Resumen.
Se presenta un caso de linfoma no Hodgkin de la vejiga urinaria en una paciente
femenina de 64 años de edad con historia de hematuria macroscópica,
diagnosticado en el Hospital Provincial “Carlos Manuel de Céspedes” de Bayamo,
Granma, Cuba. Por la infrecuencia de los linfomas malignos primarios en la
vejiga urinaria en ausencia de linfoma sistémico, constituyendo tan solo un 0.2%
de todos los casos de linfoma maligno extranodal, fue considerado como un caso
relevante. Se revisaron los aspectos clínicos, imagenológicos y morfológicos,
así como su tratamiento y pronóstico.
Introducción.
La patología proliferativa linforreticular maligna se origina habitualmente en
cadenas ganglionares linfáticas y no más del 10% afecta secundariamente el
tracto urinario1, 2, correspondiendo clínicamente a linfomas no Hodgkin 3. Los
linfomas no Hodgkin primarios en el aparato urogenital son excepcionales y < 1%
del total 3. Son extremadamente infrecuentes, con caracteríscas
clínico-radiológicas indistinguibles de las de los carcinomas uroteliales, por
lo que para su diagnóstico es necesario estudio histopatológico,
inmunohistoquímico y molecular7, 11. Presentamos un caso de este tipo de tumor.
Caso clínico.
Paciente (A.E.R.G.), femenina de 64 años con antecedentes de hipertensión
arterial y diabetes mellitus para lo cual lleva tratamiento regular con
captopril y glibenclamida. Acude al servicio de Urología por presentar
sangramiento en la orina desde hace mas menos 3 meses (Diciembre 2008), siendo
atendida en su área de salud policlínico Jimmy Hirtsel donde se le practican
diferentes estudios:
Ultrasonido abdominal: Informó hígado graso con textura homogénea. Riñón derecho
que mide 98 x 49 x13 mm con ligera colestasia. No se visualizó factor
obstructivo. Riñón izquierdo no se visualizó.
Urograma descendente: Informó paciente preparado, no alteraciones en partes
óseas ni blandas, no imagen sugerente de litiasis. Riñón derecho compensado con
eliminación renal. Riñón izquierdo no se visualizó. Vejiga urinaria con imagen
de defecto de lleno que ocupaba dos tercios al lado izquierdo, mal definida,
compatible con tumor.
Se decide realizar cistoscopia para toma de biopsia, con una primera muestra
(B-09-865) que informó: Escasísima muestra únicamente constituida por sangre y
células leucocitarias. No se obtuvo tejido tumoral.
Luego se ingresa en el hospital provincial " Carlos Manuel de Céspedes"(Febrero
2009) para mejor estudio y tratamiento quirúrgico y se le realizan otros
complementarios como: Hb: 14g/l Hto: 0.48 Segm: 0.65 Linf: 0.35, Glicemia: 5.5
mml/l y Coagulograma mínimo: T. sang: 2 min T.coag: 8 min Plaquetas: 169x 10 a
la 9 g/l Coágulo: retractil.
Se le realiza la primera cirugía (4-02-09) dada por una cistectomia parcial. Es
egresada para esperar resultados de la biopsia con número B-09-2102 que informó:
Muestra consistente en numerosos fragmentos de mucosa vesical con pronunciado
proceso inflamatorio crónico activo en el corion con atipías reactivas del
epitelio transicional suprayacente. No se constatan signos fidedignos de
carcinoma infiltrante, sugiriéndose exéresis quirúrgica de la lesión para
diagnóstico concluyente.
Se reingresa en abril del 2009 practicándosele una segunda cirugía para un
diagnóstico definitivo con nuevos complementarios: Hb: 123 g/l, Eritro: 99 mm/h,
Luecos: 10.6 x 10 a la 9 g/l Hto: 0.40 Linf: 0.79 Glicemia: 11.8 mml/l.
Se toma nueva muestra para tercera biopsia con número B-09-2457 informando:
Linfoma no Hodgkin de posible origen de células B monocitoide en vejiga
urinaria. Se consultó con el hospital oncológico de Santiago de Cuba con igual
diagnóstico por parte de ellos.
Se le realizan otros complementarios para completar el estadiamiento del linfoma
vesical diagnosticado, tales como: Hb: 118 g/l Hto: 0.38 Leucos: 6.5x 10 a la 9
g/l Segm: 0.54 Eosn: 0.02 Linf: 0.44 Creatinina: 54 mml/l. TGO: 34.5 U
Bilirrubina D: 7.0 mml/l. Bilirrubina I: 17.7 mml/l. Glicemias cuyos valores
oscilaron entre los 2,6 y 6.2 mml/l. Rx de tórax: No alteraciones
pluropulmonares, no imagen metastásica.
Tracto urinario simple: Patrón gaseoso normal. No imagen radiopaca sugestiva de
litiasis o metástasis.
TAC abdominal: En los cortes practicados no se observaron alteraciones
hepatopancreáticas, no ganglios para aórticos ni intraabdominales. A nivel de
vejiga se observó imagen de 52 UH que mide 6 x 9 cms compatible con tumor de
vejiga. No se observó riñón izquierdo.
TAC de Tórax: En los cortes practicados se observó área cardiaca aumentada de
tamaño e hilios congestivos, no alteraciones pleuro pulmonares.
Medulograma: Médula ósea no infiltrada.
Laparoscopia: Hígado de tamaño normal, color rojo pálido con tinte
anaranjado, superficie con nodulaciones y depresiones, lóbulo izquierdo con
algunas zonas de aspecto granular. Vesícula biliar llena, color blanco verdoso.
No se visualizó bazo. Cara anterior de estómago de color blanquecino.
