Resumen.
Una diferencia fundamental en las competencias profesionales, como resultado
formativo del Nuevo Programa de Formación de Médicos con respecto a otros
programas, radicará en el sistema de valores que se logre desarrollar desde las
particularidades del proceso de enseñanza aprendizaje. Con el objetivo de
estimular la reflexión acerca de las potencialidades de la estrategia docente
declarada en este programa para la formación de valores como componente esencial
de las competencias profesionales del nuevo médico latinoamericano, se realizó
revisión bibliográfica sobre el tema y entrevista a profundidad a ocho
directivos académicos de los Polos Formativos Sandino e Isla de la Juventud, que
han permanecido aproximadamente un año integrados al Programa; además se realizó
observación científica a diferentes actividades curriculares y extracurriculares
en las que participaron profesores y alumnos. La información recolectada fue
triangulada con expertos. Se pudo constatar que las interacciones que se
establecen entre profesores y estudiantes en el contexto del Nuevo Programa de
Formación de Médicos Latinoamericanos, tanto en las actividades curriculares
como en las extracurriculares, parecen establecer las condiciones idóneas para
el desarrollo temprano de competencias profesionales en los estudiantes, muy
especialmente para el desarrollo y consolidación de los valores del futuro
médico latinoamericano.
Introducción.
Las competencias profesionales como configuraciones funcionales de la
personalidad, integran conocimientos, habilidades, motivos y valores, y se
forman en el proceso de interacción social hasta llegar a expresar la
autodeterminación de la persona en el ejercicio eficiente y responsable de la
profesión (1). En la comprensión de este concepto está implícita la necesidad de
centrar el proceso de enseñanza aprendizaje en el sujeto que aprende, quien será
competente cuando ponga en práctica comportamientos y estrategias eficaces (2).
Según González Maura (3) las competencias incluyen dos dimensiones:
• Estructural o de contenido que incluye los componentes cognitivos
(conocimientos, habilidades) y afectivos (motivos, valores).
• Funcional en la que se fusionan recursos ersonológicos como la perseverancia,
la flexibilidad y la reflexión crítica en su desempeño.
EEn el desarrollo de las competencias interactúan dos formas de la conciencia
social: ciencia e ideología. La primera por su atención a la adquisición de
información sobre la realidad objetiva y la segunda porque prioriza los valores
o motivos que surgen en el proceso de socialización y que por su estrecha
relación con la conciencia, se interiorizan con sentido personal y expresan
intereses, convicciones aspiraciones y autovaloraciones que surgen de la
interacción inseparable de lo afectivo y lo cognitivo (4).
Hoy día la globalización y la sociedad del conocimiento plantean exigencias a la
formación del profesional en las universidades que en opinión de González Maura
(3) incluyen:
• La garantía de la gestión no sólo de conocimientos y habilidades para el
desempeño específico de una profesión en un contexto histórico-social
determinado, sino también, y fundamentalmente, la formación de motivaciones,
valores, habilidades y recursos personales que le permitan a la persona
desempeñarse con eficiencia, autonomía, ética y compromiso social en contextos
diferentes, heterogéneos y cambiantes.
• La formación de un profesional capaz de gestionar el conocimiento necesario
para el desempeño eficiente de su profesión durante toda la vida a través de la
utilización de las TIC. Todo lo cual exige a la universidad, centrar la atención
en la formación de competencias profesionales en un proceso de desarrollo
profesional permanente en el que el estudiante aprenda a aprender (1).
Las instituciones educacionales socializadoras y en general la cultura material
y espiritual del medio social, desempeñan un importante rol en el complejo
proceso de formación personalizada de competencias. Estudiar este proceso en los
futuros profesionales de la salud que, con una visión novedosa de la profesión y
de su misión social, se desarrollan en el contexto del Nuevo Programa de
Formación de Médicos Latinoamericanos, requiere comenzar por analizar los
cambios conceptuales que ha experimentado la educación médica en los últimos
años, desde 1981 en Alma Atá con la propuesta de una Estrategia Global de Salud
Para Todos; la cual se pronunció por concentrarse en la formación para la
atención primaria de la salud y el establecimiento de vínculos entre el carácter
universal propio del pensamiento científico y el relativismo inherente al
pensamiento histórico cultural. En este sentido la participación activa de los
profesores y de los estudiantes en el proceso la educativo, facilita la toma de
decisiones de estos últimos en la construcción de su conocimiento y en el
dominio de los modos de actuación específicos; basados en conocimientos
esenciales de leyes, regularidades, principios y modos de actuación propios de
la profesión; estrechamente vinculados con tradiciones, experiencias personales
y proyectos sociales que facilitan su formación integral (5).
