“El Marxismo como única respuesta coherente a la
Problemática de los Pueblos Y su recomposición después del Derrumbe del
Socialismo Euro soviético”
RESUMEN
El presente trabajo hace una valoración objetiva del Marxismo como propuesta
ideo política válida para la salida de la crisis global, al tiempo que pretende
deslindar al verdadero marxismo revolucionario de la anquilosada ortodoxia
estalinista, de la misma manera asume, que el debate neo-neo no estará completo
si no asumimos la re emergencia de este y lo acertado de asumir, que en estos
momentos se está apreciando una suerte de “Neo marxismo”.
INTRODUCCIÓN
“Reconocemos solamente una ciencia, la ciencia de la historia”
K. Marx y F. Engels, La ideología alemana
El materialismo histórico, como parte de lo que Marx denominó la “Dialéctica
Materialista” en términos generales, no es más que una concepción materialista
acerca de la historia.
Desde el punto de vista filosófico, esta doctrina implicó una interpelación a
los sistemas que pretendían hacer de la historia una abstracción especulativa,
descriptiva, en fin, una metafísica más.
Dichos sistemas hacían ver la historia de los hombres y su vida material como
historia de la filosofía, como la historia del pensamiento humano y su
desenvolvimiento. Hegel, por ejemplo, intentó reducir la historia a un
desarrollo del espíritu que, en sus distintas fases, buscando su
autoconocimiento en el “Espíritu absoluto”, la idea. En ése contexto, no quedaba
espacio para ningún protagonismo más que el de los espectros de la filosofía:
Dios, el “espíritu”, la conciencia etc.
Marx y Engels, en el primer capítulo de La ideología alemana, desmintieron la
serie de prejuicios metafísicos que recubrían la doctrina social de su país,
polemizando principalmente con los jóvenes y viejos hegelianos. “Los viejos
hegelianos – afirman Marx y Engels, lo comprendían todo una vez que lo reducían
a las categorías lógicas de Hegel (...) Los jóvenes hegelianos coincidían con
los viejos hegelianos en la fe en el imperio de la religión, de los conceptos,
de lo general en el mundo existente”.
Así, Marx y Engels pretendían formar, a través de la crítica del idealismo
hegeliano, una concepción materialista de la historia. La filosofía idealista y
su concepción de la historia tienen como antecedente inmediato a la filosofía
kantiana.
Kant tributó, en su momento de auge, una serie de “categorías” que pertenecían a
la razón pura. La razón pura para él, empero, no estaba determinada por la
experiencia, y tenía formaciones trascendentes del pensar, fuera del alcance de
la vida material de los hombres.
Hegel por su parte, deja a la razón pura defendida por Kant, la responsabilidad
de ser protagonista de la historia; nos dice en más de alguna ocasión que “la
constitución, la legislación y hasta el estado total de un pueblo, tiene su
fundamento sólo en el precepto de que el espíritu se hace de sí”. Es decir, la
vida material de un pueblo, su historia desde el punto de vista marxista, está
determinada por el espíritu, por la filosofía, por el mundo de las ideas
exclusivamente.
Este viejo idealismo decimonónico, parecía nublarlo todo en Alemania en esta
etapa convulsa de su desarrollo. Los filósofos pretendían deducir, a partir de
categorías externas a la realidad, sacadas de la especulación y del grave
ejercicio metafísico, las leyes de la historia. Feuerbach, uno de los más
fenomenales teólogos-filósofos del ateísmo, no logró escapar al “idealismo
histórico” que tenía abrazado a todo el clima filosófico europeo en los tiempos
de Marx y Engels.
“…En la medida en que Feuerbach es materialista, se mantiene al margen de la
historia, y en la medida en que toma a la historia en consideración, no es
materialista…” dicen Marx y Engels y queda claro, según lo que hemos visto, que
el idealismo pretendió condenar a la historia a vivir encarcelada bajo las
celdas de la universalidad trascendente, de las leyes exteriores que le
determinaban y que guiaban su curso.
Además, el idealismo en su mayor grado de desarrollo, el hegelianismo,
consideraba al Estado burgués y al capitalismo, como la realización máxima del
“espíritu” que debía desarrollarse en éste mundo.
Desde ese punto de vista podía ser, por ejemplo, la revolución francesa la más
grande de las proezas históricas y el “final feliz” del desarrollo humano.
Además, hoy es dable destacar la relación implícita de ésta concepción
teleológica (es decir, que llega a su fin) de la historia con la teoría de “El
fin de la historia” de los intelectuales neoliberales. Esto bastaría para
explicar las ingentes tareas que tuvo entonces y tiene hoy el Marxismo como
sistema ideo político verdaderamente comprometido con el futuro de la humanidad.
Tareas del Marxismo.
Marx y Engels tuvieron como tarea, en un adverso clima de soberbia ignorancia,
propio del floreciente capitalismo industrial, la de derribar la muralla de
sistemas filosóficos con los que había absuelto sus culpas la burguesía desde
hacía más de cuatrocientos años. Noblemente, entregados a la causa de los
humildes, lucharon por entregar a los revolucionarios una guía para la acción
eficaz, profundamente revolucionaria y radical. Sin embargo, en el camino de
ésta elaboración teórica, no todo podía ser color de rosa.
Hubo que polemizar arduamente con enemigos muy eficaces y talentosos, que
pretendieron adueñarse del concepto de socialismo desde posturas que emergían y
re emergían hacia aquel detestable nudo de conceptos manidos y ambivalentes en
que estaba transformado el idealismo hacia el siglo XIX.
