RESUMEN
Se realiza un breve esbozo de las diferentes causas de muerte de acuerdo con la
clasificación NASH y se profundiza en la historia del suicidio con énfasis en
los aspectos causales referidos por Freud, Durkheim y Menninger; se critican
éstos por su enfoque unilateral y se acepta la génesis multifactorial de dicha
conducta.
Se analizan las diferentes clasificaciones según los métodos, la dinámica y los
agentes, así como los llamados factores de riesgo que predisponen al suicidio.
Se discute la participación del médico de la familia en el mejor cumplimiento
del Programa Nacional de Prevención de la Conducta Suicida y se sugiere cómo
valorar adecuadamente a un paciente con riesgo suicida.
Palabras clave: SUICIDIO, FACTORES DE RIESGO; MEDICINA COMUNITARIA; MEDICINA
FAMILIAR.
INTRODUCCIÓN
Según la clasificación NASH existen 5 formas de morir: naturales, accidentales,
suicidas, homicidas y no especificadas. Además, éstas pueden ser intencionadas,
subintencionadas y no intencionadas. (1)
Fue el abate Desfontaines en el siglo XVIII el primero que empleó el término
suicidio (sui- sí mismo y cidius- matar). (2)
Muy relacionados con este término están los siguientes:
Acto suicida. Todo hecho por el que un individuo se causa a sí mismo una lesión,
cualquiera sea el grado de intención letal y de conocimiento del verdadero
móvil.
Parasuicidio. Acto no mortal en el que una persona, de forma deliberada, se
autolesiona o ingiere un medicamento en dosis superior a la prescrita o
reconocida como terapéutica.
Conductas autodestructoras directas o conscientes. Corresponden a las tentativas
de suicidio y al suicidio consumado.
Conductas autodestructivas indirectas o inconscientes. Tienen un carácter
insidioso y prolongado y no son reconocidos como actos suicidas (equivalentes
suicidas, suicidio palma a palma).
Autolesión intencionada. (Deliberate self-harm). Término propuesto para
conceptualizar el intento suicida como una conducta de afrontamiento.
Ideación suicida. Comprenden desde la idea fugaz de la dificultad de vivir a la
idea suicida transitoria, prolongada, permanente, impulsiva o planeada.(3)
A través de la historia, la postura frente al suicidio ha sido diferente según
el momento histórico concreto de que se trate. Así, en la antigua Roma, se
asumía una posición neutral e incluso positiva frente al suicidio. Basta
mencionar a Séneca, el estoico, quien dijera: "El vivir no es un bien, si no se
vive bien". "Morir antes o después es irrelevante". "La vida no es como para
comprarla sea cual sea el precio".
En el siglo IV después de nuestra era, Constantino I llamado El Grande,
oficializó el cristianismo,(4) y con ello se asumió una actitud de rechazo. San
Agustín consideraba el suicidio como un crimen y Santo Tomás como un pecado,
sino el mayor de todos, pues usurpaba a Dios la decisión sobre la vida.
Este rechazo duró siglos por la propia influencia de la religión, y aún éste es
su punto de vista.
En el siglo XVIII, el filósofo Hume asume una postura permisiva-positiva frente
al suicidio. Hume expresó: "Si no es un crimen que ya cambia el curso del Nilo o
el Danubio ¿dónde está el crimen? ¿en cambiar la dirección de unos cuantos
litros de sangre?."
A finales del siglo XIX, comienza la era moderna en la interpretación del
suicidio, con los trabajos de Durkheim y Freud. Durkheim realiza un enfoque
sociológico del suicidio y plantea que es el resultado de la fortaleza o la
debilidad del control de la sociedad sobre el individuo. Así define 3 tipos:
Suicidio altruista. Es el literalmente pedido por la sociedad, debido a su
cultura, normas y costumbres. Al individuo no le queda otra opción honorable.
Seguir viviendo sería una ignominia. Es el caso del harakiri entre los antiguos
samurais.
