Ilustrados comunidad mundial educativa
Inicio | Escribenos
User: Pass: Recordar ó (Registrate!)

| !Publicar Articulo¡

Magia y Religión: La inexistencia de los hombres-dioses

Resumen: Escrito en el que resumo la creencia, generalizada, en que durante los primeros siglos de lo que llamo era religiosa, sucesora de la mágica, los dioses (el de cada pueblo o tribu) se han encarnado en algunos hombres, generalmente reyes, excepto en la India, en donde también ha sido dios de un pueblo pastoril un lechero.
1,424 visitas
Rating: 0
Tell a Friend
Autor: Rafael Gonzalo Jimenez

            Escrito en el que resumo la creencia, generalizada, en que durante los primeros siglos de lo que llamo era religiosa, sucesora de la mágica, los dioses (el de cada pueblo o tribu) se han encarnado en algunos hombres, generalmente reyes, excepto en la India, en donde también ha sido dios de un pueblo pastoril un lechero.

 

            Venía diciendo que las encarnaciones divinas de estos siglos no tenían nada que ver con el invento budista, y de otras religiones hindúes, pero me refería a la teoría, y no a la práctica, pues la India ha sido el país más prolífico en dioses-hombres.

 

            En la era de la ciencia ya no se cree en estas encarnaciones, y menos se creerá en lo que vengo llamando era del pensamiento, que sucederá al de la ciencia.

 

 

                        Magia y religión

 

                                    XVIII. - La inexistencia de los hombres-dioses

 

            Ya sabemos que el mito de los hombres-dioses tiene un doble origen, mítico primero, y religioso después, en el primer caso por deificación del mago, y en el segundo por falsa creencia de que los inventados dioses se han encarnado en algunos hombres.

 

            Los magos de las civilizaciones primitivas fallaron en el reconocimiento de las limitaciones de su supuesto poderío sobre la naturaleza, pero prepararon el camino para que, durante muchos siglos, gran parte de la humanidad no distinguiera entre hombres e inventados dioses.

 

            El concepto de dioses como seres sobrehumanos, pero muy humanos, dotados de tal imaginario poderío que ningún hombre posee nada comparable puede aceptarse como inicio de ese dios, único existente, que yo he buscado en mis escritos Dios, energía y antienergía total del universo, pero es obvio que ese dios no es el de las más de diez mil religiones y sectas que hasta hoy se han inventado.

 

            Los pueblos primitivos consideraban los agentes sobrenaturales muy poco superiores al hombre, ya que sus magos creían atemorizarlos y coaccionarlos con sus fútiles encantamientos y conjuros. Con el desarrollo de los conocimientos el hombre aprendió a ver con más claridad la inmensidad de la naturaleza y su pequeñez, pero la religión, que sucedió a la magia, inventó a los dioses, como encarnaciones muy parciales de la naturaleza, y lo que antes eran evocaciones y conjuros se transformaron en invocaciones, oraciones y sacrificios, siendo igualmente substituido el mago por el sacerdote, inventores de los nuevos dioses, junto con los poetas.

 

            La magia fue desde entonces superstición e ignorancia, que es lo que ha sido siempre también la religión. Mas, si con el tiempo la magia se transformó en ciencia, la religión se transformará en científica, si alguna vez llegamos a comprender lo que es dios.

 

            La noción de un “hombre-dios”, de un ser humano dotado de poderes divinos y sobrenaturales, pertenece pues al período más primitivo de la historia religiosa, en la que dioses y hombres eran considerados como seres de casi la misma clase. En la India, por ejemplo, un dios comenzó su vida como blanqueador de algodón, y otro como hijo de carpintero. Y el propio concepto de encarnación era creencia corriente en las sociedades primitivas, en las que la encarnación podía ser temporal o permanente. La temporal producía inspiración, adivinación o profecía; la permanente milagros.

 

            La encarnación temporal consistió en creer que algunas personas eran poseídas, de vez en cuando, por alguna deidad, tal vez porque eran epilépticos, pues durante la supuesta posesión su personalidad quedaba en suspenso, y el dios se revelaba por temblores convulsivos y sacudidas de todo el cuerpo, con ademanes bruscos y miradas extraviadas, y en este estado cuanto decían era aceptado como voz de dios.

