ÍNDICE
Resumen
Introducción
Desarrollo
- Periodo colonial
- Periodo de la independencia
- Periodo republicano
Bibliografía
RESUMEN
Recuento histórico de conflictos resaltantes que han provocado comentarios y
discusiones en el seno de la familia venezolana, tradicionalmente católica,
entre el poder civil y el poder eclesiástico desde el periodo colonial hasta el
presente, en Venezuela.
INTRODUCCIÓN
Desde el descubrimiento de Venezuela en 1498 por Cristóbal Colón, la influencia
española se marcó profundamente en las raíces de nuestro gentilicio,
idiosincrasia, costumbres, y tradiciones, manifestándose en todas las
actuaciones militares, sociales, comerciales, profesionales, culturales,
jurídicas y religiosas. En la colonia el poder del Rey se sustentaba en las
autoridades civiles legítimamente constituidas con una singular influencia de la
Iglesia notoriamente hegemónica y preponderante. Tanto la principal autoridad
civil como la eclesiástica, conformaban los personajes más influyentes y
notorios de nuestra sociedad venezolana en todas las ciudades desde las más
importantes hasta las villas y caseríos más insignificantes. Durante toda la
historia colonial y republicana de Venezuela se han protagonizado
enfrentamientos entre las autoridades civiles y eclesiásticas por mantener
privilegios y liderazgo sobre la sociedad civil. A continuación se referirán tan
solo algunos de tales casos.
DESARROLLO
PERIODO COLONIAL:
1- La monótona tranquilidad caraqueña se vio perturbada entre 1640 y 1644 debido
al enfrentamiento personal entre el Gobernador y el Capitán General de
Venezuela, Ruy Fernández de Fuenmayor, y el Obispo de Caracas para ese entonces,
Fray Mauro de Tovar, quien era azuzado por un tal sacerdote de nombre Sobremonte
y Tovar. Ambos no se toleraban, hasta tal punto, que la Real Audiencia de Santo
Domingo se vio obligada enviar a un Juez Pesquisidor para que mediara en el
conflicto de ambas partes, pero, a los pocos días de haber llegado a Caracas, el
juez fue asesinado a puñaladas por partidarios de Sobremonte, sin poder llegar a
limar las asperezas de las autoridades enfrentadas. Durante el año de 1641 se
vieron obligados a hacer una tregua a causa del terremoto que azotó a Caracas.
El final del enfrentamiento ocurrió en 1644 cuando Ruy Fernández de Fuenmayor
entregó el cargo a su sucesor. Como dato curioso, años más tarde se casaron el
hijo del Gobernador, don Domingo Baltazar Fernández de Fuenmayor, con la sobrina
del Obispo, doña Isabel María de Tovar y Mijares de Solórzano, sellando de esta
manera el enfrentamiento entre Ruy Fernández de Fuenmayor y Fray Mauro de Tovar.
2- A principios del siglo XVIII (1723) se produce en la ciudad de Nueva Valencia
(Estado Carabobo) una tremenda conmoción, social y religiosa. Los protagonistas
fueron, por un bando, el gobernador de Caracas (Venezuela), Portales y Meneses,
el obispo de Venezuela (Caracas), don Juan de Escalona y Calatayud, y por el
otro bando, el Virrey del Nuevo Reino de Granada (Colombia), los alcaldes
regidores de Caracas y parte de la nobleza caraqueña.
Todo obedeció a la pretensión de mantener el imperio del poder, cuando el
Gobernador salió de Caracas y dejó encargado del poder al Obispo, negándose el
Cabildo caraqueño a reconocer tal designación. La crisis llegó hasta tal punto,
que el Gobernador a su regreso quedó encarcelado. Por esta época la gobernación
de Caracas dependía del Virreinato de Granada. Por influencia del Obispo, el
Gobernador pudo salir en libertad, pero, meses más tarde, tomó venganza contra
los miembros del Cabildo caraqueño, lo que le provocó un segundo encarcelamiento
por orden de la Real Audiencia de Santa Fe (Colombia). El Gobernador Portales y
Meneses se fugó de la cárcel y se refugió primero en el Seminario y luego en el
Palacio Episcopal de Valencia, protegido por el Obispo Escalona y Calatayud.
Al enterarse de tal situación el Virrey del Nuevo Reino de Granada envió al
marqués del Valle de Santiago, Berroterán y Xedler, capitán a Guerra, acompañado
del sargento mayor don Pedro Arias a Valencia a fin de someter a los
insubordinados que desconocían la autoridad del Virrey. Al quedar sitiada la
ciudad, el Obispo de Venezuela conminó a los sitiadores a abandonar la acción, y
en vista de que no acataron su autoridad, el mitrado procedió a condenar a la
ciudad de Valencia y cuatro leguas en contorno a "cesación ad Divinis".
3- “El 20 de julio de 1790, se despachó una Real Cédula a la Audiencia de
Caracas, ordenándole remitir a la brevedad posible el testimonio de los autos
promovidos ante los tribunales por el Obispo de Caracas, sobre habérsele
despojado de la autoridad que tenía de nombrar el administrador de una hacienda
de cacao que había dejado Sebastián Díaz para dote de mujeres pobres. Era muy
común para la época que grandes propietarios le dejaran sus posesiones a la
Iglesia. Estas eran directamente administradas por los Obispos, quienes se
sentían dueños y señores; mas cuando la Audiencia los despojaba de su autoridad
el caso no era sencillo, las autoridades eclesiásticas recurrían directamente a
la Corona, la que respondía mediante Reales Cédulas.
Esto muestra el grado de respeto que tenía la Corona ante el orden episcopal,
notándose así la relación inseparable de la Iglesia con la Corona. Sin embargo,
cuando los Obispos pretendían usar dinero de otras organizaciones, entonces,
aunque fuera de una organización eclesiástica, debía pedir autorización a la
Real Audiencia, como hizo el mismo Obispo caraqueño, Monseñor Mariano Martí, el
18 de mayo de 1795, cuando solicitaba que se le permitiera el uso de mil pesos
de los fondos de la Obra Pía de Cata para el colegio de niñas educandas, por lo
que se le comunicó a la Audiencia lo solicitado y se exigió rindiera un informe
al respecto para la toma de la decisión. En muchas ocasiones, la Corona le
negaba las solicitudes a los Obispos por medio de la Audiencia, bajo el envío de
Reales Cédulas que era necesario hacer cumplir”.
PERIODO DE LA INDEPENDENCIA:
El proceso de emancipación de Venezuela de España significó un duro y profundo
conflicto de conciencia en las autoridades, tanto civiles como eclesiásticas, en
cuanto a acatar la tradicional sumisión a la corona española, o por el
contrario, sumarse al movimiento independentista liderizado por la oligarquía
criolla, y de paso, con sobrados fundamentos para todas las castas sociales de
esa época, para se apoyados como justas y necesarias. Como consecuencia de esta
difícil y confusa disyuntiva, se pueden explicar la larga lista de ilustres
personajes enfrentados en uno y otro bando. A raíz del terremoto de 1812 se vio
cómo el clero tradicionalista trató de intimidar a la población civil de que “el
terremoto era un castigo de Dios por el intento de desconocer la autoridad
divina representada en la corona española”.
De inmediato y simultáneamente, surgió la voz de uno de los jóvenes patriotas
que preconizaban la independencia de Venezuela, montarse sobre los mismos
escombros del siniestro producido en Venezuela, y pronunciar estas célebres
palabras: “Aunque la naturaleza se oponga, lucharemos contra ella, y haremos que
nos obedezca” (Simón Bolívar). Este sería el dilema que guió la posición de los
jefes civiles y de las autoridades eclesiásticas frente a la ciudadanía civil y
común bajo su tutela. La mayoría de las veces se plegaban a favor de los
vencedores de turno en las numerosas batallas parciales y no definitivas,
persistiendo en sus conciencias de quién tenía la razón, y multiplicándose a
todo lo ancho del territorio venezolano las valientes posiciones de los
“emparan” y de los “madariaga”.