Suicidio egoísta. En este caso la persona tiene pocos lazos con la comunidad;
son personas que viven solas, no tienen familia ni grupo social o institución
con quien relacionarse. No hay prácticamente exigencias sociales para el
individuo.
Suicidio anónimo. Se produce por una repentina ruptura en la relación habitual
entre la sociedad y el individuo (pérdida de seres queridos, propiedades,
prestigio, etcétera.)
Suicidio fatalista se caracteriza por una excesiva reglamentación, un estado de
control insoportable y es el que cometen los sujetos cuyo porvenir esta
implacablemente limitado El suicidio fatalista se caracteriza por una excesiva
reglamentación, un estado de control insoportable y es el que cometen los
sujetos cuyo porvenir esta implacablemente limitado
Freud desarrolla la teoría psicológica del suicidio. Consideró que en el suicida
existía una hostilidad inconsciente dirigida hacia el objeto amado que ha sido
previamente introyectado. Es, según Freud, un crimen al que se le ha dado un
giro de 180 grados.
Zilboorg, retoma el punto de vista freudiano y lo desarrolla; considera el
suicidio no sólo como una fuerte hostilidad inconsciente, sino también como una
incapacidad poco común de amar a otros.
Karl Menninger considera que en todo suicida se encuentran implícitos 3 deseos:
deseos de matar, deseo de ser matado y deseos de morir.
Ambos enfoques, el sociológico representado por Durkheim y el psicológico por
Freud, son enfoques unilaterales de este dramático problema. Sin embargo, sin
pretender justificar estos enfoques, en la práctica médica, observamos estos
mecanismos de producción del suicidio, sobre todo el anónimo.
En la Clasificación Internacional de Enfermedades-9 (CIE-9) el suicidio y las
lesiones autoinfligidas quedan incluidos en las categorías comprendidas entre E
950 a E 959.
E 950. Suicidio mediante sustancias sólidas o líquidas (barbitúricos y otros
psicofármacos).
E 951. Suicidio mediante gases de uso doméstico (gas de balón, etcétera).
E 952. Suicidio mediante otros gases y vapores (monóxido de carbono).
E 953. Suicidio por estrangulación, ahorcamiento y sofocación (incluye
sofocación por bolsa plástica).
E 954. Suicidio por sumersión (ahogamiento).
E 955. Suicidio por arma de fuego y explosivos (por arma de cañón corto,
escopeta y fusil).
E 956. Suicidio por instrumentos cortantes y punzantes (cuchillo, navaja,
punzón, etcétera).
E 957. Suicidio por precipitación (de lugares naturales o creados por el
hombre).
E 958.Suicidio por otros medios y los no identificados (quemadura,
estrellamiento de vehículo, colocación o salto delante de objeto móvil y
electrocución).
E 959.Efectos tardíos de lesiones autoinfligidas.(5)
Como se puede observar, en la CIE-9 el suicidio se clasifica según el método
empleado. Al respecto también existe una clasificación simplificada:
Suicidio por métodos violentos o duros (arma de fuego, ahorcamiento,
precipitación).
Suicidio por métodos pasivos o suaves (ingestión de psicofármacos, anilina,
etcétera).
El suicidio también se puede clasificar según su forma clínica. Así tenemos:
Suicidio ampliado. Es aquél en el que se arrastra a la muerte a otro que
no desea morir. Por ejemplo: madre con una depresión nihilista que asesina a su
hijo para evitarle "los sufrimientos que la vida conlleva".
Suicidio por desesperación. Es el que ocurre en el marco de una situación
con gran repercusión afectiva en sujetos con poca tolerancia a las
frustraciones. Por ejemplo: fracaso amoroso y pérdida de un ser querido.
Suicidio por miedo. Se trata de evitar una situación muy temida. Por
ejemplo: pérdida de la virginidad en familias moralistas.
Suicidio por venganza o chantaje. El suicida, con su muerte, pretende
castigar a otros. Por ejemplo: persona histérica que frente a un conflicto se
suicida dejando una nota que inculpa al amante.
