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Realidad e identidad en la vida real de Miguel Barnet

Resumen: La vida real (1986) es un libro que aborda la vida y los avatares de un emigrante cubano en Estados Unidos, específicamente en Nueva York. El tema la incluye y tiene que ver con nuestra propia identidad. En una entrevista a Miguel Barnet, se le preguntó si seguía el mismo patrón etnográfico de otras novelas testimoniales para revelar las costumbres y modos de vida de un cubano en el exilio y si consideraba este testimonio parte integrante de la identidad cubana. El novelista explicó:
M. B. —La vida real sigue el mismo patrón en lo histórico para definir costumbres y modos de vida de un exiliado cubano en Nueva York...

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Autor: Hidelisa Velázquez Pratts
Los que hemos visto a los emigrantes cubanos en tierras extranjeras, nos enfrentamos a la dura circunstancia de conocer las penurias, las dificultades, las nostalgias de los que se han ido de Cuba; también comprobamos esa triste verdad encerrada en la expresión martiana retomada por Miguel Barnet en la introducción de su novela: “No hay casa en tierra ajena”.

Comenta el autor de La vida real que hasta el momento en que la escribió, no había conocido una obra que mostrara esos sentimientos del emigrado cubano en tierras del norte. Por el tema, ya esta novela testimonio se agradece. Significa revivir situaciones, sufrir nuevamente, solidarizarse con los emigrados cubanos y no cubanos, llevar para siempre en el corazón tantas vivencias que son comunes a todos los que se encuentran en tierra extranjera. Para los que no han tenido estas experiencias, aquí pueden conocer un poco ese mundo tan bien descrito y narrado por Barnet.

La vida real (1986) es un libro que aborda la vida y los avatares de un emigrante cubano en Estados Unidos, específicamente en Nueva York. El tema la incluye y tiene que ver con nuestra propia identidad. En una entrevista a Miguel Barnet, se le preguntó si seguía el mismo patrón etnográfico de otras novelas testimoniales para revelar las costumbres y modos de vida de un cubano en el exilio y si consideraba este testimonio parte integrante de la identidad cubana. El novelista explicó:
M. B. —La vida real sigue el mismo patrón en lo histórico para definir costumbres y modos de vida de un exiliado cubano en Nueva York. La vida cubana, la cultura, no puede prescindir de la influencia norteamericana, como no puede prescindir de la española, la africana y la asiática. Por esa razón considero esta obra como parte integrante de la identidad nacional. (Cañete, 2004).

Nunca podré olvidar la primera vez que vi a un latinoamericano en un metro de Madrid: después de cantar acompañándose de un acordeón, pasó por los asientos con la gorra en función de alcancía para tomar las “ofrendas” que quisieran darle. A ella se suman otras diversas en cualquier lugar. Situaciones similares golpean a un cubano de la segunda mitad del siglo XX, no acostumbrado a ellas.

Muchos emigrantes –ya sea en los Estados Unidos, en Europa, en todas partes- pueden ser autores de estas amargas palabras dichas por Julián Mesa, personaje central de La vida real: “Para mí hablar de Cuba es como hablar de una persona. En realidad yo nunca he salido de allá verdaderamente”.

Se pueden ver cubanos en tierra extraña en mejor o peor situación económica, pero la nostalgia está presente siempre o casi siempre. Diversas reacciones y acciones no son más que expresión de un mismo mensaje: los que se desvelan por enviar de todo y si pudieran, mandarían hasta los edificios y lugares favoritos; los que llaman constantemente y se les va el dinero de su apretada bolsa en teléfonos e Internet; los que toman fotos, dedicadas antes de ser postales; los que nunca dicen nada porque les duele más si lo hicieran. La lista de opciones sería interminable y si no alerto la pluma, no podría hablar nada más de lo propuesto.

¿Pero qué tiene esta novela testimonio que ata, hace volver a ella, nos convierte en seguidores del escritor buscando la nueva obra que edita, que la sentimos tan viva, tan real, tan útil, tan dolorosa…? Contenido y forma han hallado aquí un sello de excelencia.