1- Principalmente se registraron conflictos de enfrentamiento entre los poderes
civiles y eclesiásticos en relación a los reos y prisioneros de la guerra de
independencia, pues la condición de bautizados era vista como una dignidad
sumamente ofendida por quienes mataban o cooperaban con el suicidio, o se
sublevaban contra las legítimas autoridades. Ante estos casos los obispos eran
extremadamente estrictos, hasta llegar a negar a éstos las constancias sobre sus
sacramentos; teniendo en cuenta que en tiempos de la ocupación española las
certificaciones sobre haber recibido un sacramento eran documentos exigidos para
ocupar cargos y acceder a dignidades. Quien no poseía estos documentos era
considerado impuro e impío. Hubo en estos casos grandes intrigas entre el
tribunal y los obispos, pues los ministros de esta en repetidas circunstancias
amparaban a los reos y exigían a los prelados despachar estas constancias. A los
obispos no les quedaba más que obedecer o recurrir al Consejo de Indias, como
bien lo revela el contenido de la provisión del 07 de agosto de 1810, mediante
la cual, la Real Provisión ordenó al reverendo Obispo de Mérida para que el Cura
del pueblo de Los Guayos otorgara la partida de bautismo del reo Ramón Padilla”.
2- Para el año de 1817 el ejército patriota había tomado el control total de la
Provincia de Guayana. Sin las riquezas que le aportaba este vasto territorio, el
control español de la Provincia de Venezuela no se podía sostener. Mediante una
disposición absurda y totalmente política, todavía no aclarada por la historia,
22 frailes capuchinos catalanes fueron pasados por las armas, desmantelando así,
el ministerio pastoral en Guayana. La fuerza de trabajo, los talleres de
metalurgia, el ganado, los caballos y las riquezas que las misiones habían
acumulado en casi un siglo de actividad, fueron confiscados por la República y
posiblemente permitieron a esta planear y ejecutar la campaña militar para
liberar a Nueva Granada y, luego, ir hacia el norte y derrotar al ejército
español en Carabobo el año de 1821. Según comentaban los propios nativos de las
misiones al viajero John Princep en 1818: “los pobres Padres fueron sorprendidos
después de la derrota ante los Godos por haberse unido a su pueblo en contra de
los republicanos; realmente podrían haber sido expulsados... todos los monjes
fueron asesinados, con excepción de uno que fue enviado a casa con el informe
sobre la masacre”.
3- Cuando el Libertador Simón Bolívar vino por última vez a su patria nativa, de
paso por Valencia, el 14 de enero de 1826, el general Páez, en calidad de máxima
autoridad de la provincia de Venezuela, ofreció un banquete en su honor. El
coronel Escuté, que había militado en las filas realistas, pero que para aquel
momento figuraba entre los asesores de Páez, le faltó el respeto a un sacerdote
que formaba parte del séquito de Bolívar. Indignado el Libertador, le increpó:
“Está usted todavía, señor Escuté, con la manos tintas en sangre americana, y se
atreve a insultar a mi capellán, a faltarme el respeto a mí, que soy el
Presidente de Colombia?”
4- A mediados de 1828 Simón Bolívar había llegado a la cúspide de su vida y
obra. Tenía admiradores y enemigos. En cierta ocasión llegó a la villa de
Cipaquirá (Colombia) donde el doctor Tomás Barriga y Brito ofreció una cena de
gala en honor del Libertador. Entre los invitados había un ex fraile que había
colgado los hábitos y había abandonado su convento. En medio de plena cena, con
algunos palos en la cabeza de más, el ex fraile se puso a echar chistes
obscenos, denigrar de la fe cristiana y cuantas cosas malas se le ocurrieron. El
charlatán se sentía apoyado por el silencio de los concurrentes, hasta tal
punto, que se atrevió a injuriar y blasfemar contra la Santísima Virgen. Oír
esto Bolívar, levantarse de su asiento como un rayo, acercarse al ex religioso,
dar un golpe terrible en la mesa y decirle: “¡Calle el insolente!”, fue un solo
punto, “¿Cómo se atreve usted a proferir semejante blasfemia?”, agregó: “Oí
pacientemente que usted negara los dogmas de la inmortalidad del alma y del
infierno; pero esto yo no lo puedo tolerar. Ni a mi mismo padre permitiría que
blasfemase de Nuestra Señora”.
PERIODO REPUBLICANO:
En 1830, al separarse el territorio de Venezuela de la República Gran Colombia,
la élite dirigente tenía la urgente tarea de elaborar las bases legales que
enmarcarían el nuevo proyecto republicano. Aspectos como la libertad de cultos,
la eliminación del pago del diezmo y la promulgación de la ley de asignaciones
eclesiásticas, la regulación de los réditos píos, la disminución de los días
festivos y la secularización de la enseñanza; fueron temas discutidos en el
Congreso durante la primera década de 1830. El eje del problema que se inició en
1830, en la relación Estado-Iglesia radicó en la manera de concebir a la Iglesia
dentro del Estado.
Para el gobierno, la Iglesia debía estar supeditada al Estado, que ejercía
control y supervisión de la institución eclesiástica, a través de la Ley del
Patronato. Los sacerdotes como simples ciudadanos debían obedecer “sin
salvedades ni objeciones” las leyes de la República y estaban sometidos a la
administración civil de justicia.
Para los representantes eclesiásticos tal concepción era inaceptable. La Iglesia
gozaba de una potestad espiritual de carácter universal que rebasaba los límites
del Estado, sus cánones y disciplina no obedecían a leyes civiles, sino eran el
resultado de concilios, de decisiones de la Santa Sede, frutos de la
deliberación de los más altos representantes de la Iglesia en todas las partes
del mundo.
1- El 11 de mayo de 1828, el Arzobispo Méndez tomó posesión de la Silla
Metropolitana de Caracas. Defensor de la independencia de la Iglesia, se opuso a
la aplicación de la Ley del Patronato y abogó por la celebración de un
Concordato con la Santa Sede. Ante la obligación de juramentarse ante la
Constitución, el Arzobispo de Caracas escribió al Gobernador Ramón Ayala,
explicando sus objeciones a la Constitución; y notificándole que sólo podía
jurar con salvedades.
El Consejo de Gobierno, respondió a las observaciones del Arzobispo, por
intermedio del secretario del Interior, Antonio Leocadio Guzmán, reiterando que
la Constitución como Ley fundamental de la Nación debía ser jurada sin
restricciones. Ante la negativa del sacerdote de juramentarse ante la
Constitución, se expidió el decreto de exilio el 17 de noviembre. Los obispos
Talavera Garcés (Diócesis de Guayana) y Buenaventura Arias (Mérida), quienes
criticaron el desconocimiento de la religión católica como credo oficial en la
Constitución, se negaron a prestar juramento y fueron enviados al exilio;
acompañando al Arzobispo de Caracas en su peregrinaje.
El exilio se prolongó hasta el 17 de abril de 1832, cuando el Consejo de Estado
discutió la petición del Cabildo eclesiástico, pidiendo el regreso de los
sacerdotes y la realización de un Concordato; ante el clamor general decidió
acceder al regreso de los desterrados. El 21 de mayo de 1832, el Arzobispo
Méndez juró la Constitución sin salvedades, pero antes hizo leer en la Catedral
una Pastoral donde afirmaba que su juramento no era el fruto de una claudicación
sino de un Convenio celebrado con el Ejecutivo.
Una nueva etapa de fricciones se aproximaba entre las autoridades eclesiásticas
y los representantes del Estado; durante la legislatura de 1832 se discutió en
el Congreso la abolición del diezmo y la disminución de los días festivos. Pero
fue en el año de 1833, cuando se tomaron decisiones definitivas: el 21 de marzo
de 1833, el Congreso declaró vigente la Ley de Patronato Eclesiástico, el 2 de
abril se sancionó la Ley de suspensión del diezmo y el 25 de ese mes se promulgó
la Ley de asignaciones eclesiásticas. Un año después, el l7 de febrero de 1834
se dictaminó la ley de libertad de cultos. Los temores del Arzobispo se habían
confirmado.
