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El humanismo en la ética pedagógica

Resumen: Los centros de Educación Superior, como institución cultural, han de contribuir a la formación socio-humanista, a la reafirmación de la identidad cultural y nacional, a demostrar la superioridad humanista de nuestro socialismo, que implica mejorar la calidad de vida espiritual; tanto en la comunidad intrauniversitaria como en la de su entorno, con énfasis en la preparación de los futuros profesionales, con una cultura general más amplia, sinónimo de formación integral, de desarrollo político-ideológico, de competencia profesional, de incondicionalidad y de defensa de la Revolución en el campo de las ideas. En resumen, personas más plena e integrada...
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Autor: MsC. Miriam López González
Resumen
Los centros de Educación Superior, como institución cultural, han de contribuir a la formación socio-humanista, a la reafirmación de la identidad cultural y nacional, a demostrar la superioridad humanista de nuestro socialismo, que implica mejorar la calidad de vida espiritual; tanto en la comunidad intrauniversitaria como en la de su entorno, con énfasis en la preparación de los futuros profesionales, con una cultura general más amplia, sinónimo de formación integral, de desarrollo político-ideológico, de competencia profesional, de incondicionalidad y de defensa de la Revolución en el campo de las ideas. En resumen, personas más plena e integrada.

Introducción
Los grupos de profesionales procuraron elaborar y fijar normas morales que regulaban las relaciones dentro del grupo, pero fue Hipócrates el que ofreció el primer juramento de fidelidad a la profesión; esto fue incluido en los postulados de la escuela de los asclepíadas de la Antigua Grecia.

Los primeros profesionales en utilizarla fueron los médicos, ellos se consagraron a estudiar para ampliar sus conocimientos y ayudar a los pacientes y protegerlos, después se establece en otras como son la jurídica, científica, periodística, artística y pedagógica, ya que están relacionadas directamente con la satisfacción plena de las necesidades de las personas.

La ética pedagógica es un medio de regulación moral de la labor educativa, que se forma en la sociedad, a partir de la moral pedagógica. La moral pedagógica es el sistema de principios, normas y juicios valorativos que regulan el comportamiento del maestro. Es una forma de manifestación concreta de la moral imperante en una sociedad determinada, que se aplica a las condiciones y características de la actividad del maestro.

Significa que la moral del maestro responde a las exigencias establecidas por la sociedad, por su formación económica, por las relaciones de producción, es por esa razón que a los maestros de etapas históricas anteriores les exigían educar a los niños, adolescentes y jóvenes según los códigos éticos establecidos, que respondieran a la clase dominante, la que estaba en el poder.

Desarrollo
En el siglo XVIII apareció una corriente filosófica que reconoció la importancia de la educación, ella fue la “Ilustración Francesa”, para los integrantes de esta corriente, la instrucción era la fuerza principal del progreso humano; se destacó en esta etapa Juan Jacobo Rousseau, él dedicó a la educación y la moral una obra denominada Emilio.

En esta obra se exponen ideas revolucionadoras para la Educación que distaban de cualquier formalismo, ejemplo de eso es cuando dijo del maestro: “...sed sencillos, discretos, comedidos; no os apresuréis nunca a actuar para impedir que los demás actúen,...” . Esta parte de la obra guarda relación con la definición analizada en el epígrafe anterior de humanismo donde se expresa que el maestro desde el punto de vista humano debe ser modesto, que reconozcan los aportes que los otros ofrecen, propicie el intercambio, el protagonismo de los estudiantes, de esa manera la enriquece y a los que intervienen en ella.

Otro pedagogo que hizo importantes aportes a la ética pedagógica fue K. D. Ushinski (1824-1870). Exigía que el maestro no solo tuviera que poseer profundos conocimientos, sino también ¨…profundas convicciones morales¨. (25) Las convicciones morales a las que se hace referencia es al respeto hacia las otras personas, la ayuda desinteresada, el altruismo, entre otras.

En la etapa premarxista se encuentran ideas y teorías de filósofos y pedagogos, quienes defendían que el maestro debía tener determinadas cualidades que no eran necesarias en otras profesiones, como es el caso de tener elevada educación, amplia cultura general, sabiduría, tacto, amor a los niños, entre otras. La obra de estos autores al hablar de las cualidades que deben poseer los docentes guarda relación con lo que se plantea del humanismo en el epígrafe anterior.