¿Por qué, si este hombre –Julián Mesa, personaje central de la novela- se fue en la década del 50, habla como un cubano que ya vive el siglo XXI en Cuba?
¿Por qué constantemente rememora hechos comunes, históricos, incluso familiares, como si se hubiera ido la semana anterior?
¿Por qué, si fue a encontrar un modo de vida superior, soñado, dice que desea estar en Cuba?
¿Por qué siente que la lengua española lo hace sentirse en Cuba?
¿Por qué si vive en un país inmenso, cuya lengua es universal –los más jóvenes creen que es superior al español, su lengua materna- mantiene la lengua española para las múltiples situaciones cotidianas (y los hispanos hasta hacen que se imponga como lengua oficial en algunas zonas convirtiendo estas en bilingües?

Muchas preguntas se pretenden contestar aquí; algunas de ellas se responden por boca del mismo personaje - narrador de la obra. Otras son un llamado de atención para que el lector analice, opine, valore. Al resto, trataremos de darle respuesta, porque ellas son el móvil para el presente análisis.

El autor, quien se ha dedicado en novelas anteriores a recorrer imaginariamente el pasado, esta vez nos presenta un hombre en una sociedad cercana geográfica y temporalmente. Pertenece a nuestra época, es parte de nuestra historia y se sigue sintiendo nuestro y de los nuestros aun cuando trasladó su mundo a uno que no tenía que ver con él. Por eso se siente cerca del lector y se sufre con él, porque además, es síntesis y expresión de cualquier emigrante, de cualquier latinoamericano, de cualquier hispano que lucha contra un mundo adverso a su historia como ser humano, a su cultura, a su lengua.

Barnet mismo lo ha dicho: no grabó en cinta magnetofónica, no copió frases: ha recreado situaciones y personajes. Ello permite que capte lo esencial y común 
haciendo de situaciones y personajes algo universal movible: cada lector puede trasladar situaciones a personas cercanas, conocidas; solo tiene que cambiar los nombres y lugares para verlo como hecho individual en un amigo, un primo, en él mismo en el caso de que sea un emigrado.

Además de la temática, otro rasgo que sustenta la gran vitalidad de esta obra es el lenguaje adecuadamente utilizado, bien contextualizado y representativo de una realidad lingüística de los emigrantes cubanos en los Estados Unidos. Su español, por un lado, refleja el empleado en Cuba –a veces en una etapa anterior, generalmente de la etapa vivida en la tierra patria- y por otro, se ha mezclado con el inglés en el caso del emigrado cubano en Estados Unidos. Algunos de los emigrados cubanos o hispanos en general, usan un spanglish casi incomprensible para otros hispanohablantes o anglohablantes.

Ahora bien, no se puede obviar que el primer material de construcción de una obra literaria es el lenguaje. Es su medio idóneo para la expresión de significados lingüísticos, e incluso, paralingüísticos. Tampoco se puede olvidar que el autor de esta novela es de los que creen que “el lenguaje en una obra literaria marca el carácter de la obra, define la entonación y lo dice todo”. Asegura Barnet: “Yo creo que la lengua es la Patria”. (Cañete, Ibíd.)

Más de veinte millones de personas -10% de la población- habla español en Estados Unidos y hay que considerar que, más o menos la mitad de ellos nacieron en aquel país. (Beardsley, 1979-1980:15).

Es sorprendente que frente a una lengua universal como el inglés, en un país, cuya población la componen hablantes de todas las regiones del mundo, ninguno de los idiomas de estos inmigrantes tenga o alcance una posición como la del español, al extremo de que se ha suscitado el tema, controvertido, del posible bilingüismo en los Estados Unidos.

Cuba aporta a esta problemática lingüístico-cultural estadounidense una de las comunidades hispanohablantes más numerosa, fundamentalmente en La Florida (Miami, Cayo Hueso y Tampa), New York, New Jersey y California.

