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Acercamiento al estudio del Imaginario Social en padres jóvenes
El presente trabajo expone una caracterización al imaginario social de un grupo de hombres de veinticinco a treinta y cinco años de edad, referido a su rol paterno, con relación a los indicadores: ejercicio de la autoridad familiar, expresión de la afectividad y rol funcional. Utilizamos, dentro de la metodología cualitativa el grupo de discusión, con siete participantes, el cual estructuramos en tres sesiones, trabajándose un indicador en cada una de ellas. Como resultados más relevantes del estudio sobresalen elementos que apuntan a emergentes de cambio al asumir los roles paternos en la actualidad con respecto al modelo tradicional, aunque persisten, en no pocas ocasiones, comportamientos permeados por este modelo. Introducción El tratamiento de la figura paterna y su importancia ha sido abordado tradicionalmente por la literatura científica desde diferentes perspectivas y enfoques teóricos. Así, desde principios del siglo anterior hasta aproximadamente los 60, el valor de la figura paterna era omitido o cuanto más, disminuido. En la década de los 60 y hasta los 80 la importancia del papel del padre comenzó a valorarse, aunque no desde el desarrollo de una paternidad positiva a la par de la maternidad, sino vinculado a los efectos nocivos que causa la ausencia del padre o la desatención al rol históricamente asignado, o sea, el padre sirve en tanto autoridad, apoyo emocional a la madre, representatividad social, sostén económico e identificación sexual. A partir de los 80, con la consolidación de algunas conquistas en el terreno de la emancipación de la mujer, lo cual operó cambios en el modelo familiar, ha surgido un replanteo del desempeño de los papeles padre-madre, los cuales comienzan a entremezclarse, asumiendo ambos, actividades antes vedadas, ya no en función del género, sino a partir de las características personológicas propias de cada progenitor que asume la crianza. En Cuba, a partir de los cambios radicales emanados del triunfo revolucionario, se facilitan y promueven condiciones de equidad entre mujeres y hombres, redimensionando entre otros, el rol del padre en nuestra sociedad impidiendo una cobertura social depositaria en la madre de la máxima responsabilidad del cuidado y crianza de los hijos, y que limiten a su vez su desarrollo personal y profesional. Sin embargo, una revolución social no puede arrasar con una cultura milenaria, por lo que algunas otras medidas encuentran la resistencia de perjuicios, mitos y estereotipos difíciles de superar. La manera de concebirse socialmente el ser padre y madre ha experimentado cierto cambio, es decir, socialmente se comienza a esperar una participación más activa del padre en la familia, mayor implicación en la educación de los hijos, presencia física en el hogar, “cooperación” en las tareas domésticas, y con capacidad para la expresión de afecto y contacto físico, no obstante, estas nuevas asignaciones sociales no son asumidas, por estar en contradicción con lo que desde lo instituido se espera. La prevalencia del modelo de la familia patriarcal depende en gran medida de la representación que tiene el hombre del desempeño de su rol de padre, de los sentimientos de pérdida o ganancia que experimenta al exponerse a una situación de equidad con respecto a la mujer, tanto al “permitirle” que participe de una vida social más libre, como al tener que desempeñar un rol nunca antes asumido, sin embargo, pueden vislumbrarse en no pocos casos emergentes de cambio. Por ello nuestro trabajo se enfoca en la caracterizar el imaginario social en hombres de 25 a 35 años de edad referido a su rol paterno teniendo como base el estudio de los indicadores: autoridad, afectividad y la funcionalidad de su rol. La categoría imaginario social ha sido acertadamente tratada por la Psicología Social, como el universo de significaciones que instituye la sociedad, otorgándole sentido y un orden a los individuos, grupos e instituciones que la componen; interpelando más a las voluntades, emociones y sentimientos que a elementos conscientes; sus rituales promueven la forma en que se adquieren los comportamientos de agresión, temor y amor, entre otros Desarrollo Para el logro de nuestro objetivo utilizamos la metodología cualitativa y dentro de ella el grupo de discusión, el cual tiene como fin provocar autoconfesión en los participantes y por tanto obtener información en un área de interés definida. Para la selección de la muestra de esta investigación se utilizó un muestreo no probabilístico de tipo intencional u opinático, y el tamaño de la misma fue determinado por los requerimientos del grupo de discusión, concluyendo con una muestra de siete padres que cumplían con los siguientes parámetros: ü Ser padres ü Tener entre 25 y 35 años de edad. ü Nivel mínimo de escolaridad doce grado. Se realizaron tres sesiones de trabajo una para cada indicador, con una duración