y no es menester la evidencia
del mismo, sino que pueden atentar contra la vida a causa de lo por venir, como
es el caso de enfermedades incurables. En esta situación, lo esencial es
asegurarle al individuo que existen los medicamentos fundamentales en cantidad
suficiente para hacerle frente a esta contingencia y, de fracasar, hay otras
técnicas para poner fin al dolor, disponibles en instituciones especializadas.
Algunos desean con el suicidio agredir a otros seres queridos por lo que se hace
provechoso discutir el tema de la agresividad y cómo hacerla socialmente útil,
pues no es malo ser agresivo, sino hacer un mal uso de ella. Un boxeador que no
sea agresivo no es un buen deportista, pues en todos los deportes de combate la
agresividad es fundamental. Y ni siquiera en estos casos puede ser utilizada a
tontas y a locas, sino de manera inteligente que se traduzca en la victoria. En
lo cotidiano hay que hacer lo mismo.
Otros reaccionan de esta manera ante la pérdida de una relación valiosa, y en
estos casos se les debe recordar otras pérdidas que hayan precedido a la actual,
relacionar los estados anímicos pasados con los presentes y valorar en qué
medida esta situación ha vuelto a tener el mismo significado de las experiencias
pasadas pero ahora es un adulto y se espera de él enfrentarlas de forma más
madura, más realista, menos dependiente, menos dañina para él y los que le
rodean.
Muchos de los que intentan contra su vida nos están indicando que en ellos ha
hecho su debut determinada enfermedad mental de importancia, con necesidad de
atención especializada cuanto antes por el peligro de llegar a consumar el
suicidio, y se hace impostergable la orientación hacia una clínica psiquiátrica
para su diagnóstico, tratamiento y seguimiento de su evolución por profesionales
competentes.
Algunos recurren al suicidio tratando desesperadamente de pedir ayuda por
encontrarse ante un problema, incapaces de resolver por sí solos, pues sobrepasa
sus capacidades de ajuste. En estos casos, lo mejor será retirarlos de la
situación conflictiva si fuera posible mediante cambio de ambiente,
hospitalización, etcétera, enseñarles otras variantes de afrontamiento y pedir
apoyo a cuantas personas tengan que ver con este individuo y la solución de su
contrariedad.
Hay quienes desean quitarse la vida para salir de una dificultad agobiante como
pudiera ser una relación conflictiva y difícil, una situación socioeconómica
precaria, responsabilidades ineludibles para las que no se está preparado, etc.
Una buena alternativa en estos casos es brindar apoyo emocional al sujeto, calor
humano y valorar de qué manera el estrés puede ser reducido para aliviar sus
tensiones. (4)
En cuanto al contrato o suicida que por definición es un pacto que realiza el
terapeuta con un sujeto en riesgo de suicidio que persigue como objetivo
primordial comprometerlo a que no se dañe a sí mismo, a no intentar el suicidio,
responsabilizándolo con su propia vida. Sin embargo el contrato no suicida no
garantiza que el sujeto no cometa suicidio por lo cual nunca debe ser utilizado
con aquellos individuos que no se encuentren en condiciones evidentes de
cumplirlo. (5)(6)
Se considera que los suicidas deben morir en los hospitales psiquiátricos al
igual que los cancerosos mueren en los hospitales oncológicos y que debe haber
sido evaluado por un psiquiatra o psicólogo antes de cometer suicidio.
Parece paradójico pero no lo es pues ello significaría que fue detectado en la
comunidad, atendido por el medico de atención primaria y derivado a ingreso en
un centro especializado. Y si se suicida es porque es un sujeto con una elevada
suicidabilidad, que a pesar de las medidas tomadas, logro sus propósitos. O
también porque a ese nivel no fueron tomadas las medidas correspondientes. Este
seria un intento de establecer un paralelismo entre otras causas de muerte y el
suicidio.
Ahora bien, en los hospitales hay que tomar determinadas medidas que pueden
reducir la ocurrencia de intentos de suicidio y suicidios consumados, como a las
que a continuación se mencionan:
1.- Marcar en rojo la historia del paciente y separarla del resto de las
historias clínicas de otros enfermos que se encuentren hospitalizados por otras
condiciones.
2.- Los pacientes con riesgo de cometer suicidio deben ser ubicados en un
cubículo donde la enfermera pueda observarles constantemente durante las 24
horas del día.
3.- Advertir a todo el personal que labore en la sala de hospitalización acerca
del peligro suicida.
4.- Advertir a los familiares del peligro suicida y a los que le relevan en el
cuidado del sujeto hospitalizado.
5.- Permitir que el familiar se quede acompañando permanentemente al sujeto
mientras exista peligro suicida.
6.-Evolucionar el plan suicida como objetivo fundamental del pase de visita
medico, el cual puede realizarse varias veces al día si el riesgo suicida se
incrementa.
7.- Imponer tratamiento con la droga necesaria según la condición que padezca el
individuo, a la dosis adecuada y durante el tiempo suficiente.