El 21 de octubre de 1836 el gobierno acudió a la Corte Suprema proponiendo el
extrañamiento del Arzobispo por desacato a la Ley del Patronato. La Corte
convocó al Prelado a declarar; el Arzobispo se negó a compadecer ante la
autoridad civil, negando su competencia en asuntos de dogma eclesiástico. La
Corte Suprema, el 19 de diciembre de 1836, condena al exilio al Arzobispo, quien
marcha a San Thomas, el 30 de diciembre del mismo mes.
2- La enfermedad del Arzobispo de Caracas, doctor Ignacio Fernández Peña
(1841-1849) durante el mandato del general José Tadeo Monagas (1847-1851), trajo
consigo la necesidad de designar a un nuevo prelado para que condujera los
asuntos de la Diócesis de Caracas. La disputa emprendida por el cetro arzobispal
llegó a Roma, provocando la reacción de las autoridades supremas de la Iglesia,
en virtud de su distancia en torno al contenido de la Ley de Patronato
Eclesiástico. Un asunto que, sin duda era competencia no sólo de la jurisdicción
clerical, sino de la nación en embrión, puesto que desde las altas dignidades de
la Iglesia se afectaba la recién estrenada soberanía nacional.
El nombre del Canónigo de Merced de la Iglesia Metropolitana de Caracas, doctor
José Antonio Pérez Velasco, predominaba entre los posibles aspirantes a la
dignidad eclesiástica vacante, por haber tenido una reputación pública como
hombre de vida austera, moral intachable, cultivado intelecto y contar con el
aval de los hermanos Monagas. Debido a las intrigas políticas, la falta de apoyo
por parte de su gremio y su fama de liberal le llevaron a sortear un largo y
conflictivo proceso eclesiástico, y al cabo de una larga espera, el Sumo
Pontífice negó su promoción a la Silla, argumentando su delicada salud y
avanzada edad, recayendo el nombramiento en la persona del doctor Silvestre
Guevara y Lira (1852-1876).
Este conflicto tuvo honda repercusión en el resto de un país tradicionalmente
apegado a sus creencias religiosas, como así mismo, respetuoso a las autoridades
legítimamente constituidas, provocando que los seglares intervinieran, opinaran
y debatieran libremente en públicas discusiones ampliamente reseñadas por la
prensa, como también circularan panfletos, hojas sueltas, remitidos y seudónimos
aparecidos por doquier. En esa época de entonces no se estilaban “los grafitis”
en paredes y muros de edificaciones y espacios públicos.
3- “La lucha de Antonio Guzmán Blanco contra el Clero es, sin duda alguna, la
más espectacular de sus empresas y el más penetrante esbozo de su aparente
revolucionarismo, durante sus tres períodos de gobierno: 1873 - 1877; 1880 –
1884; y 1886 - 1888.
Prevenidos contra su padre y contra él mismo por los variados antecedentes que
les, caracterizan como adversarios de la Iglesia católica, los representantes de
ésta miraban el triunfo de abril como una nueva calamidad nacional y se
dispusieron a resistirle. Cuando se produjo la victoria de Guzmán Blanco y éste
entró en la Capital, el Arzobispo Guevara y Lira se hallaba ausente. Había ido a
Roma a participar en el Concilio Vaticano. A su, regreso, tres meses después, se
encontró en La Guaira con el vencedor y ambos se cumplimentaron como buenos
amigos. Todo marchó aparentemente bien durante algún tiempo, mas he aquí que el
rencor aguardaba la oportunidad de manifestarse.
En la nueva política influía entonces el doctor Diego Bautista Urbaneja,
Ministro de Relaciones Interiores, quien caracterizábase como un enconado
adversario de la Iglesia y particularmente de su más alto dignatario venezolano,
porque según la crónica de Caracas, años antes había querido casarse con su
hijastra y no obtuvo la correspondiente dispensa canónica. Para realizar su
propósito el doctor Urbaneja tuvo que ir al extranjero y cuando volvió al país
su corazón alimentaba un sordo resentimiento contra aquellos que lo habían
puesto en ridículo. En 1868, en las postrimerías del Gobierno de Falcón, el
doctor Urbaneja era Gobernador de Caracas y como tal, siguiendo una antigua
tradición político religiosa, debía asistir a la Catedral, el Jueves Santo, para
que el Arzobispo le colocase en el cuello la simbólica llave del Santuario.
Monseñor Guevara le previno que no fuese al templo ese día pues se vería
desairado. El doctor Urhaneja fué, no obstante y el Prelado, con un gesto
ostensible, puso el áureo collar alrededor de su propio cuello. Tal fue el
origen de una enemistad que habría de tener las más escandalosas repercusiones.
En Septiembre de 1870, entusiasmado por la victoria que Matías Salazar obtuvo en
Guama, Guzmán Blanco, que se hallaba entonces en Puerto Cabello, ordenó a su
Ministro de Relaciones Interiores rogara al Arzobispo celebrar un Te-Deum en
Caracas. Monseñor Guevara respondió que con gusto lo haría siempre que la
victoria militar del Gobierno fuese complementada con una amnistía. «Sentiríamos
-dijo- punzantes remordimientos en nuestra conciencia episcopal y sufriríamos
horribles torturas en nuestro corazón de Pastor si nos resolviésemos él ordenar
en nuestra Santa Iglesia Catedral una manifestación solemne de regocijo a la
hora misma en que se encuentran en las cárceles muchos de nuestros diocesanos, y
en que derraman por eso mismo lágrimas amargas tantas madres desoladas, tantas
hijas y esposas consternadas.» En realidad no se negaba del todo.
Difería el acto por algunos días, mientras el Gobierno decretase la amnistía, y,
para dorar la píldora, elogiaba los sentimientos religiosos de Guzmán Blanco,
cuya ausencia de Caracas decía deplorar. Pero el Arzobispo olvidaba que, cuando
Páez ejercía la Dictadura, dos lustras antes, había celebrado Tedeums de
carácter político, y los liberales se encargaron de recordárselo. Urbaneja,
arrebatado por la cólera, ordenó al Prelado abandonar el país en el término de
veinticuatro horas y el Arcediano Antonio José de Sucre hizo, por su parte
imposible todo advenimiento, arrastrado a su vez por su fobia antiguzmancista.
Dícese que aquel acto contrarió al caudillo en campaña y que éste llegó incluso
a escribir una carta amistosa al Arzobispo. EI viejo Guzmán que se hallaba
también en Puerto Cabello, dirigió a Monseñor Guevara un billete por el que le
hacía patente sus sentimientos, tanto más cuanto que estaba persuadido de que si
él se hubiese hallado en Caracas, «ni principio habría tenido tan ingrata
complicación.» «Nos habríamos entendido- afirmaba Antonio Leocadio- política,
amistosa y cristianamente, como en todo lo que había ocurrido hasta mi salida.»
Por su parte el Arzobispo quizá se hubiese allanado a un entendimiento que
evitase el conflicto; pero a su lado estaba el colérico Arcediano, quien no cesó
un momento de escribir cartas contra el Gobierno y luego se unió a las tropas
rebeldes que operaban en Guayana, bendijo sus banderas e hizo bordar en ellas
una gran Cruz y la imagen de la Virgen del Rosario.
Larga y ruidosa es la polémica que se entabla entonces entre el Poder espiritual
y el temporal. Hay un momento en el que Guzmán Blanco suspende el destierro del
Arzobispo, pero esté, aconsejado siempre por Sucre no halla a su gusto el
decreto y se niega a volver.
A fines de agosto, libre por un momento de la influencia de su consejero,
Monseñor Guevara resuelve regresar al país, pero Guzmán Blanco prepara un dosier
en su contra y le hace pedir explicaciones públicas de «cuáles son sus
propósitos para con la causa liberal ya triunfante, y el Gobierno Nacional que
ella ha constituido». Para el expulso esta declaración resultaba difícil en
momentos en que el Papa Pío IX se pronunciaba contra el liberalismo en la
Cartilla del Silabus. Pidió tiempo para meditar su contestación pero el dictador
se lo negó, y así tuvo, que volver al destierro sin haber pisado el suelo de su
país. Es más: fue incomunicado a bordo del buque en que se hallaba.