Pero no sólo fueron los socialistas utópicos e idealistas los que pretendieron
hacer retroceder al socialismo en tanto ideología, hacia la barbarie retrógrada
que significan las “leyes” externas al mundo y a la vida material de los
hombres. También dentro del campo marxista, fueron apareciendo, una y otra vez,
y tan rápido como una plaga, toda suerte de teóricos y reformadores, que
intentaron reducir el pensamiento socialista a un recetario. Hoy, estos mismos
“brillantes profetas” son explotadores, en el mejor de los casos, cuando no
vulgares traficantes y mafiosos, que abandonaron un día sus puestos en el ex
Comité Central del PCUS u otros puestos de la “Nomenklatura” , para al otro día
convertirse en verdaderos sostenedores del capitalismo en Europa del Este y el
espacio postsoviético.
Esto parece que fue previsto por los fundadores de la Dialéctica Materialista y
en su conocido prólogo de la “Contribución a la crítica de la economía política”
Marx nos resume más o menos las conclusiones de su trabajo teórico así:
“…En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas
relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción,
que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas
materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forman la estructura
económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la
superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas
de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el
proceso de la vida social, política y espiritual en general…”
Nosotros queremos sencillamente, mostrar que ésta cita no es el conjunto del
pensamiento de Marx, y está lejos de ser una síntesis. Por el contrario: El
pensamiento de Marx es también un pensamiento humano, y como tal tiene rupturas
internas en su desarrollo que algunos militantes marxistas han pretendido
olvidar o reducir, sobre todo después de la aparición en la URSS de un texto
“Manual de Economía Política”, que el Che ironizó al definirlo como “Manual sin
ciencia de la Academia de Ciencias”.
Hasta el paroxismo y la más infundada de las exageraciones llegó el intento por
hacer creer a los militantes de izquierda que la base del materialismo histórico
residía en el determinismo económico. El filósofo italiano Antonio Gramsci,
quien puede ser tomado en cuenta como uno de los más geniales de los pensadores
marxistas de todos los tiempos, insistió sobre la necesidad de no transformar al
marxismo en una sociología, comprendida como conjunto de leyes y normas.
Gramsci, en sus “Cuadernos de la Cárcel” polemiza con el Ensayo popular de
sociología, del autor soviético y asesor de Stalin, Mijail Bujarin, que en el
fondo, lo que hace es condensar y simplificar algunos de los textos del viejo
Engels con las propuestas teóricas de la socialdemocracia alemana, y
principalmente de sus jefes Kautsky y Bernstein, amputándole de paso, lo más
radical y comprometido de su espíritu revolucionario que le habían insuflado los
fundadores del Marxismo.
Transformar el marxismo en un manual de Ciencias Naturales simples fue una
empresa fácil en un país tremendamente burocratizado, inculto y ahogado en el
miedo, como lo fue la Rusia Soviética de la época de Stalin. Kautsky, uno de los
más importantes líderes de la socialdemocracia alemana, esa misma
socialdemocracia que traicionó la revolución reemplazándola por un proyecto
social-pacifista, afirma en su folleto “El marxismo” que “La evolución histórica
siempre ha obedecido a leyes históricas determinadas”, pero Stalin sustituyeron
eso a pura retórica y esquemas.
En Kautsky sobresalta un uso reiterativo del concepto de evolución para
describir el proceso histórico, volcando así al socialismo en un evolucionismo
darwinista que denunció muy bien el filósofo argentino Néstor Kohan. Será ese
mismo evolucionismo darwinista el que adherirán también Plejanov y los
“profesores” de la “Academia” de la URSS, en todos los casos rehuían, evitaban
emplear el término revolución y todavía más su praxis.
Esto le facilitó el trabajo a Stalin, en la fase en que ya ésta visión reducida
y anti-humanista del marxismo estaba consolidada y eran escasas las voces
contestatarias, que “escribió” su propio manual de marxismo-leninismo. ¿Qué
venía a enseñarnos éste manual?: Lo mismo que todos los manuales. Que la materia
es lo primario, y es ontológicamente superior sobre la conciencia, y que la
determina, etc. a lo que agregó mucha ortodoxia y llegó a convertir en “leyes”
aspectos que eran solo particularidades muy puntuales de la URSS en aquellas
condiciones.
En segundo lugar, ésta determinación incluye a toda la sociedad, que, por lo
tanto, estará determinada por las leyes universales de la materia, que Engels
explicó de manera muy explícita y coherente en su Anti-During.
En la doctrina acerca de la historia, los manuales estalinistas, difundidos por
los Partidos Comunistas de toda América Latina, nos enseñaban que la “estructura
social” (es decir, las fuerzas productivas según la cita expuesta más arriba)
determina la “superestructura”. Los hombres quedaban determinados no sólo por la
materia; sino también por la economía. Y a su vez, la economía quedaba
determinada por la producción.
En éste orden de cosas no había espacio para la conciencia, ni otras expresiones
“inmateriales”, ni para la praxis, condenada al “imparable avance de las fuerzas
productivas”. La sociedad era considerada como la cosa en sí kantiana; tiene
vida propia y auto movimiento, y es independiente de la praxis humana y de esta
manera se negaba la riqueza del movimiento de los pueblos en su evolución, en
nuestro caso concreto, los elementos contentivos de nuestra nación, y que son
muchísimos, sencillamente serían deleznables dentro de esta concepción.
El determinismo económico no podía ser de otra manera: La economía es siempre
avance, es evolución continua, lineal. Gradual o a saltos, siempre es evolución.
La fecundidad del materialismo histórico había quedado limitada por la filosofía
positivista en que devino el marxismo después de Engels. Al ser la economía y la
historia (que para los manuales no es más que la historia de la economía) una
pura evolución lineal, no había posibilidad de no llegar al socialismo, a pesar
de las constantes advertencias del propio Engels, cuya expresión más clara está
en una carta a Bloch de 1890, donde refuta el determinismo económico que ya le
endilgaban a él y a Marx.