Se destacaron en este período los pedagogos soviéticos M.I.Kalinin y N.K.Krupskaya, quienes precisaron cuáles eran los principios, exigencias y normas morales que guiarían la conducta de los docentes. Opinaban que estos debían manifestarse como verdaderos comunistas para poder emprender el trabajo educativo, a partir que un buen revolucionario debe ser humano, para de esa manera poder formar en las personas que lo rodean el sentido humanista que caracteriza la sociedad socialista.

Otro exponente de estas ideas fue A.S.Makarenko, él expresó la importancia del colectivismo, las relaciones entre los pedagogos, con los alumnos y padres.

En Cuba las raíces históricas acerca de la ética se encuentran en el pensamiento pedagógico de avanzada del siglo XIX, generado por los máximos exponentes de la ética: el padre Félix Varela, José de la Luz y Caballero, Rafael María de Mendive, Enrique José Varona y José Martí, por solo citar algunos.

En sus obras y accionar formularon los conceptos esenciales que expresaban el proceso de conformación de la nacionalidad cubana y de formación gradual de la conciencia nacional, ellos daban a conocer los elementos que tipifican los modos de actuación de los docentes desde el punto de vista humanista, a partir que estos son modificados, enriquecidos, fortalecidos en la misma medida que se transforma la sociedad, han dejado claro que la sociedad impone las manifestaciones de los hombres y dentro de ellos los pedagogos.

José Martí (1853-1895) expresó:” Es necesario, para ser servido de todos, servir a todos…” Refiere que se debe primero dar todo de sí, enseñar cuanto se sabe para después pedir sabiduría, conocimientos, enseñanzas, educación en sentido general y esta la esencia del humanismo. En otro momento apuntó:”Educar es preparar al hombre para la vida”, con ello resume el papel social de la educación y de los pedagogos en sentido general, ya que tienen la misión de formar a las nuevas generaciones integralmente, a partir del cumplimiento del código de ética.

Con el Triunfo de la Revolución Cubana, el código ético del magisterio cubano ha sido fiel continuador y exponente de la ideología revolucionaria, marxista, martiana y humanista, cuyo contenido moral expresa los intereses y anhelos del pueblo en el poder y en la lucha permanente por la defensa del proyecto social socialista, de justicia social y del culto a la dignidad plena del hombre.

Dentro de los efectos más evidentes en este contexto se encuentran contradicciones en la esfera de las actitudes y conductas de los individuos, las que en ocasiones son incompatibles con la ideología y la moral socialista y humanista de la Revolución, tales como el individualismo, egoísmo, prostitución, consumismo y el parasitismo, entre otros males sociales.

Estas condiciones de la realidad cubana imponen al sector de la Educación una elevación en los niveles de exigencias en cuanto a la profesionalidad de los maestros y profesores y a la calidad de los resultados del trabajo pedagógico y formativo de los niños y jóvenes, que tendrán la misión de dar continuidad a la obra de la Revolución.

Entre los problemas que afectan la moralidad de algunos maestros se encuentran: la pérdida del amor por la profesión, el abandono de las filas, la falta de cohesión y de integración en colectivo para el desarrollo del trabajo docente educativo en ciertos claustros, manifestaciones de conductas adaptativas en medios con características adversas o negativas al trabajo pedagógico, actuaciones no ejemplares que desvirtúan la formación ideológica en los jóvenes y los desorientan en la formación de la vocación hacia las carreras pedagógicas.

Los problemas antes señalados inciden en la formación y modos de actuación de los maestros desde el punto de vista humanista, ya sean graduados como están manifiestos en el párrafo anterior o en los estudiantes que hoy están en el instituto o sedes municipales, ya que de tener esas conductas en su actuar cotidiano imposibilitan que amen y respeten a los que los rodean, los ayuden desinteresada, que el altruismo lo caracterice, la preocupación por el bien común, saber escuchar a los otros, auto controlar las manifestaciones de agresividad.

La aspiración es formar la personalidad del maestro, sobre la base de una amplia cultura general, politécnica, laboral y de los sentimientos, con un fundamento científico y de las normas morales sociales con una ideología socialista que rechace el modelo de sociedad capitalista por ser antagónico a los intereses y derechos auténticos de las masas humildes y trabajadoras.

