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Julio Antonio Mella, educador social

Resumen: Julio Antonio Mella (1903- 1929) fue líder indiscutible del movimiento revolucionario cubano en la década del 20 del pasado siglo. Su multifacética personalidad ha sido objeto de análisis y valoración por diversos autores, que han destacado la significación de su obra como dirigente político de proyección nacional y continental. ..
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Autor: M. Sc. Edmundo de Jesús de la Torre Blanco.
Introducción

Julio Antonio Mella (1903- 1929) fue líder indiscutible del movimiento revolucionario cubano en la década del 20 del pasado siglo. Su multifacética personalidad ha sido objeto de análisis y valoración por diversos autores, que han destacado la significación de su obra como dirigente político de proyección nacional y continental.

Especial significación tienen los criterios expresados por sus contemporáneos, entre los que sobresalen nombres como los de Rubén Martínez Villena, Pablo de la Torriente Brau, Raúl Roa, Emilio Roig de Leuchsenring, Juan Marinello Vidaurreta, Alfonso Bernal del Riesgo, Tina Modotti y otros que conocieron “en vivo” de su incansable quehacer.

De gran importancia son también las obras de carácter biográfico escritas por Erasmo Dumpierre, Olga Cabrera y, más recientemente, por Adys Cupull y Froilán González, autores de títulos como “Hasta que llegue el tiempo” (1999), “Julio Antonio Mella y Tina Modotti. Contra el fascismo” (2005) y “Julio Antonio Mella, en medio del fuego: Un asesinato en México” (2006), que aportan información valiosa y útil para profundizar en el estudio de tan recia personalidad. De igual modo, las obras “Julio Antonio Mella. Una biografía” de la profesora e investigadora alemana Christine Hatzky, y “Buscándote Julio”, de la periodista Alina Perera Robbio, ambas publicadas en el año 2008.

Igualmente importantes son las compilaciones como Mella. Documentos y artículos, publicada por el Instituto de Historia del Movimiento Comunista y la Revolución Socialista de Cuba en 1975 y la obra “Mella 100 Años”, publicada en el año 2003 . Esta última, realizada bajo la dirección de la Dra. Ana Cairo, ensayista y profesora de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, constituye la más completa recopilación de trabajos sobre Mella que se ha realizado hasta hoy. Tales trabajos, presentados en orden cronológico, incluyen textos del propio Mella o resultantes de su actividad, y otros que permiten apreciar diferentes lecturas de su vida y obra a través del tiempo, sustentadas en criterios sólidos sobre distintas facetas de aquel “Apolo revolucionario”, protagonista hermoso de los combates por un futuro mejor.

Sin embargo, no ha sido suficientemente investigada la dimensión de Mella como una de las personalidades que, sin haber tenido una formación específicamente pedagógica, han ejercido una enorme influencia en la formación de la conciencia social del pueblo cubano. Esa influencia está asociada a la ejemplaridad de su conducta, a sus excelentes dotes como comunicador y a otras cualidades que lo distinguieron como dirigente revolucionario. De ahí que pueda ser considerado un movilizador educativo del pueblo, un educador social.

Revelar esa dimensión de la personalidad de Mella y, a través de ella, su contribución al desarrollo de la educación cubana, constituye el objetivo fundamental del presente trabajo, relacionado con el tema de doctorado del autor.

Desarrollo

En el quehacer de Mella como educador social se destaca en primer lugar su intensa actividad movilizativa, dirigida a concientizar, preparar y organizar a las masas para la continuidad de la lucha de liberación nacional en las condiciones de la dominación neocolonial del imperialismo norteamericano, preámbulo indispensable de la liberación social. Fue rápida su comprensión de la necesidad de una profunda transformación de la realidad económica, social y política del país y, en consecuencia, de la importancia que tenía la unidad del movimiento estudiantil con el movimiento obrero y con los trabajadores en general, con la intelectualidad progresista y otros sectores sociales interesados en esa transformación.