El materialismo histórico estaba plenamente transformado en el materialismo
económico. Y al igual que los idealistas alemanes, los filósofos soviéticos,
desde Plejanov hasta Afanásiev, transformaron la historia en la historia de una
evolución continua condicionada por “leyes objetivas” exteriores a la vida
material y espiritual de los hombres. Pero la caída del Muro de Berlín debía
liberar al marxismo. Tanto del determinismo económico como del determinismo
político que devenía de éstas lógicas de pensamiento, siempre meditadas a favor
de la burocracia soviética.
La Necesidad de desarrollar el materialismo histórico como elemento
importantísimo de la dialéctica materialista de Marx.
El marxismo ortodoxo, “vulgar” a decir de Gyorgy Lúkacs, se encargó de
transformar al materialismo histórico en una serie de leyes eternas e
inamovibles. Y lo peor de todo es que esas leyes corrían sólo para la sociedad
occidental. Los no-europeos, no teníamos historia. Las fases, etapas, o como
quieran llamarse, de la historia según los manuales, y según el materialismo
histórico defendido por los soviéticos estaban determinadas por fuerzas
productivas que los latinoamericanos no llegamos a tener, dada la naturaleza
desigual y combinada de nuestro desarrollo económico y el modelo de explotación
que para todos había diseñado el mismo hegemón.
Las fases propuestas por el Materialismo Histórico soviético insistían en la
necesidad de una etapa “democrático-burguesa” previa al socialismo. Sin embargo,
esta necesidad era una pura especulación teórica que había instaurado Kautsky y
la socialdemocracia años antes, para impedir el triunfo de la revolución
argumentándose en que primero “había que desarrollar el capitalismo hasta el
final” y con esto ganar tiempo y seguir dándole de largo a las tareas de la
revolución.
Según esa propuesta de kautsky, los latinoamericanos, por ejemplo, debíamos
esperar a que el capitalismo se desarrollara totalmente antes de luchar por el
socialismo. Así se nos mantuvo, y se nos trata de mantener aún en la idea de la
“Revolución Democrático Burguesa” como etapa previa de la “Revolución
socialista”, amén de que democracia y burguesía son cada vez más dos lógicas
divorciadas.
La afirmación de Marx acerca de que “No es la conciencia la que determina la
vida, sino la vida la que determina la conciencia”, quiere decir más bien que
son los hombres y su praxis los que hacen la historia, no las leyes universales.
Los hombres, en el proceso histórico de su auto-creación, crean el mundo y lo
transforman mediante su praxis, algo que más tarde Lenin desarrollo con mucho
acierto.
No podremos avanzar más aferrados a ésta suerte de materialismo histórico
ortodoxo, que fija su prioridad en el desarrollo de la economía y el sistema de
producción. Si se trata de método, quizás nos sea más factible, por ejemplo, un
humanismo historicista como el que propuso Walter Benjamín en sus “Tesis sobre
el concepto de historia”, donde señaló que la tarea del historiador que se
adhiere al materialismo histórico es escribir la historia desde abajo, desde el
punto de vista de los explotados y de los oprimidos, pero esto tampoco basta,
pues sería igual de sectaria, en aras de la objetividad estamos abocados a
escribir una historia total, que al unísono contemple aspectos tan importantes
como la cultura, la tradición, las costumbres, la psicología junto a los asuntos
políticos, económicos, militares y jurídicos, que siempre han sido
preponderantes.
¿Qué sucede entonces con la historia?. Que es la historia de los hombres
concretos y su praxis. Por ello la historia sigue siendo la historia de la lucha
de clases, de la lucha de los oprimidos por mejorar su propia vida material y de
la resistencia de los oligarcas por mantener el statu quo.
Es necesario que tengamos en cuenta la lección histórica que nos da el
estalinismo para no volver a cometer en lo adelante los mismos errores, es
lamentable, sin embargo, que no se esté estudiando el fenómeno a profundidad ni
en Rusia ni en el espacio postsoviético, donde los comunistas, lamentablemente,
se han quedado anquilosados en la etapa de Brezhnev, emplean las mismas
fórmulas, los mismos discursos sin hacer una reflexión crítica de la misma, algo
que urge y por tanto cada vez más caen en el descrédito ante las masas.
Por otra parte, una nueva concepción de la historia, que no se base en la
economía como momento prioritario de la constitución de la humanidad, nos tiene
que obligar, irremediablemente, a tener en cuenta el llamado “factor subjetivo”
a la hora de hacer política, sobre todo política revolucionaria desde las bases
del Marxismo.
Ello implica una revalorización de experiencias anteriores y actuales que,
miradas desde el punto de vista del materialismo histórico vulgar, son “grandes
errores” que no midieron “las condiciones objetivas” y se situaron fuera “del
proceso de producción” o de “las leyes universales” del movimiento y la materia,
sin embargo, cuando las miramos con una nueva óptica, descubrimos que
precisamente por haber asumido esas “desviaciones” fue que pudieron salir
adelante.
La historia no se hace a si misma. Un período histórico cede su paso a otro
cuando los hombres son conscientes de su historicidad, y de la necesidad de
destruir el orden de cosas existente y superarlo.
Reescribiendo la nueva historia desde las posiciones de un Neo Marxismo
La caída del llamado Socialismo Real, sobre todo el soviético, agudizó la
confusión existente sobre aspectos básicos de la ideología marxista y leninista,
como son el papel del partido, del Estado “benefactor” y de las masas
trabajadoras, protagonistas del proceso revolucionario. Esto volvió a poner
sobre el tapete el asunto de la legitimidad y de la participación popular real y
efectiva, pues no se trata de imitar la democracia y las formas de organización
de la sociedad burguesas, hay que superarlas.