 

            En las islas Sandwich, por ejemplo, el rey, personificando al dios, daba las respuestas del oráculo oculto en una construcción de cestería, pero en las del Pacífico meridional ya era corriente que el dios entrase en el sacerdote, por lo que se agitaba violentamente hasta llegar al frenesí, con miembros retorcidos, cuerpo convulso, fisonomía terrible, facciones contraídas, ojos extraviados, etc. En este estado solía rodar por tierra con la boca llena de espumarajos, emitiendo gritos agudos y violentos, y sonidos con frecuencia ininteligibles, pero que revelaban la voluntad de dios. Los sacerdotes que le acompañaban, y estaban versados en los misterios, recibían y comunicaban al pueblo las declaraciones divinas así transmitidas. Cuando el sacerdote había dado la respuesta del oráculo, el paroxismo violento decrecía gradualmente hasta una serenidad relativa; aunque, en ocasiones, era entonces el sacerdote el poseído por la deidad durante dos o tres días, y un trozo de tela alrededor del brazo era señal de inspiración, o de permanencia divina en su cuerpo. Los actos del hombre en este estado se consideraban divinos, y al sacerdote tan sagrado como el dios.

 

            Repito que estas inspiraciones temporales eran universales, abarcaban toda la Tierra, en estos tiempos, y por lo tanto tenían lugar también en Israel y Judá, patrias de la Bíblia. Y había dos modos especiales de inspiración temporal: 1)chupando la sangre recién vertida de una víctima sacrificada, o 2)mediante un árbol o planta sagrados, cuyas ramas se encendían, inhalando el humo el divinamente poseído, para lo que se cubría la cabeza con una tela, como aún hoy se hace para inhalar humos, o vahos,  supuestamente curativos. Las plantas de las sacerdotisas de Apolo era el laurel; la de las bacantes yedra; en Uganda tabaco; en Madura incienso, etc.

 

            Cuando estallaba una epidemia en Cambodia buscaban al hombre al que dios había elegido para encarnaciones temporales, lo conducían al altar, y le imploraban que les protejiera contra la epidemia. Una imagen de Apolo, en Hylae, comunicaba energías sobrehumanas: tanto, que los consagrados e inspirados por la imagen se arrojaban en precipicios, desarraigaban gigantescos árboles, etc.

Y las hazañas de los derviches inspirados pertenecen a esta misma clase.

 

            Esta general creencia en las encarnaciones temporales originó las permanentes, cuando algunos hombres fueron elevados a dioses, y recibieron homenajes de oraciones y sacrificios. A veces eran reyes y dioses, y su reino una teocracia. En las islas Marquesas, por ejemplo, cierta dinastía humana fue deificada en vida, por la consabida creencia mágica de que de ellos dependía la abundancia de las cosechas y la fertilidad de las tierras, así como que podían infligir enfermedades y muerte; por lo que se les ofrendaba sacrificios humanos para conjurar sus iras.

 

            Los antiguos egipcios comenzaron adorando animales, y terminaron adorando hombres en Anabis y otras ciudades. El filósofo siciliano Empédocles se decía dios, pero decía que no podía enseñar cómo producir o cesar lluvias y vientos, o que brillara el sol. Los atenienses concedieron honores divinos a Demetrio Poliocertes en el 307 a. C. , y los antiguos germanos consultaban a las mujeres en oráculos porque las creían consagradas, tributando a algunas (Veleda) honores divinos. Los zimbas o muzimbas tenían por dios a su rey, que disparaba flechas contra el cielo cuando no le obedecía. Los mashonas, Africa meridional, tenían por dioses a hombres, y no se podía hacer ruido cerca para no ahuyentarles. Los bagandas, Africa central, creían en un dios del lago Nyassa (Lubare) que adoptaba cuerpo humano, y esperaba la aparición de la luna antes de entregarse a sus deberes sagrados. El jefe de Urua, al oeste del lago Tanganika, también era un dios, por encarnación de Callo, que decía pasar mucho tiempo sin sentir hambre, y cuando comía, bebía y fumaba era sólo por el placer que sentía. El rey de Loango era honrado como dios, por la consabida creencia de que de él depende la lluvia, que consigue disparando flechas. Igual divinidad eran el rey de Benin, de Iddah, de Birmania, Siam, etc.

 

            La monarquía sagrada de Birmania comenzó con Badonsachen, dios destinado a aparecer tras los cinco mil años de la ley de Buda. Pero como los monjes budistas le demostraron que no era ese dios, volvió a su palacio y harén.

 

            La India, por supuesto, es la más prolífica en “dioses-hombres”. En las montañas Neilgherry el dios es un lechero, y el santuario un establo. Una secta del Punjab tributó culto a Nikkal Sen, que era el general Nicholson. En Benerés se rindió culto divino al caballero Swami Bhaskaranandaji Saraswati. En Chinchvad en cada generación hay una encarnación del dios Gunputty, que en 1640 se encarnó por primera vez en un brahmán de Peonia llamado Mooraba Gossyn; y entre los milagros que se cuentan de estos dioses está el de alimentar a muchedumbres. Una secta dice que sus Maharajás son encarnaciones del dios Krisna, etc.