Fidel Castro Ruz expuso en el discurso por la graduación del Destacamento Pedagógico ¨Manuel Ascunce Domenech¨:
“...el educador debe ser además, un activista de la política revolucionaria de nuestro partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestra convicciones políticas, un ejemplo de revolucionario, comenzando por el requisito de ser un buen profesor (…) un luchador incansable contra todo lo mal hecho y un abanderado de la exigencia...”

Para Fidel Castro, el maestro debe serlo en todos los órdenes de la vida, no solo cuando está ejerciendo la docencia, sino cuando está en cualquier actividad familiar o social, el maestro debe hacer corresponder sus puntos de vistas personales, profesionales y sociales con sus modos de acción y todos deben estar en correspondencia con los principios éticos emanados de la Revolución y en especial el humanismo porque él tiene implícito al resto, como es el amor hacia los seres humanos, y la preocupación por el desarrollo pleno de todos sobre la base de la justicia, para que esto se cumpla es preciso ser solidario, patriótico, internacionalista, y así se da cumplimiento a los demás.

Se requiere de ellos una formación que en lo ético, lo moral y lo revolucionario, les permita responder a las demandas que la Revolución, la sociedad, y nuestra época, les plantean a las nuevas generaciones de profesionales.

El profesor debe ser ejemplo y esto significa representar para sus alumnos un modelo de moral; de ciudadano comprometido con la Revolución; un modelo de profesional, para que se produzca en los jóvenes, ante quienes puede ser un paradigma, un desarrollo de la personalidad que sea sinónimo de crecimiento personal y despliegue de sus potencialidades, de auto aceptación, de autenticidad personal, autonomía, independencia, seguridad, flexibilidad, de la capacidad de relacionarse con los demás desde las posibilidad de analizar, respetar sus opiniones, donde el desarrollo personal debe entenderse y promoverse como un proceso de intenso dinamismo y donde la figura del profesor es determinante.

El nivel de formación moral del pedagógico en la sociedad cubana, garantiza el crecimiento espiritual y humano de los individuos. Es por ello que la formación de maestros requiere de una rigurosa atención al componente humanista, como esencia de la profesionalidad pedagógica, que es de educar a las nuevas generaciones de cubanos.

El profesional de Educación requiere de una profunda superación, preparación del rol que juega en ese proceso, para ello es imprescindible incorporar los elementos humanistas a la misma, dando lugar a una educación desarrolladora en los individuos.

En la Tercera Revolución Educacional en Cuba, la sociedad vuelve a exigir de la escuela su especial atención a la formación general integral de niños, adolescentes y jóvenes con modos de actuación que se correspondan con los principios éticos establecidos en el Código de Ética, trazado por el Partido y el Estado, pero no siempre se ha tenido en cuenta las posibilidades que brindan las actividades extraescolares y extradocentes, específicamente en los Institutos Superiores Pedagógicos, las de extensión universitaria.

Los Institutos Superiores Pedagógicos tienen la misión del aumento ascendente y sistemático de la calidad de la enseñanza y el perfeccionamiento del trabajo de la escuela, por medio de una actividad consciente, dirigida a eliminar las dificultades existentes en la educación como los de la sociedad.

Hoy la Enseñanza Superior Pedagógica deberá llevar a sus estudiantes por la puesta en práctica de la unidad dialéctica existente ente la teoría y la práctica, es decir, el conocimiento de qué es la ética profesional pedagógica humanista y que los modos de actuación estén en correspondencia con el basamento teórico.

Esto implica basarse en una educación humanista desarrolladora, cuyo soporte esencial es el enfoque histórico cultural de Vigotsky, como corriente pedagógica contemporánea al plantear:”…al sujeto como un ente activo, constructor y transformador de la realidad y de sí mismo (…) La pedagogía no debe orientarse hacia el ayer, sino hacia el mañana del desarrollo”.

Vigotsky refiere de forma explícita la importancia de la orientación en este proceso que implica el educativo en aras de lograr personas humanistas, desprendidas, desinteresadas, auto controladas en sus modos de actuación con sus semejantes, saber escuchar, respetar a todos por igual, propiciar un clima de confianza y amistad, brindar afecto, comprensión, afecto, sentir los problemas de los otros como suyos propios, ser autocríticos primero y criticar después lo mal hecho, combatir la mentira, la traición, tener apego irrestricto a la verdad, ser sinceros y consecuente en su actuar diario.

Hoy están llamados todos los docentes a propiciar un proceso educativo que involucre de forma activa y protagónica a los estudiantes en función del fin de la educación, la formación general e integral de la nueva generación.