La burguesía creó su método con una “original” forma de organización alternativa
de lucha y poder, manipulación mediante, que le permite a la misma, organizada
como clase dominante con su Estado, ya sea sobre la formulación republicana,
monárquica y su falsa democracia, que las masas irredentas y confundidas de
explotados y alienados deleguen ingenuamente su responsabilidad política en la
llamada clase política, en los partidos, que se encargan de administrar su orden
capitalista, llámense conservadores, liberales, socialistas obreros,
socialdemócratas o como sea y que ejercen la alternancia de gobierno cuando en
su ejercicio estos se agotan al no resolver los problemas reales del pueblo como
son los aspectos básicos de existencia, que por lo general siempre prometen
resolver en sus campañas publicitarias, digo, políticas.
En estos tan cacareados y loados modelos, donde no hay ninguna posibilidad de
control e incluso de revocación por parte del pueblo cuando los políticos
defraudan la confianza depositada en ellos, no queda otra esperanza que esperar
que pasen los años para elegir al otro partido de la alternancia con la
esperanza de que lo haga mejor, en este sentido, las experiencias primero de
Venezuela y luego de Bolivia con los referendos revocatorios o la cada vez más
creciente política de participación popular en nuestro país, Cuba, ya sea desde
los espacios tradicionales como en otros que pueblo y poder, de mutuo acuerdo,
hemos estado creando.
Son muchos revolucionarios los que culpan a Stalin y a sus seguidores por mala
actuación personal y burocrática que dio lugar a la caída de la URSS, esto es
cierto, el régimen instaurado por Stalin no tenía en absoluto nada que ver con
el concebido por Lenin pero las condiciones difíciles y el poco desarrollo de
las fuerzas productivas rusas no permitieron avizorar lo que ocurría allá por el
1928, por eso no se comprende el que los trabajadores no salieran en defensa,
sin darse cuenta del desvío que se produjo a la muerte de Lenin, del poder de
los soviets al cercenarse el desarrollo de la democracia directa desde abajo
hacia arriba que era el poder soviético, y que dio paso irremisiblemente una
suerte de burocracia muy cercana a las formas de democracia burguesa aunque se
llamaba a si misma soviética, pero en esencia no lo era, con todos los elementos
de su falsa división de poderes y su falso juego electoral, donde el pueblo no
controlaba ni podía revocar a los burócratas instalados en el poder.
Algunos revolucionarios coincidiendo con los epítetos burgueses sobre aquella
revolución, consideran que era una dictadura, aunque no se atrevan a adjetivarla
como hacen los burgueses, de comunista, nuestro Raúl Roa en el año de 1947 al
analizar las formas de poder históricas definió lamentándose a lo que ocurría en
la URSS como “… capitalismo monopolista de Estado en lo económico y en lo
político una dictadura…” .
Este criterio, muy osado para entonces, de alguna forma partía del análisis
materialista en su definición, toda vez que tiene muy claro que esa burocracia,
como clase social es defendía sus privilegios imponiendo incluso el terror,
dejando claro que el socialismo no se alcanza solo con la nacionalización de los
medios de producción, si estos no se ponen en manos, realmente de los que
producen y no lo que ocurrió con esa suerte de “sustitucionismo” impuesto por el
régimen estalinista que ahogó la democracia directa desde abajo que era en su
origen la revolución soviética.
Se confunden cuando a las “democracias” burguesas por su forma de democracia
delegada en la clase política, las admiten como modelo democrático, llegando a
decir que es propio de los “Estados de derecho”, ¿será porque la explotación del
hombre por el hombre, se hace “democráticamente”?.
No se comprende el carácter material y clasista en que se asientan las formas de
poder y hegemonía, de que la democracia en abstracto no existe, o es democracia
de los trabajadores, o es democracia burguesa, dictadura de los obreros sobre
los burgueses o dictadura de los burgueses sobre los trabajadores, ya sea en su
formulación “democrática” o dictatorial al estilo de Hitler, Somoza o Pinochet
cuando en ese juego institucional burgués ven sus intereses de clase amenazados
y recurren al último recurso, el represivo para cuyo ejercicio cuentan con el
ejercito.
Esa confusión hace decir a algunos revolucionarios soñadores del socialismo, que
el socialismo del siglo XX fue un rotundo fracaso y nada más y es que renegar de
la experiencia soviética sin comprender lo positivo y lo negativo de aquel
acontecimiento, el fondo de lo que supuso la organización alternativa de lucha y
de poder a través de los soviets obreros, campesinos y soldados organizados como
clase dominante desde abajo hacia arriba tiene un valor incalculable.
No comprender el fondo las experiencias históricas, que si supieron ver Marx en
su certero análisis del ejemplo que en su momento representó la toma espontánea
de lucha y poder que significó la Comuna de Paris en 1871, o el caso de la
Revolución Rusa de 1905-1907 justipreciado y estudiado por Lenin y que aportó a
su vez el surgimiento del “Soviet” en Rusia, como una forma novedosa y popular
de asumir la dirección de la sociedad.
Sin comprender que aquella experiencia no se puede avanzar mucho en el análisis
de la problemática de la lucha popular y la construcción socialista.
Considerar que aquellos acontecimientos históricos son formas del pasado sin
fondo alternativo de organización popular que no merecen interpretarlas al día
de hoy como alternativa de organización revolucionaria. No comprender que
aquella forma de organización soviética llegó a un grado de desarrollo y
organización suficiente para poder acabar con el zarismo y el capitalismo,
aunque insuficiente, dadas las condiciones materiales, culturales, científicas
en aquel atrasado país, para que al día siguiente del triunfo de la revolución,
funcionase en todo el país aquel nuevo aparato administrativo gobernativo y
productivo sustentado sobre la base de la democracia directa y permanente de
abajo hacia arriba y viceversa, que era la organización soviética, es mucho más
que cometer el pecado de ingenuidad.