El proyecto de formación médica en gran escala, amparado en los acuerdos del
ALBA y materializado en el Nuevo Programa de Formación de Médicos
Latinoamericanos, sentará las bases cognitivas para la comprensión del proceso
salud-enfermedad con una visión integral del ser humano, propia del quehacer
cotidiano de su futura profesión, y responderá a las necesidades de salud de las
poblaciones desposeídas de la región (6).
Las condiciones singulares del contexto para el desarrollo de competencias
profesionales y la consolidación de valores, se presentan en la práctica docente
como actividad social y de interrelación práctico-material, cognoscitiva y
valorativa que puede realizar sistemáticamente el docente en el desarrollo del
proceso de enseñanza aprendizaje; ya que la asimilación de los nuevos contenidos
contribuye a la valoración acertada de la realidad y tributa a la formación de
valores, a través de los componentes motivacional - afectivo y conductual, cuya
mejor combinación se produce en la práctica social transformadora (1).
La participación directa en el Programa de Formación de Médicos Latinoamericanos
en los diferentes Polos Formativos de Cuba, y el intercambio sistemático de
opiniones con sus directivos pueden aportar importantes argumentos acerca de las
particularidades de la interacción profesor-alumnos en el Nuevo Programa de
Formación de Médicos y su repercusión en la formación integral de los futuros
profesionales. Motivados por esta temática los autores se han propuesto con la
realización de este trabajo, estimular la reflexión acerca de las
potencialidades de la estrategia docente declarada en el programa para la
formación de valores como componentes esencial de las competencias profesionales
del médico.
Material y Métodos.
Se realizó revisión bibliográfica sobre el tema, entrevista a profundidad a ocho
directivos académicos de los Polos Formativos Sandino e Isla de la Juventud, que
han permanecido aproximadamente un año integrados al Programa; así como
observación científica a diferentes actividades curriculares y extracurriculares
en las que participaron profesores y alumnos. Los criterios recogidos fueron
intercambiados con expertos los que fueron considerados como tal cuando se
trataba de profesores principales con más de quince años de experiencia docente
y estancias de tres o más meses en los referidos escenarios docentes.
Resultados y Discusión.
Según Fabelo, el hombre no puede desvincularse de las condiciones sociales, en
la actividad transformadora de la realidad, lo que permite que la expresión
espontánea del valor sea la conciencia cotidiana (7). Los profesores del Nuevo
Programa de Formación de Médicos Latinoamericanos como especialistas de Medicina
General Integral, frecuentemente con doble especialidad médica, formados
íntegramente por el sistema nacional de educación médica cubano con la
influencia educativa de los líderes históricos de la revolución y los efectos de
los años en que ésta se lleva a cabo; han participado en múltiples actividades
productivas y sociales como parte de su integración social y son profesionales
que, en su mayoría, han cumplido más de una misión internacionalista y han dado
muestras de probadas cualidades morales y cívicas, altruismo, solidaridad y
capacidad de sacrificio. Su inclusión en esta tarea según opinión mayoritaria de
los directivos, ha tenido en cuenta lo que Fabelo ha denominado el sistema
objetivo y subjetivo de valores (7); lo que explica que un profesor la haya
aceptado como una expresión de incondicionalidad ante el cumplimiento del deber
y sin embargo una vez que ha transcurrido un tiempo de su práctica sistemática,
reconoce fuertes competencias y motivos hacia la misma, que satisfacen un
importante grupo de sus aspiraciones sociales; lo que materializa las palabras
de nuestro comandante acerca de que: “los valores pueden ser sembrados en el
alma de los hombres, en la inteligencia y en el corazón de los seres humanos”
(8). En este sentido pudo corroborarse en la entrevista a los directivos que
algunos profesores se incorporaron con escasos motivos por la tarea pero que en
su gran mayoría llegan a sentirse tan satisfechos con su cumplimiento, que sólo
declaran la necesidad de desarrollar más sus competencias psicopedagógicas.