Este duelo entre la Iglesia y el Estado tiene en la Venezuela del siglo XIX un
extraordinario interés porque demuestra la evolución social operada en la
República. La serie de medidas tomadas a continuación por el joven autócrata
revelan cuán terrible puede llegar a ser el orgullo de este hombre cuando se
halla en el Poder. Encarcela y expulsa eclesiásticos, reincorpora a la
Universidad los cursos de Ciencias Eclesiásticas que seguían funcionando en el
Seminario Diocesano a pesar de haber sido separada aquélla de éste en 1856, e
inicia el despojo de los Conventos (11 de Septiembre de 1872) los que serían
violentamente disueltos más tarde (2 de mayo de 1874). Exclaustra a las monjas.
Decreta la extinción de los Seminarios (21 de septiembre de 1872).
Estatuye el matrimonio civil (1° de enero de 1873) e inicia él mismo la práctica
de esta reforma casándose ante las autoridades civiles. Declara (1874) que las
autoridades no pueden poner objeciones al matrimonio civil ni aun cuando el
contrayente fuese sacerdote «por ser éste un punto de pura conciencia del
interesado con la cual nada tiene que hacer la Ley de la materia». Crea el
Registro Civil, que priva de validez al Parroquial. Restringe el derecho de las
iglesias y del Clero para adquirir y poseer bienes raíces. Suprime (6 de febrero
de 1873) las primicias que los fieles daban a la Iglesia. Envía al destierro al
Obispo de Mérida, Monseñor Hilario Bosset, por haber enviado éste una Pastoral a
sus curas imponiéndoles que perfeccionaran el matrimonio civil con el
Eclesiástico. (El Obispo se hallaba enfermo y murió en su silla de manos cuando
le conducían de Bailadores a La Grita). Bajo esta psicosis el autócrata llegará
a los mayores extremos.
Hará demoler el templo de San Pablo para construir en su lugar un teatro que
lleve su nombre. Terminará la fábrica de una iglesia de arquitectura sui
géneris, con doble acceso, y bautizará cada uno de estos accesos con uno de los
nombres de su mujer: Santa Ana y Santa Teresa. La cabeza de San Pablo que hace
pintar allí reproduce sus propias facciones. Hay algo de enfermizo en esta
exacerbación. Cuando, deseoso de poner fin al conflicto, el papa designa un
Delegado Apostólico (residente en Santo Domingo), con facultad para levantar las
suspensiones y entredichos impuestos por Monseñor Guevara, Guzmán Blanco le
niega la entrada al país y declara que ha llegado el momento de garantizar los
derechos de la Iglesia venezolana, como acaba de hacerla Suiza. Entonces
recomienda para Arzobispo al Padre Baralt quien protesta y es enviado a la
cárcel y deportado luego con otros curas.
En esto un buen hombre, el Obispo de Guayana Monseñor José Manuel Arroyo,
acepta, aunque condicionalmente, la investidura episcopal. Roma censura esta
solución, critica a Monseñor Arroyo de su «bajeza de espíritu» y llama a Guevara
y Lira «óptimo prelado»; mas a la postre parece triunfar el Poder temporal.
Soberbio, teatral, impetuoso, el dictador llama a los curas «trastornadores de
sotana» y en cierta oportunidad lanza contra la Iglesia esta acusación; «En
nombre del Catolicismo fué que se fundó en Venezuela la criminal institución de
la esclavitud, y es insalvable el abismo que por esto separa al pueblo
venezolano de los especuladores que visten el traje de religión para mejor
servir de instrumentos a las retrógradas ideas y a las absurdas pretensiones de
Roma.» Nada lo arredra, y lleno de orgullo se atribuye toda la responsabilidad
de esta lucha. La Masonería lo apoya en ella, el Congreso se pliega, a sus
órdenes, y su padre, olvidando la, carta que escribiera - tres años antes al
Prelado rebelde, dice ahora al hijo poderoso: «La traición del Arzobispo
Guevara, que arrastrado por satánicos consejos pretendió injertar en las luchas
civiles la religión de Jesús, ha encontrado en la energía y firmeza de vuestra
autoridad el merecido extrañamiento a que le habéis condenado.» La solución
final la trae, sin embargo, Monseñor Roque Cocchia, Nuncio de Su Santidad, quien
después de variadas peripecias, se entiende con Guzmán Blanco. Monseñor Guevara
renuncia y Monseñor Ponte es nombrado Arzobispo (1876).”
4- En los últimos meses de 1903 empezaron a estar en desarmonía las relaciones
Iglesia-Estado con Cipriano Castro (1902 – 1908) a la cabeza del Poder
Ejecutivo, cuando echó pulso con la Iglesia para demostrar quién tenía mayor
poder. Él pensaba que si el audaz y reformador Guzmán Blanco al laicizar el
matrimonio y despojar a la Iglesia de su intervención en la vida familiar, no se
había atrevido a establecer el divorcio, él Cipriano Castro, sí lo iba a poder
lograr. La rápida aprobación de diversas leyes, entre ellas la del Divorcio,
evidenció la existencia de un Poder Legislativo sumiso y perfectamente
controlado por el Presidente de la República. Pero no tardó el día en el cual el
Pontificado, a la vista del procedimiento de la cristiana Francia, y de los
católicos de los Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Rusia, y de casi todos
los pueblos civilizados, aceptó el divorcio, como también aceptó el matrimonio
civil, la secularización de los cementerios, las tan combatidas libertad de
prensa y libertad de cultos, entre otros temas polémicos.
El conflicto estalló a raíz del sermón que el padre Melchor de Escoriaza,
superior de la comunidad de los Capuchinos en Maracaibo, expresó su oposición a
la Ley del Divorcio que parece, fue muy favorablemente comentado por el
auditorio y aun por la prensa de Maracaibo. De forma intempestiva el Gobierno
les conminó a salir de la ciudad y venirse a Caracas. Como el superior se
resistió, a menos que recibiese orden de su Superior en Caracas, fueron
encarcelados y obligados a abandonar el país en el primer vapor que salió de
Maracaibo el 20 de mayo de 1904, juntamente con los religiosos adscritos a la
residencia de San Cristóbal, que nada tenían que ver en el asunto.
5- Una situación que creo un lamentable conflicto entre el títere y transitorio
gobierno de Juan Bautista Pérez (1929 – 1931) y la Iglesia Católica, ocurrió
durante la dictadura del general Juan Vicente Gómez (1909 - 1935), que se
desencadenó por la posición heroica y la consecuente extradición del país de
Monseñor doctor Salvador Montes de Oca, Obispo de la Diócesis de Valencia,
oriundo de Carora, Estado Lara.
Al fallecer el Obispo Francisco Antonio Granadillo en Valencia el 13 de enero de
1927, fue nombrado Monseñor doctor Salvador Montes de Oca Obispo de dicha ciudad
desde el 20 de mayo de 1927. El novel Obispo se preocupó desde el principio de
su pontificado por las familias de los presos de Gómez. Entre los muchos
ejemplos que podemos relatar sobre este apostolado valiente y singular, podemos
referirnos a las visitas que hizo a los universitarios presos en el Castillo
Libertador de Puerto Cabello, al final de las cuales hablaba en tono enérgico
contra la dictadura, y el día cuando soltaron a los jóvenes presos estaba a la
puerta del castillo, y en su automóvil condujo a varios de ellos hasta Valencia,
entre ellos se encontraba Andrés Eloy Blanco, quien refirió posteriormente el
suceso en la Asamblea Constituyente de 1947.
Sucedió por esa misma época, que el gobernador de la ciudad, quién se había
divorciado de su esposa, pensaba contraer nuevo matrimonio. Apareció entonces
una pastoral del obispo, sobre el matrimonio, en la cual, después de explicar la
doctrina dogmática de este sacramento, recordaba a los fieles, las penas
canónicas en que incurrían los católicos, que habiendo recibido ya una vez,
dicho sacramento, amparándose en el divorcio civil, contraían nuevo matrimonio.