Es evidente que los méritos de Lenin, la capacidad para desarrollar la
Dialéctica Materialista Marxiana que tuvo, su sagacidad en la síntesis de los
aspectos básicos, ya en la fase imperialista del capitalismo, su valoración
justa de las contradicciones inter-imperialistas y sus propuestas de
aprovecharlas para el desarrollo de una política y organización revolucionaria
es extraordinaria y Stalin, por favor, ni remotamente contaba con las armas
teóricas para continuar esa experiencia y se ocupó de eliminar la competencia
que en el seno del partido le podían hacer algunos camaradas que si tenían
algunos rudimentos teóricos, sobre todo Trotski, que en ese aspecto tenía una
sólida preparación.
Supo Lenin anteponer el carácter de la lucha de clases internacionalista a la
retórica vacua de aquello de la defensa de la patria que en la I Guerra Mundial
defendían los pretendidos marxistas de la época. Lo que sucedió después, tras la
enfermedad y muerte de Lenin, requiere un debate que desborda el tema de este
trabajo y repito, Stalin, no tenía la capacidad intelectual marxista de Lenin ni
se interesó mucho por superarse.
Con su autoritarismo, su concepción vulgar del desarrollo material y una
manipulación constante dirigida a los sentimientos y al aparato perceptivo de la
población, consiguió Stalin que aquel atrasado país diera un paso gigantesco en
lo productivo, en lo científico, en lo militar, lo que incluso fue determinante
para la derrota de la forma fascistoide-imperialista adoptada por lo más
reaccionario del poder burgués durante la II Guerra Mundial, pero todo ello fue
a costa de cercenar el poder soviético, que a la larga costó perder el poder
soviético de la manera más indigna, por rendición gratuita.
El último paso en este sentido durante el Stalinismo se dio con la derogación de
la Constitución “Soviética” Leninista el 11 de junio de 1936, que fue suplantada
por otra constitución que siguió llamándose soviética, pero que no lo era y las
consecuencias de su implementación se están pagando todavía.
Así las cosas, delimitando la actividad de los dos primeros líderes soviéticos,
Lenin y Stalin apelaremos a lo expresado por el líder comunista italiano Palmiro
Togliatti en el simposio organizado por el Instituto Gramsci en enero de 1958
cuando dijo: “…Hay en Lenin, por lo menos, tres capítulos principales, que
determinan todo el desarrollo de su acción y pensamiento: una doctrina del
Imperialismo como fase superior del capitalismo; una doctrina de la Revolución,
y por ende, el Estado y el poder, y una doctrina del Partido. Son tres capítulos
estrechamente unidos, fundidos casi el uno con el otro.
Cada uno de ellos contiene una teoría y una práctica, es el momento de una
realidad efectiva en desarrollo…” Que se puede apreciar en obras dedicadas a la
lucha contra el imperialismo mundial, tales como: “¿Qué hacer?”, “El
imperialismo fase superior del capitalismo”, “El Estado y la revolución”, “La
enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo” y no sería ocioso
agregar a esta lista sus últimos trabajos de 1922-23 conocidos bajo el título de
“Las últimas luchas de Lenin” en que combate contra las deformaciones que en el
socialismo beneficiaban al imperialismo.
Como se dice en el Manifiesto Comunista, los comunistas no son algo al margen de
los trabajadores, sino parte, la única diferencia que les separa es el
conocimiento de la filosofía marxista que se asienta en una base científica que
permite con su método materialista y dialéctico analizar de forma objetiva la
realidad material y espiritual, sin cuya objetividad sería imposible contribuir
a transformarla y sus disposición incondicional para la lucha política a favor
de la clase trabajadora toda.
Los trabajadores, por su parte, incluidos los líderes, no nacen con conciencia
comunista, de ahí la responsabilidad de los comunistas de llevarles al
conocimiento de la ciencia social que es el marxismo, para poder ayudarles a
tomar conciencia de clase y poder ejercer el papel protagonista revolucionario
directo que les corresponde. El partido ayuda, dirige, organiza, pero no
suplanta al protagonista excepcional en el proceso revolucionario que son las
masas irredentas.
De ahí que el partido unido ideológicamente tiene que generar una organización
interna verdaderamente democrática, anti burocrática, que sea ejemplo moral y
práctico ante el conjunto de los trabajadores, una democracia participativa y
militante permanente de abajo hacia arriba es la que posibilita fusionarse a la
vanguardia partidista con el conjunto de los trabajadores en los centros de
producción, de los servicios, en los centros educacionales, etc., para ejercer
su influencia directa en la educación ideológica de esta masa y que a su vez
permita desterrar la pseudo moral impuesta desde la ideología dominante de la
clase burguesa, con sus fetiches, se falso Estado y su falsa democracia.
El pueblo no comprende a priori el carácter clasista del mundo en que viven,
debido entre otras cosas a la tremenda capacidad del aparato mediático y
manipulador en manos de la burguesía. El poder alienante que la burguesía
realiza gracias a la nueva tecnología de la información, sobre todo la TV, con
sus anuncios publicitarios con aberrantes mensajes consumistas y estúpidos que
generan falsas necesidades, mantiene a los explotados en el individualismo y en
la insolidaridad, sobre todo en los países "más desarrollados", del primer
mundo, que viven en una tremenda angustia y miedo que nadie les explica, el Che
abunda en esto en “Apuntes críticos a la Economía Política” de reciente
publicación en La Habana (2006), texto que había estado inédito hasta ahora.
En la actual fase de dominio del imperialismo, en que el modelo está abocado a
la crisis, se resiste y para ello hace uso y abuso de sus poderosos medios de
destrucción y alienación, cuya primera víctima es su propio pueblo, el más
enajenado del planeta y lamentablemente confunde a muchos, incluidos algunos que
se consideran defensores del marxismo, el leninismo, y demás “ismos”
anticapitalistas. El antídoto contra esto es eliminar la dispersión ideológica
entre las izquierdas y hay que cerrar filas.