Biopsia de hígado B-09-4259: Se examinó cilindro de tejido hepático con
esteatosis macrovesicular moderada, discreto infiltrado linfomonocitario en
espacios portas, discreta fibrosis periportal y focos de colestasis
intracelular. Índice de Knodell: 1 punto. Hepatopatia crónica con actividad
mínima y fibrosis ligera.
Una vez completado el estudio confirmándose que el proceso linfomatoso es
primario y localizado en le vejiga urinaria se comienza con ciclos de
quimioterapia CVP (ciclofosfamida, vincristina, prednisolona), con un esquema de
linfoma no Hodgkin de cualquier localización y respuesta muy favorable hasta el
momento.
Discusión
Desde la primera descripción por Eve y Chaffey en 1885, se han publicado en la
literatura unos 100 casos de linfomas primarios de vejiga1-3, siendo los 2 tipos
más frecuentes los linfomas B de células grandes y los linfomas de la zona
marginal (también llamados linfomas MALT), con un 40% de casos para cada grupo,
existiendo además descripciones aisladas de linfomas T, linfomas de Burkitt,
linfomas linfoplasmocitoides y enfermedad de Hodgkin1, 2. Aunque no es
infrecuente la afectación de la vejiga por un linfoma diseminado, el origen de
la tumoración en ese órgano es extremadamente raro, representando un 0.2% de
todos los linfomas extranodales6-12. La mayoría de los pacientes con linfoma
primario vesical son mujeres (relación masculino: femenino 1: 6.5), usualmente
sobre la séptima y octava décadas (edad media de 54 años). La mayoría de los
pacientes tienen hematuria macroscópica, disuria o síntomas irritativos.2, 3,
6,11.
Los linfomas que afectan a la vejiga pueden clasificarse, desde el punto de
vista clínico, en primarios (originados en la vejiga) y secundarios (el linfoma
afecta a la vejiga en su proceso de diseminación por múltiples órganos). Dentro
de este último grupo se incluyen los linfomas de vejiga no localizados, que son
los que, afectando a varios órganos, debutan con síntomas vesicales4.
Los linfomas primarios de vejiga presentan un patrón de crecimiento sólido con
caracteríticas similares al carcinoma urotelial habitual. Cistocópicamente, el
tumor puede ser único o múltiple, sésil o polipoide, submucoso, liso, no
ulcerado, edematoso, friable y aún hemorrágico. Ocasionalmente, una afectación
difusa sin formación de una masa discreta puede ser observada. La presencia de
mucosa intacta suprayacente a la masa es un dato útil para el diagnóstico.
Histológicamente el tumor consiste en una proliferación infiltrativa difusa de
células linfoides rodeando y penetrando las estructuras normales más que
reemplazándolas5, 6, 7,11. (Figura 1)
Desde el punto de vista histopatológico, los tipos más comunes son el linfoma no
Hodgkin difuso de células grandes y linfocítico pequeño. Menos comúnmente el
folicular, plasmocitoide, de la zona del manto, y monocitoide son encontrados.
Más recientemente, la ocurrencia de linfomas en mucosas asociadas a tejido
linfoide (MALT) han sido descritos3, 6,10. Los principales diagnósticos
diferenciales serían un carcinoma de células pequeñas, carcinomas
linfoepitelioma-like o linfoma-like, además de melanoma o rabdomiosarcoma. Los
estudios de inmunohistoquímica y las técnicas de biología molecular demostrando
monoclonalidad del tumor confirman el diagnóstico, que puede ser realizado
incluso con biopsias pequeñas, o mediante citología de orina5, sobre todo si en
esta última se observa una población celular maligna poco cohesiva.
En la vejiga se ha postulado una posible relación de los linfomas con
infecciones bacterianas crónicas, sobre todo en casos de linfomas MALT, ya que
suelen verse asociados a cistitis crónica3, 6.
La tomografía computada de abdomen y pelvis y/o la resonancia magnética y el
estudio de la médula ósea permiten estadificar la diseminación, y en conjunto
con la cistoscopía y la patología evaluar la respuesta al tratamiento8, 9,11.
(Figura 2)
A diferencia de los linfomas secundarios, que tienen mal pronóstico,
probablemente asociado a un gran grado de diseminación, el linfoma primario de
vejiga tiene un pronóstico excelente. Kempton, en un estudio retrospectivo,
publica una serie de 6 casos de la Mayo Clinic sin muertes a causa del linfoma y
sin recidiva luego del tratamiento 6.
Chaitin reporta una sobrevida de 50% a los 5 años, pero su casuística incluye 6
casos de linfoma primario de diversas localizaciones 7.
Al tratarse de tumores que por definición están confinados a un órgano, su
pronóstico es relativamente bueno. El tratamiento de elección es un esquema de
quimioterapia CHOP (ciclofosfamida, doxorrubicina, vincristina, prednisona)
junto con el anticuerpo monoclonal anti-CD20 rituximab. Otras opciones de
tratamiento para estos tumores son la radioterapia o la cirugía, aunque son
menos usadas11, 12.
Nuestro grupo empleó quimioterapia con un esquema de linfoma no Hodgkin de
cualquier localización, y radioterapia. Con esta estrategia terapéutica se
consiguie la preservación completa de la vejiga.
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Anexos

FIGURA 1: Infiltración difusa de la pared vesical por una población de
células grandes (x100). Recuadro: las células tienen núcleos vesiculosos con uno
o varios nucleolos prominentes, muchos de ellos en posición central (x400).

FIGURA 2: TAC abdominal que muestra un engrosamiento irregular y
nodular de las paredes vesicales, sobre todo porción anterior y lateral
derecha (flecha), perteneciente al proceso neoformativo.