Suicidio por sacrificio. La muerte tiene una finalidad política, religiosa. Por
ejemplo: El líder ortodoxo, Eduardo Chibás, se suicidó en un programa radial en
que denunciaba la corrupción administrativa y política del régimen existente.
(6)
Menninger ver otro aspecto del suicidio, los llamados suicidios subintencionados
o suicidios crónicos que son conductas usuales que atentan contra la vida, y que
conforman un grave peligro para ella como son los actos imprudentes o
temerarios, las omisiones significativas, los excesos significativos y la
conducta antiterapéutica.
El suicidio, además de constituir un drama de la existencia humana, en muchos
países es un problema de salud. Según la OMS, está ubicado entre las 10 primeras
causas de muerte y cada día en el mundo se suicidan 3 000 personas.
El suicidio es más frecuente en el sexo masculino en una proporción 3:1 con
relación al sexo femenino. El intento suicida es más frecuente en este último,
en una proporción de 3:1 con relación al sexo masculino. Por cada suicidio se
manifiestan 8 a 10 intentos suicidas, aunque pueden llegar hasta 15 o mas. Los
hombres tienen tendencia a utilizar los métodos violentos con más frecuencia que
las mujeres.
Múltiples han sido los estudios realizados sobre el tema que nos ocupa, con el
objetivo de determinar las posibles causas que expliquen la conducta suicida:
Bronisch comparó 2 grupos de pacientes con reacción depresiva breve o prolongada
con y sin intento suicida y concluyó que el alcoholismo, los intentos suicidas
en la familia de primer grado y el divorcio entre los padres, predispone a la
reacción depresiva con conducta suicida.
Clark, en un estudio realizado en 928 pacientes con conducta suicida durante 3
años concluyó que los antecedentes de intento suicida de baja letalidad están
asociados con intentos suicidas futuros no letales.
Allebeck comparó 32 esquizofrénicos suicidas con un grupo control de 64
esquizofrénicos no suicidas y observó que los antecedentes de intento suicida
estaban relacionados con el suicidio; calificó así el suicidio en el
esquizofrénico como impulsivo y difícil de predecir.
Winokur estudió 401 pacientes con depresión psiquiátrica y depresión por
enfermedad somática, y encontró mayor ideación suicida e intentos de suicidio en
las depresiones por causa psiquiátrica.
Kotila et al. examinaron 406 adolescentes con intentos suicidas, en 226 era su
primer intento y en 180, eran intentos repetidos. Al finalizar el seguimiento de
10 años, el 1 % de los que habían tenido un intento suicida se había suicidado y
el 4 % había tenido intentos suicidas repetidos. (Pérez Barrero S.
El suicidio y su manejo. Conferencia impartida en el Instituto Superior de
Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, junio 1989).
A pesar de estos trabajos recientes sobre el suicidio y otros muchos realiza dos
dentro y fuera de nuestro país, aún no se conoce con certeza la causa del
suicidio, el cual responde a diversos factores biológicos, psicológicos y
sociales. Sin embargo, existen los llamados factores de riesgo que pueden
predecir en cierta medida la posibilidad suicida.
Según Stengel éstos son los siguientes:
¨ Sexo masculino.
¨ Mayor riesgo según aumenta la edad.
¨ Más frecuentes en viudos, solteros y divorciados.
¨ Carencia de hijos.
¨ Alta densidad de población.
¨ Residencia en grandes ciudades.
¨ Alto estándar de vida.
¨ Crisis económica.
¨ Consumo de alcohol.
¨ Intentos suicidas previos.
¨ Familiares suicidas o con intentos de suicidio.
¨ Enfermedad física asociada.
¨ Expresión manifiesta de la intención suicida.
¨ Planificación del acto suicida.
¨ Letalidad del método empleado.
¨ Vivir solo.
¨ Enfermedad psiquiátrica asociada (trastornos depresivos, esquizofrenia,
alcoholismo).(2)
En Cuba existe un Programa de Prevención de la Conducta Suicida, que considera
los siguientes factores de riesgo. (Cuba. Ministerio de Salud Pública. Programa
de Prevención de la conducta suicida. Ciudad de La Habana, 1988).