En Venezuela se ha puesto en uso el término Socialismo del Siglo XXI, que a
nuestro entender resulta peligroso en sentido lato, el socialismo es de manera
general uno y es extemporáneo, con plena vigencia y evolución desde su mismo
surgimiento y no se pueden despreciar los aspectos positivos históricos, amen de
los errores cometidos allí donde surgieron formas alternativas de democracia
directa y participativa de abajo hacia arriba, que no terminaron de
desarrollarse por los condicionantes políticas y materiales de aquellos momentos
históricos, pero que siguen siendo válidas por el carácter alternativo que
tenían y cada vez más tienen en la actualidad.
En el socialismo todos los trabajadores manuales e intelectuales son clase
política, en primera porque existen los mecanismos organizativos para la
participación de forma directa y constante que lo garantizan y en segundo,
porque esta es su lógica funcional, cuando ella falla se desvirtúa el ideal
socialista, que fue lo que ocurrió en la URSS, por lo que en su desarrollo
armónico y coherente están las potencialidades de la sustitución del sistema
enajenante por otro emancipador, es decir, la sustitución del actual orden
capitalista por otro orden socialista, superior en todos los aspectos.
Pero el socialismo es, a diferencia de lo preconizado muchas veces por la
ortodoxia, un fenómeno cultural, entendiendo la cultura en su acepción más
universal y plena y no un mero fenómeno económico, por lo que bien poco valdrá
la “estatización” de los medios de producción si finalmente no se consigue la
“socialización” de los mismos, donde participen los trabajadores controlando
directamente desde sus lugares de labor la actividad productiva, social o
cultural y donde pueden elegir y controlar en todo momento del proceso a sus
dirigentes, e incluso, revocar a los cargos electivos y cuestionar a los
directivos nombrados por designación para representarles en las labores
productivas, sociales y gubernamentales.
Esas formas de organización de lucha y de poder alternativo son las que tuvieron
lugar en el Siglo XIX y XX, el problema es que Marx, Engels y Lenin si supieron
apreciar aquellas formas espontáneas de los trabajadores, que ellos no se
inventaron sino que fueron iniciativas de los propios trabajadores como solución
desde abajo a sus problemas concretos. Iniciativa que como ya dijimos, Lenin
supo apoyar e impulsar hasta que doce años después cuando en 1917 llegaron a tal
grado de organización que permitió derrocar al zarismo y el capitalismo e
instaurar un régimen superior.
Hoy día la burguesía si sabe cuando sus privilegios pueden peligrar y por eso
con sus poderosos medios de enajenación, manipulación, confusión y represión
impide que las manifestaciones espontáneas de los trabajadores que siempre
tienen lugar, no se desarrollen, sean criminalizadas y acusadas de acciones
terroristas, (ahora ya menos de comunistas), acusándolas de que son elementos
antidemocráticos que no respetan “el Estado de derecho”, “la libertad” y que
están dirigidas por elementos “populistas”, ingredientes todos de la nueva
retórica de la explotación, contra la que solo queda la lucha por instaurar el
sistema social socialista.
Los intentos habidos sobre el socialismo tuvieron lugar en el Siglo XIX, en el
XX, se mantienen y desarrollan en el XXI y se tendrán también en el XXII de
manera general, en el supuesto de que no lo consigamos en este siglo, y la
barbarie imperialista no acabe con todo signo de vida en el planeta. No es
cuestión de idealizar a este o aquel siglo, sino de aplicar y desarrollar
consecuentemente la dialéctica materialista para adecuarla al momento histórico
contemporáneo, comprender y encauzar la inmensa gama de contradicciones en pugna
en el momento actual a nivel nacional e internacional y encauzar de forma
coherente las soluciones, que en todos los casos, tienen un origen y un fin
políticos.
Es una pena que muchas personas, incluidos no pocos que se proclaman de
izquierda y hasta marxistas, asuman como modelo de “Estado de derecho” el que
propone la burguesía de manera acrítica, como si los estados no se
correspondiesen en cada momento histórico, desde el esclavismo, el feudalismo y
el capitalismo, a las necesidades de la clase social en el poder, en todos estos
casos, clases explotadoras. A este respecto debemos decir, que sin una
comprensión con base material y científica de la función histórica de la
política toda, del Estado, el derecho y la democracia, no hay marxismo que
valga, ni podremos comprender el mundo, por lo que en la dialéctica
materialista, adecuada a cada situación concreta estará el camino en si y no el
fin.
Por eso es preocupante escuchar que personas identificadas con el proceso
revolucionario digan que “aquel socialismo del siglo XX fue un rotundo fracaso”
, lo que evidencia la incomprensión sobre la base en que se asientan y
desarrollan los procesos revolucionarios, es cuanto menos no comprender o
renegar del materialismo histórico, para inventarse nuevos conceptos, es
desconocer la impronta que la URSS y la revolución socialista dejaron en el
siglo XX, olvidando además que a pesar del bloqueo y los intentos del
imperialismo sigue existiendo el socialismo en Cuba, China, Viet-Nam y Laos y
nuevos países se enrolan en su construcción.
Lo que no quiere decir, al plantearnos la idea de construir el socialismo en el
siglo XXI como una novedosa experiencia histórica, absolutamente democrática,
que incorpore armoniosamente la diversidad de la experiencia histórica y
cultural humana y tenga capacidad de integrarse e interactuar en pleno diálogo
con el conjunto de las formas de vida existentes en el planeta, que debamos
partir de cero, se requiere estoy convencido de una crítica profunda de esa
experiencia histórica precedente.
Es decir, que sin un diagnóstico objetivo de las razones por las cuales el
modelo de partido-Estado soviético devino en un orden autoritario, cuya máxima
expresión fue el estalinismo, que se analice críticamente este fenómeno y se
arriben a conclusiones no se podrá avanzar muy lejos, por carecerse de
herramientas para la prevención de la amenaza de su repetición.