de hora y media cada una, aproximadamente. Nuestro grupo de discusión se realizó con algunas variaciones de la metodología de investigación en la acción-participación del Centro de Formación “Marie-Langer”, de Madrid, España. En este sentido, la recogida de la información la hicimos a través de las notas del coordinador y del observador, las de este último en función de los aspectos dinámicos del funcionamiento grupal alrededor de la discusión, fundamentalmente: Clima grupal, ansiedades o resistencias que genera el tema y movimiento de roles. Es necesario señalar que no utilizamos una guía de observación estructurada tal y como la propuesta por Pichón Riviere en sus aportes sobre el trabajo con los grupos, pero si tuvimos en cuenta el espíritu de ésta. Las sesiones de trabajo, teniendo en cuenta los criterios teóricos y metodológicos del centro, quedaron configuradas con la siguiente estructura: · Momento inicial: en él delimitamos las tareas, objetivos, contenidos, metodología a utilizar, duración y lugar de cada sesión. Establecimos además, en conjunto, las reglas y normas de trabajo. · Desarrollo: consiste en la presentación del tema a discutir. Utilizamos el diseño propio de un grupo de discusión, a partir de una situación más o menos abierta y general que facilite la discusión del tema de lo más general a lo más particular, y que nos permita obtener la información requerida para el análisis de los indicadores propuestos. · Cierre: este momento se utilizó para recoger finalmente las ideas, opiniones, sentimientos y ansiedades que despertó el tema. En la última sesión se hizo también una evaluación del grupo. El análisis de los resultados se hizo con arreglo a dos criterios fundamentales: la descripción de los temas abordados por el grupo y la interpretación de los mismos. * Análisis descriptivo: Consiste en un análisis de los contenidos explícitos abordados por los participantes con relación al tema tratado en cada sesión. * Análisis interpretativo: Dirigido a la interpretación de los contenidos, conflictos y contradicciones implícitos en el tema tratado por los padres, así como a la interpretación de la manera en que fue abordado el mismo por los integrantes en cuanto a: temores, sentimientos y ansiedades expresados directa o indirectamente por éstos, implicación con el tema, los roles y posturas más significativas en el grupo, la comunicación y el clima grupal en general. Por último se realizó un análisis integral de los resultados, el cual : En las tres sesiones realizadas prevalecieron como elementos comunes un clima socio-psicológico favorable, disposición a reanudar los encuentros y se mostraron cooperativos y con una participación activ en todos los debates. Se apreci’o cierta resistencia ante algunos temas y tareas propuestas por la coordinaci’on, loa cual fue superada con rapidez. Los ejercicio de caldeamiento no fueron totalmente asimilados por el grupo, pues en ellos debían expresar cuestiones referidas al cumplimientos de su rol como padres y en los cuales no se habían detenido a pensar, debido a la falta de espacio y necesidad por parte de los mismos de hacerse y responderse preguntas en torno al tema de la paternidad. Desde las consideraciones m’as generales del grupo pudo apreciarse que la paternidad se asume en correspondencia con la asignación que tienen a partir de las cargas culturales (imaginario instituido), es decir, que aún persiste un modo tradicional de pensar la paternidad y que sigue la línea impuesta por la ideología patriarcal, lo que supone comportamientos contradictorios con la nueva propuesta social de la familia cubana (imaginario instituyente). Se pudo comprobar en este grupo que es a través de la familia que llegan al individuo determinadas asignaciones que circulan en el imaginario social y que hacen que se produzcan en el; hombre una serie de aprendizajes como, por ejemplo, que no debe expresar sus sentimientos, que es superior con respecto a la mujer y por tanto, es quien tiene el poder, y que no debe o no tiene que compartir responsabilidades en la realización de tareas domésticas, entre otros. Así, al asumir la paternidad, estas asignaciones se reafirman, se asumen y se transmiten a las nuevas generaciones. De esta manera, los hombres, al desempeñar su rol de padres, mantienen los ejes de la masculinidad que lo caracterizan como tal- ser fuerte, calculador, controlador, no expresar los sentimientos, entre otros-, y sin los cuales creen imposible sentirse un “buen padre”, lo que no quiere decir que ocurra lo contrario. Es decir, que aunque se conserven las características de la masculinidad al sumir la paternidad, el ser padre no define la identidad del hombre, pues no ha sido socializado par ello, y aunque es una función que se adiciona, esta no se inscribe en la psicología masculina como vía de plenitud, realización y trascendencia. Dentro de estas características propiamente masculinas que se conservan al asumir la paternidad, resalta la expropiación de los