La influencia educativa de Mella como dirigente revolucionario se realizó desde las diferentes organizaciones e instituciones de las que fue creador o destacado participante: Grupo Renovación, FEU, Liga Anticlerical, Confederación de Estudiantes de Cuba, Sección cubana de la Liga Antiimperialista, primer Partido Comunista de Cuba, ANERC y otras (incluyendo las relacionadas con su estancia en México)

No menos importante fue la utilización de folletos, revistas y órganos de prensa de la época para exponer y difundir las ideas que consideraba necesarias para movilizar a las masas, educándolas: Alma Mater, Juventud, Lucha de Clases, Cuba Libre para los Trabajadores, Tren Blindado, El Machete y otros (incluyendo, cuando fue posible, órganos de la prensa burguesa como El Heraldo y la revista Carteles)

De igual modo, su intervención directa en mítines, actos de protesta y otras actividades públicas, en las que con palabra fluida y sincera brillaba por su claridad profunda y orientadora. Así como su habitual intercambio de ideas con interlocutores diversos (estudiantes, obreros, intelectuales y otros)

Los contemporáneos de Mella resaltaron sus virtudes como dirigente político y, dentro de estas, su capacidad par comunicar, educar, captar voluntades y movilizar. Así, por ejemplo. Loló de la Torriente refirió que “…charlaba y andaba de un lado para otro, con aquellas pisadas fuertes, dejando oír aquella su voz meridional y vibrante, que era inconfundible. Más que pronunciar las palabras, parecía como que las escupía, preguntando, oyendo, asimilando todo género de conocimiento, y ganándose la voluntad y hasta la simpatía de los que le eran adversos en procedimiento e ideas, porque al cabo Mella tenía aquello que llaman “ángel”, madera de líder …” (1: 268)

Y añadía:

“… su palabra elocuente, su gesto viril, su figura apuesta, y sobre todo, la fuerza con que forjaba el hierro vivo y ardiente, los dejaba a todos atónitos. Sus razonamientos, en lo íntimo, los ganaba a todos, que sentían gravitar en el ambiente aquella cosa terrible y grandiosa que se llama una revolución.”

“… en los sindicatos, en las redacciones de los periódicos, en los cafés, Mella ponía el color y el sabor, porque dejaban de ser lugares donde se charla, se escribe o se bebe, para convertirse en escuelas.” (2: 269)

Ilustrativas y valiosas son también las opiniones expresadas por su camarada y amigo, Alfonso Bernal del Riesgo, reflejadas en las ideas siguientes:

“Prefería argumentar a emocionar, aunque emocionaba sin proponérselo, por virtud de su sinceridad casi tangible y de eso que llaman efecto carismático, sustancia sutil del liderismo auténtico” (3: 249)

“Mella produjo discursos, folletos y revistas; actos de fundación y de protesta; organizó, publicó y gestionó… en condiciones muy adversas.” (4: 251)

Pero al abordar la labor de Mella como educador social no pueden obviarse sus ideas y quehacer en el campo de la educación, sus preocupaciones por el desarrollo de esta, atendiendo a su masividad y calidad.

Se destacan especialmente en este campo sus proyecciones en torno al contenido y significado del movimiento estudiantil por la Reforma Universitaria, que él encabezó. A este aspecto se asocia, en primer lugar, una profunda crítica a la situación que existía en la Universidad, incluyendo la del profesorado que entonces laboraba en la casa de altos estudios.

Reflejo de esa crítica es la entrevista concedida el 23 de noviembre de 1924 a Arturo A. Roselló, de la revista Carteles, en la que afirmó

“La realidad de nuestra situación comprende una lucha entre dos tendencias: la nuestra, la creadora, activa, ansiosa de fórmulas nuevas, reclamando procedimientos modernos, atención a las doctrinas y a las ideas contemporáneas, y la de un profesorado caduco, integrado por viejos fósiles, conmovedoramente ineptos, incapaces de quebrantar la venerable rutina” (5: 38- 39)

En la propia entrevista expresó ideas tales como:

“Toda Universidad moderna tiende a un fin justo y alto de ennoblecedora belleza: hacer avanzar las ciencias. En nuestra Universidad no existe eso. El estudiante va allí, no a formar su organismo espiritual, ni a nutrirse de savia profunda, sino a cometer el acto material de conquistar un título” (6:39)