· Adolescentes con embarazo temprano.
· Madre soltera con hijos.
· Personas mayores de 60 años con otros factores de riesgo.
· Personas sin apoyo o atención familiar.
· Personas con enfermedad crónica o invalidante.
· Los sobrevivientes de una tentativa de suicidio.
· Los que anuncian el suicidio.
· Alcohólicos y farmacodependientes.
· Antecedentes familiares de suicidios o intentos suicidas.
· Jóvenes que no estudian ni trabajan.
· Niños y adolescentes de familias con problemas sociales, o familiares.
· Niños y adolescentes con dificultades escolares.
· Niños y adolescentes con trastornos de conducta.
Este Programa considera las familias con riesgo, donde incluye:
¨ Las que tengan individuos con riesgo suicida.
¨ Las que tengan bajos ingresos per. cápita y bajo nivel de escolaridad.
¨ Las que tengan alteraciones en su dinámica y en sus relaciones.
¨ Las que tengan problemas sociales de envergadura.
Los objetivos que plantea dicho programa son: evitar el primer intento suicida,
su desenlace fatal y su repetición. Para lograr dichos objetivos, el médico de
la familia debe identificar a los individuos con riesgo y las familias con
riesgo, para garantizar su atención integral. De producirse un intento suicida,
el médico de la familia debe notificarlo al Departamento de Estadísticas para su
control por parte del Centro Provincial de Higiene y Epidemiología. Una vez en
el consultorio, de acuerdo con las lesiones, debe remitirlo a un Servicio de
Psiquiatría de Urgencia, acompañado por la enfermera o el familiar que más
conozca del caso, orientaciones para su traslado, para evitar con ello que se
repita el intento durante el trayecto.
El paciente debe ser entregado al psiquiatra de guardia, o en su defecto, al
médico que se encuentre en el Servicio de Urgencias donde permanecerá 24 horas
en observación, período en el cual será valorado por un psiquiatra. Si resulta
ingresado, el médico de la familia se interesará por la evaluación del mismo.
Si el paciente es devuelto a su área de salud, lo visitará o citará a consulta
en los primeros 7 días del intento, para proceder a su dispensarización, evaluar
en su primera consulta el riesgo potencial de suicidio e interconsultarlo con el
psiquiatra del área de salud en ese período, o como máximo a los 15 días, si la
posibilidad suicida ha disminuido.
El médico de la familia debe valorar mensualmente, como mínimo, al paciente con
intento suicida en los primeros 6 meses y evaluarlo en los 6 meses subsiguientes
bimestralmente.
Estas consultas serán independientes a las que realice el psiquiatra, y podrían
aumentar su frecuencia según el riesgo del paciente.
Si el caso requiere atención social, el médico de la familia realizará las
coordinaciones necesarias con el servicio social para garantizar el apoyo de la
trabajadora social, la cual hará uso de sus posibilidades y recursos.
El alta del paciente, si ha tenido una evolución favorable, será después de
transcurrido el primer año de haber realizado el intento suicida. (7)
Hasta aquí hemos esbozado algunas consideraciones sobre el suicidio, el intento
suicida y su atención por parte del médico de la familia. No obstante,
consideramos útil que, en la conducta ante todo intento suicida, el médico de la
familia se haga las siguientes interrogantes:
1.¿Quién era esta persona antes de intentar contra su vida?
De las respuestas a esta pregunta se puede conocer si era un enfermo
psiquiátrico previo o no, si ha realizado intentos previos o no, si tenía una
adecuada adaptación social, familiar o laboral previa o no, si proviene de una
familia "psiquiátrica", con suicidios o intentos suicidas o no y otros factores
que pueden darnos una dimensión del posible riesgo suicida.
2.¿Quién es esta persona ahora?
La comparación entre las respuestas a la pregunta anterior y ésta, nos dará
una aproximación mayor para calificar el riesgo suicida.