Julián Mesa se fue del oriente de Cuba a La Habana buscando mejorías económicas; con este objetivo se fue de La Habana a Estados Unidos. Llegó a este país el 28 de diciembre de 1951. Es una época cuando las informaciones de los censos señalan que los emigrantes cubanos no sobrepasaban las treinta mil personas. En 1962 la cifra se elevó a 200 mil y cada vez se ha ido incrementando.

Señala Betanzos (1991: 14) que “todos los pueblos que conquistan procuran imponer su lengua; pero en el caso que nos ocupamos, la imposición de la lengua del que conquista al conquistado no ha sido posible. Razones: La fuerza y la universalidad de la lengua que se intenta suplantar”.

Tal importancia ha tenido la inmigración de hablantes del español en Estados Unidos que ya en la década de 1980, este país ocupaba el cuarto lugar por cantidad de hispanohablantes (solo superado por México, España y Argentina). Este incremento que cada vez aumenta hay que verlo relacionado con hechos políticos, económicos, demográficos, históricos e inmigratorios.

Si bien no podemos hablar de un “español estadounidense” (Valdés Bernal y Gregori Torada, 1997:13) sin embargo, sí existen modalidades hispánicas diseminadas a lo largo y ancho de los 44 estados de la Unión (sin contar entre ellos a Alaska, las islas Hawai y el estado asociado de Puerto Rico). Claramente, no se puede hablar de unidad e identidad nacional donde el español no es lengua oficial de toda la comunidad y sí lo es una lengua internacional como el inglés; esta última es la que funciona para todos independientemente de su origen cultural o geográfico y es, por tanto, la que cubre todas las necesidades comunicativas y las funciones de supervivencia. Hablar inglés implica una posibilidad de empleo, mejorías en el mismo y hasta un mayor ingreso económico.

El aspecto económico reflejado anteriormente, puede ser determinante o decisivo en el destino de las lenguas. En este caso, el español queda supeditado al inglés; aquel se relega entonces a situaciones familiares o a determinadas esferas de la vida de la comunidad hispanohablante.

Aunque es normal que el español influya sobre el inglés de Estados Unidos, asimismo en el español hablado en este país también son continuas las intromisiones de estructuras del inglés. Se han de ver muchas escenas como la que encontramos en la novela analizada: “Allí cogimos un taxi y fuimos a un boarding house de cubanos en Ibor City, donde había estado Martí. Era todavía un barrio podrido de cubanos” (p. 218-219) Casa de huéspedes es sustituido por su forma inglesa. Así se puede observar en: “Union Square es un lugar histórico, lleno de hawkers” (p. 322). Es decir, de vendedores ambulantes o pregoneros.

De aquí se deriva la característica esencial del español que se habla en Estados Unidos: la mezcla de estructuras de ambos sistemas que pueden afectar desde el nivel fonológico y el plano fonético hasta las estructuras sintácticas y textuales.

Las necesidades cotidianas obligan al uso del inglés, pero también se 
presentan complejos de inferioridad y afán de igualarse a los elementos nacionales o anglohablantes. Para ilustrar con la novela, léase esta cita: “Hay quien se enorgullece de ser ciudadano americano habiendo nacido en América Latina y teniendo sus raíces allí. Los conozco chapurreando el inglés, queriendo hacerse pasar por gringos. Son unos vende patrias…” (p. 213).

En contraste de ese tipo de hablante, aparece un Julián Mesa que afirma:

“[…] cuando me preguntan:
- Cuban – American?
- Yo digo:
- - No, only Cuban.

Por eso me he fajado con algunos pendejos. […] Por eso yo vivo orgulloso de ser cubano y de tener mis raíces allá”. (p. 218)

El hombre, el emigrado ha de ser cubano o americano. Es natural que Julián no acepte esa mezcla como modo de identificarse con un grupo. Él es cubano.