El vínculo del sacramento, era indisoluble, recordaba el obispo que el
matrimonio sacramental subsistía por encima de todo divorcio civil, y por lo
tanto, quien contraía nuevo matrimonio, quedaba equiparado, a un vulgar
amancebado.
La crudeza de esta doctrina y de este lenguaje, expuesta sin eufemismos, sirvió
de pretexto para que las autoridades civiles se desprendieran de un prelado, no
grato al gobierno.
El presidente Juan Bautista Pérez, con fecha 11 de octubre de 1929, firmó el
decreto de expulsión. No había aparecido aún éste, en la Gaceta Oficial, cuando
ya era apresado el Obispo, interceptándolo cuando regresaba en automóvil a
Valencia. Todo ese día se le mantuvo incomunicado en una sala de la Prefectura
de Caracas, sin permitírsele hablar, ni escribir a nadie y fue conducido en la
tarde a bordo de un vapor que zarpaba de La Guaira, llevando por único equipaje,
lo que cargaba puesto y su breviario.
Una anécdota, entre tantas que se conocen del dictador Gómez, se desprendió de
este caso: en vista de que hasta los puntos de cuenta más mínimos que presentaba
diariamente Juan Bautista Plaza a su jefe, el general Gómez, al ser informado
este último sobre el embarazoso tema y en la forma que debía resolverse, Gómez
les preguntó a sus ministros que “con cuantas tropas contaban los curas”. Los
ministros le dijeron que se habían alzado con papeles, a lo cual Gómez respondió
“que si es con papeles, es con papeles que tienen que derrotarlos”.
En diciembre de 1931, se celebraría el centenario de la muerte del Libertador.
Alguno de los asesores tuvo la brillante idea, de que con ocasión de tan magno
acontecimiento nacional, fuera nombrado el general Gómez otra vez presidente de
la República, para que fuera él, quien presidiera los actos de la solemne
celebración patriótica y por consiguiente, nadie mejor que el general Gómez para
realizar la profética "unión del incensario con la espada" del Padre de la
Patria. De Gómez, pues, saldría el gesto prudente, oportuno, magnánimo de la
reconciliación, sin demérito alguno para el Gobierno, en consecuencia, por
decreto del 3 de agosto de 1931, se suspendieron los efectos del decreto
ejecutivo del 11 de octubre de 1929 que mantenía en el exilio al Obispo Montes
de Oca.
Fue grande el alivio y la alegría al conocerse el regreso del obispo de Valencia
y los preparativos para recibirlo presagiaban, como en efecto fue, un regreso
triunfal.
Al llegar el barco a La Guaira, subió a bordo monseñor De Sanctis, secretario de
la Nunciatura, portador de un telegrama dirigido al general Gómez, para que lo
firmara Mons. Montes de Oca. Este lo rechazó; pero los sacerdotes que lo
acompañaban le aconsejaron, que para no desairar ni a Gómez, ni al Nuncio,
redactara él mismo el telegrama, lo cual hizo Montes de Oca con su personal
estilo, exento de adulación.
Y quien ya había dicho, estando desterrado: "Creen tal vez mis expulsadores que
con el atentado abominable han cerrado mis labios de predicador de la moral y
han roto mi pluma de defensor de los grandes principios de nuestra sacrosanta
religión"; cuando llegó a Valencia y escaló el púlpito ante la muchedumbre que
plenaba la catedral y encontrándose presente el doctor Diego Arcay, secretario
general encargado de la presidencia del Estado Carabobo, pronunció estas
valientes palabras, que recuerdan la frase inolvidable: "Como decíamos ayer" de
fray Luis de León, al reanudar sus clases en la Universidad de Salamanca, al
regreso de cinco largos años de prisión en la cárcel de la inquisición en
Valladolid: "Lo mismo que dije en la pastoral, condenando el matrimonio de
divorciados, por la cual fui expulsado, lo vuelvo a decir ahora. . ."
Indudablemente, era un Obispo valiente.
6- Durante el gobierno del Presidente Isaías Medina Angarita (1941 – 1945) los
militantes del partido Acción Democrática dirigidos por Rómulo Betancourt y un
grupo de jóvenes militares dirigidos por los tenientes coronel Marcos Pérez
Jiménez, Luis Llovera Páez y Carlos Delgado Chalbaud planificaron una
conspiración cívico-militar que los llevó al poder (1945 – 1948).
En el transcurso de este corto proceso revolucionario se presentó un fuerte
pugilato entre los sectores que apoyaban al gobierno y la oposición por el
candente tema de la educación. El jesuita venezolano Carlos Guillermo Plaza jugó
un papel preponderante en este conflicto buscando apoyo de parte de los obispos
para una cruzada contra la pedagogía revolucionaria, divulgando documentos
pontificios sobre los procesos educativos, hablando en los colegios y en los
hogares sobre las amenazas de la educación adeca, peleando contra el famoso
decreto 321 del Ministerio de Educación, tratando de dialogar con personeros del
oficialismo, entre ellos Rómulo Betancourt, Presidente de la Junta
Revolucionaria de Gobierno. Finalmente logró unir a los colegios católicos en
una sólida y prestigiosa asociación.
Precisamente durante este conflicto entre la Educación Católica y los personeros
gubernamentales, en 1946, surgió la figura del Padre Luis Fernando Castillo
Méndez, simpatizante de la corriente oficialista, intentando crear la “Iglesia
Católica y Apostólica Venezolana”, quien había sido ordenado sacerdote en
España, el 10 de agosto de 1944, a los 22 años de edad. No tuvo seguidores y se
vio obligado a refugiarse en Brasil, donde si tuvo muy buena acogida donde
recibió la consagración episcopal como obispo de la Iglesia Católica Apostólica
Brasileña de manos de Su Excelencia, Don Carlos Duarte Costa obispo de Río de
Janeiro, el día 03 Mayo 1948, a 25 años de edad. Para la fecha actual Monseñor
Castillo Méndez es el Presidente de dicha Iglesia, en calidad de Patriarca de la
Católica Apostólica Nacional de Iglesias.
7- El 1° de mayo de 1957 -día del trabajador- los curas párrocos de Venezuela
leyeron en los púlpitos una carta pastoral del arzobispo de Caracas, Monseñor
Rafael Arias. En ella se analizaba la situación obrera del país, se planteaban
francamente los problemas de la clase trabajadora y se evocaba en sus términos
esenciales la doctrina social de la Iglesia. Desde Caracas hasta Puerto Páez, en
el Apure; desde las solemnes naves de la catedral metropolitana hasta la
destartalada iglesita de Mauroa, en el territorio federal amazónico, la voz de
la Iglesia -una voz que tiene 20 siglos- sacudió la conciencia nacional y
encendió la primera chispa de la subversión.
El jueves 2 de mayo, Vallenilla Lanz citó a su despacho al arzobispo de Caracas,
no en una nota especial, sino por teléfono. Cuando monseñor Arias abandonó el
despacho se le había hecho saber que el Gobierno haría publicar en los
periódicos una respuesta a la pastoral. Pero esa respuesta no apareció jamás.
El arzobispo Mons. Arias se encontraba en una situación difícil: no podía
intervenir directamente en política, pero tampoco podía -ni como miembro ilustre
de la Iglesia, ni como venezolano- impedir el trabajo subversivo de sus
párrocos, quienes asumieron una posición combativa.
Monseñor Jesús María Pellín -cuyo despacho es una biblioteca blindada de 14.000
volúmenes- había pronunciado un sermón sobre el prevaricato y se había visto
precisado a abandonar discretamente el país. Como miembro, varias veces
reelecto, del comité de Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana de
Prensa (SIP) había firmado una declaración en la cual se condenaba el régimen de
Pérez Jiménez por haber amordazado a la prensa.