Al indagar con los directivos sobre las competencias de los profesores para la
formación de valores en los estudiantes, los mismos se refirieron en todos los
casos al tesoro del ejemplo personal en el desarrollo y fortalecimiento de los
valores. Así se afirmó que los docentes más abnegados en su trabajo y
consagrados a su preparación científico-técnica, son gratificados por sus
estudiantes con mas resultados tanto en su preparación como en el trabajo
comunitario. Los expertos señalaron que es notable la influencia, sobre los
docentes, del ejemplo de los directivos académicos y destacaron la diferencia
cualitativa que se aprecia en el comportamiento del claustro y en su preparación
donde sus directivos participan de forma sistemática en el proceso docente
educativo en general y no sólo en actividades docentes aisladas. Los métodos que
se aplican en la clase y el nivel de problematicidad con que se impartan los
contenidos, la participación activa en el proceso de investigación al frente de
los grupos estudiantiles y la ética con que se desenvuelven en la práctica
docente fueron también aspectos considerados importantes en este accionar. Todos
estos criterios de parte de los directivos y expertos demuestran que en todos
está presente el concepto de Revolución expresado por nuestro comandante el
primero de mayo del año 2000: “Revolución es…defender valores en los que se cree
al precio de cualquier sacrificio… es no mentir jamás ni violar principios
éticos” (9). Los expertos señalaron que los profesores deben ser conscientes de
que los valores no son inmutables sino que cambian objetiva y subjetivamente,
por lo tanto es posible provocar cambios en los conceptos que tienen los
estudiantes sobre diversos objetos, procesos y fenómenos de la realidad. En este
sentido uno de los factores que interviene en los cambios subjetivos es la falta
de conocimiento de la nueva realidad social, la escasa toma de conciencia de los
intereses que de ella se derivan así como la conservación del sistema de valores
previos; elementos todos de gran utilidad porque la relación sujeto objeto que
los estudiantes establecen con la comunidad durante el proceso de aprendizaje y
la consecuente valoración que se hace de aquella, están condicionados por la
necesidad que surge cuando está presente una situación real de dependencia del
sujeto hacia el objeto en el desarrollo de sus competencias profesionales. Aquí
el papel del profesor es determinante ya que él demuestra la dependencia en la
adquisición de habilidades profesionales, del contacto sistemático con los
individuos, la familia y el medio ambiente en la comunidad portadora de
múltiples y diversas experiencias enriquecedoras.
El interés por parte del estudiante representará la toma de conciencia de la vía
que puede conducirlo al fin expresado en sus valores convertidos en ideales y
que pueden orientar su conducta en diversas esferas de la actividad, pues “los
valores morales en el plano subjetivo, implican que el hombre hace suyos
aquellos modos de pensar y actuar que expresan su esencia como ser social, que
establecen el vínculo entre lo individual y lo social” (10). La incorporación de
los valores a la subjetividad individual se produce en un activo proceso de
interacción, mediante el cual se incorporan los valores objetivos que forman
parte de la realidad social, de manera que su historia, sus formaciones
psicológicas y sus valores anteriores determinan la forma en que los nuevos
valores se interiorizan y se construyen subjetivamente; por eso, destacaron los
expertos, es imprescindible que los profesores dominen la caracterización
inicial de los estudiantes para partir de elementos objetivos en el trabajo.
González Maura considera que para formar valores es necesario cumplir con una
serie de condiciones como la formación psicopedagógica de los docentes, la
participación y el diálogo en el proceso de enseñanza-aprendizaje, donde
estudiantes y docentes asumen la condición de sujetos, la utilización de métodos
participativos, relaciones profesor-alumno sobre la base de la autenticidad, la
confianza y el respeto mutuo, donde el profesor constituye un modelo educativo
capaz de influir en la formación de valores en los estudiantes y agrega “sólo
creando espacios de reflexión en el proceso de enseñanza-aprendizaje, en los que
el estudiante aprenda a valorar, a argumentar sus puntos de vista, a defenderlos
ante los que se oponen a ellos, en los que el estudiante tenga libertad para
expresar sus criterios, para discrepar, para plantear iniciativas, para escuchar
y comprender a los demás, para enfrentarse a problemas con seguridad y
eficiencia, para esforzarse por lograr sus propósitos, espacios en el proceso de
enseñanza-aprendizaje en los que sean los docentes universitarios guías de sus
estudiantes, modelos de profesionales, ejemplos a imitar, sólo en estas
condiciones estaremos contribuyendo a la educación de valores y al desarrollo de
competencias del estudiante universitario” (11). Es necesario que enseñemos al
joven a valorar por sí mismo, que aprenda a valorar en cada circunstancia como
se manifiesta el contenido concreto de los valores, tener en cuenta las
circunstancias y en el caso de que exista un conflicto de valores, saber optar
por el más importante, la enseñanza no puede convertirse en “una transmisión
fría y esquemática de valores. Mas que enseñar valores fijos, debemos enseñar a
nuestros jóvenes a valorar por si mismos” (12). En este sentido las actividades
de consolidación de conocimientos, habilidades y hábitos y el sistema evaluación
frecuente en el Nuevo Programa constituyen momentos dialógicos en los cuales los
estudiantes y profesores tienen la oportunidad de confrontar ideas y puntos de
vista. En este aspecto los expertos se pronunciaron en relación con las
potencialidades de la actividad de consolidación en la que se sientan las bases
para el desarrollo de habilidades y competencias en cuanto a la argumentación y
defensa de criterios propios, ante oponentes y al desarrollo de la capacidad de
escuchar y comprender a los demás y de enfrentar problemas con seguridad. Todos
estos elementos fueron señalados como de capital importancia ante la cantidad de
los materiales bibliográficos disponibles en soporte electrónico que pudieran
favorecer el aislamiento del educando durante su actividad de estudio.