“La tecnología es hoy, universalmente, un estudio fundamental y serio. En Cuba virtualmente, la electricidad tiene aplicaciones trascendentales especialmente en los ingenios. Sin embargo, en (ellos) todo el personal técnico es extranjero. (…) Esto tiene, en pura lógica, una explicación clara: en los últimos tres años no ha salido de nuestra Universidad ¡ni un solo ingeniero electricista! (7: 39- 40)

Mella no se limitó a señalar los males que aquejaban a la institución. Señaló igualmente las vías y soluciones para erradicarlos. De ahí sus concepciones sobre la democratización de la universidad, que implicaba garantizar la eliminación de su excesiva supeditación al estado, la autonomía universitaria en lo político, lo administrativo y lo económico, y el derecho de los estudiantes a participar, conjuntamente con los docentes, en el gobierno de la institución, lo que suponía la necesidad de un profesorado revolucionario, verdaderamente comprometido con el nuevo espíritu de la reforma. Al respecto, afirmaba:

“El maestro necesita estar vinculado con la ideología de su época y sentir los problemas de la sociedad. De otra manera su labor resultaría estéril (…) Sin un profesorado revolucionario, de nada valen las otras reformas en la Universidad” (8: 177)

Un profesorado comprometido significaba una universidad comprometida, con una función social claramente definida, que para Mella implicaba la participación de estudiantes y profesores universitarios en tareas sociales como la campaña contra el analfabetismo, la enseñanza de los obreros y otros elementos pobres, la prestación de servicios médicos y legales en los barrios y otras. De igual modo, la implicación de la Universidad en el estudio y solución de los problemas nacionales. Por ello en un artículo titulado “¿Puede ser un hecho la Reforma Universitaria?”, publicado tres meses antes de su muerte, afirmaba que la Universidad debía servir de cuerpo consultivo al Estado y que debía justificarse con hechos que “…es un órgano social de utilidad colectiva y no una fábrica donde vamos a buscar la riqueza privada con el título” (9: 178)

Pero Mella, sin desconocer la necesidad e importancia de luchar por la reforma de la Universidad, al mismo tiempo comprendió que una transformación radical de esta no podría lograrse sin una revolución social. Comprendió que una verdadera reforma universitaria no era posible en una república que mucho distaba de aquella que había soñado el Apóstol. No era factible transformar la Universidad sin el cambio profundo de la realidad económica, social y política que caracterizaba a esa república, marcada por la dominación neocolonial del imperialismo norteamericano y la existencia de gobiernos como el de Alfredo Zayas, que eran instrumentos de esa dominación.

Una carta fechada en Camagüey el 3 de enero de 1924 y dirigida a su amigo Araoz Alfaro, refleja claramente su convicción cuando expresa:

“Creo que la Reforma Universitaria no podrá ser definitiva con este régimen social, ni que los estudiantes podrán, ellos solos, obtener todos los fines. Creo (…) desde luego, que la Reforma Universitaria es parte de una gran cuestión social, por esta causa, hasta que la gran cuestión social no quede completamente resuelta no podrá haber Nueva Universidad” (10: 56)

Cuatro años después señalaba que una reforma con espíritu revolucionario sólo podía ser acometida con espíritu socialista, que concebía como el único espíritu revolucionario del momento. En esos términos se refirió en el artículo “El concepto socialista de la Reforma Universitaria”, publicado también en 1928, en el que precisó igualmente cual era la Universidad a la que se aspiraba. Sobre el particular expresó:

“Luchamos por una Universidad más vinculada con las necesidades de los oprimidos, por una universidad más útil a la ciencia y no a las castas plutocráticas, por una universidad donde la moral y el carácter del estudiante no se moldee ni en el viejo principio del “magíster dixit”, ni en el individualista de las universidades republicanas de América Latina o EE.UU.: Queremos una Universidad nueva que haga en el campo de la cultura lo que en el de la producción harán las fábricas del mañana sin accionistas parásitos ni capitalistas explotadores” (11: 84)