El Padre Hernández Chapellín, director de La Religión, se sentaba todas las
noches frente a su máquina de escribir a ejercer su doble ministerio de
sacerdote y periodista. Pocos días después Fabricio Ojeda se presentó en la
redacción de La Religión. -Padre -dijo Fabricio Ojeda- vengo a decirle una cosa
como si fuera una confesión: yo soy el presidente de la Junta Patriótica. A
partir de ese día, el Padre Hernández Chapellín no fue solamente un sacerdote
dispuesto a sacar adelante la doctrina social de la Iglesia ni solamente un
periodista de la oposición. Fue también un conspirador.
El Padre José Sarratud recibió el 11 de julio una llamada telefónica del
Ministro de Justicia en persona, quien, en pocas palabras, le dijo: "Padre,
usted está atacando al Gobierno en sus sermones". El padre Sarratud, sin
levantar la voz, sin el menor indicio de alteración, respondió: "No hago otra
cosa que predicar la doctrina social de la Iglesia".
En la humilde parroquia de La Pastora, el Padre Rafael María Álvarez Flegel no
se conformó con prestar el multígrafo de la parroquia a la Junta Patriótica para
reproducir los volantes clandestinos, sino que por encima de ello, se dedicó
personalmente, a redactarlos, escribirlos a máquina y reproducirlos en
multígrafo.
Temprano en la mañana, finalizada la misa del 2 de enero de 1958, cuatro
detectives fueron armados hasta la iglesia de la Candelaria a buscar al padre
Alfredo Osiglia para detenerlo.
Durante el mismo día en la tarde detuvieron a Mons. Delfín Moncada, después de
almorzar en su casa de Los Chaguaramos, acusado por el negro Miguel Sanz de
encabezar la lista de los sacerdotes considerados autores intelectuales y
morales del cuartelazo de Maracay.
Ese mismo día continuaron las detenciones de sacerdotes. El Padre Jesuita Pedro
Pablo Barnola, de la Universidad Católica ocupaba el pabellón de los curas
presos con una licencia especial para salir todas las noches a dormir a su casa.
Lo presionaban para que se asilara y abandonara al país, pero el Padre Barnola
siempre se negó a ello. Sus compañeros de prisión le llamaban "el semi interno".
El arzobispo le dijo por teléfono al padre Sarratud que Pedro Estrada lo estaba
buscando desde hacía tres días. El sacerdote, que no se había escondido, se echó
al bolsillo el breviario y se dirigió en automóvil a la Seguridad Nacional. Lo
recibió Miguel Sanz, quien sin formular juicio lo mandó a su celda en el cuarto
piso de la Seguridad Nacional donde se llevó una gran sorpresa: allí estaban
detenidos, cuatro sacerdotes más. Se les acusaba de que sus sermones eran la
causa moral del levantamiento militar.
El padre Álvarez Flegel estaba detenido en el convento de los Padres
Benedictinos de San José del Ávila, custodiado por agentes de la Seguridad
Nacional que habían pasado la madrugada en su dormitorio, esperando
instrucciones.
Eran cinco sacerdotes presos. El Gobierno se caía a pedazos. El régimen lo
sabía, pero ya en enero habría podido encarcelar a todos los sacerdotes de
Venezuela sin ningún resultado. La fuerza democrática se había desencadenado a
todo ancho del país. Era la madrugada del 23 de enero. El régimen había sido
derrocado.
8- A comienzos del 2006 el presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías se reunía
por primera vez en sus siete años de mandato, con las autoridades eclesiásticas,
con motivo de la distinción con el capelo cardenalicio al Arzobispo de Caracas,
Mons. Jorge Urosa Savino, por S.S. el Papa Benedicto XVI. Aunque nunca durante
la presidencia de Hugo Chávez se ha presentado una situación de ruptura
definitiva y total entre la Iglesia y el Estado, destierros y prisiones
individuales o colectiva de representantes del clero, despojos o cierres de
iglesias y conventos, como las que se han reseñado anteriormente, en cambio, sí
se han registrado situaciones doloras y lamentables, sí se han expresado frases
e insultos nunca antes registrados, que han chocado con las normas de relaciones
diplomáticas, con las compostura de buenos modales y con los sentimientos
espirituales a que tradicionalmente hemos estado acostumbrados los venezolanos.
El padre Juan Vives Suriá (fallecido, ex presidente de Fundalatín), entre otros
más, tales como el padre Vidal Atencio (párroco de la Iglesia Nuestra Señora de
Las Mercedes, Maracaibo), el padre Bruno Renaud (director de la Escuela de
Formación de Petare), Monseñor Nelson Torrealba (ex consejero eclesiástico del
Gobierno venezolano ante el Vaticano, Barquisimeto), el padre Pablo Urquiaga
(párroco de la iglesia La Resurrección, en Ruiz Pineda, Caracas), el padre
Adolfo Rojas (coordinador de las Escuelas Bolivarianas en Lara), el padre Jesús
Gazo S.J. (profesor de la Universidad de San Cristóbal de Táchira), el padre
Miguel Matos S.J., el padre Matías Camuñas (párroco de San Buenaventura de El
Roble, San Félix, Estado Bolívar), el padre José Numamolina, el padre Pedro
Brión, el padre Didier Hayrad (Petare), el padre Domingo Riera (capellán de El
Rodeo), el padre Luis Molina (capellán de la cárcel de Yare), el padre Francisco
Rondón (administrador parroquial de San Ignacio de Loyola, Parque Central), el
padre Jesús Silva, son referencia dentro de la Iglesia venezolana que defienden
el proyecto del presidente Chávez. Igualmente, dentro de las órdenes religiosas
femeninas, se pueden mencionar a las hermanas Begonia Plágaro y Lourdes Alcalá
(Religiosas del Sagrado Corazón, del Estanque, Coche), hermana Bernardina (de la
Congregación Hermanas del Evangelio, Los Teques), hermanas Lupe Lecumberri y
Elisa (de Petare).
El padre Adolfo Rojas Docente de aula desde 1974 en el ciclo Básico Superior que
luego se convirtió en el Politécnico Universitario. Actualmente es el encargado
de las Escuelas Bolivarianas en el estado Lara. En entrevista exclusiva para
Versión Final explica su apoyo al Presidente y su crítica a la Conferencia
Episcopal Venezolana (CEV): “Van llevando y conociendo el olor del incienso,
encerrados en sus aposentos y no el olor de quienes viven en cloacas, quienes
ven en este gobierno la posibilidad de convertirse en el hombre nuevo… Con
Benedicto XVI la Iglesia se ha vuelto más conservadora y nos mira, como los
simples indios que no pueden pensar ni hablar con lengua propia, esa metástasis
camaleónica de estar con Dios y con el diablo debe terminar”.
El sacerdote Bruno Renaud es otra personalidad eclesiástica que encarna la más
cruda realidad social caraqueña desde Petare, donde reside desde hace casi 40
años. Cree en el proceso revolucionario, pero es uno de sus críticos más
acérrimos. Monseñor Antonio López Castillo, arzobispo de Calabozo, conoció al
teniente coronel Hugo Chávez en 1997. El entonces obispo de Barinas, zuliano de
nacimiento, era una especie de guía. Muchas veces la familia Chávez Frías se le
acercó para solicitar su servicio como vocero de Dios en la tierra. “Yo me
acuerdo cuando Hugo de Los Reyes Chávez llegaba a la residencia episcopal. Había
que empujarle el carro porque se quedaba… eso era antes de ser gobernador. Ahora
es todo muy distinto”, cuenta más adelante: “Me alejé de ellos porque defendían
la revolución cubana.
Por eso me distancié”. Estos son solo algunos casos representativos de la
jerarquía eclesiástica, entre otros muchos más, que apoyan o han apoyado el
proceso revolucionario del Presidente Chávez. En todo caso, es palpable la
división interna, más que nada entre curas y obispos, en las tendencias de
Venezuela hacia lo que se ha llamado el “socialismo del siglo XXI”. Mons. Helder
Cámara solía afirmar en torno a este conflictivo tema: “Cuando me ven que estoy
dando panes a los pobres dicen que soy santo; cuando le estoy enseñando a los
pobres las causas por las cuales ellos son pobres, y los estoy enseñando a
pensar para que nos demos cuenta del origen de la injusticia y la pobreza,
entonces dicen que soy comunista”.