Los cubanos fueron incorporando palabras del inglés –primero aisladas- a su discurso. En los hablantes que tienen un alto nivel de lengua las interferencias tardan en aparecer. Algunos han afirmado que “después de los 25 años el habla de los cubanos conserva las mismas características que el español de Cuba y de otros países hispanoamericanos. (Varela, 1984).

La necesidad, sin embargo, se impone. En una sociedad, un individuo significa poco. Llega el momento en que tiene que asimilar su nuevo status. Además, las actitudes frente a la lengua española va cambiando según la edad de los hablantes y el tiempo que llevan viviendo entre anglohablantes.

Ya existen varias generaciones de hispanohablantes en los Estados Unidos. Algunos nacieron antes de llegar, otros nacieron allí. En estas últimas tiene mayor éxito e influencia el inglés: el español es la lengua de una minoría, aunque numerosa; muchos universitarios consideran que el inglés es superior al español por ser más universal, por ser la lengua de la tecnología y del comercio, del poder y de la influencia. (Valdés Bernal y Gregori Torada, 1997).

En 1973, en virtud de la alta inmigración de hispanohablantes, se fundó la Academia Norteamericana de la Lengua Española en Estados Unidos. Esta ha intentado analizar las variedades del español en el país. Para tal fin, la Academia se ha visto en la necesidad de clasificarlo en cuatro zonas que, si bien estas no representan totalmente la realidad lingüística del español, “al menos es un intento loable por la sistematización de los estudios regionales sobre el español en este inmenso país” (Betanzos: 1985.1986: 130).

1. Noroeste, con predominio de hablantes mexicanos. 
2. La Florida, con predominio de cubanos desde tiempos de la colonia y engrosada su población por migraciones posteriores durante todo el siglo XX. 
3. Este: aquí hay predominio de puertorriqueños, dominicanos y cubanos, aunque están representados todos los pueblos hispanoamericanos. 
4. Chicago: con predominio de mexicanos y puertorriqueños. 

Llama la atención cómo en La Florida y California predomina la modalidad de habla cubana occidental, que tiene como foco irradiador a La Habana, sobre la central –con Santa Clara y Camagüey- y la oriental –con Santiago como normativa. Cuando se habla con hispanohablantes cubanos de origen oriental que viven actualmente en La Florida asombra cómo ha asimilado esa modalidad lingüística del occidente cubano, a pesar de nunca haber vivido en La Habana.

Mucha mayor influencia ha de tener en aquellos que –no siendo oriundos de La Habana - vivieron un tiempo en la capital cubana antes de emigrar del país. Si esto se convierte en regla general en los demás emigrantes procedentes de los distintos países hispanoamericanos, se puede entender que sobre la base del peso demográfico micro regional, puede establecerse una norma de comunicación; aun cuando no se pueda reconocer “un español estadounidense”.

Toda esta gama de normas, esa riqueza discursiva y la sobresaliente heterogeneidad lingüística en relación con el español hablado en los Estados Unidos, se manifiesta en La vida Real. Por ello, en cuanto al aspecto lingüístico, el título de la novela se corresponde perfecta y satisfactoriamente con la realidad de la vida de los emigrantes hispanos.

Existen valoraciones lingüísticas en el mismo personaje central que refleja los aspectos tratados. En uno de sus momentos, Julián Mesa opina: “me llamó la atención [en New York] ver cómo en un grupo de gentes cualquiera había alguien que hablaba español” (p. 223).

Incluso de esta misma ciudad de New York –que no es la de mayor población hispana- nos dice el personaje: “No conozco otras ciudades, pero difícilmente se encuentra una donde haya tanta mezcla de razas como esta. Por eso le dicen la Torre de Babel”.