Estaba consciente de que esa Universidad del porvenir era un ideal que no se conseguiría inmediatamente, lo que no negaba la significación de la lucha que se libraba por alcanzarlo, en la que cada avance no se concebía como una meta, sino como un escalón para seguir ascendiendo o un arma más que se ganaba al enemigo para vencerlo en la lucha final. Al mismo tiempo, destacaba el papel que la simple lucha por ese ideal desempeñaba, expresado en la obtención de lo que llamaba un doble triunfo: “… agitar conciencias jóvenes ganando reductos en el frente educacional contra los enemigos del pueblo trabajador, y probar, ante todos los revolucionarios sinceros, que la emancipación definitiva de la cultura y de sus instituciones no podrá hacerse sino conjuntamente con la emancipación de los esclavos de la producción moderna…” (12: 85)

Otro aspecto significativo de las ideas y el quehacer de Mella en el campo de la educación es, sin dudas, la concepción y creación de la Universidad Popular “José Martí”, fundada el 3 de noviembre de 1923 por acuerdo del Primer Congreso Nacional Revolucionario de Estudiantes, del que Mella fue principal promotor y organizador.

El objetivo de la institución, en la que laboraron estudiantes y algunos docentes comprometidos con la Reforma Universitaria, era el de formar en la clase obrera y en cuantos acudieran a sus aulas, una mentalidad culta, completamente nueva y revolucionaria. Buscaba, por tanto, la formación cultural y político- ideológica de quienes se incorporaran a sus actividades, su concientización como protagonistas de la lucha por la transformación de la sociedad neocolonial cubana.

Refiriéndose a este objetivo, Mella destacó:

“El proletariado instruido ha de marchar a la vanguardia (…) No hay ideal más alto que la emancipación de los proletarios por la cultura y por la acción revolucionaria” (13: 37)

De modo que en el objetivo señalado se expresaba la idea del conocimiento como fuente de la libertad.

Era indispensable, por tanto, contribuir al logro de ese ideal, responsabilidad que correspondía a quienes tuviesen los conocimientos necesarios. Transmitirlos era un deber de los que tenían el privilegio del saber. Así lo explicaba Mella:
“El tener pensamientos nuevos y no predicarlos es una traición. El sentir una honda inquietud espiritual y no descender hasta las masas populares para templar esa inquietud en las luchas diarias de la actual sociedad, es una estupidez nociva” (14: 37)

Dos principios, el antidogmatismo científico, pedagógico y político, y la justicia social, sustentaban la Universidad Popular “José Martí”, que fue concebida como una de las armas para la emancipación del pueblo, como una institución destinada a destruir el monopolio de la cultura y promotora de una labor de extensión universitaria. En tal sentido, constituye un antecedente de proyectos que en diferentes contextos epocales y mediante otras vías de concreción han posibilitado la extensión de la influencia educativa de las instituciones universitarias en nuestro país. Puede ser considerada igualmente un antecedente histórico de la universalización de la educación, en tanto vía para garantizar el acceso a esta de los trabajadores, de los sectores más humildes de la población. Ello se refleja claramente en sus estatutos y plan de estudios, que al decir de Mella comprendía “… desde los altos cursos, de naturaleza superior hasta lo más elemental, que es el propio alfabeto”. (15: 41)

Un tercer aspecto, igualmente significativo en las ideas de Mella sobre la educación, es el de su concepción sobre el papel del maestro en la sociedad.

Al afirmar que no podía existir una Universidad sin maestros, estableció una clara distinción entre Maestros y Profesores. Consideraba que profesor podía serlo cualquiera, que lo difícil era la obra del Maestro, aclarando que no era tal aquel que sólo enseñaba conocimientos aprendidos en viejos libros.

Su artículo “Los falsos maestros y discípulos” contiene hermosas valoraciones que evidencian el alto concepto que Mella tenía de la labor del maestro, que calificaba de solemne y trascendente. Son opiniones que revelan respeto y admiración profundos hacia aquellos que consagran su vida a la noble y digna tarea de instruir y educar. Sirvan, a modo de ejemplos, las siguientes:

“El Maestro es aquel que forma el carácter del alumno, y por lo tanto, el que moldea, como artista hábil el futuro de la sociedad en su aula: taller de obrero excelso”º

“El Maestro es el faro luminoso que señala la ruta a la juventud en el aula, y fuera de ella”

“Es aquel que no se olvida nunca. Es aquel que nos enseñó, junto con la Ciencia de la Universidad, la verdad en la vida. El que tiene la enseñanza como único fin de su existencia” (16: 35)

Pero si de quehacer en el campo de la educación se trata, no pueden obviarse las ideas pedagógicas que sustentaron el Instituto Politécnico “Ariel”, fundado en febrero de 1925 y codirigido por Mella con su camarada y amigo Alfonso Bernal del Riesgo. Gracias a este ha podido ser conocida esta faceta del líder revolucionario, a la que Bernal se refirió explícitamente en una conferencia titulada Las ideas pedagógicas de Mella, impartida posiblemente en 1966.