Las respuestas incluyen: cuadro clínico actual, adaptabilidad social familiar y
laboral actual, factores precipitantes si existieran, enfermedades físicas
asociadas, etcétera.
3.¿Es alta su letalidad?
Aquí, las respuestas nos deben orientar sobre el método empleado, la
seriedad de la intención, las circunstancias en que se realizó, lo que unido a
las respuestas conseguidas en las 2 primeras preguntas darán un enfoque más
preciso del caso en cuestión y de la posible conducta que se debe seguir.
4.¿Qué es lo que dice el paciente y cómo lo dice?
Como se infiere, con esta pregunta tratamos de verificar la sistematización
o no de la idea suicida, la seriedad del propósito, la presencia de ideas
delirantes de minusvalidez y autorreproche sobrevaloradas y la presencia de
factores desencadenantes, etcétera. Cómo expresa el paciente el problema es muy
importan te, pues no cabe dudas de que un paciente deprimido dice las cosas de
manera diferente a una persona histérica, o a un esquizofrénico. Esta
información complementada con la anterior, adquiere un valor nada despreciable
al enfrentarnos a un suicida potencial.
5.¿Qué parte "sana" tiene?
La respuesta a esta pregunta tiene gran importancia, pues nos va a ir
preparando la estrategia de la atención terapéutica. ¿Estoy frente a un
psicótico? ¿Un alcohólico deteriora do? ¿Un adolescente impulsivo pero con buen
ajuste escolar? ¿Una persona con crítica de lo realizado? Las diferentes
situaciones que se pueden encontrar son muy diversas, desde las personas que
apenas tienen perturbación psíquica, hasta los muy perturbados psíquicamente,
desde los que tienen una crítica razonada para lo ocurrido, hasta los que
consideran el suicidio como única posibilidad.
6.¿De qué se puede "sujetar" para vivir además de mí?
Como se ve, en esta pregunta debe quedar incluido todo médico que se
enfrenta a un posible suicida. El valor ético, humanístico y solidario de esta
pregunta es incuestionable. Pero, además, nosotros debemos conocer si el
paciente tiene motivos para continuar viviendo: hijos, un trabajo creativo,
excónyuges, padres, hermanos, militancia política, creencias religiosas,
etcétera.
7.¿Qué más se puede hacer por esta persona?
La respuesta a esta pregunta nos hace revisar mentalmente todo lo sucedido
en la relación médico-paciente-familia, y la conducta asumida por el médico de
la familia frente a cada momento de ésta, así como las alternativas futuras que
se pueden tomar.
8.¿Lo he hecho todo?
Como se puede apreciar, esta es una pregunta incisiva y que complementa la
anterior, y se pretende, con ella, que el médico de la familia agote todos los
recursos disponibles (familia, comunidad, instituciones, organizaciones,
etcétera) al enfrentar un paciente potencialmente suicida.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFÍCAS
1. Freedman A, Kaplan H, Sadock B. Tratado de Psiquiatría. La Habana: Editorial
Científico-Técnica, 1982; t.3:1956.
2. Calzadilla Fierro L. Valoración del riesgo suicida en el paciente deprimido.
Rev Hosp Psiq La Habana 1983; 24(2):292-3.
3. Sarro B. Cruz C de la. Los suicidios. Barcelona: Martínez Roca, 1991: 30-4.
4. Rensoli L. Historia de la filosofía. Rev Hosp Psiq La Habana 1988; 29(2):175.
5. Acosta Nodal C. Glosario cubano de la clasificación internacional de
enfermedades psiquiátricas. Rev Hosp Psiq La Habana, 1983:220-3.
6. Amaro González G. El intento suicida: formas clínicas presentes en 100
pacientes. Rev Hosp Psiq La Habana 1981; 22(3):412-3.
7. Programa de Prevención de la conducta suicida. Ciudad de La Habana 1988.
AUTOR
Prof. Dr. Sergio A. Pérez Barrero
Fundador de la Sección de Suicidiología de la Asociación Mundial de Psiquiatría.
Fundador de la Red Mundial de Suicidiólogos.