Sin un cuestionamiento radical de la filosofía de la historia euro céntrica que
predominó en el socialismo-marxismo de los siglos XIX y XX, no es posible
incorporar una de las conquistas más formidables de las luchas de los pueblos de
todo el planeta en las últimas décadas, la reivindicación de la inmensa
pluralidad de la experiencia histórico cultural humana y el derecho de los
pueblos a la preservación de sus identidades, sus modos de pensar, de conocer,
de sentir, de vivir de crear”.
Se reduce al marxismo y al leninismo cuando se interpreta que esa doctrina del
socialismo-marxismo puede ser solo euro céntrica, o propia de siglos pasados
como fueron el XIX y XX, que nada positivo pueden aportar como arguyen sus
detractores y lo más preocupante olvidar y desvirtuar la alternativa sobre la
que se asentó el Estado comunal, de los soviets o como se quiera denominar, pero
con su democracia muy concreta, que en nada se asemeja a la burguesa, basada en
el poder desde abajo, con posibilidad de control y revocación en todo momento de
los cargos electos.
Es necesario superar los estrechos límites impuestos a la mentalidad desde los
círculos globales de poder, parece que queda poco tiempo histórico para poder
abordar el futuro que se nos presentará cuando en menos de 40 años desaparezcan
los hidrocarburos sin que hasta el momento aparezcan otros portadores
energéticos que lo sustituyan, entender que el actual modelo está destruyendo al
planeta y a las especies, incluido el hombre como resultado de la lógica egoísta
del capitalismo y solamente el socialismo sustentado en el marxismo pueden
solucionar y superar esta problemática.
En cuanto a la interpretación idealista que se pueda hacer del término
autoritario, que puede inducir a incomprensión del término en si, conviene
resaltar que lo asumimos cuando entendemos la organización presupone cierto
grado de autoritarismo al establecer diferentes cargos de responsabilidad, lo
que es necesario para poder desarrollar complejos procesos productivos,
sociales, culturales y políticos, pero alejado de ese otro autoritarismo que
imponen las desiguales condiciones de vida entre los individuos que nos imponen
los actuales modelos.
Es ingenuo creer que con ser obrero ya es suficiente para la conformación de una
conciencia de clase proletaria o para que un proyecto político socialista o una
empresa de igual orientación funcione cabalmente, es cierto que se necesitan
también los mejores especialistas políticos, otros técnicos, especialistas
diversos e ingenieros, que ejercen una autoridad profesional, lo cual no quiere
decir que un obrero en una estructura de poder verdaderamente popular no pueda
llegar a ser el mejor activista de la política o hasta director de la propia
empresa, pero hace falta para eso crear la conciencia socialista, la conciencia
verdaderamente marxista y revolucionaria y es ahí donde tiene sus mayores
oportunidades para mostrarse en toda su valía la dialéctica materialista.
Lo mismo que sucede, poniendo un ejemplo, en nuestras Cooperativas de Producción
Agropecuaria (CPA), donde un grupo de trabajadores pueden constituir esta
entidad por derecho propio, elegir entre ellos a la Junta directiva, al
presidente de la cooperativa, cargo que perfectamente ejerce uno de los socios
trabajadores. Imaginemos ese ejemplo cooperativista en un socialismo, donde los
medios de producción, sociales, culturales, etc., no son propiedad de un grupo
cooperativista, sino de todo el pueblo trabajador organizado como clase
dominante en su Estado proletario, verdaderamente comunal, o como queramos
llamarlo, pero que se ajuste a ese proyecto organizativo estatal desde abajo
hacia arriba, se podrá apreciar entonces que no tiene nada que ver con la
democracia burguesa donde el pueblo delega su responsabilidad política en la
llamada clase política constituida en diversos partidos "democráticos" o en la
burocracia socialista estatal y partidista de la experiencia euro soviética y
que todo esto sobra.
El centralismo democrático es el modelo de la democracia proletaria, el
centralismo burocrático solo es de la democracia burguesa. Sus formas de
organización son diametralmente opuestas. Democracia desde abajo, o democracia
desde arriba. Control directo permanente, o falso control cada equis número de
años con las nuevas elecciones cuando el partido de turno se agota políticamente
y es rechazado por el pueblo. NO nos asustemos por la autoridad de Chávez,
asustémonos de que solo sea la confianza en Chávez la que lleve a fin el gran
proyecto bolivariano socialista en su caminar hacia el comunismo pleno y
solidario.
Chávez que no es dios, es parte material del complejo mundo material, que como
todo ser humano algún día dejará su puesto, entonces “Dios” tendrá que ser todo
el pueblo organizado y ejerciendo el poder directamente, como con otras palabras
señalara Raúl Castro ante el congreso de los jóvenes al referirse al reemplazo
de Fidel por cada uno de ellos mismos.
El partido único, unido ideológicamente en torno a la Dialéctica materialista o
al marxismo y el leninismo, como más se le conoce, es el que puede ejercer el
papel de vanguardia, ejemplo y por tanto, educador, que le permita al pueblo
todo organizarse como clase dominante y ejercer todo el poder.
Se tiene que convertir, si quiere cumplir con su rol, en la verdadera autoridad
material y moral, que permita sobre todo ejercer el poder y llevar a todo el
pueblo el mensaje ideológico para que pueda comprender el protagonismo
revolucionario que le corresponde, y que el pueblo trabajador deje de ser tenido
como ser productivo-movilizativo, y solo sujeto político una vez en varios años,
cuando se trate de elegir a este o aquel partido de la alternancia burguesa o a
los partidos únicos en los socialismos burocráticos como fueron los del mal
llamado Socialismo Real.