El autor de la conferencia, ya fallecido, sostenía la tesis de que “… no se podrá escribir la historia de la pedagogía revolucionaria cubana omitiendo el nombre de Julio Antonio Mella” (17: 233)

Aunque tuvo una corta duración- sólo diez meses- las características del Instituto Politécnico “Ariel” permiten apreciar la importancia otorgada por Mella a la preparación de las nuevas generaciones para la vida.

El instituto contaba con seis profesores, dos empleados y unos treinta alumnos. Era mixto, para estudiantes de ambos sexos, cuya alimentación se garantizaba mediante una dieta confeccionada según instrucciones del director médico del plantel. El menú era el mismo para alumnos y profesores, que comían juntos.

Se garantizaba también servicio médico de urgencia gratuito.

Se regía la institución por un conjunto de normas y principios, contenidos en un documento (folleto) que habían redactado Mella y Bernal, con la colaboración de la esposa de este último, Carmen Rodríguez.

Entre las ideas principales del folleto destaca la que consideraba que lo fundamental en todo plantel de enseñanza es el sistema general de educación, es decir, el sistema, el método, la didáctica, la ciencia y el arte de educar.

El sistema del instituto consistía en estudiar pedagógicamente al niño y al joven al comenzar su preparación y, una vez iniciada esta, que fuera vigilado (seguido, atendido) constantemente, aplicándose en cada caso el método que correspondiera a su edad, desarrollo físico y mental, estado de salud, etc.

Si se utiliza el lenguaje pedagógico actual, puede afirmarse que se trataba de un sistema que tenía en cuenta el diagnóstico inicial y la caracterización de cada estudiante, así como el seguimiento de ese diagnóstico con un enfoque personólogico, que supone una atención diferenciada a tenor con el principio de individualización de la enseñanza.

Los fines y objetivos de la educación se expresaban en la idea de que “… la instrucción no es una simple exposición de conocimientos, sino el primer paso hacia la formación de un nuevo carácter, de una personalidad definida, que irá siempre en aumento y se completará en estudios superiores, organizados en perfecta armonía en una forma cíclica y con vista a una educación tanto física e intelectual como moral” (18: 235)

En consecuencia se pretendía, una formación integral de la personalidad de los estudiantes. De ahí la presencia de componentes tales como:

- El ejercicio físico sistemático, aplicado según la edad y estado de salud de cada educando.

- La estimulación de iniciativas para distraerlo, a través de veladas literarias y científicas, paseos campestres, funciones de cine y otras actividades necesarias para su expansión y completa cultura.

Se aspiraba a egresar un bachiller capacitado para su ingreso a la Universidad, que fuese- al mismo tiempo- “…un espíritu sano y fuerte, capaz de comprender la vida, y gozarla en toda su intensidad, con el tesoro de una verdadera educación” (19: 240- 241)

Por ello se criticaba al profesorado que olvidando la pedagogía científica y por carecer de vocación profesional, daba una instrucción incompleta y hacía trabajar al alumno estérilmente, sin conformidad a un plan pedagógico, sin tener en cuenta los resultados reales.

Se defendía el aprendizaje movido por el gusto de aprender, por el valor social e individual que tiene el saber. Esto explica por que Mella no se identificaba con la idea del estudio para obtener premios en la escuela o en la casa. Era partidario de estimular al educando, pero no solo mediante la entrega de diplomas, premios y honores (la llamada motivación extrínseca). Daba mayor importancia a la premiación del esfuerzo mediante la admiración de los amigos, el cariño de los padres y maestros, premios que consideraba más fructíferos y creadores de un sentimiento de noble emulación.