En medio de esa heterogeneidad, el cubano reconoce a otro cubano dentro de otros muchos hispanohablantes. Creo que este asunto de la identidad ofrece lazos tan fuertes a los hispanos en los Estados Unidos que detiene el proceso 
de formación de una norma ideal única que pueda denominarse “español estadounidense”. Como dice Julián Mesa –personaje y narrador de su historia- “a pesar de la mezcolanza, el idioma y la forma de vestir delatan al cubano dondequiera que esté. El cubano es más abierto, más conversador y más alardoso”. (p. 224).

El mismo personaje contrapone al latino y al americano:
[…] el latino es muy curioso y se mete en los Shopping Centres grandes para ver, para pasar el rato, para echarse perfume del probador o para coger una tela en alto y gritar:
- ¡Fulanito, mira qué color más bonito!

Y ese escándalo aquí no gusta, no entra en el juego. Los americanos son secos y van al grano. Nosotros, los hispanos, le damos muchas vueltas a las cosas, armamos un revolú donde quiera. El boricua inventó la rivalidad […] y el cubano inventó la guapería […] antes a un cubano se le reconocía a mil leguas por fanfarrón. Ya hoy la educación ha mejorado. De todos modos, siempre nos destacamos. […] (p. 253-254).

Aquí se hace referencia a la elevación del nivel educacional. Esta novela es de 1986, pero ya en 1985 se había realizado un censo en el Condado de Dade o Gran Miami que arrojaba altos niveles educacionales de los cubanos. Se reportaba, por ejemplo, que el 51% de los mayores de 25 años poseía 4 años de enseñanza preuniversitaria y alrededor del 15% eran graduados universitarios. Muchos de los emigrados cubanos llegaron a aquel inmenso país después de aprovechar las altas posibilidades de educación en Cuba.

En este Condado vive más de la mitad (52%) de los emigrados cubanos. Constituye el 77% de la población de este Condado, seguidos por los de Puerto Rico, Nicaragua y Colombia. Después de 1970 los emigrados cubanos tenían enseñanza primaria terminada, alrededor de 50% tenía enseñanza media y 12% habían terminado los estudios universitarios. (V: Bernal y Gregori T., 1997).

Julián Mesa no es un hombre culto. Por su origen campesino y pobre no pudo estudiar. Salió de los campos de Cuba para tratar de buscar mejor vida en La Habana. Aquí pasó trabajo para lograr el sustento precisamente porque tenía un nivel cultural ínfimo y poco tiempo después emigró a los Estados Unidos. Después de deambular un poco por otras ciudades, se estableció en New York. Fue conociendo a individuos con situaciones similares desde el punto de vista económico y cultural. Aprendió de la calle, de algunos socios, de mujeres que vivieron con él y de los golpes recibidos en Cuba primero y luego en el nuevo país que lo acogió; también aprendió de la soledad, como dice él mismo: “La 
vida del emigrado es lo más solitario del mundo”

Un pueblo unido a Cuba histórica y lingüísticamente ha sido siempre Puerto Rico. Cuando se acercan un cubano y un puertorriqueño no sienten las diferencias que sí se aprecian entre ellos y los de Suramérica, de Centroamérica o América del Norte. Este hecho aparece reflejado en La vida real: “Celia caminó todo New York con alcancías para recoger chavos para la Sierra. Como ella, muchas otras boricuas. Y eso es necesario decirlo. Cuando en los posters [carteles] ponen: «Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas», no lo hacen por gusto. Es porque de verdad somos pueblos con historias muy parecidas y unidos en este país”.

Uno de los personajes que rodean a Julián puede caracterizarse como hablante de nivel bajo cuando dice:
- Lambe eso para que se te quite el hambre. (p. 280)
- […] Margarito, un negro reportero que aseguraba haberse acostado con una mujer mitad peje de la cintura para abajo. (p. 176).

Aunque todos los cambios fonéticos, morfológicos léxicos no repercuten en el sistema general del español o del inglés, se pueden apreciar variaciones de palabras inglesas adaptadas a la estructura española entre hablantes hispanos.