 

            He dicho muchas veces que las encarnaciones cristianas no tienen nada que ver con las reencarnaciones budistas o hindúes, pero me refería a la teoría religiosa de Buda, y no a estas encarnaciones históricas. Pues además de la célebre encarnación de Cristo, Montano el Frigio, siglo II d. C. , se proclamó encarnación de la Trinidad. En igual siglo los discípulos de San Colomba le rindieron culto, en Cartago, como encarnación de Cristo. Elipando de Toledo, siglo VIII, hablaba de Cristo como dios entre dioses, dando a entender que los cristianos eran tan dioses como Cristo. Adorarse mutuamente fue costumbre entre los albigenses. Los Hermanos y Hermanas del Libre Espíritu, siglo XIII, sostenían, igualmente, que cualquier persona podía ser Dios a base de contemplaciones; por lo que vagaban ataviados con trajes extraños, mendigando entre gritos salvajes, rechazando con indignación toda clase de trabajo, aunque seguidos siempre por mujeres con las que vivían en intimidad. Los más santos aparecían desnudos en las reuniones sacras, pues consideraban corrupción el pudor y la decencia.

 

            Hacia 1830 un impostor se declaró en los hoy USA Hijo se Dios, Salvador del linaje humano, reaparecido para conversión de impíos, a los que amenazaba de muerte si no se convertían en el plazo que les daba. Un alemán le suplicó que anunciara a sus compañeros campesinos la Buenanueva en alemán, porque no sabían inglés; y al decir el Mesías que no sabía alemán, le recomendaron que se internara en Bedlam (un manicomio de Lambeth, cerca de Londres).

 

            Los tártaros budistas creen en un gran número de Budas vivientes que ofician de Grandes Lamas, cada uno de los cuales se reencarna en la figura de un niño. A la cabeza está el Dalai Lama de Lhasa, la Roma del Tibet, considerado un dios vivo, que se reencarna también en niños. Siempre que renace las plantas y árboles echan hojas verdes; a su mandato los capullos florecen, surgen manantiales, etc.

 

            En Li-fan-yüan, oficina colonial de Pekín, se llevaba un registro de los dioses que se reencarnan, y hace más de un siglo ya se habían reencarnado ciento sesenta; pero todos tibetanos, pues si se reencarnan en Mongolia originarían consecuencias políticas serias. Pero además había muchos dioses sin licencia, que también hacían milagros y otorgaban bendiciones.

 

            Los incas del Perú, hijos del sol, eran dioses. Los chibchas, con capital en Bogotá, y los muyscas, con capital en Tunja, estaban unidos por adhesión espiritual al gran pontífice de Sogamozo o Iraca, tan santo que le obedecían las aguas y lluvias. Moctezuma era dios en México, etc.

 

            Los antiguos reyes babilónicos afirmaban ser dioses, y tenían templos consagrados en su honor. También los partos de la dinastía Arsácida eran hermanos del sol y la luna, con cultos divinos. Los faraones fueron deificados en vida (dios-sol), ofreciéndoseles cultos y sacrificios en templos particulares, con sacerdotes propios. Al inmortal Merenra se le rindió culto como dios de cielos y Tierra.

Articulos relacionados:
Deus, sive universum VI. - El universo durante su segunda etapa involutiva
Resumen:
Estudio de las 2ª y 55ª etapas del universo, involutivas-evolutivas en el paraíso, y evolutivas-involutivas en las galaxias; etapas de protón material, 1º si son 2ª y 18º...
Deus, sive universum VIII. - El universo en su cuarta etapa involutiva
Resumen:
Estudio de las etapas 4ª y 53ª del universo, la 4ª con paraíso involutivo y galaxias-antigalaxias evolutivas, y la 53ª lo contrario. Bien entendido que me refiero siempre...
Magia y Religión: Bálder, roble
Resumen:
Escrito en el que doy una interpretación racional al mito de Bálder, refiriéndome a Noruega desde el neolítico a finales del siglo XVIII. Y si Bálder fue el dios-hombre n...
Deus, sive universum XXIII. - Etapas 16ª-41ª
Resumen:
Que las masas emitan energía, calor y luz; y las antimasas antienergía, calor y luz también, da la razón a la parapsicología cuando afirma que tenemos aura, como dije aye...
Las herejías de la mega ramera apocaliptica, madre de las rameras
Resumen:
En este artículo se realiza un breve recuento de las principales herejías introducidas en la adoración de aquellos seudocristianos que invadieron todo el mundo imponiendo...
Copyright © 2011 ilustrados.com, Monografias, tesis, bibliografias, educacion. Tofos los temas y publicaciones son propiedad de sus respectivos autores ©