sentimientos. En tal sentido, estos padres evidencian que la expropiación de los afectos hacia sus hijos esa aún un tópico conflictuado, pues desde lo social no es aceptado ue los hombres expresen sus sentimientos, y aunque en ocasiones expresen algunos afectos hacia sus hijos,-principalmente en privado-, en la mayoría de los casos no lo hacen, o lo hacen a partir de los comportamientos impuestos por el modelo social-compensación material, saludos o expresiones típicamente masculinas que no lleven implícita una cercanía emocional-. Igualmente la comunicación de estos padres con sus hijos está permeada por barreras impuestas por la sociedad, que sitúan al hombre en una posición de poder, lo cual imposibilita que fluyan códigos compartidos, en tanto uno manda y el otro debe obedecer estos mandatos. Además, suplen la muestra verbal de los afectos por la compensación material, pues consideran que no es tan bien aceptada por los niños la expresión verbal de los afectos; como la demostración de los mismos enmascarando la incapacidad para expresar los afectos que han “heredado” e incorporado de sus antepasados. Los comportamientos asumidos por estos padres con respecto a sus hijos, se dan a partir de la vivencia en el presente de su historia personal, es decir, de la repercusión que ha tenido para ellos la ausencia de una figura paterna en su infancia. Esta vivencia supone haber aprendido la importancia de la expresión de los afectos; aún así, a la hora de adoptar un comportamiento u otro, pesa más la vivencia personal, que el conocimiento de esta importancia. Estos padres evidenciaron falta de conocimiento acerca de las características específicas de cada etapa del desarrollo de los hijos, y de cómo ejercer la autoridad ante ellos/as, no tienen una idea precisa de cómo actuar de forma más adecuada con ‘estos, y por lo tanto, transmiten los modos tradicionales de comportarse los hombres y las mujeres, estos comportamientos tienen de base la educación recibida y los diferentes modelos transmitidos por la sociedad, así como la falta de claridad, en los modelos instituyentes, de cómo debe actuarse con relación a la crianza de los hijos e hijas, incluyendo los nuevos criterios de educación no sexista. Esto explica que .los modos de actuación que llevan a cabo y que transmiten a sus hijos/as, están diferenciado según al sexo a que pertenecen éstos; así, el ser varón supone formas diferentes de expresar los afectos, adoptar actitudes diferentes ante la imposición de la autoridad, y realizar actividades propias de varones, como mismo debe hacerlo la hembra, pero nuca de manera contraria, es decir, que debe asumir comportamientos propiamente femeninos, ser delicada, dócil, atenta y solícita con los demás. Al hombre se le ha asignado tradicionalmente una posición de poder con respecto a la mujer, para conservar esta posición, debe mantener la imagen que provocó que este poder fuera de él- sexo físicamente más fuerte, más inteligente, más capaz-. Los cambios sucedidos en las formas actuales de concebirse la masculinidad y la feminidad provocan que los hombres, y más específicamente los padres, vivencien un temor cada vez mayor de perder el poder social transmitido de generación en generación, por lo cual su conducta está en función de impedirlo; así, aunque ésta resulte en ocasiones irracional, como puede dejar de comportarse como se espera, como se le educó. En este sentido, refuerzan la expresión de los afectos a través de la compensación material, son más exigentes en el ejercicio de la autoridad, lo que no en pocas ocasiones se traduce en la utilización del autoritarismo como método educativo más frecuente. Según estos padres, los hombres actuales tienen un modelo de paternidad que a lo mejor fue útil y valedero a sus padres, aplicados en su infancia, pero que ya no tienen la misma eficacia con los cambios de la sociedad moderna. Los intentos de preservarlos, requieren de la utilización de varios mecanismos, que si bien permiten que persista este modelo, también provoca malestar por las contradicciones que suscita en los padres. Así, utilizan en algunos casos, la racionalización como mecanismos de defensa para enmascarar una incapacidad personal, por ejemplo: expresar los afectos, justificando la dificultad que tienen de expresarlos verbalmente, y dándole mayor complejidad a la forma no verbal de expresión, manteniendo un modo tradicional de pensar. Esto supone que se invisibilice esta incapacidad y por tanto, el que no se lo cuestione, con su correspondiente consecuencia de ausencia de cambios. Otras veces la racionalización es utilizada para asimilar aquellos elementos que atentan contra su forma de concebir y vivir la masculinidad, entre ellos el aceptar que el poder del hombre en el hogar s encuentra limitado muchas veces, mientras la mujer aumenta gradualmente su autonomía dentro del mismo. En tal sentido, se evidencia una gran contradicción entre el imaginario social-individual de estos padres y sus propias necesidades, es