Construir la gran pirámide del poder popular, que se asienta en una amplia base
participativa constante, permanente, es construir una verdadera base, que por su
forma de organización elige a sus representantes, que les puede indicar,
controlar y hasta destituir en cualquier momento cuando incumplan o no
justifiquen las esperanzas en ellos depositada, o por la simple razón de que en
ese ejercicio democrático participativo permanente ha surgido un nuevo compañero
con mayores cualidades para ejercer mejor una función determinada, esa es la
gran tarea de las clases trabajadoras, que son además, las que producen los
bienes materiales, los servicios y los.
Claro está que este proceso no es aséptico, la necesidad de la lucha contra el
imperialismo una vez alcanzado el gobierno no solo se hace imprescindible sino
que se agudiza, por las tensiones que su injerencia constante y desleal provoca
en las naciones empeñadas en cambiar sus estructuras por otra de orientación
socialista.
Esta guerra injerencista tensa las relaciones políticas al interior de estos
países y cierra, sin lugar a dudas, el campo de acción de las masas y sus
partidos, que se ven abocados a destinar no pocos esfuerzos a la defensa de sus
conquistas que podían haber dedicado a impulsar las dinámicas de desarrollo, los
ejemplos sobran, desde la propia Rusia soviética hasta la actual Venezuela sin
desconocer la guerra sucia contra los sandinistas y el muy ilustrativo ejemplo
de los últimos 50 años de historia cubana.
CONCLUSIONES
Todo lo anteriormente expuesto no hace más que dar la razón a los fundadores
Marx y Engels, cuando señalaban que en la lucha de clases radicaba la fuerza
motriz del desarrollo social, por tanto, las fuerzas progresistas deberán
alistar todas las armas para superar a la reacción conservadora en esta lid. La
Dialéctica Materialista se impone como la principal arma teórica en esta lucha y
los partidos deberán procurar su enriquecimiento con nuevas y creadoras
experiencias.
En ello también el rol protagónico lo tendrán que tener las masas populares y no
una élite política, muchísimo menos burocrática, como ocurrió en el llamado
“Socialismo Real” euro soviético que demostró muy poco arsenal teórico y una
praxis política conservadora luego de la muerte de Lenin, lo que no quiere
decir, que con el derrumbe de la URSS el socialismo y la vigencia de los
partidos comunistas quebró irremediablemente.
Se equivocan también, los que consideran que el partido único se puede
constituir por una especie de decreto impositivo, sería tanto como negar la
realidad material que ha dado lugar a la existencia de tantos grupos organizados
en tendencias políticas como pueden ser los casos de los anarquistas,
trotskistas, marxista-leninista y otras denominaciones del socialismo reformista
y de otros grupos defensores de la causa solidaria socialista.
Solo el debate ideológico sustentado en el método materialista y dialéctico que
tenga en cuenta la base científica en que se asienta la filosofía marxista,
adecuada al actual momento material y espiritual y en plena correspondencia con
la particularidad local, puede dar lugar al surgimiento de la coherencia
ideológica que posibilite que con una estructura organizativa revolucionaria se
pueda conseguir que avance la revolución socialista y mandar al basurero de la
historia al viejo e hipócrita Estado burgués.
No se puede confundir la necesidad de la Unidad de la Izquierda en torno a un
programa común a corto o medio plazo, con un partido que tiene que tener un
programa a largo plazo que permita contribuir a la consolidación del socialismo,
de avanzar hacia el futuro, sin devaneos ni concesiones en los principios como
ocurrió con el “Socialismo Real” y muchos de sus líderes. Las gentes no cambian
de mentalidad ni de ideología de la noche a la mañana y eso lo explica la rápida
metamorfosis de los camaradas-burgueses que protagonizaron el derrumbe euro
soviético.
De ahí la importancia de la profundización de debate ideológico abierto y
masivo, que posibilite una estructura de poder y de democracia directa y
participativa de abajo hacia arriba como lo que preconizaba Gramsci, el
comunista italiano que sí completó a Marx y a Lenin. El vio la dimensión del
consenso, la necesidad del diálogo, el desafío de la gobernabilidad, la
importancia del Parlamento y de la sociedad civil revolucionaria. Ese fue, a
nuestro modesto juicio, su gran aporte.
En este trabajo pretendemos propiciar el debate de nociones básicas asumidas y/o
compartidas por la mayoría de los paradigmas teóricos en uso no solo por la
comunidad académica de las ciencias sociales en nuestro país, que es bien
amplia, a la que se suman por derecho propio las masas cada vez más cultas y
representantes de otras ciencias, que en el caso cubano no están ajenos a estas
realidades y son partícipes activos de los debates políticos.
Esta amplia, consciente y creadora participación en un amplísimo debate nacional
augura que a la interpretación economicista de la teoría marxista, habitual en
la rutina "ortodoxa", es decir la estalinista de antaño, ha entrado
efectivamente en una crisis terminal. Sin embargo, las razones de esta crisis no
obedecen únicamente a un problema de mayor o menor aproximación a la realidad
política del mundo contemporáneo, el análisis bibliográfico de los textos
escritos por los clásicos del marxismo y sus más fieles seguidores están
marcando las pautas para el futuro.
El Marxismo, la Dialéctica Materialista, se constituye pues en la única solución
a los problemas globales. Constituye la única respuesta coherente a la
Problemática de los Pueblos y su recomposición se vislumbra ya después del
Derrumbe del Socialismo euro soviético.
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Dignidad en 1947 como tesis de oposición a la cátedra de Teoría Política de la
Universidad de La Habana), se publicó por cuestiones obvias solamente en ese
año.
[6] Togliatti Palmiro. Obras. Archivos marxistas. Formato digital.
[7] Castro Rúz Raúl. “Discurso de clausura del V Congreso de la UJC” Granma
digital.>
AUTOR
MSc. Oscar Villar Barroso.