Como es tradicional en Venezuela, los primeros días de cada año, el cuerpo
diplomático acreditado en Venezuela se reúne para dar un saludo al pueblo de
Venezuela en la persona de su presidente. El 24/01/2001 el presidente Hugo
Chávez dijo ante el cuerpo diplomático que “la Iglesia Católica es uno de los
tumores de la revolución”, como repuesta a lo que había manifestado el Nuncio
Apostólico, André Dupuis: “Sería una verdadera lástima si una radicalización o
una politización excesiva del actual proceso de cambio pusiera en segundo plano
los objetivos humanitarios de la revolución”.
El 12/04/2002 culminó un movimiento masivo en la calles de Caracas en protesta
contra el presidente Chávez. Como consecuencia del mismo, ese día se juramentó
en Miraflores el presidente de Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga, en calidad de
Presidente del Gobierno de Transición Democrática y Unidad Nacional.
El acto fue cubierto por la red nacional de televisoras del país, y en todas las
pantallas quedaron plasmadas la presencia, entre muchas otras, la del Arzobispo
de Caracas, Cardenal Antonio Ignacio Velasco García y el padre jesuita Michael
de Viana. A raíz de tan aciago acontecimiento, más tarde, se expresaba el
presidente Chávez en estos términos: "Ese cardenal está en el infierno. Estoy
seguro. Lo encontraré en el infierno". A raíz del fallecimiento del Cardenal el
06/07/2003 un grupo de afectos al oficialismo se presentó frente a la Catedral
de Caracas para protestar por el velorio del Arzobispo de Caracas, lanzando
piedras contra la iglesia, gritando consignas contra la autoridad del difunto
Cardenal, y con horribles pancartas con la imagen caricaturesca del Cardenal con
cuernos y rabos semejando la figura del diablo.
Desde el año 2005, el Cardenal Rosalio Castillo Lara criticó públicamente al
gobierno de Hugo Chávez, pero fue el 14 de enero de 2006 cuando El Arzobispo de
Barquisimeto, Monseñor Tulio Chirivella, tuvo a bien invitarlo para presidir el
cierre de la procesión de la Divina Pastora, momento en cual, se atrevió a hacer
lo que nadie: le aconsejó al Presidente practicarse un exorcismo y manifestó,
entre otras cosas: “Un gobierno elegido democráticamente hace siete años ha
perdido su rumbo democrático y presenta visos de dictadura... hay varias decenas
de prisioneros políticos, mientras la delincuencia común aumenta y ofrece un
trágico saldo de más de diez mil homicidios por año… Al mismo tiempo crece la
pobreza, abunda el desempleo, trágica situación que las llamadas misiones logran
apenas disimular.
El odio sembrado, tenaz e irresponsablemente, amenaza hacer de los venezolanos
entre sí irreconciliables enemigos y lleva la división y enfrentamiento hasta en
el seno mismo de las familias…”. El Arzobispo de Caracas, Jorge Urosa Sabino
consideró inoportuno e inconveniente estas expresiones del Cardenal Castillo
Lara, señalando que estas declaraciones fueron a título personal y no a nombre
de la iglesia o de la Conferencia Episcopal Venezolana. Por su parte, el
Presidente Chávez arremetió contra su Eminencia, expresándose hacia su persona
bajo los siguientes términos: “bandido y diablo con sotana”.
Cuando el Cardenal Castillo Lara se despidió de Roma para venirse
definitivamente a su tierra natal, después de haber presidido la Pontificia
Comisión de la Redacción de un nuevo Código de Derecho Canónico, y de lograrlo
exitosamente, derogando el Código de Derecho Canónico, vigente desde 1917 (66
años), le expresaba S.S. Juan Pablo II: “En el momento de su partida del
Vaticano, quisiera expresarle mi más sentido agradecimiento por el empeño y el
amor puestos en el cumplimiento de las diferentes y difíciles tareas que le
fueron encomendadas durante su servicio en la Santa Sede.” En cambio, el
Presidente Hugo Chávez expresaba al Cardenal Castillo Lara el 17 de Julio de
2005: "Bandido cardenal. Usted fue alcahueta de los gobiernos bandidos de Acción
Democrática y Copei. Bandido, golpista, inmoral".
Proseguía S.S. el Papa, refiriéndose a la renuncia del Cardenal a la Curia
romana: “Conociendo muy bien los nobles y sinceros sentimientos con los que
Usted ha presentado su renuncia, la he acogido, a pesar del gran reconocimiento
por el trabajo que estaba cumpliendo con gran dedicación y competencia.” En el
mismo programa radial aló presidente expresaba el mandatario venezolano: “Flaco
favor le hace a la Iglesia católica el bandido este que sale disparándole al
pueblo y arremetiendo, mintiendo descaradamente le hace un flaco favor a nuestra
Iglesia católica. Estoy seguro que Cristo no haría lo que yo estoy haciendo,
sino que agarraría un látigo y se iría a buscar al bandido este y le cruzaría el
rostro de latigazos por traidor a la doctrina católica y cristiana”.
S.S. el Papa Juan Pablo II Resumía y encomiaba la labor realizada en Roma por el
Cardenal Rosalio Castillo de la siguiente manera: “Llamado hace veintidós años a
Roma por mi venerado Predecesor, el Siervo de Dios Paolo VI, Usted ha podido
poner a disposición su aguda competencia jurídica, al principio en el trabajo de
preparación del nuevo Código de Derecho Canónico, luego como Presidente del
Consejo Pontificio para la Interpretación de los Textos Legislativos y, más
tarde, como Presidente de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica
y de la Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano, además de
como miembro de varios Dicasterios de la Curia Romana”. Por su parte, el
presidente venezolano, lacónicamente se refería a la labor del Cardenal con las
siguientes palabras: "Pobrecito. A mí lo que me da es tristeza y asco.”
El Santo Padre impartía su santa bendición al cardenal de la siguiente manera:
“Mientras confío su Persona a la materna protección de la Beata Virgen María
Auxiliadora, me complace impartirle a Usted y a los que le están cerca una
especial y afectuosa Bendición.” Por su lado, el presidente venezolano expresaba
públicamente en cadena de radio y televisión las siguientes palabras en
referencia al Cardenal: "Tiene el diablo por dentro, el diablo no respeta ni
sotana".
A mediados de septiembre de 2005 el control sobre la Fundación Universitaria
Santa Rosa que rige el funcionamiento académico-administrativo, la dirección y
el destino de la Universidad Católica Santa Rosa, se discute frente a los
tribunales competentes. Esta Universidad es un centro emblemático de la Iglesia
Católica, pues fue sede del Seminario Interdiocesano de Caracas, de donde
egresaron notables figuras eclesiásticas de casi todo el territorio venezolano.
Después del fallecimiento del Cardenal Antonio Ignacio Velasco García, el rector
Pbro. Martín Zapata Fonseca, logró muy hábilmente, modificar los estatutos
originales para que la Universidad quedara legalmente bajo su control absoluto,
lo cual, es precisamente lo que se está sometiendo en los tribunales para que
las instalaciones y el control de la Universidad retornen nuevamente a su
destinatario original. El rector de la Ucsar (Universidad Católica Santa Rosa),
Martín Zapata, es simpatizante del proceso revolucionario del Presidente Chávez,
como se desprende del hecho de acompañar a los estudiantes de dicho centro
universitario a una marcha (Junio 2007) en respaldo a la Revolución y dijo: «Nos
une el sentido de Patria. Aquí está manifestando el pueblo, los medios
alternativos, la clase media y el sector estudiantil y académico». Asimismo, les
dijo a los estudiantes que “no se dejen manipular por las oligarquías que
quieren hoy frenar la Revolución Bolivariana”.