decir, entre el deber ser que asigna la sociedad y que influye tan decisivamente en el comportamiento de los miembros que la forman, y lo que realmente cada sujeto quiere hacer. Así, aunque sientan la necesidad o el deseo de expresar a sus hijos sus sentimientos hacia ellos, el hacerlo provoca censuras de la sociedad, lo cual trae aparejado que se repriman estos deseos personales socialmente inaceptados, y como consecuencia que actúen en correspondencia con el modelo tradicional, acorde a la ideología patriarcal. Por lo general, estos padres no se cuestionan lo que realmente quieren, el por qué actúan de una forma o de otra, o los modos para cambiar aquellos comportamientos impuestos socialmente y no deseados, pues eso supone la pérdida del valor, el poder y es status social que tradicionalmente caracterizan al hombre, además, al cuestionárselo, emergen esas necesidades personales-antes expuestas- silenciadas por la sociedad, lo cual provoca entonces el surgimiento de otra contradicción: la existente entre el pensar –sentir y actuar de los mismos. Un ejemplo de esta contradicción se da entre el deseo y/o la necesidad que sienten algunos padres de expresar los afectos a sus hijos, y lo reconfortante que le resulta hacerlo, el conocimiento que tiene acerca de los modos de expresión de los afectos, así como la importancia de expresarlo a sus hijos y la forma de comportarse al respecto, la cual obedece al modelo tradicional de concebir la paternidad, que asigna al hombre una función de sostén económico de la familia, alejado del contacto directo con los hijos, y despreocupado de su crianza y educación. Otra contradicción presente en el comportamiento de este grupo tiene que ver con la queja o denuncia que hacen estos padres, de algunos factores que atraviesan el ejercicio de su autoridad, como es el hecho de la intromisión de terceros en las normas que establecen a sus hijos/as, sin embargo, otras sesiones hablan del papel determinante que tienen otros miembros del grupo familiar en la crianza de estos, por su mayor presencia física en el hogar, lo que apunta de la existencia de un desplazamiento en las funciones del rol paterno, asumidas en su comportamiento cotidiano como algo natural. La conducta de estos padres, aunque responde más al mantenimiento de una forma tradicionalista de pensar la paternidad, tiene manifestaciones que indican el surgimiento de emergentes de cambio en la asunción de rol paterno. Así, aunque la mayor parte de los comportamientos que asumen como padres están directamente influenciado por la ideología patriarcal, los miembros de este grupo, expresan el deseo que sienten de mantener una paternidad más cercana y empática, además de realizar algunas actividades que evidencian que este modelo tradicional ya no es tan aplicable a las condiciones actuales y a las demandas que supone ser padre hoy en día. Aunque no todos lo padres de este grupo se involucran en las tareas del hogar, y algunos de los que lo hacen se lo cuestionan y/o actúan según el arquetipo tradicional, el hecho de hacerlo nos indica que estos comienzan a asumir una paternidad que responde más a un modelo de padre tradicional con emergente de cambio, aportando una ayuda complementaria y especializándose en actividades como: jugar, educar y castigar a sus hijos. Además, evidencian la necesidad de espacios para compartir las inquietudes, dudas, vivencias o conflictos que les provocan asumir el rol de padres, así como recibir orientaciones que les permitan adoptar los comportamientos más educados para lograr un desarrollo sano de las personalidades de sus hijos, de lo que se deriva la necesidad de programas interventivos que estén en función de esto. En el desarrollo de estas sesiones de trabajo, las reflexiones de los miembros del grupo se caracterizaron por su profundidad y ajuste de tema, siendo más dilatadas y abarcadoras a medida que avanzaban las sesiones. El análisis de las palabras de cierre de cada sesión y de la evaluación, nos ayudó a comprender en el nivel de satisfacción y elaboración alcanzado por el grupo, pudiéndose superar con facilidad la inhibición y timidez inicial, y con ella la distancia entre los participante. Igualmente, el movimiento de los roles dentro del grupo se caracterizó por su dinamismo, resultando para todos un tema novedoso, y demostrando la necesidad de aumentar las actividades entorno al mismo. Conclusiones * La expresión de la afectividad hacia sus hijos está matizada por la expropiación que sufre el hombre socialmente de expresar sus sentimientos, lo cual es reforzado por la educación que reciben, la que les limita a tener un mundo afectivo rico en diversidad de emociones y sensaciones. Nos encontramos ante padres que enfrentan grandes contradicciones entre el deseo y/o la necesidad de mostrar afectos hacia sus hijos, de tener una paternidad más cercana emocionalmente y la asignación que tiene socialmente el rol de padres desde lo instituido, la cual obedece al modelo tradicional de concebir la