8.- Cuando mejore motoramente y persista la ideación suicida incrementar la
vigilancia ya que se incrementa el peligro suicida debido a que permanece la
ideación suicida y esa mejoría le permite llevarlo a cabo con mayor facilidad
que cuando estaba lentificado motoramente.
9.- Si el peligro suicida es importante fijar químicamente al sujeto (las
personas dormidas no cometen suicidio), para lo cual se puede utilizar cualquier
psicofármaco que garantice su sedación.
10.- Si el peligro suicida es inminente sugerir a los familiares aplicar TEC y
lograr su consentimiento informado, explicando los pormenores del tratamiento,
sus ventajas y efectos adversos posibles. De preferencia debe utilizarse la
variante unilateral si se trata de personas que tienen profesiones que requieren
conservar sus habilidades cognoscitivas. La experiencia ha demostrado que para
los cuadros depresivos con grave riesgo de suicidio son suficientes seis
aplicaciones, las que pueden ser realizadas en días alternos.
11.- Si tiene dudas en el manejo del paciente con grave riesgo de suicidio, pida
ayuda a otro personal mas calificado en el servicio de Psiquiatria o
interconsulte con un suicidiólogo de experiencia. Recuerde siempre que la crisis
suicida dura minutos, horas, días, raramente semanas y el objetivo principal
debe ser mantener con vida al sujeto hasta que la crisis pase.
Estas son algunas de las orientaciones que debe ofrecerse al personal de la sala
del hospital al cuidado de pacientes con riesgo de cometer suicidio.
La hospitalización forzosa, debe ser un recurso a utilizar cuando todos los
demás se agoten, pues se han hecho investigaciones que arrojan como resultado
una mala evolución de estos casos, resultado que tiene que ver, no tanto con lo
forzoso del internamiento, sino con aquellas condiciones que conllevan utilizar
este recurso y no otros.
Finalmente un aspecto muy importante del manejo de la crisis suicida es la
responsabilidad medicolegal, la buena o mala praxis en el manejo del
comportamiento suicida pues una de las características del duelo de los
terapeutas, es que entre sus manifestaciones se encuentra el temor a ser objeto
de represalias incluyendo las demandas legales por parte de los familiares,
evadir el encuentro con ellos, considerarse incompetentes, no desear volver a
tratar pacientes con riesgo de suicidio, etc.
Por suerte para los que tratamos con estos individuos, los pleitos judiciales
son realmente muy escasos cuando se hace lo debido. Además se evita cualquier
demanda legal y cualquier represalia o difamación cuando se logra una verdadera
relación terapeuta- paciente- familia. Mantener vivo a un suicida es una tarea
difícil, que nunca debe ser asumida a solas, ni con omnipotencia. Debe ser un
trabajo del sujeto, su familia, el terapeuta y todos los interesados en mantener
con vida a esa persona.
Y cuando ocurre el suicidio, la postvencion la debemos iniciar en el propio
funeral. (7,8)
CONCLUSIONES
El manejo de la crisis suicida debe adaptarse a la situación concreta en que se
realiza y a las particularidades del individuo que la padece, sin perder de
vista que su objetivo esencial es mantener con vida al sujeto hasta que la
crisis, que dura minutos, horas, días, raramente semanas haya finalizado.
BIBLIOGRAFÍA
1. Pérez Barrero SA.(1999) Lo que Ud debiera saber sobre... Suicidio. Ed. Imagen
Gráfica SA de CV.
2. Pérez Barrero SA.(1997). El Suicidio. Comportamiento y Prevención. Ed.
Oriente. Santiago de Cuba.
3. Pérez Barrero SA. (2000). Psicoterapia del comportamiento suicida.
Fundamentos. Ed. Hosp. Psiq.de la Habana.
4. Pérez Barrero SA (2001) Psicoterapia para aprender a vivir. Editorial
Oriente. Santiago de Cuba. Cuba.
5. Pérez Barrero SA (2003). La Adolescencia y el comportamiento suicida.
Ediciones Bayamo.
6. Pérez Barrero SA (1997). “Significados del acto suicida en adolescentes y
jóvenes sobrevivientes.” Rev. Psiquiátrica del Uruguay, N0 336, Vol. 61:101-106.
7. Perez Barrero S. A. (2004) Prevención del suicidio por el médico general.
Principios para su capacitación
Psiquiatr Biol. 2004; 11:179-85.
8. Perez Barrero S.A.(2004) Manejo de la Crisis Suicida del Adolescente. Boletín
de la Sociedad Canaria de Pediatría, Canarias Pediátrica del BSCP Can Ped
2004:28-Nº 1 Pág. 79-89.
AUTOR.
Prof.Dr. Sergio Pérez Barrero
Fundador de la Sección de Suicidiología de la Asociación Mundial de Psiquiatría
Fundador de la Red de Suicidólogos Iberoamericanos.
Asesor Temporal de OPS/OMS para la Prevención del Suicidio en Las Américas.
Miembro Fundador de ASULAC
Miembro de IASP, AITS, IASR.