Era partidario, asimismo, de la idea de fomentar en los estudiantes el hallazgo de la vocación sobre determinados estudios, para crear hombres con amor a la cultura profunda. Con ese fin, el instituto se proponía utilizar toda labor eficaz de educación, mediante vías como la investigación propia del alumno en libros, las conversaciones con los maestros y los otros estudiantes y otras que contribuyesen a la formación vocacional.

Las consideraciones expuestas sobre el Instituto Politécnico Ariel permiten constatar la preocupación de Mella por lograr, en su contexto epocal, que ese “proyecto pedagógico” compartido con su amigo y camarada Alfonso Bernal del Riesgo, garantizara una educación de calidad.

Conclusiones

1. La influencia que en su tiempo ejerció Mella a través de la intensa actividad movilizativa desplegada como líder político revolucionario, sus ideas y quehacer en el ámbito de la educación universitaria y las ideas pedagógicas que puso en práctica en el Instituto Politécnico Ariel, son expresiones concretas de su labor como educador social.

2. Esa labor revela la contribución brindada por Mella a la educación cubana y lo hace uno de los precursores de nuestra pedagogía revolucionaria.

Referencias Bibliográficas

1. Torriente, Loló de la. Viejo retablo. En: Cairo, Ana. Mella. 100 años. Volumen 1. La Habana: Editorial Oriente, 2003: página 268

2. Ibídem: página 269.

3. Bernal del Riesgo, Alfonso. Estampa psíquica. En: Cairo, Ana. Mella. 100 años. Volumen 1. La Habana: Editorial Oriente, 2003: páginas 249.

4. Ibídem: página 251.

5. Roselló, Arturo A. Hablando con Julio Antonio Mella sobre la Revolución Universitaria. Carteles, no. 30. La Habana, 23 de noviembre de 1924. En: Santos, Mercedes. Marxistas de América. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 2002: páginas 38- 39.

6. Ibídem: página 39.

7. Ibídem: páginas 39- 40.

8. Mella, Julio A. Tres aspectos de la Reforma Universitaria. En: Universidad Bolivariana de Venezuela. Pensamiento Pedagógico Emancipador Latinoamericano. Caracas: Ediciones de la UBV, 2007: página 177.

9. Ibídem: página 179.

10. Mella, Julio Antonio. Carta a Araoz Alfaro. En: Cairo, Ana. Mella. 100 años. Volumen 1. La Habana: Editorial Oriente, 2003: página 56.

11. _______________. El concepto socialista de la Reforma Universitaria. Tren Blindado, México, septiembre de 1928. En: Santos, Mercedes. Marxistas de América. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 2002: página 84.

12. Ibídem: página 85.

13. Mella, Julio Antonio: El nuevo curso de la Universidad Popular. Editorial de Juventud, noviembre de 1924. En: Santos, Mercedes. Marxistas de América. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 2002: página 37.

14. Ibídem: página 37.

15. Roselló, Arturo A. Hablando con Julio Antonio Mella sobre la Revolución Universitaria. Carteles, no. 30. La Habana, 23 de noviembre de 1924. En: Santos, Mercedes. Marxistas de América. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 2002: página 41.

16. Mella, Julio Antonio. Los falsos maestros y discípulos. El Heraldo, La Habana, 16 de octubre de 1924. En: Santos, Mercedes. Marxistas de América. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 2002: página 35.

17. Bernal del Riesgo, Alfonso. Las ideas pedagógicas de Mella. En: Cairo, Ana. Mella. 100 años. Volumen 1. La Habana: Editorial Oriente, 2003: página 233.

18: Ibídem: página 235.

19: Ibídem: páginas 240- 241.

Bibliografía

Buenavilla, Rolando. Investigación de la vida y obra de destacados educadores. La Habana: Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”, s/f (material impreso)

Cairo, Ana. Mella. 100 Años. Volumen 1. La Habana: Editorial Oriente, 2003.

Instituto de Historia del Movimiento Comunista y la Revolución Socialista de Cuba, Mella. Documentos y artículos. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1975.

Santos, Mercedes. Marxistas de América. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 2002.

Universidad Bolivariana de Venezuela. Pensamiento Pedagógico Emancipador Latinoamericano. Caracas: Ediciones de la UBV, 2007
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