función paterna a partir de la ideología patriarcal, y que define el modo de comportarse estos. Así, al desempeñar el rol de padres, se conservan algunos ejes de la masculinidad-fuerza, tener poder, ser controlador, no expresar lo sentimientos-que influyen decisivamente en estos. Es decir, que el ser padres supone mantener las asignaciones de la masculinidad que impone el modelo tradicional, sin embargo, la paternidad no define la paternidad del hombre, no se inscribe dentro de la psicología masculina como vía de realización, plenitud y trascendencia, por lo que se privilegia este rol en la asunción de la paternidad. * En relación con el ejercicio de la autoridad familiar, nos encontramos con padres que no tienen conocimiento acerca de las particularidades específica de sus hijos, de los modos más adecuados de ejercer la autoridad, y que además, se sienten asustados por la posibilidad de perder el poder que tradicionalmente a sido asignando a los hombre; por lo cual el ejercicio de la autoridad ocurre en correspondencia al modelo tradicionalista de pensar la paternidad, trasmitiendo a sus hijos una forma de comportarse coherente al hombre y a la mujer asignada socialmente. Además, este temor los conlleva a ser más exigentes a la hora de ejercer la autoridad, lo que no en pocas ocasiones se traduce en el uso del autoritarismo como método educativo más frecuente utilizado por ellos. A su vez, estos padres emplean la racionalización como mecanismo defensivo para mantener y cuidar su poder. Aparecen en sus exposiciones ideas que señalan el empleo de conductas dañinas para su educación, como los dobles mensajes, el chantaje o la manipulación emocional, que no pocas veces les generan sentimientos de culpa. * En cuanto al desempeño de su rol funcional, estos padres conocen la necesidad de educar a sus hijos con su ejemplo personal, la valoran como importante, sin embargo, a la hora de poner en practica este conocimiento, no resulta tal como se valora, sino que el comportamiento asumido en la mayoría de los casos responde mas a lo asignado o esperado, al deber ser que impone la sociedad, que al deseo o a los beneficios de los hijos /as. De igual forma, la realización de tareas domesticas por parte de estos padres, ocurre acorde al arquetipo tradicional, realizando él tares “propias de hombres”, y ella tradicionalmente femenina. Utilizan la racionalización para justificar la l incapacidad que tienen para educar a los hijos a través de la comunicación verbal, realizando la educación a través de la indicación a la madre u otro familiar de como debe ser llevado a cabo, lo que apunta a un desplazamiento de su rol, por no tener conciencia plena de la responsabilidad personal que le corresponde en la crianza de ellos /as. Estos padres, además, dedican tiempo esporádicamente al contacto físico con sus hijos, lo cual reafirma la idea de que la paternidad no define la identidad masculina, y a su vez, se sienten desligado de la realización de las tareas del hogar, e incluso de las funciones de la crianza y educación de sus hijos. De manera general, debemos destacar que en la muestra estudiada se encontraron emergentes de cambios en la forma de asumir la paternidad, como resultan el propio hacho de sentir el deseo de mantener una relación más estrecha con sus hijos, el haber reflexionado y participado en las discusiones con espontaneidad, e igualmente, el reconocer la importancia de la educación paterna para los hijos, así como la necesidad de brindarles un modelo educado con el cual puede identificarse, y les sirva de guía para lograr una correcta inserción en la sociedad. Por otra parte, este grupo de padres manifestó la necesidad de espacios en los cuales pudieran encontrarle solución a las dudas y contradicciones que surgen a la hora de asumir el rol paterno, así como la comprensión de sus ansiedades como padres, de lo que se deriva la necesidad de crear programas de intervención en tal sentido. Por último, queremos destacar que aunque el propósito del grupo de discusión no es precisamente modificar conductas o puntos de vista, el intercambio que en él se da, les permite aprender a los participantes, que existen diferentes formas de vivenciar la asunción del rol de padres, y que no hay quien tenga una receta par su adecuado cumplimiento, canalizar los malestares que han ido acumulando por la imposibilidad de comunicarlos, identificando sus propios problemas en los de los demás y encontrando soluciones en las propuestas de solución de otros. Este grupo evidenció además, la necesidad de implementar estrategias de intervención que estén dirigidas a una orientación más clara y precisa de los modos más adecuados de asumir la paternidad, ya sea con estos u otros indicadores asociados al desempeño del rol. Bibliografía 1. Álvarez Valdivia, Ibis: Material de Estudio. Curso ”Investigación Científica”. Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas. Departamento de Psicología. 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