La integralidad de este proceso exige que el docente tenga conocimiento profundo del estudiante, es decir, qué sabe, cómo lo sabe, cómo piensa y cómo se comporta, para de esta manera planificar acciones que cumplan el fin propuesto; a esto es a lo que se convoca a los docentes al iniciar cada curso, a realizar el diagnóstico.

En este sentido se hace necesario como exigencia básica la estructuración de acciones hacia la búsqueda activa del conocimiento del principio ético profesional pedagógico humanista desde una posición y modos de actuación en correspondencia de lo que este principio establece, siendo el estudiante protagónico en su actuar diario.

El humanismo comprendido como respeto a la gente, como conciencia de la necesidad de humanizar las formas de trato, expresa una de las tendencias más profundas del desarrollo moral, como norma práctica de la actividad social.

Este componente humanista parte del fundamento filosófico del humanismo como principio ético y con raíces marxistas – leninistas y martianas donde el hombre tiene un valor significativo en la sociedad, a partir de sus relaciones en pro de transformarla y transformarse a sí mismo, siendo creativo, justo y digno.

En el concepto dado por Fidel Castro Ruz de “Revolución” se pone de manifiesto el humanismo de este pueblo y de estos tiempos, al plantear: “...es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos”. Con esta definición está llamando al respeto que debe existir entre los hombres, a poseer una cultura no solo en lo instructivo sino también en lo educativo, de allí la puesta en práctica de los diferentes programas de la Revolución en pos del mejoramiento humano, está convocando a no hacer a las demás personas lo que no le gusta que le hagan a sí mismo.

Todos estos elementos del componente humanista están implícitos en la ética pedagógica, la cual está llamada a estudiar las particularidades de la conciencia, la actividad y relaciones morales del trabajo del docente para formular y fundamentar cuáles serán las exigencias morales que plantea la sociedad y actuar en esa medida. Estas permiten que el docente oriente, analice, decida qué y cómo debe actuar ante cada circunstancia, teniendo en cuenta las normas establecidas por la ética profesional pedagógica.

Al abordar la ética profesional pedagógica es importante tomar en consideración los planteamientos de Nancy Chacón Arteaga, en relación con la estructura de la moral pedagógica, conformada por:

- la conciencia moral pedagógica,
- las relaciones morales pedagógicas,
- la actividad moral pedagógica.

En la presente investigación se tratará el componente referido a las relaciones morales pedagógicas, por integrar a los restantes componentes. Estas son las relaciones interpersonales que se establecen en el ejercicio de la profesión: maestro-alumno, maestro-familia, maestro-comunidad, maestro-sociedad.

Aquí se pone de manifiesto el nexo indisoluble entre conciencia y actividad, a partir de las relaciones entre los individuos en este caso los pedagogos, es decir la relación entre lo que se debe hacer (principios, normas, sentimientos y representaciones) y la conducta asumida por cada uno en las relaciones establecidas en la práctica diaria, en la cotidianidad.

Es por eso que la formación de los futuros maestros, encargo que tienen los Institutos Superiores Pedagógicos, constituye una prioridad, partiendo en cada Educación para la que serán formados, los objetivos generales y específicos, así como el modelo del profesional a que se aspira.

Conclusiones
El presente trabajo dirigido a la formación humanista del maestro de la Educación Especial prepara a los egresados para el cumplimiento de la labor docente educativa de los niños con necesidades educativas especiales (NEE), con una amplia cultura general integral.

Durante la carrera los estudiantes reciben una formación integral, incidiendo en el desarrollo de la sensibilidad humana en sentido general, pese a que tanto el modelo del profesional como los objetivos por años orientan hacia donde debe estar dirigida la formación humanista.

Es insuficiente el accionar en esta dirección desde lo curricular, a partir de que los docentes en el proceso pedagógico no dirigen la atención hacia este principio ético de forma intencionada, teniendo en cuenta las carencias de los estudiantes en este sentido, si se mide este aspecto por los modos de actuación de los estudiantes en el desarrollo de las actividades programadas por la institución.

En el primer año, que se desarrolla de forma intensiva, se da una preparación integral, que le permite asumir la práctica pre profesional en las microuniversidades con la mayor parte de las carencias pedagógicas y educativas resueltas, siendo necesario el diseño de una estrategia educativa con vista a la formación de principios y normas morales que contribuya a la formación ético profesional pedagógico humanista, a través de las actividades extensionistas.

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