Los directivos y expertos también han enfatizado en la importancia de la
permanencia estable de estudiantes, profesores y directivos en las instituciones
para el adecuado logro de la socialización, la que se consigue cuando juntos
participan, no sólo en las actividades docentes, sino también en las deportivas,
culturales, políticas, recreativas y en aquellas que alientan y mantienen vivos
sus sentimientos patrios. Cuando se aborda el enfoque sociológico de los
valores, es importante esclarecer su contribución al desarrollo de la
personalidad y su ajuste a normas y valores sociales. En este punto los expertos
han opinado que las instituciones del Nuevo Programa tienen un papel
insustituible en la inserción de los educandos en el sistema de relaciones
sociales en que se desenvuelven y en el tratamiento de los valores como
cohesionantes de los diferentes niveles no sólo nacionales sino regionales e
internacionales.
La realidad social que los estudiantes pueden vivenciar en las comunidades en
las que realizan sus prácticas docentes, les permiten constatar la integración
social en una compleja red de interacciones entre la justicia social,
participación y cohesión nacional. La primera entendida como la real igualdad de
oportunidades para el acceso de grupos e individuos a los bienes y servicios que
brinda la sociedad cubana en la que no existe discriminación alguna; la
participación como sinónimo de presencia real de los individuos en la vida
social, económica y política de la nación; en sus organizaciones y con la
posibilidad concreta no sólo de actuar sino de intervenir con resultados
concretos en la toma de decisiones en los diferentes contextos sociales en los
que se desenvuelve, y por último la cohesión nacional como la identificación con
el sistema de normas y valores compartidos por los diferentes grupos sociales.
Hilo conductor entre los tres factores es la posibilidad de inserción social
real que brinda el modelo social, que permite constatar la existencia de
espacios de vida decorosos. Este contacto de práctica social transformadora que
el estudiante realiza en la comunidad, desde el ingreso a la carrera, comienza a
desarrollar tempranamente sus competencias profesionales para la atención
primaria de salud, para la comunicación para el dominio de los conflictos mas
frecuentes en la comunidad y las soluciones mas factibles de los mismos.
En relación con las influencias sobre el fortalecimiento de las competencias
docentes y los valores de los propios profesores, se recibieron criterios
positivos por parte de los directivos en relación con el crecimiento que
experimentan como profesionales y como seres humanos; mientras que los expertos
estuvieron de acuerdo en que el papel fundamental en este crecimiento lo juega
el amor con el que estos docentes desempeñan su labor que es tan integral que
puede ir desde el acompañamiento a un estudiante enfermo, durante todo su
ingreso en el hospital, el apoyo psicológico cuando sufre una desgracia familiar
o ante un conflicto de carácter personal o pasar largas horas en horarios
nocturnos o fines de semana ayudándolo a transformar sus estrategias de
aprendizaje para optimizar la asimilación de los contenidos de la asignatura que
cursa o a ejecutar determinadas tareas docentes.
Conclusión.
Las interacciones que se establecen entre profesores y estudiantes en el
contexto del Nuevo Programa de Formación de Médicos Latinoamericanos, en los
Polos Formativos estudiados, tanto en las actividades curriculares como en las
extracurriculares parecen establecer las condiciones idóneas para el desarrollo
temprano de competencias profesionales en los estudiantes, muy especialmente
para el desarrollo y consolidación de los valores del futuro médico
latinoamericano.
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