Vg. Mi sueño era con una casa propia, un carro y tres o cuatro fluses. (p.204)

[…] me fui metiendo en los delis y las peleterías… (p.222) [delis: proviene de delicatessen (donde se venden víveres listos para comer, ya procesados)]

Fufú: What is fufu?

“El junkero profesional viaja mucho. Es quien trae la mercancía gruesa del campo”. (p. 313)

“La calle está llena de joloperos […] el jolope es el asalto a mano armada. Viene del inglés hola-up, pero es una palabra bastante común. Aquí la gente la dice siempre. Bognano ha sido uno de los joloperos más famosos del Manhattan”.

Como se puede observar en los textos anteriores, los hispanos han incorporado palabras y frases en inglés a su discurso. Otras veces, mezclan estructuras de ambas lenguas en una misma palabra –ya partiendo del español o del inglés.


El lenguaje popular toma expresión en las unidades léxicas de uso muy frecuente en las normas hispanas, cubana o americana y en los fraseologismos 
y estos son numerosos en la novela de Miguel Barnet. Algunos expresan la cubanía del personaje central; otros, la presencia de las distintas comunidades hispanas establecidas en los Estados Unidos. Para ilustrarlo, se han seleccionado solo algunos ejemplos porque son abundantes en la obra.

Formas léxicas simples y fraseológicas auténticamente españolas: amainó, desguazada, cochiquera, desgañitarse (con significado de esforzarse violentamente gritando o voceando), trajinar, pintiparado, lumpen, empacho, cerrero (guajiro cerrero) chulos (rufián), pollonas (muchachas jóvenes) y fraseológicas: venir con cuento chino (embuste), de esta agua no beberé, levantar cabeza (prosperar), vivir en las nubes (estar distraído), ser el acabose, de un tirón, irse a pique (hundirse, fracasar), cortada por la misma tijera, harina de otro costal.

Como todas estas unidades aparecen registradas en el diccionario –para lo que hemos utilizado el de RAE, 2001-, no consideramos necesario añadir todos los significados, en especial las unidades con significados denotativos. Para las de otras normas más específicas como las de determinados países hispanoamericanos y Cuba en particular, sí se expresan sus sentidos. La razón básica es que muchas de ellas no aparecen registradas o en algunos casos aparece la forma, pero no el nuevo sentido que se actualiza en la obra analizada de Barnet. Incluso, a veces se trata de formas de determinadas regiones de un país.

Unidades léxicas simples, de uso frecuente y popular:

Unidad                                  Significación

Pega             Bol., Col., Cub., Echad., Perú) ´ trabajo, empleo ´

Timbiriche          Cuba tendejón // quiosco al aire libre.
´
Revolico             Cub. Revuelo (turbación, o agitación) ´ ´ 

Salación      Cuba y Méx. Coloq. Calamidad (//desgracia) Fernando Ortiz explica 

                      El origen y evolución de este vocablo junto a los de salado,
Revigido ´           muy pequeño y delgado ´ La RAE no lo registra ni otros 
                                Diccionarios utilizados para esta búsqueda.

Cochiquera ´         antro, porqueriza ´ En Cuba se transpola este a situaciones

                              Humanas de poca limpieza física o moral.
Resolana          2. Cuba y Méx. ´ solana, resol ´ 3. Méx. Resistero (//calor).

Ensopado       Cuba, Méx. Y Ven. Acción y efecto de ensoparse (//empaparse) 

Empacho                              ´  ´

Guajiro cerrero               ´ montaraz, poco civilizado´

Bayuses <          bayú Cuba: Casa, sitio o reunión indecente u obscena, ´ prostíbulo ´

Expresiones fraseológicas frecuentes en el español:

Pedir agua por señas ´ estar en una situación difícil ´

Correrla en grande ´ por todo lo alto ̀

Doblar el lomo ´ trabajar mucho, con intensidad ´

Trabajando como un mulo ´ ídem ´

Le salió el tiro por la culata ´ le salió mal, no se cumplió el objetivo ´

Andaba con una mano alante y la otra atrás ´ sin dinero ´

De la época de Ñañá Seré ´ época muy remota ´

Pasaba más trabajo que un forro de catre ´ pasaba situaciones muy difíciles ´

No quedó títere con cabeza ´ no quedó nadie ´

Harina de otro costal ´ es otro el asunto ´

Echada para adelante ´ soberbia, arrogante, insolente´

Echando un pie ´ bailar ´

Tener musarañas en la cabeza ´ pensar cosas sin importancia, estar distraído ´

Al garete ´ sin control, sin rumbo fijo´

Decía de un tirón ´ decir de repente, sin pensarlo ´

Dar en el clavo ´ acertar ´

Como puede verse, aunque se tomaron las unidades léxicas simples y las complejas (fraseologismos) al azar, predominan las que constituyen 
cubanismos o son usadas en algunos países hispanoamericanos (Venezuela, México, Ecuador, Bolivia, Colombia, Perú). Creo que esto obedece a dos razones fundamentales: el personaje que narra la historia es cubano por un lado; por otro, es representativo de una clase baja y un nivel de escolaridad también bajo. Esta última razón determina que el lenguaje es predominantemente popular, coloquial. Aquí se refleja que la lengua se aprende a través de la norma y esta marca al hablante social y geográficamente. Sin dudas, Barnet no obvió este principio.

Los elementos valorados anteriormente contribuyen al alto realismo que desde el punto de vista lingüístico alcanza La vida real.

Bibliografia:
1.- Alcántara, V. (1993): Los medios de comunicación social en español en los Estados Unidos. En Presente y futuro des español en los Estados Unidos. POCMM, Santiago de los Caballeros, p.p. 169-181.
2.- Álvarez, O. (1976) Estudio demográfico, social y económico de la comunidad latina del Condado de Dade [s. n.], Miami.
3.-Betanzos Palacios, O. (1985-1986): “Situación y destino del español en Estados Unidos de América”. En Boletín de la Academia Norteamericana de la lengua Española, New York (6-7): 129-131.
4.- --------------------------- (1991): Situación y destino del español en Estados Unidos de América. En Presencia y destino del español de América hacia el siglo XXI. Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, p.p. 11.40.
5.- Barnet, Miguel (1986) : La vida real. La Habana, Editorial
6.- Beardsley, T. S. (1979-1980): “El español en La Florida; 1980”, Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, Nueva Cork, (4-5): 21-23.
7.- Cañete, Carmen (2004): Entrevista con Miguel BArnet. Número 696. Diciembre 04. Insula. Entrevista con Miguel Barnet. Xxx.insula.es/Articulos/INSULA 696.htm – 23k -
8.- Castellanos, Isabel (1980) “Actitudes sociolingüísticas hacia el español del Caribe”. Lenguaje, Cali, (11): 73-91.
9.- Chang Rodríguez, E. (1979.1980): El español en el nordeste de los Estados Unidos. Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, New Cork, (4-5): 24-27.
10.- Cuadernos Cervantes de la Lengua Española: Madrid (1995), no. 2, p.p. 74-75, mayo.
11.- López Morales, Humberto : El español en La Florida: los cubanos de Miami http://cvc.cervantes.es/obref/anuario/anuario_00/morales/> 
12.- Rodríguez Chávez, E. (1992): El patrón migratorio cubano: cambio y continuidad. Cuadernos de Nuestra América, La Habana, 9 (18): 77-95.
13.- Valdés Bernal, Sergio y Nuria Gregori Torada (1997). La lengua española en los Estados Unidos. La Habana, Editorial Academia.
14.- Varela Cuéllar, B. (1988) “El español en los Estados Unidos”. En Actas del I Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española. Arco – Libos, Madrid, t. 2, pp. 1575-1579.
15.- --------------------- (1984): “25 años de habla cubano-americana en Miami”. En Actas del VII Congreso de ALFAL. Santo Domingo, t. 1, pp. 639-645.
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