Durante la visita que realizó el Presidente Chávez a su S.S Benedicto XVI en
mayo del 2006, el Papa aprovechó la ocasión para expresar a viva voz su deseo de
que la Universidad Católica Santa Rosa conservara su carácter católico y
retornara a su legítima y genuina propiedad de la Arquidiócesis de Caracas.
Posteriormente el Cardenal Jorge Urosa juramentó a la Dra. Miriam de la Cruz
López de Valdivieso como rectora de la UCSAR para el período 2007 – 2011 en una
sencilla ceremonia realizada en el Palacio Arzobispal de Caracas, pero hasta el
presente, no ha podido tomar las riendas de la institución universitaria, hasta
que culmine el proceso jurídico.
En horas de la mañana del 27/02/2008 un grupo de sujetos encapuchados tomó el
palacio Arzobispal de Caracas lo que obligó a las personas que trabajan en el
despacho del Cardenal y arzobispo Jorge Urosa abandonar el Palacio Arzobispal.
Los sujetos secuestraron las instalaciones de la Curia Arquidiocesana por varias
horas. La Policía Metropolitana acudió al lugar para atender la situación. Sin
embargo, los tomistas acompañados por Lina Ron y por los Diputados García y
Lander, leyeron un escrito para expresar sus razones en la que rechazaron la
actitud de la jerarquía católica en abril de 2002 y por mantenerse en la
Nunciatura Apostólica a Nixon Moreno. “Un país socialista, un camino claro y
definido. Ratificamos que nuestra lucha es por el poder para el pueblo soberano
y por el socialismo”. El presidente Chávez cuestionó duramente a Lina Ron y a
los Diputados García y Lander por tomar el Palacio Arzobispal, afirmando,”estas
cosas son absurdas y hacen daño a la Revolución”.
La obsesión de Chávez ha sido de crear una iglesia venezolana. Siguiendo el
ejemplo de Fidel Castro, fundó un Parlamento Bolivariano de Iglesias, especie de
gran consejo de creencias folklóricas, sectas de santeros y hechiceros. Como es
obvio, las iglesias históricas se han negado a participar en tan singular
operación. Los judíos expresaron su respaldo a la religión católica y al
cardenal de Venezuela, pues piensan con razón que “lo que le ocurre hoy a los
católicos nos puede pasar mañana a nosotros”.
En repetidas oportunidades se han efectuado celebraciones eucarísticas con tinte
marcadamente político, tales como: la que se celebró en la Iglesia San Francisco
de Asís en el sector de la Cañada del 23 de Enero en Caracas, el 23/01/2002,
para conmemorar el 44 aniversario de la caída de Pérez Jiménez y para que “la
luz de la palabra de Dios siga iluminando el proceso”. Por el sector oficialista
estuvieron presentes, entre otros: el presidente Hugo Chávez, la primera dama
Marisabel de Chávez, el Ministro de la Defensa José Vicente Rangel, el Alcalde
del Municipio Libertador Freddy Bernal. Por el sector eclesiástico: padre
Francisco Rondón, padre Miguel Matos S.J. y el padre Juan Vives Suriá, quien
cerró. Esta Santa Misa fue transmitida en cadena nacional. De inmediato, el
Arzobispo de Caracas, el Cardenal Ignacio Velasco, condenó públicamente esta
celebración eucarística con las siguientes palabras: “Es deplorable que los
signos religiosos, y en particular la Santa Misa, se manipulen con fines ajenos
al valor intrínseco”.
En el templo de la Resurrección del Señor en Caricuao, el presidente de
Venezuela Hugo Chávez y el presidente electo de Paraguay Fernando Lugo, como
parte de las actividades que realizó el presidente electo de Paraguay en su
visita oficial de dos días a Venezuela (18/06/2008), asistieron a una
celebración religiosa, y compartieron en el transcurso de la misma “la comunión
espiritual de los pueblos latinoamericanos que expresan las corrientes
auténticas de transformación de un continente que busca independencia, unión e
igualdad”. El Arzobispado de Caracas, el Cardenal Jorge Urosa, señaló, mediante
un comunicado, su desacuerdo con esta celebración eucarística para orar y
bendecir públicamente al presidente electo del Paraguay, Fernando Lugo, por
cuanto, “favorecer una opción partidista no es compatible con la misión eclesial
y pastoral de los sacerdotes y personas de la vida consagrada”.
En la Gaceta Oficial 38.959, del miércoles 25 de junio de 2008, se publicó el
Reglamento Interno del Consejo Pastoral Evangélico, en el que se desarrollan
disposiciones que el anterior ministro de la Defensa, almirante Orlando Maniglia,
negó en 2005 en el marco de un litigio que incluso llegó a la Sala Político
Administrativa del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). El actual ministro, G/D
(Ej.) Gustavo Rangel Briceño, profesa la religión evangélica y no tuvo
inconveniente en apoyar la formación del Consejo Pastoral Evangélico. Por
decreto, el Consejo Pastoral operará en el Fuerte Tiuna, y cada unidad militar
de la Fuerza Armada Nacional, en todos los niveles, debe contar con un pastor
evangélico, designado por el Consejo Pastoral Evangélico de la Fuerza Armada
Nacional. El Pastor Evangélico contará con una oficina dentro de las
instalaciones de la unidad o dependencia militar en la cual presta sus
servicios, donde proveerá asistencia espiritual al personal militar y civil de
la Fuerza Armada y a su grupo familiar si así lo requiere.
El 30/06/2008 en Ciudad Ojeda (Estado Zulia) se realizó la consagración oficial
de los tres obispos principales que liderizarían la Iglesia católica reformada
de Venezuela en la región y el país. El acto se realizó en la sede parroquial
San Pablo Apóstol, en la avenida 41 con carretera N de Ciudad Ojeda. La liturgia
estuvo a cargo de Leonardo Marín Saavedra (venezolano), primado de la Iglesia
anglicana latinoamericana, acompañado de Daale Climie, arzobispo de la Iglesia
conservativa anglicana de los Estados Unidos, y Jorge Pérez Benítez, obispo de
México. Consagraron a Enrique Albornoz, obispo principal para todo el territorio
nacional; Jon Jen Siú García, obispo auxiliar, y Alexis Bertis, obispo
sufragando. Según el Segundo Vicepresidente de la Conferencia Episcopal
Venezolana y Arzobispo de Coro, Mons. Roberto Lückert, “PDVSA financia la nueva
Iglesia chavista y socialista, incluyendo los vuelos desde el exterior, las
reservaciones en hoteles y el transporte de sus representantes en el interior
del país… aunque esto busca dar la imagen de que la Iglesia está dividida, la
iniciativa de este grupo no dará resultados.”
BIBLIOGRAFÍA
“67 Momentos de Caracas, crónicas breves”, por Eduardo Casanova.-
“Un hecho extraordinario: La cesación ad Divinis”, por Luis Cubillán Fonseca.-
“La cuestión religiosa (1900-1903): Su repercusión en Valencia”, por Domingo A.
Bacalao.-
“Relación de la Real Audiencia de Caracas con el Episcopado venezolano durante
la Colonia”, por George González González.-
“Arqueología del capitalismo estudio de casos: Santo Tome de Guayana y Caracas
Venezuela”, por Mario Sanoja.-
“El Libertador”, por Augusto Mijares.-
“Guzmán, elipse de una ambición de Poder”, por Ramón Díaz Sánchez.
“Un pantalón más”, por Ricardo Mandry Galindez.-
“El clero en la lucha”, por Gabriel García Márquez.-
“Gran recopilación geográfica, estadística e histórica de Venezuela”, por Manuel
Landaeta Rosales.-
“Diccionario histórico de Venezuela”, Fundación Polar.-
“120 biografías de próceres e ilustres venezolanos”, Editorial Biográfica de
Venezuela.-
AUTOR
Juan Pablo Sarratud Porras
Dirección de correo digital:
sarratthoud@gmail.com
sarratthoud@hotmail.com
Recopilación de información y redacción realizada
por Juan Pablo Sarratud Porras , venezolano, mayor de edad, de estado civil
casado, economista, C.I. 2.934.439, en Ciudad Alianza a los diez días del mes de
agosto de 2008.